YAAAAAAAA... Hola (?) Si, me retrasé 8'D Pensé '' Ahora que estoy de vacaciones tendré más tiempo para escribir''... Bueno, suena bonito (?) pero resulta que no fue así. No me di el tiempo y aaah bueno, pasó esto. Lo siento . espero no se repita, y sin más bla bla explicativo, los dejo con el capítulo. Espero les guste c:

Hetalia no me pertenece, pero tu cama sí.

¡Ahí va!.


Dio la vuelta una chica de cabellos rubio ceniza, rostro y expresión bastante fríos. Ojos violeta y de alta estatura…

Le expliqué las razones por las cuales lo había hecho, y no tengo idea lo que lo llevó a perdonarme la vida. Me ofreció dinero para construir una fábrica y así tener lo suficiente para vivir y para devolverle el dinero poco a poco. Al principio todo parecía un éxito, pero el destino quiso que robaran en la fábrica y la destruyeran por completo… Ahora si nos habíamos quedado sin un peso, y no quería volver al antiguo estilo de vida. El Señor Kirkland se enteró de esto, y le pedí si podría recibirlos a ustedes. Accedió pero siempre y cuando se cumpliera una condición: Servirle a su hijo. Lo que más me importaba era que ustedes estuviesen seguros, así que acepté el hecho de que fueran sirvientes, y con eso, la deuda estaría cancelada.

No sabía si estar enojada, feliz o agradecida. Su padre había hecho lo mejor por ellos, pero su inmadurez la llevó a actuar de forma terca y así se retiró a su cuarto. A las horas, Alfred entró a su habitación para comunicarle algo:

-Hermana, partimos mañana.

-Su nombre es Natalia, y quiero que trabaje como tu sirvienta.

-¿Sirvienta?- preguntó extrañado el inglés- Creo que no necesito a nadie más- miró a todo el grupo de sirvientes que tenía tras él.

-Será tu sirvienta- insistió en voz más alta este- Trátenla como si fuera un miembro más de la familia- aunque en realidad lo era.- Estaré visitándote algunos días hijo. Quiero ver como sale todo.- El inglés le respondió con una sonrisa fingida e incómoda haciendo una leve reverencia. Fue imitado por sus sirvientes también. El padre se retiró y el número de personas ya no se trataba de seis, sino siete.

Se pudo percibir la incomodidad en el momento. El silencio reinaba en la mansión y todos eran presa de este, sin saber qué palabra intercambiar con la nueva persona que ahora ocuparía un lugar en la casa.

-Bien- por fin interrumpió el inglés- Mañana repartiremos cargos. Ahora todos a dormir- recibió una respuesta afirmativa en conjunto por parte de los demás.

Todos tenían intenciones de retirarse, menos Emily, la cual quería intercambiar diálogo con Natalia. Parecía tener su misma edad, y todas las otras eran ya mujeres mayores. Podría ser su oportunidad de tener una amiga. La detuvo tocándole la espalda, y cuando esta sólo giró la cabeza por sobre su hombro para mirar, Emily estiró su mano sonriente.

-¡Bienvenida~! Soy Emily, espero que podamos llenarnos bien. Somos las únicas jóvenes aquí, lo demás está lleno de abuelitas y señoras mayores- susurró lo último, pero de lo que no se daba cuenta Emily ya que no dejaba de hablar, era que la chica de cabello ceniza iba curvando sus labios cada vez que la escuchaba, en señal de enojo y rechazo. La chica hablaba mucho, y esa personalidad tan… Extrovertida la sacaba de quicio. Para responderle volvió a girar su cabeza para no mirarla. Le desagradaba verla.

-¿Puedes callarte? Eres bastante ruidosa.

-Oh, disculpa- rió bajo la chica y comenzó a susurrar- Bienvenida, soy Emily, espero podamos llevarnos bien~- dijo casi el mismo dialogo pero esta vez susurrado, pero a pesar de eso, Natalia ni se había girado a mirarla. Al parecer tenía unas costumbres extrañas, pues creía Emily que le gustaba hablar dando la espalda.

-No me interesa, sólo vete- agregó bastante calmada antes de comenzar a caminar, pero con una frialdad y dureza en sus palabras que Emily se sorprendió levemente por ello. Nunca había conocido a alguien tan poco amigable y tan fría. Se encogió de hombros y lo dejó atrás, seguramente mañana la chica nueva despertaría de buenas.

