HOLA! No es uno de mis mejores capítulos, pero a pesar de todo se deja leer…

Gracias a todos por sus palabras, y a aquella niña tramposa que pensó que mandando seis reviews con fruta iba a lograr que actualizara pronto… bien, no actúo bien frente a las presiones! Jeje

Ah, chopotter… la verdad es que si no te gusta tanto la pareja que Rowling eligió para Harry, no es a mí a quien debes dirigirte. No se qué le viste a Cho, para Harry, pero respeto tus gustos. Cho solo apareció un par de veces y la mayoría de ellas estuvo llorando… no es por ser mala o grosera, pero tu hubieras querido una mujer así para Harry? Afortunadamente Harry se dio cuenta y Rowling también, y dejó claro su punto de vista… Por cierto, Cho terminó con un muggle… No discuto tus gustos, solo aclaro mi punto de vista. Ahora no por eso debes insultar a mi Ginny… a ella la defiendo con uñas y dientes… no le digan buscona, porque nadie más buscona que Cho, en el libro final queriéndose llevar al pobre Harry a la torre de Ravenclaw para hacerle vaya a saber que! Jeje. Obvio Cho que no te tomes esto en serio, es un simple juego de palabras… Pero algo te aclaro, nunca bajo ningún concepto, ni aun amenazada de muerte, voy a escribir una historia de Harry con Cho Chang. Aclarado el punto, les dejo el capítulo. Va dedicado a oscarlitos… chico no es gran cosa, ¿pero al menos es algo no? Jeje. También dedicado a todas mis amigas del FB y mis seguidoras en el Twitter…

Capítulo 6

"… Harry, la propuesta de compartir la ducha, aún sigue en pie…" Cada vez que recordaba esa frase, se convencía que había sido una estúpida al decirla. Y más que nada, después de repetirla una y otra vez, se convencía que algunas veces, como en este caso en particular debería sin ninguna pena, patearse repetidamente el trasero. ¿En qué cabeza puede caber que el pobre idiota de Harry se quedaría a bañarse con ella? Si era evidente la incomodidad que el pobre chico tenía. No le había gustado quedarse a dormir… Harry se lo reprochó efusivamente a sí mismo, apenas abrió los ojos. Ginny se había despertado bien temprano esa mañana, y se había quedado extasiada observándolo dormir tan apacible… siendo tan… tan… Harry. Porque así era él, como en ese momento se mostraba en su cama, sereno, tranquilo. Aparentemente pasivo, pero a la hora de la acción… sonrió con picardía. Si era tan bueno en su carrera como lo había sido en su cama, estaba segura que sería jefe de aurores cuando menos lo pensara. Harry era increíble en la intimidad, ella estaba segura de eso. No por la enorme cantidad de experiencia en la cuestión que tuviera, pero aunque ella no tenía experiencia en la cuestión sexual, si había besado a innumerables pretendientes, algunos fueron buenos, otros olvidables, pero Harry, Harry definitivamente era… suspiró "como Harry, único…" Sonrió mientras peinaba su pelo frente al tocador. Una simple coleta, y sin maquillaje. No era una chica coqueta las veinticuatro horas del día. Volviendo a los sucesos de hace unas horas y tal como seguía meditando, Ginny sabía que Harry no quería ese tipo de intimidad con ella… ni con ninguna mujer en particular o en general. Había luchado denodadamente con su madre al teléfono para no invitarla, pero su madre era imposible de evitar… Lily Potter era una tromba en cuanto a determinaciones, y todo lo que ella quería se hacía sí o sí. Lo había comprobado cuando, en la fiesta, batalló por evitar comprometerse con la causa benéfica, no por desinterés, sino por falta de tiempo, y Lily la había enredado de tal manera que cuando la noche estaba a punto de terminar, ella estaba asintiendo a reunirse con las socias de la fundación para quedar de acuerdo sobre qué papel iba a tener en ella. "Ay Ginny eres imposible… definitivamente tengo que hablar Hermione para ver si no quedó un maldito giratiempos… solo así voy a poder con todos mis compromisos." Pero ahí estaba arreglándose para un encuentro con una familia adorable, pero claramente consiente de que, la única persona que le interesaba, no la quería allí. Lo vio en sus ojos, al despertar, en sus palabras, al observarlo vestirse con rapidez, y en la última mirada que esos vívidos ojos verdes le hicieron cuando fue tan completamente tonta al humillarse y decir esa frase tan, pero tan inconveniente. Había horror en ellos… horror a que ella arruinara las cosas, que destrozara cada uno de sus sueños de auror… que lo atraparan en algo que él claramente no quería. Suspiró fastidiosa cuando el peine se enredó en uno de sus mechones rojizos. Si de algo estaba segura era que no iba a presionar a Harry a una relación. Harry simplemente no respondía positivamente a las presiones. Lo sabía por su actitud ante su madre… solo respondía con efectividad y entusiasmo a las presiones que él mismo se imponía en cuestiones de su trabajo como auror. A lo demás lo dejaba a un lado, salvo que solo le interesara momentáneamente, como era su caso, y luego… El peine hizo el mismo daño que lo que se cruzó en ese instante por su mente, así que decidió prestar atención a lo que estaba haciendo, antes que perdiera el resto del cabello. Ató su larga cabellera en una coleta, dándose unos golpecitos en las mejillas le dio un tono rosado a su piel. Sonrió, al ponerse apenas un lápiz labial un tono más oscuro que sus labios. Se miró al espejo y le agradó lo que el reflejaba. Mostraba una Ginny plena, con sus enormes ojos castaños brillando. Una mujer. Tampoco debía olvidar eso. La noche pasada había sido reveladora en muchos aspectos… Solo que el aspecto que más la atemorizaba, era en el que no debía pensar. No debía pensar que podría enamorarse de Harry. Bufó, que idiota se sentía… Harry había sido el amor de su vida… Se corrigió inmediatamente, Harry era el amor de su vida. Y pensar en enamorarse era una tontería… Lo estuvo siempre.

El timbre del portero electrico le hizo recordar que tenía una reunión a la que asistir y los nervios volvieron estrujándole el estómago. Se miró al espejo por última vez. Tenía puesto un abrigado suéter de cuello alto color azul noche, y un jeans desteñido y ancho, que parecía haber tenido mejores días. Completaba el atuendo un par de botas de piel de dragón regalo de su hermano Charlie. Sonrió divertida al recordar el momento en que las tuvo en sus manos. Solo las había aceptado cuando Charlie le juró por lo más sagrado que el dragón había muerto por causas naturales. Claro que Fred no ayudaba con la aceptación del regalo, cuando muy convenientemente acotó que si lo reventaban a maleficios para obtener así la piel para sus botas, era natural que el dragón se muriera. Emergió del vagón de los recuerdos, diciéndose que si seguía recordando cada una de las estupideces que habían hecho sus hermanos, no iba a llegar nunca a su cita. Salió con su abrigo en la mano, porque a pesar del frío, el brillante sol entibiaba el mediodía. Al llegar a la calle, miró con asombro que Harry estaba frente a una motocicleta. No era de esas que una miraba y decía ¡guau qué motocicleta!… potentes Harley Davisdsons, que evidenciaban que el que la conducía tenía un ego más grande que una casa. La motocicleta de Harry era… normal… parecida a una Harley, pero de una aceptable cilindrada. El ego de Harry al parecer no estaba demasiado inflado. Al verlo, en conjunto con la moto, cerró la boca, por las dudas se ridiculizaba ante él babeando como un perro. Tenía unos jeans ajustados, y una campera de cuero negra. Su cabello siempre revuelto desde su nacimiento, estaba aún peor por efecto del viento y la velocidad. Sus ojos tenían unos normales anteojos de sol. Pero era de idiotas suponer que cualquier cosa normal o corriente, le quedaran mal a Harry Potter. Se veía, así como decían sus compañeras de equipo de Quidditch cuando uno de sus rivales era apuesto, "deliciosamente comestible." Sonrió, a lo que él simplemente se levantó de la moto y se quedó así, parado, tieso como una estatua. Como si el esperarla y verla fuera lo más doloroso y horrendo que hubiera podido soportar.

Era absolutamente doloroso y horrible de soportar, ver a esa mujer tan hermosa, y no reaccionar como hubiera querido, es decir acercarse y partirle la boca de un beso y hacer todo lo que deseaba hacer con ella una vez que el ardor del beso se hubiera disipado… no, el beso que pensaba simplemente despertaría nuevamente las pasiones de la noche anterior. Arruinándolo todo lo que él podría haber organizado para su vida. Es decir, una excelente carrera en el departamento de aurores, conseguir y ser el más joven jefe de esa división, y tener esporádicamente algún que otro romance que lo mantuviera equilibrado… y eventualmente ya con más edad, pensar en la posibilidad de formar una familia. Cuando él lo quisiera, no cuando su madre o cualquier pelirroja sexy se lo impusieran… y eso era lo absolutamente doloroso para Harry. Porque esa simple pelirroja, que estaba vestida de lo más corriente frente a él, podría hacer que cada uno de los ladrillos con los que construyó su futuro, comenzaran a tambalearse… estuvieran a punto de caer estrepitosamente, y así, su adorado futuro, se fuera, simple y llanamente a la mierda. Carraspeó para decir algo, pero se quedó en el amague. Ella se acercó e impersolmente le dio un beso en la mejilla. ¡En la mejilla! Tal y como se había comportado la noche anterior, pensó que mínimamente la lengua al besarlo, prácticamente le rozaría la tráquea… o algo parecido. Pero no, solo fue un casto beso en la mejilla… como si la noche anterior, no hubiera pasado nada más que sonreírse coquetamente uno al otro y levemente rozarse las manos. ¡Ah Merlín, cuándo entendería a las mujeres!

Ginny, se acercó con cautela. Si Harry le sonreía alegremente, ella no tenía ninguna duda. Le daría un monumental beso y seguramente su lengua descontrolada iría parar a los recónditos lugares de su boca. Bueno, no debía ser una ilusa. La lengua de Harry tampoco era una cosa inerte que se mantenía impoluta, mientras ella prácticamente usurpaba su cavidad bucal. No, la lengua de Harry cobraba vida propia y… bueno, la cuestión aquí era que Harry la miró frunciendo la boca, como si el que ella se acercara le causara estupor. Fue por esa razón que al estar frente a Harry simplemente le dio un beso en la mejilla… y se puede guardar la lengua donde no le de el sol, pensó molesta. ¡Tampoco ella tenía la peste! Si tanto pavor le provocaba su presencia, lo más fácil del mundo era llamar y decir "mira, cambié de opinión y no quiero volver a verte en lo que me queda de existencia…" pero no, el muy tontuelo estaba allí parado, como si negarse a una cita, fuera una cuestión de deshonor. Chasqueó la lengua y Harry la miró sin entender. Ella para disimular su malhumor, torció la boca en lo que pareció ser una sonrisa, pero Harry, frunció más la boca algo inseguro. Al parecer la mueca que hizo con la boca, pareció un serio problema estomacal.

