The Leyend Of Zelda.

El Regreso del Mal, la Perdición del Elegido.

Capítulo VII.

La Princesa ¿Violette?

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¿Qué hay? Pues aquí sigo con esta historia. Bueno, para empezar, desearía responder un review que me dejaron sin cuenta, una persona llamada Ariela, me ha dejado un poco descolocada. Aquí va lo que me dijo:

"Amé tu historia hasta que, primero, hiciste que Link se acueste con otra, y segundo y peor, que ya sienta que la quiera y que sea su novia y todo eso.

A cada cual sus gustos, y es tu historia y no tengo por qué cuestionarte, pero si me he quedado por completo decepcionada, talvez porque mi imagen de Link y Zelda es que ellos se inicien el uno con el otro, además de que Link, un chico con vasta experiencia no debería confiar y "amar" tanto a una chica con la que se acaba de conocer; él no está enamorado, sino calentado, eso es todo.

Lo siento, pero major hasta aquí leo, pues al parecer todo será un completo marie sue y gary stue..."

Primero, Ariela, perdona que te responda de esta manera, pero al no tener una cuenta a la cual comunicarme directamente contigo, no me haz dejado otra opción. Segundo, quiero que sepas que la historia va dando su curso como me lo vengo imaginando, yo amo el Zelink, disfruto ver cosas sobre Zelink, y tal vez haya Zelink (respuesta directa para yolo girl quien me lo pregunta a cada momento, puede haberlo, jiji) así que te pido que si buscas Zelink al momento, vayas a otros fics, total, el fandom es muuuuy grande y vasto. Tercero, Si eres esa clase de persona que no tiene lo que le gusta y por eso dejas de leer está bien, pero no era necesario que dijeras eso de marie sue y gary stue. ¿Acaso me conoces? No hables así de mí o de mis trabajos, es una falta de respeto que no te voy a tolerar. Eres cobarde al no dejar una cuenta, así que tuve que hacer esto. No creo que tenga tanta importancia responderte pero igual lo hago para aclarar que no eres experta en fics ni tienes aptitudes como crítica. Cuarto, no soy esa clase de escritora que hace lo primero que le gustaría ver a los lectores, suelo dar muchas sorpresas. No le veo nada de malo lo que hice hasta hoy. Quinto, espero que te pierdas de lo que viene, ya que se nota no tienes paciencia, no toda la gente tiene tus mismos gustos. Así que ahí le dejo, lo aclarado aclarado está.

Perdón por esto. Creo en la crítica, pero ese review fue muy adelantado. Mejor limítense a dejar sus comentarios del capítulo y no de la historia en general que no ha acabado aún, o puede que les conteste así. No trato de ofender a nadie, pero una cosa es que den su comentario y otra que traten mi trabajo como ya terminado y algo predecible, que créanme, no lo es. No tengo ni 16 o 17 años, así que les puedo decir que conozco lo que hago, llevo años haciéndolo y tengo la madurez para terminar un fic o un OC creado. Así que les pido que si van a dejar comentarios a grandes rasgos sobre el fic, háganlo mejor cuando acabe, pleaseeeee!

Si quieren que les conteste otro review en un capítulo, puedo hacerlo. Okay, olvidando mi lapsus de chica ofendida, continuemos con este fic.

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Zelda se quedó espantada por un rato. En tanto, Lombardo acababa de irse por la puerta del estudio de la Princesa molesto por la actitud de ella. Zelda notó que el muy bribón le dejó sus dedos marcados sobre la muñeca y un par de rasguños sobre el cuello. Respiró hondo. Si esa era la clase de persona que podía llegar a ser siendo solo su prometido, no tenía ni idea hasta donde sería capaz de llegar al ser su esposo y futuro rey de Hyrule. Sin más, recogió su tiara, se miró en un espejo cercano a uno de los libreros y se acomodó el cabello. Luego, juntó sus manos y con un poco de energía violeta que le brotó de las palmas masajeó su cuelo y muñeca lastimados. Al momento las marcas de violencia se difuminaron hasta que quedaron borradas. Su vestido estaba roto. Ese debía ir a cambiarlo a su alcoba. Con paso algo acelerado y temerosa de que la vieran en ese estado, se encaminó a la Torre Real en donde dormía cada noche desde que nació.

