¿Tendría eso gracia, Kykyo?
En los secretos viene el chiste , dcromeor.
Regina Mills (Flashback)
Insumergible. Una palabra que, al parecer, no tenía el significado que me habían prometido. Cuando el Iceberg chocó contra el casco, no me lo esperé en absoluto. Y es cierto que fui de las primeras personas en conseguir un bote salvavidas. Pero el bote volcó, y las frías aguas del mar polar me estaban reclamando. Apenas sentí la mano que, con una facilidad pasmosa, me sacó de las aguas. Estaba en el hielo, tomo mi cuerpo temblaba.
La pelirroja estaba frente a mí, observándome. Anzu me miraba con una seriedad en los ojos que me aterraba. Me iba a morir. Estaba completamente segura y no había nada que pudiera hacer para evitarlo. La perspectiva me daba muchísimo miedo.
_ ¿Qué harías para seguir con vida, Regina?
Anzu no me miraba, pero su pregunta iba dirigida a mí. Sus ojos, de un color escarlata, contrastaban con el gélido ambiente. Estábamos solas en aquel pedrusco helado, y ella no temblaba.
_ ¿Sacrificarías tu trono? ¿Tu identidad?_ Insistió._ ¿Te condenarías a una vida en la que yo sería tu única compañía?
Estaba asustada, nunca había estado tan asustada en toda mi vida, pero si había algo que tenía claro era que no quería morir allí. No quería perecer como víctima del frío. Y no me importaba perderlo todo.
_ Sí… no me importa.
Anzu se llevó el dedo a la mano y, con la uña tan afilada como un cuchillo, perforó su piel y dejó que la sangre brotara. La sentí sobre mis labios, caliente y dulce. Y bebí, bebí hasta que mi humanidad se convirtió en un recuerdo en una opción en lugar de una realidad.
Emma Swan
_ ¿Qué es lo que tengo que saber?_ Pregunté, poniéndome en pie.
Lo cierto es que hacía tiempo que me daba cuenta de que las cosas no eran del todo normales en casa. Desde que Anzu y Regina estaban en mi vida había notado que Ruby y Anita estaban tensas continuamente, como si hubiese algo que las atormentara.
_ Emma… _ Ruby estaba tensa al hablar.
_ Calla, Ruby, escucha._ Regina observaba por la ventana, pero yo sólo veía oscuridad._ Se acerca alguien.
Ruby se acercó a la ventana y miró al exterior.
_ Es Anzu._ Fue mi hermana la primera en hablar._ La huelo desde aquí.
_ ¿Qué la hueles?_ La miré._ ¡Necesito que alguien me explique qué está pasando aquí!
_ Creo que no estás segura de eso, Emma._ La voz de Anzu, cuando abrió la puerta en silencio, me dejó helada._ La verdad es que hay cosas que crees que quieres saber… pero que destruirían tu vida si las supieras.
Iba a contestar, pero sentí que me fallaba la voz. Me desplomé sobre el sofá, y el sueño me venció de repente. Lo único que había hecho Anzu había sido mirarme a los ojos.
Regina Mills
No quería que Emma lo supiera. No quería que me rechazara y me dijese que era horrible, que la asqueaba. No sería la primera. No todos eran como Elsa y encontraban fascinantes a los vampiros. Cuando me qise dar cuenta estaba acariciando el pelo de la rubia, que dormía plácidamente. Nunca había conocido a nadie como Emma. Era pura, era sincera.
Y la idea de que una persona así tuviese que estar en peligro me deprimía profundamente. La estaba mirando a los ojos cerrados. No notaba la mirada de Ruby clavada en mi nuca como si estuviese realizando un acto sádico.
Ruby
Anzu observaba como un centinela. Sus ojos parecían ver a través de la más oscura negrura, a diferencia de los míos, que sólo distinguían algo a través de la lejanía. Por como miraba, parecía que no había un solo detalle que se le pudiese escapar. A mí de lo que no se me escapaba detalle era de lo que Regina hacía con Emma, cómo la miraba, y lo asustada que estaba ante la idea de decirle a Emma la verdad.
Me asustaba porque estaba claro que Regina estaba enamorada. Profundamente enamorada de mi hermanita. Y no era falso, no era un engaño. Es más, dudaba que ella misma se hubiese dado cuenta.
_ No necesita saberlo, Ruby._ Anzu me miró._ Yo me ocuparé de todo.
Quería creer en sus palabras, pero la imagen de Emma, desangrada, no dejaba de pasar por mi mente como una horrenda pesadilla que no quería tener que vislumbrar.
