Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la historia a Boogum
Capítulo 7: La petición
Draco estaba sentado en la silla cómodamente; estaba casi recostado y con los miembros estirados, en una posición bastante relajada. Un libro descansaba sobre sus rodillas y, de vez en cuando, al pasar las páginas, el joven rubio sonreía. Una de las veces, giró la vista hacia la ventana que estaba a su lado; las cortinas estaban abiertas, dejando que los tenues rayos de luz matutina traspasaran el cristal e iluminaran tanto la sala, como los libros que había en ella. No estaba muy seguro, pero la intuición de Draco le decía que no serían más de las seis de la mañana. La mayoría de los invitados estarían durmiendo, así que sólo él y los elfos domésticos se aventurarían a pasearse por la casa a esas horas. En realidad, el chico lo prefería así y, después de fijar la vista en el libro, Draco se sumergió de nuevo en las palabras de su novel favorita.
No resultaba extraño ver a Draco en su lugar preferido, su biblioteca privada, a esa hora del día. Era un hombre al que le gustaba la soledad, aunque muchos pensaran lo contrario, y al que le gustaban las cosas tan simples como leer un libro. Por eso se encontraba allí a esa hora, cuando todos los demás dormían; sólo en aquel momento podía escapar del tedio que suponía mantener conversaciones triviales y responder a las absurdas preguntas de la gente. La biblioteca le proporcionaba la calma necesaria para leer y le aseguraba que nadie lo molestara.
Tal vez sorprendiera que a alguien como él le gustara tanto la soledad, pero en realidad no lo era tanto. Cuando era más joven le gustaba ser el centro de atención y, aunque mentiría si negase que a su edad ya no le gustaba, lo cierto era que había empezado a sentirse atraído por los lugares más tranquilos. Era insoportable tener que aguantar la estupidez y mezquindad de la nobleza, así que quizá por ese motivo el rubio se escondía en la biblioteca con más frecuencia cuando había invitados. Apreciaba la compañía de Theodore Nott, que al menos usaba la cabeza para algo, pero detestaba a todos los demás; Blaise era un vanidoso, Pansy una completa arpía y Daphne una absoluta imbécil. Los restantes no merecían ni su atención y Ginny... Ginny Weasley era molesta.
La sola idea de la pelirroja hizo que su impasible rostro se tornara más tenso y que sus ojos se deslizaran por las palabras sin leerlas, pasando de la frustración a la ira mientras pensaba en Ginny Weasley. Aún no comprendía por qué su madre había insistido tanto en invitarla y había intentado esquivarla todo lo posible. Tan sólo le había dirigido la palabra el primer día que se la había encontrado allí, sorprendiéndose al verla. Sabía que su madre quería que ella estuviera presente en aquel evento, pero no se esperaba que hubiese llegado tan temprano. Por supuesto, aquello le descolocó bastante y la estúpida charla que había tenido la chica con Armande, acerca de que a él le gustaban las pelirrojas, no había hecho si no empeorar la situación. Por supuesto que había reconocido sentir inclinación por las pelirrojas, durante un viaje que había hecho a Francia con su primo, pero ése no era el problema; el problema era que había cometido el error de decirle a Ginny que la encontraba «interesante» y, gracias a la ayuda de Armande, seguramente ella se pensara que a él le gustaba, lo que era totalmente falso...
En realidad, Draco no se encontraba cómodo rodeado de mujeres. No era tan hablador como su padre, sino más bien de naturaleza fría y educada. Casi siempre había llegado a ofender a las mujeres con las que había hablado, pero ellas estaban tan enamoradas de él o, en su defecto, de su apellido y su dinero, que no se habían sentido aludidas. Sin embargo, Ginny era diferente. Ella no se había rendido a su encanto y se había sentido tremendamente ofendida por lo que le había dicho aquella noche, en el baile. No obstante, él no le había dicho aquello con la intención de ofenderle, sino con el objetivo de destacar que, en efecto, su familia era la escoria de la sociedad.
