Capítulo 4

Estaba a punto de entrar Diciembre cuando casi las ocho de la noche Severus dejó la pluma en el tintero y se estiró detrás del escritorio, dejando la silla en equilibrio en sus patas de atrás. Estaba pensando en ir bajando al Gran Salón para la cena cuando un crack repentino en su chimenea hizo que casi perdiera el equilibrio.

- ¡Severus!

- ¡Eh! Pero ¡¿qué forma es esa de entrar¿Se te olvidan los modales con la edad o qué? - El director miró al mago rubio furibundo, pero éste no le hizo el menor caso. De unas cuantas zancadas se plantó delante de su escritorio y lo golpeó con las palmas de las manos.

- ¡¡Quieren resucitar al Señor Oscuro!! - Exclamó Lucius mirándole de tal forma que parecía incluso asustado. Snape no había asimilado aún esas palabras ni el hecho de que el mago no llevara su famoso bastón y, desde luego, capa, cuando de pronto se oyó otro crack en la chimenea.

- ¡Profesor Snape!

- Joder… - Masculló el hombre al ver a Draco entrando en su despacho de la misma manera que Lucius. Antes de que pudiera siquiera preguntar, el joven Malfoy se había abalanzado hacia su padre fuera de sí.

- ¡Tú¿Qué haces aquí¡¿Qué tienes que ver con mi hija?!

- ¡Quítame las manos de encima, Draco!

- ¡Basta, los dos¡Draco, suéltale¡Os quiero ver a cada uno a un lado de mi mesa, YA!

Sorprendentemente, ambos rubios le hicieron caso y se fueron a una esquina, aunque no dejaron de lanzarse dagas con la mirada.

- Vale, por partes… - Snape se pasó una mano por el rostro para intentar recuperar la calma - ¿Qué pasa con tu hija, Draco?

- ¡La han secuestrado¡¡Alguien los dejó sin sentido y secuestró a Joelle!!

- ¿Lucius? - Snape miró a su amigo con una ceja arqueada, y el mayor de los Malfoy se aclaró la garganta.

- Su casa tiene un fidelius¿cómo quieres que sepa dónde está para ir a secuestrar a nadie?

Snape asintió dándole la razón, recordando.

- Y yo no he dicho nada. En cualquier caso, si alguien ha sido capaz de llegar a tu cas-

- ¿Perdón? Severus¿quieres decir que tú sabes…¡¿¿Eres su guardián secreto??! - Lucius miraba a su amigo como si quisiera comérsele allí mismo, y Severus sólo tosió suavemente, mirando al suelo.

- Eso ahora no tiene importancia, Lucius. Lo importante es que alguien ha secuestrado a la hija de Draco.

- Perdona, pero ¿¿me escuchaste cuando entré en tu despacho?? - Los dos magos mayores se quedaron mirando unos instantes, y el moreno se dio cuenta de que por alguna razón Malfoy no quería repetir lo que fuera que hubiera dicho con su hijo delante.

- Déjame mirar en tu mente - Snape se levantó y puso una mano sobre la mesa mientras con la otra le apuntaba, mirándole fijamente a los ojos con cara de concentración. Lucius sólo gruñó, accediendo porque era totalmente necesario que supiera lo del Señor Oscuro sin que Draco se enterara o rodaría su cabeza antes de que tuviera tiempo de decir 'quidditch'.

En la mente de Severus se perfilaron las imágenes en que el rubio estaba pensando claramente para él, viéndole a él hablar a través de la chimenea con alguien a quien no veía, pues debía de estar usando un conjuro de ocultación.

- Todo fue bien, supongo… - Dijo una voz profunda y añeja al otro lado de la chimenea.

- Imagino que McNair no tardará en ponerse en contacto contigo - Contestó Lucius apartándose el pelo claro con un ademán nervioso y colocándolo tras sus orejas - Con la mayor era imposible porque no podíamos entrar en Hogwarts, de modo que tendrás a la pequeña…

Lucius le aguantó la mirada, y Draco pudo comprobar cómo paulatinamente el que fuera su profesor años atrás iba alzando una ceja y endureciendo el gesto.

- Eso espero, porque necesitamos su sangre para el Señor Oscuro…

Lucius se quedó mirando a las llamas verdes como si un muggle estuviera viendo un fantasma.

- ¿El… Señor Oscuro

- Sí… mañana por la noche le traeré de vuelta con su sangre y el Quimera. Quizá aprecie el hecho de que, a pesar de venderle al enemigo te esforzaras por ayudarnos - el otro mago hizo una pausa, y Severus hubiera jurado que, a pesar de no verle, sonreía - Y si no… bueno, digamos que me ahorrará trabajo...

- Lucius……….. - Siseó de pronto el director, y el rubio cerró su mente de golpe, considerando que ya había visto demasiado.

- No es cuestión de ponerse a discutir ahora sobre eso, creo que hay cosas más importantes de qué preocuparse.

- No sé cómo no se te cae la cara de vergüenza… - Gruñó cruzándose de brazos, fulminándole con la mirada. Así que finalmente, había llegado el momento en que había tenido que elegir entre un bando y otro y efectivamente, él no había sido premiado con la lealtad que merecía.

- Será que la tengo demasiado dura… - Malfoy alzó una ceja, indiferente, y Severus volvió a gruñir.

Se la había jugado y bien, pero al menos podía decir en su descargo que fue a avisarle de los propósitos finales de quien fuera que fuese su jefe… pero aquello no iba a acabar así de ninguna de las maneras. Como que era el director de Hogwarts que iba a hacer hablar a Lucius aunque fuera lo último que hiciera en su vida...

- No es por nada - interrumpió Draco - pero no he venido a ver cómo intercambia secretitos con Lucius, profesor. ¡¡Llevo casi diez minutos intentando decir que Joelle y Hermione estaban en casa de mis suegros!!

Severus se aclaró la garganta ligeramente y volvió toda su atención hacia Draco.

- De acuerdo, Draco, aunque realmente no nos sirve de mucho saber dónde la secuestraron… Pero quizá tu padre aquí presente pueda ayudarnos con esto - El director de Hogwarts miró a su amigo con las cejas arqueadas y mucha mala idea, y Lucius se mordió el labio para no mandarle al pozo más profundo del Infierno.

-¿Por qué puedes ayudarnos¿Qué es lo que sabes? - le preguntó, y de pronto frunció el ceño, la voz llenándosele de veneno - Seguro que estás metido en esto hasta las cejas maldito desgraciado hijo de-

- ¡Draco! Tu padre siempre ha sabido enterarse de cosas muy útiles - Severus dio un golpe a la mesa con su mano, y luego miró a Lucius -¿No tienes idea de quién puede haber sido, o dónde pueden haberla llevado?

El Malfoy de larga melena torció el gesto ante el encubrimiento de su amigo y se apoyó en la mesa.

- No, no sé dónde puede estar… ¡Te estoy diciendo la verdad! - exclamó entre dientes al ver la mirada oscura que le dirigía- Se me ocurre un sitio, pero es una idea como otra cualquiera…

- ¿Cuál? - Draco se cruzó de brazos por hacer algo, pues estaba tan nervioso que podría subirse por las paredes sin usar magia.

- La casa de quien puede haber mandado secuestrar a tu hija - Le respondió Severus al ver que Lucius dudaba.

- ¿Qué¡¿SABÉIS QUIÉN LA HA SECUESTRADO?! - Draco pareció que se iba a tirar a degollarles, y Severus levantó las manos pidiendo paz.

- Realmente no, pero Lucius sabe dónde vive alguien sospechoso de tramar algo turbio - Le dijo. Miró a su amigo de soslayo, con los ojos entrecerrados. Se le estaba ocurriendo una maldad perfecta para sonsacarle todo lo que quería saber...

Draco apretó los puños y los dientes en un gran esfuerzo por tranquilizarse lo suficiente como para no matar a nadie sólo con sus palabras.

- Recuerda que puede que no esté allí… - Suspiró Severus, no queriendo que se hiciera esperanzas, pero el joven Malfoy dio un fuerte golpe en su mesa con ambas manos.

- ¡Me da igual¡No puedo quedarme más tiempo aquí!

- De acuerdo… Supongo que entre los tres podremos hacer frente a lo que sea…

- ¿¿Qué¿Quieres que vaya?

- Es lo menos que puedes hacer, Lucius… - Le siseó entre dientes mirándole amenazadoramente por encima de la mesa.

- ¡Me matarán, Severus! - Le dijo en el mismo tono apoyándose también y acercando su cara a la suya.

- Te lo merecerías, por cabrón.

Malfoy Sr. frunció el ceño y le miró unos momentos con los ojos como plata fría. Convirtió las manos en puños sobre la mesa y se retiró bruscamente, dándole la espalda. De pronto sintió una mano sobre su hombro, apretando.

- ¡Llévame allí, te pagaré si es lo que quieres! Si le pasa algo a Joelle… - Draco agitó la cabeza, remiso siquiera a pensarlo. Su padre se le sacudió de encima con un ademán y se apartó de ellos dos un par de pasos en el despacho circular.

Snape sopló.

- De acuerdo, piénsalo así. ¿Quién prefieres que te mate?

Lucius apretó los puños ante la elección de morir a manos de Voldemort o de su jefe. Severus, siempre tan práctico…

- ¡Está bien! Ven aquí y acabemos con todo de una vez…. - Terminó con un suspiro.

Severus se acercó a él y, tras poner sobre su hombro una mano que Lucius estuvo a punto de apartar de un manotazo, le miró de nuevo a los ojos. El rubio sólo suspiró y se imaginó el lugar al que tenían que ir tan nítidamente como pudo para que con un legilimens su amigo pudiera verlo y aparecerse también.

- ¿Tu varita, Lucius? - le preguntó al recordar que no llevaba el bastón. Malfoy Sr. se palpó la levita y sacó de un bolsillo agrandado mágicamente una varita marrón oscura con el mango serpenteante. Severus arqueó las cejas, aunque no se sorprendió. Alguien como Lucius no iba a arriesgarse a quedar sin protección si por algún motivo alguien le alejase de su bastón... - De acuerdo. Agárrate, Draco, y vámonos…

El lugar donde se aparecieron era un jardín con un camino de piedras que sin duda conducía al edificio que se adivinaba entre las copas de los árboles.

- ¿Dónde estamos?

- En la otra punta de Wiltshire... - Murmuró Lucius mirando a su alrededor como si temiera que los árboles pudieran atacarles.

El Director se acopló rápidamente al lateral del rubio con la varita alzada y dispuesto a ser su sombra como en los viejos tiempos, y Draco pensó una vez más que las viejas conductas no se olvidaban nunca.

- Draco, mantente a mi lado - susurró Snape, separándoles por si acaso se les ocurría hacer alguna tontería - Vigila bien nuestra espalda...

Anduvieron juntos y alerta por el oscuro camino empedrado apenas sin ningún percance sobre todo porque Lucius parecía conocer bien el lugar, cosa que enervaba todavía más a su hijo ya que en su mente fraguaba la posibilidad de que su progenitor estuviera llevándoles directamente a una trampa. Si se abstenía a decir nada era por respeto a su padrino, nada más.

