27/11/2015
Nota de la autora: Así que estuve recibiendo infinidad de quejas debido a que los capítulos estaban demasiado cortos, yo lo hacía por el bienestar de su vista y que no quedaran ciegos… pero, debido a sus peticiones, este capítulo es el doble de largo. ¡Muchas gracias por todos los que comentan, de veras!
¡Por favor, dejen sus reviews y comentarios!
PD: Tengan en cuenta que este fic es un proceso sobre cómo aprender a ser padres… por lo que al comienzo nuestros ninjas no tendrán ni idea de qué hacer con los mocosos.
Capítulo 7: Paternidad.
—Se quedará conmigo —sentenció Sasuke, mirándolas.
Sakura frunció el entrecejo. Nunca pensó que Sasuke también querría aquello.
— ¿Por qué contigo? Yo también tengo un cuarto libre.
—Hay más espacio en mi casa —se excusó.
Tener espacio era poco, él tenía todo el barrio Uchiha a su disposición.
—Estoy segura de que en la mía estará más que cómoda.
Lo cierto era que ambos tenían muchas preguntas que hacerle… millones. Y la niña en sí les resultaba fascinante, quizá su orgullo de padres ya estaba activado, por lo que no querían separarse de su recién encontrada primogénita.
Después de todo, era la heredera del clan Uchiha… pero también del Haruno.
Heredera que, por cierto, sólo los veía con cansancio, entendiendo que su opinión no contaba en lo absoluto. Después de lo que parecieron horas de discusiones, gritos –los cuales también vinieron de un muy desesperado Sasuke- y habladuría, por fin parecieron llegar a un acuerdo.
—Está bien, entonces yo la tendré de lunes a miércoles y tú de viernes a domingo y nos turnaremos el jueves cada semana —estableció Sakura.
Sarada, quien estaba sentada en el suelo a los pies de sus padres comenzando a perder la razón, se puso de pie con entusiasmo. Por fin, después de una eternidad, podía ir a comer algo y dormir. Sólo había un pequeño inconveniente…
Era jueves.
—Yo quiero este jueves.
—No, este jueves es mío.
— ¡Agh!—gritó la niña antes de dejarse caer de nuevo en el piso con impotencia.
Tomó su cabeza entre sus manos. Ellos ni siquiera eran sus padres-padres, y aun así ya estaba experimentando el proceso de un divorcio.
—Na-Naruto-kun, ¿qué quieres hacer?—preguntó Hinata.
Estaba cargando a la pequeña niña, Himawari, en esos momentos, y esta jugaba con su cabello mientras Boruto sólo los miraba con aburrimiento.
Naruto guardó silencio. Lo cierto era que su apartamento era muy pequeño para alojar a dos personas más, incluso a él comenzaba a quedarle chico… sin mencionar el dinero. Maldijo y se arrepintió de no haber tomado más misiones. No tenía suficientes ingresos como para poder comprarles ramen para comer todos los días.
—Yo… yo los cuidaré —propuso Hinata, sabedora de los problemas económicos que tenía Naruto.
Ella, por otro lado, era otra historia. Al ser de la rama principal del clan Hyuga contaba con el dinero y espacio suficiente como para hospedarlos por años sin tener que trabajar. Su padre estaría algo extrañado, sí, pero terminaría convenciéndolo de que se trataba de alguna misión.
Naruto apretó la mandíbula, recordando lo enorme que era la mansión de Hinata. Sabía que lo mejor era que se fueran con ella, pero no quería sólo dejarle toda la responsabilidad… eran sus hijos después de todo.
¡Pero no era justo! ¡Todos tenían un solo hijo y él dos! ¡Tendría que trabajar el doble!
Vio sus pequeños rostros y no pudo evitar recaer en los dos bigotes que tenían en las mejillas… justo como los de él. Se relajó y suspiró… ¿qué se le iba a hacer?
—Te prometo que mañana buscaré un nuevo apartamento y comenzaré a aceptar las misiones por aburridas que sean, de veras.
