Disclaimer: ya que todos y todas nos lo sabemos, ¿para qué repetir? Mejor... no sé, ¿habéis visto cómo llueve?
Notas: buff, esto se está alargando. Increíble pero cierto. Y, a pesar de la desesperante falta de reviews, yo sigo y sigo escribiendo. Si es que soy de buena...
Para Lil: mi respuesta es sí, definitivamente. ¿Cómo iba a saber si no lo de Harry?, me dijiste, y tienes razón. Y todos recordamos cierta odiosa escena del OotP...
Para Adne: a mí también me gusta Voldy, pero me cuesta escribirle; por eso sale un poco menos. Pero bueno, si sigues leyendo, verás como vuelve a rondar por aquí.
Capítulo 7. Tour tourístico por Hogwarts
(o la primera fase de la operación Horrocruxes)
No es buena idea, protesta Daisy, por quincuagésimo quinta vez desde que Lily tomó su decisión. No es una buena idea, Lils, porque Black es asquerosamente guapo y engreído y aunque no salga con chicas puede acabar enredándote y perderás toda oportunidad de salir con Potter y…
¿Y quién ha dicho que ella quiera salir con Potter? Lily Evans sólo quiere olvidarle, al fin y al cabo. Y, si para eso tiene que liarse con Sirius-estúpido-Black, pues que así sea. De todas formas, probablemente merece la pena. Black es guapo. No, mejor todavía: es GUAPO. En mayúsculas. Y está muy pero que muy bien. Mejor que Potter.
Aunque no tiene una sonrisa tan bonita.
Mira, Lils, yo te lo digo como amiga, insiste Daisy; Black es un estúpido. No te conviene.
Ya, ya. ¿Y Potter sí?
¡Pero es que a Black no le interesas! ¡Si no sale con una chica desde… desde siempre!
Claro. Eso es un punto a resaltar, por supuesto. Black es inaccesible. Efectos secundarios de liarse con Smithson, probablemente. No debe de ser una experiencia agradable.
-¿Lily? ¿Estás bien? –pregunta Gilly, preocupada. No mucho, claro, sólo lo suficiente como para cumplir con sus ineludibles funciones de mejor amiga.
-Psí. Daisy cree que no es buena idea –anuncia- lo de liarme con Black. Dice que puedo engancharme, que tengo esa tendencia rara de quedarme colgada de los tipos más… peores.
Obviamente, esa es una gran verdad, pero nadie, y menos Giulietta McMurphy, está tan loco como para decírselo a la cara. Puede resultar peligroso.
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-¿Cómo? ¿En nuestra habitación? –y Lily Stevenson asiente con la cabeza, muy contenta, ella, aparentemente indiferente al hecho de que va a dormir con seis adolescentes de sexo masculino y hormonas alborotadas. O lo mismo no le es tan indiferente, y por eso sonríe tanto.
-Pero… pero… -empieza Remus, incapaz de decir otra cosa. Lógico. Después de lo que ha pasado, no tiene ninguna gana de volver a ver a los (la) causantes de su desgracia. Y ahora le dicen que va a dormir con ellos.
-Sí. Vamos, que no es tan malo; seguro que hay espacio para todos –dice Hugo. No es que lo esté arreglando mucho, la verdad.
-¡Pero ella es una chica! –y ahora Albus mira a Sirius Black, extrañado. Cualquiera diría que tendría que estar… contento de poder tener a una chica tan cerca. James Potter lo está. Más que contento, está en el cielo. Pero a los otros… no parece hacerles ni pizca de gracia.
-Vamos a dormir muy apretados –comenta el otro chico, el bajito al que ya se le están quitando las ronchas, y que había estado en silencio todo el tiempo-, pero, si lo dice Dumbledore, será lo mejor –y se resigna-. Por cierto; soy Peter Pettigrew.
Vale. Raro. Lily no se esperaba que Pettigrew fuera así. Por lo que le ha contado su padre… Bueno, la versión coincide en lo de bajito y ratonil, pero este chaval parece simpático. Y no tiene nada de mortífago. Al menos, en apariencia.
-Sirius Black –se presenta el moreno enfurruñado, en un gruñido. Ni siquiera se molesta en ofrecerles la mano.