Al llegar, entró y se encerró por dentro evitando llamar la atención de las doncellas del turno de la noche. Por desgracia para ella, la cena estaba por servirse, así que no había manera de que pudiera ir a dormir antes. Tomó un vestido color azul cielo, se lo puso, retocó su maquillaje y se puso un poco de fragancia de flores de la entrada sur de la Ciudadela. Aún estaba un poco pálida por el miedo. No quería volver a ver a Lombardo, eso le causaría un pánico, pero ella era fuerte. Podría soportarlo.

La cena estaba servida en unos exquisitos platos de porcelana muy costosa. La Princesa estaba sentada al frente de la mesa, rodeada de los invitados de esa noche. A su derecha estaba el Príncipe Ralis, a su izquierda el Rey Max y su esposa, la Reina Sirón. A un lado de la Reina estaba su hijo, el Príncipe Lombardo y a la derecha del Príncipe Ralis estaba los seis sabios del Consejo. Al final de la mesa estaba sentado Perícleo, algo intimidado por los famosos que le rodeaban en esa cena, hacía tanto que no convivía con la crema y nata del reino.

Trajeron como entrada una sopa de setas del Bosque de Farone, luego el plato fuerte, el cual consistía en un plato de pato a la naranja, una receta que solo era cocinada para la realeza. De acompañamiento les sirvieron una ensalada de lechuga, tomate y zanahorias. Les sirvieron licor de uva, el cual se fabricaba en Britania y era exportado debido a que esa fruta no se sembraba en Hyrule desde hacía cuatro décadas. De postre les sirvieron un tiramisu de chocolate y fresas con crema.

Zelda no comió mucho, no estaba de humor, pero se limitaba en parte a dar breves comentarios a sus invitados sobre las actividades a realizar en el festival. Lombardo no dejaba de verla. Había sido muy sabia al no delatarlo con sus padres, seguramente ella quedaría mal parada y comprometería la integridad del reino si tenía algún roce con los reyes de Britania, cosa que él sabía tenía muy a su favor. Britania era un reino mayor que Hyrule, tenía más tierras, comercio y población, además de un vasto ejército de soldados muy fuertes y astutos que acabarían muy fácil con Hyrule en cualquier momento.

-Querida, te noto un poco nerviosa, ¿ocurre algo?

La Reina Sirón le lanzó la pregunta, al notar que Zelda revolvía un poco un pedazo de pato en el plato, sin siquiera hacer el intento de comerlo.

-No, Majestad, nada. Estoy bien.

-Que bueno, porque a mi hijo le agradaría mucho acompañarte esta noche en el festival.

-Tenía pensado ir a dormir, mañana tengo compromisos desde temprana hora.

-Zelda, vamos, no me deje plantado, es una manera de empezar a solcializar ahora que tenemos la oportunidad. Tú misma haz dicho varias veces que debemos conocernos mejor.

Zelda siguió con su mirada neutra, pensando un modo de salvarse.

-De verdad, necesito descansar. Mañana prepararemos un espectáculo de primera. Habrá una de carrera de caballos, y el patio trasero del castillo, al ser muy grande, da sitio a los arquitectos para que vayan poniendo los obstáculos y preparen los cajones de donde correrán los competidores y sus jinetes. Debo supervisarlo yo misma.

-¿Carrera de caballos? Vaya, es una fortuna que haya traído a Timoteo.

-¿Timoteo?-Cuestionó Zelda.

-Sí, amor, es mi corcel. Ningún otro animal se le compara. Es el caballo más rápido de toda Britania, deberías verlo correr como gacela, sorteando obstáculos y ganando a los mejores. Quiero participar.

-¡Excelente idea!-Aplaudió la Reina Sirón-Si mi hijo gana, con ello demostrará su amor por ti, cielo.

-Eso es, mi hijo es muy inteligente, mis caballeros no pueden ganarle en las batallas ni en las competencias de caballos, se quedan muy cortos por leguas. Sin parecer presuntuoso, pero mi Lombardo es todo un campeón.

-Rey Max, la carrera es solo para gente que no esté involucrada en la realeza. El premio es muy ostentoso para el ganador, no sería justo si Lombardo participa. Si los demás competidores lo notan, probablemente se arrepientan de participar.

-Zelda, amor, no te preocupes. Puedo ir de incógnito. No notarán que soy yo. Así será justo.

Los consejeros estaban callados, el Príncipe Ralis miraba a Lombardo con algo de desconfianza.

-Déjelo que participe, Su Majestad. Queremos ver las habilidades de Príncipe Lombardo.-Le sugirió Perícleo, dejando su tenedor de lado.-No dudo que sea bueno en esto.

-Y lo soy, por completo.

Zelda cerró los ojos un instante, algo abrumada pero sabedora de su derrota.

-De acuerdo, pero debes ir disfrazado para que nadie tema el participar.

-¡Genial! Te demostraré que soy el mejor, mi amor.

La cena se pasó un poco lenta, pero cuando acabó, la Princesa Zelda se dispuso a ir a sus habitaciones para dormir, cuando un mano la tomó del brazo y la jaló hacia la salida de la estancia. Llegó a una terraza y miró que estaba con ella nadie más que Link, con una sonrisa de oreja a oreja. Zelda lanzó un suspiro de alivio, no tenía ganas de ver a ese odioso de su prometido.

-Buenas noches, Alteza.

-Hola, Link. Casi me das un susto de muerte.

-Si lo dice por el Príncipe vanidoso, lo comprendo.

-Jiji, tienes razón.

La luna resplandecía en su totalidad, aunque ya empezaba a menguar. Las estrellas decoraban el cielo de la noche, relajando el espíritu de la Princesa. Caminaron por la terraza hasta llegar al balcón, por el cual alcanzaban a ver las festividades que se llevaban a cabo en el castillo. Había mucha gente en los juegos mecánicos, otras en la sección de alimentos y otras más caminaban por el área de esparcimiento familiar. Los soldados estaban muy atentos a cualquier movimiento extraño y los centinelas vigilaban todo desde sus torres.

-A pesar de ser día de fiesta, hay centinelas, soldados y arqueros en sus lugares. Pobres, nunca descansan.

-El jefe de los soldados es quien les asigna sus días de descanso a cada uno, te aseguro que les tocará a todos aunque sea un solo día del festival.

-Que bien, porque lo merecen.

Se quedaron callados unos minutos. Link, para romper el hielo, se estiró un poco, algo agotado.

-Me he subido a casi todos los juegos, son muy divertidos.

-Ya lo creo, debe ser muy entretenido.

-¿Y por qué no lo hace?

-No es acorde a mi instrucción como monarca. Debo dar una imagen impecable, refinamiento y educación.

-Bah, esas cosas son aburridas. Es joven, Majestad. Merece divertirse aunque sea una vez.

-No, no puedo hacerlo.

-Hmm...-Link se puso pensativo, su mirada lo delataba y a Zelda no le agradaba mucho.-Tengo una idea.

-Oh, temía que dijeras eso.

-Use un disfraz. Vayamos a los juego, diviértase conmigo.

-¿Y Zafiro?

-Me ha ignorado parte de la noche por sus deberes, ya tuvo que echar a tres borrachos del festival por intentar pasarse de listos. No quiero estar solo esta noche.

-Creí que los niños o Ilia podían acompañarte.

-A los niños ya los van a llevar dentro de media hora a casa, sus padres también están cansados, pero yo puedo aguantar un rato más. Zafiro no se desocupará hasta que apaguen todo, vamos acompáñeme.

La mirada suplicante de Link era de antología. Zelda no pudo resistirse a ese par de ojos azul oscuro, tan penetrantes, traviesos y brillantes a la luz de la luna. Se sonrojó un poco, algo apenada por la cercanía del guerrero hylian. Link la tomó de la mano, logrando que ella se apenara aún más de lo que ya estaba.

-Por favor, será divertido. Estará aquí a tiempo para dormir.

Ya eran casi las nueve de la noche. La Princesa Zelda se soltó de su agarre, se dio la vuelta y caminó a la entrada. Link se sintió triste al verse rechazado.

-¿Qué esperas? ¿No vas a acompañarme a ir por mi disfraz, Link?

Otra vez Link sonrió. La siguió a su habitación, bueno, solo afuera de la Torre real. Después de unos diez minutos, la Soberana Absoluta bajó llevando un vestido de campesina color violeta, su cabello atado en una larga trenza decorada con margaritas, medias negras y botas café claro. Había teñido su cabello de color rubio cenizo y sus ojos los volvió verde agua. Todo gracias a la magia que era capaz de dominar.

