Bonnibel PoV
Observaba detenidamente la caída de los copos de nieve mientras levantaba la mirada al cielo, hacia demasiado frio, lo suficiente como para notar mi respiración, "no cualquiera puede sobrevivir temperaturas como esta" pensaba mientras dirigía ahora la mirada a las barracas judías, a comparación de las nuestra, los hogares judíos eran de madera y paja, el frio penetraba sin clemencia por cualquier agujero descubierto, pobres personas, "¿cómo podían sufrir así?, ¿cómo es posible que una persona maltrate de esta forma a otra?" decía para mis adentros y cada vez que lo hacia mi pecho dolía, recuerdo que desde pequeña siempre me hice esas preguntas, pero casi nadie podía responderlas, solo una pequeño y amigable anciano con olor a pan de canela lo hacía, y su respuesta a mis dudas era "es la naturaleza humana, y hasta que las personas se den cuenta del error que comenten, estas calamidades ocurrirán siempre".
-¿Que mira tan detenidamente señorita? – pregunto una voz detrás mío, esa voz era gruesa y tétrica, un sonido que me asustaba, es entonces que lo sentí, un escalofrió me recorrió entera, era Petrikov el que hablaba.
- solo, recordaba viejos tiempos – respondí sin apartar la mirada de aquellas barracas.
- ¿enserio? ¿ y qué tiempos serian esos?
- tiempos de libertad – pronuncie y entonces una risa salió de sus labios, o mas bien, una carcajada.
- pobre chica tonta – se puso frente a mi persona y acercándose a mi dijo- los judíos no merecen y no tendrán esa llamada libertad, pues hare que en mi campo de muerte sean incinerados.
Nuestras miradas se chocaron, esos ojos azules me aterraban, esa mirada de muerte me aterraba, esas palabras me aterraban, estaba asustada, "incinerados", lo dijo como si quemar a una persona fuera la cosa más natural del mundo, como si deshacerse de basura se tratara, una lagrima descendió por mi mejilla y baje la vista
-levanta el rostro – dijo y entonces con su mano izquierda cogió mi quijada, dolía – quiero ver esos ojos verdes.
-Coronel – distinguí la voz de la mayor- suéltela – dijo de forma cortante
-estamos teniendo una conversación Mayor – hablaba el aun sin soltarme – ¿no es así niña?
- suéltela – repitió por segunda vez y entonces sentí que era empujada, agradezco haber reaccionado de forma rápida y así haber evitado una caída.
-que poco sentido del humor- reía Simón por lo bajo – ¿que no nos dirigíamos al edificio principal?
-así es, sígame – dijo ella mientras me miraba y con un suspiro continuaba caminando
Marceline PoV
-seguramente quiere saber el porqué de mi visita no es así Mayor? – pregunto el mientras tomaba asiento en el sofá y sacaba de bolsillo un puro
- sí, no puedo negarlo, tengo algo de curiosidad en saber porque repentinamente tomo interés en visitar el campo Flossemburg – dije mientras al igual que el tomaba asiento.
- una visita de camaradas, simple como eso
-ya veo, dulce, sírvenos un poco de alcohol, ¿ves ese estante situado a la derecha? Ahí encontraras copas y botellas, trae una de ellas – ordene calmadamente
Al llegar ella, note que trajo una botella de vino tinto y al juzgar por la botella sabía que era una buena cosecha, la mire y note otra vez lo hermosa que se veía, su piel blanca y ese cabello rosa, "que ser tan frágil", decía para mis adentros, sirvió el vino en dos copas de vidrio y dejo la botella en la mesa, retrocedió un poco y se colocó detrás mío como cualquier sirviente lo haría, eso me incomodo un poco.
-¿porque nos serviste vino? – pregunto Simón haciendo que saliera de mis pensamientos.
- porque el vino hace que una conversación sea amena, relaja los sentidos y tranquiliza el alma – respondió con una sonrisa y fue ahí que sentí mi corazón latir más a prisa
-¿quién te enseño eso? – preguntó nuevamente el, pero Bonnie no respondió – te pregunté algo niña – agregó Petrikov en un tono más alto.