Sintiéndose molesto consigo mismo, Draco cerró el libro de golpe y se acercó a la ventana. La escarcha del cristal empezaba a derretirse gracias a los primeros rayos de luz y Draco pudo observar cómo el sol se asentaba definitivamente en el esponjoso cielo. La niebla de los campos se disipaba a lo lejos, como si de nubes de humo que serpenteaban por los árboles y el césped se tratase. Al ver aquella imagen, Draco supo que la casa no tardaría en despertarse y que, por ello, tendría que empezar con las conversaciones triviales de nuevo. Realmente llegaba a odiar a su madre cuando le obligaba a prestarse tipo de atención aunque, teniendo en cuenta que aquélla era su casa, dudba que pudiera evitarlo.
El ruido de la vieja puerta de madera al abrirse lo despertó de sus pensamientos, haciendo que sus ojos se fijasen con rabia en quien quiera que fuera que había interrumpido su momento de paz personal. Draco se giró al momento, descubriendo a Ginny Weasley entrando con cuidado en la biblioteca. Su melena pelirroja estaba ondulada y decorada con un lazo azul y lucía un simple vestido blanco, con un lazo atado alrededor de la cintura. En aquel momento, Draco se sorprendió por lo hermosa que resultaba con tanta naturalidad, con los rayos solares bañando su pálida piel y sus ojos almendrados desprendiendo un brillo dorado. Sin embargo, al verlo, toda la belleza desapareció, puesto que sus ojos se giraron con desgana o molestia, al haberlo visto allí; Draco no sabía lo que sentiría, pero estaba claro que no le apetecía nada habérselo encontrado.
Sin embargo, quien estaba completamente asqueado por la visita era él. Aquélla era su biblioteca y aquél era su tiempo de paz y tranquilidad, así que no estaba dispuesto a permitir que ningún Weasley se lo estropeara, sobre todo una que había decidido ser una completa desagradecida cada vez que él era amable con ella, lo que no le gustaba en absoluto. No sabía por qué había mentido por ella aquella vez, en casa de Celia Adderson, aunque decidió sabiamente no sacar el tema. Al ver que la chica no dejaría de mirarlo con el mismo desprecio de siempre, un tremendamente irritado Draco decidió zanjar el asunto al momento, antes de que entrara en la competición de miradas.
- ¿Puedo ayudarte en algo?- preguntó él, más seco que educado, en una postura que para cualquier otro hubiese sido defensiva, pero que, en su caso, sólo mostraba arrogancia e insolencia.
Ginny se fijó en la tranquila habitación, ilusionada, centrándose en la inmensa cantidad de libros guardados en los muebles extremadamente altos, decorando la pequeña sala. Él la siguió con la mirada, observando cómo sus ojos se vaciaban mientras observaban los libros uno a uno y su boca se abría con calma. Draco no pudo sino reírse al verla tan absorbida por su colección e incluso se sintió honrado al comprobar que algo suyo le despertaba aquella felicidad infantil. Aunque ella fuera una Weasley, él tenía su orgullo; al fin y al cabo, aquellos eran su biblioteca y sus libros.
Ginny volvió la vista hacia él, como si se acabase de darse cuenta de que la hablaba.
- ¿Ésta es la biblioteca?
Draco negó con la cabeza
- Ésta es mi biblioteca, la de la mansión está en el primer piso.
Los labios de la pelirroja se torcieron levemente y él se sintió satisfecho por haberla decepcionado. Podría leer todos los libros que quisiera en la biblioteca principal, aunque la mayoría fueran tremendamente aburridos, pero no estaba dispuesto a dejarle aquellos que había coleccionado con tanto anhelo.
Ginny se fijó una vez más en la habitación, sobre todo en algunos libros. Entonces lo miró y cruzó los brazos.
- Bueno, aquí hay suficiente espacio para los dos...
