Gracias a:
Luna - Gia - Love Girl -TamySnape - Is rodz - AF -Bela - Evilmale - Valexia26 - Candy - AF
por sus reviews en el capitulo anterior
También un especial agradecimiento a los 25 users que tienen esta historia entre sus favoritas y a los 53 que la siguen, increíble que sean tantos :3
Gracias de verdad y espero que les guste el capitulo.
Capitulo 7
Los ladridos de George al otro lado de la puerta no cesaban. El endemoniado can saltaba una y otra vez intentando abrirse paso. Se quedó unos instantes moviendo la cola mirando en dirección a la puerta pero nadie le abrió. Comenzó a olfatear al aire siguiendo el rastro de un delicioso aroma. Así llegó hasta la cama, donde descansaba un enorme hueso dentro de una caja. Ladeó la cabeza y volvió a analizar el objeto con su nariz. Luego de unos segundos lo tomó en su boca y esperó pacientemente a que alguien le abriera.
-¿Dónde está? - preguntó Emma a su madre. -
-Fue a buscar ropa. - respondió confundida. -
-¡Pero si encuentra ropa normal se irá! Ella es la única mujer a la que he amado. - se puso de pie súbitamente y corrió hacia el cuarto donde estaba George encerrado. El perro salió corriendo sin darle tiempo a nada. Emma lo miró partir hacia el parque y buscó a Regina con la mirada. Al ver que no estaba salió corriendo hacia su pieza. Allí la vio colocándose un vestido corto negro que, había utilizado ella una sola vez para un cóctel en un museo a media tarde. Se quedó viéndola unos instantes antes de volver a reaccionar. Regina levantó la mirada y vio a la rubia en bata de baño mirándola fijamente.
-¿Qué quieres? - preguntó poniéndose un zapato. -
-¿Qué vas a hacer? -
-Volver a New York – Emma hizo pucheros pero ella la ignoró. Se mordió un labio y buscó ropa cómoda que ponerse por si tenía que salir corriendo detrás de ella. Cuando Regina vio la bata caer al suelo levantó la mirada con la boca abierta. Intentó decirle algo, que tuviera un poco de pudor, o se quitara la ropa en otro sitio, pero sus neuronas parecieron no hacer sinapsis. -
-No puedes irte así. - la voz de la rubia la hizo cerrar la boca y concentrarse en calzar su otro pie.
-Lo haré. - dijo intentando no voltear a ver cómo se ponía los pantalones. - Volveré a New York a reparar todo el daño que he hecho desde que te conocí. A Robin, a la Señorita Green. - Emma se dio la vuelta terminando de acomodarse la blusa al oir aquel nombre.
-Pero Regina, ¡Puedes hablar con la señorita Green a través de mi madre! - Emma se arrodilló a un lado de la cama para hablarle mejor. Regina chasqueó la lengua. - ¡Escuchame! Ella hace todo lo que mi madre quiere, es su abogada. - El cerebro de la paleontologa hizo un clic que la hizo voltear para ver a Emma directamente a los ojos. Ella le sonrió con dulzura. -
-¿Su qué? - preguntó esperando haber oído mal. -
-Su abogada. - respondió ella con la misma sonrisa, feliz de haber captado su atención. Regina tragó con dificultad y se le acercó lentamente.
-¿Cómo se llama tu madre? - Emma ladeó la cabeza sin comprender muy bien. -
-Mary Margaret. - Regina comenzó a bajar por el borde de la cama poco a poco hasta quedar arrodillada en el suelo frente a ella. -
-Debe tener un apellido... - murmuró. Emma atinó a contestar pero la interrumpió. - Por favor no me lo digas. - Se llevó las manos a la cara quedandose en silencio intentado procesar la información recien recibida. -
-Blanchard - terminó de decir con una enorme sonrisa. -
-Lo sabía. Dios mío. ¡Entre tantos millones de personas ¿Por qué tuve que conocerte justo a ti? - Emma enarcó las cejas sin comprender.
-¿Pero qué he hecho? - Regina se puso de pie llevandose una mano a la sien y la otra a la cintura. Le dio la espalda a la rubia que la veía con pena. Ella se dio la vuelta para verla y se agachó nuevamente para quedar a su altura. -
-La Sra. Blanchard quiere donar un millon de dolares. - Su tono sonaba suave por primera vez en todo el día. - Y yo lo quería para el museo. -
-Oh- musitó la rubia encogiéndose un poco. - Regina, creo que le has causado una mala impresión. -
-Ya me he dado cuenta.- dijo bajando la mirada hacia el lado. - Emma, escúchame. - levantó la vista hacia ella y la fijó en los ojos aguamarina de la rubia. -
-¿Qué? - sonrió al verla tan cercana. Regina tomó su rostro suavemente colocando cada una de sus manos en sus mejillas.
