Notas:
-OOC: Seguramente, sí tendrá OOC, intentaré ir modelandolo y cambiándolo, pero será imposible que de vez en cuando tenga.
-Temas: UA, DRAMA, ROMANCE, MISTERIO Y ALGUNOS TOQUES DE HUMOR Y VIOLENCIA.(Aunque esto último no será explicito, creo).
-Parejas: Hetero. AVISO SOBRE ESTO ANTES DE LEER: El fic comenzará con la pareja de Tomoka y Ryoma, pero por favor, antes de comerme (entiéndase matarme), denle tiempo al fic. NO sera un TomoRyo.
-Se actualizará después de: De la "a" a la "z".
-Capítulos en totalidad: no lo sé. Los hago al instante que toca el fic, pero ya tengo las ideas, parejas y demás, decidido.
-LEMON: En su momento. Y si no hay Lemon, habrá roces. (aún está por decidir) (lo digo porque ultimamente parece que solo leen mis historias porque hago lemon T.T. Me deprimi mucho T-T)
Resumen:
La vida perdida. Hundida en una nuve cruel y una única persona será quien la saque de el tormento. ¿Conseguirá superar el cruze al amor y ahuyentar el pasado para poder vivir adelante?
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Capítulo seis.
¿Días en Japón o soledad en Japón?
Cuando el sonido del móvil que había programado como despertador sonó, se sintió perdida. Tardó varios segundos en darse cuenta y recordar lo que había sucedido. Tanteó sobre el colchón en busca de la figura masculina que había invitado esa noche, pero no había ni rastro. Ryoma había desaparecido. Asustada, buscó a su alrededor. Colocándose la bata azulada que días atrás Rinko le regala, escudriñó por toda la casa mas la pista del joven no apareció.
Únicamente un vaso con leche que había parecido usar.
Se frotó los cabellos preocupada y buscó una forma de distraerse sin la necesidad de dar un grito y buscar la salida, aunque la tomaran por loca. Sentía miedo. Se imaginaba a su madre saliendo por alguna de las esquinas de la casa, con su rostro furioso y sus ojos demostradores de que el dolor que le iba a causar iba a ser peor que el que jamás hubiera sentido.
No están aquí. No pueden hacerte nada. Ellos están allí y tú estás en Japón. A salvo. Porque estés sola no te va a suceder nada.
Dándose ánimos a sí misma, decidió que para distraerse lo mejor sería deshacer la maleta y habituarse a la casa, puesto que iba a ser su vivienda por mucho tiempo. Tras colocar su ropa y sus dos neceseres en el baño, se vistió. Revisó el dinero que llevaba en la cartera, agradeciendo que Rinko se asegurara de cambiarle la moneda antes de irse. Debería de habituarse al yen en lugar de al Euro. Necesitaba comprar la lista de libros que le habían enviado a su casa con la matrícula y el horario.
Aunque no sabía cómo iba a sobrevivir. Esperaba poder llegar, comprar y marcharse sin problemas, pero teniendo en cuenta que era nueva en el lugar, eran más altas las probabilidades de perderse. Suspiró y abrió la nevera con esperanzas de poder comer algo que la mantuviera en pie. Pero lo único que encontró la hizo retroceder. Seis latas de ponta y un brik de leche. ¿Cómo había comido Ryoma? ¿Dónde había cenado? ¿Cómo podía tener una nevera tan desértica?
Definitivamente, tendría que encargarse ella de la comida. Con tan solo recordar el desastre de Ryoma con la comida y el microondas, decidió que sería lo mejor. No era mala cocinando; se defendía. Pero Ryoma era un completo paleto. Total, debería de encontrar un lugar donde hacer la compra.
Suspirando, miró fijamente la puerta blanca interiormente y de toques verdosos por fuera. Ahí iba. La gran aventura de perderse en un lugar que desconocía. Caminó a grandes pasos para darse ánimos y sujetó el abrigó a su cuerpo, comprobando que llevaba todo. Colocó la mano en la cerradura. Stop.
¿Y la llave?
Ryoma no le había dado ninguna y por todos los lugares que había mirado no había ni rastro de ningún papel que le informara del lugar donde le dejaba la llave y no estaba dispuesta a revisar las cosas de Ryoma.
Ding, dong.
Parpadeó. Miró fijamente la puerta ante ella. Tardó unos segundos en darse cuenta y recordar que habían llamado. Abrió la puerta.
-¡Hola! Tú debes de ser Sakuno Ryuzaki, ¿verdad?- Exclamó el hombre ante ella. Seguramente un poco más mayor que Ryoma, de ojos lilas y cabellos oscuros- Me llamo Momoshiro Takeshi y vengo de parte de Ryoma. Al parecer, tienes que salir y eres nueva en Japón. Yo seré tu guía. Ah, perdona. Igual no comprendes bien mi español, pero es que soy bastante malo.
Intentó descifrar toda la información sin marearse. Aquel hombre había dicho el nombre de Ryoma y que venía de su parte. No debía de ser malo. También le había hablado en un torpe español. Pero en sus ojos veía claramente que era de fiar. Sonrió.
-Gracias. Sí, soy Sakuno Ryuzaki.
-Un placer.
Le extendió la mano y ella retrocedió. Momoshiro parpadeó y se rascó la cabeza ligeramente avergonzado.
-Tsk, mira que Ryoma me advirtió seriamente de que no te tocara. Creí que eran celos, pero nunca había visto esos ojos de miedo en una persona. Te aseguro que no te haré nada- aseguró, buscando en su bolsillo un teléfono móvil- llamemos a Ryoma.
-Eh, no, tranquilo- se excusó- está bien.
