Koumei se removió en su asiento, repentinamente interesado en lo que sucedía frente a sus ojos. El alcohol se había despejado solo un poco de su mente, pero creía que lo que estaba viendo no era una alucinación. Lo comprobó al notar que Kougyoku y Kouha también observaban la escena. No quiso mirar a Hakuei. No quiso.

Y es que era todo muy raro.

Su gran hermano Kouen jamás había mostrado algún sentimiento cariñoso en público. No es que tampoco lo hiciese en privado, pero jamás delante de alguien que no fuese su familia. Y es que lo que veía superaba lo que él llamaba muestras de cariño.

Se acomodó mejor sus ropas, enderezándose. Quería disimular su interés, pero no podía. En realidad no le importaba demasiado, no creía que nadie lo estuviese mirando. No justamente a él.

- Y en verdad invadiremos Reim?.- decía Judal, sonrojado.

Era sorprendente. Los cuatro príncipes, incluida Hakuei, miraban con fascinación la reacción de Judal. Jamás había estado…sonrojado.

- Asi es. Y no sólo Reim. Todos los imperios serán nuestros.- Kouen lo miraba, satisfecho con la emoción que demostraba Judal. Asi, pese a que Gyokuen estuviese ocupando el puesto que por derecho sólo a él le correspondía, tener el favor de un Magi lo era todo para sus planes.

- Éste reino también?.- dijo el Magi oscuro, acercándose sinuosamente a Kouen.

Koumei sabía que Judal no se percataba de que sus movimientos, más que parecer un simple acercamiento provocado por la emoción, simulaban…estar seduciendo a su hermano mayor. Y es que seguro no notaba que por estar sobre su asiento, apoyado a su vez en el de Kouen, había quedado casi a cuatro patas, con el trasero levemente levantado; y de seguro-Koumei ponía las manos en el fuego por ello- tampoco había notado que durante su acercamiento a Kouen lo había hecho de una forma casi felina, moviendo sutilmente las caderas y esa cintura tan estrecha que tenía…

Koumei observó a su hermano. Parecía no haberse percatado de todo eso. O era muy despistado en esos ámbitos, o él tenía una mente muy perversa. Observó a sus hermanos. Hakuei parecía reaccionar igual que él, con la boca levemente entreabierta, y una leve expresión de vergüenza en sus facciones. Bien. No era el único.

Kougyoku y Kouha solo observaban curiosos la escena, pero parecía que solo asombrados por la repentina muestra de sentimientos de Judal. Volvió su atención a los otros dos.

Rápidamente, un estruendo proveniente de unos pocos metros llamó su atención.


- Pero mira nada más lo que está haciendo!.- rezongaba Sinbad, aun apretando la mesa con furia.

- Cálmate un poco, Sinbad, pareciera que estás celoso.- rió Yunnan, detrás de Sinbad, apoyando ambas manos en los hombros del hombre. Y es que la cosa comenzaba a preocuparle. Solo un poco.

- Yo, celoso? Celoso de quién?.- Se dio vuelta bruscamente para encarar al Magi errante, con la exasperación pintada en sus facciones. Yunnan pudo notar una leve capa de sudor en su frente.

- Sólo decía…

- Te dije o no te dije que esto era solo para problemas, Sin?.- Ja'far estaba pocos metros más allá, aun sosteniendo a Aladdin. Ali baba simplemente observaba la escena; sin despegar la vista, con una mano extendida intentaba dar con alguna parte del cuerpo del pequeño Magi, para tirar de él. Morgiana ya había perdido el interés.

- Y yo que sabía que iban a hacer eso aquí?.- Sinbad volvió a darse la vuelta, encarando a Ja'far, quien estaba un poco, por no decir del todo rojo de la exasperación.

- Ahora lo creías inocente…

- Pero si no están haciendo nada! No es como si se hubiesen desnudado o algo asi…- decía Yamuraiha, levemente enajenada por el alcohol. Pisti y ella observaban la escena unos metros más allá, y a los segundos, a Sinbad, riendo tontamente.

- No les falta mucho…pero a ti seguro ni te importa, verdad?.- decía Yunnan, mirando a la mesa, disimulando su sonrisa, buscando algo de comida.- es sólo una fiesta, no creo que…

- Ooooooh!.- exclamaron Ali baba y Aladdin al mismo tiempo, formando una perfecta O con la boca, paralizados, sin pestañar.