Hinata se sonrojó al ver la determinación de Naruto. Si estaba dispuesto a aceptar misiones clasificación D, la cosa iba enserio. Sonrió, había elegido bien al padre de sus hijos.
Un rugido de estómago rompió el momento romántico. Ambos se giraron a ver a Boruto, quien se tomó el estómago antes de sentarse en el suelo.
— ¡Me estoy muriendo de hambre, de verdad!—lloriqueó.
Ambos se quedaron viendo con aburrimiento con la misma pose desaliñada. Después de varios minutos, donde ninguno de los dos rompió el silencio ni se movió, Shikamaru dijo:
—Esto es problemático.
—Muy problemático —coincidió Shikadai.
Shikamaru asintió, comenzando a caminar en dirección a su casa y el niño se colocó a su lado, poniendo sus brazos tras su cabeza con desinterés. El camino fue tranquilo, silencioso, tal como a él le gustaba. Y Shikadai parecía pensar lo mismo.
Cuando entraron a su casa, la cual era pequeña y carecía de muebles debido a que nunca le habían importado esas cosas, el niño abrió la boca después de ver un punto en específico.
— ¿Quieres jugar shogi?
Shikamaru sonrió al escucharlo. Sí, se llevarían bien.
—Me gustan las frituras de consomé; los aros de cebolla; el dango…
La lista de la niña continuó por lo que parecían horas, y Choji anotaba con rapidez todo en una pequeña libreta. Su lápiz iba tan rápido que inclusive era visible el humo que desprendía.
Cuando terminó, Chocho tomó una bocanada de aliento.
—Creo que tendremos que ir al supermercado —dijo Choji, mirando la lista que más bien parecía un pergamino.
—Podemos ir mañana —ofreció, encogiéndose de hombros—. ¿Hay buffet en esta época también?—preguntó como quien no quiere la cosa mientras se revisaba las uñas.
Los ojos de Choji se iluminaron y asintió con efusividad. Por fin tendría a alguien que fuera su compañera de comidas.
— ¿Podría dejarme respirar?
Ino, ante aquella petición tan formal, se retiró del niño. Estaba acuclillada delante de él, por lo que pudo apreciar con facilidad aquellos ojos verdes, que eran idénticos a los suyos, sin embargo notó que la sonrisa en sus labios, claramente fingida, le recordaba mucho a alguien más… pero no sabía a quién.
— ¿Así que, qué quieres hacer?—le preguntó Ino con emoción—. Apuesto a que sabes ya todas las técnicas del clan Yamanaka, ¿no es así?—siguió con entusiasmo antes de que él pudiera abrir la boca—. ¿Se te dificulta el jutsu transferencia de mentes? ¿Necesitas ayuda con eso? Porque yo…
—De hecho —la interrumpió Inojin, notando que su madre aún tenía esa característica de hablar sin parar—, es temprano todavía, creo que deberíamos ayudar en la florería.
Ino abrió los ojos con impresión.
— ¿Tú…? ¿Tú me ayudas con la florería?—preguntó con incredulidad e Inojin asintió.
—Sólo no los fines de semana… y soy alérgico a los girasoles, así que no puedo con esos —especificó.
Ino abrió y cerró la boca varias veces, sin saber muy bien qué responder. El niño que tenía delante era, en definitiva, más perfecto de lo que alguna vez imaginó que sería.
—Está bien —aceptó con una sonrisa, poniéndose de pie.
Comenzaron a caminar rumbo Flores Yamanaka.
— ¿Por qué no me ayudas los fines de semana?—preguntó entonces Ino por mera curiosidad, es decir, era cuando más trabajo había.
—Es cuando papá me enseña a dibujar —respondió Inojin con simpleza.
Ella se detuvo en seco, comenzando a comprender de qué iba la cosa. Sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
— ¿Tu-tu padre es…?—tartamudeó.
—Sai.
Sai. El raro de Sai. El Sai Sin-apellido. El chico que solía usar camisas que enseñaban su estómago más que ella.