Nuevo día, la misma en pie ejerciendo su labor. Ahí estaba Gilbert preparando las cosas del baño a Arthur. Ahí estaba Alfred limpiando la sala de estar. Ahí estaban Feliciano y Lovino en la puerta siempre atentos. Ahí estaba Emily, esperando que Arthur bajara para servirle el desayuno.

-Anunciaré algo luego. Quizás no te guste, pero serán las reglas- como respuesta de la chica, esta frunció el ceño y no pudo evitar preguntar sobre qué trataría todo. Este rió leve y respondió: - Es una sorpresa.

Cuando Arthur terminó de desayunar, llamó a Emily para que fuese a retirar las cosas.

-Reúnanse todos, hay un nuevo aviso- llamó la atención de los sirvientes. Se reclutaron frente a él, todos en una fila en correcta formación- Habrá cambio de labores.- Algunos se miraron y se preguntaban en voz baja el por qué. Arthur los hizo callar para comenzar a explicar.

-Y se viene el gran evento.

Arthur se refería al baile real que él mismo realizaba en su mansión una vez al año, sólo para que los del pueblo y la ciudad se divirtiesen un poco, ofreciendo buena comida y música la cual era acompañada de divertidos bailes. Su padre lo acompañaba en aquella ocasión y con un propósito diferente: encontrarle una acompañante. Arthur ya tenía veinte y un años y como hombre a esa edad, era suficiente de soltería y era buen tiempo para tener una mujer. En los tiempos antiguos las cosas funcionaban así. Se acordaban asuntos entre familias y se llevaban a cabo las bodas de los hijos, pero Arthur tenía autoridad y opinión, y él le dejó bien en claro a su padre que prefería que las cosas fluyeran y que no todo se tratara de acuerdos. Su padre accedió a aquello, pero a cambio de eso Arthur debía de bailar con las señoritas en su evento.

-Y como ya saben, será igual a todos los años. Los de la cocina se quedarán ahí, y los demás servirán y atenderán a los invitados. Espero que lo hagan bien y no me fallen. Por cierto- recordó el inglés- Hoy tenemos a una nueva integrante. Bienvenida, Natalia- todos aplaudieron y esta hizo una leve reverencia con su cabeza.

-Estarás a cargo de lavar platos. Emily, tú harás también el aseo en mi habitación. Gilbert, Lovino, Feliciano y Alfred quedan igual, los demás también. ¡A trabajar!.

Todos volvieron a sus labores, pero una chica se quedó en donde se había formado, y se trataba de la rubia de ojos azules. Estaba de brazos cruzados con su ceño fruncido y sus mejillas levemente infladas. Arthur, al ver este gesto tan infantil, no puedo evitar reír algo divertido.

-¿Qué sucede? ¿No te gustó la sorpresa?- como respuesta la chica negó con su cabeza manteniendo la misma expresión.- Reglas son reglas- se encogió de hombros y le apuntó con la cabeza, su habitación- Está algo desordenada- entrecerrando más sus ojos y mostrándose más molesta, subió Emily de mala gana las escaleras para ir a limpiar y asear aquella habitación. El inglés no se iba a negar que le gustaba hacerla enfadar y que le provocaba gracia. Molestarla un poco más sería divertido y no le haría mal a nadie.

-No tengo idea de por qué tengo que limpiarle la habitación a ese cejotas si él no hace nada por mí, además debe estar lleno de cejas por aquí- reclamaba en voz baja mientras doblaba y ordenaba algunas prendas de ropa y las dejaba una sobre la otra, haciendo todo de manera brusca. Con un paño fue sacudiendo muebles para quitarles el polvo. Luego tomó la escoba para barrer la habitación, pero todo de mala gana.

-Un poco de ánimo haría las cosas más entretenidas, ¿no crees?- preguntó el inglés cruzado de brazos mientras se apoyaba en el marco de la puerta. Emily se detuvo apenas escuchó su voz y lo miró bastante indiferente.

-Dices eso porque nunca has limpiado- se acercó a él y le pasó la escoba- Vamos, el Señor debe saber hacerlo- sonrió desafiante mientras alzaba una ceja.

-Lo siento- se negó el inglés- Sólo vine a supervisar. Además, un sirviente no puede ordenarle a su jefe. Eso está prohibido.

