Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Himaruya. Esta awesone historia a Locked Up. La imagen de portada es creación de la fabulosa Zeemo. Lo único mío es la traducción.

OXOXOXO

Capitulo siete: ¡Vamos de compras!

Cuando Alfred despertó, era casi mediodía y aun no había pensado en qué preguntarle a Girasol. Su mente había estado corriendo con pensamientos sobre cómo Ivan podía estar conectado a todo esto, ¿por qué el ruso había actuado como si tenía y sabía algo importante acerca de la admiradora misteriosa de Alfred? Con toda honestidad, él no le hallaba sentido a todo este asunto. Todo era muy extraño.

—¡Alfred! ¡¿Estás vestido?!

Alfred gimió, rodando por la cama. No, no estaba vestido. Apenas si estaba despierto y tenía mucho qué pensar como para prepararse e ir a donde fuera que su madre lo arrastrara. Probablemente a comprar zapatos o conseguir su primer sostén o alguna otra cosa que su mamá probablemente haría.

—Noooooooo…. —respondió, cerrando los ojos otra vez.

—¡Entonces hazlo! ¡Nos vamos en una hora!

El adolescente suspiró, llevándose una mano a la cara para rascarse la mejilla. Luego respiró profundo, forzándose a sí mismo a sentarse. Él realmente, realmente no quería ir. Su cabello debía de verse horrible. No que le importara en realidad.

'kay! —gritó débilmente.

Por un momento, estuvo a punto de dejarse caer hacia atrás y seguir durmiendo. Entonces, usando todo su fuerza madrugadora, sacó las piernas por el borde de la cama, apoyando las manos en sus rodillas. Los ojos aun los tenía pesados por el sueño e intentó despejarse cuando escuchó pasos subiendo las escaleras. Un momento después su mamá abrió un poco la puerta y asomó la cabeza.

—¿Te estás preparando?

Yeah, yeah… —dijo adormilado, demostrándolo con un bostezo. Ella sonrió un poco.

—También debemos hacer algo de limpieza más tarde. Mañana viene Mathew. Tenemos tiempo para preparar todo. ¿Estás emocionado?

Las orejas del menor se irguieron ante la mención de su primo y entonces asintió enfáticamente. Su mamá checó el reloj en su muñeca antes de volverse a él.

—Cincuenta y ocho minutos —le recordó juguetonamente antes de echarse hacia atrás y cerrar la puerta con un ligero clic.

La mamá de Alfred nunca había sido una persona muy seria. No estaba completamente loca o fuera de sí, pero tenía una chispa de ridiculez que saltaba de vez en cuando. Esa era una de las cosas que hizo a Alfred afirmar que ella era la mejor madre posible. Incluso después de… bueno, incluso después de que su esposo la abandonara, ella mantuvo su chispa, o tal vez la había recuperado.

Finalmente logró levantarse y se dirigió al baño. La ducha le dio algo de tiempo extra para pensar, al menos. Suspiró con satisfacción cuando el primer chorro de agua golpeó su cabeza, el calor repentino provocándole un escalofrío que bajó por su espalda. Sólo se quedó allí bajo el agua durante un momento, dejando que le despertara.

Cuando finalmente terminó, salió de la ducha, deteniéndose un momento frente al espejo. Este estaba completamente empañado por la condensación, así que lo limpió, examinándose a sí mismo. Sólo pudo preguntarse, a medida que sus ojos recorrían su flaco y pálido cuerpo, ¿qué podía ver alguien en él? ¿Qué hizo que Girasol gustara de él? ¿Qué tenía él para gustarle?

Cuando estaba en séptimo grado había intentado unirse al equipo de lucha. Había trabajado y hecho ejercicio con el resto de los chicos, pero a diferencia de ellos, Alfred había odiado cada minuto. Perdió todos los partidos que jugó y ahora lo único que le quedaba era los remanentes de su viejo, más que muscular, físico.

Decidió que era inútil preguntarse sobre estas cosas mientras que, en un límite de tiempo para él, se secó y se ató una toalla en la cintura para el corto viaje de regreso a su habitación. Esto era usual desde que sólo eran él y su mamá en la casa (y que por lo general ella se quedaba dentro de pocas habitaciones seleccionadas), así que él era bastante libre para hacer lo que quisiera. No era como si él siempre se vistiera con sus mejores galas, pero era conocido por ir los fines de semana con algo muy diferente a lo usual. ¿Cuál era el punto de ensuciar ropa que podría usar en la escuela la próxima semana? Lo que sea, todo esto estaba fuera de lugar, porque aun no idea de qué le iba a preguntar a Girasol o por qué su mamá lo llevaba de compras.

