Capítulo octavo: En el que les dan a los hermanos alemanes el viaje de su vida

Austria va hasta el refrigerador, lo abre, rebusca un poco adentro y nota una mostaza. Sonríe tomándola y buscando en la estantería hasta que encuentra una lata de sardinas y una de anchoas. Abre las dos latas y las echa en un plato hondo, toma el bote de mostaza y se dirige rápidamente a la sala del piano mirándolo con malicia, porque, si bien no es el Bösendorfer, hay otro grande, porque el desesperado de Austria no puede vivir sin uno.

Levanta un poco la tapa de la caja del piano y mete el plato con las sardinas y anchoas adentro augurando que no volverán hoy mismo ni quizás mañana... en un par de días estarán echadas a perder apestándolo todo. Sonríe sintiéndose un poco mejor con esto.

Toma la mostaza y a la vieja usanza y enseñanza de cierto individuo de cejas gruesas y pobladas, sube hasta el cuarto de Austria poniendo la mitad del bote en su shampoo y la otra mitad en su crema de cuerpo, mezclando bien. Baja no más de cinco minutos más tarde, pasándose una mano por el cabello austriaco y sintiéndose mejor, aunque no estamos seguras de que eso vaya a funcionar, Austria vive con Prusia, pero si Francia se siente mejor así, está bien.

De todos modos, seguramente Italia quitará las cosas que huelan mal cuando las note, porque vive ahí y también es más que seguro que Prusia haya intentado hacer menjunjes antes muchísimas veces y que eso tenga a Austria sobre aviso, pero se hace lo que se puede.

Francia, que estaba muy feliz tirando el bote de mostaza cuando nota todo eso, deja de sentirse tan bien. En fin...

Alemania le mira al bajar las escaleras, con Prusia ya en el garaje preparando el coche para irse los tres juntos. Austria sale así sin maletas, para la sorpresa de Alemania.

Italia y su sexto sentido, llega dando saltitos y se planta frente a la puerta por la que van a bajar al garaje. Alemania pega un saltito, porque además con los nervios no ha ido a despedirse ni nada.

—Ehh... ehh... Italien —murmura sonrojadillo.

Ciao, caro mio.

Austria sonríe un poco de lado, notando la incomodidad del alemán, quien carraspea sonoramente.

—Hasta luego, Italien.

El italiano se le acerca y le pone las manos sobre el pecho, un poco de puntillas. Alemania traga saliva y Austria les sigue mirando de ESA manera incómoda. Le cierra un ojo a Alemania quien se echa un poquito hacia atrás desviando la mirada entre Italia y Austria.

Italia frunce el ceño al notar que se aparta y mira a Austria de reojo. Éste se encoge de hombros haciendo cara de inocente, haciendo que Italia entrecierre los ojos con ese gesto y que se vuelva a acercar al alemán.

Alemania mira a Austria de reojo otra vez quien le cierra un ojo de nuevo. El alemán se sonroja apretando los ojos y dándole un beso rápido a Italia en los labios. Italia frunce más el ceño y besa a Alemania como es debido tomándole de la nuca.

Alemania se deja besar y de hecho besa a Italia un poquito más efusivamente que de costumbre antes de separarle también más pronto que de costumbre de los hombros.

Il signiore está raro, no te fíes —advierte Italia en un susurro mirando a Austria antes de separarse del todo. Alemania le mira a los ojos pensando que raro es realmente POCO decir de lo que está Austria.

Italia se va por donde ha venido, tan feliz.

Prusia da un par de bocinazos con el coche y tras notar que bajan y Austria no lleva equipaje se encoge de hombros. Cuando su hermano se sienta a su lado empieza el segundo concierto de miradas y carraspeos mientras vigila por el retrovisor al señorito pensando en lo que le ha dicho antes de que es Francia y en lo que ha dicho España, ¿sería verdad? Por ahora parecía bastante apacible ahí sentado en el asiento trasero del Audi.

Austria hace cara de desinterés protestando de vez en cuando por alguna cosa, subiéndose las gafas en el gesto característico cada cierto periodo de tiempo.

