Capítulo VII : " Descubrimientos"

Max Evans estaba a punto de desmayarse. Había vomitado toda la tarde. Le ardía el estómago. Estaba mareado, enfermo. Su mal no era físico. Estaba enfermo de amor. Ya había pasado casi un día desde que dejó la carta en la habitación de Liz y nada. No había tenido respuesta. Nada, ninguna respuesta buena o mala, eso era lo peor, su indiferencia. Max estaba a punto de caer, de perder la fe, las esperanzas. Se miró al espejo. Su aspecto era patético, horrible. Estaba ojeroso, sudoroso, parecía que hubiera envejecido 10 años, tenía la mirada sombría, todo su rostro lo estaba. Era natural. Liz Parker era la luz de su vida, la fuente de sus sueños, de su energía, era su Sol.

-¿ Qué más puedo hacer?.- Pensaba Max, una y otra vez, dando vueltas sobre lo mismo ¿ Qué?.- El vació era enorme, no podía, no quería imaginarse sin Ella. Los mareos y las náuseas volvían, atormentándole, haciéndole perder las fuerzas, deseando que todo sea un sueño, un mal sueño. Las náuseas aumentaron, cayó al piso, con una puntada que le destrozaba el abdomen. Entonces lo supo, estaba separado de Liz, esa era la realidad.

Los recién casados llegaron esa tarde. Habían acordado tener su primer secreto como marido y mujer. Decidieron mantener en secreto su matrimonio. La razón era muy sencilla, tal como dijo Isabel – Es que no quiero compartirte , quiero disfrutar de nuestra luna de miel sin explicaciones a nadie.- Le dijo a su esposo, muy seria, pero con una coquetería y sensualidad ante la cual, Kyle jamás podría negarse. Para todos, la versión oficial sería que estuvieron en Roswell, no podían negarlo, debido a que Jim y Amy ya se lo habían dicho a María, pero sólo había sido una visita social, nada del Granilith ni menos del matrimonio. Sin duda podrían esconder los hechos, pero no su felicidad, cualquier intento resultaría inútil. Kyle e Isabel impregnaban el aire a su paso, lo llenaban de alegría, de paz, de sueños.

Fueron primero al departamento de Isabel, ya que por ahora no vivirían juntos, el inconveniente de mantener su secreto. Allí encontraron todo revolucionado. Tess estaba muy preocupada, junto a Ella estaban todos, claro excepto Liz, quien estaba desaparecida desde la mañana. Estaban alarmados por Max, la preocupación aumentó cuando Michael trató de curarlo y no pudo. Lo intentó varias veces, siendo en vano. Todos los intentos fallarían, Max estaba enfermo del alma, había sólo una cura efectiva y esa precisamente estaba ausente.

Isabel corrió a ver su hermano. Lo encontró sentado en el piso, con los ojos cerrados, tratando de olvidarse del malestar, con las manos rodeando su vientre.

¡ Max!, ¿ Estas bien?.- Le pregunto al ver su cara que evidenciaba lo mal que se sentía.

¡ Iz, Izzie!.¡ te extrañé tanto!.- Le dijo a su hermana, abriendo de golpe los ojos, recobrando con sólo verla algo de su fuerza perdida.

¡ Perdóname, hermano, perdóname! No pensé que estabas enfermo.- Le dijo Isabel, abrazándolo y besándole la frente.

Tranquila Iz, ya estoy mejor, gracias por estar aquí..- Le dijo a su hermana, agradecido de tenerla cerca suyo. Max comenzó a llorar, a desahogarse con su hermana, quien lo escuchaba atentamente, tratando de alivianar la carga de su alma.

María y Alex se fueron a su departamento con un objetivo y por supuesto María fue la autora intelectual y la material de la misión. Debían hablar con Liz y convencerla de perdonar a Max y dejarse de idioteces, tal como dijo Alex. Al abrir la puerta la encontraron en el balcón. Sola. Mirando el atardecer.

Liz, tengo que hablar contigo.- Le dijo María saliendo al balcón.

Hola, María. ¿ Qué pasa?.- Le preguntó desganada, mirando un sobre que tenía en sus manos.

Es Max. No esta bien.- Le respondió secamente.- Tienes que hacer algo.