Se vistió rápidamente; le gustaba tener un poco de tiempo después de levantarse para relajarse y comer algo. Excepto en los días de escuela, durante los cuales él era conocido por dormir hasta unos pocos minutos antes de que sonora la última de sus alarmas. Su madre finalmente había recurrido a irrumpir en su habitación con una olla y una espátula.

—Necesitamos conseguir algunas cosas para Mathew —dijo su mamá cuando él entró a la cocina. Estaba sentada en la mesa, recortando imágenes de Darth Vader de un libro para colorear de Star Wars.

Alfred se le quedó viendo antes de entender no sólo lo que había dicho, si no también lo que estaba haciendo. Necesitaban suministros, y ella estaba haciendo otro de sus collages. Después de la octava compilación random de estrellas de cine o frutas, Alfred había renunciado a averiguar qué era lo que su mamá pegaba en la mesita del café de su cuarto. Unos pocos años antes ella había empezado este proyecto, el cual era crear alguna especie de collage de objetos multicolor. Y aparentemente, esa pobre e indefensa mesa se había llevado la peor parte de los ataques. Fotos de cortinas y anuncios de cigarrillos y lo que fuera que su madre pudiera encontrar en revistas, estaban pegados en todas las formas inimaginables en la ahora inútil mesa. El adolescente se quedaba lejos de esa cosa la mayor parte del tiempo.

—¿Qué más vamos a comprar? —preguntó Alfred, buscando una caja cereal.

—Estaba pensando en que podríamos conseguir algunos libros también. Acaban de abrir esa nueva librería en el centro comercial, ¿sabes? ¿No habías dicho que querías esa nueva edición de lo-que-sea-que-estés-leyendo?

Los ojos de Alfred se iluminaron ante la perspectiva de obtener comics sin tener que comprarlos él.

—Kiku también quería comprar manga, ¿puede venir?

—No sé… —dijo ella con aprensión —. Creo que Mei dijo que él iba a ir a algún lugar este fin de semana.

Mei era la mamá de Kiku, se veía demasiado joven, en apariencia, como para tener un hijo de su edad. Ella pasaba más a menudo en viaje de negocios que en su casa, dejando a Kiku al cuidado de su hermano Yao. Eso no era nada raro, al menos para esa familia. A veces era imposible decir cómo los miembros estaban relacionados. No eran más que una familia, sin importar los lazos sanguíneos. A veces Alfred sentía celos.

—Es cierto. La conferencia.

Kiku le había dicho que estaría yendo a esta conferencia de Liderazgo Juvenil uno de estos fines de semana, pero el americano lo había olvidado convenientemente. Como fuera, el espíritu de Alfred se negó al enterarse que estaría todo un fin de semana sin su amigo. Sus respectivos padres siempre decían que era como si estuvieran unidos por la cadera. Alfred se había preguntado durante mucho tiempo si eso era realmente posible, y si lo era, ¿cuánto costaría?

—Eso creo, ¿estás listo? —preguntó la mamá de Alfred. Su hijo le respondió con un bocado de cereal, suspirando un poco.

Ella continuó recortando las imágenes de Darth Vader, organizándolas en la mesa en lo que probablemente iba a ser el patrón que usaría en la otra mesa. Alfred les deseó en silencio buena suerte antes de que fueran llevadas a su última morada en la mesita del café maldita.

¿Tal vez podría preguntarle su… su apellido? Se preguntó, sus pensamientos regresando invariablemente hacia Girasol en la calma de la conversación. ¿Cuántos años tiene? ¿Qué tipo de música le gusta? Continuó hasta enterarse que nada de lo que pensaba era útil. Todas las preguntas parecían muy mundanas, como si estuviera gastando el tiempo que tenía para resolver esto.

Pensó en antes, cuando se había estado observando en el espejo. ¿Qué fue lo que Girasol posiblemente vio en él? ¿Qué le gustaba de él?

… Eso fue todo.

Alfred sacó su omnipresente celular, escribiendo el número de forma rápida antes de intentar decidir cómo redactar el mensaje. "¿Qué te gusta de mí?" sonaba pretencioso. "¿Hay algo en particular que te guste de mí?" sonaba como si se estuviera arrastrando.