- ¿Te sientes bien? – dijo Harry mirándola fijamente.

- Maravillosamente – dijo irónicamente, y luego miró la motocicleta – ¿y esto?

- Es una moto – ella sonrió.

- Si, ya lo sé… - dijo – solo que no me imaginaba a un chico tan serio como tu en una moto como esta…

- ¿Qué clase de moto tendría un chico como yo?

- Un estúpido scooter… - dijo murmurando, pero en voz tan baja que Harry no la escuchó.

- ¿Cómo?

- No lo sé… - dijo pensativa - en realidad no había imaginado que tu tuvieras una motocicleta… eres tan predecible y meticuloso… - suspiró. – nadie podría imaginar que Harry Potter tuviera un vehículo que llegara a ser peligroso. Tu solo vas a lo seguro. – sonrió.

- ¿Predecible y meticuloso? – dijo un tanto molesto. Una cosa era que fuera previsor, que tuviera real apego a la organización de las cosas, pero que le dijera previsible, como si fuera un idiota que todo el mundo da por sentado lo que va a hacer. Y ni siquiera pensar en ser meticuloso… esa palabra le daba la idea de que la gente pensaba que él tenía un trastorno o una enfermedad… algo que raya lo obsesivo. – ¿en qué sentido me lo dices?

- Bueno… - dijo mirando al piso – lo que sucede con tu madre por ejemplo. Ella sabe perfectamente que aunque tú, refunfuñes o te molestes hasta el punto de ser descortés con ella, siempre terminarás haciendo lo que ella quiere. Así de previsible.

- ¡Eso no es verdad! – dijo ofendido.

- Bueno, - dijo seria - si así no fuera, tu no estarías aquí, a punto de llevarme a la casa de tus padres a un almuerzo familiar - lo miró – cuando es evidente que lo que menos quieres es que yo vaya a tu casa e interactúe con tu familia… - Harry bajó la mirada apenado. Realmente era previsible. – si no deseas que vaya simplemente dilo – sonrió – no me voy a ofender en absoluto – "solo voy a hacer un muñeco vudú con tu aspecto, así le puedo clavar los alfileres donde más te duela… y tú te retuerzas como un gusano constipado." pensó.

- Será, mejor que nos pongamos en marcha… - dijo entregándole un casco - el viaje hasta el Valle de Godric es largo… no quiero llegar tarde – sonrió para cortar la tensión entre ellos – y que mi madre esté sermoneándome todo el santo almuerzo. –ella no esperó la respuesta. Harry era así, cuando algo lo incomodaba simplemente no se molestaba en dar explicaciones de ningún tipo. Se colocó el abrigo. Él montó la motocicleta y se puso el casco con facilidad, mientras ella esperaba cerca de la moto. Sin decir nada le dio el casco que llevaba para los acompañantes. Ginny arqueando las cejas tomó el casco y se lo puso, pero tuvo problemas con atarlo a su mentón. Harry simplemente sonrió ante su ignorancia en cuestiones de seguridad vial, y sin pensarlo, la tomó por la cintura y la acercó a su cuerpo. Ella jadeó ante el sorpresivo movimiento. Él tomó las cintas del casco que colgaban al costado de su precioso rostro, y sin decir nada lo ajustó suavemente a su mentón. Sin quitar las manos, la miró a los ojos. Ella tenía esos enormes ojos castaños, bien abiertos, por la sorpresa, y sin poder evitarlo, la acercó a su rostro dispuesta a besarla. Claro que no contó cuando se le ocurrió la estúpida idea de besarla, que ambos tenían el casco puesto, por lo que lo que pensaba él fuera un momento de lo más romántico, fue un bochornoso choque de cascos, que solo lo hizo sentir el tipo más idiota del planeta. Ella se separó y comenzó a reír a carcajadas, por lo que él, completamente rojo de la vergüenza, no le quedó otra que reír. Aunque no fuera con la intensidad de Ginny. Ella cuando sonreía eclipsaba al mismo sol.

El viaje fue algo incómodo, porque ninguno de los dos emitió palabra alguna. Ginny no iba a decir nada, porque estaba segura que ella no había hecho nada para perjudicarlo. En fin, solo era un tonto almuerzo. ¿Qué importaba que estuvieran sus padres, su padrino y la familia y el profesor Lupin, con Tonks, y Teddy. Ella también los conocía a todos. Había sido la niñera de los hijos de Sirius, y eventualmente cuando Remus estaba en sus fases lobunas, era la encargada de cuidar a Teddy. Adoraba a los hijos de Sirius y Rachel. Así que no era un pecado el que ella cometiera. A pesar del enojo, no dejó de apretarse a Harry. Y de disfrutar del paisaje. Las carreteras, se intercalaban entre el verde de la forestación y lo pintoresco de cada uno de las ciudades y pequeñas aldeas que hallaban a su paso. Ella inspiró profundamente el aire fresco. No era un secreto para todos los que la conocían, que Ginny ansiaba tener una familia, y ubicarse en el campo, o en la playa, y criar a sus hijitos en la libertad que el paisaje les ofrecía. Suspiró. Agradecía que aún era joven… al menos en algún momento de su futuro, conocería al padre de sus hijos. Era evidente que con Harry, esos sueños nunca se llevarían a cabo.

Para Harry, el viaje estaba demasiado silencioso. Hubiera sido mucho mejor usar la red flú, que alargar la erótica agonía de sentir su cuerpo tan pegado al suyo, ese perfume tan característico de ella. Algo entre cítrico y floral… un perfume dulzón que agradecía que una vez en marcha, no le nublara el sentido. Pero era una agonía peor, sentir como su cuerpo pequeño se adhería al suyo y como sentía en su espalda la deliciosa sensación que le brindaban sus pechos… Sacudió mentalmente la cabeza. No iba a llevar su pensamiento por ese lugar. No iba a tener en cuenta ese cuerpo y mucho menos la forma tan sensual con la que sus manos se ajustaban en su cintura, y sus dedos, se clavaban en sus abdominales. Si, hubiera sido mejor la red flú, la aparición conjunta o cualquier otro tipo de transporte mágico. Afortunadamente para él, al tiempo en que el viaje era silencioso, fue rápido, y muy pronto estuvieron en el camino que los llevaba a la casa de sus padres.

Al salir de la ruta y entrar por un camino de tierra, Ginny supo que pronto llegarían. Fue cuando sintió un nudo en el estómago, como si su organismo supiera que ese día en particular no iba a terminar bien. Después de unos minutos y luego de pasar un espeso bosquecillo, pudo ver la coqueta edificación blanca, que se levantaba entre un estupendo parque cargado de flores y césped. A pesar de que no era la mansión enorme que se imaginaba, era muy linda por lo sencilla. Pero la casa rezumaba la personalidad de los Potter. Y ella solo pudo pensar decir "guau", cuando la moto se detuvo frente a la puerta de entrada. Se apeó de la moto casi al instante en que Harry puso el pie en la grancilla y no dejó de mover su cabeza de arriba abajo y hacia los costados, admirada por la inmensidad del terreno. Harry se quitó el casco y la miró. Una vez más, pensó suspirando, se había comportado como un reverendo imbécil frente a una chica. Y unas cuantas más, frente a esta pelirroja en específico. Y se dijo, muy a su pesar que ella no tenía la culpa de la situación en que se encontraba. Fue él quien se quedó la noche anterior a dormir, y fue su madre la que le tendió la trampa para este encuentro. Ella no tenía la culpa de nada, pero típico de él, lo había arruinado todo. La tomó de la cintura, y le quitó suavemente el casco. Ella sonrió agradecida, y subió la mirada hacia la casa, pero no por mucho tiempo. Él le tomó el mentón, para que ella lo mirara.

- No es que no quiera invitarte… - ella bufó incrédula – mira, lo siento, yo… no eres tu… - ella interrumpió su monólogo, chasqueando la lengua, y resoplando exasperada.

- No te molestes en decir esa frase tan trillada, por favor. No me tomes por una tonta… - sonrió irónica – es la típica excusa que ponen los hombres para no seguir viendo a una chica. "no eres tú, soy yo…" y bla, bla, bla… - lo miró – no te preocupes, no es que me sienta tu chica, ni nada por el estilo. Se muy bien la realidad en que vivo, gracias.

- Es…

- Olvídalo Harry... – dijo serena – no me debes nada… - le puso la mano en el hombro – ahora, entremos para que esta jornada sea lo menos dolorosa para ti, ¿vale?

- No… - dijo acercándola – dije que no estoy molesto porque estés aquí… - dijo terco – es mi madre… ella arruina todo.

- No, Harry… - sonrió – no es tu madre la que arruina todo – él la miró incrédulo – tu madre es tan previsible como tú. Tu perfectamente sabes que tu madre quiere meterte por los ojos cualquier chica que te presenta… el problema es que eres tu, quien se cree que su madre está lográndolo.

- No entiendo…

- Mira – dijo sonriendo – tu y yo la pasamos bien anoche… pero tu crees que por una noche, yo ya estoy complotando con tu madre para llevarte al altar – rio – ¡y por ese pensamiento que tienes, te comportas como un imbécil! - él sonrió – cuando lo que tienes que hacer es simplemente dejar que tu madre piense y haga lo que quiera… al fin y al cabo, tu sigues soltero y con tus objetivos intactos, ¿no?

- Tienes razón… - dijo dándose cuenta del papel de idiota que había estado haciendo desde que se despertó – te debo una disculpa – dijo tomándola de la cintura y dándole un beso. Tuvo intención de que solo sea un pequeño toque de labios, pero tarde entendió que "leve", era un calificativo que en el vocabulario de Ginny Weasley no existía. Afortunadamente así como intenso fue, también fue breve, por lo que pudo también apearse de la moto, conservando aun firmes las piernas. Tampoco iba a seguir dándoles un espectáculo gratuito a su madre, Tonks, y a Rachel, la esposa de Sirius, quienes, mientras ellos se besaban Harry estaba seguro haberlas visto por el rabillo del ojo, observándolos desde la ventana de su salita favorita, que casualmente se ubicaba a la derecha donde había estacionado la motocicleta.

- Están… - dijo ella tímidamente, mirándolo a los ojos. Harry suspiró. Era la mujer más bonita que había tenido la oportunidad de conocer. – ¿Están observándonos desde la ventana a la derecha de la puerta?

- Exactamente… - dijo sonriendo. Ella rió

- Me pareció ver la cabellera fucsia de Tonks, desaparecer inmediatamente… - rió – y eso que ella sacó las mejores calificaciones de la materia "sigilo y rastreo"… Y también está Rachel, porque fue ella quien manoteó a Tonks para que saliera de la ventana luego que nuestro beso terminara.

- Si, están las tres… Merlín no pensé que fueran tan indiscretas… - Sonrió – Y seguramente, le hemos dado tela para cortar por el resto de la temporada…

- Yo no traje tela... – dijo inocente. Harry sonrió – ¿es una costumbre de tu familia que cada invitado le traiga algún retazo de tela? – Harry mirándola comenzó a reír a carcajadas.