Su voz sonaba desafiante, como si intuyese que Draco estaba a punto de echarla de allí, lo que era bastante cercano a la realidad. Draco prácticamente le había invitado a marcharse con la primera frase, dejando que ella adivinara que no era bienvenida. Sin embargo, el chico acababa de descubrir lo obstinada que podía llegar a ser.
- Hay mucho más sitio en la biblioteca principal- contestó Draco al momento, dejando que su voz sonara terriblemente seca. Estaba claro que él no quería que estuviera allí, pero Ginny era increíblemente obstinada, tal y como mostraba con sus gestos y sus palabras de odio y desafío.
- Estoy segura de que no seré ninguna molestia si cojo algunos libros y me siento a leer- continuó, sin abandonar su aire desafiante- Además, no tendrás que hablar conmigo.
Ése no era el problema; él no quería que ella estuviera allí y ella no parecía entenderlo. Un par de años atrás no le hubiese importado echarla de malas maneras, añadiendo alguna ofensa hacia su familia, pero su madre se había encargado duramente de enseñarle la importancia de los modales y del saber estar, desde su graduación. Por ello, gracias a las enseñanzas de Narcissa, Draco se había convertido en alguien extremadamente educado en cualquier situación. Sin embargo, eso también significaba que tal vez no pudiera salirse con la suya, algo con lo que no estaba nada de acuerdo y lo que más le molestaba de comportarse como un caballero perfectamente educado. En realidad era un chico maleducado y egoísta, así que le resultaba casi imposible conciliar esos dos lados.
Sus ojos se giraron con frustración, adquiriendo ese brillo característico que, para cualquiera que lo conociera, significaba que estaba a punto de comportarse como un imbécil engreído.
- Hay muchos más libros abajo que puedas leer, Ginevra. Estoy seguro de que no tienes ninguna necesidad de quedarte aquí.
Ginny no pareció captar el irritante gesto que mostraba Draco, o lo ignoró por completo, pues decidió caminar hacia él, clavando la mirada en sus ojos, con actitud amenazante.
- Lo sé, pero yo quiero leer estos de aquí.
Hubiera sido muy infantil que Draco le hubiera contestado que no podía leerlos porque así lo quería él, pero decidió calmarse, antes de dejarse llevar y tirar toda su reputación por los suelos. Además, era lo suficientemente inteligente como para saber que aquella discusión no llevaba a ningún lado; ella era demasiado orgullosa como para zanjarla y él demasiado vago como para continuarla.
- Bien- contestó Draco finalmente, acomodándose en su silla. Por lo menos, había conseguido adueñarse de la silla más cómoda de toda la habitación. Además, ella se sentiría mucho mejor de comprobar que él estaba enfadado en lugar de darle igual y no pensaba dejarle ganar la discusión.
Satisfecho al comprobar que seguía controlando la situación, Draco volvió a su lectura, leyendo las palabras como si no tuviera ninguna preocupación y sin ser capaz de esconder la sonrisa que, poco a poco, se dibujaba en su rostro. Podía sentir la mirada de Ginny sobre él, hasta que sus pasos se alejaron hacia el otro lado de la sala, antes de que el chico pudiera escuchar el sonido de las hojas al pasarse. Habría deseado que la chica lo hubiera contestado, incluso se había sentido algo decepcionado al comprobar que no lo había hecho. No es que quisiera hablar con ella, por supuesto, pero sentía un imperioso deseo de irritarla aún más...
La habitación se silenció al momento, interrumpiéndose la calma simplemente por los suspiros de Ginny y el ruido que hacía al pasar las páginas o cambiar de libro. Las cejas del chico se levantaron y sus labios temblaban por momentos, por lo que cualquiera hubiese creído que estaba completamente inmerso en la lectura. Sin embargo, a pesar de su mirada, la realidad era bien distinta; no había conseguido acabar una sola frase desde que Ginny hubo entrado en la habitación.