Finalmente las palabras vinieron y él las escribió letra por letra. Esta vez incluso escribió una oración completa. Él quería esto para contar en el futuro.

¿Por qué te gusto?

OXOXOXOXO

—Vamos a necesitar más papel higiénico, algunas opciones para la cena de los próximos días, y, ¿tienes una almohada extra que podamos darle a tu primo? Necesitamos más champú… Alfred, ¿estás apuntándolo todo?

Alfred garabateó en la pequeña libreta, asintiendo mientras lo hacía. Su madre sonrió secamente antes de continuar.

—También necesitamos más jugo. Y botellas de agua… ¿planean ir a acampar como siempre? ¿Cuándo es el cumpleaños de Mathew? Creo que es pronto… Debemos conseguirle un presente también —dictó la mamá de Alfred. Él escribió las últimas palabras, examinado su caligrafía para asegurarse de que era legible.

—Listo —puntualizó el menor.

—Bien. Ahora, ¡Adelante! —gritó ella, abriendo la puerta del auto y saliendo —. No te olvides de bloquearlo —le recordó a su hijo mientras este salía también. Entonces, con una misión qué cumplir, se pusieron en marcha hacia el gran centro comercial.

El centro comercial se había construido durante la vida de Alfred, el nuevo centro de compras autoproclamado de la cuidad. Y estuvo a la altura de su nombre. Casi todos los días el edificio estaba lleno de gente en busca de cosas, desde la tienda de comestibles, que había sido construida entre de las tiendas de ropa y la de videojuegos, hasta la peluquería en el otro extremo. Incluso había un hombre que se había instalado en el piso en medio centro comercial, vendiendo camisetas teñidas que él mismo creaba allí.

La razón por la cual usualmente Alfred quería venir al centro comercial era para comprar videojuegos. Era uno de sus más grandes pasatiempos y él y Kiku podían gastar horas sólo hojeando las novedades de videojuegos para escoger. Ellos se tuteaban con el calmado gerente, un joven llamado Heracles.

Hoy, sin embargo, el americano no tuvo oportunidad de ir a buscar nuevos videojuegos. Su madre lo llevó a la tienda de comestibles y lo obligó a llevar toda la comida que apiló sobre él. Durante sus compras sintió su móvil vibrar, lo que indicaba la respuesta de Girasol. Bajó cuidadosamente el pan y las frituras que cargaba en el momento que vio la respuesta, una pequeña sonrisa tocando sus labios. Pero entonces, a medida que sus ojos recorrían las palabras, sintió su corazón hundirse.

No me gustas.

Bien, esta no era su semana.

Suspiró, bajando la vista. Luego escribió un rápido "oh" y cerró el móvil. De repente su pechó se sintió pesado y su mamá tuvo que recordarle que recogiera la comida otra vez. Ella no pareció darse cuenta de su repentino cambio de ánimo.

Así que… así que Girasol no lo quería. Lo que más le dolía es que esto realmente se lo había esperado. Él sabía, de alguna manera, que todo esto se iba a convertir en un gran malentendido. Y aquí estaba, la prueba de que él siempre había tenido la razón. O tal vez no. Tal vez sólo estaba diciendo eso para hacerse sentir mejor. Tal vez había tenido un poco de fe en esto.

Suspiró otra vez, yendo a través de los movimientos de colecta de lo que fuera que su madre decidiera que ellos necesitaban y haciendo que lo llevara. Quería hablar con Kiku. Realmente debería haber esperado más de esto. Probablemente ella sólo quería que fueran amigos, o hablar o algo.

Alfred no dijo nada mientras seguía a su madre alrededor de la tienda. Todo en lo que podía pensar era que debería haber sabido que esto pasaría. Que lo sabía. Pronto sus brazos estuvieron llenos de esto y de lo otro y su mamá decidió que ya estaban listos. Se estaban preparando para pagar cuando Alfred lo vio.

Sus ojos se abrieron cuando se encontraron con Ivan, que caminaba por detrás de las cajas registradoras, directamente hacia él. O tal vez era sólo su imaginación. Quizás Ivan ni siquiera lo había visto. Tal vez… oh, mierda. Este no iba a ser el mejor día de su vida, ¿verdad?

—Hola, Alfred —le saludó el ruso de la misma odiosa forma de siempre.

La mamá del americano lo miró sorprendida y entonces se le iluminó el rostro cuando vio al chico más alto.

—Ho-hola —dijo ella con una sonrisa —. ¿Eres uno de los amigos de Alfred?

