Capítulo 7.
- ¡Por fin llegáis! Pensé que me iba a tener que quedar allí dentro – cuando vio al hombre que estaba detrás de nosotros se calló de golpe.
- Repito, ¿qué estáis haciendo en MI casa? – repitió el hombre que parecía muy enfadado.
- Bueno... Verá es que... – empezó a decir Sanae mientras todos los demás nos girábamos.
- Estábamos en el parque y... – intentó continuar Genzo, al no ocurrírsele nada, miró hacia mí.
- Con la hermana de mi amiga – dije señalando a Sanae- y a su hermana se le calló la pelota en el jardín. Nuestro amigo, Schneider – y señalé hacia Schneider, intenté continuar pero el señor me interrumpió.
- Un momento. ¿Es usted Karl Heinz Schneider? – preguntó.
- Así es, y este de aquí es Genzo Wakabayashi – dijo Schneider señalando a Genzo.
El hombre tenía los ojos abiertos como platos y lo mismo pasaba con su boca, esperé, pero al ver que no decía nada, continúe con mi historia.
- Como iba diciendo, Schneider amablemente entró en el jardín a buscarla, la pelota parecía haberse caído dentro del garaje, entró a mirar y ustedes le dejaron encerrado dentro.
- ¿Y por qué no nos preguntaron? – dijo el hombre que había recuperado el habla.
- No queríamos molestarle – dijo Sanae.
- Discúlpenos por haberle molestado, espero que acepte unas entradas para el próximo partido del Bayern Munich por las molestias – dijo Genzo mirando hacia mí.
¿Entradas para el partido? ¿Cómo se le había ocurrido una idea tan absurda? Absurda o no, funcionó. Le di las entradas y el enfado pareció desaparecer como por arte de magia. Y también mi paga de un mes.
- Disculpas aceptadas – dijo el hombre mientras cogía las entradas- ¿puedo hacer unas fotos con ustedes? – dijo dirigiéndose a los jugadores.
- Claro, como no – dijeron ambos jugadores a la vez.
Después de media hora de fotos, autógrafos, preguntas, comentarios sobre la pretemporada y yo qué sé cuántas cosas más, los chicos decidieron que era tarde y que debíamos irnos. Como Genzo había venido en mi coche y Schneider y Sanae en otro, tuve que volver con Genzo.
- Nuria, ¿puedo preguntarte una cosa? – me dijo Genzo cuando entré en el coche.
- Claro, ¿qué quieres? – le contesté.
- Verás... Tsubasa va a venir a pasar unos días conmigo y me preguntaba si tu y Sanae vendrías a cenar con nosotros – me dijo.
- Hmmm... ¿Cómo en una cita? – le pregunté casi sonriendo.
- Hmmm... Supongo que sí, ¿entonces vienes? – me preguntó mirando hacia mí.
- Mira a la carretera – le dije, y él obedeció – Supongo que sí... Pero tengo una pregunta...
- Dime – me dijo Genzo sin dejar de mirar a la carretera.
- ¿Con quién tendría yo la cita y con quién Sanae? – le pregunté.
- ¿Con quién te gustaría tenerla? – me pregunto esbozando una media sonrisa.
- No conozco a Tsubasa – le contesté, era muy orgullosa, no iba a admitir que me moría de ganas de salir con él.
- Entonces tienes una cita conmigo – dijo él sonriendo, no me había dado cuenta de que ya habíamos llegado a mi casa hasta que metió el coche en el garaje. Sanae y Schneider nos estaban esperando en la puerta de mi casa.
- Pasa a buscarnos a las nueve, ¿vale? – le dije antes de darle un beso en la mejilla – nos vemos esta noche.
Y me fui a casa. Sanae entró inmediatamente después de mí.
- Sanae, tenemos que prepararnos – le dije cuando ella se sentó el sofá.
- ¿Prepararnos? ¿Para qué? – me preguntó sorprendida.
- Es que un amigo de Genzo va a venir y nos ha invitado a salir con ellos – le contesté.
- ¿Tienes una cita con Genzo? – me preguntó sonriendo.
