Al fin después de mucho, les traigo un capitulo más. Fue un tanto difícil por diferentes causas, pero seguiré asegurando terminare cada fic.
Y bien, musicalmente tengo dos sugerencias (aunque en internet puedan existir muchas más), que son: "Ayer me dijo un ave" de Caifanes, y la segunda "You are my sunshine" siendo la versión original de Johnny Cash, aunque existen otros covers con sonido más acorde. Depende de ustedes escuchar una o ambas canciones.
Una vez más, gracias por leer, espero les siga gustando, y pasen bonita tarde :)
Teen Titans no me pertenece, son propiedad de DC Comics y Warner Bros
Una vez más, sola, en el gran comedor, Starfire esperaba la aparición de Ryand'r, aunque sabía de antemano que volvería a ausentarse. La discusión que tuvieran días atrás fue la más fuerte que desde que supiera que iba a casarse para evitar la guerra civil que se avecinaba. Le molestaba mucho que no comprendiera sus razones, que no entendiera que era necesario. Con Karras en la familia real, su pueblo volvería a confiar, y su hermano podría demostrarle al guerrero que sería un buen gobernante. Una vez logradas sus metas, y asegurándose que no hubiera peligro en el espacio, Koriand'r volvería a la Tierra, hablaría con Dick, y esperaría lo mejor del futuro, fuera con él, o no. Porque ahora lo importante para ella era traer sano y salvo al bebe que esperaba.
Los días corrían veloces, y la fecha estaba pactada. Esa noche "su pretendiente" estaba convocado a cenar. Nadie comprendía esa rara invitación, ya que era propia de la Tierra, las invitaciones de la realeza generalmente eran sobre días para los visitantes, a menos que trataran temas importantes y urgentes, pero no se mencionaba nada de aquello cuando se le solicitara asistencia. Los opositores de la familia mucho especulaban que era una trampa, y que a Karras no le volverían a ver al día siguiente. Paciente, la joven vio llegar al aclamado guerrero, levantándose de la mesa para darle la bienvenida. El susodicho también estaba extrañado, pero a diferencia de quienes le apoyaran, él si confiaba en la princesa.
― Es un honor que haya aceptado esta invitación. – Comenzó, en su idioma materno.
― Más bien me honra haber sido requerido. – Repuso con sinceridad, demostrando además que era alguien educado ―. Y como muestra de mi agradecimiento, he traído un glorg. – Agrego, asombrando a Starfire.
Al parecer, sería la cena más parecida a una cita terrestre que tendría en su planeta. Y solo basto esa idea para recordarle las muchas citas que tuviera con el chico maravilla, siendo incapaz de ocultarlo en su rostro.
― Mi intención no era ofenderla. Solo me parecía lo correcto. – Intervino el invitado, al ver la expresión.
― No, solo no lo esperaba. – Excuso ― Además, no era necesario. – agrego por ultimo.
― Tampoco era necesario extenderme esta invitación cuando ya tenemos una fecha, y no hay asuntos que discutir hasta tal. – Le recordó. ― Pero al igual que usted, quiero demostrar que no me estoy tomando a la ligera este compromiso. Y que mientras cumpla su palabra, yo cumpliré la mía, tanto con Tamaran, como con usted. – después de un corto silencio agrego ― Eso incluye a la criatura que viene en camino.
La última declaración sorprendió completamente a Starfire, pero esta vez, se aseguró que su semblante no la delatara.
― Con respecto a lo que acaba de decir, espero no tenga ningún plan para mi primogénito. – Advirtió, apretando los puños.
― Solo uno, si me permite. – Reconoció.
― No habrá exilio. – Aviso sin esperar, con un tono que no aceptaba replicas, pero preparada para una discusión.
― No estaba pensando en eso, - tanteo ― se trata más bien de aceptarlo como legítimo.
Koriand'r parecía haber recibido un golpe, y Karras logro actuar con rapidez para evitar la caída. Ella no tuvo más opción que aceptar su apoyo hasta llegar a la silla más cercana. Una vez acomodada en el mueble y recuperada de la conmoción continúo con el tema.
― ¡Me parece una propuesta inaceptable! – Manifestó sin estar segura de que fuera una ofensa.
― ¿Inaceptable? – Se asombró ante la respuesta, sin entender.
― Recuerde que nuestra unión será temporal. Al concluir seguirá trabajando con mi hermano, y yo me marchare del planeta. – Recapitulo.