Según fueron acercándose pudieron ver resplandor de luz en algunas ventanas, y eso hizo pensar a Snape que quizás no andaran lejos de la niña después de todo. Aumentaron el paso y pronto estuvieron ante las dobles puertas del edificio. Por lo poco que se podía ver en la oscuridad, tenía un gran ventanal redondeado encima de donde se encontraban y sujeto por amplias columnas estriadas. No era muy grande a lo alto - no tenía más de un par de pisos - pero la planta sí era generosa y junto al resplandor de las ventanas la fachada parecía ser blanca.

A Draco le recordó vagamente a Malfoy Manor en tamaño reducido y, antes de que pudiera pensar siquiera en hacer alguna pregunta Severus le pidió a Lucius que abriera la puerta.

El rubio dudó.

- ¿Y si están dentro...?

- Lucharemos contra ellos - se encogió de hombros el moreno - No tenemos ni mucho tiempo, ni más opciones. Abre esa puerta o Draco la echará abajo y seguramente será peor...

Malfoy Sr. puso la mano en la madera de la puerta y se esforzó por recordar la clave. Hacía muchos, muchos años que no entraba allí por voluntad propia...

Cuando por fin la puerta estuvo abierta, el trío entró despacio y poniendo el máximo esfuerzo en no hacer ruido. La madera del suelo era rica y estaba muy cuidada y, aunque no hubiera habido alfombras por el suelo, no hubiera crujido. Las luces se iban encendiendo a medida que iban pasando por pasillos y salitas, pero como sabían perfectamente que lo que habían visto desde el exterior estaba en la planta de arriba, no perdieron el tiempo.

Tanta era su celeridad que ni siquiera repararon en que una de las chimeneas estaba adornada por un blasón plateado y cruzado por dos finas y puntiagudas espadas que tenía grabado una M con una serpiente labrada enroscándose a su alrededor.

Al llegar a las escaleras del piso superior escucharon una especie de salmodia, un cántico en una lengua que no conocían. Llegaba de allí olor a inciensos varios y a cera, cosa no muy común en una casa rica como en la que estaban. El mago moreno les hizo una seña a ambos rubios y subieron casi de puntillas, la larga capa de Severus resbalando por los escalones.

Lucius se pegó a la pared de la derecha de la escalera nada más llegar arriba, y Severus a la de la izquierda. Draco dudó unos momentos, pero acabó en la pared de enfrente, entre los dos, esperando. Ciertamente hubiera querido entrar de golpe en la primera habitación pero sabía que lo mejor que podía hacer era confiar en los años de experiencia de los mayores.

Por la salmodia no les fue muy difícil imaginar hacia qué ala de la mansión debían dirigirse, pero Severus decidió andar sobre seguro.

- Lucius¿vas por la izquierda mientras nosotros investigamos la derecha? - Le sugirió arqueando ligeramente las cejas, en voz baja. Hubiera preferido ir con él que con Draco, pero de ninguna manera podría evitar que el joven entrara en aquella habitación de la que provenía el cántico.

El rubio estuvo en silencio unos segundos y asintió. Alguien tenía que cubrir el resto de la planta para no llevarse sorpresas y además no tenía ningunas ganas de encontrarse cara a cara con quien estuviera allí. Las prisas por cambiar su Mansión por un agujero bajo tierra ciertamente no entraban en sus prioridades…

Así, Draco y Severus anduvieron lentamente hacia la derecha, pegados contra la pared. Aún en la oscuridad en la que iban les era muy sencillo saber qué puerta estaba ocupada, pues estaba entreabierta y era la única que bañaba el suelo de madera con luz dorada.

Al fondo del pasillo había una ventana por la que se colaba algo de la luz de la luna, pero por el resto estaban en penumbras. El director miró momentáneamente hacia atrás y vio, totalmente sorprendido, que se hacía la luz por donde el rubio pasaba. Seguramente en otras circunstancias se habría detenido a pensar en ello, pero estaba demasiado ocupado preocupándose de cómo controlar a Draco si fuera necesario.

- Ponte al otro lado de la puerta y cuando te haga una señal entramos - Le susurró el moreno, y Draco pronto cumplió su orden, quedando a la espera contra la pared del otro lado de la puerta.

El corazón le latía a mil por hora al pensar que estaba tan sólo a unos metros de su pequeña. Apretó con fuerza la varita para contener los pensamientos de asesinato hacia quien fuera que estuviera en esa habitación. No debía matarle bajo ningún concepto; acabar en Azkaban era lo que menos necesitaba en el mundo… pero por Merlin, si le había hecho algo a Joelle….

Severus alzó la mano, contó hasta tres con sus dedos y al llegar al cuarto entraron como una tromba en la habitación.

La sala era bastante grande y estaba iluminada por candiles y antorchas en vez de por luz mágica como el resto de la casa, seguramente por preferencia de quien les miraba con cara de auténtica sorpresa.

El hombre, que estaba en el centro de un pentáculo grabado en la carísima madera del suelo, era canoso y de mediana edad, y apoyaba las manos en un libro de ante oscuro con grabados dorados que tenía sobre un atril.

- Si te mueves de ahí te mato¿entendido? - Bufó el rubio mientras recorría la habitación con grandes zancadas, mirando aquí y allá, entre los muebles, bajo las mesas, en los armarios…

- Vais a lamentar esto… ¿cómo os atrevéis a detenerme? No sabéis en lo que os estáis metiendo estúpidos…. - Siseó el hombre, los ojos brillantes de ira, mientras tomaba el libro y lo apretaba contra su pecho con fuerza.

- Me temo que lo sabemos demasiado bien - Snape arqueó una ceja, su varita fija en su pecho- Sólo a un estúpido inconsciente se le ocurriría intentar resucitar al Señor Oscuro.

El mago frunció el ceño, y una sonrisita le bailó en los labios.

- ¿Resucitar¿Acaso el director de Hogwarts ha olvidado que lo más parecido que se puede conseguir sobre la muerte es con los inferi? Demasiado tiempo codeándote con la gente del Ministerio, me temo. Se te ha pegado su ineptitud.

El mentado director sonrió casi enseñando los colmillos.

- Yo que tu cerraría la boca porque el que te encierren de por vida o te condenen a muerte depende de este director inútil, y te aseguro que los mortífagos no me caen especialmente bien…

- Excepto si son tus amigos ¿verdad? Recuerdo cómo corriste a Azkaban para sacar al traidor de Lucius Malfoy en cuanto tuviste la oportunidad…. ¡Un Malfoy! Qué vergüenza… ¡No sé cómo su padre aún confía en él!

Severus iba a contestarle algo muy grosero pero escuchó de pronto unos pasos furibundos, y vio a Draco andando furioso hacia el hombre, la capa que llevaba revoloteando a su alrededor como si montara en una ventisca.

- ¿Vergüenza? -siseó Draco poniéndole con un ademán la varita bajo el mentón- Lo que es una vergüenza es que fuera mortífago en primer lugar…

- La verdad es que hay cosas que me dan más vergüenza en esta vida… como en lo que se ha convertido mi familia - El director apretó los dientes a la 'muy oportuna' aparición de Lucius, que se había quedado apoyado en el marco de la puerta.

- Hablando del diablo…. -sonrió- El otro traidor.

- ¿Quién es este… patán? - Le preguntó a Severus haciendo caso omiso de la mirada de odio de Draco.

- El magnifico Malfoy no se acuerda de mí. Estabas demasiado dentro del círculo del Señor Oscuro como para fijarte en un pobre como yo¿verdad? Pero no era suficiente, porque le cambiaste por este... vendido en cuanto tuviste oportunidad.

Lucius arqueó las cejas en un gesto mordaz, sus ojos como puro hielo, y Draco, impaciente ya, apretó la punta de su varita contra su yugular.

- ¿Dónde está mi hija? - Lo dijo con lentitud, marcando cada una de las palabras.

- ¿Tu hija? No puede ser… - El mago se le quedó mirando unos momentos y al tenerlos a ambos tan cerca por fin relacionó a ambos Malfoy - ¿Secuestraste a tu propia nieta? - Se carcajeó, pasándose una mano por el pelo canoso.

Severus no reaccionó a tiempo y por un conjuro de Draco Lucius salió volando por toda la habitación hasta la pared donde estaban recogidos todos los muebles.

- ¡¡¡DIME UNA SOLA COSA POR LA QUE NO MEREZCAS QUE TE MATE AHORA MISMO!!! - Rugió, y tan furioso estaba que le temblaba la mano de la varita.

Malfoy Sr. se quito de encima de los pedazos de silla que había hecho trozos con la caída y evidentemente no dijo nada, simplemente se limitó a levantarse y sacudirse las astillas muy digno pero odiando profundamente los muebles de madera.

- Draco, no te precipites - Le dijo Snape, quien no perdía de vista al mago que se reía entre dientes divertido por la escena.

- ¡¡CÁLLESE, PORQUE USTED SEGURO QUE LO SABÍA!! - Draco le lanzó una mirada capaz de congelar el Infierno y anduvo hacia su padre. Lucius tenía la varita preparada y parecía muy sereno cuando se encontraron frente a frente.

- Deberías escuchar a Severus. Hay tiempo para esto después - Le dijo sin alzar siquiera el tono. El joven le agarró de la levita y le acercó a él, una mueca feroz en su rostro.

- ¿No tienes una excusa mejor para que te deje vivir? - dijo entre dientes - ¿Es lo mejor que se te ocurre?

- ¿Es más importante matarme que encontrar a tu hija, niño idiota?

- Tengo tiempo para las dos cosas.

- Entonces dispara. Si tienes cojones, claro... Pero no esperes que te lo vaya a poner fácil - Malfoy Sr. empujó la varita contra su estómago y se quedaron mirando a los ojos en un duelo de voluntades.

Severus estaba conteniéndose mucho para no intervenir y romperles a los dos la cara. Excepto Potter y Black, jamás en la vida había visto algo con menor sentido común que la interminable pelea entre los Malfoy…

Con un suspiro de irritación miró al mago oscuro, que parecía tener hasta ganas de aplaudir ante el espectáculo. Al ver que le estaba mirando, le dijo.

- Espera a que se entere Max--

- ¡Desmaius! - Dijo el director con un rápido movimiento de varita y un gruñido, haciendo caer al hombre inconsciente al suelo. Ya era lo único que faltaba, que entrara en escena al único Malfoy al que no soportaba ni en cuadro; el padre de Lucius.

- Lucius, deberíamos irnos de aquí antes de que aparezcan más… - Le dijo Snape a su amigo haciéndole un gesto.

- ¡Ni hablar¡No sin haber encontrado a mi hija!

- ¡Te lo estaba diciendo, idiota! - Le gruñó Lucius, el ceño fruncido, liberándose de su agarro al darle un fuerte empujón.

Draco le miró unos segundos y le dio un puñetazo tal que le hizo trastabillar hasta frenarse contra la pared.