- la persona que me lo enseño no es alguien a quien usted considere de su agrado – mensionó suavemente
-un judío – dijo Simón y entonces escupió en aquella frágil copa – y como se llamaba aquel que te enseño eso.
Otra vez no respondía, seguramente tocar un tema como ese la lastimaba, dirigí la mirada hacia el rey del hielo y note la ira que llenaba sus ojos, realmente hablar de judíos con el no era una buena idea, suspire, sabía que si Bonnie no respondía ese hombre podría hacer algo contra ella.
-responde dulce – ordene mientras tomaba un poco, el vino era bastante agradable.
-me lo enseño un anciano que cuido de mi desde que tengo memoria, Canela era su nombre – dijo ella y entonces Petrikov se levantó del sofá.
-esperemos que ese judío Canela este muerto – hablaba el entre risas – y si no lo está y llegara alguna vez a mi campo de muerte, le mandare saludos tuyos antes de…. – miro a Bonnie y acercándose a ella pronuncio - …bueno ¿eso ya lo sabes no?, lo que hacemos con los ancianos.
Dicho eso se dirigió a la puerta y salió del lugar dejándonos solas, gire para verla y en sus ojos solo había lágrimas, lagrimas que esos hermosos ojos verdes dejaban fluir, termine de tomar el poco vino que quedaba en mi copa para luego servir un poco más , me acerque a ella con la copa en mano se la extendí diciendo.
-ten Bonnibel, quizá ese hombre no sepa apreciar un buen vino cuando lo tiene en frente, pero yo no soy como él. -Se secó las lágrimas con un pañuelo blanco que le ofrecí y sosteniendo la copa tomo todo lo que esta contenía.
Salí de la habitación con Bonnie y Petricov fuimos a dar un recorrido por el lugar, pasamos por las barracas de hombres, las de mujeres, lo campos de cosecha que por el momento no estaban en uso debido al invierno, lo lleve a las canteras, para que viera las extracciones de granito, se le enseño también el sector de construcción de monumentos, pasamos por los administrativos, el almacén de víveres hasta llegar a las barracas arias.
-¿barracas arias? – preguntó.
-así es, aquí se encuentras aquellas que decidieron ayudar a los judíos o se opusieron al régimen de Hitler – dije
-¿usted señorita dulce pertenece a estas barracas?- pregunto Petrikov mirando a Bonnie
-sí, yo pertenezco a esta barraca.
-no me parece extraño, usted es muy hermosa como para ser una asquerosa judía – dijo el y luego continuamos el recorrido.
Petrikov PoV
La noche llego rápidamente y se me fue asignada una habitación en el hogar de la mayor, no quería dormir bajo el mismo techo que el de ella pero no había opción, el día fue bastante aburrido, nada me precio de mi agrado y no pude encontrar ni una falla en cuanto a su modo de controlar el lugar.
-coronel traje el documento -dijo un soldado mientras golpeaba la puerta
-déjalos sobre el escritorio y márchate – mencione
Había mandado a buscar información sobre la Mayor y la chica aria, no encontré nada relevante sobre Abadeer, buenas calificaciones en la escuela militar, proveniente de una familia de linaje militar, nada que desconociera, sin embargo de dulce si podía saber cosas nuevas.
-Bonnibel Bubbelgum – dije mientras leía toda la información.
Resulto ser que esa joven había crecido toda su vida con un judío, de padres alemanes los cuales fallecieron en un accidente de ida a la capital, sin hermanos ni parientes conocidos por ninguno de sus padres, buena estudiante con estudios universitarios en ciencias, conocimientos en música clásica y dominio de idiomas en francés e inglés.
-toda una mina de oro – menciono y entonces cierro el folder.
