Eternidad

capítulo 7: Pretendiente obligatorio.

La reina Elsa de Arendelle celebraba su cumpleaños número 28. La fiesta estaba transcurriendo muy bien, o éso pensaba Elsa, que acababa de llegar al lugar, había tenido dificultades con su peinado, aún así ahora lleva el mismo peinado de siempre.

Anna y Kristoff estaban bailando y, aunque Kristoff no se le daba bien el baile, había aprendido con el tiempo. Elsa también había aprendido a bailar, de joven no había podido ya que temía congelar a los instructores, un miedo que ahora le parecía algo un poco ridículo. La reina sabía que en cualquier momento un joven vendría a ella a pedirle bailar; en años anteriores esto no era un problema, incluso aceptaba con gusto, pero ahora estaba obligada a elegir un marido, esto la ponía sumamente nerviosa e incomoda.

Era una obligación real tener un heredero, tenía que obedecer esa ley sí o sí, no había opción. Pero no quería hacerlo. Suspiró y desvió la mirada, abrazándose a sí misma, en espera del primer pretendiente que la invitara a bailar. No pasaron muchos segundos hasta que alguien llamó su atención, exclamando su nombre, haciendo que a la reina le diera un mini paro cardíaco, dando un fuerte respingo, casi saltando del susto.

—¡Elsa!— la llamaron.

Elsa contuvo el aliento unos largos pocos segundos. Reconoció la voz, pero no la asimiló de inmediato. Bajó la mirada para encontrarse con Olaf, que la veía con una enorme sonrisa.

—Tengo una sorpresa para ti!— exclamó el muñeco de nieve con alegría—. Tu regalo de cumpleaños.— le susurró.

Ella se puso a su altura y emitió una sonrisa, algo insegura, no se sentía bien en ese momento, pero trató de ocultarlo, no quería que él se sintiera triste por ella.

—¿Y qué vas a regalarme?— preguntó con dulzura. Él se acercó a ella para decirle algo que sólo ella podría escuchar.

—Un pretendiente.— le dijo, emocionado. Elsa se apartó un poco, con mirada consternada—. ¡Su nombre es Anders!— tomó la mano de Elsa y la llevó hacia un joven de ojos dorados y cabello castaño, que esperaba y, cuando los vio acercarse, estuvo demasiado nervioso como para lograr una sonrisa.

—Majestad.— habló el príncipe, haciendo una reverencia, con la voz más formal que pudo lograr con su timidez.

—Los presentaré.— dijo Olaf—. Elsa, te presento al príncipe Anders. Anders, te presento a la reina Elsa.— él estaba muy alegre, confiado en haberle dado el mejor obsequio a Elsa, así que volteó a mirarla, esperando verla con la misma felicidad—. Elsa, salúdalo... Vamos, salúdalo... ¿Por qué no lo saludas?

Elsa estaba quieta, sin moverse, con los ojos muy abiertos y fijos en el príncipe frente a ella. Abrió la boca ligeramente, pero no para decir algo, sino para tomar aire, y permaneció de esa forma algunos segundos más. En cambio, Anders, sin darse cuenta, no paraba de tambalearse, angustiado por el extraño comportamiento de la reina; le pareció obvio que a ella no le gustaba... pero aún así se veía demasiado impactada.

—Oh.— fue todo lo que pronunciaron los labios de aquella mujer. Su voz sonó hermosa, como una bella melodía, como una nota frágil y melancólica.

—¡Elsa!— gritó la princesa Anna, abalanzándose sobre su hermana, rodeándola con sus brazos, tras de ella estaba su esposo, girando los ojos con amargura. Anna sonreía enormemente, dirigió una mirada perspicaz hacia el príncipe desconocido—. ¿Quién es tu amigo?

La reina recobró la compostura, pero aún así no supo responderle a su hermana, aunque quería hacerlo. ¿Cómo había dicho que se llamaba el príncipe? ¿Anders? No había puesto demasiada atención.

—M..mi nombre es... Anders Westergard... prí..príncipe de las Islas del Sur.— casi tartamudeó el pobre chico, temeroso al saber que ellos sabrán quién es su hermano.

—Espera.— intervino Kristoff—. ¿Eres hermano del idiota de las Islas del Sur?

—Emm... yo... Sí.

—¡No!— exclamó Anna—. ¡No! ¡no! ¡no! ¡no! ¡no! ¡¿Qué pretendes con mi hermana?!