María, gracias por tratar de ayudarlo, pero esta decisión es mía.- Le dijo a su amiga, mientras le extendía el sobre, invitándola a leerla. María la leyó lentamente, lentamente sus ojos se humedecieron, no podía creer lo ciega que estaba su amiga, tenía el amor de su vida frente a sus y se negaba a reconocerlo, a perdonarlo.

¿ Y?.- Preguntó Liz, sin mirarla a sus ojos.

¿ Y?. Acaso estas loca Liz!.- Comenzó a decirle María, quien estaba perdiendo los estribos.- ¡ Este hombre te ama, te adora, como el te dice, te dio su corazón!. ¿ Que otra prueba de confianza quieres?, Max esta mal, enfermo. No dejes pasar mas tiempo, podría ser demasiado tarde.- Le dijo acercándose a Liz, quien tenía la mirada fija en el suelo..- Liz nunca volverás a encontrar a alguien como El, ¡ Nunca!.- Volvió a decir María. Ante el anuncio de su amiga, Liz Parker levantó la mirada, la fijó en los ojos de su amiga María, quien la contemplaba suplicante, tratando de hacerle ver su error. María la conocía, sabía de la lucha interna de Liz, si, estaba segura, su mejor amiga estaba luchando contra su mas fiero enemigo, su orgullo.

María, maría,- Dijo al fin Liz, con un hilo de voz.- No se que me pasa, no se que hacer.- terminó la frase con un hondo suspiro, que pronto se transformó en sollozó, dejando caer unas lágrimas. No hizo falta que siguiera hablando, maría sabía lo que le pasaba.

Liz, amiga, amiga, ¡Llora, bota todo ! No te dejes la rabia y el orgullo para ti. Eso es lo que te frena!.- La consoló maría, sinceramente, usando el corazón, haciendo que Liz, por fin se desahogara y se deshiciera de las ataduras que cargaba en su alma.

¡ María, soy una idiota!, pero, pero, yo...- ya no podía hablar, le había abierto la ventana a sus sentimientos y estos necesitaban salir, hasta dejarla limpia, libre de angustias y rencores. Siguió llorando, abrazada a su amiga. Esa escena le era tan, tan familiar, no podía recordar las incontables veces en que se habían sostenido y apoyado mutuamente.-

Liz, Max está mal. Creo que debes darte prisa.-

¿ Que le pasa?.- Preguntó Liz, un poco asustada.

Esta enfermo, creo que es algo al estómago, ha vomitado toda la tarde, creo que ahora tiene fiebre, no se. Michael trató de curarlo, pero no pudo. .- Al oír lo último a Liz se le paró ligeramente el corazón ¡ Michael no pudo curarlo!., debe ser grave, pensó.

¿ es grave?, ¿ Lo dejaste solo?.-

No se Liz, yo no se nada de eso, por suerte acaban de llegar Isabel y Kyle. Max se quedó con su hermana, Ella lo cuida. Liz ¿ Por qué no vas a verlo?. El te necesita, creo que se enfermó por que te extraña.- Le explicó maría.

Si, quiero verlo, pero me da miedo, ¡ Dios, María, no se por que soy tan tonta! ¿ Y si no quiere verme?.- le preguntó tímidamente.

¡ Liz, por favor, pensé que eras inteligente! ¿ cómo se te ocurre que no va a querer verte?.- Le dijo maría, usando su última gota de paciencia, mientras tomaba de los brazos a su amiga y la empujaba hacia la puerta, ayudándola a salir en busca de su amor..- ¡ Suerte, Liz!.- Le dijo, guiñándole un ojo, cuando ésta tocaba la puerta.

Luego de hablar con su hermana Max, por fin consiguió dormir un poco. Se veía mas tranquilo. Isabel permanecía a su lado sentada a su lado velando sus sueños. La mejoría fue momentánea. Pronto volvió la fiebre, comenzó a inquietarse, a sudar, a delirar. Su hermana de verdad comenzaba a asustarse. Lo había desabrigado, le había dado algunos medicamentos y nada, seguía igual. Max en sus delirios sólo repetía una palabra, tres letras, -¡ Liz!- repetía una y otra vez, mientras su rostro evidenciaba el dolor que sentía. Isabel salió corriendo a la sala, buscando a Michael, para que nuevamente intentara sanar a su amigo. En eso estaba cuando tocaron la puerta. Tess le abrió. Un silencio general nació cuando Liz entró a la sala. No sabían que decirle, o que hacer, todos sabían que Max la necesitaba, que estaba enfermo por Ella.

