VII

Celos

La noche estaba casi terminando y los Mortífagos atacaban incesantemente a Harry, Ron y Hermione. Ellos se encontraban parapetados detrás del muro de piedra de la casa, la cual no iba a aguantar mucho tiempo más los ataques de sus enemigos. Harry estaba rabioso: no soportaba la idea de tener que esconderse de enemigos que estaban bajo un poderoso yugo: si él podía enfrentar a Voldemort de frente, entonces ¿por qué no podía hacerlo frente a un puñado de sirvientes? La decisión fue inminente.

—¿Harry, qué haces? —gritó Ron, con los ojos abiertos.

Él no respondió.

Sacó su varita y salió de la tambaleante seguridad del muro, apuntando con la varita a sus enemigos. Los Mortífagos, viendo el coraje del joven, vacilaron un momento. Eran segundos valiosos que Harry no desaprovechó. Aprovechando sus impresionantes habilidades de duelo, desarmó a todos sus atacantes con la velocidad de un pistolero del viejo oeste. Los enmascarados estaban tumbados en el suelo, vencidos por un solo patético joven que todavía no salía del colegio. Harry tomó las varitas de sus enemigos y las partió por la mitad para asegurarse que no volvieran a hacer nada malo. Uno de ellos sonreía.

—¿De qué te ríes? —gruñó Harry, poniendo oídos a cualquier cosa rara que pudiera ocurrir.

—¡Harry¡HARRY, ES UNA TRAMPA! —gritó desesperadamente su novia. Y era verdad: una cantidad considerable de Mortífagos apareció de la nada y todos rodearon a Harry y lo apuntaron con sus varitas. De entre ellos, apareció una figura igual de alta que él. Se quitó la máscara y la capucha, revelando a uno de sus peores enemigos.

—Potter —dijo Draco Malfoy, saboreando el momento maliciosamente—. Siempre quise vivir este momento. No puedes hacer nada ahora. Es más, ni tu coraje puede salvarte esta vez. Irás directo al Innombrable y él sabrá que hacer contigo.

Harry pudo percibir un brillo revelador en los ojos.

—¿A quién quieres engañar, Malfoy? Tú no quieres llevarme al Innombrable. Quieres matarme aquí mismo, acabar con mi leyenda, y todo por envidia, envidia que una mago más humilde y con cantidaddes industriales de amor tenga más peso que un mago de sangre pura. —Harry tenía la varita empuñada, lista para el ataque—. Además, tengo una ventaja por sobre ti, Draco.

—¿Qué ventaja? —Malfoy rió ante aquella aseveración, aparentemente tan absurda y desesperada—. Estás rodeado por veinte Mortífagos y no podrás zafarte esta vez del Innombrable.

—Yo moriré a manos de Voldemort, no a manos de ninguno de sus patéticos ensayos de sirvientes que tiene —respondió Harry, sin pizca de miedo. Todas las situaciones límite que había vivido le habían enseñado a sacar esperanzas donde no había ninguna—. He visto el futuro, Malfoy y, no serás tú el que me de muerte.

—Eso lo veremos. —Malfoy sacó su varita y todos sus compinches apuntaron a Harry.

Uno de los Mortífagos se desplomó sobre el suelo, inconsciente. Todos miraron hacia atrás y vieron a una mujer que no se sabía dónde había salido. Malfoy la conocía.

—Granger —soltó el rubio, dirigiendo una mirada de asco a la castaña.

Hermione no dijo nada. Sólo extendió la varita y desarmó a Malfoy. Todos los Mortífagos desviaron las puntas de sus armas hacia ella. Hermione no retrocedió ni un centímetro.

—Si van a llevarse a Harry, tendrán que cargar con peso extra.

Malfoy pudo recuperar su varita y no le hizo caso a la sangre impura.

—Primero me llevaré a Potter. Después me encargaré de ti.

En ese momento, varios Mortífagos cayeron al suelo, sin conciencia. Harry y Hermione vieron a un numeroso grupo de magos que estaban listos para el combate. Disminuídos en número, retrocedieron. El grupo de magos estaba encabezado por el señor Weasley, Kingsley Shacklebolt y alguien que Harry no esperaba ver. Malfoy, derrotado otra vez, desapareció junto con sus hombres.