—¡Espera, Anna! ¡Anders no es como su hermano!— dijo Olaf—. Sólo quiere salir con Elsa.

—¡¿Qué?!— Anna se acercó amenazadoramente a Anders, con una mirada furiosa—. ¡¿Pretendes ligarte a mi hermana para quedarte con el reino?!

—¿Pretende lig... salir conmigo?— preguntó Elsa, que apenas parecía darse cuenta de lo que ocurría a su alrededor.

—¡No!... Quiero decir... Su muñeco de nieve me dijo que quería que yo la conociera... Yo no planeo ser su novio o algo parecido.— habló cabizbajo, demasiado nervioso al hablar.

—Pero Anders, tú eres perfecto para Elsa. Tú eres el regalo que escogí para ella.— comentó Olaf.

—¿Que yo qué?— se sorprendió, retrocediendo un paso—. No, no. Yo ni siquiera quería estar aquí.

—Anders, no hay problema, yo entiendo.— habló Elsa con amabilidad, con una sonrisa tímida y real.

—¡No, yo no lo entiendo!— gritó Anna—. Elsa, él es hermano de Hans ¡seguro planea algo!

—No necesariamente tiene que ser como su hermano, Anna.— lo defendió la reina.

—¡Elsa!— gritó la princesa.

—Anna.— trató de calmarla Kristoff.

—¡No! ¡Él es hermano del que casi nos mata!

Gritando la princesa esto, todos los invitados giraron para ver la escena. Elsa sabía que estaba en problemas y debía tranquilizar a todos, pero se sentía tan desorientada por tener tantas cosas encima que por una distracción, al dar un paso, ella tropezó. Todos lo vieron, cómo Anders estaba justo enfrente para atraparla, pero cuando la reina estuvo a punto de caer a sus brazos, el príncipe no supo cómo reaccionar y se hizo a un lado, provocando que Elsa se golpeara en el suelo. El príncipe Anders la había dejado caer... y todos presenciaron la escena.

Los invitados emitieron gritos agudos y corrieron a socorrer a su reina, a pesar de que Elsa se encontraba perfectamente. Lo que pasaba es que, aunque la familia real no lo sabía, se había corrido el rumor de que Elsa estaba embarazada, lo cual no era verdad, pero todos lo habían creído. La gente pensaba que Anders había puesto en peligro a un bebé, lo cual hacía la situación todavía peor.

—Lo... lo lamento.— tartamudeó Anders, pero sólo recibió miradas crueles y escuchó comentarios insultantes—. Yo realmente... lo siento.— no tenía caso, lo había echado a perder, se sentía tan terriblemente mal que no pudo soportarlo y salió huyendo de la fiesta, alejándose de todos.

—¡Anders!— trató de detenerlo Olaf, pero el príncipe ya se había marchado—. ¡Elsa!— llamó a la reina.

Elsa apartó amablemente a las personas que la ayudaron a levantarse, observó a Anders retirarse, se sintió realmente muy mal por él, pero no sabía qué hacer. No, sí sabía qué hacer, debía buscarlo y decirle que todo estaba bien, que no se sintiera mal, que fue sólo un accidente... Pero simplemente temía hacerlo, por el simple hecho de que había sido elegido para ser su pretendiente. No quería aquello, no lo aceptaba.

—Elsa.— volvió a llamarla Olaf. Elsa clavó su vista en él—. Anders está muy triste, tienes que ir a buscarlo.

—Olaf... no creo que sea...

—Por favor, Elsa. Yo quería darte el mejor regalo de todos, quería que pudieras encontrar el amor y creo que Anders es perfecto para ti. Dale una oportunidad, te lo pido.

—Pero yo... no sé...— se le quebró la voz y desvió la mirada de inmediato, sintiendo de nuevo aquel dolor en el pecho que la había estado atormentando todo el día.

—Sí sabes, yo les digo qué es el amor todo el tiempo. El amor es pensar en la felicidad del otro en vez de la tuya. Siempre lo digo, por eso lo sabes.— le sonrió. Elsa no le devolvió la sonrisa de inmediato—. Sólo ve a buscarlo.

Elsa miró a Anna y a Kristoff; a ellos, especialmente su hermana, se les notaba que no querían que aceptara; después Elsa miró a los invitados y éstos no paraban de hablar entre sí. Elsa lanzó una ultima mirada a Olaf, una mirada muy inquietante.

—Lo haré.— dijo, con voz ahogada, yéndose de inmediato a la dirección que tomó Anders.

