Capítulo 7 Entre libros y profecías.

En los subterráneos del Juzgado de Grifón.

-Estas seguro que encontraremos el libro en este lugar?-

Yuzuriha estaba inquieta, ya tenían una hora caminando en esa especie de desagüe gigantesco y oscuro.

-Te dije que me dejaras venir solo, pero eres una desconfiada.-

El Dios llevaba una antorcha encendida en su mano y caminaba tranquilo en aquel túnel húmedo y tenebroso.

-Escucha seamos sinceros, tu no confiarías en alguien que amenazo tu vida por siglos?-

El moreno se dio la vuelta y miro tranquilo al rostro de la chica.

-Confió plenamente en Athena y eso que hace unos años la sentí como la peor amenaza del universo. Así que como puedes ver, la confianza es posible cuando te das una oportunidad.-

La chica suspiro resignada, mientras que le tomo la mano libre al joven Dios, dejándolo un tanto nervioso por aquella reacción. Más aun cuando la joven comenzó a bombardearlo con preguntas.

-Como es la vida de un Dios, en el inframundo?-

-Bueno mejor que hace unos años, sabes desde que cerramos el infierno, tengo diversas funciones.-

-Cómo cuáles?-

-Procurar una muerte pacifica, para aquellos que la solicitan con todo su corazón?-

Yuzuriha se sorprendió ante aquella idea.

-Quien puede pedir morir, aunque sea pacíficamente?-

-Quienes sufren por enfermedades dolorosas, quienes ya tienen una edad avanzada y saben de qué es el momento. En realidad todos merecen una muerte pacifica, sobre todo cuando has llevado una vida plena y gratificante.-

-Y qué hay de los que mueren asesinados, o en accidentes violentos?-

-Yo no puedo intervenir en el Karma de cada persona, cada ser humano tiene un camino único y toma sus propias decisiones.-

-Todo esto es tan extraño.-

Thanatos seguía en oscuro camino, mientras miraba discretamente a la mano de la chica que se apretaba a la suya.

-Vaya que lo es…-

-Que te gusta?-

La pregunta hizo que el Dios se parase en seco y tragase saliva, nervioso, nunca hubiese esperado una pregunta tan cercana.

-Te refieres a… pasatiempos?-

La chica sonrió coqueta.

-Un Dios tiene pasatiempos?-

-Bueno yo… no lo sé… suelo jugar ajedrez todos los domingos con mi hermano. En semana suelo ayudar a Hades a administrar lo relacionado con los tres juzgados. Atiendo las suplicas de quienes piden una muerte pacífica. Suelo practicar el yoga, aunque soy malísimo, pero la reina Perséfone se siente complacida cuando voy. Todos los días tomo 1 hora de consulta con mi Psiquiatra, aunque creo que ya va siendo hora de disminuir las frecuencias.-

-Es por lo de vuestro secuestro?-

-Si, además Hades no gusta que faltemos a nuestras sesiones. Fuera de eso no veo que más actividades puedo tener. -

Vamos solo eso?-

-Pues sí, qué más?-

-Vamos no puedo creer que no haya ninfas en el inframundo, con quién coquetear.-

No supo porque, pero las ideas de la chica lo hicieron sudar frio y tirar una nerviosa carcajada.

-Yo no soy como mi hermano Hypnos, yo no puedo cambiar de novia cada fin de semana.-

-Vaya hay una novia?-

-No! Digo no es que yo no lo desee, solo que no he encontrado mi… tipo.-

La chica comenzó a sentir frio, aunque su orgullo no le permitía expresarlo, el Dios noto que su tono de voz temblaba.

-Pero como no se me ocurrió, espera.-

La chica tomo unos segundos la antorcha y después se sorprendió de que el Dios se quitase su larga chaqueta de cuero negra.

-Ponte esto, ahora mismo.-

-Qué? Por qué?-

-El hecho de que seas un alma no quita de que tengas sensaciones, además el inframundo está hecho para que las almas se sientan como si aún estuviesen en el mundo mortal.-

Fue muy rápido en segundos el Dios recupero la antorcha y la observaba mientras ellas se ponía aquella prenda.