Ali baba por fin había alcanzado la trenza del peliazul, tirando de ella. Sus cuerpos se estrellaron, al tiempo que Ja'far discutía con Sinbad, olvidando todo lo demás. Mientras ambos intentaban desenredarse, tuvieron la mala- o muy buena idea- de seguir mirando.

Judal estaba literalmente sobre Kouen. Su rostro había cambiado; ahora parecía una mezcla entre sorpresa y terror, mientras el sonrojo anterior parecía haberse acrecentado, para desesperación de Sinbad. Pero eso era lo de menos.

Había quedado sentado a horcajadas de una de las piernas del primer príncipe de Kou, con una pierna a cada lado, con las rodillas flexionadas. Sus manos habían quedado apoyadas con cautela en el gran pecho del mayor, con el torso inclinado hacia delante.

Las miradas de todos estaban posadas en una de las manos de Kouen. Estaba en la parte inferior de la espalda del Magi. Casi debajo del pantalón negro de éste.

- Donde está apoyada la mano que no se ve de Judal?.- dijo Yunnan, sorprendido.- Ah, allí abajo!

- Dónde?!

Sinbad se levantó bruscamente, golpeando con las rodillas la mesa, volteando jarras y copas de oro en el camino.


Había tenido que pararse.

No es que no viera bien. Veía perfecto, los tenía a su lado. Pero quería la visión panorámica.

Koumei se había parado de su asiento, con una copa de oro apoyada en los labios, disimuladamente. Al verlo, Kouha también se había levantado, curioso. Kougyoku se había limitado a estirar el cuello.

- Todos los reinos e imperios caerán ante Kou, y seremos uno solo…todos tendrán las mismas leyes, el mismo idioma, las mismas costumbres, los mismos…

- Y si se resisten?- pregunto Judal, cautivado. Aún mantenía la misma posición.

- Siempre hay alguien que se resiste.- a continuación, Kouen esbozo una sonrisa ladeada que, muy a su pesar, Koumei interpretó como…seductora.- Neutralizaremos la resistencia, claramente.

- Oh sí! Sabía que hacia bien en guiarte a más de un laberinto!

Sucedieron varias cosas a la vez. O tal vez una desencadenó a las otras.

Judal se había lanzado hacia delante, seguramente con la intención de hacer algún movimiento brusco contra Kouen, gobernado por la emoción. Le salió mal. Había olvidado que su asiento era limitado, y al irse hacia delante, perdió estabilidad; alcanzó a apoyar una mano en el abdomen de Kouen, pero del impulso resbaló, y la mano siguió bajando rápidamente, hasta quedar sobre el asiento, entre las piernas del príncipe. En la caída, había enterrado su cara en el pecho del mayor, que había frenado la catastrófica caída.


Maldición. Si no usaba la magia de levitación se sentía torpe sobre el suelo. Lo acababa de demostrar, cayéndose estrepitosamente sobre Kouen. Tenía la cara enterrada en el amplio pecho del príncipe. Podía sentir los latidos furiosos del otro. En cierta forma, agradecía la posición.

Más que enojo, ya estaba comenzando a hartarse y resignarse del conocido fuego que le atravesaba el rostro; no podía respirar, pero por lo menos estar asi le permitía ocultarse. Y es que ahora si se sentía en condiciones de decir que sabía las causas de aquel rubor.

Su mano, al resbalar por la mayor parte del torso de Kouen y habiendo impactado en el asiento, había dado con algo de consistencia firme en el camino; tardó en darse cuenta de que no llevaba ningún contenedor metálico encima, y de qué era esa cosa dura con la que se había topado.

Se quedó quieto. Sabía que estaba haciendo el ridículo, ya habían pasado varios segundos. Pero su cara solo se calentaba más y más.

Había sido él, acaso, el responsable de la erección de Kouen? En cierta forma se sintió orgulloso. Él sí sabía apreciar sus condiciones físicas, no como cierto rey idiota…

Y entonces lo sintió.

Sintió la mano de Kouen deslizarse sutilmente por su costado, por donde su abdomen estaba al descubierto. Era un toque tan sutil, que quizás sino fuera porque todos sus sentidos se habían agudizado de repente, no lo habría notado. La mano descendió, y luego se fue hacia su espalda, tan liviana como una pluma. Se le erizaba el vello por donde pasaba, pero por alguna razón, estaba paralizado. Curiosamente, sintió que la cara se le enfriaba un poco. Se animó a tomar aire.