Nunca habría pensado en ésto, nunca pensó que iba a suceder de esta forma. No había opción, el mundo quería que se casara, tal vez esto era la mejor elección. Y aún así no lo hubiera deseado así. Cuando salió del baile y ya nadie la observaba, Elsa trató de deshacerse de ese nudo en la garganta que no la dejaba respirar, trató de relajar el dolor abrazándose a sí misma. No funcionó.

Anders parecía un buen chico, aunque su hermana pensara que era como Hans, aunque los invitados pensaran que es un idiota. Las opiniones de la otra gente no le importaban, tenía que casarse por su reino, pero no iba a buscar a Anders por ellos, ni por sí misma.

Tragó saliva. ¿Por qué estaba tan nerviosa? no es como si realmente fuera a casarse con Anders, sólo iba... a darse una oportunidad de conocerlo. Llevó ambas manos a su pecho, sintiendo los rápidos latidos de su corazón. ¿Por qué era tan difícil el no sentir? Tal vez si no sintiera todo sería más fácil. No existiría el amor ni el dolor.

Elsa salió a los jardines, no le fue muy difícil encontrarlo, él se encontraba recargado en un árbol, observando un estanque de agua que yacía vacío al estar los patitos dormidos. Al agua sólo la iluminaba la preciosa y brillante luna; aunque Elsa veía a Anders de espaldas, pudo percibir que se sentía muy mal. ¿Qué decirle para animarlo?

—¿Sabe? En mi coronación yo congelé el reino, comparado con éso, el dejarme caer no es tan malo.— habló la reina con voz bromista, acercándose al decaído príncipe.

—¡Majestad!— exclamó Anders, dando un salto, no esperaba que ella lo siguiera hasta ahí—. ¿Qué hace aquí?

—Vine a buscarlo.

—Lamento no haberla atrapado.— dijo entristecido, rascándose la nuca.

—No importa, fue un accidente. Nos presionaron mucho allá.— le dedicó una bella sonrisa, sonrojándose un poco.

—¿Usted... se sintió presionada, reina Elsa?

Elsa parpadeó un par de veces, perpleja. Tal vez no debió haber mencionado aquello. Le agradaba Anders, pero no era de su incumbencia, de hecho no era de nadie, sólo de ella misma. ¿De quién era la culpa? Ni siquiera sabía qué era lo que le pasaba, sólo sabía que sentía un inquietante dolor en el pecho, que el nudo que sentía en la garganta era más frecuente y que sus ojos se querían humedecer.

—Ja, ja, no es nada.— le restó importancia, recobrándose para volver a sonreír, ya que debía verse feliz—. Ya nos presentaron, pero dadas las circunstancias... Soy Elsa, reina de Arendelle.— le sonrió con dulzura, animándolo a presentarse también. Anders tardó unos segundos en reaccionar.

—Soy el príncipe Anders de las Islas del Sur, es un gusto conocerla, señorita... Ah, Majestad.— se le veía nervioso al hablar, ni siquiera le salían bien las oraciones.

—¿Señorita?— la reina se veía un poco nerviosa, no la llamaban así a menudo, la tomó por sorpresa.

—¿Acaso no lo es?— preguntó, extrañado.

—¿Qué?... ¡Sí lo soy!... Digo... ¿en qué contexto estamos hablando?— se puso más nerviosa y apartó la mirada del hombre. El ambiente había cambiado de repente y ahora sólo se sentía incomoda.

—No importa, lo siento.

¿Realmente Olaf creía que esos dos podrían ser buena pareja? Elsa solamente no lo entendía. Anders le agradaba en serio, pero simplemente no se sentía bien con la situación.

—Hay que regresar.— sugirió, sintiéndose ahogada con la escena que parecía interminable.

—Claro.— bajó la mirada, algo apenado.

Ambos se dirigieron camino a la fiesta, sin decir nada. Anders se sentía incomodo, a pesar de que le había agradado la mujer, pero no tenía nada qué decirle. Elsa, por su parte, no estaba dispuesta a permanecer en un silencio que le incomodaba más que una platica sin sentido. Decidió iniciar conversación con algo que comenzó a darle curiosidad.

—Y dime...— comenzó a hablar, algo insegura, justo en ese momento entraron a la fiesta—. ¿Cómo está Hans?

—¿Por qué la pregunta, majestad?— Anders se sorprendió, la miró con cara inocente, verdaderamente curioso. Elsa dio una media sonrisa.