-Yo soy James Potter –tiene un tono de voz orgulloso y pletórico, como si hiciera mucho que no estaba tan contento. Probablemente es así-. Y… Oye, Lily, ¿te importa convertirte en mi nuevo amor platónico?
-¿Qué? –la pregunta la pilla desprevenida.
-Sí, verás; el de ahora no me hace ni caso, y como tú eres guapa y te pareces a ella y todo eso, pues he pensado… que no te importaría.
-Lily, ni se te ocurra –murmura Albus, por lo bajo, siempre responsable-. Cambiarías el futuro –advierte.
Pero Lily no piensa en el futuro cuando niega con la cabeza. Tampoco en el posible incesto que supondría una relación con su abuelo, ni en lo humillante que es ser la sustitución de otra. No, Lily tiene otras cosas en la cabeza.
-Lo siento, James –dice-, pero es que no eres mi tipo.
Hugo se la queda mirando con curiosidad. Nunca ha entendido muy bien a su prima. No parece especialmente interesada en los chicos, claro, pero nunca se sabe. Y se pregunta si el hecho de que los morenos y gafotas jugadores de quidditch no sean su tipo puede suponer (hipotéticamente) que le gusten pelirrojos. Luego se da cuenta de que Lily está mirando a Lupin. Y le entran ganas de estrangularlo.
-Bueno, yo lo he intentado –dice James, sin parecer afectado en absoluto-. De todas formas, mañana volveré a pedirle a Evans que se case conmigo. Tendrá que ceder.
Todos los demás se callan. Nadie está muy dispuesto a comentarle a James que las posibilidades de que Evans ceda y salga con él son… mínimas. Por no decir nulas.
-Ehm… -empieza Remus, recordando algo, de pronto- ¿Qué hora es, chicos?
-Las y media –por la expresión alarmada del licántropo, no se esperaba que fuera tan tarde.
-Tengo que irme –masculla, y sale de la enfermería a todo correr. Eso sí, silenciosamente; nadie quiere atraer la atención de Pomfrey+bombo sobre su persona.
-Hum. No se ha presentado, ¿no? –inquiere Lily, ligeramente molesta. El único chico aprovechable (probablemente a Ro le gustaría más el moreno de ojos grises, Sirius Black, pero ella es un poco más exquisita en cuanto a hombres) y se larga sin decir nada.
Definitivamente, a Hugo cada vez le cae peor Remus Lupin.
La idea del Horrocrux llega así como quien no quiere la cosa. Tiene felizmente la copa en la mano (vacía) cuando está a punto de morir atropellado por un gato, que se lanza enseguida a la caza de Nagini. Un deporte realmente interesante, sí, pero desagradable, al menos para Tom, que ahora echa de menos a su compañera de juegos de infancia. Sí, es que los Lores oscuros también han sido niños, ¿qué os creéis?
La cuestión es que, mientras se deshace de su violento y peligroso atacante con un certero Avada Kedavra (que, como el pobre Voldie sigue un pelín achispado, suena más bien a Abracadabra, y hace que al gato le salgan otras tres colas), se le ocurre lo absolutamente terrible que sería para el mundo su muerte. Al fin y al cabo, ¿qué sería del mundo mágico sin un mago oscuro superpoderosísimo al que odiar?
Así que, por el bien común, más que nada, Lord Voldemort decide hacerse inmortal. Lo cual debería ser relativamente fácil para un mago de su calibre, ¿no?
Y pensando, pensando, mientras corre perseguido por el gato de cuatro colas y a Nagini en brazos, se acuerda, por casualidad, de uno de sus profesores de Hogwarts. Bueno, por casualidad no, más bien porque Horace Slughorn también apareció un día corriendo, como él, delante de un gato. Sólo que el gato, entonces, tenía dos metros de altura; el pobre pocionista no era muy bueno con el resto de hechizos. Y, cuando encuentra por fin refugio entre unos árboles, Tom Marvolo Riddle se encuentra a sí mismo repasando mentalmente todos los buenos momentos en Hogwarts, incluido ese en el que se le ocurrió la curiosa pregunta (más para dejar a Slughorn en evidencia que otra cosa) de qué eran los Horrocruxes.