- ¡No! – dijo dejando de reír, al tiempo que veía su cara contrariada – es solo un dicho popular muggle.

- No… no entiendo – él la abrazó al tiempo que subían la larga escalinata hacia la entrada – ¿qué tiene que ver que nos espíen con un trozo de tela?

- Lo que significa, es que les hemos dado suficiente espectáculo para que cotilleen todo una temporada… - Ella suspiró aliviada.

- Menos mal… - Harry la miró al tiempo que uno de los elfos abría la puerta y les obsequiaba una de las tan aparatosas reverencias – y yo preguntándome para que quería tela tu madre…

- Pronto le hará falta, ¿sabes? – dijo dándole el abrigo de ella y el suyo al elfo, mientras le decía que no era necesario permanecer inclinado. Ginny lo miró interrogante – ¿no te lo dijo?

- ¿Decirme qué?

- Que voy a tener hermanitos… gemelos

- ¿Gemelos? – dijo riendo – ¿a su edad?

- Que no te escuche mi madre…

- No puedo creerlo… - dijo sonriente – es una estupenda noticia… increíble, pero muy buena.

- Dímelo a mí… - bufó – tener hermanos a esta edad.

- Aunque para ti será más fácil porque eres el mayor…

- Sí, pero el mayor que, seamos honestos, por la edad podrían ser mis hijos…

- No tendrás que lidiar con la adolescencia rebelde...

- Yo creo que si… mi padre estará tan viejo que delegará todo el trabajo en mí…

- Y será peor si son dos niñas… - Harry bufó – Si son tan bonitas como tu mamá…

- Tendré problemas… - dijo serio. Y luego rió – seré una especie de Ron, pero más apuesto.

- Pero tener hermanos… - dijo abrazándolo – eso es genial… y te lo digo yo, que tengo seis…

- Ni me lo recuerdes… - farfulló Harry.

- ¿Por qué?

- Si se enteran de nuestro encuentro… - se puso rojo – quiero decir, no tienen por qué enterarse lo de anoche… yo… no estoy seguro de querer que lo sepan… son un tanto extremistas, en cuanto a reaccionar ante una acción no apropiada… más teniendo en cuenta que la dichosa acción te involucra… - dijo un tanto temeroso. Esa era la manera más políticamente correcta de decir que "cuando los hermanos Weasley se enteren que me tiré a su hermana me van a colgar de los testículos en el atrio del ministerio de Magia."

- ¡Oh, de verdad no debes preocuparte por eso, Harry! – dijo sonriéndole y dándole un palmadita en el brazo – ¡no se meten en mi vida no más de trescientos sesenta y cuatro días del año!

- Menos mal… - dijo irónico.

- Bill no es el problema porque es casado y tiene sus dificultades con su esposa y sus hijas… cada una más hermosa que otra… - suspiró – ¿conoces a Bill no?… tu sabes, el que come carne cruda.

- Si, carne cruda… - dijo sintiendo un escalofrío. "Espero que no sea la mía" pensó.

- El problema es Charlie…

- Si, el gran Charlie… y sus grandes puños…

- Si, enormes… - dijo risueña - Y los gemelos… – Harry hizo una mueca graciosa con su boca que a Ginny le pareció adorable.

- Cuidaré mis calzoncillos…

- ¿Dijiste calzoncillos? – dijo ella divertida.

- Ni me lo recuerdes… - susurró.

- ¿Por qué?

- Es una vieja historia de Hogwarts, que implica a tus hermanos, a mí, y a un desafortunado caso de unos calzoncillos – Ginny rio – sí, yo no estaba tan divertido cuando eso pasó.

- ¿Dónde estabas?

- Desafortunadamente… dentro de los calzoncillos… - rieron.

- Bueno, ya conoces a todos ellos. Percy no es problema, es tan tonto que en una carrera entre él y una tortuga, la tortuga le gana por tonto… - Harry rió. – y también está Ron…

- Bueno debo declarar que siendo mi mejor amigo lo conozco perfectamente – ella asintió - … y también debo admitir que en una carrera entre los diez primeros idiotas a nivel mundial, Ron llegaría en segundo lugar... – la miró – ¡por idiota! – más risas.

- Ah, Harry… ¿te das cuenta? – él la miró – ¡cuando no estás pensando en complots para derrocar tu soltería, si eres un chico divertido y encantador! – las puertas de la salita se abrieron para ver a Lily junto a una mujer hermosa, y pequeña, con el cabello de un rubio oscuro, y junto a Tonks, que muy eficientemente había cambiado el color de su pelo a un rojo furioso. Ellas miraban a la pareja, sonrientes y felices.

- ¡Madre! – dijo sonriendo Harry – bueno, te prometí traerla y aquí está.

- ¡Como si te hubiera dado otra opción para no traerla! – dijo Lily al tiempo que separaba a la muchacha del brazo de su hijo, y la llevaba junto a las otras mujeres – Harry, como tu presencia ya nos es molesta, ve al jardín de invierno donde tu padre con seguridad está intentando asar la carne…

- ¿Cuál de todos los jardines? – dijo molesto al ser separado de Ginny.

- Se práctico, lindo... –le dijo Tonks dándole varias cachetadas en las mejillas, porque sabía que a Harry lo irritaba – donde veas humo… allí está el incendio… ¡digo el cocinero! – las demás rieron. No aguantando más las risas y las burlas hacia el género masculino, Harry desapareció por el pasillo hacia el jardín trasero de la casa.

Tuvo que aceptar que las mujeres tenían razón. Apenas giró hacia la zona donde se encontraban los jardines de invierno, vio que de uno de ellos salía un humo cegador, y llegando a la puerta del mismo, escuchó la discusión entre Sirius y Remus, y a un muy enojado James intentando acallar a sus amigos. Sonrió. Cada domingo de su vida que recordaba era así, caótico, con gritos y humo alrededor. Su padre intentando hacer comida a lo muggle, y fallando estrepitosamente en el intento, y sus dos amigos, uno al lado del otro, criticándolo, burlándose de él, y luego para variar discutiendo sobre las mil y una formas de asar la carne, pero sin mover un solo dedo. Sacó su varita y con un solo movimiento, el humo fue disipándose, y al ver a su padre chasqueó la lengua. Merlín, su madre le había vuelto a obsequiar uno de esos ridículos delantales de cocina. Este tenía impreso al frente, el cuerpo de una voluptuosa mujer en una diminuta bikini. Entrecerró los ojos para verlo más detenidamente. Maldición, Sirius había hechizado el delantal para que la mujer en cuestión, meneara las bubies sugerentemente. Esos tres no iban a madurar jamás. Tan ensimismado estaba viendo a los tres hombres mayores, que no se dio cuenta cuando una par de pequeñas manos le tiraron del suéter. Al bajar la vista, observó a su ahijado Teddy, que le sonreía.

- Hola tío Harry… – dijo tímidamente. Afortunadamente, el chico no había salido descarado como su madre. – esperaba que llegaras pronto.

- ¡Hola campeón! – dijo mesándole el cabello. El chico sonrió obnubilado. Era latente la admiración que profesaba a su padrino. – Estaba viendo a los viejos, y sus peleas.

- Por qué esa figura se mueve así… como su fuera gelatina derretida… - dijo haciendo una mueca.

- Me imagino que para cabrear a mi madre… - dijo sonriendo – Sirius y sus bromas. – El chico sonrió – y hablando de Sirius… ¿has visto al huracán Procyon y al tornado Apolo?

- Están comiéndose los pastelitos que la elfina preparó para nosotros… - dijo molesto.

- Vamos, no te enojes con ellos… Winky siempre te guarda dos o tres para que no te quedes sin probarlos – el chico sonrió – será mejor que ayudemos a los viejos a prender el fuego… o tendremos un almuerzo a la hora de cenar – entraron riendo a mas no poder…

- Ah… - dijo Sirius al notar su presencia – miren quien llegó… el niño que sobrevivió… - él sonrió graciosamente – has sentir orgulloso a tu padrino y dinos que tuviste una estupenda noche de desenfreno sexual con una caliente pelirroja – Harry se puso colorado, y con las cejas fruncidas mostrando el desagrado del comentario, miró a su padrino con reproche.

- ¿Qué es desenfreno sexual? - dijo Teddy mirando a su joven padrino. Remus estuvo a punto de asesinar a su mejor amigo.

- Una idiotez que se le ha ocurrido a tu tío Sirius, - dijo Remus golpeando a su amigo – hola Harry… Teddy, ve a buscar a Procyon y a Apolo… ah, y dile a tu madre y a las demás que pronto comeremos…

- ¿Es un hecho o un deseo, Remus? – dijo Harry, acercándose al refrigerador y tomando una cerveza de manteca. No quiso mirar a Sirius. Si lo miraba en este momento iba a haber un padricinio.

- Espero que sea un hecho… - miró a su otro amigo – ¿James?

- Esta mierda no enciende…

- ¿No probaste con decir "incendio" mientras mueves tu varita? – dijo Harry burlón – digo, la carne no se asará si sigues mirándola con rabia. Diciendo ese hechizo, quizás no esté bien cocida, pero al menos estará crujiente por fuera y jugosa por dentro… - los demás rieron.

- Ja, Ja – dijo James – miren al eficiente auror… ¿qué te ha despertado el humor?

- Nada en particular… - dijo cortando un poco de pan y comiéndolo.

- ¿Qué tal la pelirroja? – dijo Sirius dándole un codazo.

- Eres un idiota… – dijo Harry molesto – ¿No te han enseñado que los caballeros no tienen memoria?

- Yo no soy caballero…- dijo Sirius encogiéndose de hombros y bebiendo cerveza. James blanqueó los ojos y Remus resopló. Sirius no iba a dejar tranquilo a Harry, y este no tenía intención de aguantarlo mucho tiempo.

- No hace falta que lo digas, Black… - dijo Harry cortante.

- No tienes que ser tan quisquilloso, ahijado… - dijo dándole un golpe en el hombro, y desafiándolo – yo sé de buena fuente que ella es ardiente…

- Solo lo dices porque no puedes dejar de mover esa bocota… no tienes idea - dijo rojo de rabia. Adoraba a Sirius pero a veces, como en ese momento quería romperle la nariz por entrometido.

- Si lo es… - dijo burlón – mocoso suertudo…

- Déjalo ya, Black – siseó Harry.

- ¿Qué te cuesta contarlo? – preguntó haciéndose el ofendido.

- Yo no soy como tu… - lo miró – yo no soy un presumido que anda diciendo a todo el mundo, con quien se acuesta y como lo hace…

- Yo no soy un estúpido presumido… y hace muchos años que me acuesto solo con una… y no ando contando lo que hago con mi Rachel.

- Si lo eres… - dijo con rabia – O quizás escuché mal, cuando te jactabas de que "Tarzán Black" tiene la mejor liana del condado… y que su Jane sabe cómo aprovechar los extraordinarios movimientos pendulares de la liana de Tarzán Black…– Los demás rieron. – simplemente das lastima. – concluyó y se metió la botella a la boca para no seguir la discusión. Solo que Sirius no captaba la intención y siguió en lo suyo.