—Supongo que me da curiosidad saber de la vida de el hombre que casi acabó con la mía.— su tono era divertido, sin muestra alguna de resentimiento. Obviamente nunca iba a confiar en Hans, pero no tenía que dejar que eso interfiriera en su nueva relación con el hermano mayor (relación de amigos, por supuesto, Elsa no quería nada más).

—Entonces voy a serle honesto... Yo no lo sé.

—¿Cómo?— la música comenzó a sonar, las parejas comenzaron a bailar, Elsa miró a Anders, le dirigió una sonrisa, tomó la iniciativa y lo invitó a bailar; Anders aceptó sin preguntar ni protestar—. ¿Cómo no podría saber de su hermano menor?

—Es complicado, alteza.— respondió en tono neutral, con la vista fija en los dos pares de pies que giraban en el suelo. Temía pisarla, a pesar de que era un excelente bailarín (de las pocas cosas que podía presumir), no quería que con un descuido echara a perder todo otra vez.

—Llámeme Elsa.— pidió, observando sus pies de la misma forma que Anders. No es como si Elsa fuera insegura con sus pasos ahora, sólo que al imitar a Anders provocó que se entretuviera con sólo observar cada paso.

—Está bien, Elsa.— nunca había tenido la oportunidad de llamar a un rey o reina directamente con su nombre propio, así que esto era algo nuevo. Levantó la vista y se sorprendió al ver los enormes y lindos ojos azules de la reina, que lo miraban pacientemente en espera de una respuesta—. Hace siete años, después de que trató de matarla, cuando volvió a casa... mi padre estaba furioso. Hans pasó mucho tiempo limpiando los establos y haciendo como sirviente, haciendo trabajos realmente asquerosos.— soltó un poco a Elsa para cubrirse la boca con la mano derecha, conteniendo una risa involuntaria—. Lo siento, es que realmente fue algo divertido, aunque a veces daba un poco de lastima.

—¿Qué pasó después?— inquirió Elsa, levantando la ceja.

—Pasó dos años siendo prácticamente el esclavo de mis hermanos, hasta que padre dejó el trono y coronaron a Jonas, nuestro hermano mayor. Cuando Jonas subió al trono, desterró a Hans.

—Wow, ¿qué?— éso sí la tomó por sorpresa ¿quién podría ser tan cruel?, seguramente sólo un hermano de Hans actuaría así.

—Jonas sentía mucho desprecio hacia Hans por lo que le hizo a usted, decía que era la vergüenza de la familia y que no merecía llevar nuestro apellido. Decía que en lugar de limpiar establos y exponer a la familia real al ridículo, Hans debería estar encerrado en una celda; pero nuestra madre no quería eso. Cuando Jonas finalmente tuvo el poder para elegir el destino de Hans, lo dejó decidir: ser encerrado para siempre o no volver nunca.

—Me parece algo exagerado.— siguiendo los pasos del baile, Elsa dio un giro y terminó en brazos de Anders.

—Trató de asesinarla a usted, Elsa, a una gobernante de un reino aliado. Padre tuvo que hacer hasta lo imposible para que no lo mandaran a la horca. Claro, que usted se negara a la pena de muerte también ayudó.— Anders se percató de que estaba a pocos centímetros del rostro Su Majestad, así que, sonrojado, la alejó un poco y continuaron bailando.

—Jamás mandaría a matar a una persona, no importa lo cruel que sea. Entonces... ¿no has sabido nada de Hans desde entonces?

—Recibíamos cartas de él, nos enviaba al menos una al mes, pero hace casi cuatro años que no sabemos nada de él. La ultima carta que recibimos de parte de él, decía que se encontraba en Londres.

—¿Tan lejos? ¿qué trata de hacer? ¿seducir a la reina de Inglaterra? No creo que tenga suerte con ello.— comentó. Anders se rió, Elsa se rió también. Sin saberlo, obtuvieron la atención de todos.

Ese tipo era un tonto, éso es lo que pensó Anna al verlos bailar desde la distancia. Anna no iba a confiar en nadie que tuviera parentesco con Hans, y no es que haya visto a otro familiar de él, pero no quería tener nada que ver con su "ex novio" y éso implicaba el no querer relacionarse con sus hermanos. Tal vez era exagerado, pero así piensa ella. Y ahora veía a su hermana bailar con el hermano de Hans, y ambos... ¿reían? ¡No! ¡éso no le agradaba en lo absoluto!

