AKARIN!
Hái! Yuru Yuri está a punto de acabarse!

Akane abrió la puerta desganada. Era Tomoko Yoshikawa.

—¿Qué pasa? —preguntó preocupada al ver a su única amiga.

—¿Puedo pasar? —preguntó Tomoko entre sollozos.

—Adelante…

Desde la desaparición de Akari, las cosas habían cambiado mucho en la residencia Akaza. Los padres se habían mudado lejos de esa ciudad y de sus "trágicos recuerdos" cuatro años luego que las autoridades se dieran vencidos buscando a su amada hija. Habían contratado detectives privados, pero no hubo resultado, ella se había ido para siempre.

Al final la única que se quedó en casa fue Akane, aún aferrada a la esperanza que su amada hermanita volviera algún día; por eso no salía nunca. Trabajaba desde casa y cualquier cosa que necesitara, como comida, ropa o algún servicio de mantenimiento; lo pedía por internet. Era una existencia triste, se había convertido en una completa ermitaña, pero aún así seguía esperando que un día, su hermanita entrara por esa puerta con su gran sonrisa. La única que no había roto contacto con ella era Tomoko, pero porque la mayor de las Yoshikawa no estaba dispuesta a dejar ir a su amada. Tomoko siempre la había ayudado y se había convertido en un verdadero consuelo; pero ésta vez parecía que era ella la que venía buscando el consuelo de Akane.

—¿Qué pasó? —repitió Akane colocando una taza de té frente a Tomoko.

—Sé que no sales nunca y por eso no te enteras de nada, pero oh, Akane, fue tan horrible —dijo Tomoko pasándole un recorte de periódico empapado en lágrimas.

Akane lo leyó.

—¿Tu hermana? —preguntó con un hilo de voz.

—Era tan joven… por dios…fue hace dos meses, aproximadamente, pero… no sé, disculpa por no haber venido a verte; pero… pero…

Tomoko rompió a llorar en el hombro de Akane, que la abrazó con ternura. Claro, ella sabía lo que se sentía y lo mejor era no decir nada y dejar que su amiga lo dejara salir.

—Lo siento… creo que ya tienes suficiente con tus problemas —se disculpó Tomoko limpiándose las lágrimas.

—No, si yo te entiendo —susurró Akane tristemente. —Es triste perder a alguien tan querido…

Las dos se quedaron en silencio por un tiempo, pero Akane se levantó de repente.

—¿Akane?
—Hay alguien en el cuarto prohibido —dijo con un tono de odio en su voz.

—¿Qué?

No había nada que hacer, la pelirroja se había levantado y tomado un bat de baseball que tenía para ocasiones así y fue corriendo hacia su cuarto prohibido, el ex cuarto de Akari. Tomoko iba tras ella muy confundida, ella no había oído nada. Finalmente entraron al cuarto de Akari y Akane prendió la luz.

En el cuarto estaba una mujer, vestida con pantalones y botas militares, una blusa negra y guantes de cuero.

—¿Quién eres? —exigió Akane con voz autoritaria.

Akari se volvió hacia su hermana.

—Nee-san —dijo Akari indiferente.

Akane se congeló por unos segundos dejando caer el bat y corrió a abrazar a su hermana.

—Akari, Akari —repetía una y otra vez empapando la blusa de Akari con sus lágrimas de alegría.

Tomoko sólo miraba la escena algo sorprendida por la actitud de Akari. Hasta donde recordaba, la chica sentía un gran respeto por su hermana y siempre aceptaba de buena gana sus abrazos y cariños; pero ésta vez ella estaba como congelada, con una mirada entre fría y perdida. Akane también pareció notarlo, pues se separó de su hermanita y la miró con expresión confundida. Akari sólo la miró con indiferencia, igual que antes y luego reparó en Tomoko.

—Lamento lo de tu hermana —dijo al reconocerla. —Pero se sienta mal, Yoshikawa-senpai. Ella no sufrió.

Akane retrocedió un par de pasos sin entender. Sabía que ésta era Akari, se lo decía su corazón, pero no era la Akari que conocía. Mientras, Tomoko sintió una especie de escalofrío cuando habló Akari.

—¿Cómo sabes que no sufrió? —preguntó como pudo.

—Porque me aseguré de que así fuera. En el fondo no soy mala persona, me aseguro que mis víctimas no sientan dolor —respondió Akari dándole la espalda a las dos y caminando alrededor de su antiguo dormitorio reconociéndolo y mirándolo de arriba abajo.

Ambas mujeres tardaron bastante en procesar la información. Akane no sabía qué decir, estaba completamente congelada; pero Tomoko sintió cómo una furia asesina se apoderaba de ella. Antes que pudiera reaccionar Akane, Tomoko tomó el bat del suelo se lanzó con todo contra Akari. La pelirroja respondió con una tremenda patada en el estómago derribando al instante a su atacante.

—AArg… —se quejó Tomoko. —Creo que me rompiste las costillas…

—Seis en total —dijo Akari indiferente.

Tomoko estaba rabiosa, quería vengarse; oh sí, iba a vengarse. Se levantó como pudo, pero Akari correspondió con un ligero pellizco situado más o menos entre el cuello y los hombros haciéndola desmayar al instante.

—¿Qué hiciste? —preguntó horrorizada Akane.