- Para vosotros es muy fácil¿verdad? - dijo mientras agitaba la mano que casi se había partido del golpe- ¡No os importa mi hija, lo único que hacéis aquí es tratar que no resuciten al Señor Oscuro¡Pues a mí me importa un carajo quién venga¡¡Y pienso quedarme hasta que la encuentre con o sin vosotros!!

Draco anduvo hasta el pentagrama grabado en las maderas del suelo y se arrodilló junto al hombre inconsciente para despertarle y sacarle dónde tenían a su hija fuera como fuese.

Severus se acercó a su rubio amigo, que con los ojos llorosos se agarraba el mentón con una mano.

- El chico tiene razón. Deberíamos ayudarle.

- En eso estaba pensando ahora mismo... - Dijo desde detrás de la mano haciendo una mueca de dolor. De no haber sufrido la experiencia anteriormente, pensaría que le había dislocado la mandíbula.

- Es tu culpa que su hija esté en manos de 'cierto' indeseable. ¿Qué años tiene esa niña¿Tres, cuatro? Imagina lo que pueden hacerle…

- ¿Cállate, quieres? - le dijo mirándole de muy mala forma. Se quitó la mano de la cara y le señaló con ella - Draco es perfectamente capaz de cuidarse solito y no veo que sea necesario quedarme aquí para que se entretenga partiéndome la cara cuando le viene en gana.

- Es tu responsabilidad y no voy a permitir que dejes a tu hijo solo en esto. Aunque sea te llevaré a rastras.

- Hace muchos años que dejé de tener hijos - Dijo ácido, entrecerrando los ojos.

- No empieces, Lucius - Le advirtió con lentitud, signo inequívoco de amenaza.

- No se preocupe, profesor - dijo Draco desde lejos sin apartar los ojos del mago al que estaba intentando aterrorizar hasta sacarle la información - Después de todo usted siempre ha sido mucho más padre para mí que él…

- ¡¿Y por qué no le pediste que te adoptara?! - Le gritó Malfoy Sr. empuñando las manos.

- Porque Madre no tiene culpa en esto - Fue la simple respuesta.

Severus contó hasta diez, y puso una mano en el hombro de Lucius, consciente de que estaba buscando en su retorcida imaginación de Slytherin mortífago una puya que doliera más que las de Draco.

- No quiero volver a oírte hablar así delante de mí¿has entendido Draco? - Le dijo muy serio el Director.

- No estoy diciendo más que la verdad, profesor - Draco agarró de la túnica oscura al mago y le agitó violentamente -- ¡Te juro que te sacaré la piel a tiras si no hablas, cabrón!

A Snape no le hacía falta ser director de Hogwarts para saber que estaba pagando su frustración e ira con aquel hombre. Y entonces no le sirvió de nada contar hasta diez.

- Estoy de aguantar vuestras gilipolleces, porque son gilipolleces, hasta más allá de lo que podéis imaginar. Si os vuelvo a ver discutir en mi presencia os juro que vais a lamentarlo el resto de vuestras vidas…. - Lucius no le había visto tan serio desde la noche que se libró la última batalla contra el Señor Oscuro y, aún así, no pudo evitar arquear una ceja.

Evidentemente, el mago se volvió a mirarle como si le pudiera matar con sus ojos negros y le agarró de la solapa de la levita, poniéndole tan cerca que casi se tocaban con la nariz.

- Ni se te ocurra. ……. ¡Severus…! – Chilló temiéndose otro puñetazo.

El mago de oscuro le soltó con un empujón y volvió a empezar a contar mentalmente para intentar serenarse. Para su estándar, Severus había aguantado tanto que se había ganado un lugar de honor en el cielo… pero aún así doce años aguantándoles eran demasiados para cualquiera…

- ¡En…el… só…tano…¡Y…de…ja…de…agit…arme…joder…!

- ¿En el sótano¿Mi hija está en el sótano¡Llévame hasta allí o iré agujereando planta por planta con tu espalda! - Draco le empotró contra el suelo con fuerza apoyándose en su pecho.

- ¡Yo no puedo!- exclamó tosiendo un poco - ¡Pero tu padre sí!

- ¿Al sótano? - Lucius frunció el ceño y por extensión, Severus también.

- ¿Pasa algo?

- Puede haber cualquier cosa ahí abajo…

- ¿Por ejemplo?

- No lo sé. No recuerdo. Hace mucho que no bajo… Pero no me fío.

- Entonces cuanto antes bajemos a por la niña, mejor. ¡Inmobilus¡Desmaius! - le conjuró al mago oscuro, que se quedó quieto a los pies de Draco totalmente inconsciente - Vamos, tú nos guías.

Severus le apuntó con la varita, las cejas un poco arqueadas en una expresión que al rubio se le antojó de soberana indiferencia ante lo que él pudiera decir. Aún y con todo Lucius quiso argumentar, pero el director agitó suave su varita oscura.

- Colabora o te echo un Imperius. Y luego si quieres, me demandas.

Malfoy Sr. gruñó algo entre dientes que sonó muy grosero y echó a andar con grandes zancadas, los otros dos magos siguiéndole de cerca.

El rubio se paraba aquí y allí fijándose mucho en algunos detalles para luego darse la vuelta y volver a mirar en otro sitio. A veces incluso los otros dos magos se miraban entre sí como pensando qué demonios estaba buscando.

- ¿No tendríamos que ir a la planta de abajo a buscar el sótano?

Lucius se volvió de golpe y se encaró con su hijo, que le miraba con una ceja arqueada.

- Al sótano se entra desde aquí y si no me interrumpes más quizás pueda encontrar la puerta y acabar con esto de una buena vez - Le gruñó mirándole furibundo antes de volver a su búsqueda.

Recordando al mago oscuro que dejaran atrás y aprovechando que no parecían irse a ninguna parte, Severus se ausentó un cuarto de hora.

Al volver, mientras subía por las escaleras de madera hasta el piso superior, suspiró profundo, muy profundo, al encontrar a ambos Malfoy donde les había dejado discutiendo como no podía ser menos.

- ¡Esto es ridículo, por Merlín! - Exclamó Draco con un aspaviento, y se apoyó en la barandilla.

- ¿Tienes acaso una idea mejor¡Porque si es así ponla en práctica y cállate de una vez! - Lucius se alejó de su hijo lo más posible y con un soplido irritado volvió a poner las manos sobre la estantería que había en uno de los finales del pasillo.

¿Dónde demonios estaba esa maldita puerta?

Al menos no se han matado... Pensó el Director acercándose al joven Malfoy agitando la cabeza.

- ¿Dónde fue? - Le preguntó Draco intentando distraer así su malhumor.

- A llevar a aquél tipo y su libro a casa de Lupin. Quiero hacerle unas preguntas cuando tenga un rato libre... - suspiró- Lucius¿encuentras algo?

- ¡Si me dejáis de interrumpir, quizá! - Exclamó furibundo sin volverse siquiera a mirarle. Perdiendo la escasa paciencia de la que normalmente hacía gala, apartó varios libros de un manotazo, que cayeron al suelo con un ruido sordo y, al momento, un fuerte chasquido sirvió de presentación para la puerta oculta que se abrió frente al rubio.

La luz iluminaba el comienzo de unas escaleras y algo más que no debería estar allí y que resoplaba. Lucius arqueó las cejas a su máxima expresión y se quedó inmóvil.

Agazapado en los escalones, esperando el momento idóneo para atacar, estaba un monstruo que bien podía ser un lobo-hombre o lo que quedaba de él, pues el espeso pelaje estaba roto por multitud de cicatrices tremendas.

Era además, tuerto de un ojo, pero el que tenía sano brillaba dorado a la luz del fuego mágico, lo mismo que sus largos dientes.

Se miraron unos momentos y, con un feroz rugido dio un salto que Lucius tuvo la fortuna de esquivar agachándose en el momento oportuno.

Desde la mitad del pasillo, el enorme licántropo les miraba por turnos con su único ojo, goteando babas en la cara alfombra que cubría el suelo.

Ambos rubios tardaron poco en lanzarle lo primero que se les pasó por la cabeza, pero la agilidad de la bestia era sorprendente y sus garras, afiladas como escalpelos, se hundían en la pared cada vez que quería esquivarles.

Saltó hacia la pareja, y Draco en el último instante agarró a su padrino del brazo y tiró de él para quitarle de la trayectoria de sus mandíbulas, que restallaron en el aire.

Lucius se plantó de un salto en la escalera y corrió por ella - casi pensando incluso en deslizarse por el pasamanos - hasta el piso bajo, lo cual no le impidió escuchar una sonora maldición por parte de su hijo.

- ¿Qué tal si hace algo, profesor? - Le dijo el joven rubio a Snape aprovechando que el licántropo les miraba como si intentara calcular su próximo movimiento. El Director tragó saliva y apuntó al monstruo con su varita oscura, que parecía temblarle en la mano.

Al ver que su profesor era un caso perdido, Draco flexionó las piernas al ver que la criatura estaba a punto de saltar contra ellos de nuevo, y de pronto, con un sonoro crujido, el suelo cedió.

El lobo hombre, astillas, polvo, innumerables trozos de madera y un pedazo de alfombra; todo aquello acabó en la planta baja mientras una plancha de madera descendía más o menos suavemente.

Sin salir del susto y el asombro Draco dio un salto y bajó a tierra firme, lugar del que nunca más quería separarse y, acto seguido se puso a chillarle a su padre.

- ¡¿Te has vuelto loco¡¿Cómo se te ocurre hacer algo así?!

- Si quieres - dijo Lucius muy digno terminando su hechizo y dejando consiguientemente a Severus en el suelo - le presto una pierna a ese despojo para que me vaya mordiendo mientras vosotros escapáis...

- ¡Podías haber luchado contra él como todos!

- Es verdad, con un lumos le habría hecho mucho daño - Replicó mordaz agitando la cabeza desdeñoso. Al ver la cara de extrañeza de Draco ante semejante contestación, Severus decidió intervenir antes de que las cosas fueran a peor.

- La condición para que tu padre pudiera salir de Azkaban hace doce años fue que no debía utilizar hechizos potencialmente peligrosos, es decir, conjuros de ataque en duelo y por supuesto, Imperdonables, so pena de volver a prisión inmediatamente - el Director arqueó una ceja- Pero, la verdad es que podías haber pensado algo menos violento, Lucius, casi nos matas...

- La próxima vez me pongo yo a salvo y dejo que se os coman, desagradecidos... - Le respondió cruzándose de brazos ofendido y también molesto por haberle desvelado ese secreto a su hijo. A partir de ese momento ya no podría amenazarle cuando se pusiera insoportable...

Draco arqueó una ceja y miró a su progenitor con un brillito burlón en la mirada.

- ¿A quién pagas para que te exculpe cada vez que haces algún conjuro que te prohibieron?

- No he vuelto a hacer ninguno - Dijo Lucius entre dientes fulminándole con la mirada.

- Ya, claro...

Escucharon entonces crujidos y temblorcillos de tierra, y una zarpa salió de pronto de entre los escombros dando un fuerte golpe.

No tuvieron más que mirarse para salir corriendo del edificio por la puerta principal, que cerraron inmediatamente.