Por su parte, los invitados veían a Su Majestad bailando con el príncipe de las Islas del Sur. Los invitados locales, e incluso muchos extranjeros, sabían que él debía ser hermano de Hans, aquel malvado que una vez quiso apoderarse del reino. La gente estaba confundida al principio, él era el que había dejado a Elsa caer al suelo, aún en el estado, creían ellos, en el que estaba. Ellos creían que Elsa estaba embarazada y comprometida, al ver a Anders tan cercano a la reina, todos asumieron que el prometido de Elsa era él. La gente comenzó a hablar a sus espaldas, esto era un escándalo ¿el hermano de Hans, el prometido de la reina Elsa? ¡La noticia del momento!

—Ja, ja. Dime la verdad, Anna me dijo que tres de sus hermanos fingieron que era invisible por dos años, ¿tú no eras uno de esos hermanos por casualidad?

—Oh, recuerdo éso. Yo realmente intenté no hablarle, pero a la semana le estaba pidiendo que me pasara la sal en la cena... mis hermanos se molestaron conmigo.— dijo, rascándose la mejilla, fingiendo avergonzarse—. A veces eran realmente crueles.

—Debes extrañarlo, a tu hermano menor.— Anders no respondió a ese comentario, así que Elsa le envió una mirada insistente, obligándolo a contestar.

—No, yo... Es que no estoy seguro de lo que siento.— se desanimó, apartando su mirada de la reina—. La mayoría de mis hermanos ya no se preguntan por Hans, los que aún están preocupados, incluida mi madre, aún siguen esperando noticias de él. Pero yo... no lo sé. Nunca fui muy cercano a él, a pesar de que ambos éramos menores, yo nunca...

—Oye.— Elsa recargó su mano en la mejilla de Anders, deteniendo por un momento su baile. Ella lo miró con compasión—. Yo de pequeña no era... tan cercana a Anna como hubiera deseado, siempre me he arrepentido por ello, pero ahora somos las mejores amigas. Tal vez no es tarde para acercarse a él, estoy segura de que volverás a verlo.

—¿Por qué me querría? Yo jamás lo ayudé cuando me necesitaba. A diferencia de mis otros hermanos, yo no lo odiaba ni lo molestaba, pero me mantenía alejado de él, jamás fui su amigo. Hans nunca tuvo hermanos que se preocuparan por él, tal vez por eso terminó así.

—Al menos no lo desterraste, pasándole el problema a otro reino que tendrá que lidiar con él.— comentó Elsa, Anders sonrió un poco.

Pasaron unos minutos más conversando hasta que ambos concordaron en que el baile ya era aburrido. Ya era hora de salir y hacer una gran pista de hielo, es lo que la mayoría de los invitados estaban esperando, incluido Anders. Elsa tomó a Anders de la mano y juntos salieron afuera; Elsa se quitó los guantes (que había llevado consigo toda la noche hasta ese momento) y creó una gran pista de hielo frente al castillo. Los invitados se emocionaron, amaban cada que tenían la oportunidad de patinar, especialmente los niños.

Anders jamás había patinado sobre hielo en verano, en las Islas del Sur no había nada de nieve por esas fechas, pero en Arendelle, gracias a la reina, todo era distinto. Al menos Anders sabía patinar un poco sin caerse, aunque necesitó algo de ayuda..

—¿Estás seguro de que puedes solo?— preguntó Elsa al príncipe, divertida.

—Sí, sólo que... yo... ¡Ah!— Anders se resbaló, pero Elsa logró atraparlo.

—¿Ves que no es tan fácil?— le sonrió.

—Creo que he perdido práctica.

Muchos invitados habían salido a la pista de hielo, Anna se contuvo de hacerlo. Anna estaba consciente de la posibilidad de estar embarazada, no podía arriesgarse a un resbalón, pero eso no impedía el vigilar a su hermana y a Anders a distancia, no iba a perderlos de vista, aún cuando Kristoff comenzó a preocuparse un poco por su esposa, ella se veía muy rencorosa en ese momento.

—Ella se ve muy feliz.— comentó Rona, una pequeñita niña que iba tomada de la mano de su hermano mayor, llamado Shelby—. ¿Será ese apuesto príncipe su prometido?

—No lo sé, pero qué asco.— dijo el niño a su hermana, que odiaba las cursilerías y las cosas de niña.