¡ Hola!.- eso fue lo único que atinó a decir Liz.

Hola Liz.- Contestaron todos.

¿ como está?.- Preguntó a Isabel, era innecesario decir su nombre, estaba claro que su preocupación era por Max.

No muy bien Liz, le volvió la fiebre, no sabemos que hacer, Michael no ha podido curarlo, y los remedios " humanos" tampoco.- Le respondió Iz.

¿ Puedo verlo?.- Preguntó Liz, decidida.

Liz.- dijo Michael.- No creo que sea un buen momento, por favor no me mal interpretes, pero Max no debe alterarse.

No, Michael, tienes razón, pero no vengo a eso, es todo lo contrario.- Se defendió Liz.

Pasa. Liz, le hará bien verte. Estaremos acá.- Le dijo Isabel, con la mirada agradecida.

Liz entró a la habitación de Max. El aun dormía, seguía sudoroso, inquieto, deliraba, al acercarse lo escucho decir su nombre.

¡ Liz!, Liz, no quis...- Repetía Max, intranquilo, moviendo constantemente.

¡ Max!, ¡ Acá estoy!, tranquilo, tranquilo, estoy contigo.- Le dijo Liz, desesperada al ver el estado en que se encontraba Max..- Comenzó a acariciarle la frente, a sujetar el paño húmedo que tenía en ella, a tomarle las manos, para que El sintiera su presencia, para que sintiera su compañía, su amor.

Liz,- Era lo único que decía Max. Liz sólo atinaba a estar cerca suyo. Entonces se dio cuenta de que para curarlo, lo mejor, lo único efectivo sería hablarle de su amor, de que no importaba de donde viniera, que ella sabía que el confiaba en Ella. Liz comenzó a hablarse de su primera cena, de sus noches de ermitaños, sus tarde de estudio, de sus sesiones de baile, especialmente de aquella del cumpleaños de Tess, de las tantas veces que vieron las estrellas, de las tantas veces en que miraron a los ojos completamente enamorados. Max lentamente comenzó a tranquilizarse, cayendo en un estado de sueño profundo. Luego de un rato Liz también se durmió, sentada a su lado. Así la encontró Isabel un rato después. Quien la tapó y le agradeció en silencio lo que hizo por su hermano. Liz lo había logrado, Max estaba mejor, tenía el rostro relajado, en paz.

¡ Alex, Alex,!, ¿ dónde vas?.- Le preguntó María, corriendo para alcanzarlo en el pasillo. No permitiría que Alex se escapara nuevamente y desapareciera por horas, como era su última costumbre.

¡ María, lo siento voy apurado!.- Le gritó Alex.

¿ Vas a ver a Tea, cierto?.- Le dijo pícaramente.

Sí María, estoy atrasado, ¡nos vemos mas tarde!.- Dijo Alex lanzándole un beso.

¿ Por qué tanto grito?.- Preguntó Isabel, quien se asomaba a su puerta.

Mmm, Iz, Alex se trae algo entre manos.- le dijo María.- ¿ Cómo amaneció Max?.-

Bien, aún no despierta, está con Liz, así que debe estar bien. ¿ Y tu hermano?.- Le preguntó Isabel, ansiosa por saber de su esposo.

Ese flojo todavía duerme, ¿ Parece que todo no puede estar mejor entre Ustedes? ¿ Eh?.- Le dijo María, sin inhibiciones.

Si, María, estamos muy felices.- Le dijo sinceramente Isabel, pensando que sería absurdo negar lo que era evidente..- Despiértalo, vengan a desayunar con nosotros, estará listo dentro de poco.

¡ Vale!, me encanta, además sabes cuanto odio cocinar, vamos altiro.- le dijo María, entrando a su departamento, para reunir a su gente.

Max Evans fue el primero en despertar, La encontró recostada a su lado. No podía creerlo. La voz que lo había alentado, las manos que lo habían cuidado, eran de Ella, era verdad, eso si era verdad . Comenzó a acariciarle el cabello, Liz, comenzó a despertar. Lo primero que vió fue su rostro. Max la contemplaba dulcemente.