-¿Listo para divertirte, Link?

-¿M-Majestad...?

-Shh...solo llámame Zelda cuando estemos solos. Si nos ve alguien más, diles que me llamo Violette.

-Okay, Violette, jajaja. Te ves muy linda.

-Jiji, gracias. Ahora escúchame y escúchame bien. No pueden esterarse que he salido del castillo sin compañía o sin Zafiro. Debes hablarme de tú como lo acabas de hacer, sin esas horribles formalidades. Hoy quiero divertirme y ser feliz. Libre. ¿Entiendes lo importante que es esto?

-Por supuesto. Y prometo que no la delataré. Le aseguro que cuando hagan su ronda los guardias de las 12 de la noche usted estará en sus aposentos durmiendo.

-Eso espero, Link. Ahora, ¡vámonos!

Caminaron hasta la entrada del castillo y se apresuraron a formarse para subir a la Rueda de la Fortuna. Una vez arriba, Zelda se sostuvo de Link un poco por temor a esa altura, pero una vez que diera las primeras vueltas, se acostumbró al juego e incluso elevó los brazos al aire, disfrutando de la diversión. Después la llevó a subirse al Martillo, eso la dejó con una terrible sensación de vértigo total. Siguieron su recorrido por la mayoría de los juegos, compraron algodones de azúcar y luego fueron al stand de tiro al blanco con una pelotas. Zelda resultó tener muy buena puntería y se ganó un oso de peluche el cual obsequió a una niña pequeña que lloraba con su padre por no poder ganar uno también. Caminaron ya cerca de las once de la noche. Ella estaba algo cansada, pero muy feliz de poder vivir como una hyruliana más y no como la Princesa. El aire de la libertad era tan puro, liviano y bastante acogedor. Llegaron a la carpa de Mr. Cool. Al ver a Link Mr. Cool puso una cara de fastidio total la cual cambió al momento de verlo entrar con esa hermosa pueblerina.

-Oh, boy, así que llevas a una hermosa girl a pasear. Mejor déjala, you know, yo puedo tratarla mejor. What's your name, pretty eyes?

-Me llamo Violette.

-Oh, great name, darling. Deja a este little boy y ven conmigo a comer algo.

-Disculpe, Mr. Cool, pero Link es mi acompañante esta noche. Lo siento mucho.

-What the...ejem...así que te llamas Link, stupid kid. Bien, ahora he modificado mi juego de las estrellas por si se te ocurría regresar. Now, tengo más estrellas que antes y mejor récord por atraparlas todas, que es de nada más y nada menos que 57 segundos. Pero bueno, ¿qué puedo decir? I'm the best, hahahaha.

-Link, me encantaría verte lograrlo. Supera su récord.

-Por supuesto que lo haré. Bien, acepto el reto.

-Hahahahaha, oh my godness, no creo que lo logres, boy. Ok, será como lo quieras. Paga 20 rupias y el juego empezará en diez segundos una vez que entres a la celda. *Esta vez sí te voy a dejar sin un pelo, hohoho*

Link entró en la celda tomando sus zarpas de la alforja de héroe. Sonó una chicharra y las luces aparecieron alrededor suyo. El muchacho se quedó boquiabierto al ver la cantidad enorme de estrellas, incluso la celda era más alta que la vez anterior. Zelda se quedó a un lado de Mr. Cool para supervisar el juego y ver que no se cometiera una irregularidad. En cambio, Mr. Cool la veía de reojo, babeando por la belleza de la chica. Link analizó la celda y la ubicación de las estrellas. Comenzó a lanzarse a ellas con las zarpas, logrando en cada trayecto atrapar diez u ocho. Llevaba 15 segundo en el reloj y le restaban unas 60 estrellas por atrapar de unas cien que habían en la celda. Mr Cool se burlaba sabiendo que no lo iba a vencer en el tiempo restante, el cual era de 42 segundos. Link hacía todo lo posible por lograrlo, pero de rato sintió un leve mareo. Se detuvo unos diez segundos muy valiosos presa de un miedo que le afloró de la nada. Un zumbido le llegó a los oídos de manera leve pero lo ignoró recordando que no podía perder. Siguió recolectando las estrellas colgando de un lado a otro. Ahora quedaban solo 12 segundos y unas treinta estrellas más.