- No es una presunción… - dijo presumiendo - es una gran verdad…

- Yo diría más bien… mínima… - agregó Harry. Más risas.

- ¿Quieres que llamemos a Ginny para que resuelva la cuestión? – dijo enfrentándose a Harry.

- Sirius – dijo Remus, preocupado porque sabía que Harry estaba poniéndose de mal humor.

- No tendrías oportunidad con Ginny… - dijo aceptando el desafío y parándose frente a su padrino – no te daría el cuerpo para complacerla …

- ¡Uuuhhhhh! – dijeron los demás. Sirius se puso rojo.

- Te aprovechaste de mi niñita… - dijo Sirius en tono burlón… Harry, se relajó y rió.

- Déjate de idioteces…

- Tu eres un estúpido aprovechador… - dijo dándole un golpe en el pecho – y te aseguro que voy a exigir que cumplas con lo que dicta el honor…

- No puedes ser tan idiota… -dijo riendo - ya no estamos en el siglo XVIII

- ¡Eres de lo más despreciable! – dijo jocosamente – si no estuvieran prohibidos, te retaría a un duelo…

- Podemos hacer un duelo – dijo sacando la varita – si te da el cuerpo, vuelvo a repetir… Hagámoslo ahora, que Rachel está cerca de ti, asi puede curarte antes de que quedes estúpido de por vida…

- Sirius – dijo James cortando el entusiasmo de los presentes – ve a buscar al maldito elfo y dile que esta porquería fue un fracaso y que pasamos al plan b.

- ¿Qué plan b?

- ¡Solo ve y díselo! – dijo James. Sirius se fue ofuscado, despotricando sobre los planes alternativos de su amigo, y dejándolos solos. James siguió lidiando con el fuego, pero miraba de reojo a su hijo. Si bien su humor era muy bueno, estaba callado. Cosa rara en él, porque cualquier oportunidad que tenía, se la pasaba hablando del trabajo. Sonrió. Al parecer la pelirroja era demasiado peligrosa para Harry. – siento lo de tu padrino…

- Me enferma cuando se pone tan petulante… - dijo tomando otro trago de cerveza – si no paraba de hablar, le iba a meter la botella por el…

- Sí, te entiendo. Pero te digo hijo, yo lo he hecho muchas veces, pero el desgraciado no escarmienta… - Remus rió.

- ¿Te acuerdas de esa vez que nos emborrachamos y habló mal de Lily? – preguntó Remus.

- Claro… aún borracho, le hice tragar sus palabras… y la botella también.

- Nos pusieron en suspensión dos semanas… - dijo Remus riendo.

- Exactamente lo que le llevó a Madame Pomfrey quitarle a Sirius la botella del… - los tres comenzaron a reír, al tiempo que Sirius entraba en la habitación

- ¿Ya se burlaron suficiente de mí?

- Tú te lo buscaste... – dijo Harry seco y lo enfrentó – Ahora me lo tomo con humor…pero por tu bien te digo – poniéndole la mano en el hombro, lo miró con dureza - no te metas con Ginny… no te atrevas a hacer un comentario de los tuyos frente a ella – Sirius se puso serio – y no comiences a hacer una de tus escenitas de hombre sexy y galán maduro con ella porque te aseguro que no será nada placentero lo que te pase… - Sirius miró a James y este solo sonrió – ahora ¿quieres una cerveza o te quedaras abriendo al boca como un pez con falta de oxígeno?

- Muchacho atrevido… - dijo dándole un golpe en su hombro – quiero que sepas que no hay un hombre en este puto mundo que me amedrente…

- Si, - dijo una suave voz desde la puerta – pero si hay una mujer –Sirius maldijo en silencio y los demás rieron.

- Ey, tía Rachel

- Harry… - dijo dándole un beso. Las demás mujeres aparecieron instantes después. – Estás sudando… - le puso la mano en la frente – ¿te encuentras bien? – Harry asintió y miró por encima del hombro de su tía, que Ginny los observaba burlona. Eso solo logró que quitara suavemente la mano de Rachel.

- Rachel hace años que dejaste de ser mi sanadora…

- ¡Ay Ginny! – dijo Lily que la arrastraba del brazo posesivamente. Al parecer de Harry, su madre no iba a cejar en su empeño de que Ginny se quedara en su vida permanentemente. – Rachel fue la sanadora de Harry durante su infancia…

- Si – dijo Rachel y, miró a Sirius – y si no hubiera sido su sanadora…- le quitó la cerveza a su marido y bebió un sorbo, mientras Sirius bufaba molesto – quizás no hubiera conocido a este zoquete…

- Que infamia… - dijo Sirius – y encima me quita la cerveza – se acercó a Ginny –en cuanto a ti muñeca… Hola, hola, hola… - abrazó a Ginny y le dio un sonoro beso en la mejilla, al mismo tiempo que miró a Harry, quien se irguió en toda su estatura demostrando así su molestia. Sirius sonrió socarronamente. Iba a molestar a Harry todo el día si podía – tú tienes algo que realmente quiero…- Rachel bufó y Ginny sonrió incomoda, cuando su tío le tomó la muñeca y le dio un seductor beso en la mano – ¿vas a dármelo ahora o tendré que esperar a que estemos solos?

- Sirius... – dijo Harry molesto – creo que…

- Si sigues comportándote así, Tarzán, - dijo Rachel molesta – te aseguro que vas a tener que entretenerte con una Jane de plástico… - Remus y James rieron a carcajadas. Lily, se movió incómoda. Odiaba cuando esos tres se comportaban como niños. Miró a su hijo. Su pobre niño estaba sufriendo una gran vergüenza, frente a la mujer de sus sueños… suspiró mirando a Ginny, quien tenía la mirada vivaz y divertida. "Oh, al menos con ella no voy a estar todo el día mortificada… ella parece que la está pasando bien…" sonrió luego contenta. Definitivamente Ginny era la chica ideal para su hijito.

- Descuiden, no hay problema – dijo Ginny mirando a Sirius, y acercándose a él coqueta. – lo tengo…. Tengo lo que quieres. - cuando estuvo a pocos pasos de su objetivo, siguió acercándose, hasta hacerlo dar pasos hacia atrás, acorralando a Sirius contra una mesa – quisiera saber si eres tan bueno como dices… - puso las manos en sus hombros. Sirius tragó saliva – ¿tienes valor para soportarlo? - lo miró burlona – sabes, no soy tan fácil… quedaras agotado cuando termine contigo – el murmullo burlón de las mujeres contrarió a Harry. Estaba fastidioso por la actitud de Ginny, coqueteando descaradamente con Sirius frente a Rachel… Y él estaba presente. ¡qué diablos, estaba a su lado! Sintió como algo rasposo, molesto, comenzó a emerger desde su estómago. No, no podía identificar ese asqueroso malestar que fluctuaba por su organismo y amenazaba con emerger, y provocar un desastre. ¡Clamaba por desastre! ¿Y ella que hacía? Por supuesto absolutamente nada que calmara ese molesto malestar, sino todo lo contrario… se veía tan desenvuelta y desenfadada frente a su tío. Y eso era lo que mas rabia le daba. Cuando ella estaba junto a Harry, era alegre y desenvuelta, pero siempre bordeando la superficie, había un halo de tensión que no la dejaba ser la chica que mostraba frente a su tío; ella a su lado siempre estaba tensa, a la expectativa… como sopesando cada uno de su movimientos para no quedar en ridículo. Con Sirius era fresca y espontánea… y con él, lo era a medias, aun cuando quería mostrarse indiferente. Tensionó los hombros, y mentalizó que la relación entre Sirius y Ginny nunca iba a afectarlo... No iba a dejar que ese monstruo asqueroso que sentía fluctuar por su cuerpo creciera y lo encegueciera. La risa de su madre lo sacó de ese mundo de colores rojos, donde había ido a parar desde que observara la interacción de su chica con su padrino. Iba a matar a Sirius. Maldito fuera. Veía rojo a causa de los celos.

- Pelirroja – dijo su padrino suspirando – anoche dormí en la sala por tu culpa… - la atrapó en su brazos – si lo que me prometes es un hecho… - miró a su esposa – perdóname Rachel pero si esta preciosura me promete el cielo, no me molestara dormir con el puñetero perro dos semanas…

- Te voy a matar… -dijo Rachel, más divertida que molesta. Harry pensó que esa mañana de seguro se había despertado en un mundo bizarro. Si tío coqueteando con su chica… y la esposa de su tío festejando los cuernos que le adornan la cabeza… Y si se fijaba en Ginny… bueno, ella estaba perfecta en su papel… solo que le hubiera encantado que le coqueteara solo a él… en un lugar donde estuvieran completamente solos… de preferencia una cama, con velas alrededor y la habitación en penumbras… Frunció las cejas en desacuerdo ese excitante e inoportuno pensamiento.

- Ya basta... los dos –dijo Harry dando un paso, tratando de poner punto final a esa escenita tan patética de Sirius.

- No – dijo su padrino frenando su intención. Luego miró a Ginny – te haces la coqueta conmigo… - sonrió socarronamente – no estás tratando con niños - Agregó señalando a Harry. Este estuvo a punto de darle un golpe a su padrino – tienes un hombre frente a ti muñeca.

- Puedo contigo… - lo miró de arriba a abajo – y con quien sea… - las risas de todos, no hacían más que nublar la visión de Harry.

- Dámelo de una vez… - dijo Sirius jadeando.

- Son todas tuyas… - dijo ella coqueta. – ven por ellas… - James aplaudió. Harry no lo podía creer.

- Dónde…

- ¿Dónde crees? – Merlín, Harry estaba a punto de romperle la cara a Sirius, cuando ella abrió los brazos, y le ofreció… ¿Acaso estaba completamente loca? Pensó. Acaso le estaba entregando así, frente a toda su familia sus…

- Ah no… Las tetas no… - dijo en un susurro. Y rogó que nadie lo haya escuchado. Lamentablemente, sus ruegos no llegaron lejos… su madre tenía un radar especial cuando algo se refería a su hijo. Lo miró sorprendida pero no dijo nada.

- Sabes que cuando las tenga en mis manos, no te quedará más que dármelas…

- ¿Qué tal si yo te las doy? – dijo ella

- ¿A qué esperas? – chilló James refregando sus manos ansioso. Harry abrió los ojos sorprendido. La voz de su padre pidiéndole a su chica…

- No puedo creerlo… - susurró – mi propio padre. – miró a su madre que reía divertida – y tú lo solapas…

- Harry relájate… - dijo ella dándole una palmada en el brazo.

- Me están haciendo quedar en ridículo… los dos, ¿lo sabes?

- Y tú deberías saber que "perro que ladra no muerde…" – rió – en especial si Rachel está cerca…

- Sí, pero eso no implica que me moleste sobremanera el papel de idiota que está haciendo… - Lily miró a su hijo asombrada. Realmente se estaba tomando todo con seriedad. Sonrió más complacida todavía.