Después que todo hubo terminado, Ron salió de su escondite y vio al grupo de magos de la Orden del Fénix. Ya estaba amaneciendo y Harry, Ron y Hermione se encontraron con Ginny. Ron estaba al borde de las lágrimas al ver a su hermana menor de vuelta pero la pelirroja miraba a Harry fijamente a los ojos. Hermione también se sintió involucrada en aquel sostenido juego de miradas. Para ella era muy difícil admitir delante de su mejor amiga que Harry ahora era su novio, sabiendo que la pelirroja había amado de la misma manera a Harry.

—Me enteré de las noticias. —Ginny rompió el tenso silencio que se había formado—. No puedo entender por qué ustedes están juntos.

—Ginny —dijo Hermione, temblorosa—. Esto no lo quisimos. La tensión entre nosotros era incontrolable, asfixiante y tú lo sabes. Las cosas cayeron por su propio peso y no pudimos evitarlo. Además, tú dijiste que si no podías amarlo, yo era la más indicada para estar junto a él.

—¡Pero ahora puedo amarlo! —Ginny estalló en llanto. Todo esto era muy doloroso para la pelirroja—. Te pido, por favor amiga, que te hagas a un lado para que yo ocupe mi lugar junto a Harry. Yo llegué primero a él.

—Ginny. No se trata de llegar primero, sino de llegar mejor —le dijo Hermione, condescendientemente—. Lo nuestro pudo haber sucedido hace varios años atrás y lo soportamos, ocultamos lo que en verdad sentíamos por largo tiempo y ahora, el dique se ha roto. El amor era tan grande que ya no pudimos contenerlo más.

—¡Pensé que podían ser sólo amigos!

—Lo siento, Ginny, perdóname por hacerle caso a mi corazón.

—Chicas, no es necesario pelear —dijo Harry, haciendo de mediador por enésima vez—. Ambas son dignas de tener mi corazón en sus manos, ambas son mujeres grandiosas, hermosas y agradables, ambas me merecen. Pero lamentablemente, sólo una mujer por vez puede amarme. Por primera vez en mi vida, tengo en mis manos la decisión de quién será mi compañera.

—¡Yo merezco amarte, Harry¡Te he amado desde la primera vez que te vi! —gritó Ginny con mucho dolor.

—Harry —Hermione trató de ser lo más franca y directa posible—. Tampoco puedo negar que te amo y sería una traición flagrante a mi corazón negarlo. Pero, sólo tu corazón sabe quién puede amarte y quien no. Me favorezca o no, aceptaré cualquier decisión que tú tomes. Si eliges a Ginny, no vacilaré en dar un paso al costado para que puedas seguir tu camino junto a ella. Y, por favor, si es así, no trates de consolar mi dolor pues no tendrá consuelo posible.

—Por favor, Harry. —Ginny ya no podía controlar el llanto—. Eres mi única razón para seguir viviendo, en una vida que me ha sido arruinada. No me mates, Harry, por favor. Porque si no estás conmigo, ya no puedo vivir. Me falta el aire sin ti.

Para Harry, era la decisión más complicada de su vida. No quería arruniar la vida de ninguna de las dos, a las dos las amaba y las quería mucho, les tenía mucho aprecio. Pero, él era hombre de una sóla mujer y tenía que estar con una… o con ninguna. Por supuesto, era la opción fácil y la vida le había enseñado que las opciones fáciles traían costosas pérdidas. Tenía que estar con una de ellas… y sabía con quién debería estar.

—Ambas tienen buenas razones para amarme pero, Ginny, tú no estás dispuesta a soportar el dolor que supone vivir sin mi. Hermione está dispuesta a sufrir si no estoy con ella. Es un coraje increíble tener que soportar una vida sin el hombre de su vida. Además —Harry dirigió una profunda mirada a la castaña—, con ella he compartido más cosas que contigo, Ginny.

—¿Qué cosas?

—No te voy a mentir, Ginny. —Harry se preparó para destrozar el corazón de la pelirroja—. Con Hermione compartí mi posesión más preciada y ella hizo lo mismo conmigo. Nos entregamos el uno al otro y eso, lamento decírtelo Ginny, nos unió de una manera en que jamás lo creímos posible.