Escucharon un fuerte rugir mientras corrían a perderse entre los árboles, lo cual no era la mejor de las ideas pero sí la única que tenían.

- ¿Dónde vamos?

- ¡Yo que sé!

- ¡Tenemos que volver¡Mi hija está ahí dentro! - Exclamó Draco de pronto frenándose en seco y consiguiendo que el resto lo hiciera también.

- ¡¿Quién es el loco ahora?!

- ¡Haya paz¡Si estáis chillándome al oído no puedo pensar! - Severus les fulminó a ambos con la mirada, aunque realmente no podía ver mucho en aquella oscuridad. ¿Podrían atreverse a encender las varitas? Ese monstruo podría no estar solo y por Merlín que no quería volvérselo a encontrar.

- ¿No hay alguna otra forma de entrar en el sótano? - Preguntó por fin acercándose más a ellos al escuchar un largo aullido.

- Heh, si tenemos que esperar a que la encuentre podemos ir sazonándonos como aperitivo de eso que aúlla...

Lucius se volvió a su hijo, señalándole con el dedo.

- Debería dejar que entraras ahí y te hiciera pedazos, pero voy a encontrar esa maldita entrada sólo por quitarte la razón - Gruñó, y con un giro brusco echó a andar por entre los árboles, encendiendo de cuando en cuando la varita para alumbrarse el camino.

No pasaron cinco minutos, y Snape se acercó a él sigilosamente.

- ¿Qué buscamos exactamente…? - Le dijo en voz baja, intentando que Draco no le oyera. Lucius volvió la cabeza mientras andaba, le miró, y volvió a mirar al frente sin contestar.

Severus sopló.

- No tienes ni idea¿verdad?

- Te agradecería que compartieras tus comentarios escépticos con Draco en vez de conmigo - cuando Severus se detuvo en mitad del bosque y Draco se le unió, Lucius no tuvo más remedio que hacer lo mismo - ... Si no vais a confia--

Malfoy Sr. se calló de pronto cuando escucharon un aullido muy cerca, demasiado, y el director sintió que se le erizaba el vello de la nuca. Draco miró a su alrededor, receloso, y al momento Lucius apagó la luz y salió corriendo, los otros dos pisándole los talones.

Corrían sin tino en la oscuridad iluminada por las estrellas en los claros que dejaban los árboles, y pronto pudieron escuchar tras ellos las pisadas ansiosas de la bestia y su resoplar en las hojas secas del suelo.

Mientras escapaban por sus vidas, Draco se giraba y lanzaba hechizos que no eran capaces de acertar al licántropo, pero que le hacían perder el tiempo.

Severus escuchaba agua repicar cerca de donde estaban, y cuando vio que Lucius saltaba frente a él tuvo que frenar en seco para no entrar de cabeza a la fuente del jardín.

- ¡Aquí dentro! - Le llamó el rubio jadeando, hundido en el agua hasta las rodillas.

- ¡Dejad de jugar y ayudadme! - Exclamó Draco parándose a su lado e intentando alcanzar al animal.

El licántropo le esquivó una vez más y saltó frente a él, enseñándole los largos colmillos con un rugido que goteaba baba, alzándose a dos patas en su imponente estatura para acabar con él a zarpazos.

El director dio un paso atrás y estuvo a punto de caer sentado dentro de la fuente, y Draco conjuró lo primero que le vino a la mente y un estallido de luz encegueció a la bestia.

- ¡¿Queréis venir aquí de una vez?! - les chilló Lucius con urgencia, estirando la mano hacia ellos. Severus se volvió a mirarle, luego miró al agua y dudó. El rubio apretó los dientes exasperado - ¡¿Vas a confiar en mí o no?!

El lobo hombre rugía lanzando zarpazos al vacío, desorientado, y Severus agarró a Draco por la ropa y tiró hacia él para sacarle de la trayectoria de las garras afiladas. Con otro certero tirón y el consiguiente tropezón ambos entraron en la fuente, y el moreno agarró a Lucius del brazo.

Cuando Malfoy padre dio un paso adelante y desapareció, arrastró a ambos a un mundo de oscuridad por el que cayeron durante unos segundos antes de acabar en un profundo pozo de agua helada.

La corriente les arrastró por un canal de roca áspera que les magulló los brazos, pero por suerte pudieron sujetarse a los bordes y pronto estuvieron los tres en tierra firme.

- ¿Estamos todos...? - Preguntó Severus sentándose en el suelo y apartándose el pelo empapado que se le pegaba a la cara. El director escuchó dos gruñidos similares y suspiró - Lumos...

¿Qué clase de sitio es éste...? Se preguntó mirando a su alrededor curioso y sorprendido.

La luz de su varita iluminaba la estancia cavernosa donde se encontraban, sacando pequeños destellos dorados de algunos minerales. La piedra había sido tallada y pulida en algún momento, pero en algunos lugares se habían formado estalactitas y estalagmitas debido a la constante humedad del canal.

- Sabías que esto estaba aquí¿verdad? - le preguntó a Lucius haciendo un gran esfuerzo por mantenerse de pie bajo su capa de lana empapada. Pasaron unos segundos de silencio, y el mago volvió a repetir la pregunta - ¿¿Verdad??

- Digamos que lo intuí - Le respondió mirando el canal con gesto extraño entre varios mechones de pelo mojado, masajeándose el hombro derecho.

- ... Primero el licántropo y ahora esto... - dijo Draco levantándose también y goteando agua por todas partes - Ya entiendo. Como no puedes lanzar Imperdonables ahora recurres a accidentes... La verdad, te prefería cuando al menos dabas la cara... - Le espetó, y cuando fue a echar mano de su varita soltó una grosera maldición; la había perdido en la caída.

- Cállate ya. Estoy harto de oírte quejarte, no sé a quién de la familia habrás salido...

- Mientras no sea a ti, me vale - Gruñó el joven Malfoy mirando al canal e intentando atraer su varita sin conseguirlo con un accio. Severus suspiró hondo, muy hondo. Acabarían con sus nervios si no encontraban pronto a la niña...

- Podríais callaros los dos para variar - gruñó - y podríamos empezar a movernos de nuevo - con rápidos movimientos de varita los secó a los tres, y pronto comenzaron a andar por aquella amplia estancia cavernosa. - ¿Qué se supone que es este sitio?

- La parte más inferior del sótano. Seguramente el edificio fue edificado sobre suelo muy sólido y usaron esos cimientos para el abastecimiento de agua y, de paso, crear una entrada salida de emergencia en el mismo lugar por el que mana el agua...

- ¿Y cómo sabes tú todo eso? - Le preguntó Draco, escéptico.

- Si alguna vez tienes la decencia de ir a ver a tu madre - replicó Lucius en tono muy ácido - dile que te enseñe de la biblioteca los manuscritos sobre cómo fue edificada la Mansión.

El joven rubio arqueó las cejas mientras andaba, demasiado sorprendido para replicarle que ya había ido a verla.

- ¿La fuente de la Mansión da a un lugar como éste...? - Preguntó, pero nadie le dio respuesta. A pesar de estarle prohibido, de pequeño le encantaba ir allí a ver los peces de colores, pero nunca imaginó que entre las piedras pudiera haber una entrada secreta a una caverna...

Anduvieron en silencio junto al canal que a veces les salpicaba agua, siguiendo una de las paredes y, al cabo de un rato, llegaron al final de la estancia. El canal parecía cortarse bruscamente, pero por algún hechizo el agua no se remansaba, sino que para desgracia de Draco seguía fluyendo tras la pared de roca.

Desde allí vieron un puentecillo que cruzaba al otro lado del canal, y en esa pared que tenía estanterías talladas había una estrecha escalera de piedra de altos escalones que comenzaron a subir sin dilación, Severus el primero y Lucius el último.

Olía a humedad, y no veían mucho más allá de sus narices en la escalera que subía haciendo recovecos. Draco se mordía el labio de pensar que su hija pequeña estuviera en aquella oscuridad, y tenía que contenerse mucho para no apartar a su profesor de un empellón y subir corriendo.

- ¿Alguna idea sobre lo que hay al final de la escalera, Lucius?

- No me acuerdo.

- Haz memoria - Gruñó el joven Malfoy entre dientes.

Lucius estuvo a punto de contestarle algo, pero pensó que no merecía la pena ni gastar saliva con él y sólo gruñó.

Por fin la escalera terminó y estuvieron en una habitación abovedada con columnas que formaban arcos en el techo de piedra. Todo era eminentemente oscuro, y el ambiente emitía una humedad fría que se metía en los huesos.

Estuvieron en silencio varios minutos, mirando a su alrededor dándose las espaldas como si temieran un ataque inminente de algo que saliera de esa oscuridad que apenas atravesaban sus varitas, y de pronto escucharon un ruido apagado hacia la derecha.

Según fueron andando lentamente y con mil ojos, tenían el oído puesto en un gotear constante en un charco, además del sonido apagado de una voz al hacer eco y retumbar por los muros de piedra. Por lo que alcanzaron a ver con sus varitas al llegar a un sólido muro aquél piso estaba desierto, no era más que una enorme habitación de piedra sin más mueble que un mural botellero.

Al mirar bien a su alrededor vieron junto a una esquina otra escalera de piedra que bajaba, oscura como la boca del lobo. De ahí venían los ecos e, inevitablemente, ahí estaría la pequeña Joelle.

Severus tuvo que sujetar a Draco de un hombro antes de que se lanzara de cabeza a la oscuridad.

- Tranquilidad. No le valdrás de nada a tu hija si te matan - sopló unos instantes al mirar la negrura y volvió a hablar - Vamos, despacio y en total silencio…

- No pienso entrar ahí - Lucius agitó la cabeza, remiso siquiera a acercarse a la escalera.

- Vamos, Lucius.

- He dicho que no voy y es mi última palabra. O me tiras ese Imperius o no bajo - El Director miró a su amigo fruncir el ceño testarudo y casi tuvo la impresión de que a pesar del lumos le estaba apuntando con la varita.

Un aullido animal y desgarrador surgió entonces de la oscuridad, erizándoles el vello de los brazos. De pronto la imagen del hombre lobo lleno de cicatrices regresó a su mente, y Severus comprendió por qué Lucius era tan remiso a bajar.

- ¿Qué hay ahí abajo…? - Le preguntó muy despacio y en voz baja, temeroso de que se pudiera volver a repetir si hablaba demasiado alto.

- Ni lo recuerdo ni quiero hacerlo… - Dijo tragando saliva precipitadamente, pues la boca se le había quedado reseca. En verdad no sabía qué podía haber, pues era muy joven cuando bajó por última vez a aquél sótano. Tan sólo recordaba aquella impenetrable oscuridad, la misma que ahora le producía un miedo irracional. Y los gritos. Sí, los gritos de quién sabe qué criaturas devorándose unas a otras…

El Director miró a Draco quien, a pesar de estar perturbado por lo que pudiera haber al final de esas escaleras no había perdido la determinación de su mirar, e hizo de tripas corazón ante su propia aprehensión a bajar.