- Bueno… no sé qué es lo que te molesta.- él la miró – que Sirius esté haciendo el tonto, o que Ginny le siga el juego… - arqueó la ceja con suficiencia – o quizás no estés molesto… sino celoso.

- Por favor… - chasqueó la lengua. En otra parte de la sala, Ginny estaba realmente divirtiéndose ese día. Nunca imaginó que la familia de Harry fuera tan loca. A Sirius lo conocía desde niña, y sabía de su humor, pero junto al padre de Harry eran realmente hilarantes. Miró de reojo a Harry, que estaba molesto. Era de esperarse. Él era demasiado serio, inmaduro a su modo de ver, pero muy serio, y estaba a punto de matar a alguien. Las otras mujeres estaban sonriendo, ante la escena. Ginny no iba a hacer caso a nada que le echara a perder la jornada. Sea Sirius con sus bromas, Lily con sus intencionadas palabras, o Harry con su actitud.

- Vamos Sirius... la comida se enfría… - dijo sonriendo – con tu prontuario, ya las tendrías en tus manos.

- Ah… una chica que no sabe dónde se mete…

- ¿Tú lo sabes?

- ¡Uhhhh!

- ¡Ya cállense cotorras!

- Ya basta… - dijo Harry interponiéndose entre los dos – deja de hacer el ridículo Sirius… y tu… - bajó la voz cuando la miró a los ojos. Ella arqueó la boca interrogante – tu… deja de mostrar tus "cosas" a mi familia. – dijo en un susurro para que solo ella lo escuchara, pero bajando su mirada a los pechos de Ginny. Ella solo atinó a sonreír.

- Ah, no muchacho… - dijo Sirius – ¡ella va a darme lo que quiero!

- Sirius… Tócala y vas a conocerme… - siseó

- Harry – dijo Ginny, tocándolo suavemente en su brazo – Sirius tiene razón… se lo prometí, y lo que prometo lo cumplo. – sacando su varita, hizo una lenta y corta floritura, apuntando su mano, y en ella apareció un sobre. Harry la miró sin entender – aquí tienes Sirius… y para el señor Potter también – Sonrió. – las entradas para el partido, y un pase para los vestuarios… - James se acercó y la abrazó. – eso sí, no podrán entrar mientras estamos en la ducha…

- Gracias, Gracias… - Sirius la besó en la mejilla – muchísimas gracias… - miró a James – ¿nos sacamos la lotería con esta niña o no? - Harry estaba atónito… realmente hoy se había levantado en un mundo paralelo… donde cualquier cosa podía pasar. La pequeña mano de Ginny acariciando su espalda lo volvió a la realidad. Habían quedado ellos dos, rezagados del grupo. Merlín esa chica era un peligro extremo para su vida. A pesar de eso, le sonrió. Ella no tenía la culpa de que fuera tan paranoico.

- ¿Harry, relájate, quieres? – Ginny rió – parece que no conocieras a Sirius…

- Eres una bruja… - dijo un tanto aliviado.

- ¿Qué creías que iba a darle? – El solo miró su suéter, y ella siguiendo la mirada, solo atinó a hacer resoplar y un golpe en el brazo. Uno de esos que dejan el brazo como paralizado. Harry tuvo que ahogar el aullido de dolor. Ginny era muy fuerte.

- Yo… - suspiró, mientras se sobaba el brazo tratando de que la sensación le vuelva - tienes razón…. Será mejor que vayamos al comedor, la elfina ha hecho un almuerzo estupendo, y los niños de Sirius son unos "pac men" – ella lo miró con rareza.

- ¿Pac Men? – Preguntó contrariada – yo creía que eran Black - Harry rió.

- Pensé que con tu padre siendo tan fanático, estarías más interiorizada con el mundo muggle…

- Solo por Hermione, pero ella no es tan explicativa como tu… - se tomó del brazo adolorido y a Harry la suave sensación de su mano acariciando el bíceps, le hizo aletear placenteramente esa rara sensación que tuviera en el estómago un rato antes…

- El PacMan es un juego de video que apareció hace tiempo… come todo lo que encuentra a su paso…

- ¿Y así le dices a Pro y a Apo?

- ¿Pro y Apo?

- Los niños de Sirius…

- ¿Los conoces?

- Claro, creo que has estado en trance desde que llegamos. Conozco a los chicos Black, desde que nacieron. – dijo sonriente - ¡Son adorables! – Harry arqueó una ceja, incrédulo - Suelo cuidarlos cuando sus padres quieren tiempo a solas o cuando van a algún evento.

- Vaya… no lo sabía…

- Soy su prima favorita… - sonrió.

- No lo dudo… - susurró. En unas cuantas horas era la favorita de los Potter, él incluido. – ¿y por qué Pro y Apo?

- Porque… - acercó su boca a su oído, para que solo él escuchara. Pero el aliento cálido de Ginny le hizo cosquillas en su oreja y le erizó la piel. Maldición, no podía comprenderlo, pero aun la deseaba. – que no se entere Sirius, pero ellos odian sus nombres…

- Procyon… y Apolo – repitió, mientras la miraba – esos nombres, quien no los odiaría… Solo Sirius, de todas las tradiciones Black, sigue precisamente esa.

- Bueno, ¿querías que abrazara la cuestión de la nobleza de la sangre?

- No, tienes razón. Solo digamos que las doctrinas Black no son un cumulo de buenas tradiciones… pero esos nombres…- suspiró.

- Procyon es la estrella principal de la constelación Canis minor, y Apolo es el dios griego que enseñó a los humanos el arte de la medicina… Es obvio quien eligió el nombre de quien… - rieron.- Sirius Apolo, y Procyon… - bufó – no es algo que Procy quiera que se diga en voz alta… - Harry la miró – que alguien conozca su segundo nombre…

- Cual…

- Júrame por lo que más desees que no te burlarás del pobre niño… - Harry sonrió seductoramente y Ginny estuvo a punto de romperle la boca de un beso. Le fascinaba la manera en que su boca se arqueaba desde una de las comisuras y un pequeño hoyuelo se asomaba en la mejilla. Y sus ojos, tenían un pícaro brillo que lo hacía sensualmente irresistible. Sacudió la cabeza, mientras observaba a Harry levantar su mano derecha y asentir. Ella sonrió para quitarse la cara de embobada y carraspeó - Asclepio… el hijo de Apolo, dios de la medicina - Harry comenzó a reír – ¡No te rías, no es gracioso! – dijo tratando de parecer seria pero la risa de Harry era un tanto contagiosa - Procy jura que cuando cumpla los diecisiete se cambara de nombre.

- Merlín… Adoro que mis padres no se valgan de estrellas o dioses griegos para nombrarme… - Rieron – solo soy Harry… solo Harry.

- Bueno, te fue mejor que a mí… Ginevra.

- Es un nombre digno de ti… - dijo Harry – de una reina…– ella bufó.

- Mi madre dijo que era justo para mí… una hermosa guerrera amazona. – rió – Agradezco en este caso que no haya sucumbido al encanto de ponerme el nombre en galés… - Harry la miró inquisitivo – Gwenhwyfar… - rieron.

- Tienes razón… Aun así tu padre sería algo así como el rey "Arturo" – rió.

- Y tu… - ella le dio un sugerente beso en el mentón, que hizo cerrar los ojos a Harry para disfrutar del momento – tu serías algo así como "Sir Lancelot du Lac," el enamorado prohibido de la historia. – Harry la miró a los ojos. Y luego suspiró.

- Será mejor que nos acerquemos a la mesa…

- ¿Estabas enojado no? – preguntó ella cauta – Si te molestó mi actitud…- suspiró – Sirius y yo bromeamos así todo el tiempo… es peor cuando mis hermanos están cerca.

- ¿Con Sirius? – ella asintió – sí, la verdad es que me molestó antes que llegaras… tu sabes, las clásicas bromas, de cómo estuvo tu noche…

- Si, a mis hermanos le hace las mismas bromas en frente de mi madre…

- No lo hace frente a mi madre… - dijo sereno – pero no me gusta…

- Que se meta en tu vida… - dijo ella también serena.

- Si…

- ¿Y qué pensaste que le iba a dar?

- Mejor nos sentamos en la mesa ¿sí?

- Harry…

- Bueno… eso… - suspiró - eso que te agrandas… - Ella comenzó a reír a carcajadas, lo que logró que todos la miraran interrogante. El rió también y sin decir una palabra, le ofreció el asiento y luego se sentó a su lado. Por las dudas, eligió un lugar lo más alejado de su padrino.

"oh, no…Si bien estoy tratando de convencerme de que cada cosa que se dice o se hace en este almuerzo, no significa que es una clara indirecta hacia mí, y por lo tanto no debo sentirme presionado, extorsionado o coaccionado, hacia Ginny, y por lo tanto tengo que divertirme; no está saliendo como yo esperaba... y encima mi madre, que no cesa de ponerme en ridículo cada dos segundos… y ni hablar de Sirius y mi padre…" pensó Harry mientras se llevaba un bocado de, lo que sea que el elfo había preparado, junto a la chamuscada carne que cocinara su padre. Su "invitada" prácticamente había sido absorbida por su familia. Su padre, junto a su padrino la habían puesto sobre un inmenso pedestal, desde que ella les hubiera dado las dichosas entradas. Su madre junto a sus amigas, cotorreaban junto a ella como si se conocieran de toda la vida. Sus sobrinos pululaban a su alrededor en los momentos en que los demás le daban un respiro. Y ella, maldita fuera, era la imagen de la dicha total. Sonreía, como si nada la molestara. Nada la incomodaba. Sonreía como si estar frente a su familia fuera su mayor sueño hecho realidad. Y lo que más molestaba a Harry, era que Remus intervenía de vez en cuando en las conversaciones del grupo, pero la mayoría del tiempo estaba observándolo, y ya en el colmo de sus pensamientos persecutorios, analizaba cada uno de sus movimientos para luego hacer un pormenorizado conteo de las veces que miró a Ginny, sonrió ante un comentario como un estúpido, y las veces que le miró la boca deseando ser el bocado de comida que se metía en la boca. O de abrazarla, y decirle lo bonita que le parecía y lo bien que la estaba pasando, aunque no sea mas que una mentirita piadosa. Lo importante es que la miraba, y aunque no quisiera, la deseaba. En resumen, Harry no estaba cómodo con nada, ni siquiera con sus pensamientos. Bufó, mientras pinchaba con el tenedor un trozo de carne. Era una muy mala idea que ella estuviera allí. Le hubiera encantado tener un giratiempos, para volver el tiempo atrás, y salirse de la cama de la pelirroja antes de la fatídica llamada de su madre. Quizás, si hubiera sido menos idiota, y no se hubiera dejado llevar por los impulsos masculinos, no tendría que estar expectante a cada uno de las directas frases que le mandaba su madre, cuando hablaba de Ginny. Maldijo por enésima vez cuando Apo y Procy, los innombrables hijos de Sirius, se colaron entre él y Ginny, y le acapararon la atención una vez más. Incluso uno de ellos, osó subirse a sus piernas y acariciarle la cara con ternura. "Hasta los niños la adoran…" pensó con envidia. Envidia porque el mocoso, podía acariciarla sin ser el centro de todas las miradas, en cambio él solo se tenía que contentar con desearlo.