No podía evitar ser así. Siempre que alguien hacía un gesto brusco ella se encogía y retrocedía asustada. Muchas veces le había pasado con Nanjiro, cuando intentaba que no se le cayera la taza de té mientras estaba embobada con la televisión o con Rinko, cuando se esforzaba en enseñarle a cocinar.
-Bueno, dime, ¿qué cosas tienes que hacer? Primero tenemos que ir al cerrajero. Ryoma me ha dicho que no tienes llave, así que antes de que terminemos las compras que tengas que hacer o visitar lo que quieras, las tendremos.
Afirmó y accedió. Le siguió, dudando que Ryoma verdaderamente hubiera hablado tanto por su preocupación. Pero ya no podía fiarse de nada. Especialmente, desde que se lo había encontrado en el aeropuerto y la trataba claramente como una mujer de su interés, no su amiga de la infancia. Aunque se si se ponía a pensar, nunca había sido así.
Momoshiro, tal y como le había dicho, dejaron tres llaves en un cerrajero y gracias a la labia del moreno, les prometieron que estarían listas antes de que terminaran de hacer cuanto tuvieran. Después, la llevó hasta la librería que tenía escrita en un papel y compró los libros correspondientes. No sabía exactamente cómo podría estudiar tanto sin que la cabeza le explotara. Takeshi se burló de ella, llamándola celebrito aunque también le confesó tenerle envidia.
-Yo dejé los estudios tiempo atrás para trabajar con mi familia- explicó- son gente importante y prefieren que sus hijos estudien dentro de la casa que fuera. Se puede decir que soy inteligente, pero no tengo los papeles que lo demuestran. Tú estudia todo lo que quieras, que seguro que Ryoma se encarga del resto. Por cierto, siento ser tan curioso, pero, ¿Desde cuándo le conoces?
-Desde que éramos pequeños…- sopesó pensativa.
-Oh, ya veo. Amor de infancia.
Enrojeció y movió sus manos negativamente.
-No, no, no- negó tartamudeando- Nada de eso. Ryoma-kun siempre me ha cuidado mucho, pero no… no somos nada de eso.
Él afirmó sin borrar una sonrisa divertida. Alzó los brazos y giró sobre sus talones, inclinándose hacia ella para poder hablar por encima de los murmullos de los demás.
-¿Qué te parece Japón?- Cuestionó.
-Todavía tengo cosas que ver- reconoció- pero la verdad… mis sueños se están haciendo realidad.
Takeshi movió la cabeza afirmativamente.
-El mundo es muy grande. Muchas cosas por ver.
-Sí- reconoció divertida- Ah- se detuvo ante un escaparate- ¿Puedo entrar antes de seguir? Quiero comprar un poco de ese pescado.
-Ah, no hay problema- accedió curioso- vaya. Ese pescado es el preferido de Ryoma.
-Sí- sonrió- quiero hacérselo para comer. Como agradecimiento. ¿Por qué no come con nosotros?
Takeshi se humedeció los labios y se rascó la parte trasera de la cabeza.
-Creo que no. Y debería de pensar en cena para Ryoma, no comida.
-¿Eh? ¿No vendrá a comer?
-Me temo que no- negó el hombre- No puedo decirte por qué, puesto que me lo ha prohibido, pero estoy seguro de que no lo hará. ¿Es que tienes que comprar comida para casa?
-Sí.
Se sintió extrañamente deprimida. Pero al menos, logró distraerse gracias a su recién conocido acompañante, el cual parecía conocer perfectamente a Ryoma. Seguramente, serían amigos desde mucho antes que ella conociera al joven. Claro que Ryoma solía irse de vacaciones de vez en cuando a Japón y si desconocía que tenía un piso, también podría desconocer muchas más cosas de esa familia. Al fin y al cabo, siempre había vivido presa del miedo.
Compró lo suficiente como para poder subsistir por una semana o hasta el tiempo que Ryoma pudiera hacerle caso y decidir qué quería. De todas formas, regresó, tras recoger las llaves, con la clara idea de hacer el pescado que tanto gustaba al chico.
Momoshiro la ayudó a colocar cada cosa en su lugar en aquella despoblada cocina y cargó con las cosas más pesadas y las colocó debajo de los muebles para darle mayor facilidad a la hora de cogerlas. Agradeció sinceramente aquella ayuda y se preguntó por un instante si era tan amable con ella porque era un buen hombre, por Ryoma o porque sabía cómo tratar a una mujer por tener ya una.
-Bueno, yo tengo que irme ya- informó mirando distraídamente el reloj- Le diré a Ryoma cuanto hemos hecho y tal. Seguro que se quedará tranquilo. Ah, si necesitas algo, llámame- escribió un número en un papel y se lo entregó- aquí me encontrarás. Para cualquier cosa, puedo ser tu guía. No te preocupes.
-Gracias.
Le acompañó hasta la puerta y se dio cuenta de que esperó pacientemente a que cerrara con llave antes de que sus pasos se alejaran por el largo pasillo. Sonrió, súbitamente sintiéndose más segura de lo que se había sentido en todo el día. Debía de agradecer a Ryoma que se lo presentara.
-Bueno, manos a la obra.
Remangándose, comenzó con su tarea de cocinar y después, cuando lo tuvo hecho, para el trascurrir las horas intentó averiguar cuan de difícil iba a ser su futuro en la universidad. Justo cuando su estómago demandó por algo de comer, se dio cuenta de que Takeshi no la había mentido: Ryoma no se presentó para la comida. Y tampoco para la merienda.
Eran casi las nueve de la noche cuando él llegó y ella se encontraba saliendo de la ducha. En rolló sus largos cabellos en una toalla y lo miró con atención tímida. Ryoma se quitó el abrigo antes de dejarse caer sobre el sofá y frotarse los brazos cansado. Corrió hasta la habitación para vestirse y cuando regresó, lo vio cabecear. Suspiró. No había otra.