- ¡Ajá!- exclamó la pelirroja de pronto, haciendo que el rubio le prestara aún más atención. Poco a poco, sus grises ojos se fueron apartando del libro hasta clavarse en la chica, fijándose en cómo se levantaba de su sitio y se acercaba a la estantería, de donde cogía otro libro. Entonces, se sentó en una silla distinta, menos mullida y se dio bastante prisa en abrir el nuevo libro. Draco no apartaba la vista de ella, aunque estaba mucho más pendiente en averiguar qué le había llamado tanto la atención. Le resultaba increíble creer que a alguien como Ginny, a quien había creído ser bastante estúpida, pudiera gustarle alguno de sus libros. Por desgracia, la mano de la pelirroja tapaba el título, así que no pudo descubrir de cuál se trataba.
Una vez más, la habitación se quedó en silencio, aunque a Draco le resultó imposible continuar leyendo. Sabía muy bien que Ginny estaba a tan sólo unos metros de él, leyendo, así que no pudo si no fijarse en la página como si estuviera mirando a la nada. Entonces pensó en si ella habría conseguido concentrarse lo suficiente y le enfadó saber que así pudiera ser, considerándolo bastante injusto.
- ¿Qué estás leyendo?- preguntó finalmente, incapaz de contener la curiosidad que sentía por más tiempo, aunque resultara algo entrometido.
Ella levantó la vista de las hojas, encontrándose con la suya.
- «Las colians santas»- contestó ella.
- Oh...- contestó él al momento, ocultando lo impresionado que estaba, pues aquél resultaba ser su libro favorito y no sabía cómo sentirse al descubrir que a ella también le gustaba. Además, Draco era muy protector con aquella novela, aunque jamás se hubiera imaginado que Ginnny estuviera interesada por algo que casi nadie conocía.
- Es mi libro favorito- añadió ella, dejándolo sin habla. Sin embargo, no deseaba compartir nada con Ginny Weasley, por muy misteriosa que la encontrara, a su pesar.
Draco se centró de nuevo en el libro, consiguiendo leer tres palabras antes de perder el poco interés por él que le quedaba y fijando al vista en la pelirroja. Uno de sus rizos se había escapado del lazo que le sujetaba el pelo y caía por su frente. Al poco rato, la chica se apartó el pelo rojizo con impaciencia de la cara, mientras el rubio observaba su cara pecosa. Tenía que admitir que cuanto más la miraba, más guapa le parecía. Nunca le había parecido fea, pero tampoco preciosa. No obstante, ella tenía algo, algo que lo obligaba a mirarla sin cesar. Aquello era sin duda lo que más le atraía de ella y, a la vez, lo que más le molestaba.
La puerta se abrió de nuevo y Draco se levantó de la silla, involuntariamente, puesto que no esperaba que nadie más apareciera por allí aquella mañana. Mientras deseaba que el intruso no le hubiese visto mirándola, descubrió a su madre esperando en el marco de la puerta, mirándolo con unos desconcertados ojos azules.
- Madre... ¿ocurre algo?
Narcissa negó con la cabeza.
- No, pero tu padre quiere hablar contigo, Draco.
Por el rabillo del ojo, el rubio pudo observar cómo Ginny cerraba el libro y miraba a Narcissa con curiosidad, enfadándose al descubrir que estaba escuchando algo que no era asunto suyo. Su padre rara vez hablaba con él, no porque hubiera diferencias entre ellos, sino porque, cinco meses atrás, Lucius había sufrido un ataque al corazón que lo había dejado muy débil. Hacía mucho tiempo que su padre no lo hacía llamar, aunque prefería olvidar lo que ocurrió la última vez que lo vio.
- ¿Ahora?- preguntó Draco, intrigado por lo que querría decirle Lucius y aún un poco asustado, a pesar de que su madre le había asegurado que no ocurría nada malo.
- Sí- contestó Narcissa con impaciencia- ¿Por qué si no vendría a buscarte a esta hora?