- De acuerdo, quédate aquí arriba -suspiró- Si no venimos en un tiempo razonable… - La frase quedó en el aire mientras los amigos se miraban, y Draco hizo una mueca sarcástica e iba a decir algo respecto a que no bajaría así se les estuvieran comiendo vivos, pero Snape clavó los dedos con fuerza en su hombro y le movió hacia la escalera.

- Yo iré delante.

- Ya está bien de tratarme como a un crío¿no? Soy tan adulto como vosotros - Se quejó el rubio en un alarde de su orgullo Malfoy. Ambos Severus y Lucius arquearon una ceja al tiempo.

- De acuerdo, baja tú primero entonces. Si encuentras algo peligroso chilla y ya intentaré algo…. - Dijo Severus mordaz, y Draco arqueó las cejas y maldijo entre dientes al recordar que había perdido su varita.

- Está bien, vaya delante...

Severus se acercó a la escalera, aumentando su magia para que el lumos iluminara algo más en aquella oscuridad mágica, y fue bajando despacio puesto que no veía los escalones al bajar, escuchando en todo momento el frufrú de su capa y gruñendo cada vez que la pisaba sin darse cuenta.

Cuando el Director tragó aire y se paró de pronto, Draco chocó con él y estuvo a punto de soltar una maldición que consiguió tragarse a tiempo.

- Lo siento - Murmuró el moreno, que no había podido evitar el pararse al sentir que el escalón donde había puesto el pie estaba blando y se movía. Deseando que lo que esperaba fuese una rata hubiese corrido escaleras abajo, hizo una segunda intentona, y esta vez encontró suelo firme. Para su sorpresa, no había más escalones, habían llegado a suelo firme.

La luz parecía penetrar mejor allí, y Draco pudo distinguir perfectamente a su antiguo profesor a la luz dorada de su varita, lo mismo que las columnas igual de arqueadas que en el piso superior. Estaban en un pasillo con varias puertas a los lados y que desembocaba en lo que parecía una habitación mayor, todo de piedra mohosa y húmeda.

Había algo en el ambiente, una sensación de opresión, de maldad que les hizo mantener los cinco sentidos alerta. No habían visto nada aún, pero aunque no lo admitieran ese sótano disparaba su imaginación como no lo había hecho nada nunca. Además, aquella bestia desfigurada que les atacara había surgido de aquella mazmorra, estaban seguros de ello, y no había ningún motivo por el que no pudiera haber alguna otra suelta...

Severus le tocó en el hombro y señaló de frente, y ambos se dirigieron hacia allí haciendo el menor ruido posible sobre el empedrado, casi sin respirar por miedo a que alguien o algo les oyera.

Pasaron frente a las puertas listos para defenderse de lo que fuera que pudiera salir, máxime cuando escucharon gruñidos y arañazos provenir de detrás ellas, pero por fin llegaron al otro lado del horrible pasillo con la sensación de haber envejecido años en minutos.

La habitación estaba bastante más iluminada que todo el resto por el que habían pasado. Había varias mesas de madera, largas y carcomidas, llenas de frascos y viales, quemadores y calderos y algunos instrumentos de medición.

Había una pared larga y llena de grilletes, y había muchas marcas en ella y manchas de sangre. Algunos bloques de piedra incluso estaban arañados con garras

Severus miraba a su alrededor con ojo crítico, sobre todo a las baldas repletas de frascos y contenedores mientras Draco prefería mantener la vista puesta al frente, a una puertita entrecerrada desde la que se oían las voces ahora mucho más claras.

Eran voces de hombre… de hombre un poco desesperado y harto, por el tono en que hablaba. Los ojos de Malfoy se entrecerraron de rabia y echó a andar hacia allí con grandes zancadas.

De una patada el rubio abrió la puerta, que chocó contra la pared de piedra con un gran estruendo.

Walden MacNair se volvió de golpe al escuchar semejante golpe, y se encontró con un puño a escasos centímetros de su nariz.

- Uh...

- ¿Dónde-está-mi-hija? - La voz del joven era un ronroneo más amenazante que muchos gritos, pero tras haber servido a quien había servido, Walden no se amilanaba fácilmente.

- Ohh… Malfoy hijo. ¿No te enseñó tu padre modales?

- McNair, te aconsejo que nos lleves hasta la niña. No quisiera tener que ser persuasivo… - Severus entró por la puerta, la varita negra en alto apuntándole entre los ojos. Interiormente estaba maldiciendo a Draco por su estupidez de entrar de esa manera en una habitación sin saber lo que podía aguardar detrás.

- Snape, qué sorpresa… No sabía que el excelso director de Hogwarts se dedicara a cosas tan mundanas… - Dijo con una sonrisita mirándole con su único ojo. Snape frunció el gesto, estaba empezando a molestarle que los antiguos mortífagos le echaran tanta rechifla a su mandato.

Si supieran que en sus juicios tengo yo que hablar por ellos otro gallo cantaría…

De pronto escucharon un agudo berrido que les hizo casi rechinar los dientes.

- ¡¡Merlin¡¡¡Por no seguir escuchándola prefiero que te la lleves!!! - Exclamó el ex mortífago desesperado.

- ¿¿Dónde está¡¿¿Qué la estáis haciendo, desgraciado??! - Draco le había cogido de las solapas y le chillaba en la cara como un poseso. Walden echó hacia atrás la cabeza todo lo que pudo, porque sabía bien lo afilados que eran los colmillos de los Malfoy.

- ¡¡Tras esa puerta…!!

De un brusco empujón el tuerto acabó sentado en el suelo mientras el rubio abría la puerta a patadas lo mismo que la anterior.

Severus suspiró a sus 'elegantes' modales, pensando en que padre e hijo no eran para nada tan distintos de cómo ellos creían, y volvió los ojos a McNair.

- Me temo que tendré que dejarte aquí… desm-

- ¡Espera¿No vas a llevarme contigo?

- ¿Por qué debería hacerlo? - El mago de oscuro arqueó una ceja, expectante y casi disfrutando con la expresión de su contertulio.

- Bueno pues… ¡joder¡Se supone que me tienes que llevar al Ministerio, donde los aurors y eso!

- Pues no. No tengo tiempo ni ganas, McNair. En cambio, lo que sí tengo es a otro desgraciado mucho más interesante que tú…

Walden le agarró del brazo, nervioso, y Severus se soltó con un ademán, los ojos oscuros fulminándole por haberle tocado sin su consentimiento.

- Me matarán si no me llevas contigo…

- ¿Y eso debería importarle al excelso director de Hogwarts¿Acaso crees que no tengo nada mejor que hacer que ser el abogado de pleitos pobres de un miserable como tú, McNair? - Le dijo con sorna, ácido y cruel. Todos los mortífagos le habían hecho la vida imposible cuando tuvieron la oportunidad, y él no iba a desperdiciar las suyas por muy director que fuera - Desmaius.

Se acercó a la habitación, su capa agitándose tras de sí de la ira con la que aún se movía, y se quedó clavado en la puerta, mirando dentro.

De no verlo, nunca se hubiera creído del todo que un Malfoy pudiera ser medio humano, y eso que Draco llevaba horas queriendo comerse vivo al que hubiera puesto un dedo sobre su hija.

Ahí estaba el rubio, arrodillado junto a una jaula abierta en un lado de la pequeña habitación, con Joelle entre sus brazos. Y no andaría muy errado en decir que estaba llorando él más que la niña.

Si Lucius los viera, se reiría de su hijo por décadas, el bastardo insensible. Él, simplemente sentía envidia. Envidia de que alguien como Draco, con su educación, con sus prejuicios y su graduación en Slytherin sintiera algo tan fuerte por otra persona como para llorar. Envidia sobre todo porque él no sería capaz de hacerlo…

Se giró conteniendo un suspiro y se alejó de la puerta. No era tampoco que estuviera en su solitario futuro el tener hijos como para probar…

Walden seguía en el suelo de piedra, inconsciente, y Snape pasó por su lado sin mirarle, los ojos puestos en cualquier cosa que le distrajera de los llantos. No había mucho en aquella habitación, sólo una mesa y una silla de madera hinchadas por la humedad, una jarra de cerveza y una copia de El Profeta de ese día.

Quiso la suerte que girara la cabeza hacia la puerta para medio ver a un mago encapuchado de rictus serio marcado por los años y melena grisácea, capa negra hasta el suelo y varita apuntando hacia él.

- ¡Avada Kedavra!

Chispas verdes rozaron el pelo oscuro de Severus cuando rodó por el suelo, desapareciendo tras los escasos muebles…

- ¡Reducto!

… que se hicieron astillas en un momento. Severus, un brazo medio cubriéndole los ojos, le lanzó otro que desgraciadamente fue a dar contra una de las columnas que había en mitad de la habitación. Las piedras volaron en pedazos con gran estruendo, y todas las paredes vibraron, dándoles una pequeña tregua.

La explosión en la habitación de al lado hizo a Draco arropar a su hija con su cuerpo. Joelle se agarró a su cuello con fuerza, gimoteando y el rubio la sujetó con un brazo y se levantó, preparado para liarse a puñetazos con cualquiera que se atreviera a entrar.

De pronto todo quedó sumido en la oscuridad gracias a un nox, y hubo entonces un intercambio de crucios, avadas y expelliarmus hasta que todo quedó una vez más, en silencio.

Malfoy anduvo hasta colocarse de espaldas a la pared. ¿Estaría el tuerto luchando con Snape, o había un tercero que no habían visto?

- Shh no hagas ruido…. - Le susurró a la niña al oído, y ella se hizo un ovillo contra su pecho.

- ¡Somos del Ministerio, entrégate! - la voz grave de Severus consiguió que el muchacho suspirase aliviado.

- ¡Destruccio! - Dijo la otra persona, con esa voz añeja y rabiosa que le resultaba bastante familiar pero que no encajaba con ninguna cara.

De nuevo el sonido de más cascotes cayendo, y esta vez se escuchó un suave temblor. Quizás el hechizo hubiera dado a una viga, o a un arco…

Severus frunció los labios mientras se movía todo lo rápido que podía por la habitación tropezando con los cascotes que habían caído demasiado cerca de él para su gusto. A pesar de aquella oscuridad el tipo contra el que luchaba tenía mucho más claro dónde podía estar y lo que había en la habitación que él, pues sus conjuros se acercaban mucho más a él que los suyos.

Si tan sólo recordara el hechizo de luminiscencia podría iluminar una pared para poder, al menos, ver algo a su alrededor sin descubrirse totalmente...

En los silencios, las treguas entre conjuro y conjuro, Draco podía escuchar el latir de su corazón como si tuviera un hechizo amplificador.

No sabía contra quién luchaba Snape, pero debía ser un tipo muy bueno para plantarle cara de esa forma. Acarició el pelo liso de su hija suavemente, remiso a dejarla en el suelo aunque rabiando por salir a ayudar a su padrino; un par de veces había asomado ligeramente la cabeza para ver si podía hacerse una idea, pero cuando una flecha llameante pasó silbando junto a su oído decidió que lo mejor sería no hacerse el héroe, menos aún desarmado y en aquella oscuridad.