Lo cubrió con una de las mantas que había descubierto en un armario y le apartó suavemente unos mechones de su frente. Apagó la luz de la cocina y regresó hasta el dormitorio, acostándose. Mañana tiraría el pescado.
Cuando despertó al día siguiente, Ryoma había desaparecido de nuevo. Había dejado la ducha sucia y sus ropas desperdigadas junto a un nuevo vaso de leche en el fregadero. Nada más. Aquel día, ni Momoshiro se presentó para hacerle compañía y otra vez, cuando Ryoma regresó, se durmió nada más sentarse en el sofá y tras echar un vistazo al horario que pasado mañana tendría que llevar a cabo en su primer día en la universidad.
Era igual que si estuviera viviendo con un desconocido.
Sin embargo, al día siguiente de ese, cuando tenía que presentarse en la universidad, Takeshi Momoshiro la esperaba al pie de la escalera con la sonrisa pintada en su rostro. Abrió los ojos sorprendida, sin poder creérselo.
-Sí- dijo él- Ryoma también me lo ha dicho. Tienes clases hasta las tres de la tarde. Yo te acompañaré y te iré a recoger hasta que te habitúes a los horarios y reconozcas el camino. Sueles perderte con facilidad, al parecer.
-Sí- reconoció aturdida y con un ligero sonrojo en su rostro.
Momoshiro le mostró un coche antiguo de color blanco marfil, que mostraba claramente que la coraza no era lo importante y que su dueño se sentía orgullosamente contento de tenerlo. Agradeció diversas veces su ayuda y se sintió desfallecer cuando reconoció el gentío que se encontraba a los pies de la entrada, dentro y fuera de las grandes piedras que formaban el lugar.
Cielos… no había contado con…. Esto. Tengo…
Se mordió el labio inferior con fuerza. No era momento de sentir miedo y echarse atrás. No era tan impresionante el gentío y si tenía suerte, podría pasar lo suficientemente desapercibida como para evitar encontrarse con gente como fueron anteriormente sus compañeros. Aunque eso no quitó la angustia que se anidó en su estómago y el nudo en su garganta.
Suspiró para darse ánimos y cruzó los dedos con deseos de desearse buena suerte. Momoshiro le sonrió como apoyo y agradeciendo nuevamente, tras recoger sus cosas, descendió. Se adentró entre la muchedumbre y buscó el lugar correcto para poder entrar. Sin embargo, era imposible. Una gran manifestación se encontraba ante las entradas de la universidad. Una queja de alumnos que no comprendía bien.
-¿Eres nueva aquí?- Cuestionó una joven que la ayudó a escapar de ser aplastada- creo que hemos llegado en mal momento. Se me había olvidado por completo que este año todo el mundo había decidido hacer huelga por algo idiota.
Sintiéndose perdida, buscó con la mirada algún letrero que indicara la razón. Pero no encontró ninguno. La joven a su lado le sonrió con ternura y movió la cabeza.
-Al parecer el año pasado expulsaron a un profesor que era bueno en su materia; excelente. Los alumnos estuvieron totalmente en contra y no hicieron caso a nada, así que este año se han puesto todos de acuerdo y nadie quiere entrar a menos que el profesor regrese a impartir clases. Ah, por cierto- exclamó- Soy Ann Tachibana.
Ann Tachibana. Un nombre que se le gravó en la mente al instante y sabía que nunca podría sacar de ella. Unos ojos azulados, piel blanca y cabellos castaños claros. Sonrió tímidamente y rehusó la mano que le extendió.
-¿No te gusta que te toquen o eres demasiado tímida?
Buena pregunta y buena excusa en su mano.
-Tímida…
Solo que no esperaba que Tachibana ignorara eso y le palmeara el hombro comprensivamente.
-No te preocupes. No pasa nada que lo seas, pero tendrás que ser más fuerte si quieres seguir en el futuro. En fin… aquí no tenemos nada que hacer. Los de dentro no piensan dar su rienda a torcer y los alumnos son más fieles de lo que creen. La policía no tardará en llegar y expulsar a todos. Puede incluso haber heridos. Por eso te recomiendo que regreses a casa. Yo pienso hacerlo- añadió- si voy a perder el tiempo aquí, antes de que me detengan, prefiero ir a trabajar. Nos vemos mañana.
Y sin nada más, se marchó. Momoshiro se acercó a ella a lentos pasos, dejando caer un cigarrillo contra el suelo y pisándolo mientras expulsaba el humo.
-¿No hay clase?
-Eso parece- murmuró perdida- esa chica acaba de decírmelo.
Takeshi observó a Tachibana con cuidado, afirmando después y encogiéndose de hombros.
-Entonces es verdad. Ann nunca mentiría.
-¿La conoces?- Cuestionó asombrada. Él sonrió enigmáticamente.
-La conozco. Es mi vecina desde que tengo uso de razón. Incluso cuando me fui de la casa de mis padres se ancló a mi lado sin que ninguno de los dos no diéramos cuentas. Tiene su broma este destino.
Parpadeó y se sonrojó cuando descubrió lo secreto en aquellas palabras. Takeshi afirmó.
-Sí, me gusta- reconoció estirando de ella para salir del ajetreo. Ni siquiera se quejó cuando ella se apartó bruscamente- desde que era pequeño. Pero bueno. ¿Quieres ir a algún sitio? Ya que no tienes clases.
Humedeció sus labios y Takeshi pareció leerle los pensamientos, pero negó repentinamente con la cabeza.