Alfred movió las manos hacia atrás y adelante en un silencioso "No". Ivan lo miró, sonriendo de forma enfermiza antes de asentir.

—Sí —dijo Ivan a la ligera —. Somos los mejores amigos. En realidad me estaba preguntando si me lo podía pedir prestado por un momento. Tenemos que hablar.

—¡No! —gritó Alfred, sorprendiendo a su madre —. Digo, tenemos que ir a buscar otras cosas, ¿no? Como…

—Oh, no seas así… —dijo ella condescendientemente —. Adelante. Buscaré el resto por mí misma.

Mamá

—Ve y diviértete. No te preocupes por mí.

Alfred se mordió el labio, girándose hacia Ivan. Divertirse. Claro. La típica sonrisa del ruso estaba allí, como siempre. Pero había algo más detrás de esta. Un poco de preocupación, tal vez. Pero después de su última reunión, Alfred realmente no podría decir que conocía bien al ruso. Un momento después, sintió una mano alrededor de su muñeca y que estaba siendo arrastrado lejos. Su mamá lo saludó con la mano y él sólo pudo tragar pesadamente.

—Por favor no te preocupes, Alfred —dijo Ivan suavemente —. Y por favor cierra la boca.

El menor cerró la boca de golpe, avergonzado y sin darse cuenta de en qué momento se le había abierto en primer lugar. Ivan casi lo arrastró fuera de la tienda y del centro comercial. Entonces se detuvo junto a la pared, dejando por fin ir a Alfred.

—Tienes que dejar de hacer eso —siseó Alfred, frotándose la muñeca para el efecto. Ivan suspiró.

—Me disculpo por mi anterior comportamiento —dijo el ruso.

—Sólo deja de disculparte por todo. Me está enloqueciendo.

—Entonces acepta mis disculpas —contrarrestó el mayor. Alfred miró hacia abajo.

—¿Por qué rayos estás actuando tan raro de repente? —preguntó sombríamente.

Ivan se vio sorprendido ante esto.

—¿Qué?

—Has sido todo lo normal y eso últimamente —levantó la vista, viéndole con rudeza —. ¿Qué estás tratando de hacer?

—Yo… —Ivan no parecía tener una respuesta a esto —. He estado actuando perfectamente bien.

—No —le corrigió Alfred —. Bien significaría hacerme sentir como una mierda todos los días. ¿Qué pasa?

Parecía que a Ivan le tomaría un largo momento para responder. Respiró profundo, cerrando los ojos en sus pensamientos. Entonces, después de lo que pareció una eternidad, miró a Alfred con un rostro totalmente sereno.

—Quiero ser tu amigo.

La boca de Alfred se abrió de nuevo. No pudo evitarlo. Ni siquiera estaba seguro de cómo logró mantenerse en pie.

—¿Mi amigo? —repitió, los ojos muy abiertos.

—La forma en la que te traté antes te molestó, así que estoy intentando algo nuevo —explicó el ruso. Alfred estaba totalmente sin habla —. Pero si no quieres…

El americano sólo se le quedó viendo, tratando de imaginar cómo rayos Ivan estaba diciendo eso. Tenía que ser alguna especie de sueño, o una broma, o tal vez estaba siendo filmado o… por dos años y medio el ruso había sido nada más que un imbécil con él ¿y ahora él estaba dejando todo eso esperando que las cosas fueran como miel sobre hojuelas?

—Por favor —dijo Ivan con voz aun más suave. El menor frunció los labios, encogiéndose de hombros.

—Cómo sea. Aun sigues siendo un idiota.

El rostro del eslavo se iluminó.

—¿Así que podemos ser amigos? —preguntó esperanzado. Alfred se encogió de hombros otra vez.

—Dije que cómo fuera. No entiendo lo que estás tratando de hacer aquí pero… y'know. Es un poco como algo que un héroe haría, creo —las palabras se le escaparon antes de que se diera cuenta de lo que había dicho. Mierda. Héroe. Pensaba que ya había tenido bastante de eso hace mucho tiempo atrás, pero al parecer no —. Pero no puedes ser amigo de alguien así de repente. Tienes que hacer que ellos quieran ser tus amigos —lo que Alfred no dijo, fue que eso no significaba arrastrarlos para tener conversaciones profundas. Mucho menos cuando estos no le caían bien.

—Una cosa heroica, de hecho —dijo Ivan con una sonrisa. Alfred tosió llevándose la mano a la boca, mirando hacia otro lado —. ¿Qué debería hacer?