Severus vio de pronto cómo la varita de su contraparte se iluminaba de dorados y se tiró por el suelo, rodando hasta una posición aceptable para intentar contrarrestar el hechizo de fuego que iba a lanzarle.

- ¡Flamma destruccio!

- ¡Gelartum!

Junto a la puerta, Lucius se cubrió el rostro con un brazo para protegerse del polvo que había levantado la explosión y de las partículas de arenilla que caían de las junturas de las rocas sobre su cabeza. Durante unos segundos se oyó una especie de ronroneo ronco, pero paró, así como los desprendimientos.

Miró a su alrededor, iluminando la estancia para asegurarse una vez más que nada extraño le había seguido desde aquél espantoso pasillo para devorarle, y tosió levemente por el polvo.

Estando en la planta superior escuchó pasos y se escondió detrás de una columna. Cuando al cabo del rato empezó a escuchar las explosiones hacer eco por las escaleras pensó que irremediablemente necesitarían su ayuda… y teniendo en cuenta que por el jaleo a ellos no se les había comido nada ahí abajo, que estar solo allí era muy aburrido y que si les bajaba a ayudar quizás Severus no le diera demasiado la paliza con lo que había hecho o dejado de hacer, la perspectiva era hasta positiva…

Y así, con mucho miedo y poca vergüenza recorrió Lucius la escalera, pegándose a la pared y mirando a su alrededor en cada peldaño que descendía. En el pasillo ni siquiera se planteó qué podría haber detrás de las puertas; corrió de un extremo a otro con toda la rapidez que pudo haciendo oídos sordos a gruñidos y gorgoteos.

La siguiente habitación le recordó vagamente a Severus y sus interminables pociones, pero sabía más que de sobra y sin ver los grilletes que el dueño no bajaba allí precisamente para practicar o investigar…

Incómodo por el polvillo y el olor a requemado que había provocado el Flamma al dar contra las paredes mohosas de la habitación de al lado, el Malfoy de larga melena esperó a que alguien diera señales de vida, pero no escuchó un ruido. Sacó entonces la cabeza por la puerta y la varita sacó destellos dorados a los parches de hielo que cubría las columnas. La habitación tenía buena pinta después de todo, no se había derrumbado nada aunque hacía bastante frío por el Gelartum.

Dio un par de pasos hacia delante, y hubo un nuevo temblorcillo, y más arenilla cayéndole sobre la cabeza y haciéndole gruñir.

Una silueta salió de pronto desde la derecha, oscurecida por la polvareda, y cuando se acercó a él y dejó ver el gesto de odio en los ojos negros Lucius dio un paso atrás, casi tropezándose.

La persona con la que había estado luchando Severus, el dueño indiscutible de aquella mansión estaba allí, frente a él.

- ¡¡¿TÚ?!! - rugió entre dientes, desencajando el rostro en una mueca de odio visceral que, por la forma de sus arrugas, debía ser bastante común en él. La varita que llevaba en la mano apuntó de pronto a Lucius entre los ojos, quien no se movió un ápice - ¡Lumen sagitta!

La voz del anciano se perdió de pronto en un trueno monumental, y todo tembló espantosamente a su alrededor, haciéndole perder pie y desviándosele de este modo el conjuro.

Se desencadenó un terrible estruendo tras ellos, y el moreno se apartó lo más rápido que pudo para apartarse de las piedras que caían. Cuando se vio en lugar seguro echó una última mirada a Lucius y se desapareció.

Aún inmóvil y con los ojos desmesuradamente abiertos, Malfoy se quedó vuelto hacia donde se había desvanecido el mago, escuchando a su lado algunas chinitas rebotando entre las piedras hasta que por fin reaccionó.

Se acercó entonces a la puerta y conjuró un lumos que devolvió la claridad al lugar y después un hechizo que todo estudiante de herbología aprendía siempre para regar el invernadero rápidamente. Con eso, aparte de salpicarse consiguió que las gotas de agua arrastraran el polvo y le dejaran ver: Había hielo en una parte del muro y en una columna, y el suelo de las dos plantas del edificio más todos sus enseres se habían desplomado creando una montaña de escombros de la que salía el brazo de McNair.

De pronto se fijó en que el montón de piedras se agitaba como si tuviera vida propia, y una de las más elevadas comenzó a flotar en dirección contraria a donde estaba él hasta caer al suelo.

- Wingardium Leviosa... -Conjuró, y fue apartando las piedras desde arriba - ¿Severus? - Llamó, y pronto escuchó la voz del director de Hogwarts al otro lado.

- ¿Lucius? Esto no parece muy estable… - Le dijo, la voz apagada por las piedras.

- Peor te va a parecer cuando quieran tirarnos la casa encima…

- ¿QUÉ?

- No sé. Es sólo una idea que se me ha ocurrido - Dijo sonando ciertamente muy fatalista.

- ¡Pues no pienses tanto y sácame de aquí¿Dónde está Draco?

- No lo sé. Aquí no, desde luego - Dijo mirando a su alrededor un momento y continuando con su tarea de quitar piedras.

Desde el otro lado de la escombrera, Snape gruñó algo entre dientes que Lucius no fue capaz de adivinar antes de chillarle que se pusiera a buscarle.

Cuando empezaron a caer de nuevo chinitas y arenilla, el director se empezó a dar prisa quitando las piedras, temiendo que el rubio no anduviera nada errado en cuanto la demolición se refería.

- Draco no está aquí, pero hay una puerta tapiada a mi derecha - le informó aprovechando para apartar algunas rocas más. De nuevo, más chinitas y un suave ronroneo - Severus, podemos estar AÑOS así… vete a la izquierda, muy a la izquierda, y cúbrete.

- ¿Qué vas a...? - Empezó a decir, pero decidió que era mejor correr a hacer lo que decía.

- Expelliarmus.

Un rayo de luz chisporroteante salió disparado de la varita de Lucius e impactó contra la pared de rocas desprendidas, pulverizando unas cuantas y moviendo el resto, que cayeron de nuevo en tromba por el agujero.

- ¡Vas a tirarlo todo abajo!

- No me importa. Expelliarmus.

De nuevo, piedras volando, rodando, cayendo y armando estruendo, y el agujero estaba ya tan bajo que le permitía ver de puntillas el otro lado.

- ¡¡Vas a terminar por matarme!!

- Ya te dije que te apartaras. ¡Expelliarmus! - Dijo esta vez poniendo toda su rabia en el conjuro y consiguiendo por fin un hueco considerable. Tentativamente, Severus sacó la cabeza por el agujero y vio a su amigo intentándose quitar el polvo de la levita a palmadas. Se miró a sí mismo, y con un gruñido se dio cuenta de que además de estar algo chamuscado por el conjuro parecía haberse revolcado en un saco de harina.

Trepando tristemente por los peñascos y estando a punto de resbalar porque se movían, el director de Hogwarts llegó al otro lado del muro y se acercó al rubio Malfoy, que seguía absorto en su tarea.

- Draco y la niña están ahí dentro - dijo, antes de fruncir el gesto y añadir - o estaban. Démonos prisa antes de que se nos caiga el mundo encima…

Ciertamente la manera de trabajar de Lucius era mucho más eficaz que a base de Wingardiums pero según el precario estado de la habitación no podían arriesgarse a tirar un tabique entero.

Por fin, diez minutos, muchas chinitas, algún que otro temblor y bastantes Wingardiums después consiguieron abrir un agujero. Severus se acercó y llamó a Draco quien, increíblemente, contestó.

- ¿Profesor¿Está bien¿¿Qué ha pasado??

- Las preguntas luego, Draco. Esto se cae a pedazos.

-¡Lo sé, lo sé…!¡Yo estoy intentando quitar piedras también… ¡Tiene que sacar a Joelle de aquí!

- ¿Por qué no te apareces dentro?- Le preguntó Severus al rubio a su lado. Lucius miró al Headmaster con los ojos grises como nubes de tormenta.

- Porque no sé cómo es esa habitación, básicamente porque no me acuerdo porque hace muchos años que no vengo y la verdad no tengo ganas de acordarme tampoco. Y aunque las tuviera, no arreglaría nada que yo entrara a no ser que utilizara su cabeza de ariete desde dentro para abrir un hueco.

Ante la elocuente y ácida respuesta Severus se le quedó mirando con una ceja arqueada, pero se mordió la lengua ante la contestación de igual calibre que se le ocurrió.

- Por cierto. ¿Sabes quién era el tipo aquél? - Le preguntó aprovechando para señalar vagamente su mejilla. El rubio se llevó la mano a la cara y la retiró sucia de sangre; la flecha que a punto había estado de hacerle un bonito agujero de parte a parte del cráneo sólo le había rozado…

Se quedaron unos instantes callados y serios; Severus le miraba con aquellos ojos oscuros que parecían saber muchas cosas mientras Lucius daba la impresión de estar muy entretenido en su levita. La pregunta sin contestar flotó en el aire un poco más hasta que unas nuevas chinitas en sus cabezas les hicieron volver a su trabajo.

De nuevo, más conjuros hasta que el agujero tomó mayores proporciones y Draco se empeñó en sacar a la niña por él. El único problema era que Joelle no quería separarse de su padre para acabar en los brazos de cierto director que se hacía cruces por tener que cogerla.

- ¿Lucius…?

- ¿Qué?

- Ven aquí un momento...

Con un soplido, el rubio hizo lo que le mandaban.

- ¿Qué quieres¿Se te ha ocurrido una idea brillante? - Dijo con sorna.

- De hecho, creo que sí… Asómate un poco y mete la mano - El moreno se sonreía con maldad, y se ganó una maldición entre dientes de parte de su amigo que se convirtió en sonora blasfemia cuando sintió la punta de una varita en la espalda.

- No-pienso-hacerlo - Lucius se quedó muy quieto y erguido - Dispara si quieres, no me importa un carajo.

- No me busques, Lucius, sabes que si me obligas lo haré.

- ¡Tú eres el que me está obligando a mí! - siseó entre dientes dándose la vuelta a encararle - Y ya estoy harto de pasártelo todo¿me oyes¿Quién te crees que eres para tratarme así?

- El excelso director de Hogwarts, el que te mantiene fuera de Azkaban y empleado y el único que te puede encerrar por lo que has hecho hoy. ¿Satisfecho?

- Bien, entonces creo que pueden ir encerrándome también por el asesinato de un alto cargo público - Le amenazó enseñándole la varita, los dientes apretados.

Draco miraba por el agujero a los dos hombres discutir y realmente estaba hasta sorprendido. Nunca se había puesto a pensarlo, pero era realmente cierto que hacía años que Snape hacía lo que quería con Lucius y, por lo que veía, en todo el tiempo que no los había visto juntos habían seguido igual…

- Lucius…

- ¡Qué!

Severus señaló hacia arriba; Las vigas habían comenzado a temblar con un sordo ronroneo, y las chinitas caían con más fuerza que nunca. Se miraron unos segundos y se acercaron al muro de cascotes como un solo hombre.

- ¡Te odio, Snape!

- Yo también, yo también…

- ¡No me des la razón como a los locos!