Draco no añadió nada más, sintiéndose como cuando era pequeño y Narcissa lo reñía. La mujer siempre había sido bastante seca y directa con él cuando hacía o decía algo fuera de lugar, por mucho que lo amara. Sin embargo, las cosas empeoraron mucho cuando él se hubo graduado y, sobre todo, cuando su padre sufrió el ataque, pues su madre deseaba que se convirtiera rápidamente en el nuevo cabeza de familia, algo que él no podía aguantar. En realidad, él se había vuelto así de cortante por la influencia de Narcissa, pues la mujer tenía muy claro que su hijo no sería ningún eogísta, centrado únicamente en satisfacer sus deseos personales.
- Deja de entretenerte más, Draco- lo regañó Narcissa, mientras salía de la habitación.
Draco suspiró y siguió a su madre, abandonando todo pensamiento sobre Ginny mientras la puerta se cerraba detrás de él. Al alzar la vista, observó que su madre desaparecía detrás de la esquina, así que se apresuró en alcanzarla.
- ¿Ha dicho para qu´q quería hablar conmigo, madre?
- No. Sólo ha dicho que era importante que fueras.
Draco se limitó a asentir. Sabía que a su padre le gustaba ser muy reservado con todo y a su madre no dar ningún tipo de explicación, así que muy probablemente ella ya supiera qué querría decirle Lucius. Conocía los trucos de sus padres.
- Me ha sorprendido verte con Ginevra- agregó Narcissa, pasados un rato, mientras andaban por los laberínticos pasillos.
La mirada de Draco se endureció.
- No quería que se quedara, pero le cuesta bastante conformarse con un «no» como respuesta.
- ¿En serio?- se sonrió Narcissa, al tiempo que sus ojos brillaban de diversión- Veo que está sobrepasando mis expectativas...
- ¿Cómo?
¿En qué diablos estaría pensando su madre? Sabía que había invitado allí a Ginny por algún motivo, pero desconocía de cuál se trataba. Narcissa era bastante astuta y Draco no tenía ninguna duda de que la visita de Ginny le estaba divirtiendo especialmente, pero ignoraba el porqué; después de todo, su madre era así de misteriosa.
- No le des vueltas al asunto, Draco. No es algo que te incumba...
No estaba muy convencido de creerla, pero estaba demasiado concentrado preocupándose en lo que querría comentarle su padre, como para complicarse aún más pensando en los secretos de su madre.
- Ya hemos llegado- anunció Narcissa, parándose en frente de la vieja puerta de madera, antes de mirar a su hijo- Recuerda lo que dijo el doctor; no lo alteres demasiado porque, de lo contrario, podría tener otro ataque.
- Lo sé, lo sé- contestó Draco con impaciencia. Tan sólo quería entrar y acabar cuanto antes con aquello, además de querer saciar su curiosidad.
Narcissa lo miró con cariño por un instante, antes de girar el pomo y abrir la puerta. Draco entró de inmediato, fijándose en cada detalle de la extraña habitación. Estaba igual que la última vez que había entrado, con las demacradas cortinas color púrpura que la iluminaban ligeramente, la enorme cama que parecía hasta ridícula y el retrato del difunto padre de Lucius, decorando la pared.
- Acércate, hijo- ordenó Lucius, con un tono de voz entre cortado.
Draco se acercó un poco más y tembló al notar lo débil que estaba su padre. Las orejas circundaban sus grises ojos y sus mejillas estaban más hundidas que la última vez, además de parecer más pálido. El chico miró con preocupación a su madre, quien se limitó a cerrar la puerta y sentarse en una silla, a su lado, sin pronunciar palabra.
- Tienes veinte años, ¿verdad?
- Sí, padre- contestó Draco, en el tono más respetuoso que encontró, con las manos a la espalda. No quería parecer demasiado intimidatorio, pues aún recordaba lo que había ocurrido la última vez; su padre le había azotado con el bastón en las piernas, para recordarle que «no le perdiera el respeto jamás» y los moratones no desaparecieron hasta dos semanas después.
- Buena edad...- asintió Lucius, contento por algún motivo.
Draco se preguntó qué querría decir con aquello, pero Lucius se calló y fue cerrando los ojos poco a poco. Cuando el silencio avanzó en el tiempo, Draco se preguntó si su padre no se habría quedado traspuesto. Finalmente, nada más escuchar el ruido de un ronquido, Draco abrió los ojos con exasperación y se aclaró ligeramente la garganta. Lucius abrió los ojos y trató de infundir miedo en Draco con una de sus letales miradas pero, por desgracia, el gorro de noche color rojo que llevaba puesto arruinó el efecto. El hombre acabó pareciéndose más a un viejo gruñón que pedía un beso de buenas noches.
- ¿Decías, padre?- soltó Draco, de pronto.
- A mí no te dirijas en ese tono, niño- contestó Draco, consiguiendo que el gorro cayera y dejara al descubierto su rubio pelo lacio, mientras lo miraba con furia- No olvides que fui yo quien te educó.
Draco observó cómo su madre se levantaba de su asiento, alarmada, mientras él también comenzaba a sentir el pánico en su interior. Precisamente por eso nunca visitaba a su padre; parecía que, hiciera lo que hiciera, siempre conseguía enfadarlo. Además, era muy difícil apaciguar el carácter del hombre. Draco llevaba sufriendo una especie de chantaje emocional un tiempo, desde que se le acusase de ser el culpable del primer infarto de su padre, algo que siempre había considerado muy injusto.
Lucius tomó una profunda bocanada de aire, aunque sus desconfiados ojos no se apartaban de su hijo. Éste lo comparó con un buitre, igual de encorvado que él y con sus misma mirada fija y se hubiera reído, si no hubiese recordado el bastón de Lucius y sus terribles consecuencias. Además, con su madre presente, no era muy buena idea hacer algo así.
- Ya sabes- continuó Lucius con su cortante tono de voz, aunque Draco lo notaba más enfermizo de lo normal. A continuación, el hombre abandonó aquella actitud desafiante, dejando que la repentina furia que lo había invadido desapareciese y su moribunda expresión la sustituyese- que me estoy haciendo viejo y no sé cuánto tiempo me quedará de vida...
Draco no dijo nada; además, de hacerlo, sólo conseguiría hacer enfadar a su padre. Si le dijese que aún le quedaba mucho tiempo por delante, Lucius le ordenaría dejar de ser tan optimista porque lo enfermaba y, si por el contrario, le hubiese dado la razón, el hombre lo habría echado de su habitación, acusándolo de querer que se muriera en aquel mismo instante. No había manera de ganar aquella conversación. Tratar con su padre era increíblemente difícil a veces.
- Y, como te imaginas, cuando muera no habrá más heredero de la fortuna Malfoy que tú...
Draco permaneció callado de nuevo, pero no por miedo a su padre, sino porque no sabía qué debía de decir. Una conversación que tratara sobre la herencia sólo podía significar una cosa y Draco no quería ni pensar lo que era.
Lucius, a pesar de estar tan enfermo como antes, miró a su hijo con un brillo entusiasta en sus ojos.
- No quiero morir sin ver nacer a mi nieto.
- Pero padre, yo...
- ¡¿Vas a negarle eso a tu moribundo padre?!- exclamó Lucius al momento, tosiendo de repente. Draco se contuvo para no apartarle la vista, sabiendo perfectamente que estaba exagerando la tos; a veces, el rubio se preguntaba cómo era posible que sus padres fuesen tan manipuladores.
- Por supuesto que no, padre- respondió Draco, dubitativo, sabiendo que era imposible discutir con él y tratar de llevar razón.
- Bien- repuso Lucius al momento, con un sorprendente enérgico tono de voz- Entonces espero que busques esposa cuanto antes y la dejes embarazada a final de mes.
Draco se quedó boquiabierto.