-No puedo llevarte a donde deseas ir. Ryoma me mataría. Me fulminaría con la mirada o algo peor. Solo espera. Se paciente. Tarde o temprano descubrirás que pasa.
-Pero… estoy preocupada. Viene a las nueve y está tan cansado que no tiene tiempo ni de cenar. Y por las mañanas se va tan temprano que ni siquiera me despierto.
-Seguramente saldrá de su casa a las cinco de la mañana y cenar, cena- aseguró- no te preocupes.
¿Qué no se preocupara? Era imposible no preocuparse. Ryoma no dormía las horas necesarias y lo que estuviera haciendo le quemaba tanto que no podía ni llegar a la cama para dormir. Pero lo dejó a un lado. No tenía intenciones de contarle a Momoshiro sus preocupaciones y menos, demostrarle que realmente estaba preocupada por Ryoma.
-Creo que te llevaré a la biblioteca que está cerca de vuestra casa. Es bastante grande y te servirá a la hora de estudiar.
Aceptó gustosamente, aunque creía que no sería demasiado irrelevante, pues si las cosas seguían de ese modo, su casa sería el lugar perfecto para poder estudiar. Pero ver otro lugar del lugar soñado la hacía sentirse extrañamente feliz.
Momoshiro, satisfecho con sus respuestas, no solo le enseñó la biblioteca, sino que le mostró algunas de las tiendas de modas y económicas. Los cines, los parques tranquilos, lugares donde montaban los pequeños mercadillos, un buen lugar donde poder comprar cada día el pan y hasta una peluquería, aunque decidió que ella misma buscaría la suya propia tarde o temprano. Momoshiro podía ser bueno a la hora de pensar en lugares que mostrarle, pero no cuanto a belleza femenina se trataba. También, la llevó hasta el ayuntamiento para poder sacarse el bono del autobús y buscar un prospecto con las líneas y sus horarios.
Revisando los horarios, ambos buscaron las paradas de autobús más cercanas y la hizo memorizar correctamente las direcciones. La primera vez que dejó que ella lo guiara, terminaron tres manzanas más lejos y erróneamente. Por suerte, su nuevo amigo contaba con la paciencia suficiente como para soportarla y le volvió a repetir hasta que terminó por quedarle claro.
Y de nuevo, justo a las doce, Takeshi se marchó. Quedándose nuevamente sola, decidió arreglar la casa y limpiarla. Lavó la ropa sucia y la tendió. Fregó cacharros que denotaban claramente que hacía tiempo que no se utilizaban y buscó ropas limpias para la cama y telas para el sofá. Si Ryoma decidía trasnochar ahí, le procuraría algo suave y caliente. Así pues, colocó las fundas de pelo de oveja y preparó comida y cena para ella sola.
Extrañamente, comenzó a sentirse demasiado sola y el miedo de que alguno de sus progenitores apareciera durante una de sus distracciones, la hizo temer de vez en cuando. Para no sentirse sola, encendió la televisión. Quizás así podría enterarse si mañana había clases o no.
Y nuevamente, cuando salía de la ducha a las nueve, Ryoma regresó. La saludo con un leve movimiento de la cabeza, fijó sus ojos en el sofá y lo esquivó, tirándose de bruces sobre la cama y quedándose profundamente dormido.
Cielos, gracias a dios que no conduce, pensó asustada.
Lo cubrió con una manta y se acostó junto a él con sumo cuidado de no despertarlo. En medio de la oscuridad, sintió la fuerte necesidad de saber qué era aquello que mantenía tan cansado al chico, hasta el punto de olvidarse de ella. O no. AL fin y al cabo, era gracias a él que Momoshiro Takeshi siempre estaba pululando a su alrededor, preocupándose por ella. Pero aunque fuera de forma indirecta, prefería que fuera de forma directa.
Al día siguiente, Ryoma también se había marchado cuando se despertó y estaba cubierta con la manta que había utilizado para cubrirle a él. La ropa estaba en el cesto y el vaso estaba fregado y escurriendo sobre el escurridor nuevo. Y la gran diferencia de todas: Dinero sobre la entrada con un papel que simplemente indicaba que era para ella. Cuando revisó para qué, casi se quedó patidifusa. Ryoma estaba bromeando, ¿Verdad? ¿Cómo demonios iba a comprar ella… condones? Si Ryoma los necesitaba para su uso, que los comprara él y no la metiera en miedo.
Así pues, dejó el dinero junto a la nota en la entrada y abrió la puerta cuando el timbre sonó. La gran diferencia es que no era Takeshi quien le sonreía y saludaba con la mano. Casi dio un brinco.
-¿Qué tal? Vengo de parte de Momo. Me ha dicho que eres nueva en la ciudad y que necesitas que te guíen. Al parecer metió estrepitosamente la pata ayer y cree que una versión femenina te vendrá mejor que una masculina. Es capaz de llevarte a discotecas y pubs femeninos para hombres. Anda, vístete y nos iremos a lugares recomendables.
Todavía confusa, afirmó. Regresó hasta el dormitorio y comenzó a vestirse mientras escuchaba la voz lejana de Ann, revisando la casa con gran curiosidad y comentando cada cosa que le llamaba la atención. Cuando finalmente estuvo lista, Ann la arrastró hasta el exterior.
Si Momoshiro le había mostrado lugares cívicos para personas con justos requisitos de dinero, Ann le mostró lo contrario, las tiendas que justamente vienen al dedillo cuando quieres otorgarte un gran capricho. Y tenía que reconocer que más de un capricho quedó apuntado en su lista. Le mostró las bibliotecas más alejadas donde había mayor variedad de libros y solían traer bastantes ejemplares de libros de estreno, como sucedía con Terd Anderson, el hombre de corazón de hierro. Se sintió maravillada con la oportunidad e intentó memorizar las calles para después buscar el autobús que la dejara en la puerta. O al menos, lo más cerca posible.