- Calla ya y saca a la niña… con cuidado - El director le lanzó una mirada de advertencia que Malfoy no quiso ni ver por si acaso aún encontraba tiempo suficiente para echarle una maldición.

Por suerte la intuición de Severus acertó de nuevo y Joelle no se lo pensó tanto a la hora de cambiar de las manos de su padre a las de su abuelo. Malfoy Sr. se apartó del agujero con un nudito de pelo castaño agarrado a su cuello y cara de muy pocos amigos.

Severus miró al techo una última vez y le pegó un empujón al rubio.

- ¡¿A qué esperas¡Aparécete en la puerta del edificio!

- ¡Idiota¡Si Draco no tiene su varita no podréis desapareceros de aquí!

- ¿¿Qué??

- ¡¡Lo que oyes!!

El Director miró a su amigo con una mezcla de miedo y ansiedad, y se volvió de pronto hacia las rocas que aún atrapaban a Draco y apuntó hacia ellas - Draco¡¡apártate!! ¡¡Destruccio! - en el momento en que Draco estuvo libre, Severus agarró a ambos Malfoy - ¡¡Desaparécete!!

- ¡Cómo quieres que nos saque de aquí a todos! No soy un portkey¿recuerdas? - Exclamó el rubio de pelo largo exasperado. Por unos momentos ambos se miraron sin saber qué hacer, y de pronto Draco echó a correr por donde habían venido, tirando del Director y de su padre por los pasillos.

- ¡¡De prisa¡Si hacéis un agujero en uno de los muros de la planta de arriba llegaremos al jardín!

- ¡¡Estáis de manicomio!!

- ¿¿Tienes una idea mejor, Lucius??

- ...

- ¡¡Entonces cállate y corre!! - Le gritó Snape mientras corrían perseguidos por una nube de polvo y un escándalo espantoso.

Subieron las escaleras tremendamente oscuras casi a trompicones, tropezando con los escalones y llegando milagrosamente enteros al piso de arriba que, evidentemente encontraron parcialmente hundido.

Con gesto de aprehensión Draco se dio cuenta de que no faltaría mucho para que donde estaban se hundiera también, pero peor le pareció cuando Severus le dijo que la casa se iba a venir abajo toda entera porque estaban subiendo grietas a las paredes desde los cimientos.

- Bien, bien…. ¿y qué demonios vamos a hacer ahora…? - Le dijo apoyándose en una de las paredes intentando volver a respirar normalmente.

- Calla, Lucius…, y salta al otro lado del agujero - Le instó el Director también cansado, pero antes de que pudiera oponerse a semejante locura metió baza Draco.

- ¿¿Con mi hija¡Ni hablar! - Exclamó, y Lucius se volvió hacia Draco con gesto de odio.

- No es que la lleve por gusto¿recuerdas?

- ¡Tráela acá! - El joven fue totalmente dispuesto a arrancársela de la casaca si hacía falta, pero Snape les miró, frunció el ceño y agarró a Draco fuertemente de la muñeca haciéndole dar un respingo. Estaba harto de ellos. Harto.

- Salta Draco. Ya - Dijo con una voz tan ronca que el joven Malfoy cumplió la orden de inmediato seguido inmediatamente por su padre y por él en última instancia. Así, pronto estuvieron corriendo de nuevo por el edificio que se venía abajo hasta llegar a unas angostas escaleras ascendentes que terminaban en claridad.

- ¿Por aquí a dónde vamos?

- Al… sitio por donde… salió… el licántropo….

- Fabuloso... Esperemos que… no haya regresado...

Cuando por fin abandonaron la oscuridad y regresaron al interior del edificio vieron cómo la mayor parte del suelo de la planta cero se había hundido totalmente, yendo a parar la escalera junto a la que estaban a un oscuro agujero lleno de cascotes dos pisos más abajo.

La madera bajo sus pies crujió lúgubremente, y los dos rubios instaron al profesor casi a empujones a abrir el dichoso agujero en la pared por el que saltaron, llegando al jardín sin demasiados daños personales.

Cansados ya de tanto correr se alejaron prudencialmente del edificio, que gemía y crujía por los cuatro costados.

- Se va a venir abajo… - Murmuró Lucius.

- Sí - Severus se encogió de hombros y él le fulminó con la mirada.

En el momento en que los cimientos se quebraron y la casa se vino totalmente abajo, Malfoy Sr. contuvo un suspiro, como si de algún modo le afectara el derrumbe de aquella hermosa mansión.

- Trae acá a Joelle - Le dijo Draco poniéndose frente a él inmediatamente. En ese momento, al mayor de los tres magos se le pasaron muchas cosas por la cabeza y ninguna buena, pero por no seguir teniendo contacto con la pequeña half-blood se la devolvió a su padre sin contemplaciones.

O lo intentó, porque a la que consiguió soltarla de su cuello la niña se agarró a lo primero que encontró.

- ¡Suelta¡Suéltame el pelo! - Le dijo intentando separarla de sí sin mucho éxito. Joelle empezó a llorar desconsoladamente, porque la gente la agarraba, la zarandeaba y la llevaba por sitios oscuros, y encima hacían mucho ruido y gritaban mucho, y no quería soltarse de ese hombre porque tenía el pelo suave y estaba segura en sus brazos.

- Joelle... ven con papá… - Draco la agarró y empezó a decirle cosas para que se fuera con él, y por suerte no veía la expresión indecible de su propio padre al escuchar las cucamonas.

Cuando por fin pudo soltar a la cría del pelo de su abuelo y la hubo recostado contra su propio pecho deseando que dejara de gimotear, se encaró con Lucius.

- Por hoy ya hemos tenido suficiente, pero no creas que se me olvida que tengo que darte lo que mereces. Cuida tu espalda, Lucius.

- Sí, no sea que se me agarre una half-blood y no la pueda soltar...- Sopló el aludido, un gesto de frío desprecio en el rostro.

Draco le lanzó una mirada helada, y Severus se pasó una mano por el rostro.

- La próxima vez vas a contármelo todo antes de hacer nada o yo mismo te mandaré a Azkaban de una patada¿entiendes? - Le amenazó totalmente serio, y el rubio se limitó a mirar al cielo como si tuviera cosas más interesantes en qué pensar.

Si el Director fue a decirle algo, se le olvidó en el instante en que escuchó el largo aullar del licántropo que habían dejado en el exterior. Se volvió de pronto hacia Draco, tomó a la niña en brazos para pasmo de ambos Malfoy y se desapareció de allí, apareciéndose de nuevo tan solo para llevarse a su ahijado con él sin siquiera despedirse de Lucius.

Malfoy Sr. estuvo allí unos segundos más, junto a las ruinas de aquella lujosa mansión de verano y tras tocarse suavemente el corte en la cara, se desapareció también.

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En casa de sus padres, Hermione estaba a punto de subirse por las paredes de la ansiedad y el miedo. Hacía horas que no sabían nada de Draco y de su hija y estaba en un sinvivir a pesar de las múltiples tilas que le había preparado su madre, quien ya no sabía qué hacer para tenerla tranquila; en su estado tan avanzado no podían ser buenos tantos nervios.

Los sres. Granger habían insistido en quedarse despiertos con ella hasta que supieran algo, pero tras todo el lío el cansancio les había vencido y se habían quedado dormidos en bata sentados en el sofá mientras Hermione paseaba sin descanso por la habitación mirando cada instante a la chimenea.

¿Qué estaría haciendo Draco¿Habría podido ayudarle el profesor Snape¿Estaría bien Joelle¿Quién podría querer hacerle daño a su hija?

Estás y otros cientos de preguntas le pasaban por la cabeza e incluso estaba preocupada por Nayara. ¿Y si también querían secuestrarla a ella?

El mero pensamiento hacía que casi se comiera las uñas, pero se obligaba a confiar que Snape supiera mantener Hogwarts tan seguro como Dumbledore.

Ronald Weasley volvió entonces de la cocina con un par de tazas de leche caliente. Hermione le había llamado nada más enterarse, y el auror había movilizado a su escuadrón para buscarla.

Había un escuadrón especial en el Ministerio que era parecido a lo que los muggles denominaban 'policía', pero el hecho de que la niña fuera hija de un Malfoy era para Ron motivo suficiente para que los aurors entraran en escena. Siendo quienes eran los Malfoy, estaba seguro de que algo oscuro habría tras todo aquello.

Tras convencerse de que podía dejarlo todo a cargo de sus subordinados, el pelirrojo se había aparecido en casa de los padres de la bruja para ver cómo estaba. Además, Hermione le había contado que Draco había ido directamente a ver al Director de Hogwarts, y quería saber si había alguna noticia.

- Toma, te hará bien tomar algo caliente – Le dijo con gesto amistoso tendiéndole una taza. Ella suspiró y se dejó caer en la mesa redonda del comedor, donde Ron acabó dejando ambas tazas.

- No puedo más, Ron…

- Tranquilízate, por favor. Se está haciendo todo lo que se puede, y nunca se ha visto que nadie haya secuestrado a alguien sin querer nada a cambio. Además, nadie sabe que es hija de Malfoy¿verdad?

- Los padres de Draco lo saben… y quién sabe si alguien más.

- He estado personalmente en Malfoy Manor, y la Sra. Malfoy me ha escoltado por todas las habitaciones, incluso por el sótano. Hice mis averiguaciones, mis detecciones… y no encontré nada. No creo que esté allí… Pero tampoco estaba tu suegro, cosa que la Sra. me dijo que no era extraña. No tengo nada que apunte a que tengan algo que ver… - Terminó dando un trago a la leche caliente.

- ¿Pero quién si no va a querer hacerle algo a mi hija? Nadie sabe que es de Draco, y yo no tengo enemigos…

- ¿Quizá alguien del colegio de abogados? – Preguntó el pelirrojo rascándose la perilla.

De pronto una llamarada verde surgió en la chimenea, y Hermione se puso de pie de un salto, derramando la taza de leche sobre la mesa. Los sres. Granger se despertaron de pronto, asustados, y también se pusieron en pie al ver a Draco entrar en la casa con su pequeña en brazos.

Llorando de alivio, la bruja se echó sobre él y tomó a Joelle de sus brazos, abrazándola y besándola mil veces mientras su padre se acercaban a Draco.

- Draco¿qué ha sucedido¿Quién la tenía¿¿Por qué se la llevaron??

El rubio apretó los dientes para tragarse un gruñido y suspiró largamente.

- Fui a hablar con mi padrino, y él me ayudó a encontrarla. No sabemos quién la tenía, pero está investigándolo.

Mientras las mujeres llevaban a la niña escaleras arriba, Ronald se acercó al rubio con la típica expresión de desagrado que ponía cuando le veía.

- ¿Pero por qué ella¿Qué tiene de especial? – Preguntó estirándose a su lado como siempre hacía para obligarle a mirar hacia arriba, cosa que era obvia le repateaba.

Draco arrugó el gesto nada más verle, siendo patente el disgusto mutuo que se tenían, y le volvió la espalda de pronto.

