¡Hola!
¡Mil gracias sus comentarios y por seguirme acompañando por aqui en esta historia!
Les traigo un nuevo capitulo de este fic, ¡espero que lo disfruten!
Capitulo Seis
Michiru rebuscaba entre las hierbas de un puesto de Covent Garden. Eligió un ramillete de lavanda y se lo llevó a la nariz antes de colocarlo en la cesta que sostenía su amigo Haruka. Buscó el monedero en su bolso.
—Pagaré yo —Haruka dio una moneda al vendedor—. Es un regalo.
—Gracias. Eres muy bueno.
—Es un placer —repuso él.
Caminaron entre los puestos de fruta y verdura atendidos por vendedores de mejillas coloradas envueltos en lana y cuyas respiraciones formaban nubes en el aire.
—Gracias también por sacarme de casa —dijo Michiru—. A veces creo que me volveré loca sentada todo el día en el salón viendo a mi madre con sus labores de aguja.
—De nuevo, el placer es todo mío.
Ella suspiró y apartó la vista.
—Te preocupa algo —dijo él.
—¿Preocuparme? —ella volvió a mirarlo.
Haruka no era tan alto como su hermano. Era también más delgado, pero para Michiru era un amigo muy fiable y demasiado perspicaz.
—No me preocupa nada —repuso.
Él la tomó del brazo y la miró con sus bondadosos ojos azules.
—A mí no puedes engañarme, ¿sabes?
Su rostro era muy querido, muy franco… pero ella no estaba segura de poder poner en palabras lo que le preocupaba.
—¿Estás preocupada por tu madre? —preguntó él.
Ella se apartó.
—¿Por qué crees que puedo estar preocupada por mi madre?
La sonrisa de él se volvió conciliadora.
—Es una suposición.
Caminaron en silencio, ahora sin tocarse. Michiru se detuvo delante de un puesto donde había erizos en jaulas, una mascota popular porque se comía los escarabajos que plagaban las casas de Londres.
Se inclinó y tocó el hocico de una cría de erizo que asomaba entre los barrotes de su jaula. Le gustaba que Haruka nunca la presionara para que hablara, como hacía a veces su madre en su afán por querer saber todo lo que la perturbaba. Su madre, como Haruka, también notaría su turbación y, desde luego, no podía confiarse a ella.
Miró a Haruka, que se limitó a sonreír. Se incorporó.
—¡Oh, Haruka! —se colgó de su brazo y reanudó la marcha—. No sé bien lo que me preocupa.
Él le apretó la mano.
Pasaron al lado de un puesto de flores. Haruka se detuvo, compró un ramo pequeño y se lo tendió. Ella sonrió. Él siempre le estaba regalando pequeñas cosas. Era su mejor amigo y el único que tenía en Londres. Aunque se habían conocido el verano anterior, tenía la sensación de haberlo conocido toda su vida. Quizá podría hablar un poco con él.
—¿Cuánto sabes de mi familia? —preguntó.
Él no contestó de inmediato.
—Sé que tu padre murió cuando tú eras muy joven. Sé que… —vaciló y respiró hondo—. Yo crecí en Bath. Sé que lord BlackMoon… mantenía a tu familia.
Lo dijo sin asomo de censura y eso le dio a ella valor para continuar.
—Mi madre hizo muy mal en aceptar la ayuda de lord BlackMoon, pero estoy convencida de que fue debido a la gran pasión que sienten los dos.
Lo miró para ver si se mostraba tan escéptico como Seiya. Haruka parecía simplemente escuchar.
—Yo estaba acostumbrada a que visitara a mi madre de vez en cuando, pero anoche… —tragó saliva—. Creo que pasó la noche con ella porque esta mañana estaba en el desayuno. Eso me ha preocupado.
—¿Sí?
Michiru se detuvo y lo miró a los ojos.
—¿Recuerdas ayer cuando lo vimos con aquella joven?
Él asintió.