-¿Y eso qué?- preguntó le chica, aun manteniendo estirada la escoba- Todos tienen una primera vez- sonrió algo maliciosa. El inglés levantó las cejas de lo impresionante que le había parecido la actitud de la chica. Bastante valiente y atrevida.

-¿Sabes?- se acercó este hacia donde estaba la ropa que la chica había doblado- Creo que te faltó un poco por aquí…- y con un movimiento bastante rápido, botó la ropa que la chica había doblado al suelo. Esta, al observar todo, se indignó de inmediato.

-¡Es injusto, tú lo botaste!- reclamó mientras apuntaba la ropa en el piso. Arthur la miró sonriendo relajado. En verdad que la chica era bastante divertida, pero la dejaría tranquila para que pudiese terminar.

-Espero mi té a las cinco~- dijo este mientras se retiraba. Emily se quedó mirándolo llena de furia hasta que este se retiró. Tomó su escoba e hizo un ademán de que lo saldría persiguiendo con la escoba en alto, pero luego se arrepintió. Entre más rápido terminara, menos tardaría en estar libre.

Las cinco y treinta. Arthur ya había terminado de beber su té y comer sus scones, ahora Emily le retiraba las cosas. Cuando iba caminando hacia la cocina para dejar la bandeja en esta, Natalia pasó a su lado con intenciones de ir a otro lugar, y también con el objetivo de pasarla a llevar, porque así lo hizo. Emily perdió un poco el equilibrio y algunas cosas como la taza se dieron vuelta pero sobre la bandeja. Feliciano y Lovino se quedaron observando bastante extrañados aquel comportamiento, pues desde el principio, a todo el grupo ''cejas'' aquella tipa no les había dado buena espina. Le preguntaron a Emily si se encontraba bien, ella respondió que sí, y se la quedó mirando mientras se alejaba. Le extrañaba, pero no el hecho de que haya chocado a propósito con ella, sino el de caerle mal. No había entendido por qué, y fue desde el primer momento. Ni se habían hablado y la chica parecía mirarla de una forma algo sospechosa.

-Oye, no es por nada, pero Natalia se comporta de forma extraña- comentó el albino con su voz rasposa una vez que se toparon en la cocina cuando Emily fue a dejare la bandeja.

-No lo sé, lleva menos de un día aquí.

-Pues conmigo no ha chocado a propósito- la chica al mirarlo hizo una mueca mostrando cansancio- Fue notorio-.

-Debería hacerlo- comentó divertida la de ojos azules- A ver si te callas un momento.- Al de ojos rojos no le gustó para nada aquella broma, pero la dejó de lado porque en verdad el tema le parecía extraño.

-En serio Emily-insistió este- El instinto del grandioso yo dice que algo no está bien.

-Vamos Gil, no te preocupes- comentó despreocupada la chica- Es cosa de tiempo. Quizás no le caí bien a la primera pero puedo arreglarlo.- la chica le guiñó un ojo y se demostró bastante segura de sí, pero al albino algo le seguía incomodando pero no sabía descifrar bien qué era.

Arthur los había invocado a todos en su salón para comer. La gran mesa estaba llena de comida deliciosa y exquisita. Distintos manjares, muchos tipos de tragos, cervezas y ron. Aperitivos y demases, como si se tratara de un cóctel. Arthur llamó la atención de todos sus sirvientes y estos guardaron silencio. El Señor dedicaría algunas palabras.

-Como ya saben viene el gran evento, y depende, tanto de ustedes y de mí, que resulte un total éxito. Esto, tómenlo como un regalo adelantado de agradecimiento. ¡A disfrutar!- a esas palabras siguieron aplausos, y entonces todos comenzaron a comer.

Se habían formado distintos grupos de conversación entre sirvientes. Los más adultos a un lado, los adultos a otro, y los jóvenes… Bueno, se encontraban mayormente sobre la comida.

-¿No hay pasta?- preguntó algo desanimado Feliciano, a lo que su hermano le respondió que no, pero que habían otras comidas que podrían gustarle.

-He probado mejores que esta- aquel comentario lo realizó el de voz rasposa, quien mantenía en su mano un gran jarro con cerveza.

-¡Nunca había probado esto!- comentó emocionada Emily- Está delicioso~.

-¡Emily, prueba esto!- Alfred le acercó un trozo de scone- ¡Sabe bastante mal!- el Señor había alcanzado a oír eso, y era que se trataba de sus propios scones. Él los había preparado, y aunque estuviese ofendido por aquel comentario, se quedó en silencio paro observar a ver cuál sería la reacción de Emily.

