Espada


Sesshōmaru miró a su hijo envuelto en los brazos de Naraku y no pudo dejar de sonreír.

Salió de la habitación sin hacer ruido y se dirigió a la de su Otōto.

InuYasha se removió y aún bostezando y restregándose los ojitos; vio a su hermano.

–Voy a salir, cuida de Naraku y Yû.

El hanyō, ya más despierto gruñó:

–Yo quiero ir contigo.


–No tardaré.

–Pero …

–Estás a cargo.

InuYasha se quedó quieto, pues lo que decía su aniki, era muy importante.

Después de todo Yû necesitaba protección y Naraku ayuda.

El hanyō sonrió ufano, al asentir:

–Cuenta conmigo, aniki.

Sesshōmaru se acomodó a Mokomoko y salió de la habitación caminando por el pasillo.

Tomohisa salió desde las sombras a su encuentro, bajando la escalinata del edificio que moraba el Lord y allegados.

–¿Mi señor, saldrá?

–Si.

–¿A quien llevará de escolta, Sesshōmaru-sama?

El Dai-Yōkai negó.

–Es un viaje que deseo hacer solo.

–Como ordene el Lord.

Tomohisa hizo un movimiento y los guardias nocturnos se retiraron a sus rondas, de nuevo.

La imponente figura del Inugami, apareció y se elevó por los aires.

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Sesshōmaru volaba pensando que si bien creyó que algún día haría eso, nunca consideró que ese inmenso sentimiento que lo embargaba –al pensar en su hijo–, lo guiara. Siempre creyó que al igual que Inu no Taisho él haría ese viaje, por cubrir una costumbre, más todo era muy diferente; amaba tanto a Yû que ese viaje le era deseado y estaba seguro, lo atesoraría como un gran recuerdo.

A mediodía Sesshōmaru vislumbró la montaña de fuego.

Tōtōsai no lo esperaba. Sesshōmaru no era muy cercano al herrero Yōkai, sin embargo sabía que era el mejor en su trabajo.

El Señor del Oeste, se quedó un momento sin avanzar, considerando dar media vuelta y mejor ir con Kaijinbō.

El Lord sopesó sus elecciones; Kaijinbō podía crear armas excepcionales y la relación con este no era tirante; por otro lado Tōtōsai era el maestro y creador de Tenseiga y Tessaiga, más al igual que Myōga, no lo toleraba por la incesante comparación que hacían de su padre y él.

Decisiones, decisiones

Sesshōmaru, se inclinó por uno de los herreros y estaba dando la vuelta.

Tōtōsai, mirando al cielo, notó el movimiento de retirada del Lord y sin dilación montó a Mo-Mo y partió al encuentro de Sesshōmaru.

Al momento de estar lo suficientemente cerca de este, llamó:

–¡Sesshōmaru-sama!

El mencionado se giró y vio al maestro herrero, sin muchas ganas se detuvo y esperó por él.

Tōtōsai paró a Mo-Mo y se armó de valor… el día esperado, había llegado.

–Supe del nacimiento de su heredero.

–…

–Y de las asombrosas circunstancias en las que se dio. Han pasado meses, más lo he esperado desde que su hijo nació.

–¿Por que? –preguntó suspicaz el de Luna en la frente.

Tōtōsai se meso la barba, pensando en decir lo que el Lord pedía, sin que este se molestara al sacar a colación al General.

–Su padre … cuando vino a que hiciera a Tenseiga, dijo… –El herrero puso una mirada melancólica– Cuando yo forjaba su espada, él miraba al horizonte y su mirada era de puro orgullo y si se me permite decirlo, de amor paternal. –Sesshōmaru trató de no rodar los ojos al escuchar al viejo herrero– El General dijo…

Algún día, mi hijo será un poderoso Dai- Yōkai, tendrá a grandes guerreros a su mando, hará del Ichizoku Inu el más fuerte de todos los Yōkai y su fama cruzará este y el otro mundo …

–No lo dudo, mi señor.

Pero eso se verá opacado por lo que el amor a un hijo le proporcionará y cuando ese día llegue, Sesshōmaru vendrá con el mismo amor con el que hoy vine yo y dará una poderosa e incalculable protección a su hijo…

…Eso dijo el gran Inu no Taisho. –concluyó Tōtōsai.

Sesshōmaru no respondió, más pasó al herrero y bajó a la casa de este. Tōtōsai le siguió con una sonrisa satisfecha en su boca.

El colmillo fue retirado y el Señor del Oeste no se inmutó. Los golpes y el calor de la forja inundaron el lugar y Tōtōsai al estar esculpiendo, fijó la vista en el de Luna en la frente; Sesshōmaru no hablaría, más deseó creer que pensó lo mismo que cientos de años antes, pensó el General Perro.

Pasó la mayor parte del día y cuando las estrellas estaban brillando en el cielo, el herrero anuncio:

–Ya está lista, Sesshōmaru-sama.

El Inugami tomó la espada y la miró detenidamente …

–Eien no tetsu,* existe.

Tōtōsai vio partir, poco después a Sesshōmaru y consideró que si bien las joyas que pagó este, era y muy buenas, lo era más ver a ese Dai- Yōkai con una mirada de felicidad, nunca antes conocida por él.

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Al llegar a su castillo, Sesshōmaru guardó la espada en ese sótano, donde todas las otras habían esperado a que sus protegidos crecieran y las empuñarán.


*Hierro Eterno.

Muchísimas gracias:

mai Star of Darkness, Lunática Drake Dark, kane-noona, Gabycha y Ying Fa Malfoy de Potter