- ¡¿Qué?!- consiguió gritar, abriendo completamente los ojos por la sorpresa. Su padre tenía que estar de broma, ¡no podía casarse en tan poco tiempo! ¡Tenía sólo veinte años, por lo que más quisieran! Estaba claro que iría al «baile de la petición», pero los hombres que asistían no se casaban hasta cumplir los veintiséis o más, por mucho que se prometieran antes. ¿Y su padre pretendía que se casara en un mes? ¿Y que dejara embarazada a su mujer? Eso era... ¡eso era ridículo!- ¡Madre, haz que entre en razón!- le imploró Draco, girándose hacia ella y detectando una sonrisa divertida en sus labios, que le confesaba que no lo ayudaría aquella vez. Sintiendo algo similar a un martirio, Draco se fijó en sus dos padres; algo le decía que ya habían planeado todo aquello.
- Narcissa también opina que ya es hora de que te cases. Dentro de poco tendrás que hacerte cargo del apellido Malfoy, así que ella, igual que yo, considera que formar una familia te ayudará a afianzar tu posición- Lucius torció el gesto de sus labios- ¡No pienso dejar que ese imbécil de Abraxias meta a sus hijos en mi casa! ¡Tienes que asegurar la herencia!
- Padre, tengo veinte años, así que no creo que vaya a morirme pronto.
Aquello, en lugar de aplacar el carácter del hombre, lo avivó aún más, llegando incluso a acercar su esquelética mano al bastón que tanto había atemorizado a Draco de niño, aunque Lucius nunca lo hubiera pegado con la intención de causarle daño. En realidad, Lucius utilizaba su bastón del mismo modo que Narcissa le tiraba de las orejas cuando traía a sus amigos a casa de pequeño, es decir, para corregirlo. eso sí, al poco tiempo, en una de sus escapadas al campo de Wiltshire, Draco descubrió que aquellos chicos eran muggles.
Draco se calmó sabiamente, aunque sin apartar la mirada del bastón.
- ¿Y eso cómo lo sabes?- apuntó Lucius, dándose cuenta de que su hijo había cambiado de actitud- Podrías estar muerto mañana. El idiota de Armande podría envenenarte para quedarse con toda la fortuna.
Draco no consideró oportuno aclararle a su padre que lo último que se le ocurriría a Armande sería envenenarlo, así que trató de mantenerle la mirada. Las situaciones melodramáticas no estaban hechas para Draco; además, que su padre hubiese vivido con la permanente sospecha de que su hermano Abraxias pretendía envenenarlo no significaba que él fuese a pensar lo mismo sobre Armande.
- Lucius- intervino Narcissa, calmadamente, acercándose a él- No te preocupes por esto; yo hablaré con Draco- la mujer miró a su hijo nada más decirlo, dándole a entender que recibiría un tirón de orejas nada más salir de la habitación.
- Sí... habla con él, Narcissa- agregó Lucius débilmente, lanzando a Draco una mirada también. El chico se encontraba secuestrado por los ojos de sus padres.
Narcissa besó a Lucius en la frente y se acercó hasta Draco.
- Ven, Draco- ordenó, poniendo su mano sobre su hombro, haciéndolo estremecerse- Dejemos a tu padre descansar.
Draco permaneció en silencio y acompañó a su madre fuera de la habitación. Una vez fuera ambos se miraron y el chico aprovechó que ya no tenía que contenerse por más tiempo.
- ¿Qué significa esto, madre?- preguntó Draco, cruzándose los brazos con furia- ¿Acaso te has vuelto loca?
- No te atrevas a hablarme así- replicó ella fríamente, mientras lo atravesaba con su mirada- ¿Has olvidado tus modales?
Draco resopló y agachó su cabeza, avergonzado.
- Lo siento, madre.
- Eso espero- replicó Narcissa, sin abandonar su estridente tono de voz. Al ver que las pocas arrugas de la mujer se marcaban más de lo normal, Draco se estremeció.
- Aún así- continuó él, levantando la vista en actitud desafiante- No sé por qué, de repente, insistís tanto en que me dé prisa para tener un hijo.
Narcissa suspiró y lo miró con su clásico gesto de «¿me estás tomando el pelo?», levantando una ceja y alargando los labios en una estrecha línea.