Si el antiguo Austria era un grano en el culo, éste era como cien veces peor, parecía Francia o España realmente, cuando se ponían densos, con la diferencia de que España y Francia eran sus amigos y podían ponerse densos y venga, ¿a quienes no le gustaban? Pero no el señorito, el señorito no le gustaba nada de nada, aunque no le había reñido en todo el día y le había dado las gracias, eso había sido flipante... y le dijo que es awesome, bueno, obviamente lo es, pero...

—Vas a bajarle al aire acondicionado, Preussen —pregunta Austria en su interpretación e imitación de la orden a modo de pregunta—. Veo que tu capacidad para regular tu temperatura corporal no ha ido en aumento.

Prusia no hace caso porque él está conduciendo y es alemán y eso le toca al copiloto que, mira por donde, es el otro alemán.

Alemania le baja al aire acondicionado mirando a Austria de reojo. Realmente parecía normal cuando se ponía en éstas... pero hacía rato lloraba. Sí, LLORABA. Y antes había estado el asunto de estar desnudo... y lo que dijo Prusia. Le mira otra vez.

Al llegar, Prusia aparca en el estacionamiento y andan en silencio haciendo todos los trámites hasta la cola de embarcar.

—¿Tienes algún problema en el cuello, Deutschland? —pregunta Austria a Alemania en la cola de embarcar al ver que le mira por vez seiscientos veinte. Prusia mira a Alemania sin saber de qué habla Austria.

Nein, nein —carraspea porque él sí que sabe qué lleva todo el camino mirándole de reojo. Austria mira a Prusia por un instante y se quita una pelusa del saco.

—Bien, según los billetes, yo voy en pasillo, West, en el centro y el señorito, en ventanilla —comenta Prusia inventándoselo según le conviene.

Austria le mira sonriendo un poco de lado pensando que no tiene NINGUNA intención de ponerse en la ventanilla. Le da una palmadita en el culo en cuanto entran al avión para que él sea el primero que camine por el pasillo.

Prusia da un salto mirándole de reojo y hace un ademán de algo... que se pierde en la lejanía, tragando saliva, cuando llega a los asientos, intenta ponerse hacia adelante para dejarles pasar, pero hay una niña de como trece años, hablando por el móvil idiotamente con la maleta en mitad del pasillo, esperando a acabar de hablar para subirla sin dejarle espacio.

Preussen, ¿se puede saber qué es lo que haces? —Pregunta el austriaco, que ha pasado después que él, con cara de hastío.

—Intentar dejarte pasar a la verdammt ventanilla, señorito —responde Prusia fastidiado también, mirando cómo la niña está en un infinito bucle de "cuelga tú, no, cuelga tú" y "yo te quiero más, no, yo te quiero más".

—Pasa tú, que si me pasó yo primero verás cómo mis regiones vitales y tus regiones vitales van a quedar tan pegadas que irás incómodo en todo el camino —indica Austria en alemán y con aire de desinterés Prusia parpadea pensando que no ha oído bien.

Austria hace los ojos en blanco, le pone una mano en la cintura y se pone frente a frente dispuesto a plancharse en Prusia para pasar delante de él con el pretexto de que el espacio es pequeño y entre la niña y los demás asientos si pretende que Austria se pase primero va a haber mucho contacto físico.

Prusia sostiene el aire de golpe al sentirle de nuevo tan cerca, haciendo para separarse en la única vía de escape, que es meterse primero en la fila de asientos.

Austria sonríe conforme y empieza a entrar a su lugar, consiguiendo que avance un paso la fila que va atrás de Alemania. Cuando está a punto de sentarse hace un movimiento de vacilación y sale un poco otra vez al pasillo, atrapando a Alemania entre sí y el señor de atrás que tiene cara de pocas pulgas.

Prusia nota que ha quedado sentado en la ventanilla, atrapado, mientras saca su consola portátil para jugar...

—Eh, West! ¡Pasa aquí a mí lado! —pide Prusia.

Deutschland —Austria medio susurra, pegándose a él.