Comieron en un restaurante barato y fueron al cine para ver un documental que agradó a ambas. Extrañamente, Ann compartía algunos de sus gustos y congeniaron enseguida. Le pareció que Ann y Tomoka eran como la noche y el día, pero ambas podrían encajar perfectamente. Su carácter no se vería mal cuando estuvieran juntas.
-¿Y bien? ¿Qué piensas hacer cuando termines la universidad? Tendrás algún sueño, ¿no?
Se sintió terriblemente incómoda, pero afirmó.
-Me gustaría poder escribir. Novelas románticas o de fantasía para niños.
-¿De veras?- Exclamó Tachibana incrédula- Eso es algo muy difícil. Yo no sé ni lo que habría que hacer para poder publicar algo.
Sonrió comprensivamente. Ni ella misma sabía lo que se debía de hacer. Ni si quiera había escuchado hablar de algún concurso o algo parecido. Pero esperaba poder informarse tarde o temprano el tiempo que durase su estancia en la universidad.
-Igual deberías de entrar en el taller de literatura de la universidad. La lleva un joven que es un poco inquieto, pero es buena persona. Le conocí el año pasado cuando fui a recoger un libro para la clase de literatura. Mañana cuando vayamos a la universidad te enseñaré el lugar. Ya le he prometido a Momo que seré tu guía durante tu estancia en la universidad.
Agradeció la intención, recordándose mentalmente la gran cantidad de gente que se encontraba en aquel lugar tan repleto. Esperaba profundamente que Ann le dijera los lugares menos habitados y en los que no se necesitara cercanía corporal y movimientos bruscos.
-Sakuno, perdona que te haga esta pregunta, pero… ¿te ha sucedido algo malo con las personas?
Se tensó automáticamente, mirándola con desconcierto. No había ido a Japón para ser juzgada por su pasado. Quería dejarlo atrás, aunque iba a ser difícil si siempre se imaginaba que uno de sus progenitores apareciera mientras estaba cocinando o duchándose.
-Yo…
-Es que Momo me dijo que procurara no tocarte o saldrías corriendo. Dice que eres como un pequeño animal asustadizo que no soportas estar con los seres humanos y cree que únicamente es con Ryoma con quien te relajas. No quiero ser oportunista, pero quiero saber a qué me enfrento.
La miró de forma curiosa.
-¿Saber a qué te enfrentas?- Ann sonrió.
-Exactamente. Igual Takeshi no te ha dicho nada, pero quiero ser psicóloga profesional. Creo que así puedo saber y comprender algunos pensamientos y formas de comportamientos de ciertas personas y entonces, reaccionar.
Movió la cabeza dubitativa. Por alguna extraña razón la imagen de Momoshiro se le apareció mentalmente. Sonrió.
-Pero también existen personas que no quieren que se sepan ciertas cosas.
-Ah, sí. Las llamadas carismáticas. Eso me recuerda mucho a Ryoma Echizen.
-¿También le conoces?- Preguntó sin poder esconder su curiosidad. Ann volvió a mover la cabeza afirmativamente.
-Sí. Momo y él son amigos desde que eran pequeños. Solo que Ryoma siempre era empujado por sus padres a trasladarse a España. Por alguna razón, pareció terminar por gustarle y se quedó allí. Aunque siempre estuvo en contacto con Takeshi y ahora que están juntos, es todavía peor que antes. Hasta el punto de metérseles en la cabeza una brillante idea que terminara por ser basura de alcantarilla como las de los demás.
-No comprendo.
Tachibana la observó fijamente, mordiéndose de vez en cuando el labio inferior. Se había dado cuenta de que tenía esa manía justo después de hablar o cuando había dicho algo que no debía. La miró con toda la curiosidad que le fue posible.
-Es decir: Un trabajo juntos. Un futuro. Vamos, que tienen pensado sacar adelante sus ideales en base a unión entre ellos.
Ladeó la cabeza. Quizás eso explicaba por qué Ryoma llegaba tan cansado y se iba tan temprano.
-¿Ya lo han hecho?
-No que yo sepa. Ryoma sigue por su lado, buscando trabajos sucios y Momoshiro está bien colgado de sus padres.
-¿Ryoma trabaja… trabajos sucios?
La mera idea de imaginárselo como un prostituto le vino a la mente como agua helada. Ann rio y negó con la cabeza.
-No, no, mujer. Me refiero que trabaja en otras cosas que no son los planes que ellos tenían. O eso creo. Ya te digo que Momoshiro hace tiempo que no me cuenta gran cosa. Desde siempre hemos sido amigos, pero últimamente está más extraño que nunca.
-Ídem.
-¿Perdón?- Exclamó Tachibana arqueando una ceja sospechosamente.
-Me refiero- tartamudeó- que Ryoma hace exactamente lo mismo. Se levanta demasiado temprano y llega agotado. Tengo miedo si se sacará el carnet de conducir. Podría tener un accidente de coche por cansancio y dormirse al volante.
-En eso estoy de acuerdo- corroboró Ann bebiendo un poco de té tras la comida- creo que deberías de hablar con Takeshi de eso. A mí no me escucha. Siempre lleva el coche vaya a donde vaya. Algún día leeremos una desgracia sobre él en los periódicos.
Entristeció las cejas con preocupación. No le hacía ninguna gracia que alguien a quien acababa de conocer y le caía bien, muriese en un accidente de coche. Ann intentó dispersas los temores de ambas con bromas sobre la comida y las tiendas que habían visto o el documental.
