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Enzo también acabó sufriendo las mismas torturas que Damon y también fueron grabadas. El británico, como buen soldado que era, aguantó en todo momento el tipo lo mejor que pudo. El ambiente se estaba poniendo más tenso por momentos y los rehenes cada vez veían más improbable la idea de sobrevivir por mucho más tiempo allí.

Las esperanzas se acabaron para ellos del todo cuando los terroristas le dijeron a Enzo que su país se había negado a pagar por él y que pronto grabarían un vídeo mucho más entretenido para su país, insinuando que sería el de su ejecución. También dijeron que era hora de deshacerse del americano, por lo que ambos rehenes tenían firmada su inminente sentencia de muerte.

Ellos eran incapaces de dormir por más de un par de horas seguidas, con miedo a que en cualquier momento pudiesen entrar para matarlos e hiciesen pública su decapitación.

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Un día, escucharon muchos gritos, disparos y sonidos que Enzo creía que eran de helicópteros. De repente, el ruido, tal y como vino, se fue y se hizo un gélido silencio.

Damon estaba nervioso porque no sabía que estaba ocurriendo, mientras que su compañero sonrió ampliamente al ver próxima su liberación.

La puerta de la celda se abrió con un fuerte golpe y tras ella entró un equipo de asalto compuesto por soldados británicos y americanos. Los soldados les preguntaron si podían caminar y, al obtener una respuesta afirmativa, se apresuraron a sacarles de allí.

Al pasar junto a los cadáveres de sus captores, Damon se quedó paralizado mirándolos, ya que no podía creer que al fin se hubiese librado de ellos. Enzo, al verle rezagado, le agarró del brazo para tirar de él. Debían alejarse rápidamente, ya que el peligro aún no había terminado.

-Un periodista muerto no cuenta una noticia –le dijo Enzo para animar al chico-. Y tú, amigo mío, no vas a morir porque tienes una gran noticia que contar. Así que, vamos. Esta pesadilla terminará pronto y estarás en casa con tu familia antes de que te des cuenta.

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Los soldados metieron a los liberados en un vehículo militar blindado y con escoltas y se los llevaron a un país cercano a Corvus y aliado de Estados Unidos, pues era allí el lugar desde el que habían dirigido todo el operativo de rescate.

Damon se sintió algo incómodo al principio al estar rodeado de tanta gente y en un espacio tan amplio, ya que se había pasado algo más de un año encerrado en una mini celda y estar de nuevo en un lugar así se le antojaba extraño.

Después de que los dos rehenes liberados se diesen una buena ducha desinfectante, les vieron un equipo médico que les curó las heridas y realizó análisis de sangre y demás para comprobar que estaban sanos. Estas pruebas se analizaron en un tiempo récord –las de Damon en especial, por ser el que más tiempo había estado retenido- porque le dieron máxima prioridad, ya que querían asegurarse de que estaban en buen estado.

Mientras se realizaban estos análisis, cada uno de ellos habló con un psicólogo. A Damon nunca le habían agradado los psicólogos, pero entendía que tenía que hablar con él y pensó que tal vez incluso le fuese de ayuda.

-Una experiencia como la que acabas de sufrir puede haber sido muy frustrante, ¿cómo te sientes?

-Aliviado –explicó el chico-. Aliviado de que haya terminado todo. Y feliz.

-¿Feliz por qué?

-Porque voy a volver a casa, con mi mujer y mi familia. Estoy feliz porque al fin voy a conocer a mi hijo.

-Eso está bien –asintió el psicólogo con la cabeza-. Está muy bien.

Después de eso, el psicólogo le estuvo haciendo preguntas sobre sus captores y su experiencia con ellos. El chico le habló de las condiciones en las que se encontraba en la celda y de las torturas a las que fue sometido.

-Cuando vi sus cadáveres –le contó Damon aún afectado por esa escena que presenció-, me sentí... Creo que "en paz" sería la definición exacta. Los demonios que aparecían en mis sueños, los que torturaban tanto mi cuerpo como mi mente, están muertos y nunca más volverán a hacerme daño.