-¿Qué es eso Al?- preguntó extrañada la chica- Parece carbón- comentó por lo negro que estaba.

-Vamos, sólo pruébalo.

-¿Quieres matarme?- preguntó divertida antes de llevarse el pedazo de scone a la boca. Al probarlo se dio cuenta que estaba fatal. ¿Era comida lo que se había echado a la boca?. Desesperada, buscó algún líquido para pasar más rápido el trozo que sabía mal y que sólo quería tragar. Oh, líquido a la vista. Le arrebató a Gilbert la jarra con cerveza y tomo grandes tragos, pero al segundo se dio cuenta que no era agua o jugo, sino que era otra especie de agua que jamás había probado. La escupió y se secó sus labios con la manga de su vestido de sirvienta. Arthur no alcanzó en ir en su ayuda, pues su hermano se le había adelantado.

-Emy, ¿estás bien- preguntó su hermano.

-Sí… Aunque debo decir que ambos sabían horrible- rió leve.

-Espera… ¿Qué tomaste?- acercó a su nariz la jarra que aún mantenía la chica en su mano y que el prusiano no dejaba de reclamar, y pudo comprobar que se trataba de cerveza- ¡Emily, tomaste cerveza!.

-¡Mi cerveza!- reclamó Gilbert.

-¿Cerveza~?- preguntó Feliciano al mismo tiempo que tomaba una jarra de esas.

-¡No Feliciano!- lo detuvo Lovino.- Es cerveza y no te va a gustar.

El albino, al observar toda la situación y quedarse unos segundos en silencio, sonrió malicioso. Al parecer una idea había llegado a su cabeza.

-¿Qué les parece si nos divertimos un poco?- logró llamar la atención de algunos.- El juego es este. Haremos equipos para competir contra quien toma cerveza más rápido. El equipo que tome más rápido las cervezas, gana. La recompensa será: Hacer lo que sea que quiera el ganador. Es decir, cuando le gane a Alfred por ejemplo- este no pudo evitar quejarse por el mal ejemplo que habían dado con él- Él hará lo que yo le pida por un día. ¿Qué dicen?- se mantuvo con esa sonrisa maliciosa.

-Yo quiero- dijo Alfred bastante decidido.

-También yo- Dijo Emily, a lo que su hermano se negó.

-No quiero que después te sientas mal por beber Emily- su hermana, siempre testaruda siguió insistiendo hasta que… consiguió lo que quería.

-¿Alguien más?.

-Yo~ Ve~.

-¿Usted Señor? ¿No quiere participar?- preguntó aún con esa sonrisa maliciosa el albino.

-N-no gracias, yo estoy bien- sabiendo de sus problemas con el alcohol, prefirió negarse.

-Además de no saber limpiar le tiene miedo a un poco de alcohol~- comentó desafiante Emily, lo que fue suficiente para incentivar al inglés a participar. Quería demostrarle a la chica atrevida que por ser de esa forma, tan osada, vendrían consecuencias.

-¿Lovino, no vas?.

-No quiero participar en juegos de niños.

Los demás sirvientes se negaron. Opinaban lo mismo que Lovino.

-Bien, los grupos serán: Alfred, Feliciano y Emily. El asombroso yo, Lovino y el Señor- Lovino insistió de mala gana que no participaría y lo dejó en claro una vez más. Claro, al albino no le importó mucho aquello, después de todo tenía pensado hacerlo participar de todas formas- Preparados… Listos… ¡Ya!.

Alfred y Gilbert tenían una jarra llena de cerveza. Alfred no era de tomar alcohol, y se vio reflejado pues se le hizo bastante difícil tomarla y al final, Gilbert, quien desde adolescente recordaba beber, le ganó.

-¡Los asombrosos tenemos una victoria!- festejó el albino. El otro grupo se daba ánimos y ahora era el turno de Feliciano contra Lovino.

-Para hacerlo más interesante, aumentaremos el número de jarras a dos.

Ahora las esperanzas se reducían para el equipo que ya había tenido su primera derrota. Feliciano estaba entusiasmado, pero sabían que nunca había tomado cerveza, y eso era un punto en contra. Obligaron a Lovino a que participara, y ahí estaba de mala gana junto a las dos cervezas.

-¡Tres, dos… uno!.