La llevó a la torre de Tokio y le mostró el panorama del lugar, dando crédito a las muchas historias que había leído sobre el lugar. Visitaron restaurantes donde jovencitas las atendieron al estilo mucama y rieron con los juguetes que les mostraron o las divertidas caras dibujadas sobre la tortilla. Casi sin darse cuenta, olvidó sus miedos y mostró su sonrisa.
Finalmente, como descansó, Ann ideó la idea de ir a tomarse una bebida y algún aperitivo a un antiguo local que había conocido gracias a Momoshiro, escondido en una de las muchas facciones de las galerías y muy visitado. Se preguntó si sería caro, pero cuando llegaron, el lugar era demasiado ruinoso como para pensar en tomar algo ahí. Ann se rascó la cabeza pensativa.
-Qué raro. Hacía poco que estaba en perfectas condiciones. No hará más de tres meses que Momoshiro y yo vinimos a tomar. Claro que había un cartel con se "vende" pero el dueño nos aseguro que nadie querría comprarlo así que no se marcharían. Podríamos preguntarles a ver si saben donde se han trasladado. Hacían el mejor té del mundo.
Afirmó y la siguió con miedo. Los cristales estaban pintados con pintura blanca para evitar que el exterior viera lo que sucedía dentro. Andamios y un fuerte olor a cemento las recibió. El sonido de un martillo golpear contra algo de metal las hizo dar un brinco, pero continuaron valientemente. Ann iba en cabeza y casi chocó contra ella cuando se detuvo en el umbral de madera de la puerta por la que provenía el ruido. La vio colocar las manos en la cintura y fruncir el ceño.
-¡Takeshi Momoshiro!
Se tensó automáticamente ante el nombramiento. ¿Qué hacia él en un bar en ruinas? Pero Ann continuó ahí, sin dejarla si quiera poder ver al hombre. Escuchó la voz de Momoshiro susurrante, indicándolas que se marcharan antes de que alguien las viera, pero Ann era firme en su decisión y continuaba quieta. Finalmente, las manos de Momoshiro se posicionaron sobre el hombro de Ann, empujándola con suavidad hacia fuera y tomándola a ella del brazo.
-Venga, fuera- invitó no muy cortés mente- te aseguro que luego en casa te lo explico todo. Pero ahora…
-¿Quién…?
-Tarde. Demasiado tarde.
Takeshi clavó los ojos sobre ella y suspiró derrotado, encogiéndose de hombros. Escuchó a la presencia tras ella chasquear la lengua y como Ann se volvía hacia Momoshiro, empujándolo para poder liberarse de su agarre.
-¿Se puede saber qué estáis tramando vosotros dos juntos? Creí que estabais trabajando como el resto de las personas. Echizen, danos una explicación.
Echizen… Echizen… ¿Ryoma?
Giró sobre sus pies y buscó con la mirada al joven. Ryoma suspiró al encontrarse con sus ojos y se golpeó la frente antes de dejarse caer sobre un cubo de pintura vacio y encogerse de hombros. Momoshiro fue quien terminó por hablar por encima de las exigencias de Ann.
-Solo estamos trabajando en el futuro, Ann. No queríamos que supierais nada hasta el día de la obertura. Maldición, lo siento, Echizen.
Ryoma torció el gesto y se encogió de hombros, mirando con distraída necesidad el bolígrafo con el que jugueteaba entre sus dedos. Ann no parecía demasiado convencida y cruzándose de brazos, parecía a punto de estrangular a ambos hombres.
-A ver si me entero. Momoshiro hace el trabajo sucio y Echizen la contabilidad.
-No- negó repentinamente el ojos lilas- Ryoma y yo. Ambos. Somos los jefes en totalidad. Pero, ¿Ves la hora que es? Es justo que los hombres descansen para comer, ¿no crees?
Tachibana hinchó los mofletes se descruzó de brazos y señaló la puerta con firmeza. Takeshi se frotó los cabellos y demandando que los excusaran, salieron. Ella se volvió hacia él.
-¿No podía saberlo…?- Cuestionó con torpeza. Él negó con la cabeza- ¿Por… por qué?- murmuró.
Ryoma se encogió de hombros, señalándola con la mano abierta.
-Tus asuntos- esta vez, guió la mano hacia él, apoyándola sobre su pecho- mis asuntos.
Frunció las cejas a la vez que parpadeaba, intentando comprenderle. Se sentía herida por aquella simple respuesta. Extrañamente sintió una rabia escondida crecerle por su espalda. Se encogió de hombros.
-Disculpa entonces. Me ocuparé de mis asuntos- Ryoma afirmó con la cabeza, pero ella no había terminado- y como dices: Tú de los tuyos. Así que por favor, no manipules a los demás para que cuiden de mí. Sé pedir un taxi.
Ryoma arqueó una ceja, mirándola incrédulo. Como si acabara de hacer algo maravilloso ante sus ojos. Se sintió intimidada por aquella sorpresa. Ryoma pareció recobrar el sentido y apretó los labios tan fuerte que se le formó una fina fila blanca entre ellos. Levantándose, llegó hasta ella en dos zancadas. Intimidad y con terror reflejado en su rostro dio un paso atrás y se agachó, cubriéndose con manos y piernas. Ryoma no se inmutó, se agachó a su lado y posó su mano sobre su cabeza. Tembló ligeramente, mirándole aturdida.
-Me vas a pegar…
No era una pregunta. Era una afirmación. Ryoma no perturbó su rostro.
-No.
-Sí lo harás. Algún día. Me pegarás igual que… igual que ellos.
-No- repitió quedamente.
No, es no.
-Entonces, ¿qué quieres?
-Mi pago- respondió esbozando una sonrisa altanera.
-¿Tu pago?- Parpadeó, confusa- Ah… ¿por el piso?
Ryoma afirmó con la cabeza, mirándola con seriedad. Negó repetidas veces e intentó retroceder, tropezando con un cincel y cayendo de espaldas al suelo. Por suerte, su cabeza no sufrió daños. Las manos de Ryoma impidieron ágilmente que esta chocara contra uno de los pies del andamio. Se lamió los labios, mirándola profundamente.
-Mi pago- repitió.
-No- negó rotundamente y con deseos de parecer firmemente fuerte. Pero Ryoma parecía peligroso y no en plan agresivo. Tragó- te pagué cuando llegue.
-Hace una semana- espetó él alzando las cejas- mi pago.
Tenía una forma bastante curiosa de pedir que se dejara besar. Era cierto que no podía esperar carantoñas o palabras románticas de Ryoma, pero siempre conseguía aplacar su frustrado miedo a ser golpeada por alguien y se mantenía firmemente cerca de ella para que no saliera corriendo. Se dio cuenta de que la tenía totalmente apresada en el suelo, con una mano cerca de su cuello y otra en su cadera izquierda. Ninguna otra parte de su cuerpo llegaba a tocarla y aun así, ella sentía que sí. Se estremeció y encogió su cuello con deseos de proteger sus labios.
-Me estás forzando…- tartamudeó. Ryoma pareció perplejo.
-Yada- negó en japonés.
-Hai.
-Yo diría que sí, Echizen. Esto no parece muy normal.
Sintió una terrible alegría al ver a Ann junto a la entrada. La mera visión de sus pies la hizo sonreír levemente. Ryoma se alzó, levantándola en el camino y alejándose de ella igual que si quemara. Aturdida, lo vio adentrarse en una de las habitaciones alejadas. Momoshiro regresaba del exterior, sujetando una llave inglesa entre sus dedos y sin mirarlas.
-Regresemos a casa. Se de otro lugar donde podemos tomar un té sin problemas- invitó Ann- lo necesitaremos. Después de ver cómo nos engañan como parvulitos. Y yo que pensaba que serían adultos. ¡Adultos, Momoshiro, adultos!
Siguió a Ann totalmente preocupada. No se había quedado tranquila con la situación y conociendo a Ryoma, era propenso de enfadarse con ella de una manera infantil pero dura. O al menos, eso pensaba. Últimamente estaba dándose cuenta de que muchas cosas han cambiado y si ese local estaba haciéndolo, comenzaría a odiarlo. Por mucho que Ryoma sintiera esperanza en ello.
-Ese… idiota- espetó Ann empujando la puerta del nuevo bar- nunca se da cuenta de las cosas. Hasta la más diminuta de las cosas que le pase tiene importancia. Odio cuando me esconde las cosas.
Se volvió bruscamente hacia el camarero.
-Eicchi, dos tés de jazmín- demandó.
La guió hasta una mesa apartada, detrás de unas cortinas. Miró todo con curiosidad y casi no prestó atención a la joven que no cesaba de acusar de mentiroso a Takeshi. Ann finalmente le sonrió, percatándose de su curiosidad.
-Mis padres regentan este restaurante desde hace tiempo. Momoshiro solía frecuentarlo cuando era pequeño y decía que admiraba a mis padres por su esfuerzo y prometió una loca idea a mis viejos- suspiró avergonzada- dijo que el día que consiguiera tener un local agradable con otra persona o él solo, me pediría en matrimonio. Era un crio de doce años y ahora, parece querer cumplir un sueño infantil.
-No es malo cumplir sueños infantiles- se atrevió a objetar. Ann frunció el ceño- De verdad… yo… yo sueño desde que era pequeña, la primera vez que vi a Rinko, con ser escritora. Y quiero cumplirlo. Ann… no me digas que no se puede. Quiero hacerlo. Y Momoshiro también.
-Sakuno- suspiró- lo que me preocupa es que quiera hacerlo simplemente porque quiera pedirme en matrimonio. No porque desee ese restaurante, ¿comprendes la diferencia?
-Lo comprendo- respondió al darse cuenta- ahora sí. Disculpa.
Sintió las mejillas arderle y agachó la cabeza en busca de esconderse de aquella mirada azulada y de la sonrisa divertida que se mostró en los labios de su compañera. Ann detuvo su conversación cuando el joven llamado Eicchi les trajo dos tazas de té con una tetera y pastelitos los cuales tuvo que reconocer que estaban deliciosos.
-Disculpa que recién llegada te metamos en estos líos raros. Pero me mata la curiosidad por saber qué hay con vosotros dos. Echizen nunca había sido tan provocador con otra persona y menos, con una femenina. Claro que la última vez que lo vi tenía trece años. Se ha puesto…- rió levemente-… muy apuesto.
Ladeó la cabeza dudosa. Quizás por haber crecido demasiado cercana a él, no se había dado cuenta de ello, solo cuando lo tenía demasiado cerca y demanda su pago. Era demasiado extraño que se lo hubiera pedido en ese instante. Observó a Ann de hito en hito. Quizás, podría cuestionarle el asunto. Tomoka seguramente armaría un gran griterío y todo el bar se daría cuenta de todo. Así pues, se lo contó. Ann se frotó el mentón pensativa, hasta que sonrió.
-Teniendo en cuenta que lleváis juntos desde hace una semana y lo único que ha hecho ha sido dormir cuando estabais juntos… bueno, es fácil la respuesta.
-Y… ¿Cuál es?- Preguntó inquieta.
-Simplemente: Te echaba de menos.
Parpadeó todavía más confusa que antes. ¿Echarla de menos? Imposible. Si estaban juntos en casa y siempre terminaban por dormirse. Ann rió entre dientes.
-Claro que sí, Sakuno. Piénsalo. Esta siempre tan agotado que no puede ni tenerte en cuenta y envía a otros para que te cuiden en su lugar. Si un hombre gusta de una mujer es lógico que ansíe tocarla. Ryoma ha tenido un momento de debilidad, claramente.
-Es… imposible…
-No lo creo. Si dices que tu pago para quedarte en su casa es besarle.
-Eso lo impuso él, pero cuando encuentre un trabajo, será otra cosa- indicó avergonzada. Ann sonrió.
-Entonces, ¿tú no sientes nada?
Se humedeció el labio, atrapando la taza de té entre sus dedos.
-No es que… no es que no sienta nada- explicó- simplemente es que… me siento aturdida. Antes lo sentí con Eiji, pero con Ryoma ahora tan cerca, siento un cosquilleo más poderoso.
-Amiga mía, eso se puede considerar amor.
Aquellas palabras la aturdieron y continuaron haciéndolo mientras cocinaba la cena de esa noche y se duchaba. Y no pudo evitar sonrojarse cuando él llegó a casa y lo esquivó. Ryoma no se sentó en el sofá para dormir y tampoco en la cama. Se dirigió directamente hacia ella y la encajonó en el armario. Ambas palmas fijas en la madera blanquecina y la mirada fija en ella. No alzó la mirada. No podía mirarle. Se estaba muriendo de vergüenza.
Alzó las manos con intenciones de empujarlo, pero no lo consiguió. Él continuó sin moverse un ápice. Firme y amenazador en sus deseos. Tembló. Sabía que no le haría daño, que no la golpearía y si tenía la justa medida de negarse a tiempo, Ryoma detendría sus necesidades. Eso podía utilizarlo en su favor.
-Ryoma-kun, no- rogó- no sigas. Hoy no.
Ryoma parpadeó, sopesando sus palabras y finalmente, dándose por perdido. Rodó sobre sus talones, se quitó la ropa y se dejó caer sobre la cama tras abrir las sábanas y colocarse un pijama de invierno. Sakuno jadeó, necesariamente necesitada de aire y estabilidad. Decidió, que esa noche sería ella la que no dormiría con él. Pero a mitad de la noche, mientras fingía dormir, Ryoma se levantó para ir al baño y la cargó hasta la cama. Seguramente, creería que podría tener alguna pesadilla y no se equivocaba. Se había despertado justamente ante el comienzo de una.
Al día siguiente, Ryoma se marchó tal sombra como siempre y ella, se levantó dispuesta a enfrentarse a su primer día de universidad. Ann fue a recogerla y la guió por el interior de las clases y los largos pasillos, alejándola del gentío. Durante la comida, ambas fueron a visitar el taller de literatura. Pero no había nadie.
-Iré a preguntar en la clase de al lado. Espera mientras aquí- indicó Tachibana con firmeza.
Y esperó. No tenía intenciones de moverse. Era capaz de perderse hasta si iba al baño. Abrió la carpeta con las nuevas tareas que sentía deseos de comenzar a hacer cuandito que llegara a casa. Pero una de sus uñas quedó atrapada en una de las tiras elástica de la carpeta y todo se desparramó en el suelo. Avergonzada por su torpeza y tras darse cuenta de lo que había sucedido, se agachó con el ruego de que sus piernas no crujieran ruidosamente.
-Vaya, ocurrió un gran desastre delante de la puerta- exclamó una alegre voz- ¡Llamemos a las ayudas!
Intentó no levantar la cabeza para ver quien hablaba de aquella forma tan animada y demostraba tener tanta energía y vitalidad en medio de una frase no muy cuerda. Pero él se agachó a su lado y comenzó a recoger junto a ella. Inquieta, le quitó las hojas y las guardó rápidamente en la carpeta. El chico pareció continuar observándola con detenimiento, sin moverse. Incluso se atrevió a alargar su mano y mover sus flequillos. Emitió un ligero gemido aterrorizada y retrocedió hasta que su espalda dio de lleno con la puerta del taller. Un ligero clic la hizo tensarse. Miró a su alrededor, pero algo golpeó con fuerza su cabeza.
El letrero del taller le cayó justo en la cabeza. Se llevó una mano hasta el lugar, viéndola borrosa. Algo húmedo le rozó la piel y la frente. El joven ante ella se movió rápidamente.
-¡Saku-chan!- Exclamó- ¡No te mires!
Demasiado tarde. Al ver la sangre rodar por su nariz, entró en pánico. El aire comenzó a faltarle y el miedo le hizo perder la razón de donde se encontraba. La oscuridad la invadió.
-Saku-chan… ¡Saku-chan!
-Tú… eres….
No logró terminar. Su cuerpo cedió al cansancio y al mareo del temor… Un vacio, que ya conocía.
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n/a
¡Wenas! Ya terminé este capítulo. Y con él, ya conocen por qué Ryoma no está durmiendo mucho. Llevaba trabajando en eso desde España y ahora que está en Japón, más todavía. En pocas palabras: Estaba preparando todo para Sakuno. Claro que pensad en su carácter y en la forma en que debió de planear todo. Sakuno lo desconocerá, por supuesto, puesto que está basado en su vida y no en la de Ryoma. Él solo forma parte de su vida.
Hizo buenas migas con Ann y descubrió porqué ella y Momoshiro actúan de esa forma y también, por qué un niño rico decide dejarlo todo para ayudar a Ryoma en su local.
Ahora, ¿quién será esa persona que ha visto Sakuno? ¿Lo recordará cuando despierte? ¿qué sucede con sus sentimientos?
Como siempre, más adelante :3
Gracias por sus rw y por su apoyo.