—La neutralicé antes que haga algo tonto —respondió Akari igual de indiferente que en todo el rato.

Esto no le gustaba nada a Akane, no sabía cómo reaccionar. Finalmente dobló las rodillas y comenzó a llorar.

—¿Por qué lloras? —le preguntó su hermanita preocupada. La primera emoción que mostraba en el tiempo que se habían reencontrado.

—¿Por qué lloro? Akari, ¿qué te pasó? ¿Qué pasó con la dulce niña que me robó el corazón desde el primer momento en que la vi? —preguntó Akane cada vez más desesperada. —¿Mataste a alguien, Akari? Ella era tu amiga, ERA TU AMIGA! —gritó desesperada.

Akari sólo acarició la cabeza de su hermana y la dejó desahogarse. Fue bastante tiempo, lo suficiente para que Tomoko despertara y mirara la escena sintiéndose inútil e impotente.

—Gomen ne, nee-san. Akari no quería matarla, pero hace mucho que ya no soy Akari. ¿Qué me pasó? Siempre tuve una presencia débil, así que fui secuestrada, entrenada y convertida en una asesina. Una gran asesina, una verdadera artista de la muerte —decía la chica airándose cada vez más. —Sí, una artista de la muerte. Chinatsu-chan fue una pincelada más… sí; una pincelada más.

—¿Una pincelada? —preguntó Tomoko débilmente?

—Así es. Soy una artista de la muerte y estoy pintando mi obra maestra —dijo Akari levantándose.

Akane se arrastró hacia su amiga.

—Vine aquí, porque una parte de mí quiere terminar con esto —dijo viendo a las dos amigas. —Lo que queda de Akari me suplica que deje de matar, por eso vine aquí, para hacer la prueba y contemplar mis recuerdos felices —dijo mostrándoles lo que había venido a buscar: su álbum de fotos de la secundaria. —A ver si mis recuerdos son más fuertes que mi deseo de seguir con mi obra maestra; pero junto con los buenos momentos vienen también aquellas veces que Akari fue ignorada por sus amigas, Akari sintiéndose invisible. Al final fallé, seguiré no importa lo que diga Akari.

—Tú nunca tuviste poca presencia para mí —dijo Akane levantándose y acercándose a su hermanita y la abrazó con fuerza. —Todo lo contrario Akari, siempre estuve velando por ti, aunque no supieras que yo estaba ahí… no quería que nada malo te pasara. Pero quien se que te convirtió en esto, fue mejor que yo. No importa.

Akari iba a responderle, pero entonces Akane la besó con pasión. La pelirroja no pudo reaccionar, hacía mucho que no le robaban un beso; y ésta vez lo hizo alguien de quien nunca esperó algo así. Akane la seguía besando y la asesina sentía cómo su boca era invadida por la lengua de su hermana. No podía reaccionar, era demasiado para ella.

Finalmente Akane se separó.

—Eso fue para lo que queda de Akari, mi Akari. Por favor, vuelve. VUELVE AKARI! —Gritó sacudiéndola con desesperación y empujándola contra el piso.

La asesina se sintió impotente por primera vez en mucho tiempo. Su hermana estaba a punto de seguir con su feroz ataque de amor, así que la asesina no tuvo más remedio que huir de ahí saltando por la ventana.

—AKARI VUELVE! —gritó Akane desde la ventana. —NO ME DEJES AHORA QUE YA TE HE ENCONTRADO!

Akari aceleró el paso y se perdió en las sombras de la noche.

—Por favor… no me dejes otra vez —dijo Akane con un hilo de la voz volviendo a estallar en lágrimas.

Tomoko no sabía qué decir. Al final se decidió a llamar a una ambulancia desde su celular y salir de aquella casa lo más pronto posible. Fue rápido, los paramédicos llegaron en cuestión de minutos y las sacaron de ahí; aunque Akane se negaba a irse y tuvieron que sedarla.


—¿Qué pasó? —preguntó el detective Fukanaga a Tomoko. La joven estaba en urgencias, pero aún así exigió hablar con el detective en jefe que se encargaba del caso de su hermanita.

—Fue Akane-san no imouto. Akaza Akari-san —dijo ella entre asustada y furiosa. —Ella, ella mató a mi hermanita… para ella mi hermanita no fue más que parte de su obra maestra. Ella, esa artista… artista…

—Artista de la muerte —completó el detective consternado.

Tomoko lo miró sorprendida.

—¿Usted sabe?

—Sí, pero desgraciadamente no puedo hacer nada. Es un asunto del gobierno —respondió el detective.

—Hable con Akane —dijo Tomoko. —Ella, ella asabe…

El detective movió la cabeza de un lado a otro.

—Todo el suceso la dejó en shock. Está rehabilitándose, pero de momento no podemos sacarle nada —dijo tristemente Fukanaga.


Akane estaba en su cama de hospital sola, triste, conmocionada. Entonces miró hacia las sombras.

—No vuelvas a dejarme —sollozó. —¿Cómo entraste?

—Soy invisible si así lo deseo —respondió Akari saliendo a la luz.

—No para todos —dijo Akane.

—No, no para todos.

La asesina se encaramó a la cama de su hermana y la besó dulcemente.

—No voy a dejarte. Nunca más, Nee-san...