7
Sakura hizo un desesperado esfuerzo por escapar a la presa implacable con que él la dominaba.
--- Si no me quitas las manos de encima ahora mismo, te pondré los dos ojos morados. ¡Por si no te has dado cuenta, soy tan alta como tú!
Sasuke la empujó sin ninguna dificultad hacia una pared cercana. Los tablones resonaron suavemente cuando los hombros de Sakura chocaron con ellos.
--- Te gano por unos centímetros. --- Se inclinó sobre ella y le apretó los brazos contra los costados ---. Y sólo pesas la mitad que yo.
--- ¡Se lo diré a mi padre! --- Las pocas veces que Sakura había usado esas palabras en el pasado, siempre habían producido un efecto mágico. Todo el mundo temía a su padre.
--- ¿De verdad? --- Una chispa de diversión brilló en los ojos de Sasuke y sus labios se curvaron en una media sonrisa burlona ---. Eso debería ser interesante.
Sakura volvió la cara, consciente de que había cometido un error. En lugar de reaccionar con desprecio, de reírse de él, de decirle que dejara de hacer el ridículo, había perdido los estribos, y ésa era precisamente la manera infalible de mantener vivo su interés.
Sasuke le soltó las manos, se inclinó sobre ella y usó el peso de su cuerpo para dejarla atrapada contra la pared. Luego se envolvió la mano con su cabello y tiró de él lo bastante fuerte para que Sakura tuviese que echar la cabeza hacia atrás. La boca de Sasuke quedó suspendida sobre la suya. Sakura pudo sentir cómo el calor de su aliento le recorría los labios en una rítmica caricia, y empezó a temblar. Cuando habló, fue con una voz extrañamente gutural que no parecía pertenecerle.
--- No sé qué quieres, pero hazlo de una vez. Tengo cosas que hacer.
Un instante después sintió la boca de Sasuke sobre la suya, en una acometida que terminó tan deprisa como había empezado. Él levantó la cabeza y la miró con esos ojos de color negro. El áspero beso produjo un hormigueo en los labios de Sakura. Se los lamió, y descubrió en ellos la tenue dulzura del té con azúcar.
--- Déjame --- murmuró con voz entrecortada.
Los bordes de los anchos pómulos de él parecían más afilados que de costumbre. Su rostro se había vuelto exótico, casi oriental en su austera calma.
--- Todavía no he terminado.
Sakura intentó apartarse, pero Sasuke la rodeó con los brazos, y aunque se debatió frenéticamente la energía del cuerpo de Sasuke pudo más que ella. Él volvió a inclinar la cabeza, y la besó con una fuerza que hizo que el resto de los hombres quedaran completamente borrados de su memoria. A partir de aquel momento Sakura nunca podría volver a recordar la dulzura de su primer beso a tientas con un muchacho de aldea, ni los tiernos abrazos que había compartido con Naruto Uzumaki. Sasuke se llevó todo aquello, para marcarla con el fuego de una pasión brutal que no dejaba espacio para nada más. Todo cambió con una rapidez que la dejó mareada. Sasuke ya no era la figura oscuramente seductora que flotaba muy lejos de ella, suspendida en los confines de su existencia. De pronto era real, y su proximidad la obligaba a reconocerlo de un modo que Sakura nunca se había atrevido a concebir antes.
Sasuke recorrió con sus grandes manos la espalda de Sakura, resiguiendo la curva de su columna vertebral hasta llegar al nacimiento de sus caderas. Debajo de la camisa y los pantalones, sólo llevaba una camisola y unos finos calzones de lino: no había corsé, ni encajes, ni corpiño; ni una sola capa protectora que disfrazase la forma de su cuerpo. Sakura sabía que Sasuke sentía la suavidad de sus pechos, la curva natural de su cintura. La vergüenza y la sensación colisionaron dentro de su ser, y un súbito mareo la obligó a apoyarse en él. Sakura luchó por no rodearlo con los brazos, por apretarlo contra ella, para tenerlo aún más cerca y enredar los dedos en sus hermosos cabellos. Un doloroso anhelo le estremecía la carne en contactos con el cuerpo de Sasuke: los pechos, las piernas, el vientre… Quería que él la tocara por todas partes… Dios, quería…
Entonces sintió que los labios de Sasuke se apartaban de su boca, y no pudo reprimir un gemido de frustración. Sus manos asían y soltaban los pliegues de la camisa de él, sin rumbo. Sasuke murmuró algo en ruso, y Sakura sintió cómo su aliento le atravesaba el pelo para rozarle el cuero cabelludo. Sus manos se relajaron gradualmente sobre los hombros de él. Abrió los ojos, y por encima de los hombros de Sasuke vio que Manchú los observaba con ojos amarillos, sin parpadear, mientras movía la cola en un lento vaivén. Se apresuró a apartar las manos de Sasuke y se recompuso nerviosamente la camisa y el cinturón.
Sasuke dio un paso atrás y la miró con expresión impasible.
--- Si alguna vez necesitas algo --- dijo con voz suave ---, puedes acudir a mí. Quiero ser tu amigo, Sakura.
--- Pensaba… Pensaba que ya tenías suficientes amigos…
--- No como tú.
--- Los amigos no besan así.
Él usó el pulgar para alisarle las cejas sedosas.
--- No seas niña, Sakura.
--- ¿Qué provecho sacaríamos nosotros de la amistad? --- replicó ella en el tono más altivo de que fue capaz, dolida por su observación.
Sintió el tacto de sus dedos bajo la barbilla, y se puso rígida. Los labios de Sasuke casi rozaron los suyos cuando respondió:
--- Puede que lo descubramos con el tiempo, ruyshka.
Luego la soltó. Sakura se quedó inmóvil, con los ojos entreabiertos, y permaneció apoyada en la pared hasta que él se hubo ido.
Durante el resto de la semana, Sakura sólo pudo pensar en la visita de Sasuke y en las posibles razones de su comportamiento. No entendía qué podía querer su primo. Se resistía a creer que Sasuke pretendiera tener una pequeña aventura con ella, la excéntrica hija de un duque inglés, cuando en Londres había tantas mujeres hermosas que sólo deseaban poder compartir su cama con él. Y no era tan estúpida como para creer que Sasuke realmente pudiese desear su amistad, puesto que podía contar con la compañía de innumerables aristócratas, intelectuales, artistas y políticos, todos dispuestos a acudir corriendo en cuanto él chasqueara los dedos. Sasuke nunca andaba falto de compañía, fuera de la clase que fuera.
Justo cuando había decidido que el episodio tenía que haber sido una mera diversión temporal, Sasuke volvió a visitarla. Sakura estaba en su habitación, y leía una novela sentada junto a la ventana mientras disfrutaba del sol matinal que entraba a raudales. Entonces un sonido de pasos hizo que su perro, Akamaru, un hermoso canino de pelaje blanco como la nieve, levantara la cabeza con una mirada expectante.
Kurenai apareció en el umbral y llamó suavemente a la puerta con los nudillos.
--- Sakura --- dijo en una voz muy extraña ---. Sasuke está abajo.
El libro tembló en las manos de Sakura. Miró a Kurenai sin poder ocultar su sorpresa.
--- Ha preguntado si te apetecería ir a cabalgar con él --- continuó Kurenai.
Sakura se sentía tan confusa que le vinieron ganas de levantarse y echar a correr por la habitación. Pero en lugar de eso volvió el rostro hacia la ventana. Su mirada se perdió en la lejanía.
--- No sé --- dijo, y se estremeció sólo de pensar en que estaría a solas con Sasuke. ¿Qué le diría él? ¿Qué quería? ¿Volvería a besarla?
--- Creo que Asuma no lo aprobaría --- dijo Kurenai tímidamente.
Sakura torció el gesto.
--- ¡Pues claro que no lo aprobaría! Papá quiere que esté sola, que nunca vea a nadie. Me da igual que me castigue cuando vuelva de su reunión en Londres, porque pienso hacer lo que me plazca. Dile a Sasuke que bajaré dentro de cinco minutos.
--- No estás siendo justa con tu padre.
--- ¿Acaso ha sido justo él conmigo? --- Sakura se levantó del asiento. Fue a su armario, abrió el cajón de arriba de todo y empezó a buscar unos guantes de montar.
--- Necesitas una nodriza para que te acompañe.
--- ¿Por qué? --- preguntó Sakura desdeñosamente ---. Sasuke y yo somos primos, ¿no?
--- En realidad, no. Aunque supongo que se podría decir que tienen un parentesco extremadamente lejano por matrimonio.
--- Bueno, dudo que salir a cabalgar con él vaya a suscitar ningún escándalo. Nadie en su sano juicio creería que Sasuke Uchiha ha decidido interesarse por las solteronas de pelo color rosita bebé.
--- Tú no eres una solterona.
--- Tampoco se puede decir que sea la sensación de Londres, ¿no te parece? --- replicó Sakura, de espaldas a su madrastra mientras seguía rebuscando en el armario.
Kurenai suspiró suavemente.
--- Sakura, ¿cuándo dejarás de estar tan enfadada con tu familia?
--- Cuando dejen de interferir en todos los aspectos de mi vida, quizá. Me siento tan enjaulada como los pobres animales de mi colección. --- Mantuvo la espalda resueltamente dirigida hacia Kurenai hasta que oyó un ruido de pasos que se retiraban. Miró con expresión desafiante a Akamaru, que la observaba con su peluda cara fruncida en una mueca de consternación y la lengua colgando por un lado de la boca ---. No me mires así --- masculló ---. Se ha puesto de parte de papá, como siempre. --- Akamaru no dejaba de mirarla con las orejas tiesas por la curiosidad. De pronto se tumbó boca arriba y extendió las patas en una invitación a que le rascara la barriga.