Anzu
Enfrentarse a un original no era una tarea sencilla. Temía no poder hacerlo sola. Necesitaba ayuda y sabía dónde conseguirla. Mallory. Ella era otra original. Sin embargo, cuando entré en el local, poco importaron mis planes.
Lo encontré vacío, dejado. Daba la impresión de que todo el mundo se había ido con mucha prisa. Había una botella a medio beber en la barra, copas tiradas, su contenido vertido por las mesas. Debía hacer unas horas. Bajé escaleras abajo y me encontré la puerta del despacho de Mallory entreabierta.
Cuando la abrí del todo, sentí un espasmo en el pecho. Mallory se encontraba tirada en el suelo, inmóvil. Podía ver un rastro de sangre desde su cuello, se convulsionaba. Alguien, y me imaginaba quién, la había desangrado. Sus ojos me miraron, en una muda súplica.
No dije nada. La tomé en brazos, y me dirigí al coche. Era el de Regina, no podía salir con el mío teniendo el cristal como lo tenía. La senté en el asiento trasero y apreté el acelerador. Me salté todos los semáforos y los límites. Sabía a dónde tenía que ir, pero eso no lo acercaba.
Mi casa no estaba cerca del club. Y cuando llegué, entrando en la casa de una patada, Mallory no se movía. La tiré sobre el sofá, y miré alrededor.
_ ¡Elsa, Anna! Bajad, aprisa.
Escuché los pasos corriendo cuando las dos chicas bajaron, se quedaron pálidas al ver a Mallory. Anna se llevó la mano a los labios, incluso.
_ Está sedienta. Por favor, ayudadla.
_ Sí._ Dijo Anna, acercándose.
_ En seguida._ Comentó Elsa.
Mallory
No había sangre en mis venas, ni una sola gota. Sentía cómo mi mente se nublaba. Mis músculos estaban agotados. Pero aquel aroma… aquel aroma los despertó. Sangre fresca… notaba el pulso de aquella jovencita tan cerca de mí. Mi boca se abrió y su cuello se colocó sobre ella. Y mordí con todas mis fuerzas. Sentí cómo el líquido carmesí atravesaba mis labios. Cada trago era como una bocanada de aire después de haber emergido de las aguas.
Y bebí, continué bebiendo. Hasta que alguien apartó a la chica de mí. Iba a lanzarme a por ella, pero una segunda chica ocupó su lugar. Abandoné mi frustración y continué bebiendo, hasta que poco a poco mi consciencia fue apareciendo una vez más. Me encontré sobre un sofá mucho más cómodo de lo que creía que sería. Me sentí tentada a dormirme, como mis donantes, que en aquel momento dormitaban en sofás de orejas, en posiciones extrañas.
Aún había un hilo de sangre saliendo de mis labios mientras, siguiendo sonidos que escuchaba, me dirigí a la cocina de la casa. Anzu se encontraba frente a los fogones, llenando el ambiente de un olor apetecible. Tosí para indicar mi presencia y ella se giró, mirándome.
_ Me alegra ver que estás mejor._ Dijo, cerrando el caldero.
_ ¿Para quién cocinas?_ Pregunté.
_ Para las chicas. Están agotadas después de que hayas… bueno, comido. Cuando despierten tendrán hambre.
La idea de cocinar para un siervo me resultaba irritante y carente de sentido. Pero no me sentía con fuerzas para discutir con Anzu sobre ese tema. Le debía la vida. A ella y a sus chicas. Y soy la clase de mujer que paga sus deudas. Anzu se sentó frente a mí, con una copa de vino en las manos y una sonrisa tristona.
_ Te los ha quitado, ¿Verdad?_ Preguntó._ A todos tus subordinados, se los ha llevado.
_ No pude impedírselo, a decir verdad. Es mucho más fuerte que yo y todos lo vieron. Estoy viva sólo porque quería darme una muerte lenta y tú apareciste.
Suspiré y me acerqué. La rodeé con los brazos sin avisar. Aquella mujer me había salvado, y era la única persona en la que sentía que, a pesar de todo, tenía sentido considerar de confianza. Quizá había subestimado su carácter.
Pero lo cierto es que en aquel momento lo último en lo que me apetecía pensar era en desconfianzas. Anzu estaba caliente, y yo hacía mucho que no abrazaba a nadie. Entrecerré los ojos y vi preocupación en los suyos.
_ Necesito que hagas una cosa por mí._ Me dijo. Sentí un estremecimiento.
Anzu cerró el puño y pude ver cómo brillaba. Un brillo azulado que se extendió por sus venas, y llegó hasta sus ojos, que permanecieron de ese color. Aquello le dolió, y pude verlo en el quejido que emitió cuando se sacaba el anillo del dedo.