Apoyó ambas manos en el pecho de Kouen, quien había dejado su mano reposar entre el límite de su piel desnuda y su pantalón negro. Se atrevió a mirarlo.

Su mirada era…intensa. Y brillaba cuando se atrevió a alzar el rostro. Uno de los dedos del príncipe jugueteó con el borde de su pantalón.

Escuchó un carraspeo. Y varias cosas de metal que caían a lo lejos, haciendo estruendo.

De pronto, volvió a la realidad.

Se separó tan bruscamente de Kouen que quedo sentado rígido en su asiento, mirándolo con desconfianza. Si esos ruidos no hubiesen interferido, el muy idiota se habría aprovechado de él. No entendía como no había reaccionado antes, incluso antes de caer.

- Hermano…-

- Judal-chan, estas bien?.- giró la vista. La vieja lo miraba como si estuviese enfermo. Lo asqueó, se asqueó de sí mismo. Mostrando debilidad ante los demás, y encima, en un país que no era el suyo…

- Sí, no molestes.- maldito fuese, tenía la voz ronca.

Se levantó, enfurruñado, sin mirar a nadie en particular. Debía desaparecer de allí.


Kouen lo observó mientras se marchaba. Rió. El infeliz no notaba que movía las caderas al andar, que su trenza bailaba a sus espaldas mientras se alejaba, y que todo él era atractivo. Si tan solo no fuese lo malcriado y caprichoso que era…

- Qué es eso que tienes ahí, hermano?.- preguntó Kouha, mirando hacia abajo. Bueno, miraba la entrepierna de Kouen.

- No hay nada que ver.- dijo, volviendo a mirar fijamente hacia delante. Sonrió de lado, otra vez.

Kouha lo miraba con un poco de curiosidad. No era un niño, ni tampoco era estúpido. Además, él también era un hombre, y sabía que lo que Kouen tenía era una erección; solo que jamás pensó que fuese Judal quien la causara.

Koumei desvió la mirada, siguiendo la de su hermano.

La mesa en donde estaba Sinbad, el rey de Sindria, se había volcado, y el chico rubio que acompañaba siempre al otro Magi había quedado debajo de ella- sólo podía ver parte de su cabello y una mano, que era tomada y tirada con insistencia por el chico Magi, pero pronto la chica de cabello rosado había levantado la mesa con una sola mano, permitiendo al menor sacar al otro chico; Sinbad estaba parado, sostenido de un brazo por el Magi rubio, y por el otro, por ese esclavo de las túnicas que siempre lo perseguia.

Alzó las cejas, curioso. La gente de Sindria era un poco rara.


- No hice ningún escándalo.- sentencio Sinbad, en uno de los pasillos oscuros del palacio.

La fiesta había terminado. Increíblemente, no estaba tan borracho como pensó que terminaría después de aquel incidente. Al recordarlo, sintió que la sangre le hervía, y no entendía la razón. O no quería admitirla, en realidad.

Recordar la posición en la que Judal había quedado, era una cosa; recordar esa maldita mano que se había posado tan descaradamente en sus caderas, ya era suficiente; pero recordar el sonrojo del Magi oscuro, mientras miraba a Kouen desde esa posición tan vulnerable…sencillamente lo había sacado de sus casillas.

El mismo sonrojo que había visto en su rostro minutos antes, que le había regalado a él, y solo a él, se lo había dado a Kouen. Desvariaba. Pensaba en Judal como si fuese una mujer a conquistar, y no el maldito Magi que los había insultado, atacado, degradado, amenazado, y quien sabe cuántas cosas más. Pensar en eso lo trajo a una perspectiva más realista, y quizás si había hecho un escándalo, ahora lo que lo pensaba. Después de todo, el alcohol si lo había golpeado fuerte.

La cabeza le pulsaba dolorosamente, pero dudaba que fuera por el alcohol. Le dolía de la retahíla de alaridos que había tenido que escuchar de Ja'far una vez que se había asegurado de que cada general borracho estuviese en su correspondiente habitación, que los invitados estuviesen también en ellas, y que, bueno…estuviesen a solas. No sabía si sus gritos eran por la buena imagen de Sindria, o porque quizás, después de todo, sí había notado algo.