-¡Hahahaha, te lo dije, you bastard! Nobody can beat me!

Entonces Link miró la parte alta de la celda. Habían unos tres metros de largo desde la cima al sitio de la última estrella. Solo tenía una oportunidad. Debía subir a la pared que tenía enfrente y luego regresar a la opuesta, colgarse de la cima y bajar en una diagonal de unos 45 grados a su derecha para poder tomar de esa forma diez estrellas en cada subida. Cada pared estaba alejada unos quince metros, no podía perder tiempo. Así que se lanzó a la pared frontal, luego regresó a la pared de salida a unos dos metros arriba y luego trepó a la cima. De ahí solo restaban diez estrellas y siete segundos. Bajó a su derecha en diagonal y tomó las estrellas restantes con un tiempo de 53 segundos en el reloj, derrotando a Mr. Cool por solo cuatro.

-Oh, damn! ¡No puedo creerlo, ese muchacho me ha derrotado de nuevo!

-Y te hubiera derrotado antes de no haberse detenido esos diez segundos.

-Oh, girl, ¿qué puedo decir? Dile que tome su premio y se vaya. El premio es una túnica de caballero color gris. Espero que le quede al menos. *Stupid little boy, otra vez me ha vencido, ¡lo odio!*

Zelda corrió hasta Link con el regalo envuelto en un papel marrón. Entró a la celda y lo vio en el piso con las zarpas a los costados, de rodillas y tratando de respiras. Una de sus manos estaba sobre su pecho y la otra sobre el piso. Un leve sudor le recorría la frente, estaba exhausto.

-¡Link, mira, Mr. Cool ha sido muy generoso y...! ¿Qué te pasa?

Zelda estaba preocupada, notando la palidez exagerada del chico. Al oírla, Link se levantó, guardó sus zarpas y trató de hacer que nada pasaba.

-¡Oh, es una túnica! Genial, estaba por comprarme una en el mercado, pero esta se ve bien.

-Oye, hace rato estabas tirado en el piso, ¿qué tienes?

-Nada, solo que no he descansado, es todo.

-¿En serio? Mira que detesto que me mientan.

-Tranquila, estoy bien.

-Bien, te creeré. Bueno, es hora de volver a mi casa.

-Esta bien, te acompaño.

Regresaron al castillo justo a las once y cuarto después de conversar sobre algunos asuntos.

-Oye, Link, quiero darte las gracias por esta velada. Me lo he pasado de maravilla a tu lado, nunca me había divertido así en toda mi vida. Gracias.

-No agradezcas. Para mí es un gusto el ver que te hallas divertido mucho, te lo mereces.

-¿En serio? Jijiji. Mañana estaré del otro lado de la moneda, como la Futura Reina de Hyrule. A veces me pregunto por qué tuve que nacer en esta familia. No es que no esté feliz con haber nacido, pero...¿por qué Princesa?

-Bueno, creo que las Diosas estaban seguras de que harás un excelente trabajo. No se le dan alas a los alacranes.

-¿Qué quisiste decir con esa metáfora?

-Que lo que sea que te depare el destino, lo mereces y no debes cuestionarlo. Solo tú sabes cuidar esta tierra, a su gente, tomar las decisiones correctas y no sé si alguien más lo hiciera mejor.

-¿Lo merezco? Por favor...No creo que sea así de buena como dices. Los puse en peligro al rendirme y entregar a mi reino de manera tan cobarde, sin pelear...Por mis intereses casi pierdo lo que amo. No sé como gobernar este pueblo, todos esperando todo de mí, Link...Ya estoy hartándome de esto.

-Oye, no. Esa no es tu actitud. De no haberte entregado, Zant hubiera matado a todos sin ninguna contemplación o piedad. Mi familia estaría muerta y yo probablemente junto con ellos. Recuerda esa marca en el dorso de tu mano, esa marca no se le da a cualquiera. No puedes hartarte porque de hacerlo, estarías renunciando a tu lugar en este mundo y con ello renunciarías a la vida de esta gente que tiene sus esperanzas puestas en ti.

-Pero...Link...