-Vamos a olvidarlo todo. Porque ésto es serio. Muy muy serio. -
-¿Qué Regina? - su voz acarició los sentidos de la morena con su ternura. -
-¿Puedes prestarme atención? - Ella se acomodó asintiendo disfrutando del contacto de sus manos que aún no la soltaban. - Esto es muy importante para mi y mi trabajo. - Emma sonrió dulcemente, subió y bajó la mirada por el rostro de la doctora. -
-¿Qué? - preguntó un tanto incómoda. -
-Te ves muy hermosa cuando estás tranquila. - Regina rodó los ojos. -
-Escúchame y recuerda. - Emma volvió a asentir con cara de boba. - Lo he arruinado todo. Tu madre no debe saber quien soy. ¿Lo comprendes? - volvió a asentir parpadeando lentamente sin borrar su sonrisa. - di que soy una amiga loca de Brasil o lo que sea. Pero no que soy Regina Mills. Emma, ¡Concéntrate! - dijo al verla totalmente en las nubes. - ¿Lo recordaras? - parecía que mientras más suave era el tono de su voz, más encantada se volvía la rubia. - ¿Lo harás? -
-Si, Regina. - respondió ella sin sonar muy convincente. -
-¿Segura? -
-Si, Regina. - Ella le sonrió levemente. - Pero te ves muy guapa cuando no estás enojada. - la morena resopló molesta. Se puso de pie y salió de la habitación. Emma desconcertada se levantó para seguirla. -
-¿Qué he dicho? ¿Qué he hecho? - la siguió a través del corredor que llevaba a la sala. - Regina, ¿Qué he dicho? - caminaron a través de la sala y entraron al cuarto del jardinero. - ¿Qué he hecho? - Regina se detuvo en seco al llegar a la habitación. -
-Te he pedido... -
-Sé lo que me has pedido. Prometo acordarme. - Regina tomó la caja que estaba encima de la cama. -
-¿Dónde está? -
-¿Qué cosa? - preguntó confundida. -
-La clavícula intercostal. El hueso. ¡Es único y valioso! - Emma bajó la mirada hacia sus manos y buscó entre las fibras de madera el antiguo articulo.
-El hueso.- murmuró la rubia sin dejar de buscar. -
-Emma. ¿Dónde está? ¡Dámelo! - pidió Regina, no fue brusca, tampoco tranquila. Intentaba con todas sus fuerzas no perder la paciencia. -
-No lo tengo. - respondió con sinceridad mirándola a los ojos. -
-¿Lo has escondido? -
-¿Por qué iba a esconderlo? -
-No lo sé, nada de lo que haces tiene sentido. - dio media vuelta para buscar con la mirada en la habitación.
-Tendrás que encontrar otro. - su voz sonó tan inocente que Regina no pudo contestarle de mala forma. -
-No puedo conseguir otro. Ha costado 5 años y 3 expediciones encontrarlo. - Emma suspiró un "oh" -
-Entonces ahora sabes donde está, puedes ir al mismo sitio y buscar otro igual o parecido. - Regina rodó los ojos y se agachó para buscar debajo de la cama. -
-Lo tenías tu. ¿Dónde lo dejaste? - se puso de pie volviendo a acercarse a ella, quizás demasiado pensó cuando los ojos de la rubia se fijaron en sus labios sin disimulo. - ¡Emma!
-En la caja. - hizo un esfuerzo sobrehumano por volver a concentrarse en la búsqueda del hueso. - lo dejé dentro. -
-¿Había alguien más? - Emma ladeó la cabeza y fijó la vista en la mesa de noche para enfocar su mente.
-No, no había nadie. - de pronto sus ojos se abrieron enormes. - ¡George!
-¿Quién es George? - preguntó confundida. -
-¡El perro! - respondió ella alzando un poco más la voz. Regina la miró extrañada sin comprender. - Perro. Hueso. Hueso. Perro. ¡Hueso! - Los ojos de la paleontologa casi se le salen de órbita al caer en cuenta del riesgo que representaba el hecho de que el perro hubiera estado en el cuarto con su fósil. Ambas salieron corriendo del cuarto en busca del pastor alemán. Comenzaron la búsqueda por la sala, el comedor y la cocina. Gritando el nombre del perro una después de otra. Regina se dio la media vuelta desesperada ante el eco que provocaba la voz de Emma.
