Naruto no es de mi propiedad.

Capitulo Siete.
Realizaciones de bar.

Su actual trabajo de medio tiempo fue el único que pudo conseguir. Tenía que ser una mesera en el peor local de la peor parte de todo Konoha. Era una especie de pub/bar/restaurante/discoteca/motel/botillería, y misteriosamente panadería, de la peor calaña. Se llenaba la mayoría de las noches con gente de todas las edades y en todos los estados alterados de conciencia posibles. El local siempre estaba oscuro y las luces brillantes y de todos colores estaban tan gastadas que ya no resplandecían sino que le daban un aspecto decadente y lúgubre al local.

Esa noche Hinata se paseó por todos las mesas distribuyendo tragos, papas fritas ya vencidas, más tragos y negando una que otra vez que no, ella no vendía ninguna clase de drogas, y no, lo que plantaba en su balcón eran hierbas medicinales, no esa clase de hierbas. ¿Además, ehm… como sabe usted que tengo plantas en mi balcón?

Era sábado y el local estaba que explotaba.

Eran cerca de las cuatro de la mañana, el local apestaba a trago, humo y mucha gente junta cuando al fin terminó su turno. Se estaba despidiendo de los barmans cuando el jefe del local, un hombre relativamente joven y de sonrisa fácil y pícara, la atajó de un brazo.

"Vamos Hinata-chan, ¿por qué no te quedas un rato, eh? ¿Para tomar algo? ¿Sólo uno, ya?"

Luego de las súplicas, llantos y pataletas del jefe del local, los barmans y los borrachos de la barra Hinata aceptó quedarse. Pero sólo a un trago. Rápidamente los borrachos le abrieron un espacio y se sentó con una sonrisa incomoda. Se dio vuelta hacia la pista de baile para mirar a la gente mientras jugueteaba con su trago y asentía torpemente a lo que le decía uno de los borrachos.

La pista de baile estaba como siempre. Ninjas que mostraban que claramente su especialidad no era tomar ni bailar sino que asesinar, lanzar shurikens y sea lo que sea que hagan los ninjas. En la pista generalmente habían grupos de mujeres bailando, mostrando cuanto podían sus atributos a los hombres alrededor de la pista y a los que se paseaban examinándolas como hienas. Hinata se sonrió detrás de su vaso mientras paseaba la mirada por el local, los tiempos no cambian.

De repente lo vio y fue cuando lo vio que se dio cuenta de que lo había estado buscando todo ese tiempo. Ahí estaba él junto a Sai, Naruto y Kiba. Varias mujeres bailaban cerca de ellos más que provocativamente tratando con todas sus fuerzas, con todo su cuerpo, que ellos se fijen en ellas, que se fijen en como sus curvas se funden en las sombras y en las luces. No se dio ni cuenta cuando Sai desapareció por los rincones con alguna morena belleza. Naruto parecía estar ebrio, a punto de romper a llorar y Hinata podía leer en sus labios algo sobre Sakura, arrepentimientos y de no engañar. Kiba, por su parte, empezaba a lanzar interesadas miradas a una rubia cercana, pese a que Naruto empezara a gimotear a su lado.

Sasuke seguía impertérrito en su lugar. Tomaba de vez en cuando y veía entre serio y divertido el pequeño escándalo de Naruto quien empezaba a llorar ahora por como habían perdido a Sai para siempre. Tenía un par de muchachas haciéndole ojitos. Ahora que lo pensaba, ¿Sasuke tenía novia? Sakura no podía ser, algo sospechaba entre Naruto y Sakura, algo al menos. Ino parecía estar siguiendo a otro. Bueno, podía ser otra chica. Konoha estaba lleno de hermosas kunoichis. Que tonta, que estúpida. Por supuesto que Sasuke estaba con alguien. Bastaba mirarlo para darse cuenta. Alguien como él tenía que tener novia. De seguro alguien preciosa, alta, fuerte, inteligente, la mejor kunoichi. Tan cuanto lo había pensado, la certeza de ella apareció al fondo de su cabeza tal y como si lo viese con su novia en aquel preciso momento. Era obvio, casi natural. Qué tonta, qué estúpida. Cómo no lo había pensado antes. Volvió a ver a Sasuke siendo acosado por una pelirroja y se sintió molesta, enojada y algo herida. De seguro ya no iba a su departamento porque ya no le quedaba tiempo entre sus cada vez más numerosas misiones y su novia. Ah, en verdad… qué tonta, qué estupida. Estas cosas no deberían ni importarle.

Se tomó su bebida de un solo trago, se despidió con una sonrisa de los borrachos de la barra y de los barmans y se fue.

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Muchas gracias por leer, ojalá les haya gustado.
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