-Nada de peros. Tal vez yo no sepa lo que es ser un rey, o un príncipe. Pero sí sé lo que es llevar el peso de las vidas de aquellos que te ven como su única esperanza. Recuerda que soy un guerrero, lucho por lo justo y por la paz. Rendirse por un cansancio es la muerte. Rendirse por la seguridad de otros es ver por sus vidas. Además, recuerda que yo te apoyo.

Zelda se enterneció hasta el borde de las lágrimas, tanto, que no pudo evitar llorar sobre el hombro de Link. Éste se limitó a corresponder el abrazo y acariciar su cabello. Zelda pudo oír su corazón, latiendo a un ritmo un poco irregular. Sin embargo, se sintió aliviada y un poco más tranquila. Un sentimiento la embargo. Se dio cuenta de que no veía a Link como antes, era algo distinto. Le miró a los ojos, él hizo lo mismo. Sus brazos los unieron más uno al otro, la distancia entre sus cuerpo se fue estrechando y cuando estaban a punto de besarlo, apareció Zafiro de entre las sombras, nombrando a la monarca.

-Su Majestad, ya la gente empieza a retirarse del recinto y los comerciantes comienzan a cerrar sus negocios como lo ha mandado para este día.

-¿Cómo? ¿La reconoces así?

-Claro, no es la primera vez que sale del castillo disfrazada.

-Bien, mañana los juegos abrirán hasta la una de la mañana. Hoy he ordenado que todo esté cerrado una hora antes por cuestiones de seguridad. Ya mañana habrá más tiempo para el esparcimiento. Bien, Zafiro, Link, retírense y descansen. Mañana la carrera se celebrará a las diez de la mañana para que estén listos. Por cierto, Zafiro, te necesito a las ocho y media, después de mi desayuno para ultimar detalles.

-Como ordene, Su Alteza. Hasta mañana, que descanse.

-Sí, duerma bien, Majestad. Nos veremos mañana en la carrera.

Link y Zafiro se fueron una vez que el jefe de los soldados cerrara las puertas del palacio a las doce en punto. Todo estaba callado, todo mundo estaba en sus casas o a punto de ir a ellas. Zafiro le pidió que fueran a ver a Telma por unas cervezas.

-Está bien, pero no quiero que pase lo de la anoche, por favor.

-Jajaja, lo prometo, tontito.

-Solo acepto porque debo entregarle un recado a Telma de parte de la Princesa Zelda.

Una vez en la taberna, Telma les recibió con los brazos abiertos.

-Hola, muchachos. ¿Otra vez vienen de fiesta?

-No, yo vengo a darle este regalo por parte de Su Majestad.

-¿Un regalo?-Link le extendió un cheque por la suma de 150.000 rupias-¡Por las Diosas! ¿Y esto por qué?

-Es un agradecimiento por habernos ayudado durante la invasión. Me encargó que se lo trajera hoy.

-Oh, sí que es muy generosa. Con esto podré construir un segundo piso a la taberna, jajajaja. Contrataré a otra persona que me auxilie con los clientes y así ganaré más dinero.

-No te llenas con nada, vieja avara.

-Cállate, renacuajo azulado. Esto me asegurará una buena vida al retirarme. Bueno, falta mucho todavía.

-¿Mucho? No creo que debamos esperar más que unos meses, anciana. ¡Jajajajajajaja!

-¡Ahora sí ya te pasaste de viva, mocosa infernal!

Telma persiguió a Zafiro alrededor de Link, ésta trataba de esquivar los manotazos que le lanzaban, siendo el rubio víctima de ellos. Una vez que se cansaran de ese juego, Telma fue a servirles los tarros de cerveza y a recibir a algunos clientes taciturnos de la madrugada. A esa hora no había mucho ruido, solo ebrios que esperaban sus bebidas hasta las dos de la mañana que cerraba el local.

Llegada la hora de cerrar, Zafiro y Link se despidieron de la tabernera y caminaron a la casa de la guerrera. Al llegar, vieron a Ilia sentada sobre una piedra enorme del frente de la casa observando al cielo en actitud muy serena. Link lanzó un suspiro, debía hablar con ella otra vez. Zafiro los dejó a solas, entrando a la casa de modo callado. Ilia trató de volver al interior del hogar, pero Link la detuvo. Ella dejó caer unas lágrimas.

-No es mi intensión hacerte llorar...pero debo entregarte este presente de parte de la Princesa Zelda.