Salí de la habitación y me dispuse a recorrer el lugar, era bastante grande para una sola persona, tenía una decoración elegante y habitaciones bastante amplias, calculo que debieron pasar unos 15 minutos ya que me disponía regresar a mi habitación, pero entonces la vi "bendita mi suerte y maldita la de ella" sonreí ampliamente, pues nos topamos en pleno pasillo.
-debes estar maldiciendo tu suerte no lo crees Bonnibel – dije mientras me acercaba a ella, no estaba la mayor, lo que suponía una clara ventaja para mí.
-pero como lo…
-que, ¿lo de tu nombre? – la corte – sencillo, si algo me interesa solo averiguo.
-si me disculpa, debo regresar a….
Por segunda vez la interrumpo y la acorralo a la pared, era más que obvia nuestra diferencia en tamaño y fuerza, sostengo su cuello con una mano para que no pudiera hablar y con la otra desabrocho un poco su camisa, puedo sentir lo delgada que es, y la resistencia que pone ante mi agarre no es más que una burla para mi.
-por…favor – suplica – deténgase.
- ¿o si no que? – digo mientras mi mano libre continua desabrochando sus botones – solo se obediente y no dolerá mucho.
-no creí que usted fuera ese tipo de hombre – dice una voz acercándose a nosotros, que mujer mas inoportuna.
-vaya Mayor, no pensé que estuviera despierta digo mientras suelto a la chica dulce y ella comienza a toser, quizá estaba apretando su cuello muy fuerte.
-¿que bueno que aún sigo despierta no cree?
-en lo personal no me interesa – respondo y comienzo a caminar en dirección a mi habitación – jugare después con ella – termino de decir y desaparezco en la oscuridad de aquel pasillo.
Marceline PoV
Sé que debería estar molesta, sin embargo es más alivio lo que siento ahora, de no ser por dos de mis soldados más confiables quizá las cosas hubieran pasado a mayores, Bonnie está sentada justo a mí, la siento temblar, no debí haberla dejado ir sola por un poco de agua, esta vez la del error fui yo, por mi culpa ella…ella.
-me encuentro un poco mejor- dice y sé que miente, aun tiembla, aun respira agitadamente.
-dormirás conmigo – suspiro y nuestros ojos se encuentran – lo lamento – digo mientras inconscientemente mi mano se posa en su mejilla derecha y la acaricio un poco.
-pero solo hay una cama.
-¿crees que no lo sé?, es mi habitación.
-¿dormiré en el piso? – pregunta y a pesar de lo ocurrido me pongo a reír.
-¿eso quieres?, no seas tonta Bonnibel, dormirás conmigo.
-¿cómo lo supiste? – Pregunta – que estaba en problemas.
-como tardabas mucho, salí a buscarte, y en pleno camino dos soldados aparecieron y me informaron de tu situación, y al parecer ellos fueron informados por una de tus amigas.
-¿una de mis amigas?
-así es, al parecer flama vio que estabas siendo agredida y fue por ayuda, olvide decírtelo pero a la princesa del fuego la puse de encargada de un grupo de judíos para la limpieza de mi casa, se supone que debía estar en la sección de enfermería, pero este me parecía un buen lugar para que estuviera protegida de Petrikov
-gracias – dice ella y entonces entra en la cama, y yo, bueno, yo hago lo mismo.
"Cuanto tiempo estuve dormida", me cuestiono mientras perezosamente abro los ojos y veo por la ventana, aun se encontraba oscuro, seguramente abra pasado a lo mucho una hora, giro un poco la vista y tengo una preciosa imagen, allí estaba ella apoyada en mi pecho, acurrucada tan delicadamente, descansado mientras mi brazo izquierdo era usado como una almohada "en que momento nos colocamos así" me pregunto "bueno, eso ya no importa", me acomodo nuevamente y mientras jugaba un poco con ese hermoso cabello suyo caigo dormida una vez más sin embargo el miedo de Petrikov y sus palabras sobre jugar con ella más tarde atormentaban mi sueño.
Espero que les haya gustado el episodio, dejen sus comentarios allí abajo, eso es lo que motiva a escribir más.