—Bien, en primer lugar, deberías parar de mirarme como si yo fuera un proyecto de ciencias.

Inmediatamente el ruso apartó la vista, enfocándose en el suelo como si este fuera la cosa más interesante que había visto en todo el día. Las cejas de Alfred se fruncieron.

—Así no.

Ivan parpadeó hacia él, confundido.

—¿Cómo, entonces?

Esto era muy extraño. Alfred esperaba que en cualquier momento el ruso le lanzara uno de sus usuales golpes o que lo insultara o algo. El sólo estar ahí con el inminente muchacho ya era incomodo. No había forma en la que alguien pudiera cambiar en un día o dos. Algo tenía que estar pasando.

Y'know, voy a ir a la librería por un rato mientras… —dijo el menor lentamente, mordiéndose el labio. Ivan sonrió.

—¿Te gusta leer?

—Eh… —el americano no supo qué responder —. Comics y esas cosas… —miró a Ivan antes de dirigirse a la tienda. Todo esto estaba siendo muy incomodo y quería escapar. Por otra parte, quería que Ivan dejara de hacer todo de forma rara. Su día estaba pasando de mal en peor.

—¿Qué tipo de comics? —preguntó el más alto, siguiéndole. Alfred gruñó internamente.

—No sé, de héroes y eso…

—¿Como Superman?

Cruzaron el umbral de la nueva librería, adentrándose en ella. Era más tranquilo allí.

—Claro, si lo que quieres es ir a la vieja escuela. Pero hay algunos nuevos también —explicó Alfred, sin estar seguro de por qué aun seguía hablando con Ivan. El mayor había estado actuando de forma más normal últimamente, en todo caso, esa fue la única razón que Alfred pudo pensar.

—¿Qué estás buscando ahora?

—Mira —soltó Alfred, volviéndose al ruso —. Si esto fuera Veinte Preguntas todo sería cool, pero no lo es —levantó una ceja —, o por lo menos no creo que lo sea. Sólo quiero tranquilidad y buscar mi libro, 'kay?

En retrospectiva, fue la cosa más audaz que Alfred le había dicho jamás a Ivan. Para tratar de decirle, al más alto e intimidante chico, que se callara y le dejara solo era una remota posibilidad. Pero por alguna razón, funcionó.

Ivan lo siguió en silencio mientras el menor examinaba las estanterías en busca de la nueva edición de ese buen comic que estaba leyendo. Le tomó un tiempo, la inquietud que sentía creciendo cada vez más bajo la atenta mirada del eslavo, pero lo encontró. Vio a Ivan examinar la portada del libro en su mano mientras se dirigían a la caja registradora.

—¿De qué trata? —preguntó el ruso mientras dejaban la tienda.

—Realmente no puedo explicarlo. Tendrías que leerlo —respondió Alfred, más que todo para no tener que hablar más de lo necesario.

—¿Puedo?

Alfred se detuvo.

—¿Eh?

—¿Puedo leerlo?

—Eh… claro. Si así lo quisieras.

Ivan sonrió alegremente.

—Y tú lo tienes, da?

Ah, así que ahí es donde iba todo esto.

—Supongo, yeah.

—¿Puedo pedírtelo prestado?

El americano hizo una mueca.

—No quiero que lo rompas o algo.

—Prometo que no lo haré. ¿Por favor?

Alfred lo pensó por un momento.

Okay. Pero primero tienes que decirme por qué ahora estás actuando tan raro.

—Quiero ser tu amigo —dijo Ivan como si eso explicara algo. Alfred suspiró fuertemente.

—¿Sabes qué? Como sea. Claro que puedo prestártelo. Me tengo que ir.

—¡Alfred! —le llamó Ivan, más el menor no se volteó.

—¡Te lo daré el lunes! —le gritó en repuesta, viendo a su mamá que esperaba fuera de la tienda de comestibles, rodeada de bolsas. Ella le saludó con la mano y él pudo ver su sonrisa.

Entonces allí estaba esa vibración familiar en su bolsillo. El muchacho suspiró, sacando el móvil y abriéndolo. Era un mensaje de Girasol, probablemente diciendo algo en la línea de "malentendidos" y que "sólo quería que fueran amigos". Sin embargo, a medida de que sus ojos recorrían la única frase, no evitar la sonrisa que curvó sus labios y que corrió directamente a su corazón.

No me gustas, Alfred, yo te amo.

Y todo valió la pena.

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