—Eso también me preocupó. Era la actriz que interpreta a Julieta. Es la que está pintando Seiya.
—¿Seiya la está pintando? —Haruka parecía sorprendido.
Ella asintió.
—Lord BlackMoon le encargó el retrato. Creo que… ella puede tener intenciones con lord BlackMoon.
—¿Qué te hace pensar eso?
—¡Oh! —ella volvió a suspirar—. Es sólo una intuición. Cuando dije que la había visto con lord BlackMoon, todos se pusieron muy raros. Seiya también estaba allí y fue el que más raro se puso.
Haruka le apartó un mechón de pelo de la mejilla y lo colocó detrás de la oreja.
—Probablemente haya otra explicación, pero vamos a proponernos descubrir cuál puede ser esa razón.
Ella sintió que la tensión la abandonaba.
—¿Tú me ayudarás?
Haruka sonrió.
—Pues claro que sí.
Michiru se agarró de su brazo de nuevo y reanudó el paseo.
—¿Qué haces hoy a las dos?
OoOoO
Michiru llamó a la puerta de Seiya poco antes de las dos.
Seiya abrió en mangas de camisa.
—Espero que no te importe que haya traído a Haruka —Michiru entró y se quitó la capa.
—Claro que no —Seiya le estrechó la mano a Haruka—. ¿Hoy no hay clase?
—Hoy no —Haruka dejó la cesta en la mesa cerca de la puerta—. Estaba libre para acompañar a tu hermana al mercado.
—Hemos traído una lata de galletas para el té —Michiru colgó su capa—. ¿Pongo agua a hervir? —sacó la lata de la cesa y se la tendió.
—¿Se quedaran a tomar el té? —Seiya no parecía contento.
El plan que habían ideado Haruka y ella era que se quedarían a tomar el té para que Michiru pudiera tener una oportunidad mejor de valorar a la señorita Tsukino.
—Eso nos permitirá tener una conversación de verdad -Michiru entró en la cocina.
Seiya la siguió.
—Dijiste que sólo querías conocer a la señorita Tsukino.
La joven le sonrió con dulzura.
—Seria de mala educación no charlar con ella.
Haruka se acercó a Seiya.
—Mi padre te envía saludos. Ayer recibí carta suya.
Era muy propio de él crear una distracción. Michiru lo miró agradecida.
—Espero que se encuentre bien —respondió Seiya
—Muy bien de salud —Seiya señaló un lienzo extendido en el suelo—. ¿Necesitas ayuda con eso? Estoy acostumbrado a hacerlo con mi padre.
—No, ya he terminado. Sólo falta limpiar —Seiya sacó una escoba y barrió los restos de lienzo y madera que había en el suelo.
Haruka le quitó el recogedor de la mano.
—Ya me ocupo yo. ¿Hay algún sitio para dejar esto fuera?
—Fuera de la puerta de la cocina —Seiya tomó el lienzo extendido y lo colocó contra la pared.
Haruka pasó al lado de Michiru camino de la puerta.
—¿Cómo vamos? —preguntó en voz baja.
—Hasta el momento de maravilla —Michiru sacó la cabeza de la cocina—. Sólo encuentro tres tazas.
—Mira detrás de los frascos de pintura —respondió Seiya.
Ella buscó en el armario y encontró más tazas. Las colocó en la bandeja.
—¿La señorita Tsukino será puntual? Puedo echar ya el agua hirviendo.
Seiya no parecía complacido.
—Ayer llegó puntual.
Michiru respiró hondo sin dejarse desanimar.
—Tengo que acabar de vestirme —Seiya desapareció en su dormitorio.
Haruka entró desde fuera.
—Veo que nos quedamos al té.
Michiru sonrió.
—Claro que sí —llevó la bandeja de té al estudio—. Ayúdame a colocar los muebles.
Colocaron cuatro sillas en un grupo hogareño cerca de la mesa de té del centro. Michiru sacó las flores que le había comprado Haruka.