- Si y tu una con su amigo.
- ¿Quién es el amigo? ¿Le conozco?
- Ni idea. Me dijo su nombre pero ya no lo recuerdo – era mentira, lo recordaba claramente pero si le decía que era Tsubasa se pondría histérica.
- ¿Y por qué tengo que ir yo? No tengo ganas... – dijo Sanae mientras encendía la tele.
- Mira bonita – dije mientras apagaba la tele – tu te vienes a la cita y punto. Así que mueve tu culo del sofá y vete a arreglarte.
- Pero... – dijo mientras se ponía en pie.
- No hay peros que valgan. – dije mientras la agarraba del brazo y la llevaba arrastras hasta la habitación.
- No es justo – decía Sanae mientras buscaba algún vestido para ella – No es culpa mía que estés enamorada de Genzo...
- ¿Y a ti quién te ha dicho que estoy enamorada de él? – le pregunté.
- La sonrisa que pones cuando hablas con él, que estás muy nerviosa por la cita... – me dijo sonriendo.
- Borra esa sonrisa de tu cara y pruébate esto – le dije al mismo tiempo que le lanzaba un vestido.
- Voy – dijo, fue al baño y se puso el vestido. Le quedaba genial. Era un vestido azul oscuro de tirantes que le llegaba por las rodillas - ¿Qué tal?
- ¡Wow! ¡Te queda genial! Espera un momento – y fui a buscar un collar de plata, cuando volví, se lo puse – Así mejor.
- ¿Estás segura? – me preguntó.
- Al cien por cien. Busca unos zapatos que te peguen con el vestido mientras yo voy a probarme este vestido – dije al mismo tiempo que iba al baño. Volví con un vestido morado sin tirantes con cinturón ancho y gasa de color negro.
- ¡Te queda genial! ¡Me encanta! ¿Vas a llevar ese vestido, no? Porque sino te mato – dijo Sanae.
- Si voy a llevar este – dije sonriendo mientras me ponía unos zapatos negros de tacón.
- ¿Te importa si llevo estos zapatos? – me dijo mientras me enseñaba unas sandalias azules.
- Claro que no – le contesté, cuando miré el reloj, me di cuenta de que llevábamos una hora y media preparándonos, y que solo quedaban cinco minutos para que nos viniesen a buscar.
Justo en ese momento sonó el timbre. ¿Por qué la gente llega temprano cuando no tendría que llegar temprano? Sanae estaba acabando de ponerse los zapatos, así que baje para decirles a los chicos que Sanae necesitaba un momento y abrir..
- ¡Wow! – dijo Genzo cuando abrí la puerta.
- Espero que sea un buen wow – dije sonriendo – Supongo que tú serás Tsubasa – dije mirando al chico que acompañaba a Genzo.
- ¿Tsubasa? – dijo Sanae que en ese momento bajaba por la escalera.
- ¿Sa... Sanae? – dijo Tsubasa al verla – Estás preciosa.
- Muchas gracias – dijo mi amiga sonrojándose - ¿Nos vamos?
- Claro – dijo Genzo y nos dirigimos a su coche.
Genzo y yo íbamos delante mientras que Tsubasa y Sanae iban atrás. Yo iba mirando por la ventanilla observando el paisaje cuando noté una mano encima de la mía. Me gire y resultó ser Genzo quien me sonrío. Yo le devolví la sonrisa.
- ¿Adónde vamos? – pregunté intrigada.
- Es una sorpresa – dijo Genzo esbozando una media sonrisa.
- Vamos Genzo dímelo... No me dejes con la intriga – le dije, al ver que no pensaba decírmelo, le pedí apoyo a Sanae – Sanae, dile a Genzo que me diga adónde vamos.
- Ya lo veras Nuria... No seas impaciente – dijo Sanae. Al parecer ver a Tsubasa le había afectado. No paraba de mirarle y como ella hubiera dicho, estaba comiéndole con los ojos.
- Sanae tiene razón, no seas impaciente – me dijo Genzo.
- Os odio... A ambos – pero no se lo creyeron al ver la gran sonrisa que iluminaba mi cara.