¡ Max!, le dijo Liz, Quien se lanzó a sus brazos, abrazándole. - ¡ Perdóname!.- Le pidió una y otra vez.

Shhhh. – Fue lo único que El dijo, seguía abrazándola. - Tranquila, mi amor, te entiendo, no hay nada que perdonar, yo debo pedirte perdón, después de lo que hiciste anoche por mí, por tus cuidados, pero por sobre todo, por abrirme otra vez tu corazón, todo lo demás ya no importa. .- Le decía Max, mientras comenzaba a besarla.

Max, no mas perdones, olvidémoslo, eso ya pasó, ¿ sabes?, no me arrepiento de nada, volvería a enamorarme de Ti mil veces, sin importar de donde seas, ahora lo entiendo y lo acepto.- Le dijo por fin Liz.- Seguían besándose, cuando fueron interrumpidos por Kyle.-

Ups. Ups, perdón , lo siento, no sabía. – Les dijo incómodo, sin saber que hacer.- El desayuno ya esta, los esperamos. ¡ hey, Max, que bueno que ya estas bien!.- Le dijo mientras salía de la habitación.

Ayyyy, no quiero ir, Prefiero seguir contigo así.- le dijo Liz, dándole un beso el la nariz a Max.

Siii, yo también.- Max estaba feliz, mas fuerte y renovado que nunca, eso era justamente lo que necesitaba, estar con Liz.

¡ Max a desayunar!,.- le dijo Isabel entrando nuevamente a buscarlos.- Necesitas comer, hermano, anoche no estabas bien, necesitas reponer energía.

Ok, Iz, mejor me levanto antes de que explotes.- le dijo riendo Liz, saliendo hacia la sala.

Max, levántate!.- Le ordenó a su hermano, que se escondía bajo las sábanas, sólo por el placer de hacerla enojar.

¡ Max, ya esta listo!. Vienen todos a desayunar. Además todos quieren verte, estar contigo. Nos diste un buen susto.- Le explico, ya mas dulce, justificando sus ganas de estar con El, para comprobar que efectivamente estaba mejor.

Ya Izzie, ya voy.- Max comenzó a levantarse. Su hermana lo ayudó. En cuanto sus manos se tocaron Max Evans sintió un extraño frío recorriendo su cuerpo. El frió dio paso a una especie de electricidad, acompañada, de un leve dolor, pronto comenzó a ver imágenes. No podía moverse, tampoco podía ignorarlas o sacarlas de su mente. Ahí estaba Isabel, la vio. Estaba en el Granilith junto a Kyle, casándose, luego la vio en Roswell. Lo más impactante fue que de pronto se sintió sumergido en unas cálidas aguas, completamente protegido, seguro. Pero no era El, era alguien mas. ¡ No puede ser!. Fue la reacción de Max al darse cuenta que estaba viendo por primera vez a un ser pequeñito que crecía en el vientre de su hermana. Max se sentó nuevamente en la cama, incapaz de mantenerse en pie luego de semejante descubrimiento.

¡Max!, ¿ Estas bien?.- Le preguntó Isabel, aterrada al ver la cara de papel que tenía su hermano.

¿ Ah?, Si, si Iz, estoy bien.- le contesto Max, aún un poco aturdido.- Izzie, ¿ Que hiciste en Roswell?

Nada especial, conocí a los papas de Kyle, fueron como una vacaciones.- Le respondió Isabel, odiando mentirle así

Se que hay algo que no me haz dicho, lo sé acabo de verlo.- le dijo Max

¿ Qué, Max?¿ Qué viste?, ¿ viste el futuro?.- Le preguntó Isabel, sabiendo que no podía seguir negándoselo a su hermano.

Si, Izzie, lo ví. – Le dijo Max.

Pero dime ¿ Que?. ¡¿ Que fue lo que viste?. – Preguntó Isabel sintiendo que el corazón se le escaparía por la boca.

Tranquila, Izzie, no es malo. ¡ Voy a ser tío!.- Le dijo Max, tocando tiernamente el vientre de su hermana, aún impactado, pero mucho menos que Isabel, quien tuvo que sentarse para poder digerir lo que acababa de oir.