El aroma del perfume del Dios lograron ponerle la piel de gallina a la lemuriana y peor aún aquella mirada de esos ojos negros que parecían seguir cada movimiento que ella realizaba. La verdad ahora que se percataba era un ser bastante atractivo, quizás demasiado.

-Le agradezco, pero le suplico que no me mire de esa forma…tan…-

-Me preocupo por ti, estas muy descubierta y puedes caer enferma.-

Fue cuando ella se percató que aun llevaba aquellas ajustadas prendas de entrenamiento. Sintió bastante vergüenza, pero trato de simularlo dirigiendo la atención del Dios por otros temas.

-Es posible enfermar aun estando muerta?-

La simple idea la hicieron reír y el Dios solo sonrió ofreciéndole de nuevo su mano.

-Ya te lo dije, tu alma reaccionara como si aún estuviese en su antiguo cuerpo, este mundo fue creado para crear esa ilusión.-

-Y tú eres así, digo es tu verdadero cuerpo o lo que veo es solo un holograma?-

-Yo estoy en mi elemento, este es mi cuerpo y aunque parece igual al de cualquier mortal, tiene otra composición. Mis células son lumínicas y vibran a un nivel eterico constante lo que hace de mí un inmortal. Además de que soy capaz de modificar su acomodo y moverlas a donde mi pensamiento lo desee.-

-Ósea que puedes tele transportarte y cambiar de forma.-

-Sí, así es, pero me gusta mi forma original así que rara vez suelo cambiar de forma.-

En un instante escucharon un ruido que los detuvo en seco, la rubia se puso tras el Dios casi frotándose sobre su espalda. Tenía miedo.

-Qué es eso?-

-Parece una rata y una de buen tamaño.-

El hecho de ser una guerrera no impedía que la lemuriana tuviese sus miedos.

-No me gustan esos bichos, pero si hay que matarlos pues ni modo.-

-Nena no se puede matar en el mundo de los muertos, al menos no realmente.-

-Entonces?-

-Déjamelo a mí, solo espero que esa cosa no mida más de dos metros, sino será un trabajo tedioso.-

Los ojos de la chica se querían salir de sus orbitas.

-Dos metros!-

….

Atenas Grecia.

-Alba reacciona.-

Minos mojaba con el agua de una fuente natural el agitado rostro de su chica. La joven de cabellos aqua no tardo en volver en sí, dirigiendo su mirada al consternado juez.

-Vi a mi padre, pero era todo tan diferente. Me vi a mi misma, pero…-

-Pero…-

-Sentí algo horrible, mucho peor que la quimio que he recibido estos meses.-

Minos se sintió extraño ante aquella confesión.

-Qué dices?-

-Era un vacío asfixiante, era una sensación de repugnancia, como si yo misma me sintiese asquerosa o maldita.-

Minos la miro algo desorientado.

-Me viste?-

La chica levanto su ceja algo desconcertada.

-No, tú no estabas ahí.-

La chica se puso de pie, mientras el joven juez la seguía curioso con su mirada, la vio acercarse curiosa a los pies de aquel olivo de gran tamaño que permanecía en el límite de aquella vista panorámica. Ella se deslizo cayendo sentada junto al tronco de aquel hermoso árbol. Cerró sus ojos y se perdió en un océano de imágenes y de emociones.

Su mano pequeña se aproximaba a la de aquella mujer anciana y amable que le dejaba su comida en la mesa. A unos milímetros de tocar a aquella dama, otra mano mayor le intercepto, jalándole lejos de la anciana.

-Lo hemos hablado, si le tocas, le mataras.-

Lugonis era un maestro duro e inmutable con el joven Albafica.