—¿Me quieres decir que… decidiste hacer el amor con Hermione pero, cuando tuviste la oportunidad conmigo, no quisiste? —preguntó Ginny, sintiendo que la balanza de los sentimientos se equilibraba lentamente.

—No es por desdeñarte, Ginny pero, tú no eras mayor de edad cuando quisiste hacerlo conmigo. Además, no llevábamos mucho de relación cuando quisiste unirte a mí. Con Hermione tenemos un largo historial de amistad y amor contenido y, nosotros sólo accedimos a desencadenar nuestros más profundos sentimientos. Fue algo espontáneo, algo que inconscientemente queríamos. Lo siento, Ginny pero, Hermione se merece estar conmigo más que tú.

Las palabras de Harry fueron como las notas de una lápida para Ginny. Por un momento ella no mostró emoción alguna y Harry creyó que con su fuerza iba a superar aquel momento de dolor. No fue así. Cuando Harry se dirigió a Hermione para abrazarla, se escuchó un grito de dolor, como si hubiera muerto alguien. Harry se dio la vuelta y pudo ver que Ginny estaba hincada sobre el pavimento, llorando descontroladamente. Harry miró a Hermione y ella asintió. Él se acercó a Ginny y trató de consolarla pero ella rechazó el gesto, haciendo que la balanza se inclinara a favor de los celos.

—No quiero tu compasión —dijo Ginny con voz ronca—. Ya no quiero nada contigo, ni con esa castaña tampoco.

—Ginny, podemos ser amigos…

—¿Amigos¿Para qué¿Para contemplar, impotente, cómo tú y esa… puta, se aman? —Sus ojos ya no querían ver, estaban ciegos—. No, no quiero tu amistad, gracias. Ni la de esa perra que antes se llamaba amiga tampoco.

—No vuelvas a insultar a Hermione —le advirtió Harry, ya sin el calor humano que lo carcaterizaba. Con personas cegadas por el velo de los celos no se podía ser amable en lo absoluto—. Si lo vuelves a hacer, te juro que el poco aprecio que te tengo ahora, desaparecerá por completo. Si no estás dispuesta a aceptar la verdad, no me dirijas la palabra nunca más. Mira, yo sólo quiero lo mejor para ti pero, si no lo quieres, no puedo hacer nada más al respecto.

—Cállate, estúpido. —Ginny ya no veía absolutamente nada con claridad. Una mujer celosa era muy peligrosa por lo que Harry la ignoró y fue donde Hermione.

—Como quieras —le espetó Harry, dirigiendo una mirada gélida a la pelirroja—. Pero te advierto: si tratas de hacerle daño a Hermione o a mi, me veré obligado a responder de la misma manera en que tú lo has hecho ahora. —Harry dejó de mirarla y rodeó con un brazo a su amada. Ella también estaba triste por el trágico desenlace de todo este lío romántico. Sin embargo, lo peor estaba por venir.

-------O-------

Lord Voldemort ya no podía soportar la férrea resistencia de Remus Lupin a cooperar con él. Además, era el último día de luna llena y ya no iba a convertirse en hombre lobo en unos treinta días más. Para desahogar su impaciencia, hizo el cuarto Cruciatus desde que tenía en su poder al licántropo. Otra vez los gritos azotaron las paredes polvorientas de la mansión y llenaron el ambiente de dolor e incomodidad. Los Mortífagos estaban intranquilos. Sabían que habían fallado en su intentona de traer a Harry a su presencia e iban a pagarlo muy caro.

Entre ellos se encontraba Draco Malfoy. Siendo un mago que todavía no salía del colegio, sentía un temor inenarrable a que su amo lo torturara o, simplemente optara por el camino fácil, cosa que últimamente hacia con mucha frecuencia. El ambiente opresiivo de la mansión hacían el resto del trabajo que suponía intimidar a sus subordinados, de los cuales, él era el más joven. Recordaba perfectamente el momento en que tenía la vida de Albus Dumbledore en sus manos, débil, sin fuerzas y vulnerable, era un blanco fácil, un trabajo de niños. ¿Por qué no pudo matarlo? No se sentía capaz de responder a esa pregunta, a causa del ambiente en el que se encontraba y los gritos de dolor de Remus Lupin. Si no fue capaz de matar a Dumbledore¿qué le hacía pensar en que podía traer a Harry Potter frente a su amo.