A Feliciano no se le hizo muy agradable el beber, pues al primer trago se dio cuenta que el líquido no le había gustado. Lovino, tomaba tragos pero a su ritmo, muy calmado, ignorando las amenazas y apuros que recibía del albino.

El final nadie lo esperaba, pero terminó por ganar Feliciano. Claro, su hermano se había dejado perder. Ahora quienes festejaban eran los otros, el grupo de Al, Emy y Feliciano. Gilbert, bastante molesto, decidió aumentar esta vez, el número de jarras a tres. Sería difícil que una chica bebiera tanto.

-¡Emily, no lo hagas!- dijo su hermano preocupado- Es demasiado.- pero a pesar de las advertencias, el orgullo de su hermana le hacía olvidar toda la cantidad que tenía que beber. Emily y Arthur, preparados, teniendo la jarra sostenida, se miraban como si se tratara de un duelo de vaqueros.

-¡Empiecen, kese~!.

La primera jarra y Emily estaba apenas. El líquido aquel se le hacía tan desagradable. El sabor no le había agradado, pero seguía adelante ya que recibía apoyos de Alfred y Feliciano. Cuando se dio cuenta, ella estaba por la mitad del primer vaso y Arthur estaba en el segundo. Aguantó la respiración y se lo bebió todo, lista para hacer lo mismo con la segunda jarra. Le resultó. Iba por la tercera pero sintió nauseas. Arthur, al darse cuenta que se quedaba atrás, se apresuró y llegó a la mitad de la tercera. Los gritos de apoyo a sus respectivos compañeros de equipo eran tan fuertes que no se podía escuchar claramente lo que decían. Emily, ignorando sus nauseas, hizo un último intento por beber. Arthur, gracias a su orgullo, continuó bebiendo. Y quien venció fue Arthur. El grupo ganador festejó, o más bien fue Gilbert solo, pues Lovino no mostró ninguna emoción y Arthur se dirigió hacia Emily para preguntarle cómo se encontraba. Esta no le respondió, pues no le gustaba admitir que había perdido y más frente a un hombre. Detestaba la derrota y no hablaría con él hasta que su orgullo se lo permitiera.

Decidieron que sería buen tiempo de ir a dormir, era bastante tarde. Dejaron todo sobre la mesa, mañana lo retirarían.

Todos parecían ir a sus habitaciones para dormir, pero había cierto grupo que se fue a otro lado, no a sus dormitorios, sino que a ese escondite secreto que habían acordado sería de ellos.

-Haz esto, haz esto otro- decía Emily mientras se apretaba su nariz para que la voz le sonara gangosa, logrando que Gilbert, Feliciano y Alfred rieran a carcajadas.

-Espera espera- pidió Alfred entre risas mientras se colocaba detrás de ella para asomar tres dedos por delante para colocarlos sobre las cejas de Emily. Lo único que logró, fue que todos rieran más fuerte.

-Emily, Alfred, son muy graciosos~- decía entre risas Feliciano.

-Su imitación no está nada mal- admitía Gilbert, y todo esto era el resultado de… Beber. No podían dejar de reír. Hacían algo bastante pequeño o hasta estúpido y salían risas.

Emily y Alfred quisieron seguir con su imitación.

-Escuchen, viene el gran evento, ¡Y no pueden fallarme! Ñe, eh-eh-eh.- lo último fueron exageraciones y sonidos raros que quiso agregar Emily. Rieron y rieron por minutos, no midiendo el volumen de sus risas hasta… que la puerta se abrió. Los hizo quedarse a todos en silencio. No veían muy bien de quien se trataba, pues todo en la mansión estaba apagado y la única luz que estaba encendida era la del escondite. A medida que el personaje iba avanzando, pudieron notar un rasgo característico en él: Un par de cejas avanzaban y se asomaban con intención de dejarse al descubierto…


¿Qué tal? ¿Estoy perdiendo mi toque? ¿Estoy escribiendo basura? xD Todo por reviews, pero sean amables (?) soy medio sensible y si me dicen algo feo, lloraré (?) y apareceré en sus sueños llorando e_e Bueno, decirles que a esto no le quedan más que... ¿cuatro capítulos? y se acaba ;w; Ah si, no sé cuándo volveré a actualizar nuevamente. Quizás el próximo próximo lunes.

Bueno, nos vemos hasta esa fecha. ¡Adiós! c: