Disclaimer: Aún no soy Meyer, so, sus personajes no son míos, tralará xD
Viñeta 7: Ojos dorados
Una leve pieza de jazz anima el aburrido salón tipo años veinte que queda al final de la calle Nara. Los jóvenes del lugar se marcan algunos bailes de tanto en tanto mientras el saxofón marca compases de tres por cuatro mezzofortes.
En la barra, en una copa que ni siquiera a sido tocada con los labios de su dueño, se agita el líquido que hay en su interior, y un par de dedos juegan con la sombrilla pequeña y de color azul que adorna la bebida. Las miradas de las jovencitas del lugar se le clavan en la nuca, y las de las no tan jovencitas también.
Pero él no quiere darse cuenta, y se repite un mantra interno para no cometer más errores, para no deprimirse más "Más sangre no, más sangre no" y al son de ese mantra, consigue reprimir la sonrisa que sus labios formarán para atraer a cualquiera de esas chicas y así luego posarlos sobre su cuello, agujerear su piel, beber de su sangre.
Aprieta los puños y se centra en su bebida. Está deprimido y no sabe qué hacer o a dónde ir. Lleva muchos días solo, y se siente vacío, incompleto. No quiere estar así para siempre, ¿pero qué es lo que tiene que hacer?
No lo sabe.
La música acaba, la gente se va. El camarero lo mira con recelo al ver que no se ha bebido nada de su copa, y él algo molesto, toma el vaso con fuerza y vacía de un trago el contenido en su boca insípida, y todo le recuerda a tierra.
Todo le recuerda a Maria.
"Primera lección: nunca sientas pena por nadie. Segunda lección: el alimento siempre está delante de ti, todos los humanos saben igual, todas las sangres son iguales. Nadie es especial. Tercera lección: hoy por mí y mañana por mí también. Nunca llegará un vampiro que te quiera por cómo eres"
¿Existiría el amor entre vampiros? Los humanos siempre terminaban encontrando a alguien con quien sellar sus vidas, alguien con quien estar siempre, alguien que se preocupaba por ellos… Pero, ¿y los vampiros?
El camarero lo vuelve a mirar mal, y él tiene que apretar los labios para no hacer una mueca desdeñosa que lo asustaría. Se estira levemente y ve como, totalmente ceñudo, le pone otra copa y le señala con la cabeza a una chiquilla que está sentada dos mesas por detrás de él.
Genial, sencillamente genial.
Él, que se esconde en un bar para que no sufrir más tentaciones, es invitado por una chiquilla cuya muerte sería facilísima de arreglar. Se gira lentamente, apretando los dedos en la mesa, y para su sorpresa, se encuentra con un par de ojos dorados que lo observan con atención. Un par de ojos dorados grandes y almendrados, que brillan con curiosidad. Cierra la boca y su mirada rojo sangre se clava en la de ella.
Es menuda, con el pelo negro azabache cortado a lo loco, piel pálida y cuello escuálido. Su rostro es joven y sereno. Lo mira detenidamente, aún con curiosidad, y no parece importarle que él la haya cazado.
Se quedan así, durante un minuto, y luego él se levanta y con la copa aún en la mano, se sienta en la silla que hay frente a ella. La pequeña sonríe levemente y arquea ambas cejas al ver que el vampiro se lleva la copa a los labios y que luego, dudoso, la deja sobre la mesa y se la acerca a ella.
-Una señorita como tú no debería estar en este tipo de lugares.
-Un señor como tú no debería de darle consejos a señoritas que ya son mayores de edad-murmuró Alice y apoyó su cabeza encima de la palma de su mano, con el codo como soporte encima de la mesa.
-¿Mayor de edad hace cuanto? -pregunta él, curioso por primera vez desde hace meses.
-¿Nunca te han dicho que a las mujeres no se les pregunta la edad?
-Claro. A las mujeres, en todo caso -Alice tuerce la boca y él sonríe divertido. -¿Entonces?