No sabía que a cientos de kilómetros de distancia, Severus Snape se hacía la misma pregunta.

Cuando Voldemort terminó con su sesión de tortura, llamó a Malfoy a que se presentara frente a él. Draco temblaba de pies a cabeza, pues sabía, al igual que el desalmado ser que tenía frente a él, que ya había fallado dos veces. No habría una tercera.

—Realmente no sé que hacer contigo, Malfoy —dijo Voldemort con una amarga nota en su voz—. Te encomiendo las misiones más fáciles y me fallas. Realmente, me tienes con la duda de ser un verdadero Mortífago. No mataste a Dumbledore cuando estaba desprovisto de su poder y ahora no me traes a Harry Potter cuando no estaba acompañado por más que sus dos patéticos compañeros.

Malfoy no pudo decir nada. Simplemente, tenía demasiado miedo.

—Te daré una última oportunidad para que pruebes tu valía. —La voz de Voldemort no tenía emoción ni calidez. Era como si el rubio respirara nieve—. Quiero que hagas la más simple de las misiones. Necesito que observes a aquel grupo patético y me digas si existe alguna debilidad en ellos, algo que yo pueda aprovechar a mi favor. Pero, tienes que pagar un precio por la oportunidad que te acabo de dar. Y —agregó Voldemort fríamente—, no es algo que puedas pagar con dinero, Malfoy.

Voldemort extendió su varita y el rubio comenzó a temblar. Gimió, desesperado, sabiendo qué era lo que venía a continuación.

Crucio!

-------O-------

Cuando la Orden del Fenix entró a Grimmauld Place, todos se sentían como si se hubieran partido por la mitad. Estaban divididos como si fueran dos bandos en una guerra de mafias. El señor Weasley, Ron, y Ginny estaban en un lado y Harry, Hermione y Tonks estaban en el otro frente, enemistados por el simple hecho del quiebre definitivo entre Harry y Ginny. Lo sé, era incomprensible que gente que le guardara tanto aprecio a Harry, de la noche a la mañana, lo despreciaran como si fuera un auténtico Slytherin. Harry estaba muy apenado por aquel quiebre dentro de la Orden y a veces, trataba de entablar conversación con Ron pero, él también estaba dolido, pero Harry sabía que se estaba aprovechando que Hermione lo había dejado para ponerse de parte de la familia. Para ellos era un sacrilegio que Harry hubiera lastimado a Ginny para estar con Hermione. Era como si la hubiera matado.

—No puedo creerlo —comentaba Harry a Hermione—. ¿Por qué cuando las cosas dependen de mí, salen mal?

—Mi amor. No tienes que ponerte triste por tonterías. —Hermione era el único consuelo a lo que los otros aseguraban que era un error imperdonable—. Sólo son sentimientos temporales que acabarán con el tiempo.

—Tiempo es lo que no tenemos, Hermione. —Harry tenía que pensar en algún acto de amor que pudiera remover la parte del alma de Voldemort que contenía la copa—. No podemos encontrar los Horrocruxes solos. Necesitamos ayuda y no la tenemos por culpa mía.

—Harry —le dijo Hermione cariñosamente—. No tienes que sentirte culpable por tus sentimientos. Recuerda que esto lo queríamos desde hace mucho tiempo y lo que pasó, era como tenía que suceder. No te preocupes, yo siempre estaré contigo para ayudarte en lo que tú quieras.

—Te lo agradezco.

Afortunadamente, la señora Weasley, quien había llegado a la casa de Harry el día anterior, estaba de parte de él. Era tan incondicional el cariño que sentía por él que lo apoyaba en todo lo que hiciera.

—Tienes que disculpar a Ginny pero, todavía es primeriza en el amor y no lo quiere aceptar —le dijo bondadosamente—. Es más, prefiero a Hermione que esté contigo. Es una buena mujer y te corresponde perfectamente. Me acuerdo que yo y Arthur eramos igualitos a ustedes.

—Gracias, señora Weasley.

Para sorpresa de los dos, Fred y George también estaban de parte de Harry.