—Voy a ponerlas en un jarrón. Luego me las llevaré a casa —encontró un tarro vacío que usó a modo de jarrón y lo colocó en la mesa—. Gracias, Haruka. Tendremos tiempo de sobra para conocerla.
Seiya salió del dormitorio abrochándose la levita. Observó la escena.
—No podrán quedarse mucho, Michiru. Tengo trabajo.
Llamaron a la puerta y a Michiru le saltó el corazón a la garganta.
—Yo contesto —fue a la puerta antes de que Seiya pudiera protestar.
Cuando la abrió, vio primero a lord BlackMoon, que llevaba a la señorita Tsukino del brazo.
—¡Lord BlackMoon! —exclamó decepcionada. Aquello parecía confirmar sus miedos.
—Michiru, querida — BlackMoon le dio un beso en la mejilla y se hizo a un lado para dejar pasar a la señorita Tsukino.
Esta miró a Michiru y sonrió.
—Usted es la hermana…
—Hermana de Seiya —la interrumpió BlackMoon.
Serena miraba a Michiru.
—Recuerdo su retrato de la exposición —le tendió la mano—. Soy Serena Tsukino.
¿Recordaba el retrato? Michiru no pudo evitar sentirse halagada. Hizo una reverencia.
—Soy la señorita Michiru Kou.
—Estoy encantada de conocerla.
Lord BlackMoon se disponía a ayudarla con la capa, pero la señorita Tsukino se la quitó y la colgó en una percha al lado de la de Michiru.
Seiya se adelantó.
—Permítanme que les presente a nuestro amigo —señaló a Haruka—. Lord BlackMoon, señorita Tsukino, éste es nuestro amigo el señor Tenoh.
—Me siento muy honrado —Haruka inclinó la cabeza.
—Es un placer conocerlo —dijo la señorita Tsukino—. Creo que los vi a los dos en la calle ayer. ¿No es una coincidencia? Oh, mire, tenemos té —se volvió a Seiya—. No debería de haberse molestado.
—Lo ha hecho todo mi hermana —repuso él.
Lord BlackMoon eligió de inmediato la mejor silla y la retiró para la señorita Tsukino.
—No puedo quedarme mucho —se sentó al lado de ella.
Haruka fue a buscar una taza y una silla más mientras los demás se sentaban y Michiru empezaba a servir.
La conversación, predeciblemente, empezó por el tiempo y cómo esperaban todos que febrero llevara consigo mejores temperaturas.
La señorita Tsukino se volvió hacia Michiru.
—Permitame que le diga cómo me alegra haber visto su encantador retrato. Me dejó muy impresionada.
—Es una chica muy guapa — BlackMoon hablaba como si Michiru no estuviera sentada enfrente de él—. Creo que su belleza le conseguirá buenas proposiciones matrimoniales.
Michiru bajó la cabeza avergonzada.
Seiya lo miró de hito en hito.
—Eso, señor, son asuntos de familia.
BlackMoon le dedicó una sonrisa.
—Seiya, muchacho, tú sabes que los asuntos de tu familia son mis asuntos. Puedes estar seguro de que buscaré pretendientes para tu hermana. Mi posición me da ventaja. Conozco a las mejores personas. Me atrevo a decir que podré encontrar a más de un hombre que la encuentre aceptable.
Michiru se sonrojó intensamente.
La señorita Tsukino se echó a reír.
—Seguramente bromea, señor. Es evidente que la señorita Kou puede atraer sus propios pretendientes.
BlackMoon le lanzó una mirada paciente.
—Es lo bastante guapa, desde luego. Su aspecto y juventud harán mi trabajo más fácil, estoy seguro.
Seiya parecía a punto de explotar.
—No es su trabajo, señor.
Hasta Haruka parecía enfadado.
—Deje de decir tonterías, BlackMoon —ordenó la señorita Tsukino con buen humor—. Su broma no ha gustado. Si estuviera en el escenario, bajaría el telón y sacaría a los bailarines de ballet.
BlackMoon parecía a punto de defenderse, pero la señorita Tsukino miró a Michiru.
—Digame, señorita Kou, ¿ha visto alguna revista de moda este mes? Parece que se llevan los vestidos con frunces en el dobladillo, cosa que adoro. Tengo que encargar uno.
Michiru comprendió que había cambiado deliberadamente de tema.
—Creo que es un buen cambio —dijo. Miró a Haruka—. ¿No te parece?
Este estuvo a la altura de las circunstancias.
—Es como los cambios que vemos ahora en las artes decorativas. Una nueva tendencia.
—Haruka es estudiante de arquitectura en la Real Academia —explicó Michiru a la señorita Tsukino.
Seiya miró a lord BlackMoon, pero su expresión seguía siendo rígida.
—El señor Tenoh es hijo de sir Artemis. ¿Conocéis a sir Artemis, el artista de retratos de Bath?
—¿El hombre que te metió en este negocio? —el tono de BlackMoon era despreciativo—. ¿El que pinta a gente que va a tomar las aguas?
—Es miembro de la Real Academia —Seiya parecía de nuevo furioso.
—Los sombreros… —la señorita Tsukino volvió a mirar a Michiru—. ¿Qué sabe de lo último en sombreros?
Michiru no sabía nada de sombreros, pero charló de cintas, encajes y modelos hasta que lord BlackMoon se puso en pie.
—Debo atender un asunto importante —hizo una inclinación de cabeza a Michiru y otra, más pronunciada a la señorita Tsukino—. Perdone que me retire.
Seiya se puso en pie, pero no hizo ademán de acompañarlo a la puerta. La señorita Tsukino siguió hablando de sombreros. Cuando se cerró la puerta detrás de lord BlackMoon, abandonó bruscamente el tema.
Cuando Seiya volvió a sentarse, ella levantó su taza.
—Esto es encantador —tomó un sorbo de té y miró de soslayo a Seiya—. ¿Ha mostrado nuestro trabajo a su hermana y el señor Tenoh?
—No —Seiya seguía con el ceño fruncido.
—Oh, muéstreselos —le suplicó ella—. Me gustaría mucho oír su opinión.
Seiya seguía hirviendo por dentro por los comentarios de BlackMoon sobre Michiru. La audacia de aquel hombre al asumir que tenía algún derecho a organizar la vida de Michiru lo sublevaba. Se levantó de mala gana.
—Los bocetos están en la habitación de atrás. Voy a buscarlos.
Entró en su dormitorio.
¿ BlackMoon pensaba que un hombre elegido por él sería aceptable para Michiru? Seiya recordaba a los hombres con los que se trataba en el ejército, hombres como él, más preocupados por su propia ambición que por el bien de los hombres que servían a sus órdenes.
Abrió el baúl grande donde guardaba sus dibujos y revisó el montón que había dibujado el día anterior, del que seleccionó sólo diez. Cuando devolvía los demás al baúl, se fijó en un sobre grande de cuero que sobresalía debajo de muchos otros dibujos hechos por él. Era el sobre que contenía sus dibujos de la guerra, de Badajoz.
Cerró los ojos, pues las imágenes de aquella noche volvían a pasar por su mente, tan vividas como la noche anterior. Zafiro merecía ser castigado por aquello y BlackMoon merecía la vergüenza de tener un hijo así.
Bajó la tapa del baúl. Yaten, Taiki y él habían elegido guardar aquel secreto. Seiya había dado su palabra.
Se preguntó de nuevo qué habría sido de la mujer francesa y de su hijo. ¿Había conseguido Taiki encontrarles un lugar seguro? ¿Habían sobrevivido a la guerra? ¿Soñaban con aquella noche como soñaba él?
Apartó aquellos pensamientos de su mente y volvió al estudio con los bocetos del día anterior. Haruka retiró la bandeja del té y las flores y Seiya colocó los dibujos en la mesa.