—… ¿¡QUÉ!?
Sasuke miraba en una dirección y Sakura en otra, ambos determinados a ni siquiera verse de refilón. Sarada, quien caminaba en medio de ellos, seguía sin poder creer por completo que sus padres tuvieran ese nivel de infantilismo.
Es decir, ¡en el futuro se veían y eran tan maduros! Que nunca se le pasó siquiera por la mente que alguna vez fueron simples adolescentes. Por lo que estar ahí, presenciando lo que parecía ser una rabieta de ambos, le causaría gracia… si no fuera porque estaba cansada, tenía hambre, estaba usando ropa de hospital, y Dios sabía que necesitaba una ducha.
Así que no, Sarada no estaba mínimamente divertida y caminaba en un silencio sepulcral, con esa expresión de desdén tan característica de los Uchiha.
—Sarada-chan… —la llamó Sakura, queriendo romper el silencio. Ella no estaba tan cómoda con el silencio como esos dos—, ¿eres hija única?
Ella iba a responder, sin embargo vio que Sasuke se mostraba expectante, como si él también hubiera querido hacer esa pregunta. Sonrió torcidamente, aquello sería divertido.
—No —respondió, ganándose la atención de ambos—. Tengo ocho hermanos.
— ¿¡Qué!?
Ambos se detuvieron en seco y la vieron con ojos desorbitados antes de verse el uno al otro. Sakura se sentía como si estuviera a punto de desmayarse, estaba al tanto que Sasuke quería reestablecer su clan pero… ¡nueve hijos!
Sarada, quien había seguido caminando, giró su cabeza para sonreírles con sorna.
—Bromeo —soltó como si nada—. Sí, soy hija única.
Ambos Jonin dejaron salir un suspiro de alivio.
—… aunque sí deberían pensar en darme un hermano —continuó, encogiéndose de hombros.
Sakura y Sasuke se sonrojaron mientras compartían una mirada impactada.
— ¡Sarada!—la llamaron al mismo tiempo a modo de reprimenda, con los rostros sonrojados.
Sarada sonrió. Aquello, por lo menos, no había cambiado.
Sintió como volvían a alcanzarla, colocándose a cada uno de sus lados. Fue cuestión de avanzar unos cuantos metros para llegar a la residencia Haruno.
Y ese había sido el motivo de la gran rabieta, que, para desagrado de Sasuke, Sakura había ganado la batalla de dónde se quedaría Sarada esa noche, pero, aunque este estaba molesto, las había acompañado hasta ahí.
—Hasta mañana —se despidió la niña cuando estuvieron en el portal.
Sasuke sólo asintió.
—Ten cuidado, Sasuke-kun —pidió Sakura.
—Aa.
Sarada, quien iba detrás de Sakura y subía las escaleras para entrar a la casa, se detuvo en seco y ladeó la cabeza lo suficiente como para verlo de refilón.
—Por cierto, te sugiero que te vayas acostumbrando —le advirtió.
Sasuke le echó una mirada confundida y Sakura también veía la escena, expectante.
—A que ella gane —especificó como quien no quiere la cosa—. Ella siempre te ganará.
La niña se apresuró a entrar a la vivienda, aprovechando que Sakura ya la había abierto, dejando a sus padres estáticos en la entrada, compartiendo otra mirada de impresión.
3… 2… 1…
— ¡Sarada!
Y Sarada sonrió.
— ¿Y? ¿Cómo fue su primera noche de padres?—preguntó Naruto.
Al día siguiente él; Sasuke; Sakura; Choji; Hinata y Shikamaru estaban en la tienda del Dango, en una mesa bastante apartada de las demás, bebiendo té tranquilamente mientras sus hijos jugaban por la aldea.
Ino soltó un gritillo.