-¿Qué están haciendo?- la voz de Mary Margaret las hizo detenerse. - Oh, has encontrado ropa. - Regina sonrió nerviosamente.
-Estamos buscando a George. - Regina tomó las manos de la mujer de cabellos cortos que la veía completamente desorientada y se despidió de ella. - Gracias por todo. - Mary Margaret atinó a hablar pero dirigió la mirada a su hija.-
-¿Y ahora que haces? - Emma también le dio la mano sonriendo.-
-Buscando a George desesperadamente. - Al ver el gesto de reproche de su madre continuó.- Regina cree que es adorable. -
-Emma, eso es imposible, George es insoportable nadie puede creer que es adorable. Ni siquiera una mujer trastornada como ella. -
-Regina si. - la mujer no tuvo tiempo a contestar, Emma salió corriendo detrás de la doctora. -
-Ven aquí. Emma. ¡Emma! - pero la puerta se cerró de un golpe. - ¡Ugh ésta niña!
Al salir Emma vio a Regina caminando por el medio del parque.
-¡George! - corrió hacia ella para llegar a su lado. -¡George!- Regina se llevó dos dedos a la boca sorprendiendo a la rubia con un fuerte silbido. -¡George!
-No está en la casa. - comentó tranquilamente la rubia. Regina miraba a los lados buscando detrás de los arboles. Volvió a silbar de aquella forma tan particular. Tan cotidiana que se veía gracioso en alguien tan fina como ella. - Si lo sigues llamando se esconderá. -
-Pero Emma, ¿Dónde puede estar? -
-Oh en cualquier sitio. - su tono relajado hizo exasperar a la paleontologa. -
-¿Dónde suele esconderse? - Regina daba vueltas sobre si misma intentando encontrar con la mirada al endemoniado perro.-
-¿Y yo como voy a saber?- un ladrido potente vino del sector oeste de la casa.
-¡Allí está! ¡George! - el perro se acercó hacia ellas moviendo la cola. - Tiene el hocico sucio. - Regina la miró desesperada. - ¡Tiene el hocico sucio lo ha enterrado! Vamos a buscarlo.-
-Pero el jardín es de dos hectáreas. - Regina golpeó su cadera con sus manos frustrada y se agachó para mirar al perro directamente.
-¡¿Dónde has escondido el hueso?! - gritó molesta.
-¡No! Así nunca te dirá nada. - Regina arqueó una ceja. - No te mostrará donde está. -Hizo una mueca ante la aclaración mientras Emma se sentaba junto a ellos. - Ahora George – su tono dulce pareció encrespar aún más los nervios de la doctora. - Perrito hermoso. No estamos enfadadas. Regina y Emma quieren saber donde escondiste el hueso.- El perro sacó la lengua para refrescarse y miró hacia otro lado. - Ese viejo, sucio y feo hueso es de Regina y ella lo necesita. - la morena estaba impacientándose cada vez más. - Ahora, dime dónde está y Emma te dará un hueso fresco y delicioso. - George miró a Emma y luego se recostó sobre el pasto indiferente a sus palabras. -
-¡Oh! ¡Perro sinvergüenza! -
-No le digas eso. - Emma continuó haciéndole muecas al perro bajo la atenta mirada de su compañera. - Vamos George, Emma te quiere mucho, ¿Dónde lo escondiste? - movió sus manos imitando sus patas escarbando en la tierra. - ¿Dónde lo dejaste? ¿Dónde? -
-No te escucha. - se cruzó de brazos justo para ver como el perro se levantaba caminando en dirección opuesta. Las dos se levantaron de un salto para correr tras el. Corrieron hacia un árbol con una bonita plantación de flores debajo. Emma sonrió.