-No estoy sangrando, ni siquiera estoy transpirando maestro.-

-Eres más letal que el veneno de una cobra furiosa, ese es nuestro destino ya deberías de aceptarlo.-

-Es horrible, porque Athena nos maldijo de esta manera?-

-Nacimos para servir a la Diosa y moriremos sirviéndole, no tenemos otro propósito más allá de ese. Somos guardianes, soldados y servidores, guárdalo dentro de ti y acéptalo de una vez. Solo tus rosas pueden comprenderte y completarte.-

Alba sentía que su corazón se afligía.

-No es extraño que en esta vida haya vivido una leucemia, qué infierno fue todo aquello.-

Minos se sentó junto a ella bastante extrañado de escuchar aquellas confesiones.

-Te refieres a nuestra…-

-Todos los días de mi vida tenía que vivir aislado, incapaz de tocar a ningún ser vivo. En una ocasión me atreví a violar las reglas y aquello me costó muy caro.-

El llanto afligido de un joven Albafica le ahogaba en su garganta, aquel hermoso gatito angora negro qué tanto apreciaba, ahora gritaba preso del dolor de su veneno.

-Lo siento tanto, solo fue una caricia, solo una…-

-Como no odiar tu sangre, cuando sabes que es la causa de tu maldición! No sabes cuantas veces me tuve que repetir a mí mismo que pronto terminaría todo aquello. Un caballero tiene sus días contados y en mi caso aquello era más una bendición. –

Minos la tomo de la mano con fuerza y le hizo volver su rostro a él.

-Eras un excelente caballero, te lo juro. Tú me detuviste antes de que sumase más asesinatos a mi turbio karma.-

Aquella frase le saco una triste sonrisa a la chica.

-Quieres que te vea como eras en aquel entonces no es así Minos?-

La chica se soltó de su mano poniéndose de pie, su mirada estaba perdida en el horizonte.

-Crees que el demonio, puede lastimarme más de lo que me hirieron mis propias cadenas?-

El no tardo en ponerse de pie.

-Vamos debemos tomar el autobús que nos dejara en Rodorio.-

-Quieres verme destruida, no es así?-

-Solo quiero que conozcas completamente a la persona con quien dices querer pasar el resto de tu existencia.-

-Y tú, qué hay de ti?-

-Yo qué?-

-Estas seguro que conoces a la creatura con quién quieres pasar la eternidad?-

….

Inframundo Casa de Garuda

Aiacos estaba vestido, listo y a tope en su despacho privado, por fin había terminado de alinear todos aquellos papeles.

-Listo ahora solo tengo que, organizar a las almas de los torturados.-

Una vocecilla nerviosa le traería de regreso a su presente.

-A qué hora te levantaste?-

-Hace una hora y quince minutos exactamente.-

El moreno no pudo evitar sacar su sonrisa más coqueta. Cualquiera diría que el juez había ganado diez años de juventud, aun con todo y su serio atuendo, la verdad se veía radiante.

-Te prepare chocolate y mande traer algo de pan dulce.-

Ella sonrió tímida, mas al recordar todo lo que habían hecho aquella noche.

-Aiacos solo quería disculparme por…-

-Nada de disculpas, no pienso tomar otras frases distintas a lo de hace unas horas. Me quieres y eso me basta y me sobra.-

-Debes pensar que yo…-

Como un resorte el joven se puso de pie y coloco suavemente un dedo sobre los labios de la chica.

-Lo único que mis oídos están listos a escuchar es un Si mañana mudo parte de mis cosas contigo.-

-No quiero dejar mi departamento, eso me da algo de intimidad.-

-No lo dejaras, solo que ahora dormirás aquí conmigo o yo contigo, pero no quiero que permanezcas sola. La nena tendrá una habitación en casa de mama y otra en casa de papa y si tú lo quieres en vez de que exista casa de mama y casa de papa podríamos compartir ambos nuestros sitios…-

Violette quedo algo sorprendida y para no dejar sitio a la confusión Aiacos fue directo al grano.

-Es hora de que creemos una familia y un patrimonio para la nena, no lo crees?-

Ella respiro profundo mirando con decepción sus puños vendados.