Olaf se deslizó y se acercó a la princesa Anna. Anna estaba tan concentrada en el hermano del idiota de las Islas del Sur y en Elsa como para notar a el muñeco de nieve que se acercó.

—¿Por qué no estás divirtiéndote con los demás?— le preguntó Olaf a la princesa. Anna dio un respingo del susto que se llevó, había estado demasiado distraída gracias a su vigilancia.

—No me apetece hacerlo.— habló, engreída, con toda la dignidad y seguridad que pudo. Pero en el fondo se moría de ganas por patinar y así vigilar a su hermana de más cerca.

—¿No crees que se ven felices?— dijo con una ilusión infantil, observando cómo Elsa y Anders reían juntos.

—¡Ja! ¡¿Lo preguntas en serio?! ¡¿Cómo se te pudo ocurrir que esos dos podrían ser pareja?!— se enfureció, haciendo puños con las manos—. ¡Tú eres muy cercano a ella, tal vez incluso más que yo! ¡Dime ¿acaso realmente crees que están destinados a estar juntos?!

Olaf miró a la pareja un segundo, luego regresó su vista a Anna, sin perder su sonrisa.

—Puede que ya se hayan enamorado.— murmuró, conteniendo su emoción.

—El amor a primera vista no existe, Olaf.— comentó la princesa, con resentimiento, apartando la mirada.

—Pero se conocen desde hace casi dos horas...

—¡Así no funciona tampoco!— exclamó, para después darse cuenta de que debería bajar la voz o si no llamaría la atención de todos—. ¡Ah!... No se puede enamorar de alguien que acaba de conocer.

—Lo dice la que besó a Kristoff un día después de conocerlo.

—¡Éso no...!— se había quedado sin argumentos contra aquello, pero no iba a ceder, sabía que tenía razón—. Para el amor se necesita tiempo y esfuerzo, es algo que se va forjando. Yo fui novia de Kristoff por años antes de casarnos, es algo que, ahora sé, no se toma a la ligera.

Puede que Anna siga siendo muy infantil a veces, pero había madurado demasiado. Ya no era la niña que estaba desesperada por el amor sólo porque nunca había recibido atención. Sus palabras eran sabias, pero la verdad estaban motivadas por el odio que sentía por Hans, por el desprecio que sentía por Anders.

—Tú no lo entenderías, Olaf.

—Sí lo haría.

—Nop.

—Sí.

—¡Que no!

—¿Por qué?

—¡Porque...! No importa. Sólo dime ¿Qué te hace pensar que Elsa está enamorada de Anders?

—Esa sonrisa... nunca la había visto.— dijo Olaf, mirando a Elsa, ladeando la cabeza en un curioso intento por comprender.

Anna levantó la mirada para ver a Elsa. Sí, estaba riendo y sonriendo, no tenía nada de especial, o nada que se pudiera ver a simple vista. Cuando Anna dejó de prestarle atención a la pareja y comenzó a observar a Elsa en sí, pudo notar algo, no raro, pero sí interesante. Elsa se sonrojaba cuando tenía que atrapar a Anders cada que éste se resbalaba, sus risillas avergonzadas eran más frecuentes y cada que ambos se miraban, ella apartaba la vista de inmediato, avergonzada. Elsa estaba alegre, pero también muy nerviosa.

—Tal vez...— comenzó a decir, pero se detuvo, sabiendo lo rebuscado que sonaba ese pensamiento que no vocalizó—. ¡Ja, ja, ja! ¡Qué tonta! ¡ja, ja! ¡Acabo de tener un pensamiento muy extraño!— terminó sus carcajadas con unas risillas y después negó con su cabeza, sonriendo como si hubiera escuchado un chiste.

—¿Qué?— preguntó Olaf, que miraba a la princesa como si se hubiera vuelto loca de repente.

—Ay, nada.— dijo entre una risilla. Volvió a mirar a Anders y Elsa, la expresión de la princesa cambió de inmediato. Al principio estaba muy enojada, ahora se le sumaba la preocupación y la incredulidad—. Ve a jugar, yo... iré a tomar algo.

Anna caminó por la orilla del hielo, sin meterse a la pista, llegó a una larga mesa de bocadillos y se sirvió jugo de naranja en una copa de vidrio. Le dio un sorbo a su bebida y después buscó un lugar para sentarse, procurando que fuera un sitio adecuado para seguir vigilando.