El psicólogo asintió con la cabeza conforme y, tras realizar varias preguntas más, llegó a la conclusión de que no había de qué preocuparse. El chico tenía su pequeño trauma de la experiencia, algo muy normal y comprensible, pero estaba convencido de que regresar con sus seres queridos sería mejor ayuda contra eso que cualquier psicólogo o medicamento del mundo.

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Tras su charla con el psicólogo, Damon al fin pudo cortarse el pelo y afeitarse la barba. Aunque se alegraba enormemente de eso, lo mejor para él fue cuando le dijeron que podía realizar una llamada. El chico estaba tan emocionado ante esa idea y estaba tan nervioso por poder hablar con los suyos, que incluso llegó a tener problemas para marcar el número de teléfono de casa.

-¿Diga?

-Qué ganas tenía de escuchar esa preciosa voz –sonrió él ampliamente al escuchar la voz de su mujer.

-¡Damon! –se emocionó ella al oírle.

-Hola, cariño.

-Dios mío, Damon...Tenía tanto miedo de que te hubiese pasado algo…

-Estoy bien, Lena –la quiso tranquilizar el chico.

-Cuando oí lo del rescate, no podía creerlo. ¿Cómo estás? ¿Estás bien? ¿Cuándo vuelves a casa? –preguntó ella rápidamente, quien necesitaba conocer esa información con urgencia para que su corazón volviese a latir una vez más, ahora que tendría de vuelta a su marido.

-No te preocupes, un médico me ha hecho pruebas y todo, estoy bien.

-¿Cuándo vuelves a casa? –volvió a preguntar la chica, ahora más tranquila al saber que él estaba bien.

-Dicen que mañana.

-Te echo tanto de menos…-suspiró Elena, quien ansiaba tenerle ya de nuevo con ella.

-Y yo a ti, mi amor. No sabes las ganas que tengo de verte. Y estoy deseando conocer al pequeño Ian.

-¿Cómo sabes su nombre? –preguntó ella curiosa, a la par que feliz ante la idea de poder llegar a ver al pequeño en brazos de su papá, algo que empezaba a creer que no iría a ocurrir jamás.

-Mi último compañero de celda me dijo que en el reportaje de Ric sobre Corvus salían un par de fotos del niño –explicó él con una sonrisa en sus labios, sonrisa que se amplió al decir una frase más-. También me dijo que no habías parado de buscarme.

-Nunca me rendiré contigo. Siempre juntos, ¿recuerdas?

-Te quiero tanto, Elena…

-Tanto como yo te quiero a ti, Damon.

Cortando con brusquedad el momento, un técnico de sonido le hizo señas a Damon para que terminase ya la conversación.

-Tengo que colgar ya, Lena. Al parecer andamos tan cortos de presupuesto que las llamadas internacionales tienen que ser express –explicó él intentando bromear pero incapaz de ocultar la rabia que le daba terminar la conversación.

-No te preocupes, cariño. A partir de mañana vas a tener tiempo de sobra para hartarte de mí.

-Nunca me hartaría de ti. Y me aseguraré de que tú tampoco de mí.

-¡Conferencia en cinco minutos! –anunció una voz malhumorada, dirigiéndose a todos los presentes en la sala.

-Pon la tele, babe. Tu chico va a salir por ella –dijo él como si presumiese de eso-. Por cierto, que conste que me he puesto guapo solo para ti.

-Te creo –aseguró su mujer, soltando una leve risita de pura felicidad.

-Hasta mañana, Elena.

-Hasta pronto, mi amor.

Por muy buenas intenciones que habían tenido el gobierno de Estados Unidos y Reino Unido para organizar la operación de rescate, la política era la política y ambos países querían llevarse el mérito de esta victoriosa operación. Por eso, como los británicos y los americanos no lograron ponerse de acuerdo con dónde hacer la conferencia sobre la liberación de los rehenes, al final la acabaron haciendo allí mismo.

Mientras tanto, en Nueva York, toda la familia de Damon y amigos de este, visionaron la conferencia de prensa desde sus televisores con ilusión, lágrimas de alegría y muchas ganas de tener de vuelta al chico, de abrazarle y acabar al fin con ese sufrimiento por el que habían pasado todos durante casi un año y medio.


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Pronto subiré el séptimo y último capítulo del fic ;)