Ese día no consiguió pillar a su profesor con la pregunta, claro, porque el tío era más listo de lo que esperaba y sí que supo responderle. Pero aprendió algo, algo que ahora puede serle muy útil, acerca de los susodichos Horrocruxes (que menudo nombrecito, leches).
Si sólo pudiera recordar qué es…
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-¿Y si probamos por ahí? –inquiere Roxanne, después de media hora de dar vueltas con el asesino… digoo, con Sirius Black. El hombre se encoge de hombros ante su sugerencia; ninguno de los dos tiene ni idea de cómo salir de esa casa laberíntica y hecha polvo, así que, ¿por qué no intentarlo?
Y, por suerte para ambos, esta puertecita medio escondida conduce a unas escaleras. Que, a su vez, conducen a un desván. Que tiene un esqueleto (humano) ahí tirado, en mitad de todo, pero que también tiene un ventanuco por el que pueden colarse perfectamente. O casi.
-Creo que me he quedado atascado –comenta él, sin agobiarse en absoluto. Bueno, o puede que un poco sí que se haya agobiado, por eso de que tiene medio cuerpo fuera de la casa, pero sus piernas siguen dentro. Y Roxanne está, si cabe, más angustiada que él, porque, ya lo hemos dicho, es medio claustrofóbica, por no decir claustrofóbica entera, y estar parada en una casa desconocida con la única compañía de unas piernas y un esqueleto que la mira casi burlándose no es un buen plan. No señor.
-Ya sabía yo que tenía que haber ido primero –masculla, antes de dirigirse a Sirius-. Te empujo, ¿vale?
Si tuviera rayos X en los ojos, habría podido ver que, al otro lado, Sirius Black niega con la cabeza. Pero no los tiene.
Así que empuja. Y empuja. Y empuja. Y nada.
-Estás gordo, ¿eh? –dice, después de un par de intentos más.
El otro no contesta. Lo mismo se ha quedado dormido.
Roxanne se está desesperando. Lo cual nunca es bueno, claro, pero es que está justificado, ¿no?
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A Madame Pomfrey le está empezando a hartar, tanta tontería. Idas y venidas y enfermos en estado de shock; es algo que la pone de los nervios, a la pobre enfermera. Así que decide cortar por lo sano.
-¡Ahí os las apañéis! –dice, echando a todos, pacientes y visitantes, al pasillo, y cerrando la puerta de la enfermería. Pues estaría bueno, vamos, que los alumnos puedan ponerla de los nervios, provocando un peligro mortal para su futuro bebé, y salir ilesos.
Así que, una vez fuera, y ya que medio se conocen (bueno, es que los Gryffindor son así de sociables. Sólo falla Hugo, pero como ahora él también es Gryffie, pues nada), los tres Merodeadores más los tres nuevos alumnos de intercambio se dedican a recorrer el castillo. Obviamente, la gente se les queda mirando, pero no porque James Potter esté rosa, no, ni porque Sirius y Peter aún tengan restos de las burbujas de las narices. Tampoco tiene nada que ver el increíble parecido de los nuevos con Potter y Evans y un tal Bilius Weasley; no, lo que realmente resulta chocante es el hecho de que, por una vez, los Merodeadores se comportan ¡como personas civilizadas! Increíble, pero cierto.
-… y esa es la clase de McGonagall. Enseña Transformaciones –explica James, dirigiéndose a su no-amor platónico. Claro, que Lily ya sabía que ese es el aula de Transformaciones; no por nada ha pasado allí los peores momentos de su existencia futura, transmutando, por ejemplo, un ratón en un barquito de papel, cuando debía convertirlo en una caja de madera. Pero como es una chica educada, pues se muestra moderadamente interesada, y hasta finge sorprenderse.
-¡Vaya! Son más grandes que las de mi instituto –miente, y reza porque los otros no intenten saber cuál es, exactamente, su instituto.
-Bueno, es que Hogwarts es el mejor –suelta Pettigrew, humilde, él.
-Obviamente –aporta Sirius.