- ¿No es tu trabajo averiguar esas cosas, Weasley? – Le preguntó arrastrando su apellido con desprecio – Pensaba que para eso te paga el Estado…

El pelirrojo frunció el ceño más aún, y sintió que le subía el calor a las orejas.

- Quizá me presente a auror un día de estos. Después de todo, si te admitieron a ti, que no sabes hacer tu trabajo, a mi me darán el título sin mover un dedo – Draco esperó unos segundos, pero al no obtener respuesta se volvió a mirarle con el mentón alzado.

- ¿Quieres que siga avergonzándote o prefieres alejarte de mi familia? También puedo echarte personalmente…

- Te guste o no, fue Hermione quien vino buscando mi ayuda… - dijo Ronald entre dientes - y no me iré hasta que no pueda redactar un informe sobre lo que ha pasado esta noche. Tengo potestad para hacerte hablar, Malfoy, y me daré cuenta enseguida de si estás encubriendo a alguien.

Draco alzó una ceja, sin notar la mirada sorprendida y asustada de su suegro tras él.

- Me gustaría ver esa potestad tuya, Weasley. Espero al menos que sea tan grande como tus orejas.

- Puedo arrestarte por desacato – El auror pelirrojo empuñó las manos, furioso, pero Draco no se amedrentó.

- ¿Puedo pedirte que lo intentes?

Se abrió un silencio terrible entre ambos, que se miraban como si los ojos tuvieran el poder de fulminar en el acto, y acto seguido echaron mano de sus varitas… O al menos Ronald lo hizo, porque Draco había olvidado que perdió la suya y soltó una grosera maldición.

- Vaya, deberías tener cuidado de poder respaldar tus palabras con algo – Le dijo con una sonrisa victoriosa mientras le apuntaba.

De pronto, el puño de Draco se estrelló contra su mandíbula, haciéndole dar varios pasos hacia atrás.

- Eres de lo más estúpido que me he encontrado en la vida, Weasley. Y ahora saca el trasero de esta casa antes de que te mande al Ministerio de una patada en él.

- ¿¿Draco…?? – El padre de Hermione tenía los ojos abiertos como platos, y estaba temiéndose que aquello degenerara en un violento encuentro. Si no recordaba mal, el pelirrojo había estado saliendo con su hija antes que con Draco… y era obvio que esa era una de las causas por las que no se soportaban.

Lo que el buen hombre no sabía es que las rencillas entre Malfoys y Weasleys tenían bastante más trasfondo que el de una lucha por una mujer.

Ronald le apuntó con la varita una vez más, rojo de rabia, mientras Draco le miraba como si le estuviera perdonando la vida.

- Me aburres, Weasley. ¿Vas a hacer algo o te quedarás ahí plantado toda la noche? - Le presionó el rubio, que estaba descargando la tensión de la tarde en aquél tipo que siempre le había caído tan mal.

El auror resopló y bajó el brazo antes de que Hermione apareciera por las escaleras.

- Da gracias a que no voy a rebajarme a tu nivel, Malfoy – Dijo en un murmullo para que sólo le oyera él.

- Mejor di que no quieres que Hermione te vea amenazarme, y te creeré – Respondió arrogante, en voz alta, sabiendo que había ganado la partida una vez más.

Weasley tuvo que aguantarse las ganas de cerrarle la boca al asqueroso rubiales que siempre le había hecho la vida imposible, en primer lugar por Hermione, y después porque no podía abusar de su autoridad como auror.

Al acercarse a ellos, Hermione vio la tensión que flotaba en el aire y suspiró cansadamente.

- Hoy no, por favor. Comportaos bien por una vez…

- Lo siento, cielo – Se apresuró a decir Ron, que no quería causarle más disgustos. Draco se sonrió ladino; sin darse cuenta, a los ojos de la mujer el pelirrojo se acababa de echar la culpa de la discusión.

- Gracias por todo Ron – Dijo ella adelantándose para abrazarle, y el auror le dio un beso en la mejilla.

- No tienes por qué darlas. Mañana me pondré en contacto con el director de Hogwarts y haremos un informe conjunto. Después de todo estoy llevando con él y los suyos el caso de las famosas letras… No te preocupes, dentro de poco sabremos quién se la llevó.

Sin poderlo evitar, el gesto de Draco se llenó de amargura e ira. No por Ronald, sino por sus palabras. Aún no comprendía cómo Lucius había sido capaz de secuestrarla, cómo era posible que fuera tan desgraciado, tan cabrón.

Porque es él, joder. ¿Cómo le va a importar que sea su nieta, si ni siquiera le importo yo? Si supiera de algo que pudiera joderle, lo haría, pero no creo que haya nada que aprecie lo bastante excepto su propia vida, y no voy a rebajarme a su nivel para matarle... Pensó el rubio conteniendo un soplido.

No se dio cuenta de que Ron se había marchado hasta que Hermione le tomó de un brazo.

- ¿Estás bien, Draco? - le preguntó apretando su mano - ¿Quién fue¿Por qué?

- No lo sé - Dijo secamente, y se liberó de sus manos para dejarse caer en el sillón. El padre de Hermione, sabiendo que sobraba, fue escaleras arriba en busca de su mujer y de la niña.

La bruja se sentó junto a él y le tomó una mano entre las suyas para intentar darle apoyo.

- Ella está bien, sólo está asustada... Pero sé que tú no. Dime qué ha pasado, por favor.

El joven Malfoy miró a su alrededor durante un rato, el gesto duro como si lo hubieran esculpido en mármol.

- La tenían en una jaula - dijo por fin agitando la cabeza - en un sótano oscuro lleno de... monstruos. Si lo pienso fríamente, me sorprende que con lo que ha pasado allí hayamos salido con vida.

- ¿El profesor Snape fue contigo?

- Sí. Y también Lucius - dijo casi ronco, y su mujer frunció el ceño y apretó su mano con fuerza. Tal y como se temía, estaba involucrado en ello. El gesto de Draco se ensombreció al momento de seguir hablando - No sé realmente por qué nos ayudaba, si fue él quien la secuestró... O, al menos, quien la mandó secuestrar, porque me extrañaría mucho que se ensuciara las manos haciendo el trabajo él mismo.

Hermione se quedó de una pieza, y una oleada de incredulidad recorrió su cuerpo a modo de temblor. Una congoja enorme la oprimió el pecho y tuvo que dominarse mucho para contener la rabia que estaba amenazando con desbordarla.

¡Desgraciado, maníaco, egoísta bastardo...!

- No te reprimas, Mione. Yo ya me desahogué con él en persona…

- ¿Lo hizo sólo por... por ser nuestra hija? - Preguntó la bruja tentativamente, y él se encogió de hombros.

- No lo sé. Lo único que tengo claro es que alguien quería hacer algo con Voldemort, y no entiendo que Lucius la secuestrara si su preocupación era evitarlo a toda costa. Quizá no tuviera nada que ver, no tengo ni idea. La verdad es que entre unas cosas y otras todo ha sido muy confuso...

- ¿Y el profesor Snape¿No le ha mandado detener?

- No. Esos dos se traen algo entre manos, como siempre, y el profesor debió considerar que estaba mejor suelo. Yo que sé. Mira, no quiero hablar más de esto – Gruñó mirando a la alfombra de varios colores que había a los pies del sillón.

- Supongo que sabe más que nosotros. Podríamos ir a verle para que nos contara la verdad – Propuso la bruja, sabiendo que accedería con mayor facilidad a ver a su padrino que a Ronald.

- De acuerdo... Pero otro día, por favor - Dijo suspirando, dejando a un lado por fin sus frías maneras. Cansado como estaba después de tanto como había pasado, se recostó contra Hermione y dejó que le abrazara. La bruja besó su cabeza rubia y se dedicó a pasarle los dedos por el pelo hasta que ambos se quedaron dormidos.

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- ¿Eres un mortífago?

Tozudo, el mago volvió la cabeza para no verle al escuchar la pregunta ya por quinta vez. El tipo estaba inmovilizado por un conjuro pero nada le impedía mover la lengua, y aún así no había dicho ni palabra desde que llegara a casa de Lupin.

- Es un libro encantador el que leías, y muy raro. Único, diría yo. El resto son copias mal hechas que no sirven para nada¿no es así? Tu jefe debió pagar mucho para conseguirlo...

- Por favor, basta de charla estúpida. Me aburro de oírte.

- Cuanto antes me cuentes lo que quiero saber, antes dejarás de escucharme… - Le dijo Remus con un suspiro que denotaba su cansancio. Tenía unas ojeras terribles, y estaba totalmente despeinado. Miró al mago que Snape le había pedido que custodiara usando todos los métodos a su alcance y decidió sentarse a su lado tras haber pasado más de hora y media paseando a su alrededor, preguntando sin respuesta.

La silla crujió levemente cuando el hombre lobo balanceó todo su peso hacia delante para apoyar los codos sobre sus rodillas, la cabeza gacha.

- Ah, vamos. Te desmayarás antes de que puedas sacarme alguna información… - Le dijo el hombre desdeñoso, fijos sus ojos en él.

- No lo apuestes – Remus alzó la cabeza para mirarle, y el otro mago vio en sus ojos algo que no le gustaba nada; un destello amarillo. Y había estado el tiempo suficiente en la mansión de la que le había sacado Snape a rastras como para saber lo que significaba aquello.

- ¡Eres un hombre lobo!

Lupin sonrió cansado y se apartó el pelo que le caía por la cara, colocándoselo tras las orejas.

- Mañana hay luna llena… - Balbució, recordando de pronto que por eso habían elegido el día antes para comenzar el sortilegio con el Quimera.

- Tienes menos de un día para decirme lo que quiero saber. Cuando caiga la noche me convertiré en esta misma habitación, para que vayas haciéndote a la idea de cómo serás tú dentro de un mes… si es que no te arranco la yugular cuando termine de transformarme… - le dijo con voz suave, sin apartar la mirada – Recuerdo en los últimos días de Voldemort, una mañana me desperté entre tanta sangre que me escurría cada vez que intentaba levantarme del suelo. Tenía entre las manos, enredado como un cordón las tr—

- ¡Cállate¡No vas a asustarme con tus cuentos, monstruo! – Exclamó sin dejarle terminar la frase, que imaginaba cómo acababa. Tenía los ojos enormes, y le corría sudor frío por la sien.

- Me alegro de que no me tengas miedo. Es un olor apestoso, me pone frenético… - Remus se puso en pie en ese momento, y el mago hubiera dado un respingo de no estar conjurado. Se estiró levemente, y tuvo un acceso de tos ronca que hubiera bastado para despertar a media ala de la Torre Gryffindor. Los ojos verdes del otro hombre no pudieron evitar ver sus colmillos entre sus dedos y, cuando el hombre lobo se dio la vuelta para dirigirse a su cama le detuvo.

- Es…Espera. Me llamo Alan Lanthen, y el libro es auténtico, una joya….

Lupin se dejó caer en la silla pesadamente, aún tosiendo levemente, y se dispuso a escuchar la confesión…

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En el siguente bonus... Pececitos y fuentes.

Y gracias por dejarme review. Aquí tenéis el resto de la historia :3