― ¿Sabe que el único modo de separarse de la unión es por medio del exilio? – Pregunto, creyendo que lo desconocía.
― Es por eso que me iré del planeta, cuando Tamaran se encuentre mejor. – Volvió a explicarle su punto.
― ¿Tanto importa para usted que su hermano gobierne? – Cuestiono empezando a tener dudas.
― No solo lo hago por mi hermano, es también por el planeta. – Aclaro ―. Como usted, quiero que recupere su gloria, y hasta entonces me quedare. Pero hace mucho tiempo que mi corazón pertenece a la Tierra, al igual que mi hijo. – inconscientemente se llevó una mano al vientre, que se había abultado aún más para entonces.
Karras que hasta ese momento estaba de pie, tomo asiento, meditando las intenciones de su futura esposa. Por sobre muchas cosas le tenía un gran respeto y admiración a esa mujer, pero disentía con respecto a su plan. Tamaran no podía perder de nuevo a esa gran guerrera, ahora por la malcriadez de su hermano menor. Aunque le había llamado la atención que declarara terrestre a la criatura que esperaba; en su opinión si el padre la quisiera ― por lo menos como ella acaba de defender―, no estaría en Tamaran, ni tampoco hubiera llegado al planeta en las condiciones que lo hizo, que para ningún habitante eran secretas a esas alturas.
Antes que pudiera volver a tomar la palabra, la cena fue servida, y sin mediar por el momento, se arrojaron a devorarla, como era costumbre ahí. Momentos después de haber terminado, el guerrero volvió a tomar la palabra.
― Muy bien princesa, yo acepte esos términos desde el inicio – reanudo ― gobernar en conjunto hasta la mejora, pero déjeme proponer algo más: mientras esa criatura este en este planeta, quiero reconocerla.
― Creí que el tema ya estaba zanjado. – Dijo un tanto molesta.
― No, solo buscaba la mejor opción que plantear. – Repuso con descarada honestidad.
― Me niego, Karras. – Dijo con rotundidad.
― Piénselo. Porque le advierto que no es a mí a quien está negando nada, es más bien a su propia sangre a quien está negando el derecho de ser tratado decentemente. ¿O quiere que le informe como son tratados los bastardos con nuestras leyes? – Reprendió la conciencia de la muchacha.
― Todos en el planeta saben que no es suyo.
― Y todos en este planeta le respetaran como mío si yo así lo ordeno.
Starfire no respondió nada. Sabía perfectamente cómo eran las leyes en el planeta, donde una mujer era prácticamente obligada a casarse con el mejor postor. Pero esperaba haber hecho un cambio en algunas normas para cuando llegara el momento
― Para entonces las leyes habrán cambiado. – Informo sin poder controlar su voz trémula.
― ¿Ah sí? – Expreso con sarcasmo, y agrego ― ¿Pero cuánto tardaran en surtir efecto? Que yo sepa los niños que nacen incapacitados siguen siendo tratados como inútiles, y fue el Gran Galfore quien cambio esa ley. A nadie le importa respetarla, y solo muy pocos han mejorado el trato con sus propios hijos. – le comunico ―. ¿A cuántas mujeres ve en el ejército? Porque la igualdad también fue propuesta por Galfore; igual que fue prohibida la venta de las hijas, y siguen siendo vendidas con descaro. Y no me negara que incluso sus padres le negaron la herencia del trono a su hermana porque creían que no podía volar cuando era pequeña, a pesar de que sus antepasados cambiaran la ley para que la familia real tuviera privilegios fueran hembras o varones, sanos o incapacitados. Pero aun así, no incluyeron a los bastardos. – Revelo duramente, sabiendo que la princesa sentiría el peso de la realidad ―. No le voy a pedir que acepte mi ofrecimiento, no en este momento. Pero considérelo, ya me dirá su respuesta el día de la unión.
Terminado el discurso, se levanto dispuesto a marcharse, sabiendo que quedarse solo tensaría la atmósfera que acababa de provocar. Iba a despedirse, esperando que la princesa levantara la mirada cuando lo hiciera, pero antes de que dijera nada, un guardia entro sin siquiera llamar, y supo que era urgente, no solo por la información, sino también porque la dijo aun en su presencia.
― Alteza, su hermano tomo una nave, creemos que se dirige a la Tierra.