—No le hagas caso a ese idiota de Ron ni tampoco a nuestra querida hermanita —dijo Fred, sosteniendo una pelota transparente rellena de lo que parecía goma de mascar. Al ver que Harry miraba con curiosidad el extraño objeto que sostenía Fred, contestó George.

—Son profecías comestibles —explicó él, con una sonrisita traviesa, como de niño—. Nos inspiramos en esas galletas de la suerte muggles. Si te la comes, escuchas una profecía. Por supuesto, son puras tonterías que inventamos. Los probamos y resultaron muy exitosas. Recaudamos cientos de Galleons por ellos. ¿Quieres probar?

Harry cogió la pelota que sostenía Fred y se la llevó a la boca. Era como goma de mascar de esas con cubierta dura. Mientras Harry la masticaba escucho una voz como de ultratumba.

"Serás transportado al mundo de Nunca Jamás y te enamorarás de una rana"

—Y la goma se puede tragar —agregó Fred, sonriente. Harry estaba impresionado por la habilidad de los gemelos para cosechar risas en sus productos. Les iba hacer mucha falta las risas en el futuro, sobre todo si estaba destinado a morir. Por el fondo del pasillo pudo ver a Ginny, con la cabeza gacha y sostenía un libro de encantamientos que le habían pedido para su sexto año en Hogwarts. Miró a Harry con un rostro carente de expresión y se perdió por las escaleras. Él no pudo evitar desviar la vista y ponerse triste, culpable por el estado anímico de la pelirroja.

—Harry, no te amarges la existencia por eso —dijo Fred, palmeando su hombro—. Ginny tiene un carácter demasiado fuerte para ti. Chocan en muchas cosas.

—Pero le hice daño¿no se dan cuenta? —contestó Harry, enfadado—. ¿Cómo puedo volver a ganarme su amistad si mientras esté con Hermione, ella no va a cejar en su voluntad de aplicarme la ley del hielo.

—Como quieras. Pero —George se volteó a medida que se largaban de allí—, no creas que porque nuestra hermanita está dolida contigo signifique que haya dejado de quererte. —Y los dos se fueron.

—Harry¿te parece si vamos a nuestra habitación? —sugirió Hermione, tratando de levantar el ánimo de Harry que, hay que decirlo, estaba por el subterráneo—. Estaremos lejos de los ojos de cualquiera y, además, no haremos ninguna cosa rara. Sólo vamos a dormir. Estoy muy cansada.

—Ahora que lo dices —Harry lanzó un descomunal bostezo—, yo también. Sólo dormimos un par de horas. —Él tomó de la mano a Hermione y subieron las escaleras hasta su habitación. Se suponía que tenía que compartir habitación con Ron, pero al ver que estaba sentido con él, tuvo que dormir junto a Hermione.

Ambos olvidaron que Ginny dormía con ella.

Harry se quitó la ropa y se recostó sobre la cama. Hermione, al haber compartido cama con él una vez, no tuvo ninguna vergüenza en dormir en ropa interior con él. Harry observó algo curioso en ella, algo vanal pero que lo tenía algo embobado.

—¿Siempre usas lencería roja? —preguntó Harry.

—Sí. Pero cuando me case me vestiré completamente de blanco—. Hermione tomó del pelo a Harry y lo acercó a ella—. Fue Ginny quien me recomendó la ropa interior roja. Me dijo que me haría lucir más apasionada y sensual, ideal para mujeres que no eran para nada apasionadas y sensuales.

—Pero anoche me demostraste precisamente eso —le susurró Harry al oído de la castaña, haciéndola reír de las cosquillas—. ¿Podrías mostrarme algo de tu pasión ahora?

—Sólo un poquito. —Hermione juntó su cuerpo al de Harry y se colocó encima de él. Después, lo besó, con lengua y todo y Harry sintió su piel en contacto con la suya una vez más. Era como tocar una tetera hirviendo. Él nunca se le había pasado por la cabeza que Hermione, aquella sabelotodo que todos ignoraban, aquella niña que devoraba los libros para saber más, aquella niña que había salvado de un troll, aquella niña con quien había compartido mil y una aventuras, se convirtiera en aquella mujer que era su amante, tan fiel, tan cariñosa, tan comprensiva y generosa en público, y tan apasionada, sensual y ardiente en la intimidad. Ahora sentían que podían controlar sus impulsos, poner un freno a la pasión, que tanto tiempo estuvo contenida, apretada en sus corazones, como el contenido de una olla a presión.