De un momento a otro dejó de ver a la pareja que se divertía en el hielo y pasó a ver su bebida, distrayéndose mientras meneaba el jugo, ladeando la copa una y otra vez.

Sus presentimientos eran imposibles. Algo así en Elsa era imposible. Anna sabía que el amor podía llevar mucho tiempo, pero existía otra cosa, algo que sólo podía llevar unos escasos momentos, algo que podría llegar a ser muy engañoso. Algo así en Elsa no era normal.

Dudosa de sus sospechas, Anna regresó la vista a la pareja, encontrándose con algo que la dejó sin palabras. Ambos habían tropezado, Elsa cayó sobre Anders pero rápido se paró y ayudó a Anders a levantarse. Podría pasar por un accidente normal, pero Elsa tenía la respiración agitada, mala señal. Una señal espantosa.

—Oh por...— Anna dejó caer la copa al suelo y esta se destruyó en cientos de cristales. El jugo de naranja le mojó los pies.

—Anna.—Kristoff, se acercó con preocupación, más preocupación aún cuando su esposa no reaccionó—. ¡Anna! ¡Anna! ¿Te encuentras bien?

—¿Kristoff?— la princesa se puso de pie en un segundo, después le dirigió una mirada alarmante a su esposo—. Tengo la sensación de que algo muy malo va a pasar.

—¿De qué hablas?— el tono de ella lo preocupó, la tomó de los hombros y la vio con seriedad.

—¿Has sentido ese mal presentimiento de hermanas?

—¿Eh?... No, yo no tengo hermanas.— la soltó y la miró, confundido.

—¡Pues sabrías cómo me siento si tuvieras una! ¡Mi presentimiento me dice que Elsa está en peligro!

—¿Te refieres a Anders? Oye, no has pensado que quizá estés exagerando. No digo que confiemos del todo en él, pero parece buen chico...

—¡Es más que éso! ¡es mucho peor!...— se acercó unos pasos a Kristoff, algo avergonzada—. Creo que Elsa... podría... que...rer...— no completó la frase, ya que al momento de desviar la mirada hacia su hermana, se percató de que ella y Anders estaban muy cerca, demasiado cerca, parecía que iban a besarse; y no estuvieron así por un segundo, sino por mucho tiempo, aún estaban de esa forma.—¡Debo ponerle fin a esto!

Anna avanzó hacia ese par, caminando sobre el hielo, pero fue detenida bruscamente por Kristoff, que la tomó del brazo y la jaló hacia él.

—Anna, cálmate.— le pidió, viéndola a los ojos. Ahora Anna estaba molesta y frustrada, pero no hizo nada para tratar de alejarse de Kristoff, sólo hizo una mueca casi infantil. Kristof suspiró—. Mira, no sé qué esté imaginando tu retorcida mente.— le dio un par de golpecitos en la cabeza—. Pero Elsa es lo suficientemente grande como para cuidarse sola.

—Pero ella no sabe cómo tratar a los hombres.— habló en berrinche—. No quiero que Anders se aproveche de su inocencia.

—Elsa es una adulta, Anna. Ella sabe lo que hace.

—¡No!— se soltó, casi resbalando por estar sobre el hielo—. Elsa no es una mujer, Elsa es Elsa y no voy a permitir...

—Te estás comportando como una hermana mayor.— Kristoff se rascó la nuca, algo incomodo, pero sonrió porque, después de todo, era un poco gracioso. Sólo un poco—. Elsa no es una adolescente y tú no eres su madre. Ya no estás desconfiando de Anders, estás desconfiando de Elsa.

Anna se sonrojó, sintiéndose tonta. ¿Cómo pudo haber imaginado que...?

—¡¿Dónde están?!— se alteró la princesa, ya que al momento de voltear, su hermana y Anders se habían desaparecido—. ¡No!

—No te alteres, Anna, no te alteres.— tomó a la chica de la cintura, pero esta pataleaba para tratar de liberarse y salir corriendo para buscar a su hermana en cada rincón del castillo. Ella le dio un codazo a Kristoff en el estomago para liberarse—. ¡Auch!

—Ups. Lo siento.— se disculpó la princesa, avergonzada al darse cuenta de lo que había hecho.

—Hiciste una escena.— él estaba aún adolorido por el golpe, así que la voz apenas le salió.

—Claro que no.— se defendió, pero al mirar al rededor se dio cuenta de que la mayoría de los invitados los estaban viendo. Anna por poco quería llorar por la pena y el coraje—. Kristoff, no quiero que Elsa tenga algo con Anders, me da miedo que él sea igual a Hans.