- Gracias al cielo, Yunnan apareció de la nada para salvarlo. Ahora esperaba que alguien lo salvara de él.

- Tu amigo no estaba muy de acuerdo.- dijo el Magi mirándolo condescendientemente. Sentía que lo atravesaba con la mirada.

- Ja'far siempre se preocupa demasiado. Debo decir que la estabilidad de este país es gracias a él.

- La estabilidad de otras cosas también es gracias a él, si me permites agregar.

- No sé de qué hablas.

- Sin.- Yunnan rió despreocupadamente, en la oscuridad del gran corredor. Solo se oía el eco que ésta causaba.- no viví 9 vidas porque sí, sabes.

- Lo sé. Pero…

- Por qué no admites que el escándalo que armaste fue por lo que viste?.- lo interrumpió. Observó al Magi detenidamente; estaba serio.

- En serio, Yunnan, esta noche no estoy entendiéndote…

- Te habría encantado ser Kouen en esos momentos.

Silencio.

Se sintió ofendido, insultado. Acalorado. Avergonzado. En el silencio que siguió, odió profundamente a Yunnan. Odiaba que pudiese leer sus pensamientos tan fácilmente, y que fuese otra persona y no él mismo quien se había dado cuenta de qué era lo que tanto lo molestaba.

Estaba celoso.

Sentía envidia de Kouen.

Y más odio le daba saber que Kouen lo sabía, o por lo menos lo intuía. Después de que Judal se fuera, lo había vuelto a mirar, pero esta vez con la victoria dibujada en esa arrogante sonrisa.

Se sentía expuesto. Le dio miedo.

- Yunnan…

- Lo sé por lo que vi, no tienes que aclararme nada. Y no debes tener miedo. Sentir deseo es humano…

- No sé de qué rayos hablas!.- gritó Sinbad. Se sentía expuesto escuchando al Magi, viendo como para él todo era tan natural, sin ningún problema, como si nada de lo que hubiese pasado hasta ese momento importara.

- Es por eso que generalmente vivo aislado.- dijo serio.- las personas forjan sus vidas, crean sus historias, y caminan hacia delante mirando hacia atrás.- sonrió.- Sólo…mira hacia delante Sin, sino te perderás cosas fabulosas si sólo miras tu pasado.

- Mi pasado me trajo hasta aquí. Sino recordáramos nuestros orígenes y los medios con los que hemos conseguido lo que tenemos, no seriamos nadie…

- Y tampoco te estancarías, ni te cerrarías asi.- Yunnan cerró los ojos, pensativo.- Mira, tienes razón. Eres el rey aquí!.- exclamó, extendiendo los brazos, abarcando todo.- Y quién soy yo? Una simple persona que se esconde del resto del mundo.

- Yunnan, no…

- Será mejor que te acuestes, sino mañana tu amigo estará más enojado, y me incluirá a mí también por entretenerte.- sonrió. Algo en su expresión se me hizo rara, de repente.- Hasta mañana.

- Hasta…

Había desaparecido.

De repente, se sintió solo en la inmensidad de su palacio.

Las palabras de Yunnan aun rondaban su mente, mientras sus oídos solo oían el repiquetear de su corazón agitado.

El sonido dejo de ser solitario. Ahora, además de sus latidos, oía algo más, haciendo eco. Se acercaba.

Pasos.

Venían por detrás.

Se giró, un poco sorprendido. Pensaba que además de Yunnan y él, todos dormían bajo los efectos del alcohol.

No veía nada en la oscuridad cerrada, pero los oídos no le engañaban, los pasos se acercaban tranquilamente.

Se le heló la sangre.

Una risa burlona, perversa, aunque sutil, comenzó a oírse en la oscuridad, también acercándose.

- No me digas que te perdiste borracho en tu propio palacio, tonteza.

Allí estaba.

La verdadera razón de su fuerte dolor de cabeza.


Bueno, espero les haya gustado!

Haganme saber cualquier duda o sugerencia que tengan! :D

ShirayGaunt, gracias por la emocion que le metes!:D te lo queria agradecer especialmente, porque me dejaste varios comentarios seguidos que obviamente lei y disfruteXD ya falta poco para el capitulo 10...XD

Nos leemos!