Starfire se levantó de un brinco alarmada, sin dar crédito a lo que acababa de escuchar. Ryand'r no podía hacerle esto, él no debía viajar por esa ruta hasta estar seguro que los psions se hubieran ido. Iban a capturarle y a experimentar con él, así como habían hecho con ella y con Blackfire. Ellas soportaron dos veces ese calvario y nunca se recuperaron de las torturas del primero. Así que apenas asimilada la noticia, comenzó a gritar órdenes.
― ¡Envía alistar una nave con capacidad para medio ejército, y que revisen de inmediato que tenga municiones! Llama a todos los guardias del interior palacio, y ordéneles cambiar de traje por uno de batalla. Si alguno duda, no lo incorpores, no necesitamos guerreros que mueran por su propia desconfianza. Y pide que alisten mi traje de batalla.
― ¡Pero alteza...! – Replico la escolta, temiendo por la seguridad de su soberana.
― ¡Yo misma los dirigi..! ¡Agh! – una fuerte contracción la hizo doblarse sobre sí misma, sin dar tiempo a nadie a actuar para evitar la caída.
Tanto el guardia como Karras se acercaron a ella, agachándose para ayudarla a levantar, pero ella no podía ponerse en pie. El dolor era muy intenso.
― ¡¿Qué esperas?! – Le ladro con rabia y lágrimas en los ojos al miembro de su palacio.
El escolta, bastante preocupado, se puso en pie para cumplir órdenes, porque así era su lealtad. Pero temía por la vida de la princesa, y de su bebé. Entonces Karras levanto en brazos a Starfire e hizo algo que ninguno de los presentes esperaba.
― ¡Olvida su traje y pide a un sirviente que llame a la partera! Yo iré con ustedes, así que encuentra un traje para mí. Y busca a alguien con experiencia para que nos trace la ruta que debió seguir el príncipe, que seguramente desactivo los rastreadores.
― ¡No! ¡Quien da las órdenes..!
― ¡Por hoy no será usted! – Bramo acallando el reclamo ―. Así que ruegue a X-Hall para que su criatura nazca. – volvió la vista al guardia, mientras se ponía en marcha para dejar a Koriand'r en su habitación ―. ¡Y sí no obedeces mis órdenes, mandare decapitarte apenas sea tu gobernante! – Amenazo, sin necesidad en realidad, ya que ese guerrero planeaba aceptar la disposición de Karras sin resistencia.
Ambos guerreros salieron del comedor con direcciones y responsabilidades diferentes. Y mientras Karras se dirigía a la habitación que Starfire le indicara, ella hablaba entre dolorosos gemidos.
― Si le sucede algo a mi hermano, ¡ugh!
― Yo mismo cancelare el compromiso. – Acepto sin una sola replica ―. ¿Es esta? – Pregunto cuando llego al pasillo de las habitaciones.
Pero no tuvo necesidad de esperar respuesta, ya que una joven criada se encontraba por ahí, y corrió hacia ellos en cuanto los vio. Le indico al guerrero donde dejar a la princesa, mientras ella salía a pedir asistencia a otros empleados para tener todo listo cuando llegara la partera. Antes de salir de los aposentos, Karras echo una última mirada, deseando que todo saliera bien, mientras Starfire se retorcía de dolor y lloraba, temiendo por la vida de su hijo.
~ o ~ o ~ o ~
Ryand'r estaba decidido a llegar a la Tierra aunque su plan fuera tan prematuro, iba a encontrar al padre del hijo de su hermana y obligarla a abandonar esa estúpida idea de echar a perder su vida; también se sentía culpable, por haberla presionado. Iba a aceptar las consecuencias aun si estas fueran abandonar el trono y cederlo a Karras. Entonces vería el modo de contribuir a su planeta, aunque lo relegaran a ser un simple soldado más.
Había tomado todas las precauciones necesarias para adquirir ventaja, como ordenar a los custodios de las naves que lo dejaran a solas unos momentos, desactivar su sistema de rastreo, marcar la ruta más corta y poner los propulsores a toda marcha. Nada podía salir mal. Hasta que sintió que la nave perdía velocidad, y antes de que pudiera hacer nada, era atraída hacia una clase de campo magnético. Intento de antemano ver por las ventanas que era lo que sucedía ya que solo mostraban el apacible espacio, mientras las pantallas habían perdido señal y pronto dejaron de funcionar todos los controles.
Maldijo en voz alta, frustrado, con la idea de que su hermana se hubiera dado cuenta antes de lo previsto y lo estuvieran remolcando devuelta. Pero se dio cuenta que se equivocaba, ya que no había ordenes ni regaños desde el sistema, y algo comenzó a desgarrar la cobertura hasta abrirla de modo irregular. Solo entonces se sintió idiota, al haber tomado a la ligera las advertencias de su hermana sobre los psions. Y sin más que hacer al respecto, se preparó para darles batalla.