- ... Y debo decir que cuando estos nazcan, voy a ser la mamá más feliz…

- Y para mi beneficio, dejaras de meterte en mi vida… - dijo Harry en un susurro, que solo Ginny escuchó. Ella arqueó las cejas molesta. La verdad era que la actitud de Harry había pasado de pasable a insoportable a medida que el almuerzo se llevaba a cabo. Ofuscado, bufando en cada comentario, y chasqueando la lengua, sin contar las veces que había criticado la comida, y la manera de comportarse de sus padres, padrinos, mujeres de sus amigos, niños… y hasta de ella misma. ¡Hasta sus silencios lo molestaban! Agradeció que los niños de Sirius estuvieran entre ellos, porque si no fuera así, ella ya le hubiera puesto el cuenco de las ensaladas estaría adornándole la cabeza, junto a uno de sus famosos mocomurcielagos, y se habría marchado de allí.

- ¿Decías algo mi niño? – preguntó Lily consciente de haber escuchado las palabras de Harry.

- Solo decía que…

- Harry decía que no esperaba la hora de que sus hermanos nacieran... – dijo Ginny, acariciando la cabecita de Apo, y ayudándolo a abrir un caramelo. – y más que nada, Harry me acaba de comentar que deseaba que fueran niñas. – agregó como una suerte de venganza.

- Merlín… - susurró.

- ¡Bueno, también prometió que la ayudaría a cambiar los pañales y darles de comer! – James y Sirius rieron ante la mueca terrorífica que su hijo hizo. – ¿no es lindo de su parte?

- Bruja vengativa… - susurró Harry mirándola a los ojos, y Ginny le respondió haciendo una mueca graciosa sobre la cabecita de Apo.

- ¡Estupendo! – dijo james – Y eso nos dejará a tu madre y a mí, más tiempo para…

- Para tener más niños, no Cornamenta… - dijo Sirius haciendo una mueca – ya están demasiado viejos para eso… - y miró a Harry burlón – Se diría mejor que más están en edad para ser abuelos, ¿no es verdad Harry?

- No, no lo es… - dijo secamente.

- ¿Y tú Ginny? - dijo Rachel, sumándose a la conversación – sé que eres una jugadora de Quidditch profesional y eso insume mucho tiempo…

- Así es, entre los entrenamientos, las ruedas de prensa, la cuestión de la publicidad y sumado ahora los entrenamientos de la selección inglesa, y una que otra promoción de los productos que llevan mi nombre… - resopló – apenas tengo tiempo para acordarme de mi nombre.

- ¿no quieres tener familia? – preguntó Lily.

- Madre… - dijo Harry cauto.

- No, Harry… - dijo Ginny, tocándole levemente el brazo. – bueno… - trató de contestar, pero el rubor de sus mejillas era más que evidente. La pregunta había traído a la mente, todos y cada uno de sus sueños infantiles mientras se hamacaba en aquellos solitarios días en la Madriguera. Sus hermanos siempre estaban haciendo una que otra travesura, o jugando al Quidditch, y ella era relegada a jugar con sus muñecos y al columpio que Bill le regalara en su cuarto cumpleaños. Allí, mientras el viento acariciaba suavemente la carita pecosa, soñaba con ser una mamá con muchos hijitos… y los sueños aumentaban a medida que pasaban los años, jugar al Quidditch, una casa en la playa, unos hijos hermosos... y un marido como su papá, que ella lo quisiera como su mamá quería a su padre… y unos años más tarde, el padre de sus hijos tomaba forma, y tenía una imagen definida… era ese niño pequeño, amigo de su hermano que conociera en la estación King Cross, en el primer año de Ron en Hogwarts… y luego tenía nombre, Harry Potter… y ese sueño fluctuaba en su mente cada vez que lo veía de lejos jugando con sus hermanos… hasta que desapareció, cuando logró entrar a las Arpías… y ahora el sueño volvía con toda la fuerza…. Y estaba a su lado. Carraspeó para borrar el camino que habían tomado sus pensamientos. Los sueños, eran solo eso, y el Harry de la realidad nunca concordaría con el Harry de sus sueños. El Harry de sus sueños quería lo mismo que ella. Este Harry, el real, no se quería más que a él.

- Todo el mundo sabe que el mayor sueño de Ginny es tener una familia…

- ¡Sirius, no! – dijo ella toda colorada.

- Bueno, desde que tienes uso de razón, estás todo el tiempo diciendo que tendrás una hermosa casita en la playa, y que tendrás al menos tres hijitos… y que cocinarás y esperarás a tu marido, y que serás la mujer más feliz del planeta. – Ginny miró a Sirius suplicante, pero cuando Sirius empezaba a hablar no había nada ni nadie que lo detuviera. Harry estaba a punto de romperle la cara, por poner a Ginny en aquel aprieto.

- Black… - alcanzó a gruñir.

- ¿Qué? – miró a Ginny inocentemente – no estoy diciendo nada malo…

- Bueno, no – dijo Ginny venciendo la vergüenza – solo que no es algo que me encanta decir cuando recién conozco a las personas – miró hacia nadie en particular - podrían tomárselo a mal…

- El que se lo tome a mal es un completo idiota – Dijo Lily, acercándose y dándole un suave apretón en los hombros.

- Si, - dijo Tonks, peleando con un trozo bastante duro de carne – lo malo va a ser cuando encuentres a quien sea tu socio de sueños… - los demás la miraron – Con la cantidad de cosas que haces, no creo que tengas tiempo para acostarte y procrear…

- Y esa es Dora… mi delicada y sutil esposa… - dijo Remus, quitándole la carne de la boca, y dándole un cuchillo para que comiera con propiedad. Ella lo miró furiosa – Querida Teddy te está mirando…

- Y qué tiene… él comía peor que yo cuando era un bebé… - dijo encogiéndose de hombros.

- Sí, pero él, a diferencia de ti, era un bebé – Teddy sonrió a su madre. Ella le tiró un beso.

- De todas maneras mi punto es… - dijo Tonks – Ginny no tiene tiempo para tener una familia.

- Yo… - todos los demás miraron a Ginny que roja como un tomate, interrumpía a su amiga – yo… no lo creo así...

- ¿Por qué querida?

- Bueno… - tomó un poco de agua - llegado el momento… de encontrar al hombre de mi vida – miró el salero – no dudaría en dejar todo en pos de mi mayor sueño…

- Eso… - dijo Lily con los ojos aguados – es lo más dulce que he escuchado decir en mi vida… - se agachó para darle un beso en la mejilla. Ginny sonrió cohibida – Y te aseguro que el hombre que te deje escapar, se arrepentirá hasta su muerte - miró de reojo a su hijo, que indolente tomaba vino como si estuviera escuchando una charla de mujeres sobre tejido – serás una estupenda madre, querida… - "hasta aquí llegó mi paciencia…" pensó Harry al escuchar a su madre amenazarlo implícitamente. No pudo negar que sintió un tirón en el estómago cuando Sirius hablaba de los sueños de Ginny, y que ella fuera capaz de dejar todo por lo que había luchado en pos de un sueño, la felicitaba… pero eso no suponía que él podría hacer lo mismo… dejar su carrera, era imposible. Nunca absolutamente por nada dejaría su empeño para lograr sus objetivos.

- Bueno…- dijo Ginny riendo para descomprimir el ambiente. Sentía la tensión de Harry, hacia el tema – para eso falta mucho… aun debo cumplir otros sueños… ser campeona de Quidditch, es uno de ellos.

- Sí, pero… - Harry se levantó de golpe de su silla, haciendo a Ginny dar un respingo.

- Madre… - miró a Lily – es suficiente… - miró a Ginny – Ginny, no te he mostrado la casa…

- Eh… - miró a los demás – sí, eh…

- Que grosero que te pones hijo… - dijo Lily.

- No más que tu madre…

- Harry… - dijo serio su padre.

- Lo siento… - miró a Ginny- ¿quieres ver la escoba de la que te hablé?

- Eh… - Ginny no sabía que decir. Era inexacto la aseveración, pero era evidente que Harry quería escapar. Sonrió, a nadie en particular - ¡claro!, si es tan extraordinaria como dices…

- Solo lo sabrás si la ves…

- Claro… - miro a Lily – si nos disculpan…

- Lleven a los niños – dijo Sirius – no vaya a ser que quieras que Ginny lustre tu escoba… - Ginny y Harry solo atinaron a desaparecer sin contestarle.

- Te estás extralimitando con Harry, Sirius – dijo Remus con reproche

- ¿Tengo la culpa de que sea fácil molestarlo? – dijo sonriendo.

- No es fácil molestarlo… - dijo James – lo que será difícil es quitártelo de encima, cuando se canse de tus idioteces y te golpee…

- Además, avergonzaste a Ginny. – dijo Lily ofuscada.

- Ah, no más que avergonzaste a tu hijo, Lily – dijo rojo – ¡Merlín, faltaba que apuntaras a Harry y lo obligaras a pedirla en matrimonio!

- ¿Yo?

- Dejemos la discusión aquí – dijo James lacónico.

- Oye tú, en mi casa, no eres el jefe de aurores… - protestó Lily

- No cariño, en casa tu eres la jefe… – dijo acercándose y dándole un beso – solo que el director de seguridad y yo, queremos mostrarle un caso a Remus… - Este asintió – sabes que es el más inteligente de los tres, y este caso requiere de muchos puntos de vista… - miró a sus amigos – ¿nos vamos caballeros?

- Después de ti… -dijo Sirius y los tres se encaminaron hacia la biblioteca. James encabezaba la comitiva seguido por un gracioso Sirius y a un cauto y silencioso Remus. Sirius odiaba la parsimoniosa actitud de su amigo. Siempre había sobresalido por la pasividad a la hora de mostrarse a la gente. Era la voz de la razón entre los tres. James era el planificador y Sirius el impulsivo que siempre daba el primer paso. Aun ya siendo hombres, la formula seguía intacta. – Menos mal que nos salvaste de esas mujeres, Cornamenta – agregó mientras recorrían un amplio e iluminado pasillo– un segundo más y Lily nos descuartiza…

- Querrás decir que iba a descuartizarte a ti, amigo. – respondió James – A mí no me haría daño porque necesita mi pensión… y de otras cosas que… dudo alguien pueda darle. – haciendo una sonrisa socarrona.

- Presumido… - bufó.

- Creo que te has salvado durante todo el almuerzo Canuto – dijo Remus.

- ¿De qué hablas?