Link le dio su cheque con la recompensa de 150.000 rupias a su nombre. La chica lo vio pero no cambió su expresión. Siguió llorando, muy avergonzada.

-L-Link...l...lo siento.

-¿Lo sientes? ¿De qué hablas?

-Oh, Diosas...Link, lamento haber sido tan egoísta y estúpida. Pretender que me querrías si te daba mi primera vez y eso...fue algo tonto e inmaduro...-Los gimoteos comenzaron a escucharse un poco más fuerte-¡Lo siento! ¡Lo siento mucho!

Link no pudo evitar abrazarla, limpiando sus lágrimas con el dorso de su mano.

-Ilia, ya pasó, tranquila.

-¡No, no es así! No voy a negar que te amo...te amo con toda mi alma, nunca podré dejar de hacerlo. Pero si no quieres estar conmigo, no puedo hacer nada. No comprendo por qué la preferiste a ella, si no siquiera sabes mucho de su vida, de donde viene...pero es mejor así.

Ilia se despegó de su lado, algo abrumada.

-Link, desde que te conozco, no ha habido día en que deje de pensar en lo mucho que me agradas. Conforme pasó el tiempo, mis sentimientos hacia ti fueron madurando como nosotros. Cada día me esmeraba por verte feliz, contento. Tal vez en ocasiones no fui la mejor de las compañías, pero traté, te lo juro...traté de ser la mejor, aunque en mi avaricia solo logré quedar mal ante ti y destruir lo que sentías por mí...lo lamento tanto...Jamás podré disculparme del todo, nunca. De solo recordar lo que hice...¡Me dan ganas de estar muerta!

-¡Shh...no digas eso! Ilia, no pretendo oír una disculpa, por favor. No lo hagas. Has sido mi mejor amiga de toda la vida y te aseguro que nada podrá hacer que deje de ver por ti y tu seguridad. Es verdad que me inquietó mucho lo ocurrido y que no tengo una explicación a lo que pasó con Zafiro pero, soy un hombre, y esta clase de cosas suelen suceder. No quiero sonar como alguien que solo da sermones, solo quiero que sepas que alguien te querrá como yo no puedo hacerlo. Alguien que vea esa hermosura de tus ojos, que disfrute con verte sonreír de esa manera tan pícara y cómplice que tienes. Solo puedo verte como a una hermana menor, es todo. Aunque me obligue, no puedo amarte como a una mujer.

-Lo sé, ya no lo digas...solo me hieres con recordarmelo...

-Perdón, no era lo que pretendía.

-Está bien...-Ilia caminó un par de pasos, herida-Es mi culpa. Pero te prometo que todo va a cambiar. Mañana me regreso a Ordon.

-No tienes que irte, Ilia. El festival no ha terminado aún. Si te vas, sentiré que te he alejado.

-¿Crees que todavía puedo divertirme, con todo esto?

-¡Por supuesto! Quedan muchas cosas por ver, por disfrutar. Anda, entremos a la casa, es tarde.

-Link, eres...

Ilia corrió a abrazarlo otra vez, llorando de felicidad. Link no era alguien rencoroso ni alguien que humillara por un perdón. Link era una buena persona y eso valía más que cualquier otra cosa. Se quedaron un rato afuera, en tanto, Zafiro les observaba por la ventana, sonriendo de ver a Link reconciliado con su hermana de la infancia. A la mañana siguiente, las trompetas del castillo sonaron a todo pulmón. Los caballos entraban a unas cuadrillas improvisadas en un área cercana a la pista de carreras. Link fue a registrar a Epona, su dulce yegua aventurera. En las filas de inscripciones, apareció un jinete un poco inusual. Vestía de color azul cielo, una capa negra colgando de su espalda y una capucha sobre su cabeza. Llevaba un fino corcel color blanco en su totalidad, su crin recortada y la cola trenzada. Los ojos del animal, de un suave color azul celeste, le daban un aspecto de gloria, poder, realeza y una belleza indescriptibles.

A su paso ese corcel y su jinete recibían toda clase de elogios de las bocas de los más cercanos, lo cual dejó sin cuidado a Link. Tomó a Epona del hocico con ambas manos, sonriéndole con amor.

-Tú eres mil veces mejor que cualquier otro caballo, no lo olvides, Epona.

