Era cálido.

Aunque era un vampiro, y su piel pálida gritaba "¡FRÍO!", para Yuu, Mikaela era igual a calor. A su lado se sentía cálido y completo. Un sentimiento nostálgico y hogareño se encendía en su interior, ese que tanto le hacía falta. Gracias a sus caricias, lograba olvidar el horrible pasado. Y cuando le miraba a los ojos podía ver, parpadeando, en luces de neón, un "Te quiero". El más grande y dulce que jamás había visto. Y esas luces sólo se encendían para él. Con Mika, Yuu dejaba de estar solo.

Era vida.

Para Mikaela, Yuu era oxigeno en sus pulmones y latidos en su corazón. Entre sus brazos lograba sentir que las viejas heridas se cerraban. Y en sus ojos podía ver el bosque más verde y hermoso, lleno de bellos arboles zarandeándose levemente por el viento. Desprendían cariño y confianza, esa que perdió hace cuatro años. Y su voz le llenaba de paz, volviendo sus problemas borrosos y los alrededores confusos, haciéndole olvidar los errores que cometió. Era su salvación. Con Yuu, Mika dejaba de estar solo.

Estos dos, mutuamente, hacían que su vida fuera cálida.