Los mostró uno por uno y la animada discusión que suscitaron lo devolvió al mundo que era su refugio. El mundo de su arte.
—Me gusta la figura reclinada —dijo Haruka—. Su composición es muy agradable, recuerda a las Venus de Ticiano.
La señorita Tsukino se echó a reír.
—¡Señor Tenoh! Esos cuadros muestran a Venus sin ropa. He visto los grabados.
Haruka se sonrojó.
—Me refería a la composición, la pose. Ella puso una mano en la de él.
—Sé a lo que se refiere —miró a Seiya—. Imagine que comparen su trabajo con el de Ticiano.
Seiya movió la cabeza.
—Dudo mucho que ocurra eso —miró el dibujo de Serena reclinada y no pudo evitar imaginarla como la Venus desnuda de Ticiano.
—Es lo bastante bueno para eso —repuso Serena
Él levantó la cabeza y sus ojos se encontraron.
Michiru señaló el dibujo.
—Es muy agradable, pero no hay nada en él que indique que es Cleopatra. Pensaba que la iban a pintar como Cleopatra.
Su comentario se acercaba mucho al de BlackMoon del día anterior.
—Esto es solamente él primer paso —repuso Seiya, tenso.
Serena tomó el dibujo.
—No tengo ni idea de qué aspecto debe tener una reina egipcia —miró a Seiya—. ¿No sería espléndido que yo pareciera una?
—Debe tener trajes en el teatro —intervino Michiru.
—Supongo que sí —Serena apartó la vista pensativa—. Me encantaría parecer recién salida de un jarrón egipcio.
Mientras hablaban, el cuadro empezaba a cobrar forma en la mente de Seiya. Serena envuelta en ropa elegante, con joyas de oro adornando su cuello y muñecas, la chaise longue convertida en un sofá egipcio con pirámides al fondo.
—Hay grabados de frisos y esculturas egipcias que podemos ver en la Real Academia —dijo Haruka—. Si lo desean, podemos verlos hoy.
—¿Usted podría organizar eso? —le preguntó Serena.
—Pues claro que sí —Michiru se puso en pie—. Vamos ahora mismo. ¿Podemos ir, Seiya?
A éste le gustaba la idea de usar imágenes de verdad de la época para preparar su trabajo.
—Dame tiempo para coger un cuaderno de dibujo y un lápiz.
Poco después bajaban por el Strand hacia Somerset House, con el viento del Támesis agitando las faldas de las damas y amenazando con arrancarle el sombrero a Seiya. Haruka y Michiru iban delante, conversando con las cabezas juntas.
Seiya oyó un trozo de esa conversación.
—No ha sido para nada como esperaba…
Sospechó que Michiru hablaba de su encuentro con Serena. Tenía que haber anticipado que BlackMoon llegaría con ella. Sin duda aquel retrato era sólo una parte más de la persecución amorosa de BlackMoon. ¿Le había hecho ya otros regalos?
El comportamiento de Serena con él era un rompecabezas. Parecía ignorarlo, excepto cuando intervino para cambiar el tema del casamiento de Michiru. ¡Qué audacia la de aquel hombre!
Serena se agarró de su brazo.
—Esos dos parecen muy felices —señaló—. Me atrevería a decir que sería innecesario buscarle un pretendiente a Michiru.
—¿Qué quiere decir?
—Esos dos —ella señaló a Michiru y Haruka con la cabeza—. Sin duda están enamorados.
Seiya los miró atónito.
—Son amigos. Haruka es nuestro único amigo en Londres.
—No es su único amigo —murmuró ella.
—¿Quién más? —preguntó él.
Serena le lanzó una mirada decepcionada.
—¿ BlackMoon no es su amigo? —preguntó un rato después—. Él dice que sí.
Seiya se puso rígido.
—No es amigo.
Ella le apretó el brazo.
—Seiya, Seiya. Hace que le quiera preguntar qué pasa entre él y usted, pero dudo que me lo diga.
Él apretó los dientes.