Después de encenderse un poco, Harry y Hermione durmieron abrazados cual dos cucharas una detrás de la otra. Se entregaron al sueño cuando Ginny entró a la habitación para sacar algunas cosas de su habitación pero, se paralizó cuando vio a Harry y a Hermione dormir juntos, tan pacíficos y serenos. Ginny sintió relámpagos azotar su cerebro y una mano apretar su corazón. Con dificultad, sin evitar mirar de reojo a Harry, sacó sus cosas de la habitación. Después de todo lo que había pasado, todavía no podía dejar de amar a Harry. Era demasiado tiempo el que había esperado para estar en sus brazos. No era sencillo de olvidar, ni mucho menos, de aceptar.

Mientras transportaba sus cosas a base de varita, Ginny reflexionó¿cómo pudieron salir tan mal las cosas? Todo comenzó a torcerse cuando Bill hirió por accidente a Ginny, convirtiéndola en un licántropo. Aquel hecho arruinó su vida y la alejó de los brazos de Harry. La pena que sentía, era natural que buscara consuelo en otra parte pero nunca se le pasó por la cabeza que lo hiciera con su mejor amiga. Tal vez, ellos pensaron que ella jamás volvería a la civilización pero, por la gracia de Remus Lupin, había vuelto a su familia y, por consiguiente, a Harry. Hermione tenía que hacerse a un lado y, si no lo iba a hacer por las buenas, lo haría por las malas.

Una mujer celosa es un peligro.

Y esta vez no podía ser más cierta aquella aseveración. Cuando Ginny entó a su nueva habitación, donde quiso dormir sola y sobrellevar en la soledad su dolor, ordenó meticulosamente sus cosas y se dispuso a hojear aquel libro de encantamientos avanzados que le pedían en sexto año. De todas maneras, sólo quedaban cuatro semanas para volver al colegio. Tenía que estudiar algo, desahogarse de alguna manera que no involucrara tener que disculparse con Harry y con Hermione por su pésimo comportamiento para con ellos. El hecho que Hermione tenía que ceder estaba grabado en piedra dentro de su cerebro.

Mientras hojeaba el libro vio algo que le llamó la atención. Se trataba de un encantamiento muy complejo que funcionaba mejor si se hacía de manera no verbal. Ginny sentía que era la oportunidad perfecta para hacer que Harry se separara de Hermione: el único problema era que no tenía ni la menor idea de hechizos no verbales. Tuvo que revolver entre sus cosas para encontrar el libro que le habían pedido para Defensa Contra las Artes Oscuras y hojeó hasta el capítulo de hechizos no verbales. La teoría era como aprender algún lenguaje de programación para computadoras muggle. El caso era que tenía decir la palabra en su conciencia pero, leyó en otra parte y se dio cuenta que tenía que visualizar tanto la causa como el efecto del encantamiento dentro de su cerebro, así como recrear el movimiento de la varita de manera imaginaria. En el fondo, tenía que realizar el encantamiento de manera virtual para que el sistema locomotor del cuerpo lo llevara a impulsos químicos que movieran el brazo para realizar el conjuro. Si se hacía bien, la palabra mágica que identificaba al hechizo iba a estar implícita en el movimiento y no había necesidad de decirlas para tener éxito.

Esa era la teoría.

En consecuencia, en los días siguientes, pudieron ver a Ginny practicando hechizos no verbales desde el desayuno hasta el almuerzo y desde el almuerzo hasta la cena. Y, lo que era más sorprendente, era que ella ya no parecía airada con ellos. Incluso aceptó la ayuda de Harry para mejorar sus resultados. Harry y Hermione decidieron que la forma de actuar de Ginny estaba siendo demasiado extraña y, desde ese momento, le dirigían la palabra con recelo, a pesar que ella les había dicho que sólo era para las futuras clases.