Alemania levanta las cejas y vacila haciéndose un poco para atrás, enterrándose el maletín del hombre tras él a media espalda, sorprendido de que Austria esté tan cerca y prácticamente... No, de hecho no prácticamente... Es esa la mano de Austria en su pecho. Parpadea sonrojándose.

Prusia le mira nervioso, sin saber qué hacen y para el absoluto e irrefutable asombro del alemán, Austria se pone de puntas y le da un beso suave en los labios antes de separarse, sonreírle y sentarse en su lugar, tan tranquilo.

Prusia se queda paralizado al ver eso, parpadea un par de veces y ni siquiera atina a poner una sonrisa maliciosa. Y si Prusia se queda paralizado, Alemania debe convertirse en mármol. Mármol rojo.

El albino abre y cierra un par de veces la boca como si fuera a decir algo, luego acaba por humedecerse los labios y volverse a su consola pensando que algo debe estar mal con él, pero eso no puede ser porque él es awesome y...

Deutschland. El pasillo —suelta el austriaco medio en alemán medio en francés porque está tratando de no descojonarse. Y ése es el punto en que Prusia vuelve, haciendo brillar su colmillito.

West! Estás todo sonrojado —se burla.

NEIN!—Alemania salta volviendo a la tierra y sintiéndose de trece años otra vez. Mira sus opciones... Que son NULAS y se sienta rápidamente en su lugar. HIS-TÉ-RI-CO. Prusia se ríe malignamente con esa respuesta y Austria hace un esfuerzo enooooorme por no reírse, fallando miserablemente. Termina riéndose un poquito CON Prusia por primera vez en su vida.

Prusia nota que Austria se ríe y se motiva más.

—¿Por qué estás tan nervioso, bru? —le pregunta a Alemania en burla, llamándole como le decía cuando era pequeño.

—No estoy nervioso. ¡Y no sé qué es lo que les pasa a ambos! —Protesta Alemania sin mirarles en modo trágame tierra. Así que Prusia se ríe más.

—Uuuuuh, se lo voy a decir a Veneciano —suelta, porque cuando no es con él, esto es divertido. Y Austria le pone una mano en la pierna en un movimiento natural, riéndose aún y tratando de controlar su propia risa y la de Prusia.

Así que Prusia se atraganta de golpe, empezando a toser.

Austria sonríe un poco más tratando de darle golpecitos en la espalda y acariciándole en el camino el cuello con la mano de los golpecitos y más la pierna ahora con la otra mano. Prusia hace un gesto con la mano para indicar que ya está bien, carraspeando y recomponiéndose.

Austria le quita la mano de la espalda y aprovecha el viaje de la mano de regreso a su lugar para pasarle un dedo por la espalda, y acariciarle un instante el cabello de la nuca, lo que a Prusia le provoca un escalofrío que le hace carraspear de nuevo, incomodillo, volviendo a buscar su PSP.

Alemania sigue mirando al frente con las manos en las rodillas, rojo como un tomate y mientras Prusia tose se lleva una mano a los labios rozándoselos suavemente. Carraspea otra vez cuando Austria toma la revista del avión y empieza a hojearla, rezando para que no le hable, no le mire, no le NADA.

Prusia se pone a jugar y distraídamente se lleva la mano a la nuca donde le ha acariciado, casi sin notarlo, se pone los auriculares para oír algo de Rammstein lo bastante fuerte para calmarle y hacerle olvidarse de estas cosas raras.

Un rato más tarde, Austria toma el auricular de la oreja de Prusia y lo levanta.

—Vas a quedarte sordo si sigues oyendo esto tan fuerte.

Prusia le mira de reojo, hace los ojos en blanco y sube al máximo la música que no tenía a todo volumen, sonriendo de lado. Austria le acaricia la mejilla y le sonríe. Prusia levanta las cejas, porque no era ésa la reacción que se esperaba.

—Yo lo digo por ti, no por mí en realidad —Austria sonríe más, pasándose una mano por el cabello evitando a Mariazell que en la mañana ya ha visto mientras estaba en el baño cuáles son sus efectos—. Quizás podrías quitarte los audífonos y hablar conmigo, mejor. ¿Qué juegas?