- Más allá de la constante amenaza que supone para ti Lily… - dijo Remus – y estoy seguro que esa amenaza pesa sobre ti, desde la primera vez que te vio en "el Expreso Hogwarts" – Sonrió – Hoy te salvaste, primero de la furia de Harry, y luego con tus comentarios de doble sentido, de la ira de Ginny… recuerdo que sus hermanos dijeron que era muy buena hechizando.

- Ya cállense... – dijo mirando hacia el piso superior – Lo que no te das cuenta es que tu hijo, está completamente alucinado por la pequeña señorita Ginny.

- ¿En serio? – dijo James.

- Claro, me enfrentó como un igual, siendo que soy su tío favorito y mi palabra para él es ley… me amenazó, me golpeó, sacó su varita y me desafió, y lo más asombroso de todo, no hizo un puto comentario sobre el trabajo, la misión, o sus objetivos de futuro jefe de aurores…y para no pasarlo por alto, la cara de idiota que pone cuando la mira… - suspiró - mierda, las pelirrojas son la "kriptonita" de los Potter. - Remus rió.

- Es la primera vez que concuerdo contigo – dijo Remus – "las pelirrojas son la kriptonita de los Potter" es la ocurrencia más acertada que has dicho.

- Jajaja – dijo James, chasqueando la lengua – que ocurrente…

- Debes concordar conmigo, que es ocurrente – dijo sonriendo – dime Cornamenta ¿qué se siente tener una pelirroja que te vuelve débil y sumiso?

- Lo mismo que sientes tú, pero Rachel es rubia…

- Lo importante aquí es que nadie ha sabido leer la actitud de mi pobre ahijado…

- Sirius – dijo james abriendo la puerta. – el hecho que yo no lo exteriorice tan bien como tú, no significa que no lo haya notado… - miró hacia el techo – solo espero que no entre en pánico… cuando lo hace comete las peores estupideces…

A Ginny le pareció que Harry corría por su vida, en lugar de mostrarle su bonita casa. Lo poco que pudo vislumbrar a medida que la arrastraba por cada uno de los ambientes, es que Lily Potter tenía una casa, acogedora, cálida, y muy iluminada. Los muebles le daban una idea que la persona que los eligió había vivido en el mundo muggle. Nada de los estrafalarios muebles de siglos pasados. Líneas modernas y colores donde predominaban los colores tierra. La única salita que se destacaba por lo opuesto de la decoración, era la salita de Lily. Una clara reminiscencia de la Inglaterra victoriana. Harry, en las pocas ocasiones que dijo algo en su recorrido, le comentó que su madre era una romántica perdida. Ginny sonrió. A pesar de que Harry renegaba de su madre, era evidente el amor y la devoción que le tenía. Su madre estaba presente en cada uno de los rincones de la casa. Así como en la Madriguera, el toque de Molly hasta se podía evidenciar con el olfato.

Subieron a la planta alta, donde Harry evitó el cuarto de sus padres. Abrió una puerta y la habitación estaba completamente vacía. Llegaron a la conclusión de que esa sería la habitación de los futuros integrantes de la familia.

- Estoy seguro que mamá hará de este cuarto un bosque encantado… - susurró mirando las paredes – Y mi padre renegará porque querrá hacer de él un estadio de Quidditch – sonrió.

- ¿Por qué un bosque encantado?

- Bueno… - cerró la puerta – no pudo hacerlo cuando yo nací… - suspiró – no durábamos mucho en una casa… y cuando al parecer todo acabó, ya era mayor para el bosque encantado. Cuando construyeron esta casa, ya era mayor y tenía poder de decisión… - la tomó del codo y la condujo por el pasillo donde a cada lado del mismo había varias puertas, a explicación de Harry, habitaciones de huéspedes, al final del mismo había una escalera caracol. Subieron por allí, hasta la parte más alta de la casa. Recorrieron un pequeño pasillo, y llegaron hasta una puerta color madera.

- Tu cuarto… - dijo Ginny, mirando la puerta. Estaba segura que al abrir la puerta encontraría una habitación espartana. Apenas los muebles necesarios… y libros, muchos libros. Recordaba a Harry sumido en una pila libros en la sala común de Gryffindor, estudiando al lado de Hermione. Su hermano en cambio molestando a más no poder. Harry había sido premio anual. Lo miró mientras él estaba completamente perdido en sus pensamientos, mirando también la puerta. Harry siempre lograba lo que deseaba, y no tenía duda que sería el jefe de aurores más joven de la historia mágica. Él lo lograría... – creo saber que voy a encontrar cuando abras esa puerta – lo miró sonriente – si es que la abres… - Harry se había quedado enfrascado en sus pensamientos. Había tenido la intención de salir de esa opresión que era ser el centro de las miradas y de los comentarios ácidos de Sirius, llevando a Ginny a recorrer la casa. Contarle la historia no era difícil, a medida que entraban a una u otra habitación. El problema comenzó a suscitarse en su libido cuando llegaron al pie de la escalera de caracol… y al poner el pie en el primer escalón. Sin querer rozó con el codo su brazo. Suspiró. Si alguien podría decir que el cuerpo tenía memoria emotiva aun ante un efímero contacto corporal, ese era Harry porque al momento del roce, rememoró lo vivido la noche anterior… el sabor de sus labios, y de su cuerpo, La suavidad de su piel, el olor de su pelo y la sensación de húmeda calidez al estar dentro de su cuerpo… y sus suspiros, y su inolvidable tensión muscular al venir el orgasmo… y también recordaba su propio placer, y el deseo de quedarse… y la calma al descansar a su lado. Merlín toda ella era un espectáculo a la hora del sexo... Maldijo a medida que subía la escalera. No podía cambiar de opinión a estas alturas. Si le decía que debían volver ¿quedaría como un idiota, o no? Y lo más insensato de todo, era que aun deseaba más…mucho más, pero su razón le prohibía pensar siquiera en una posibilidad de tener sexo con Ginny Weasley. – Harry… - al tocarlo él dio un respingo. Ginny sabía que estaba a Kilómetros de allí. Merlín tenso se mostraba más seductor… y desde el momento en que el sugirió recorrer la casa, había esperado el momento de quedarse a solas con Harry. No podía entender la necesidad de estar junto a él. Sabía que Harry no la quería en su vida, pero maldita fuera, ella no estaba dispuesta a aceptarlo pacíficamente. No le estaba pidiendo el mundo y un anillo en el dedo. Solo quería conocerlo y tratar de ser su amiga. Y si de la amistad surgía algo más, sexo incluido, que mejor. La noche anterior había supuesto para ella un gran desafío. Tener sexo por primera vez, era algo increíble, y Harry, a pesar de todo había sido tierno y gentil con ella. Y ella quería volver a sentir esa sensación de tocar el cielo con las manos. - … es madera.

- ¿Qué? – dijo arqueando las cejas.

- La puerta... es de madera – y sonrió. Y Harry maldijo una vez más. La deseaba desesperadamente.

- Lo siento…. – dijo – es que…

- Lo se… - respondió y sin que Harry dijera nada, giró el picaporte y abrió la puerta. Tal como ella pensaba, la habitación era como Harry, sobrio, tranquilo, y lleno de libros. Una cama fiel al estilo Gryffindor, con doseles y cortinas en rojo gryff, y las paredes de un color azul, que contrastaba positivamente con los muebles de madera oscura. Solo tenía una cama, un armario con estantes donde había muchas fotografías de sus amigos y tiempos de Hogwarts, al igual que uno que otro trofeo y medallas de Quidditch. También estaba la placa de premio anual y capitán del equipo de Gryffindor. A un costado de la cama, había un escritorio, bien pulcro, ordenado, con una serie de cajoncitos sobre la pared, donde seguramente guardaba las plumas tinteros y demás cosas que necesitara para escribir, o estudiar. – lindo lugar… - agregó cuando con la punta de los dedos recorría la suave colcha que recubría la cama. – a que edad te fuiste a vivir solo?

- Cuando pude… - dijo y sonrió – mi padrino me regaló el departamento cuando cumplí los dieciocho.

- Que suerte tuviste..

- No puedo decir que Sirius tuvo suerte… - dijo resoplando – mi madre le hizo un hechizo punzante tan fuerte que no pudo trabajar por dos semanas – Ginny rió – y no le habló en todo un año.

- Te fuiste apenas te lo regaló?

- No… - dijo sereno mirando su habitación - me fui cuando terminé el periodo de instrucción… en la Academia de Aurores.

- Le diste el tiempo a tu madre para que asimile lo que tarde o temprano iba a pasar… - él asintió.

- ¿Y tú?

- Yo me fui de casa apenas me dieron el puesto en las Arpías… - sonrió acercándose al escritorio, y recorriéndolo al igual que recorriera el acolchado. – es decir, después de salir de la escuela.

- Eres independiente…

- A mi madre le costó un poco, pero como sabe que es uno de mis sueños…- suspiró – mi primer hogar fuera de la madriguera, fue una pequeña pensión en Gales… vivíamos varias jugadoras novatas, que esperaban la oportunidad de triunfar…

- Debe haber sido genial…

- Sí, pero cuando tienes amigos…- susurró - allí no las tenía… todas nos llevábamos bien, solo que también competíamos por un puesto. A algunos no volví a verlas… otras… – sonrió - me sufren cuando nos enfrentamos…

- Eres muy buena… - dijo mirándola a los ojos y casi perdiendo el aliento. No podía negar que esa chica lo hacía sentir cosas que nunca había sentido con otra mujer.

- ¡Gracias señor Potter! – dijo riendo – es el primer halago que me brinda desde que se levantó esta mañana – Harry pudo sentir el calor en sus mejillas, y estuvo seguro que ella vio claramente el rubor de su vergüenza.

- Yo…lo siento… - trató de disculparse.

- ¿Qué es lo que sientes Harry? – dijo tranquila, aun mirando el mueble – ¿sientes que esté aquí? ¿O quizás, lamentas haberte acostado conmigo? – lo miró – sería de gran ayuda que fueras honesto al menos en esto. – Harry sintió que era la bendita oportunidad que estaba esperando para desembarazarse de esa pelirroja y salir de su vida. Era la pregunta perfecta para terminar con ese calvario que había supuesto Ginny Weasley desde que había visto caminar en ese bar atestado de muggles. si era la oportunidad perfecta, solo que al mirarla, tan pequeña y con un encanto propio de ella, se sentaba en el escritorio con sus piernas balanceándose, y sus manos apretando el borde de madera.

- Yo… - suspiró y luego se acercó hacia ella atraído por el imán en que ella se había convertido para su cuerpo – yo siento haberme comportado como un imbécil…

- Eso no responde mi pregunta…

- No siento que lo de anoche fue un error…

- ¿En serio?

- Si, solo no me lo esperaba ¿Okay? – dijo molesto. Sentía que Ginny lo presionaba y estaba a punto de entrar en pánico – está bien, eres una chica hermosa, y bueno cualquiera podría haberse aprovechado de la situación.

- No te aprovechaste… solo tomaste lo que te ofrecí – dijo y con las piernas lo atrajo más hacia el escritorio.