Un caso aparte era Ron. Se pasaba la mayor parte del tiempo hablando con Hermione y saliendo de la casa, a escondidas por supuesto, por motivos desconocidos. Pero seguía sin hablarle a Harry. Parecía que su amistad había terminado definitivamente. Una vez, Harry y Hermione estaban en un corredor, besándose cuando apareció Ron, quien quería hablar con la castaña. Harry, por respeto a lo que restaba en él de su larga amistad, se fue de allí, confiando en que Hermione no le pusiera los cuernos con Ron. Después de cinco minutos, Ron salió del corredor con una cara sonriente y salió de la casa a no se sabía qué.

—Harry —dijo Hermione, quien se veía realmente desesperada—. Ya no puedo soportar a Ron. Se me está insinuando constantemente y ya estoy harta pero, por más que intento zafarme, me sigue coqueteando. ¿Podrías hacer algo?

—Por supuesto. —Harry le dio un cariñoso beso en la mejilla—. Ron se está pasando de listo.

Harry bajó hasta la cocina, donde la señora Weasley estaba cocinando y la llamó. Ella, sabiendo que era Harry, se volteó y puso una cara amable.

—Hola, querido.

—Señora Weasley¿me puede hacer un favor?

—Lo que quieras, cielo.

—Verá. —Harry pensó un poco en la mejor manera de expresarle su pensar a ella—. Es que Ron se está comportando de una manera muy molesta para nosotros. Siempre está tratando de involucrarse con Hermione y ya la tiene por los nervios. Además, sale de mi casa sin autorización y no sé adonde va. No tiene ni la menor idea de lo peligroso que es salir, con la guerra a la vuelta de la esquina.

—Ah, no te preocupes cielo —le dijo la señora Weasley—. Le pondré un freno a Ron pero, en lo que respecta a las salidas, ésta es tu casa y tú pones las reglas aquí. Si no quieres permitir que Ron siga saliendo de ella, eres tú el más indicado para prohibirselo.

Harry asintió con la cabeza.

—Harry, no te preocupes por mi marido. Sé que en el fondo te aprecia pero, es que le han pasado tantas cosas a Ginny que se siente responsable de cuidarla para que no le pase nada. Sólo espero que todo pase pronto.

—Yo también —coincidió Harry y salió de la casa para rastrear a Ron.

No podía estar tan lejos. Ron no es de esas personas que se arriesgan sin calcular los riesgos. No era tan arrojado y valiente para aventurarse tan lejos y la ciudad al borde de una guerra. Golpeó en todas las casas de Grimmauld Place y, justo al lado del sitio eriazo en que se aparecieron todos, había una casa humilde en donde le dijeron que estaba Ron. Pero, cual fue su sorpresa cuando vio a la persona que abrió la puerta. Era una chica rubia de ojos saltones, dando la impresión de estar siempre sorprendida.

—¿Luna?

—Hola, Harry —saludó la rubia, alegre de ver a Harry dando vueltas en su casa—. ¿Qué haces por aquí, además de buscar a Ron?

—Sólo buscar a Ron.

—Pero lo estamos pasando bien juntos —aseguró Luna, con una sonrisa que jamás le había visto—. Se está comportando muy bien conmigo y con mi papá. La verdad, es que últimamente está muy simpático y ya no me dice lunática.

—Que… bueno —balbuceó Harry, sin saber que decir.

—¿Quieres pasar? Mi padre está deseoso de conocerte.

—Me encantaría pero —Harry miró hacia todos lados por si no había algún hombre extraño dando vueltas por el número 12—, Ron tiene que volver. Por si no lo sabías, hay una guerra que está a punto de desatarse y no quiero que a Ron le pase algo malo.

—Es una pena pero, llamaré a Ron.

Harry esperó unos momentos hasta que el pelirrojo estuvo frente a él.

—No me iré hasta que yo lo decida¿está bien?

Harry no dijo nada. Sacó su varita y petrificó a Ron mediante un hechizo no verbal. Después, mediante la misma, lo transporto, no sin antes aplicarse un encantamiento desilusionador para que nadie los viera en condiciones tan extrañas. Harry pronunció la contraseña (Filios Phoenix) y entró junto con Ron, justo cuando el señor Weasley estaba dialogando con Kingsley acerca de los preparativos para recibir al ejército de Voldemort. Al ver a Harry aparecer junto a Ron, lanzó una maldición que se escuchó en toda la casa.