-Meg me va a matar, pero realmente quiero volver a tu Juzgado, a tu cama y a tu vida.-

-Tranquila yo me ocupare de todo, además estoy seguro de que Minos no tardara en volver.-

-Quien me preocupa es nuestro señor Hades, tengo pesadillas, no comprendo porque ahora no nos deja protegerle como antes?-

Aiacos se quitó las gafas, mientras se acercó a abrazar a su ala derecha.

-Supongo que nuestro señor también necesita probarse a él mismo su propia fuerza. Parece ser que esa Eris dejo cicatrices profundas en las almas de los dioses, así como en todo este universo.-

En los subterráneos del Juzgado de Grifón.

Ahí estaba el Dios de la muerte pacifica, junto a una legendaria guerrera de Athena, ambos estupefactos por ver el tamaño de aquella rata. Aunque viendo bien la situación Yuzuriha estaba muerta de miedo y Thanatos dejándose abrazar por la suave y muy bien dotada rubia. La chica estaba angustiada.

-Qué hacemos, esa cosa nos va a devorar!-

La verdad, quién tenía hambre era Thanatos, y no podía negar que Yuzuriha se veía deliciosa de todos los ángulos. Vaya que ahora se daba cuenta lo que produce la abstinencia. Desde el trauma psicológico que les dejo Eris, el pobre Thanatos tenía problemas para conectar con las féminas. Las ninfas le resultaban fastidiosas y repetitivas. Todo lo contrario a su hermano que se había vuelto y obseso por cambiar de Ninfa cada semana. Ahora estaba en una situación totalmente extraña junto al alma de una antigua rival de guerra, pero que extrañamente le parecía divertida e interesante.

Por primera vez se preguntó si quizás lo suyo era que en realidad le gustaban de naturaleza humana.

Es una lástima que la rata diabólica tiro un grito tan molesto que saco al dios de su profunda reflexión.

Thanatos encendió su cosmos y el animal se hecho furiosa sobre ellos, aunque su cosmos creo un escudo que rechazo al monstruo enviándola a varios metros de distancia.

La lemuriana señaló hacia un punto.

-Mira justo ahí!-

-El libro, vamos!-

Ahora la rata atraía a dos más de sus compatriotas, y esto le dio la oportunidad al Dios de desplegar un poco más de su poder.

Un poderoso rayo capaz de abrir un túnel y mandar volando por los aires a las tres bestias insolentes.

La rubia estaba sorprendida y bastante agradecida que no dudo en darle un fuerte beso en la mejilla al dios dejándolo más blanco que un cadáver. Yuzuriha salió corriendo para recuperar el libro y justo al tocarlo este desapareció de sus manos.

-Pero qué?!-

Thanatos corrió a darle alcance.

-Pronto déjame ver tus manos!-

-Es porque lo toqué? Voy a desaparecer!-

La chica estaba histérica y el dios la tomo con fuerza de los hombros.

-No, tranquila. Seguro y volvió al juzgado. Solo quería ver que no te hubiese dejado alguna marca o quemadura. Estos libros llevan energías muy fuertes.-

-Qué me va a pasar? Qué castigo me vas a poner?-

El Dios levanto la ceja sorprendido.

-Castigo?-

No pudo evitar que su imaginación le mostrara imágenes nada despreciables sobre los supuestos castigos que él deseaba ponerle personalmente a esa lemuriana.

Trago saliva al imaginarla esposada y presa de sus más bajos instintos. Unos cuantos azotes por desobediente, no le harían daño, claro que a mano y sobre su soberano regazo. En segundos la imagen de la chica con ropa interior rojo carmín muy sugerente, con el cabello suelto en cuatro patas sobre su cama suplicándole…

-He sido una mala chica mi señorrr…-

Aunque su fantasía se vio interrumpida por un buen pellizco de Yuzuriha.