-Digamos que soy mucho más mayor que tu abuela -contestó la morena, y frunció los labios de manera algo cómica.
-Jovencita entonces, como me gustan a mí. ¿Doscientos años, quizás? -finge que piensa mientras abre los ojos con curiosidad
-Cuando dije que era mayor que tu abuela me refería a tu abuela, no a la madre de tu abuela, ¿Sabes? -se molesta ella y de su mirada se borra cualquier atisbo de curiosidad.
-Disculpa, no pretendía ofenderte… Últimamente no estoy de un humor muy…normal -entonces ella vuelve a sonreír y él se alegra de que no se haya molestado.
-¿Se volvería tu humor más normal si te fueras de viaje? -pregunta ella entonces y él de la impresión se queda mirándola absolutamente sorprendido.
-¿Qué? -consigue articular mientras la mira medio catatónico. -Si no me conoces.
-Por eso te lo pregunto, así te conocería mejor -insinúa ella, y vuelve a sonreír.
Jasper se queda un momento mirándola.
-¿Tú eres normal?
-Bueno, si quitamos lo de las visiones… Aunque aquí el menos normal de los dos eres tú, ¿no? -él abre la boca para decir algo, pero ella sigue hablando. -Eso de controlar las emociones de la gente está muy bien, es práctico. En cambio, lo de mis visiones…
-¿Tienes visiones? -pregunta él, aún sin palabras, y se va a llevar la copa a la boca.
-Deja eso, ¿No sabes que se quedará flotando en tu estómago durante toda la eternidad? -le quita la copa de la mano y suspira.
-¿Qué más da? Ya me he bebido una, otra más no me hará nada…
Alice arqueó las cejas y apartó más el vaso del vampiro.
-¿Tienes visiones?
- Sí, tengo visiones.
-… ¿Y me has visto a mí?
-¿Crees que estaría hablando contigo si no te hubiera visto? Todavía recuerdo las lecciones de mi madre, no hablo con desconocidos así porque sí.
Se quedan durante un par de minutos mirándose, y entonces él cede, se descontrola, y ella siente como un desconcierto y una ilusión repentina le aprisiona el pecho. Jasper le ha soltado sin querer lo que en ese momento siente.
-¿Adónde iríamos?
-A donde queramos -contesta ella, solícita.
-¿Estás segura de querer viajar conmigo? No soy muy aconsejable -él sonríe maliciosamente y eso a ella le gusta.
-Yo tampoco -deposita su mano encima de la de él, y este la mira, agradecido. -Llevo mucho tiempo esperando encontrarte.
-Creo que yo también llevaba mucho tiempo buscándote.
Silencio de nuevo. El camarero les mete prisa, ya van a cerrar.
-¿Dónde vives? -pregunta ella con calma, esperando que él no se gire hacia el camarero.
-Donde me apetezca -se encoge de brazos.
-Entonces podríamos empezar hoy, ¿No?
-Depende. ¿Tu madre no te dijo nunca que no hay que seguir a los desconocidos? -se burla y cruzan la calle, caminando a paso lento y desconfiado.
-Sí, pero esa vez no la escuchaba.
Ojos dorados de abstinencia. Ella es extraña, y lo aborda sin ningún pudor y/o desconfianza. Él es desconfiado, pero sus emociones delatan que en verdad quiere viajar con él, que en verdad lo ha visto.
Ojos dorados, por los que luego cambia, se redoma, se entrena y se abstiene de contrariarlos. Ojos dorados, por los que va al fin del mundo, por los que enloquecería si desaparecen, volviéndose su mente un mar de sangre, desastre y caos.
Y luego los suyos, negros y dorados, que se reflejan en los de ella, antes de quedarse en silencio y sentirla contra su pecho, en un abrazo de silencio y sin palabras, que llena la habitación de tranquilidad mientras sus hermanos discuten abajo.