—¿Qué le has hecho a Ron? —inquirió el señor Weasley, furibundo.

—Tuve que llevarlo a la fuerza porque salió de la casa sin mi permiso —respondió Harry, manteniéndose firme.

—¿Y desde cuando mis hijos necesitan tu permiso para salir?

—Desde que Sirius Black estableció que esta casa me pertenecía. Y, como esta casa es mía, yo decido quién sale y quien no. Si yo deseo que nadie salga, nadie sale y punto final. No diré más. —Harry desvió la vista y llevó a Ron a su habitación sin dar explicaciones a nadie. Ya estaba harto de las rencillas y peleas que se suscitaban dentro de la Orden. Si querían permanecer fuertes ante Voldemort, tenían que estar unidos. Dumbledore lo dijo, y Harry tenía una confianza férrea en el otrora director de Hogwarts. Tarde o temprano, alguien vería que la Orden estaba dividida y se lo diría a Voldemort, quien se aprovecharía de la profunda falla que los dividía y metería muy hondo el dedo en la hendidura para que se distanciaran más.

El único refugio que tenía ante tanto quiebre era Hermione. Sólo rogaba que alguna casualidad del destino los separara a ellos también. Ella se encontraba en su habitación, leyendo un libro de literatura mágica. Le encantaba la expresión de su cara cuando estaba concentrada en algo: aquella sensación de seguridad y confianza en si misma le daba una peculiar belleza. Si antes le incomodaba que siempre estuviera leyendo, ahora era un espectáculo que no debía perderse. Estaba tan enamorado de ella que hasta las cosas más desagradables que hacía antes, ahora eran agradables.

—Me encanta cuuando lees.

—¿En serio? —Hermione dejó el libro para gastar una mirada en él—. ¿Qué no te incomodaba soportar mis exhaustivas lecturas?

—Es que no veía lo bella que te ves cuando lees.

—Por favor, Harry, no seas adulador.

—No. Es verdad. La concentración y la atención que le das a los libros te hacen ver hermosa, como cuando me miras a mí.

—¿Qué quieres decir?

—Que todas las personas son como un libro cerrado. Una persona juzga primero el libro por la tapa y cuando lo lee, se va dando cuenta que el contenido es más llamativo que la misma tapa. —Harry se puso detrás de ella y la abrazó—. Tú eras un libro con un título poco interesante para mí. Después me di cuenta que tenías una tapa que me llamó la atención y comencé a leer. Eres un libro denso, Hermione, porque tomé mucho tiempo entenderlo y mucho más darme cuenta que me gustaba leer. Ahora no puedo dejar de mirar la tapa y menos resistirme a leer.

—Que profundo. —Hermione estaba extasiada—. ¿En qué te basaste para hacer tan linda analogía?

—En tu costumbre de leer. —Harry la jaló hacia atrás y ambos rieron—. ¿Ves que puedo sacar cosas buenas de algo tan cotidiano como leer?

Hermione no dijo nada por unos momentos.

—Eres lo mejor que me ha pasado, Harry.

Y ambos se besaron y jugaron a acariciarse y a enternecerse, sin saber que, dentro de su círculo de sus amigos, una conspiración tomaba forma a expensas de los amantes.


¡Hola otra vez!

Bueno, tardé un poco en actualizar a causa de un trabajo que me surgió y que al final fue una pérdida de tiempo. Después comencé a escribir. ¿No es extraño el comportamiento de Ron, coqueteando con Hermione y yendo a casa de Luna? Hay algo raro. Y Ginny¿para qué practicará hechizos no verbales? Todas aquellas interrogantes se responderán en el próximo capítulo, que espero que no salga tan atrasado.

Bueno, recibí algunos reviews (aún estoy esperando la opinión oficial de Carla Gray) por lo que me siento satisfecho. La verdad estoy impresionado por el recibimiento de este fic. Tengo que agradecer profundamente a quienes siguen esta historia, a quienes gastan tiempo en leer los largos capítulos de la historia y en aquellos que lo hacen dándome alguna opinión que me haga saltar de la sorpresa.

¡Hasta el próximo capítulo!

Arlas.