-Todo va a salir bien. Debe estar aquí. - el perro dio un par de vueltas sobre la tierra negra. - Ahora comenzará a cavar. - Regina la miraba con el ceño fruncido muy poco convencida. - Eso es George. - comenzó a escarbar en la tierra con sus patas delanteras. Emma y Regina colocaron sus manos sobre las rodillas para agacharse un poco. - Buen perro -
-Espero que no lo arruine – dijo al ver la potencia de sus patas. -
-¡Ha encontrado algo! - se sentó en el piso aplastando las pobres flores y comenzó a cavar junto con el perro. - ¡Hay algo! - Regina emocionada se unió a ellos enterrando sus dedos en la tierra. -¿Lo sientes? - continuó escarbando hasta que tomó el objeto con la mano. Aún sonriendo y bajo la mirada decepcionada de Regina exclamó. - ¡Oh mira una bota! - la morena apretó los dientes intentando no perder la paciencia y darle con la bota en la cabeza a la rubia. Ella se agachó nuevamente tomando la cabeza del perro entre sus manos. - Vamos George concéntrate. Regina quiere su hueso.- El perro movió la cola y comenzó a correr hacia otro de los tantos arboles en el jardín. Las dos mujeres corrieron tras el. - ¿No es divertido? Es como una búsqueda del tesoro. -
-Uf, super divertido Swan. - dijo poniendo los ojos en blanco.-
-Vamos George si te cansas de cavar nosotras lo haremos.-
Una hora más tarde el perro estaba recostado sobre el pasto agitado y con la lengua afuera. Regina con una pala apoyando el pie sobre la parte de metal, terminando de cubrir un reciente hueco. Sus rodillas llenas de tierra y sus manos negras, hasta podía sentir un par de callos formándose en sus palmas. Resopló al ver al perro tan tranquilo y a la rubia relajada como si todo aquello fuera un juego. A unos metros Emma sentada tranquilamente en el piso con una pala de mano escavando otro de los tantos hoyos que habían hecho a lo largo y ancho del jardín.
-¿De verdad crees que ese rufián lo esta intentando? - dijo al ver como el perro se estiraba. -
-Claro que si. - su expresión optimista la tranquilizó un poco. - Hemos encontrado algo en cada sitio al que nos ha llevado. - Escarbó un poco más y tomó el objeto cubierto de tierra para enseñárselo a ella. - Mira, otra bota – rió. -
-Emma, ya van cinco pares. - Regina exasperada caminó plantándose frente a George. -
-Perro, si me sigues haciendo cavar hoyos donde no es te juro que...-
-No, así no lograrás nada. - se levantó caminando a un lado suyo. - Vamos George, has un esfuerzo, buscamos el hueso no botas. ¿Recuerdas donde lo dejaste? -
-¡Esto es ridículo! - el perro se levantó comenzando a caminar hacia otro árbol.
-Estoy cansada de cavar. - lloriqueó Regina. -
-¿Qué no es ese su trabajo? - preguntó inocentemente. La morena torció la boca. -
-Créeme, no se parece en nada a ésto. - comenzó a caminar detrás del can nuevamente. -
-A este paso tendremos que conseguir un arado.- dijo lanzando una carcajada. -
-¡Emma! - la voz de su madre venía desde el centro del jardín. - ¡Emma! - la rubia hizo un mueca de dolor al verla allí. El perro comenzó a correr en dirección opuesta. -
-¡Síguelo! - ordenó a Regina que salió corriendo detrás de él. Ella caminó hacia su madre con una sonrisa inocente. -
-¡Emma! -
-¡Ya voy mami!-
-Nada de mami ¿Que es todo esto? - dijo señalando el desastre que había en su preciado jardín. -
-Son agujeros. - explicó señalando algunos.
-Eso ya lo veo. ¿Quién los ha hecho? - su voz sonaba levemente irritada. Pero su frente arrugada y la rigidez de su mandíbula demostraban su molestia. -
-George, Regina y yo. - Mary Margaret torció la boca. -
-¿Quién es y de donde salió esa Regina? -
-Es una amiga de Neal. - insistió. -
-¿Y no sabes nada más? - Emma volvió la vista hacia ella con una sonrisa tonta. -
-Sé que me casaré con ella. - Mary Margaret abrió la boca espantada. -
-No te casarás con mi dinero. No quiero más lunáticos en la familia. - sentenció apretando los labios. Pero Emma no dejó de sonreír. Mary Margaret suspiró -
-¿Cuando te casas y cual es su apellido? - Emma sabía que era mala mintiendo. Así como notaba cuando alguien decía una mentira ella era incapaz de decir una siendo convincente. Fijó la mirada en un punto fijo intentando inventar algo creíble. Pero como siempre que mentía nada inteligente le salió. -
-Hueso. - respondió sonriendo nerviosamente. -
-¿Se apellida huesos? - la mujer frunció el entrecejo. - ¡Eso es ridículo!
-Hueso. Un hueso. - rectificó. -
-¿Regina Hueso? ¿Qué clase de nombre es ese? - Emma no respondió. -¿A qué se dedica? - y nuevamente el cerebro de la rubia intentó idear una nueva respuesta inspirándose en la mansión que había a sus espaldas. -
-Caza -
-¿Qué caza? -
-¿Animales? -
-¿De caza mayor? -
-Muy muy grandes. Enormes. Gigantes. - sus ojos se abrieron exageradamente.
-¿Eso es caza mayor? - Mary Margaret tomó a Emma del brazo obligandola a ver a la mujer que corría exhausta detrás del perro. Para meterse tras de unos arbustos. - ¡Mirala! -
-¿No es linda? Está jugando con George. - respondió con el mismo tono bobo que al principio. -
-Se acabó el juego. Cenamos a las 8.30. Espero que sea puntual.- asintió - ¡George! - el perro obedeció a la voz de su ama y salió corriendo hacia ella. La mujer dio media vuelta y se fue. Regina se dejó caer al suelo resignada. Estaba llena de tierra, cansada y a media hora de su supuesto matrimonio. Que, por obvias razones no se iba a celebrar. Emma caminó hasta sentarse a su lado. Abrazando sus rodillas. Regina la miró y se dejó caer completamente sobre el pasto.
-Se supone que debería estar a punto de casarme. - su voz no marcaba reproche, tampoco tristeza. Era neutro. Resignado. Colocó ambas manos sobre su abdomen y miró al cielo. Emma la miró de costado. Ladeando la cabeza intentando comprenderla. -
-¿Hace mucho están juntos? -
-Trabajamos juntos hace seis años. Me buscó por los últimos dos y terminé cediendo hace casi un año.-
-¿Lo amas?- Regina no la miró. Sonrió hacia la nada con la mirada perdida.
-No sé lo que es el amor Emma. - respondió luego de unos instantes. La rubia dio unos pasitos rotando sobre su propio eje para verla mejor. - Así que no puedo decirlo.
-Creo que cuando amas a alguien simplemente lo sabes. Lo hayas conocido o no anteriormente. - no había ningún destello de juego ni inmadurez en su voz. - Simplemente ves a esa persona y sabes que quieres compartir con ella el resto de tu vida. ¿Has sentido eso con el? ¿Lo has sentido alguna vez? - Regina no respondió. Tampoco se volvió a verla. - Yo sí. Y creo que debes luchar por aquello en lo que crees. Aferrarte a esa idea hasta las últimas consecuencias. Buscar hacerla feliz de cualquier modo. A no ser que estés segura que su felicidad está al lado de otra persona - hizo una pausa esperando alguna reacción. - Creo que no lo amas.
-¿Qué te hace pensar eso?-
-Es que si lo amaras de verdad. Si realmente quisieras casarte con el, no habrías venido conmigo. -
-No es como si me dejaras muchas opciones. Prácticamente me secuestraste. - hizo un movimiento con sus hombros. - No es como si hubiera querido venir. - habló en un tono más bajo. Emma sonrió. -
-Creo que si una loca que conociste hace un día te sube a la fuerza a un auto y te secuestra la noqueas a la primer oportunidad y huyes como sea posible.- Regina volteó bruscamente para ver a la rubia con una sonrisa tranquila.
-Quizás las cosas tenían que ser así. -
-Emma, no todo en la vida es según tu te lo imaginas. Yo quería casarme. - volvió a correr la vista -De verdad quería casarme, habíamos planeado ésto por meses. - Emma bajó la mirada hacia sus pies. - Y ahora estoy aquí... contigo... sin saber exactamente dónde. Ni cuando o cómo volveré. -
-Lo siento. - murmuró la rubia. - muchas veces no mido las consecuencias de mis actos. Pero jamás hubiera querido hacerte mal.- Regina no contestó. - Puedes llamar por teléfono a tu prometido. Toma alguno de los autos prestados, puedes irte cuando quieras. Seguiré buscando el hueso y te lo enviaré apenas lo encuentre. - Se puso de pie y miró a la morena recostada sobre la hierba. - Lamento todos los inconvenientes que te causé. - Regina exhaló aire con pesadez. Volteó para verla. Emma le sonrió tristemente y por alguna razón algo en su pecho se estrujó cuando la vio caminar hacia la gran casa.
Ohhh ¿Se acabaron las locuras? al fin Regina fue liberada.
¿Qué sucederá ahora? espero que les haya gustado y nos leemos en el próximo capitulo.
Prometo no demorarme mucho en actualizar. No sean malitas y dejenme review, que sino me deprimo y se me van las ganas de seguir escribiendo u.u