—Es un tema privado —dijo.
Su humor se volvió sombrío. No podía quitarse de la cabeza la imagen de BlackMoon sentado en la mesa de desayuno de su madre. No era la primera vez que BlackMoon había usado a su madre de aquel modo, pero esa vez ella no debería haberse hecho ilusiones.
—Siempre que aparece BlackMoon en persona o en la conversación, se pone sombrío —dijo Serena—. ¿Lo sabía?
Él la miró.
—Perdoneme. Me esforzaré por resultar más divertido —dijo con sarcasmo.
Ella le dio un golpecito en el brazo.
—Basta. Yo no quiero eso —caminaron unos pasos más—. Me gusta, Seiya. Quiero ser su amiga. Piense lo agradable que serían nuestros momentos juntos si fuéramos amigos.
—Entre nosotros hay una cuestión de trabajo —repuso él—. Nada más.
—Para mí sí es algo más —replicó ella—. Es mi futuro y creo que también el suyo. Quiero que este retrato me ayude a causar sensación en los escenarios de Londres. Y usted debe contar con él para conseguir más encargos. Los dos queremos el dinero y la atención que nos puede traer ese retrato.
—Eso sigue siendo trabajo, Serena.
Ella abrió mucho los ojos y sonrió. Seiya se dio cuenta entonces de que la había llamado por su nombre de pila, traicionando así sus palabras sobre el trabajo.
—Seiya —dijo ella, como para confirmar su desliz—. Tus dibujos son buenos, pero no excepcionales. Te estás conteniendo. Yo salgo plana, como si fuera una muñeca. Puedes hacerlo mejor; te he visto hacerlo mejor. Pero para eso tenemos que eliminar esta barrera que hay entre nosotros.
—Tonterías. No hay barrera —en su interior sabía que ella tenía razón.
—La barrera es BlackMoon —dijo ella.
—Entonces es una barrera invencible —replicó él—. BlackMoon paga el retrato. Es tan parte de él como tú y yo —dijo, aceptando el tuteo.
Ella se colocó ante él, obligándolo a detenerse.
—El dinero no lo convierte en parte de esto —le puso ambas manos en los brazos—. Él no es nada para mí, Seiya.
La capucha de su capa cayó hacia atrás y su rostro quedó bañado en una luz suave, difuminada por las nubes que oscurecían el sol. Mechones de pelo dorado golpeaban sus mejillas y los ojos que él sabía azules se habían convertido en celestes por el reflejo del cielo. Sus ojos le suplicaban y ella se puso de puntillas, acercándose aún más.
Seiya le miró los labios. Intentó memorizar su color en la tarde nublada, más violeta que rosa. Bajó la cabeza y se fijó en la longitud de sus pestañas oscuras y curvadas.
Sus manos se posaron en la cintura de ella. Pasó un carruaje y Seiya se apartó, sacado de su ensoñación.
Miró hacia delante y vio que Michiru y Haruka estaban ya a bastante distancia.
—Tenemos que seguir —dijo.
Ella lo retuvo.
—¿Podemos ser amigos, pues? ¿Olvidarnos de BlackMoon cuando estemos juntos y disfrutar?
Él la miró, sabiendo ya que deseaba de ella algo más que amistad.
Olvidarse de BlackMoon sería difícil, pero mucho más fácil que resistir el deseo que ella suscitaba en él. Pero ella se lo suplicaba y él no podía negarle nada en aquel momento.
—Muy bien, Serena —la miró de nuevo a los ojos—. Lo intentaré.
¡Ah! Casi tuvimos un beso entre Serena y Seiya, pero bueno, lo importante es que ya se tutean ahora que son amigos
¿Como continuara la relación entre ellos? Ya lo veremos en el proximo capitulo
Me despido de ustedes por ahora. Como siempre, no olviden dejar sus comentarios, dudas, quejas o sugerencias que tengan. Nos vemos en el proximo capitulo
XOXO
Serenity