-Se puede saber porque no reaccionas?-

La lengua se le trababa y del shock ni sintió tanto dolor, más bien fue vergüenza de sí mismo.

-Bueno… creo que debemos…-

-Ir al juzgado?-

El Dios respiro profundo tratando de volver en sí.

-Si eso, el juzgado…-

La chica lo tomo de la mano y ambos salieron corriendo de aquel sitio húmedo y deprimente.

En el Juzgado de Grifon.

Megera llego toda contenta después de haber dejado a Eris alias Enya instalada en su departamento, ahora tendría tiempo de ocuparse de sus dosieres y de averiguar cómo resolver su evidente descuido. Aunque la chica se sorprendió de encontrar el estrado algo maltratado a la vez de que una cortina estaba casi rasgada.

-Pero que rayos sucedió aquí? Donde está el Tío Thanatos?-

Después se aproximó al estrado para encontrar un libro , al tomarlo por la cubierta el libro le arrojo una extraña descarga.

-Qué diablos sucede aquí?!-

Uno de los guardianes del juzgado se hizo presente.

-A sus órdenes señorita Megera.-

-Se puede saber qué hace…-

Una voz algo angustiada la interrumpiría.

-Está ahí? Dígame que mi libro está ahí?-

Thanatos tomaba a Yuzuriha del brazo, para intentar calmarla.

-Si ahí está, lo ves.-

Meg solo miro confundida y no pudo ocultar su enfado.

-Si se refieren a este libro, creo que están en un gran problema.-

...

En el mundo mortal ciudad de Nueva York.

Morgane y Valentin se dirigían a la biblioteca central, la chica no dejaba de tener aquellas extrañas visiones que preocupaban de gran forma al espectro.

Buscaron desesperados entre los antiguos grimorios, pero nada les daba claridad. La chica se sintió guiada a buscar en un antiguo libro de profecías.

-Valentín mira…-

Se trataba de un antiguo mapa estelar que parecía ligar a las pirámides de Egipto con la constelación de Orión.

-Aquí están, lo ves. Es como en mi sueño las estrellas brillan con fuerza y después hay un choque entre dos astros. Una lluvia de cometas y el señor maligno de Orión propagara las tinieblas en nuestro mundo. Sin embargo esta el señor de las Pléyades, quién se fusiono con Sirus para convertirse en el Gran Sol. Dos fuerzas que se chocan, el portal será abierto a la hora cero. Sabes en mis sueños hay un monstruo, una enorme serpiente sin alma. Todo lo que toca lo devora, pero el hombre de rostro desfigurado quiere alimentar a la bestia y le dará a comer almas, viejas almas y así la volverá invencible. Ella lo destruirá todo.-

Valentín desplego un mapa estelar que venía adjunto con el libro.

-Por Hades, ahora lo comprendo todo!-

-Pues yo no explícame.-

-Tenemos que aprovechar la hora cero para recuperar a las almas que cayeron durante la vieja guerra de los tiempos. La guerra de la Atlantis, la caída del primer mundo. Eso es lo que mi señor Hades pretendía al mandarnos a Minos y a mí en tu plano.-

-Sigo sin entender…-

La única forma de recuperar a las almas perdidas de Atlantis es aprovechando la hora cero de la alineación después de la lluvia de estrellas, si no rescatamos a esas almas estas serán utilizadas para alimentar a esa cosa horrible que sueñas.-

-Tienes que ayudarme Morgan de alguna manera las almas te llaman y te escuchan.-

-Pero si el ángel de los muertos, eres tu mi Valentín.-

-Si pero yo no pertenezco al mundo de los vivos y solo los vivientes puedes abrir los portales nexos. Así es como opera Azrael por eso recluta a sus ángeles entre los vivientes. Se necesita un viviente o receptáculo y un ser multidimensional. Ahora comprendo todo, mi señor Hades no nos envió a Minos y a mí por azar. Alba es un receptáculo y tú eres el otro.-

-Y qué hacemos?-

-Debo contactar a Minos cuanto antes!

…..