— ¡Mi hijo es asombroso!—se jactó—. Me ayudó en la florería, ¡sabe hacer incluso más arreglos que yo! Y es tan educado y…
La lista de Ino siguió y siguió. Nadie se atrevió a callarla, después de todo, sus ojos tenían un brillo casi maniaco, y cuando finalmente guardó silencio, o quizá sólo estaba tomando aire para el segundo encuentro, Hinata habló tímidamente.
—Boruto no quiso dejar a su hermana sola —contó—, son muy unidos. Niños… verdaderamente buenos.
—Fui con Chocho a la barbacoa… ¡ella es genial!—presumió Choji.
—Sarada no me causó problemas.
—Hai, Shikadai igual.
Todos miraron a Shikamaru y a Sakura con el entrecejo levemente fruncido. Se notaba a leguas que ocultaban algo, después de todo ambos tenían la misma sonrisa bailando en sus labios.
— ¿Cuánto tiempo creen que se queden?—preguntó Choji y todos se encogieron de hombros—. Hay una competencia de comer en dos semanas, y si mi hija es mi compañera no podremos perder —aseguró, apretando el puño en el aire y sus ojos flameando.
Una gota de sudor corrió por las cabezas de sus amigos.
—Como sea —continuó Ino—, ¿creen que la Hokage los ponga a hacer misiones o algo parecido?
—Sí —confirmó Shikamaru—. Sabe que nuestros salarios de Chunnin no nos alcanzarán para mantenerlos… además no creo que haya otras cosas que puedan hacer aquí.
Guardaron silencio por unos segundos, sintiendo lástima por los pobres chicos.
—Adivinen qué me dijo Sarada —comenzó Sakura con emoción, queriendo romper la tensión en el ambiente. Todos la miraron con curiosidad—, que ella formaba equipo con Boruto y otro chico llamado Mitsuki… —hizo una pausa tétrica—, hijo de Orochimaru.
— ¿¡Orochimaru!?—repitieron todos, exaltados.
— ¿Del maestro serpiente?—preguntó Naruto con los ojos desorbitados—. ¡Debe ser una broma!
—Nope —negó con una sonrisa—, y que ni siquiera el niño sabe si Orochimaru es su padre o su madre.
La hora de la comida continuó sin más problemas. De hecho, era la primera vez en años que se reunían, después de todo era difícil que Sasuke interactuara con alguien que no fuera de su equipo sin mencionar la apretada agenda de Shikamaru. Y, a pesar del inusual motivo de aquel encuentro, se sintió bien volver a recordar el pasado.
—No sé por qué los padres siempre dicen que la crianza es exhaustiva —dijo repentinamente Ino con superioridad—. Esto es fácil.
—Hai —coincidieron los demás padres, a excepción de Naruto y Sasuke.
No habían pasado más de unos cuantos segundos cuando, como si alguna clase de deidad los hubiera escuchado y quisiera reírse de ellos, apareciera un hombre, más grande y corpulento que Choji, en la entrada de la tienda.
Tenía a Sarada, Shikadai y a Boruto aprisionados en uno de sus brazos mientras que Inojin y, para desgracia de este, Chocho estaban en el otro; los niños claramente estaban ahí en contra de su voluntad ya que pataleaban y se revolvían sin parar. Himawari, por su parte, sólo estaba montada sobre los hombros del hombre con una sonrisa de oreja a oreja, como si sólo se tratara de un paseo.
— ¿Estos niños son suyos?—preguntó con cólera una vez que se acercó.
Al tenerlos más cerca notaron que los niños tenían sus rostros llenos de helado… ¡incluso estaba en sus ropas! Como si se hubieran zambullido en unos cubos llenos de nieve.
Y, por un momento, sólo por un segundo, todos tuvieron el impulso de negarlo y dejarlos a su suerte.
—Sí —admitió Hinata en un suspiro.
— ¡Han asaltado mi local!—informó exaltado—. ¡Se han comido todo el helado!
—No lo asaltamos —negó Inojin—. Estábamos entrenando y sólo caímos ahí de casualidad.
— ¡Lo deberíamos demandar por tener el techo tan delgado, de verdad!—secundó Boruto.
— ¡Y no nos hemos comido ningún helado!—exclamó Chocho y los demás concordaron entre gritos.
¿Tenían el rostro lleno de helado y aun así tenían el descaro de negarlo?
Sabedores que el vendedor estaba a punto de explotar, se apresuraron a ponerse de pie y tomar a su respectivo niño, quienes se sentaron en la mesa con tranquilidad, como si nada de aquello les concerniera.
Los shinobis se vieron obligados a pagar por todos los daños, cosa que no hubieran logrado si no fuera por la fortuna del clan Hyuga, ya que Hinata pagó lo que faltaba –la cual era una suma considerable de dinero- sin problema alguno.
— ¡… y no vuelva a aparecerse por aquí, de verdad, pedazo de…!
Naruto se apresuró a taparle la boca a su hijo. El vendedor, quien ya estaba en la puerta, se detuvo unos segundos y apretó los puños con fuerza, causando que todos se tensaran… pero finalmente siguió su camino.
Naruto suspiró con alivio y soltó a Boruto.
— ¿¡Pero qué estaban pensando!?—gritó Sakura, ganándose varias miradas curiosas de los demás clientes.
Aprovechando que Sarada estaba a su lado, comenzó a frotar una servilleta contra su rostro, limpiando toda la suciedad y ganándose varias quejas de la niña.
— ¡No pueden ir por ahí destruyendo locales!—siguió Ino.
Hinata no abrió la boca, se limitó a apretar a Himawari contra su cuerpo y ver a Boruto con tristeza.
—Queríamos un helado —explicó Chocho con simpleza.
—Entonces vienen aquí y nos piden que les compremos uno, ¡no van a asaltar una tienda!—reprendió Sakura escandalizada.
Parecía que todos los clientes se habían asustado menos los niños, quienes seguían en una pose de total desinterés. Después de unos segundos, donde los mayores esperaban que se disculpasen, se limitaron a comenzar a comer de la comida que había en la mesa.
— ¡Sarada!—a pesar de que la llamó con molestia, la niña ni siquiera se inmutó—. ¡Hagan algo! ¡Sasuke!
El aludido dio un respingo ante la mención de su nombre y, después de ver las señas nada despistadas que le hacía Sakura para apuntar a la niña, comprendió que quería que intercediera en todo aquello.
Miró a Sarada con serenidad y esta hizo lo mismo.
—No hagas eso —pidió con simpleza.
—Aa —respondió Sarada, continuando comiendo el Dango de Sakura.
Shikamaru, siguiendo su ejemplo, miró a su hijo a su lado.
—Shikadai, no seas problemático —ordenó y el niño le quitó de sus manos su té para darle un sorbo como respuesta.
Ambos hombres creyeron que habían desempeñado a la perfección su papel de padres… sin embargo las expresiones incrédulas que todos les echaban les dejó en claro que quizá hicieron algo mal.
— ¡Podrían hacernos caso y…!
—Lo había olvidado, me traje unas cuantas de estas.
La exclamación de Ino quedó opacada tan pronto como Chocho sacó de… bueno, realmente no lo sabían, ella tenía muchos escondites de comida, pero les enseñó varias paletas de llamativos colores. Los niños se abalanzaron rápidamente para tomar una, Boruto llevándole a su hermana la suya, la cual seguía en los brazos de Hinata.
¿Cómo podían enseñar la mercancía robada frente a sus padres sin ningún problema?
—Ne, creo que hace rato vi a Gai-sensei, deberíamos ir a ver cómo es en esta época —propuso Boruto mientras devoraba su paleta.
—Apuesto a que podríamos quitarle los calentadores —secundó Shikadai.
— ¡O la banda ninja!—dijo emocionado Inojin.
—Oh, no, ustedes no…
De nuevo, nadie escuchó a Ino y fue cuestión de segundos para que los niños desaparecieran; incluso Himawari, quien se revolvió entre los brazos de Hinata hasta que esta finalmente la puso en el suelo. Volvieron a los pocos segundos, saqueando el resto de comida que quedaba en la mesa y llevándosela ante las miradas atónitas de sus padres.
—Quizá… quizá esto no será tan sencillo —notó Naruto.
— ¿Deberíamos ir tras ellos?—preguntó Hinata con preocupación.
—No creo que puedan hacer tanto daño —empequeñeció Choji.
Casi instantáneamente escucharon pasos acelerados en la azotea sobre sus cabezas.
— ¡Estos niños tienen la llama de la juventud que arde, Lee!—escucharon gritar a un hombre con la respiración acelerada.
— ¡Ahí vienen, Gai-sensei! ¡Quieren mi otro calentador!—respondió el aludido, aterrado.
— ¡Corre, Lee! ¡Corre!
Seguido de aquello hubo grandes estruendos seguidos de risas infantiles.
Los presentes intercambiaron una mirada aterrorizada antes de salir disparados en busca de los niños del demonio. Al seguir el rastro, el cual consistía primordialmente en daños visibles a los locales o al terreno, sólo pudieron dar con Gai y Lee, a quienes, efectivamente, les faltaban uno a cada uno de sus calentadores naranjas que siempre usaban en los pies.
Tenían el rostro lleno de mohín y el cabello de punta, como si acabara de explotarles una bomba en el rostro.
—Gai-sensei, ¿dónde están?—preguntó Sakura con preocupación.
—Se fueron por camino de la juventud —respondió este, haciendo una pose dramática que Lee se apresuró a imitar—. ¡Yosh! ¡Verlos me ha recordado el espíritu de la juventud, Lee! ¡Vayamos a dar cien vueltas al campo!—dijo con euforia.
— ¡Sí, Gai-sensei!
Y, antes de que pudieran volver a abrir la boca, Gai y Lee desaparecieron tras una nube de humo.
— ¿Dónde se habrán metido?—preguntó Shikamaru, más para sí mismo.
—Allá.
Seguido de ese monosílabo Sasuke comenzó a correr, seguramente guiándose por su sharingan. Los demás lo siguieron por mera inercia pero Naruto era el único que le podía seguir el ritmo.
Entonces los vieron. Los niños saltaban de tejado en tejado, algunos de espaldas para poder hablar cómodamente con sus amigos… e iban hacia la torre del Hokage. Aquello no tendría nada de malo si no fuera por un pequeño detalle: había trabajadores que estaban cargando un enorme vidrio, el cual los chiquillos habían roto el día anterior, y estos iban directamente hacia él.
— ¡Sarada/Boruto/Himawari/Shikadai/Inojin/Chocho!—gritaron con fuerza al unísono el nombre de su respectivo hijo.
Ellos, efectivamente, giraron a verlos… y aquello sólo facilitó la tragedia.
¡Crash!
El vidrio se rompió en mil pedazos después de que lo atravesaran y los infantes no atinaron a hacer otra cosa más que cubrirse los ojos y detenerse en el siguiente techo.
Cuando los abrieron nuevamente, sus padres y los trabajadores ya estaban frente a ellos, todos viéndolos con cólera y un leve tic en el ojo. Tragaron saliva con nerviosismo.
—Eto… —comenzó Boruto, rascándose la cabeza—. ¡Sayonara!
— ¡Oh, no, no lo harán!
Pero lo hicieron.
Comenzaron a correr como despavoridos y ni siquiera Sarada, que se veía como la más madura del grupo, se dignó a disculparse, en todo caso fue la que huyó más rápido.
Antes de que pudieran perseguirlos, o en todo caso lanzarles un jodido kunai por su atrevimiento, un grito hizo que todos se congelaran.
— ¿¡Pero qué carajo!?
Y ahí estaba la quita Hokage, viendo desde su oficina a los Jonin y a los pedazos de vidrio esparcidos por todo el lugar. Su expresión colérica les dejó en claro que los niños no eran los únicos en problemas.
La paternidad sí era complicada.