~ o ~ o ~ o ~
Por sugerencia del experto en rutas, iban sobre el camino más corto, de modo que si no era el que hubiera seguido el príncipe, por lo menos le tomarían ventaja para interceptarlo. Además, por ser una nave de batalla, contaba con un radar que cubría la nave, como una clase de campo, y localizaba objetos que tuvieran el tamaño suficiente para presentar una amenaza a cierta distancia, por medio de ondas de vibración. Pasó un rato para que se detectara algo que los hiciera detener, y fue cuando Karras actuara.
― ¿Qué es lo que ocurre?
― Se ha detectado una nave de gran tamaño, pero no hay nada a la vista. – Se le informo.
― ¿Cuál es la jurisdicción de esta zona espacial?
― No la hay.
― Entonces habrá que averiguar que hace una nave invisible en este sitio. ¡Quiero a una cuarta parte de los hombres conmigo, así que preparen sus transportes de abordaje! – Ordeno ―. ¿A qué distancia se encuentra? – Trato de averiguar.
― No lo sé con certeza, pero creo que es la misma que cubre el radar.
― Entonces, cuenta hasta ringlag, y si para entonces no nos ves aparecer lanza un misil, y envía a la mitad de los hombres que quedan. Si reciben algún ataque, será mejor la retirada pero sin olvidar defenderse y hacer el mayor daño posible. ¿Entendido?
― Sí. – Respondió con convicción.
Sabía que la cantidad de artillería era suficiente para destruir tres o cuatro naves enemigas, y aunque esperaba volver con vida, si no lo hacía tampoco enviaría al enemigo a su propia casa. Se dirigió a la zona de despegue con el resto de los hombres que le acompañarían y cada uno tomó un transporte. Estos consistían en pequeñas naves que podían transportar a dos tamaranianos, pero aquello era meramente táctico.
Cuando salieron al espacio no había ninguna nave a la vista, pero una fuerza comenzó a arrastrarlos apagando sus sistemas. Karras supo que debían ser los psions , ya la princesa había puesto sobre aviso a Tamaran. El guerrero comprendió cual era la trampa, y se alegró de haber llevado en un adelanto, en una de las más grandes naves, mientras se preparaba para el muy posible combate.
~ o ~ o ~ o ~
Tendida en su cama, Starfire gritaba de dolor y lloraba de miedo. Nunca en su vida había estado embarazada antes, ni tampoco había parido nunca, pero el intenso dolor que sentía le hacía pensar que algo iba realmente mal. Cuando llego la partera (una clase de curandera muy conocida, respetada, y que fuese la encargada de ayudar a nacer a una tercera parte de la población), la dirigieron inmediatamente a la habitación. Se acerco a la joven madre, dejaron que palpara su vientre, e inmediatamente supo que el miedo que sentía la princesa estaba bastante justificado. No dijo nada, ya que su trabajo no era infundir más el desasosiego, pero puso a trabajar de inmediato a dos sirvientas que estaban a su disposición. Con presteza y sumo cuidado hicieron todos los encargos ordenados por la mujer mayor, mientras ella hacía algunas preguntas a la gestante para distraerla de su temor.
― ¿Es muy fuerte el dolor?
― ¡SI! ¡Ughhh!
― Debe dejar de gritar, eso solo provoca que el bebé quiera subir porque lo atemoriza. – Reprendió. ― Su hijo no estaba preparado aún, así que puede que necesite muchos cuidados si en unas horas no esta en la gloria con X-Hall. – Advirtió con la misma seriedad que se encargan de otorgar los años de experiencia.
Aunque aquello la llenara de horror, también le había infundido una clase de esperanza, porque por lo menos le estaban dando la perspectiva de que su hijo podía vivir. En ese momento, por orden solo lloraba, tragándose los gemidos que le provocaran el dolor.
― Voy a ponerle un poco de savia de kurla para lubricar la salida. - Aviso antes de untarle aquel muy conocido remedio ―. La cabeza esta en buena posición, ahora, necesito que puje con fuerza.
― ¡Huuummmmmm!
― Deténgase y respire. Cuando haya recuperado un poco el aliento vuelva a intentarlo.