La ira rebelde de Sakura se disipó y fue hacia él con una risita.
--- Ay, qué chucho más tonto. --- Se puso en cuclillas junto a Akamaru y pasó las cortas uñas por su suave pelaje mientras el perro soltaba gañidos de placer y se retorcía alegremente ---. Oh, Akamaru --- murmuró con un profundo suspiro ---. ¿Cuántos miles de secretos te habré contado ya? Eres mi mejor amigo. --- Le acarició las largas orejas mientras continuaba hablando con expresión melancólica ---. Me pregunto por qué no consigo tomarme las cosas con calma, como hace Kurenai. Ella siempre sabe controlar sus emociones, mientras que las mías se me escapan de las manos a cada instante. Karin tenía razón: me encuentro más a gusto en un granero que en un salón de baile. Gracias a Dios, cuando estoy con mis animales no tengo que portarme bien y parecer inteligente o sofisticada. Lo único que he de hacer es quererlos, y ustedes me lo devuelven con más del cariño que les doy. ¿No es así, Akamaru? --- Sonrió con tristeza mientras el perro le empujaba la mano con su húmedo hocico ---. El amor que me tenía Naruto quizá se haría desvanecido con el paso del tiempo. Creo que nunca podré llegar a ser una buena esposa. No basta con el amor. Una mujer tiene que ser obediente y fiel, y hermosa, y estar dispuesta a ayudar a su marido… en lugar de ser indómita, fea y…
Sakura bajó la vista y arrugó la nariz al ver su combinación habitual de pantalones, botas y camisa blanca. Prefería montar a horcajadas, vestida con ropa de hombre. Resultaba ser mucho más cómodo, por no mencionar que así no costaba tanto controlar al caballo. Pero por alguna razón que se le escapaba, no quería comparecer ante Sasuke Uchiha llevando pantalones.
Volvió a su armario, abrió una puerta de relucientes paneles de madera y fue apartando las capas de prendas hasta que encontró su traje de equitación. La chaqueta elegantemente cortada y la falda de amplio vuelo habían sido teñidas con un color jade haciendo juego con sus ojos. Sakura hurgó más adentro del armario y encontró un velo verde pálido que llevar con su sombrero de seda negra.
Se dio la vuelta y sonrió a Akamaru, que permanecía atento a todos sus movimientos.
--- El príncipe Sasuke me espera. ¿Qué te parece, Akamaru? ¿Crees que debería sorprenderlo yendo vestida como una dama?
Si Sasuke se sintió sorprendido o complacido por el aspecto de Sakura, no lo dejó traslucir. Esperaba en la gran sala, medio sentado con despreocupada elegancia en el borde de una mesa octagonal de piedra. Una de sus manos sostenía una fusta que hacía sonar suavemente contra los pantalones y botas impecablemente lustradas. El sol que entraba por los ventanales convertía sus cabellos en una aureola oscura. Una chispa insolente brilló en sus ojos cuando la vio bajar por la escalinata, como si compartieran un secreto. Y así era, así lo recordó Sakura con súbita incomodidad. De alguna manera, Sasuke sabía que ella no le había contado a nadie que la había besado.
En un primer momento había considerado la posibilidad de hacerlo, naturalmente. Pero le pareció que no tenía ningún sentido. Y cuando pensó en cuál sería la reacción de su padre, la reprimenda que intentaría administrarle a Sasuke… No, hubiese sido demasiado humillante.
Él sonrió mientras la veía acercarse.
--- Me alegra de que hayas accedido a verme, prima.
--- Me aburría --- dijo ella secamente ---. Pensé que tú podrías proporcionarme alguna diversión.
--- Me considero afortunado de que no tuvieras ninguna oferta mejor. --- Su tono era jovial, casi alegre.
Sakura lo estudió en silencio, y enseguida vio que lo complacía la perspectiva de salir a cabalgar con ella. De hecho, Sasuke parecía ufano. Sakura entornó los ojos y lo miró con desconfianza.
--- ¿Qué pretendes, Sasuke-kun?
--- Hacer que pases un rato agradable --- respondió, al tiempo que le ofrecía el brazo.
Sakura ignoró la cortesía.
--- No necesito que me escolten hasta mis propios establos --- dijo empezando a caminar hacia la salida de la casa ---. Y si te atreves a ponerme un dedo encima, te dejaré inválido.
Sasuke sonrió y apresuró el paso para alcanzar a Sakura.
--- Gracias por la advertencia, prima.
