Aquí el séptimo capítulo de este fanfic.

Candy Candy y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki.
Yo sólo hago esto con el ánimo de entretener.


Cuando menos te lo esperas

Capítulo 7


Anthony era realmente insistente. Candy no sabía ya qué excusa inventar para rechazarle las invitaciones. Que tendría turnos extra, que se había cambiado de casa hace poco y tenía que organizar mucho aún, que tenía visitas de parientes, etcétera, etcétera… y él seguía viniendo puntual, todos los días hace como ya una semana, con una rosa roja para ella.

Suspirando, salió del hospital buscando por todos lados con la mirada algún lugar donde esconderse del chico. Era muy lindo y atento, pero ella estaba enamorada de otra persona…

Una persona que la encontró a la salida del trabajo ese día.

-Candy- la llamó su voz y ella no pudo evitar sentirse nerviosa e increíblemente feliz al saber que había ido por ella. -Te estaba esperando- le dijo sonriendo y Candy notó unas pequeñas arruguitas en sus ojos. "¿Cuántos años tenía?" se preguntó un poco confundida y no pudo recordar. Albert se veía más mayor que cuando vivían juntos. Y ahora traía un traje de diseñador, que le llamó mucho la atención a la rubia.

-Hola Albert…- dijo Candy con tono soñador, decidiendo pasar por alto esas cosas. -Me alegra mucho que hayas venido…- continuó un poco sonrojada. Él le sonrió.

-Anthony por fin desistió de la idea de invitarte a salir… por ahora… incluso me pedía consejos, como eres mi… amiga- dijo algo indeciso el rubio. 'Amiga' no era el apelativo con el que quería llamarla, pero no podía decir nada más. -Estaba realmente cansado de eso, ¿sabes…?- le dijo con sinceridad.

-Era muy… insistente- murmuró Candy un poco incómoda. -Siempre traía rosas rojas… y en realidad… no me gustan mucho las rosas rojas…- dijo recordando que el rubio de sus sueños le regalaba rosas rosadas. Él sonrió con un poco de malicia.

-Ese fue mi consejo…- dijo Albert aguantando una risita. Candy lo miró sin poder creerlo. -¿Cómo voy a decirle a mi competencia las cosas que te gustan?- se defendió Albert seriamente. Candy rió encantada por la actitud y sinceridad de él. Tal vez por eso le gustaba tanto. Él rió con ella, pero decidió cambiar de tema. -¿Te gustaría ir a cenar conmigo?- preguntó un poco sonrojado. Ella asintió.

-Me encantaría… pero supongo que el uniforme no es una linda prenda para ir a cenar…- murmuró algo incómoda. Él la tomó de los hombros y le sonrió, acercando su nariz a la de ella.

-Te verás preciosa con lo que te pongas- le dijo frotando suavemente la punta de su nariz, haciéndola reír.

-Aún así, preferiría ir a mi casa a cambiarme… ¿te importa?- preguntó la chica y él negó con la cabeza. La guió a un auto aparcado tras el hospital y la invitó a subir, abriendo caballerosamente la puerta del copiloto. -Wow… ¿es tuyo?- preguntó Candy antes de subirse, admirando el modelo que seguramente no sería para nada económico. Él se puso un poco incómodo pero asintió.

-Sí… es mío… tengo muchas cosas que contarte, querida Candy- dijo Albert para sí rodeando el automóvil para sentarse en el asiento del conductor, tras cerrar la puerta de ella.

oOoOoOoOo

-Has decorado un departamento precioso- admiró el rubio cuando ella lo invitó a pasar a su casa.

-Lo ha escogido Terry… se vino a vivir acá para continuar su carrera y no quiso que me quedara sola- le explicó ella entrando a su habitación y cerrando por dentro. Albert recorrió la sala, la cocina, la habitación de invitados, básicamente todo el departamento. Se sentía como en casa y le llamó la atención que las cosas que hubiese comprado cuando vivía con ella estuvieran ahí. Su corazón dio un vuelco y se enterneció increíblemente.

-Eres un sol…- murmuró tomando un tazón que fuera de él, pulcramente puesto en una alacena. Cuando la sintió salir guardó el tazón y volvió a la sala rápidamente. -¿Y qué pasó con tu casa?- preguntó curioso el rubio, mirando las fotos que tenía Candy en una repisa.

-La vendí…- murmuró la chica. -Decidí que era tiempo de cambiar de aires…- dijo como quien no quiere la cosa. Albert se sintió un poco culpable por haberla dejado sola tras el tiempo que compartieran juntos. -Y es mejor así- sonrió ella, pensando que al menos estaba ahora con él.

-¿Estás lista?- preguntó volteándose y dejando encima un marco que tenía una fotografía de ella y Terry junto con una rubia que no conocía. Albert se quedó con la boca abierta.

Candy traía un vestido verde esmeralda entallado en el busto y la cintura y amplio en la falda, con un escote discreto. Traía unos pequeños aretes dorados con forma de flor y una delicada cadena a juego. Sus rizos estaban sueltos y caían como cascada por su espalda, con unos mechoncitos sueltos en los lados de su flequillo. Albert no recordaba verla tan arreglada, pues pocas veces habían salido y siempre estaban en casa o venía del trabajo con su uniforme. Albert sacudió la cabeza para regalarle una bella sonrisa.

-Te ves hermosa- le dijo acercándose para abrazarla. Ella se dejó hacer y disfrutó cada segundo de ese gesto. Se sentía tan bien en sus brazos, tan protegida y querida.

-Gracias- susurró con su mejilla apoyada en el pecho de él. Él acarició su cabello, con cuidado de no desarmar su peinado y luego la alejó de sí para admirarla de más cerca. Su maquillaje era tan suave y perfecto, de verdad era hermosa. Sonrió y le dio un beso en la frente.

-¿Vamos?- preguntó el rubio ofreciéndole su brazo para salir del departamento. Ella asintió y lo aceptó encantada. Él era tan galante y caballero… suspirando algo sonrojada lo miró para sonreírle. -¿Hm?… ¿Qué pasa?- preguntó él al darse cuenda de cómo la chica lo miraba.

-Me gustas mucho, Albert…- se atrevió a decir ella sin perder el rubor de sus mejillas. Él le sonrió deleitado y alargó su brazo para darle la mano.

-Y tú me gustas a mí… quisiera que conversáramos de eso… más tarde… si no te molesta…- dijo Albert un poco nervioso. Temía que ella recordara el mal rato y decidiera echarlo de su vida al fin.

Candy asintió y se apoyó en el hombro de Albert despejando todas sus dudas. El rubio sonrió y abrió la puerta del departamento para guiar a la chica a su automóvil y a algún restaurant.

-Yo también quisiera preguntarte algunas cosas…- murmuró tímidamente Candy luego de un rato de camino en el auto. Él le sonrió amablemente.

-Contestaré todo lo que me quieras preguntar- le dijo y ella sonrió también. –Pero vamos primero a cenar… me muero de hambre… nos ha tomado un buen rato la pasada a tu departamento- bromeó él, haciendo que se le subieran los colores a la rubia.

-Albert lo siento…- dijo totalmente avergonzada. -Es que tú te veías tan guapo que pensé que me tenía que arreglar mucho…- dijo bajando la mirada y jugando con las manos, nerviosa. Él sólo sonrió, por el cumplido.

-Tranquila, estaba bromeando- le dijo el rubio mirándola de reojo. Se veía tan tierna con la carita ruborizada y mirando sus manos con algo de culpa y un poquito de vergüenza. Se sintió un poco mal por hacerla sentir así, pero no le dijo nada más. Condujo por un par de minutos más y llegaron a un restaurant bastante elegante. Candy se sorprendió.

-Yo no podría pagar esto…- murmuró mirando para todos lados, caminando del brazo de Albert hacia un hombre que parecía ser acomodador.

Albert habló con él por espacio de un minuto y él hombre parecía avergonzado por algo. Disculpándose durante todo el camino, los guió a una mesa apartada, iluminada con velas y con un delicado florero con una rosa rosada en él. Candy se sintió como una princesa y estaba feliz.

-Creo que el hombre encargado no anotó mi reserva…- murmuró el joven rubio cuando se sentaron. Un hombre de pulcro bigote gris les trajo un par de menú y les preguntó si querían algo de beber. Albert pidió un vino que sonaba costoso y Candy sólo un vaso de agua, aún algo nerviosa por el lugar y lo costoso que se veía. -Candy… no te preocupes por eso- le dijo el rubio cuando notó su incomodidad. -Creo que hay muchas cosas que debería contarte ahora…-

Ella asintió y fingió mirar el menú mientras esperaba que él empezara su relato. Él sonrió cuando ella se dirigió a la parte de postres. Y es que había escogido ese lugar porque hacían postres deliciosos y ella adoraba lo dulce.

-Candy…- Albert suspiró. -Mi nombre completo es William Albert Andrew…- le dijo, haciendo que ella olvidara completamente lo de los postres que tenía para escoger. El hombre de negocios más poderoso de Chicago… ¿era él?... ¿era su Albert? Lo miró boquiabierta y él sólo le sonrió. -Bueno, por esa reacción supongo que sabrás quién soy…-

-Por supuesto… también leo los diarios…- murmuró la chica un poco shockeada. Aunque nunca salía la imagen del dichoso William Andrew, siempre estaba en las páginas sociales, de eventos de caridad, negocios y cosas así. Albert suspiró, pues esperaba que se lo tomara de mejor manera. Aunque en realidad no tenía muchas razones para eso… pero ella era comprensiva y amorosa con él, ¿no?...

-Bueno…- la incomodidad de ambos se hizo presente con fuerza y él no sabía cómo continuar. -Supongo que antes no era importante eso… pero ahora… he tomado las riendas de mi familia… esa fue una de las razones por las que no pude volver contigo…- dijo intentando prepararse para alguna arremetida.

-Ya veo…- dijo Candy simplemente. Bajó la mirada sin saber cómo reaccionar. Volvió a fingir leer el menú.

-Candy… no quiero que pienses que te mentí… sólo… no era necesario que supieras porque…- Albert comenzó a titubear.

-¿Por qué?- preguntó ella clavando sus ojos verdes en los azules de él. Albert retiró la mirada sintiéndose incómodo, sin saber qué decirle.

-No era necesario… en tu pueblo no tenía nombre ni identidad, no los necesitaba… tenía mi libertad… podía ser yo…- murmuró el rubio.

-Fue un poco egoísta…- dijo ella. Intentó reprocharle todo lo que pasaron, que ella lo tuvo que mantener y todo eso, pero no pudo. No con todo lo que lo quería.

-Candy perdóname…- pidió él intentando tomar sus manos, pero ella las retiró de la mesa. -Candy… por favor…- todo el arrepentimiento en esos ojos azules partía su corazón, pero sus razones no la ayudaban a entender del todo.

-Es que no lo entiendo… ¿por qué ocultarme todo?- preguntó ella suavemente, algo insegura.

-Sé que no debí hacerlo… que debí decirte todo desde el principio…-

-Y por eso te fuiste…- murmuró ella más para sí que para él, cortando su disculpa. Albert se sentía cada vez peor y no sabía cómo arreglarlo. -Bueno… supongo que tenemos que empezar de nuevo…- dijo ella regalándole una bonita sonrisa. El corazón del rubio dio un salto de felicidad al verla. -Soy Candice White… pero puedes llamarme Candy- dijo Candy extendiéndole una mano. Él la tomó y la besó suavemente.

-Yo soy Albert Andrew… encantado de conocerte, Candy- dijo mirándola intensamente a los ojos, agradeciéndole con todo su ser una segunda oportunidad. Ella le sonrió tiernamente y retiró su mano cuando él la soltó, escondiéndola, aún insegura, pero sintiendo que lo que hacía era lo correcto. -¿Te parece si ordenamos?- preguntó el rubio y ella asintió entusiasmada. Todo lo que había en el menú sonaba muy rico y nunca en su vida había estado en un lugar tan lindo.

Ordenaron su comida y pasaron una agradable velada. Candy sentía que tenía tanto que decirle a su acompañante desde que éste se fuera de su casa, pero ya habría tiempo para eso. Escuchó atentamente la historia de su vida y su familia, de cómo se había metido en eso del mando de ésta y qué hacía ahora. Ella por su parte le contó cómo había llegado a Chicago, cómo Terry le había conseguido el apartamento y lo difícil que había sido decidirse a dejar su casa.

-Pero no me arrepiento… no ahora que sé que estás aquí- dijo ella con tono soñador y un poquito de color en las mejillas. Albert veía brillar sus ojos cuando lo miraba y eso lo hacía sentir el pecho hinchado de amor.

Cuando terminaron de comer, Albert ofreció llevarla a casa, después de todo estaban algo lejos del departamento de Candy. Ella le agradeció y aceptó gustosa de pasar más tiempo con él. El camino fue entretenido porque se sentían como compañeros de nuevo. Como buenos amigos…

-Oh… Albert….- murmuró Candy preocupada, revolviendo todo el contenido de su pequeño bolsito.

-¿Qué ocurre, princesa?- preguntó él inquieto por el tono de ella. -¿Estás bien? ¿Pasa algo malo?- ella negó con la cabeza pero se sonrojó.

-Olvidé traer las llaves…- murmuró roja como un tomate. Albert se sintió culpable porque había sido él quien la había llevado y tampoco se acordó de las dichosas llaves.

-Ehm… bueno, eso es un pequeño problema… pero tiene solución- sonrió él cubriéndola con su abrigo, porque empezaba a hacer frío. Candy lo miró sin entender. -Ven a quedarte conmigo esta noche… y así conoces mi casa- le dijo el rubio sonriendo tan apuesto que la chica no pudo hacer más que derretirse y decirle que sí.

-Está bien… ¿podrías traerme mañana?... es mi día libre pero tengo algunas cosas que alistar… vendrá Terry con Susana a almorzar- él asintió y la abrazó.

-Me alegras tanto…- le dijo al oído y le dio un tierno beso en la mejilla. Candy sonrió feliz. -¿Vamos?- preguntó el rubio ofreciéndole su mano para volver al automóvil.

-¿Albert…?- preguntó la chica cuando iban en camino a la casa de Albert.

-Dime, princesa- dijo él sonriéndole y mirándola de reojo.

-Tú… ¿vives con Anthony?- Albert cayó en la realidad y se golpeó la cabeza al no haberlo pensado antes. Candy rió por el gesto.

-Sí…- respondió él suspirando. Candy ahogó una risita nerviosa. -Supongo que esta noche será entretenida…- murmuró intentando no pensar en las explicaciones que le darían al joven cuando los viera llegar.

oOoOoOoOo


Hola! Pues como ven, hemos actualizado este fic… no nos tardamos taaanto tampoco... ojalá no estén tan molestas…

Qué pena que algunas se hayan enojado con el nuevo, por el sólo hecho de ser uno nuevo. No quiere decir que vayamos a dejar de lado ninguno de los otros que estamos haciendo… y quiero comentarles que yo he estado esperando tres años (sí TRES AÑOS) por actualizaciones de algunos fanfics… período en que las autoras suben otros y no por eso uno se debería enojar… yo al menos soy feliz con más material para leer e imaginar…

Les dejo un saludo a todas y perdonen por no contestar los review pero hoy no hay ganas.

Pauli