—Te seré honesto, a mí tampoco me agrada la idea.— dijo, apenas recuperándose—. Pero quizá no sea como Hans. Además, Elsa es demasiado inteligente como para cometer el error que tú cometiste.— Anna se sintió muy ofendida con ese último comentario, pero decidió no discutir eso.

—Pero a Elsa le gusta.— declaró la princesa, sorprendiendo demasiado a Kristoff—. Nunca en la vida había visto a Elsa comportarse así con un hombre. Ella está... sintiendo algo. Tal vez... podría llegar a enamorarse.

—¿Sería eso tan malo?

—No... En realidad, me emociona que mi hermana tenga novio.—bajó la mirada, confusa con sus ideas—. Pero es que él es hermano de Hans. No sé qué pensar.

Anna estaba muy preocupada. Reconocía esa cara de Elsa, sólo que en ella nunca se la había visto. A Elsa le gustaba Anders, no había duda. A Anna no le importaría que a Elsa le gustara un chico, pero no podía soportar que ese chico fuera precisamente hermano de Hans. No quería que su hermana saliera lastimada.

Pero no era sólo la preocupación lo que a Anna le inquietaba, también le parecía una situación muy extraña. Nunca jamás en la vida Elsa se había enamorado, ni siquiera le había gustado alguien. El amor es muy diferente a que simplemente le guste, pero Anna temía que su hermana pudiera llegar a enamorarse de aquel príncipe.

Pero ¿qué pasaba por la mente de la reina en ese momento?

Quizá, sólo quizá Anna no tenía ni la menor idea del tormento que pasaba su hermana.


Y en este capítulo se revela que Hans está muy, muy lejos. ¿Qué? yo nunca dije que aparecería en mi fic (de hecho, tampoco lo he negado)

Siento tanto haberlos abandonado tantos meses, pero ya volví y pronto tendrán más capítulos :)

Una cosa antes de continuar. Creo que sería conveniente que se leyeran el cuento original de La Reina de las Nieves, no digo que sea obligatorio leerlo para entender mi fic, pero creo que sería bueno para que no se pierdan ningún detalle. Si bien he puesto, y pondré más, partes del cuento en mi fic, las resumo y modifico para que se adapten a mi historia, lo mejor sería que se leyeran el original si les interesa, pueden encontrarlo rápido en internet.

Ahora una curiosidad. Pero esta curiosidad sólo la entenderán los que ven la serie Once Upon a Time, o que al menos saben de ella (para los que no sepan, es una serie que mezcla la vida real y cuentos de hadas). Verán, el año pasado yo aún no escribía escribía el fanfic, pero ya tenía la idea en mi cabeza; fue en aquel tiempo que se anunció que en la cuarta temporada de tal serie iban a aparecer los personajes de Frozen. ¡Una alarma se encendió en mi cabeza y me preocupé!
Pensé "¿Qué pasaría si la historia Once Upon a Time, por azares del destino, se parece a mi fanfic?" La verdad es que fue un pensamiento irracional. La segunda alarma, que fue emocionante en cierta manera extraña xD fue cuando me enteré que en la serie iban a poner a la verdadera Reina de las Nieves. Primero que nada, me puse muy feliz porque es mi serie favorita y el cuento me encanta... por otro lado me preocupé por mi fanfic, seguía pensando "¿Y si la historia que van a contar se parece un poco a mi fanfic? ¿qué haré entonces?" Tal vez me puse un poco paranoica... Pero ese pensamiento hizo que subiera el primer capítulo un mes antes de lo que planeaba en realidad...
Al final, la serie introdujo algunas cosas que yo usaré en mi fanfic (fue casualidad, ehh xD yo ya lo había pensado XDD) Cosas como la Reina de las Nieves y el espejo...
Pero en mi opinión, creo que esa serie, a pesar de ser mi favorita, desaprovechó muy mal a la villana, tenía una historia bonita la que le dieron, pero como mala no me convenció nada. Y lo del espejo fue muy desperdiciado, tenía mucho potencial.
Por mi parte, yo exprimiré todo el potencial... xD

Por cierto, el siguiente capítulo será... Sólo estén preparados para lo que sea. A partir de este punto ya es decisión suya seguir atormentándose o no con mi fanfic XDDDDDDDDDD ya no me hago responsable jeje (sólo bromeo xD (o tal vez no (0_o)

¿reviews? :3