La yegua le respondió con un relinchido contento, el cual fue captado por el caballo blanco y su jinete incógnito, quienes se giraron a verlos casi en un segundo. Ambos fueron a donde estaba Link, acomodando una banda color marrón y el número siete en ella, su silla de montar y las riendas. Al sentirse observado de un modo insistente, Link se giró su cabeza por el hombro izquierdo, viendo al caballo blanco el cual era más alto y grande que Epona.

-Saludos, muchacho.

-Hola, creo haberlo visto antes.

-Pues espero que no me hayas olvidado, plebeyo.

Esa voz, claro que lo recordaba.

-¿Príncipe Lombardo?

-El mismo. Pretendía que nadie en esta carrera se enterara de que voy a participar con mi querido Timoteo, pero me agradó la idea de que solo tú lo supieras.

-¿Con qué propósito, Majestad?

-Con ninguno en particular. Digamos que solo te vi y supuse que participarías, ya que llevas a ese animal mestizo con esa bandera.

-Epona no es ninguna mestiza. Es hija de un caballo de gran linaje.

-¿En serio? Jeje, no puedes compararla con Timoteo, quien es un pura sangre real. Un caballo entrenado por mí, desde el momento en que comenzó a trotar. Como sea, tu yegua, a pesar de ser hermosa, no tiene probabilidades de ganarnos.

-Sin ofender, Majestad, pero Epona corre como el mismo viento. Sus cascos son tan ligeros que pareciera que flotara. No ha habido rival que la iguale.

-Jajajaja...tal vez en el pueblo de donde vienes, pero en toda Britania nadie le ha podido ganar a mi corcel. Aún es tiempo para que desistas y retrocedas, si no deseas ser humillado.

-¿Humillado?

-En efecto, eso es lo único que conseguirás. Ahora quítate de mi camino, me estorbas...

Con un hombro, Lombardo se quitó a Link de en medio, haciendo que su caballo rozara el hocico de Epona al pasar. Link frunció en ceño, molesto. Sin embargo, estaba seguro de que le daría pelea. No solo eso, le ganaría. Los jinetes fueron llamados a ocupar sus respectivos sitios en los cajones de salida. Lombardo estaba en el sitio número 3, cuatro lugares lejos de Link. El recorrido constaba de dar dos vueltas de 400 metros metros cada una, los jinetes deben de salir al mismo tiempo, una vez que una trompeta les indique que pueden dar inicio a la competencia. Podían usar un fuete para arrear a su caballo o simplemente darle unos golpes en los costados. Estaba prohibido golpear al contrario o a su animal y no podían obstruir el carril contrario, aunque se valía rebasar para tratar de ganar. La cinta de la meta sería puesta por dos personas una vez que todos los corredores comenzaran la segunda vuelta. La Princesa Zelda sería la juez junto con el Príncipe Ralis y el Rey Max.

Una vez que todos estaban en sus posiciones, Zelda se acercó a Zafiro, quien estaba vigilando a las personas que llegaba a sentarse en las gradas del patio trasero del castillo para ver la carrera.

-Zafiro, cuida que nada anormal pase, temo que alguno de los jinetes pueda hacer trampa.

-Descuide, Mi Señora, yo veré que todo sea legal.

-Cuento contigo.

La futura Reina caminó hasta su silla en medio de los jueces que esperaban que se sentara. En las gradas Link pudo ver a Salma, Telma, Ilia, a los niños y sus padres, a Shad y por sorprendente que fuera, también estaban en las gradas Leonardo y su hija Lila.

-Mira, Epona, nuestros amigos han venido a apoyarnos, ¡Holaaaaaaaa!-Link agitó la mano a las gradas, recibiendo un saludo de todos.

La carrera estaba por comenzar, todos los jinetes estaban listos, esperando que esa trompeta sonara.

CONTINUARÁ...

Vaya, ahora no tardé mucho en actualizar, jejejeje. Bueno, espero que les agrade este capítulo, esperen por más. Ya se avecina la carrera de caballos, ¿quién ganará? Es hora de que Link demuestre que no solo es un gran guerrero, sino que también conoce mucho sobre caballos. En especial de Epona.

Nos vemos.

NOTAS: The Leyend of Zelda es creación de Miyamoto-San y la compañía Nintendo.