El tiempo seguía corriendo pero el bebé no se veía. La matrona comenzó a temer por la vida de la madre también después de que esta se desmayara varias veces, por lo que decidió intervenir, presionando ella misma la barriga mientras la joven pujaba, esperando que diera resultado.
Y lo hizo.
Una vez fuera, la matrona corto y anudo el cordón umbilical de la recién nacida, pidió el agua tibia y comenzó a quitarle la sangre y los fluidos con los que había nacido. Era pequeña en comparación con cualquier otro bebé, y el problema es que no parecía respirar.
― Mi bebé... – Comenzó a pedir la madre en cuanto el cansancio la dejo hablar.
La mujer que la tenía la miro muy seriamente.
― Mi bebé, ¿esta bien? – Inquirió ante la falta de respuesta
Y como si fuera la señal que esperara la pequeña, comenzó a llorar. Aquel signo volvió la atención de la partera a la niña, aliviada.
― Es niña. – Informo mientras la dejaba en el lecho con su madre.
Tal vez fuera por lo laborioso que le resultara ese parto, en quizá porque se trataba de su gobernante, pero la experimentada mujer podía asegurar que jamas vio a ninguna otra hembra de Tamaran ver a su cría como Koriand'r lo estaba haciendo. Y solo por ello supo que la niña que estaba entregando crecería sana y fuerte, como la mejor de las guerreras.
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Varías horas más tarde, tanto Karras como Ryand'r fueron informados de la noticia, pero el ultimo tuvo que pasar a ser atendido antes de ir a verlas. Nadie le impidió a Karras entrar a la oscura habitación, y encontró a ambas mujeres dormidas, la madre cuidando de la hija, por lo que con mucho cuidado tomo al recién nacido. Teniéndola en sus brazos, la miro con detenimiento y divago un poco en lo pequeña y frágil que se veía, antes de salir rumbo a los balcones que daban vista al pueblo.
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Ryand'r entro con cuidado a los aposentos de su hermana, evitando apenas hacer caer un mueble por la oscuridad. Al llegar a la cama, se sentó a los pies, y comenzó a hablar en un tono muy bajo, bastante arrepentido de las acciones que hubiera tomado con anterioridad.
― Te prometo hermana, que no pensé que las cosas iba a pasar así. Yo esperaba disuadirte, si encontraba al padre de tu hijo. Pero solo logre costarle la vida a dos valientes guerreros- Susurraba lleno de arrepentimiento ―. Tampoco quería que mis acciones te afectaran a este punto. Supe que fue muy difícil, y que tu vida estuvo en riesgo. No me hubiera perdonado nunca que alguna de las dos hubiera muerto también. - Después de un corto silencio, se puso en pie y agrego ― En verdad lo siento.
Cuando se dirigía a la salida, la desesperada voz de su hermana lo hizo detenerse y encender las luces.
―¡¿Dónde esta mi hija?!
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Con dificultad y apoyada sobre su hermano (quién también se encontraba muy débil pero hacía aplomo a sus pocas fuerzas), Starfire recorría angustiada los pasillos y habitaciones del enorme palacio. Hasta el momento no habían encontrado nada, ni a nadie que corroborara haber visto a la bebé, por lo que la madre se sentía desfallecer.
La desesperada búsqueda continuaba hasta que ambos percibieron el sonido de vítores y gritos de alegría y celebración. Sabían que aquello no era normal, porque ninguno se hallaba dando noticias en el balcón que daba al pueblo, y con temor se dirigieron hacía allá. Una vez llegaron, una mezcla de alivio y enojo lleno a Ryand'r, mientras que a Koriand'r solo le cupo el sosiego.
― RECONOZCO COMO MÍA, Y CUALQUIERA QUE DIGA LO CONTRARIO, TENDRÁ QUE CONFRONTARME EN UN DUELO! ¡SALUDEN UNA VEZ MÁS A LA NUEVA PRINCESA DE TAMARAN!- Gritaba a todo pulmón, sosteniendo con seguridad a la bebé.
Starfire se soltó del apoyo de su hermano y camino hasta donde se hallaba Karras, haciéndole notar su presencia para que le entregase a su hija. Mientras la cedía, el guerrero pregunto el nombre que le había puesto y al escucharlo supo lo que significaba, pero iba a respetarlo.
― ¡CLAMEN POR LA PRINCESA MAR'I!
Nuevamente en sus brazos, Starfire vio a su hija despierta, sin importarle lo que ocurría alrededor, al parecer la niña disfrutaba de la compañía de Karras, y no temía a las ovaciones de su pueblo.