—Ehm... nein... yo creo que... —Prusia se vuelve a su consola sin querer contestar, nerviosito y le mira de reojo un par de veces mientras un par de cosas explotan en el juego porque no está prestando atención. Austria mira el juego y luego se dedica a revisar a Prusia con interés, como gato mirando a su presa.

Prusia protesta con un par de tacos así suaves en plan alemán, pero que suenan como muy bestias con su voz de general nazi. Arregla el problema con un par de combinaciones de botones complicadas y vuelve a mirar a Austria de reojo al notar que no deja de mirarle.

Austria ni se inmuta con los tacos en realidad, porque ha visto a Prusia jugar a la consola un par de miles de veces sin que le genere ninguna sorpresa. Le sonríe a Prusia cuando le mira.

—Insisto que deberías dejar de jugar a eso y hablar conmigo. ¿Hace cuánto no hablamos amigablemente?

—Mira, es un juego de guerra, ¿vale? —le muestra la pantalla quitándose los auriculares—. A ti no te gustan, ¿vale? Así que déjame jugar tranquilo.

Nein, ciertamente los juegos de video en términos generales me parecen bastante aburridos. ¿Cómo vas con Ungarn?

—¿Por? ¿Estás celoso? —pregunta malicioso mientras sigue jugando.

—Ehm... bueno, no me molestaría en lo absoluto ser yo el que se acuesta contigo en vez de ella —indica sonriendo de lado, malicioso.

W-was? —Le mira de reojo incrédulo y algo vuelve a explotar en la consola.

—No me dirás que no lo has pensado nunca... realmente no tenemos nada en común, pero el sexo sería espléndido.

Prusia sigue mirándole con cara de susto/incredulidad, pero ahora se sonroja.

—Por supuesto tú eres incapaz de aceptarlo —gesto de desinterés—. Pero sabes que es cierto.

Ich... I... ch... —risita nerviosa. Austria sonríe.

—Es increíble lo nervioso que te pones.

—Ya... ya te he dicho en casa que a mí me gusta Ungarn —se centra en esa idea con fuerza.

—Ya sé que a ti te gusta Ungarn. De hecho, como te he dicho antes, tú y yo no tenemos absolutamente nada en común, pero no puedes negar que vas a soñar con el beso que no nos dimos.

—Claro que no voy a soñar con nada, tú no me gustas nada, no eres awesome como yo —vuelve a reírse nerviosamente. Austria vuelve a ponerle una mano en la pierna y a acariciar un poco.

—Puede que te creas a ti mismo algún día si te lo sigues repitiendo.

Prusia aprieta con los pies contra el suelo del avión, tensándose y vuelve a reírse sin saber qué decir a eso porque no está seguro de haber entendido del todo a qué se refiere. Austria le quita la mano de encima y señala el juego.

—Bien, sigue jugando a la consola, y no vuelvas a pensar nunca más en mis labios sobre los tuyos.

Prusia carraspea y DE VERDAD trata de volverse al juego. Huelga decir que falla miserablemente.

Austria se gira a Alemania quien, quiero decir, tiene una fortaleza a su alrededor fabricada con hojas de papel periódico que está... "leyendo".

Deutschland...

El periódico salta.

Deutschland, necesito caminar un poco. Déjame salir.

El periódico se mueve un poco más, aterrorizado, pensando que quizás le bese al salir otra vez. Alemania se quita el cinturón de seguridad y se levanta con todo y el periódico extendido, dejando caer unas hojas y todo.

Dankeschön —agradece Austria sin poder no reír al ver el desastre que hace el alemán. Austria mueve un poco las caderas caminando sobre el pasillo y Alemania no puede evitar mirarle un poco antes de sentarse, otra vez con los ojos abiertos y sonrojado.


No te olvides de agradecer a Tari la edición. Me encanta este capítulo! De hecho, Tari nos hizo un fanart cuando lo editó. a ver si lo subo al perfil ahora que ya no es spoiler.