Es un gusto ver cómo se compenetran, los tres. Lily no puede opinar sobre Lupin, porque no aparece, pero supone que debe de ser igual. Y eso, probablemente, hará más difícil establecer relaciones con ellos. Sobre todo si esas relaciones… requieren un poco de intimidad.
Que no es que las busque, claro que no. Su hermano la mataría. Además, sería algo cercano al incesto, excepto en el caso de Pettigrew, al que su padre no considera (o considerará, bien mirado) nada suyo. Y, no es por despreciar, a ella Peter no le atrae en absoluto.
-Oye, James, ¿sois los únicos chicos de séptimo? –pregunta, despreocupadamente, después de un rato.
-¿Séptimo? Estamos en sexto, Lily –explica él, ligeramente sorprendido. ¿Es que esa chica no sabe ni qué curso estudia?
-Ah. Ah, es verdad –oh, genial. Ya se le ha ido la cabeza un poco. Ahora ellos pensarán que es tonta, o que oculta algo… ¿Y si intentan sonsacárselo? Podría ser peligroso.
-Bueno, y aquí tenéis la Sala Común –está diciendo Sirius, en ese momento. La Señora Gorda no cambiará ni un ápice en cerca de cuarenta años; algo lógico, tratándose de un cuadro, y más de un cuadro mágico, claro.
-Vaya –empieza Hugo, a quien la cara de sorpresa le sale mucho mejor que a los otros, puesto que, efectivamente, es la primera vez que pisa la Sala Común de Gryffindor.
-¡Potter! ¿Qué haces aquí? –inquiere una voz curiosamente chillona y furiosa, y una pelirroja se levanta del sillón en que estaba sentada hasta hace unos segundos, charlando con una amiga.
Lily (Stevenson) se siente como frente a un espejo. Salvo por los ojos, claro, y las pecas, y la altura. Bueno, y el tono del pelo, que el suyo es más como el de su madre, Ginny. En cuanto a la otra chica (Lily, también), no parece haberse dado cuenta de su presencia; sus ojos se concentran en James Potter, furiosos y ligeramente excitados. Sólo tras unos segundos, y un codazo por parte de la otra chica, consigue fijar su mirada en otro de los chicos: Sirius Black.
-¡Ah! Hola, Sirius –dice, en un tono forzadamente alegre. La mirada de confusión del muchacho declara que este no es un tratamiento habitual- ¡Qué bien que hayas vuelto de la enfermería! ¿Cómo te encuentras?
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Vale, aquí hay algo raro. Seguro. Más que raro, podría decirse, pero, claro, ¿quién es Hugo para juzgar a los Gryffies? Siendo uno, además.
De todas formas, el comportamiento de Lily Evans es demasiado forzado, casi robótico. Pero claro, nadie se atreve a decirle nada.
Nadie salvo James Potter. Por supuesto.
-¡Evans! Eso deberías preguntármelo a mí –protesta. Ella sólo sonríe, sardónica, y responde:
-¿Para qué, Potter? Ya no hay esperanzas para lo de tu cabeza… -para cualquier otro, esto habría sido un insulto. Para él, al parecer, es algo así como un don del cielo, por la cara que pone- Bueno, Sirius, hasta luego –bueno, la cara que pone, hasta que oye esto. Y ve a Lily Evans (SU Lily Evans) darle un beso en la mejilla a su mejor amigo.
Su ex mejor amigo, desde ahora.
Cuando la chica sube a las habitaciones, seguida por su amiga Gilly, James Potter se vuelve hacia Sirius, con una mirada ciertamente peligrosa.
-Ya puedes correr, Black –advierte-, porque, como te ponga una mano encima, eres chucho muerto. Un perrito caliente.
Etoo... ¿Hola? Si habéis llegado a este punto, la autora os recomienda un buen psicólogo, y dejar un par de reviews. Es un método casi infalible para recuperar la cordura, gracias.
En el próximo capítulo...
¿Saldrán alguna vez Sirius y Roxanne de la casa esa? ¿Sobrevivirá Sirius Black a los intentos de asesinato de su mejor amigo? ¿Dónde se habrá escondido Remus Lupin?
Nos leemos, entonces
Danny