- Ginny… - ella aprovechó el momento de debilidad para rodear su cintura con sus brazos…

- ¿Este es el escritorio donde estudiabas? – dijo coqueta.

- Si… pero no creo que sea buena idea…

- ¿Qué es lo que no es buena idea? – dijo acariciando la espalda de Harry desde la cintura y subiendo, marcando con sus uñas el recorrido y haciéndolo erizar como un gato hasta la nuca.

- Que… que… - ahogo un suspiro – que hagas esto…

- ¿Qué? – dijo apretándolo y dándolo mordisquitos y besos en el cuello – ¿esto, o esto? – dijo levantándole la ropa y acariciando la piel. – o quizás te gusta esto… - Harry no supo cómo ella se las arregló para quitarle la ropa y dejarlo con el torso desnudo. Acarició su abdomen y sin que él pudiera hacer nada (tampoco era que quería hacerlo), comenzó a lamerle la piel. Y él juró mentalmente.

- Te gusta… - dijo con una voz ronca, mientras le quitaba a ella la parte superior de la ropa – te gusta tener el control.

- Soy cazadora Harry – dijo sonriendo coqueta – me gusta ir al ataque… hacer el primer movimiento… - jadeó cuando él la besó, y más cuando la lengua de Harry entró tomando posesión – Y esperar el ataque del adversario para…

- Será mejor que dejemos el maldito Quidditch

- Entonces plantéalo como una maldita misión…

- No… soy demasiado obsesivo con mi trabajo - se besaron frenéticamente y luego jadeantes se miraron a los ojos. –contigo solo soy… - y volvió a besarla. No quería decirle que con ella, él era solo un hombre disfrutando de buena compañía.

- Harry… - dijo, Harry la miró a la cara, estaba completamente ruborizada, y con la pupila dilatada. Estaba excitada y él también… Merlín, pensó, estaban en su habitación de la infancia en la casa de sus padres, y con sus padres y parientes en la planta baja, y él estaba allí, con la mujer más sexy, planteándose la posibilidad de tener sexo… sexo rápido y caliente, con esa perfecta pelirroja – Harry… - repitió-

- Que… - dijo jadeando.

- Los pantalones… quítame los pantalones ya…

- ¿Quieres?

- ¡Si!

- Pero… ¿no quieres esperar? – ella lo miró arqueando las cejas – digo… anoche fue tu primera vez…

- No, no quiero esperar… quiero… quiero… - Ginny no sabía que decir… solo necesitaba tener una posibilidad más de estar en brazos de Harry. – ¿hazlo si?

- Okay… - solo tardó un segundo en desabotonar el pantalón, y maldijo – maldita sea… no se por qué te pones estas botas tan complicadas… - jadeó, al tironear, al punto que Ginny solo atinó a aferrarse con las manos al borde del escritorio para no salir despedida y caer al suelo. – lo siento…

- No lo sientes… solo te sale – dijo sonriendo - ¿este es el famoso escritorio donde aprendiste a hacer estas cosas?

- No… - dijo una vez que tirara vaya a saber dónde el pantalón. La miró. Se veía tan graciosa, vestida solo con la ropa interior, y aquellas estrafalarias botas, sus piernas delgadas pero con los músculos marcados, y su pecho subía y bajaba mostrando su nerviosismo. Él también estaba nervioso. Nunca había traído una chica a su casa para… bueno, para lo que iba a pasar. Pero tampoco había traído una chica como ella. Ginny era capaz de volver loco a cualquiera, y conseguir que una persona como él, tan serio y meticuloso con sus cosas, hubiera volcado todo lo que había sobre el escritorio y la estuviera besando como la besaba, con una evidente posesividad. Sus manos acariciaron sus pechos sobre la seda del sostén, y jadeó. Le encantaban sus pechos, y sin siquiera pedir permiso, beso y lamió el valle que los dividía provocándole a Ginny un intenso gemido, que lo volvió loco. Con un instinto primitivo, le quitó las bragas y acarició la zona más sensible, haciendo que Ginny se arqueara buscando el contacto. Sin esperar más, se despojó de sus pantalones, y apretándola contra el pequeño mueble sobre el escritorio la besó, introduciendo su lengua, recorriendo y tomando posesión de la misma. Le encantaba besarla, acariciarla, y todo lo que viniera después. A los manotazos, abrió el primer cajoncito que tenía el mueble, y sacó un pequeño envoltorio plástico. Ella sonrió.

- Me encanta lo responsable que eres… - él sonrió como a ella le gustaba, de costado – tienes de estos en todos los lugares posibles, supongo…

- Si… - dijo rompiendo el envoltorio y bajando su mirada. Ginny siguió la suya y jadeó... él la miró – si no quieres seguir…

- ¿Bromeas? – dijo acariciando con su mano temblorosa su miembro y haciendo a Harry jadear – es raro…

- Linda… - dijo quitándole suavemente la mano – ¿podemos discutirlo luego? – ella asintió. Harry se colocó el condón y luego… el suspiro al entrar en su cuerpo fue mutuo. Algo que aunque no quisiera, había deseado desde el momento que abrió los ojos esa mañana y la viera allí, recostada a su lado.- Merlín, eres tan suave… - lamió su hombro, haciéndola suspirar – tan dulce… - La boca de Ginny mordió suavemente el cuello y luego lamió la misma zona, tan sensualmente que Harry no pudo evitar un gruñido de placer de tenerla entre sus brazos. Los movimientos fueron rítmicos, profundos y fueron acelerándose a medida que la pasión se iba a crecentando. Cuando Ginny comenzó a tensarse, Casi a punto de correrse, Harry perdió completamente la razón, y un sonido ronco, profundo y placentero, salió de su boca. Una vez más se había rendido ante esa pelirroja. A medida que su cuerpo y mente iban apaciguándose, apareció la lucidez y con ella llegó el arrepentimiento, y luego el pánico ganó la batalla a medida que trataba de serenar su respiración, con la cara apoyada en el hueco del cuello de Ginny. Harry trataba de buscar las palabras exactas pero era difícil… aunque lo más difícil era separarse de ese cuerpo que le provocaba sensaciones que nunca nadie le había provocado. Cada vez que estaba junto a Ginny se sentía en casa, protegido, pero luego del sexo, se sentía agobiado por ella, y el pánico ganaba la pulseada.

Ginny trataba de serenar su cuerpo de los terribles temblores de placer que Harry le provocaba. Era nueva en el sexo, pero Harry la hacía sentir tan viva, tan plena, que pareciera que estuvieran juntos desde hace tiempo, y que se entendían a la perfección. Incluso su cuerpo pequeño, delgado y suave, encajaba perfecto al cuerpo, musculoso, duro, e imponente de Harry. Y eso le encantaba. Sentir su piel caliente y sudorosa, junto a la suya. Harry olía tan bien después del sexo. Besó con ternura su brazo, y esperó. Pero Harry no se movía. Tenía la frente apoyada en su hombro y su respiración agitada, le hacía cosquillas en su cuello, provocándola otra vez. Sonrió. Estaba tan contenta con lo que había pasado

- Merlín, no puedo creerlo… - susurró Harry, sin dejar su cálido refugio.

- Harry…

- Por favor, o digas nada… Solo… - se separó bruscamente del cuerpo de Ginny, y sin siquiera mirarla, comenzó a buscar su ropa. Estaba sudoroso, como si hubiera corrido la maratón de su vida. Buscó sus pantalones y se los puso rápidamente. Luego fue levantando las ropas de Ginny y pasándoselas, evitando que hubiera contacto corporal entre ellos.

- Harry… - él levantó la mano para hacerla callar.

- No puedo creerlo – repitió, y en su voz Ginny notó arrepentimiento, – en mi casa… en mi habitación… no puedo creerlo - la miró – por favor, Ginny solo vístete… - Ella comenzó a vestirse en silencio. El solo trataba de analizar la situación, y buscar la manera de subsanar el terrible error que había cometido.

- Harry…

- ¡No! – dijo ayudándola con el suéter – solo vístete, y vuelve con mi madre y sus amigas… yo…

- Harry, no es necesario que…

- ¡Si, lo es! – dijo bruscamente – solo quiero que te vayas y me dejes tranquilo… - se miró el cuerpo – yo tengo que darme un baño… ¿sólo vete, si? – dijo mirándola. Ginny sintió un nudo en la garganta y unas tremendas ganas de llorar. Harry lamentaba el profundo error que había cometido al dejarse llevar por sus impulsos. Pero nunca iba a mostrarle la manera en que la había herido con su actitud. Solo lo miró y asintió.

- Tan poco es gran cosa… - dijo acomodándose la ropa. Él la miró.

- ¿No es gran cosa? – dijo furioso – ¿No es gran cosa? – suspiró - maldición, acabo de tirarme a una chica en el escritorio donde me he sacado las pestañas estudiando para ser el mejor auror del ministerio, en mi casa, con toda mi familia reunida abajo… estás completamente loca, si crees que no es gran cosa… para mí, es la peor equivoc…

- No te esfuerces… Estás haciendo una tormenta de una suave brisa… - dijo interrumpiéndolo – ¡solo fue un puto polvo! – gritó – si tanto te molesta, bien… será mejor que me vaya…

- Si – dijo mirándola – creo que es lo mejor… - ella se acomodó el cabello lo más que pudo y se acercó a la puerta, antes de abrirla lo miró – yo… cuando tenga tiempo te llamo – ella rió.

- ¿Crees que soy tonta? – dijo – se perfectamente que nunca lo harás – sonrió – no te preocupes, tampoco es que me desviva porque lo hagas – abrió la puerta – adiós Harry… - salió, pero antes de cerrar lo miró – ah, será mejor que acomodes tu escritorio… no vaya a ser que descubran que detrás de esa postura fría e indolente, hay una ser humano que vive y siente, pero que tiene miedo de hacerlo… - y el portazo hizo vibrar todos los adornos de la estantería. Y Harry se quedó allí, sin nada más que decir, sabiendo que ella tenía razón… pero eso, nunca se lo diría a nadie.


Nota de la autora: bien, como les dije, no era gran cosa… lo tomo como un capítulo de transición a medias. Odio cuando Harry se comporta asi… Ginny creo que se lleva mi afecto siempre. A pesar de que parezca un tanto lanzada… el amor hace que uno arriesgue, y ella a pesar de que sabe que el hueso (léase Harry) es duro de roer, aun no pierde esa tenue esperanza, y por eso actúa. Espero que no se lo tomen a mal. Me encanta Sirius… siempre lo imaginé así, y lamento profundamente los nombres de sus hijos, cuando buscaba un nombre acorde… me pareció que eran los adecuados. Si a ustedes no… bueno, ya esos niños tendrán que soportar el peso de las burlas mas adelante. Yo diría que los dejemos en paz! Jeje

Ahora si, los dejo. Mis dedos están ansiosos de terminar el capítulo de LQNF… y ahí hay una sorpresa que no iba a escribir, pero que me parece que los personajes se lo merecen… terminará la tegua con esa acción? XXX

See you!