_ Dale esto a Regina… y si valoras tu propia seguridad… ni se te ocurra ponértelo.
Lo sentía caliente. La gema casi parecía latir mientras lo cerraba en el puño. No entendía por qué me pedía que se lo entregase en lugar de dárselo ella misma. Cuando se dirigió a la puerta la miré a los ojos y vi que sonreía.
_ Dile que la quiero.
Cerró la puerta tras de sí y sentí un enorme escalofrío.
Anzu
Había llegado la hora. Y sentía un horroroso cosquilleo que se parecía de forma horrenda a la emoción. Había pasado mucho tiempo desde mi nacimiento, mucho tiempo desde que había matado a Cleopatra y había obtenido aquel anillo sagrado que jamás me encontró digna.
Había dejado que, una última vez, su magia, me atravesase, y sentía cómo quemaba mi sangre en las venas. Pero al mismo tiempo aquel poder nunca había sido tan real e intenso. Y pude sentirlo. Pude sentir toda la ciudad a mi alrededor, y como latía cada corazón… como el mundo parecía estar girando. Pude sentir a un gran grupo de personas cuyos corazones no latían.
Y dado que no había una colonia de zombies en la ciudad… podía dar por seguro que se trataba de los vampiros. Y allí fue donde me dirigí. Se habían ocultado en una nave industrial abandonada. Y cuando entré en el edificio, los encontré, esparcidos. Se mantenían agachados, como animales. Había varias personas tiradas, muertas. Pero ninguno me atacó. Todos estaban demasiado centrados en su comida, o sencillamente, hicieron caso a la orden telepática que Rumpel envió y que yo también escuché.
_ No sé por qué te preocupas tanto por esa chica. Ni tan siquiera la conoces. Sólo por una promesa…
_ Mi protegida la ama._ Sonreí._ Y no voy a dejar que le quites eso.
_ Tengo que cerrar un trato. Y no voy a descansar hasta que lo haga.
_ ¿Y cuál era el trato?_ Le miré a los ojos.
_ Digamos que sus padres tuvieron una vida acomodada a cambio de la chica._ Sonrió._ Claro… ellos no sabían lo que me estaban dando cuando se la pedí.
_ Apuesto a que usaste palabras engañosas._ Suspiré.
_ ¿No es en eso en lo que consisten todos los tratos?
_ Te lo voy a pedir por última vez._ Le miré._ Abandona. O de lo contrario, tomaré medidas de inmediato.
_ Tengo un ejército, Anzu._ Me miró._ Eres poderosa, pero vosotros sólo sois dos… cuatro, si contáis a los chuchos.
_ Cinco si contamos a Mallory._ Su sonrisa se torció._ Pero eso no importa. Tienes diez segundos…
Mis venas se iluminaron, y él lo vio. Vi que se ponía pálido, que sus ojos se teñían de rojo en un acto instintivo.
_ No irás a hacer una estupidez, ¿Verdad, Anzu?
_ Se acabó el tiempo.
Sabía que no atendería a razones. Sólo lo pospondría. Y por eso, hice lo que tenía que hacer. Cada una de las venas de mi cuerpo, y mis ojos, se tiñeron de azul. El brillo se extendió, y yo lancé un grito cuando, con una explosión, mi piel comenzó a proyectar luz ultravioleta. Caí al suelo, en una habitación llena de cenizas. Cenizas, mi cuerpo calcinado… y Rumpel, con la piel llena de ampollas, pero desagradablemente vivo.
_ Has… fallado.
_ Pero… estás solo._ No podía moverme._ Y… Regina… va a acabar contigo.
Entrecerré los ojos. El dolor no duró. Todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo habían muerto, y cuando finalmente me consumí y me convertí en cenizas, me sentía en paz.
Regina
No podía creérmelo. Desde que conocía a Anzu jamás se había quitado aquel anillo. Y si lo había hecho, sólo podía significar una cosa. Sabía que iba a perder la vida. Y sin embargo, lo había hecho sin despedirse, sin pedir ayuda… sencillamente se había dejado llevar. Y sabía que lo había hecho por mí. En aquel momento estaba demasiado en Shock para llorar. Pero hice lo que sabía que Anzu querría que hiciera.
Me puse el anillo. Y sentí una corriente cálida que se extendía por todo mi ser. Repentinamente, noté un horrible dolor en la boca… sentí cómo mis pulmones se agitaban… y me desplomé, emitiendo sonidos de agonía propios de la muerte.