- No se trata de eso, Draco. Ya sabes lo paranoico que es tu padre con ese tema.
- Entonces, ¿por qué quieres tú que me case tan pronto?
- Por él. Sabes muy bien que tu padre se está muriendo- Draco pestañeó y Narcissa asintió- Sí, así es y voy a decirte algo más: es muy posible que no acabe este año.
El rubio no supo qué contestar. Siempre había creído que su padre mejoraría y, durante un tiempo, llegó incluso a pensar que exageraba su situación para condicionar a los demás. Draco nunca habría creído que su padre moriría relativamente pronto, aunque su madre opinase de otra manera.
- ¿Estás segura?- preguntó para asegurarse. No se imaginaba a Lucius muriéndose. Tal vez su relación fuera un tanto extraña, pero él era su padre y lo quería a pesar de todo.
- Sí, estoy segura- contestó, algo apagada. Parecía triste y cansada y Draco sabía perfectamente que la sola idea de ver morir a Lucius la destrozaba. Aunque el matrimonio de sus padre no fuese perfecto, habían aprendido a amarse con el paso de los años. La muerte de Lucius sería, pues, un duro golpe para ambos.
- Me imagino que querrás hacerlo feliz, ¿no?
Narcissa asintió y su mirada se suavizó.
- Sé que esto es pedirte demasiado, Draco, pero tu padre siempre ha querido tener a su nieto entre sus brazos. No le quites esa ilusión, por favor.
El rostro de Draco se tensó, al tiempo que agachaba la vista una vez más. Sabía que jamás conseguiría casarse por amor pero esperaba, al menos, encontrar a alguien con quien pudiese convivir. Sin embargo, no había nunca chica que cumpliera sus requisitos y rechazaba convertirse en uno de esos hombres que cubrían la falta de atención de su pareja con relaciones extra maritales. Entendía por qué su madre había aceptado la extraña propuesta de Lucius, así que si no encontraba a alguien pronto, tal vez su padre no llegara a ser abuelo.
La situación era complicada. No estaba claro quién de los dos era el más egoísta: Lucius pidiéndole que contrajera matrimonio pronto o Draco negándose a hacerlo. No obstante, a pesar de toda la frustración y resentimiento que tuviera, el rubio sabía que no podría negarle aquello a su padre. Lucius había hecho mucho por él a lo largo de su vida y Draco no tenía la poca delicadeza de arrebatarle aquel sueño, incluso a costa de su propia felicidad. En realidad, no era tan egoísta como muchos creían y amaba a su padre lo suficiente como para querer hacerlo feliz.
- Bien, entonces tendré que empezar a buscar esposa pronto- añadió Draco, con una falsa sonrisa en su rostro.
Narcissa lo sonrió con tristeza y lo empujó hacia sí, abrazándolo. Hacía mucho tiempo que no lo abrazaba así y, por algún motivo, aquello fue lo único que pudo darle fuerzas al chico.
- Gracias, Draco...
OOOO
Ginny caminaba por el campo mientras las mejillas se sonrosaban del frío. El otoño estaba llegando, así que las temperaturas eran cada vez más bajas. Normalmente, no se hubiese atrevido a salir de la casa con el cielo tan gris, pero necesitaba huir de allí desesperadamente. Después de su pequeña discusión matutina con Draco, se había marchado a tomar el desayuno. Ni Narcissa ni Draco habían vuelto a aparecer, así que Alexia asumió el papel de buena anfitriona, asegurándose de que los huéspedes estuvieran bien. Por supuesto, la rubia no había mantenido el mismo trato hacia Ginny, ordenando a un elfo doméstico que le diera gachas para desayunar. Según Ginny, el plato parecía mocos de troll o, al menos, así sabía.
El día sólo había empeorado desde aquel momento. Los hombres habían salido a hacer lo que fuera que hicieran, mientras las mujeres se dirigían en masa a una de las salas de dibujo. Daphne se ofreció a amenizar la tarde tocando el piano y, puesto que era la única que se acercaba a Ginny, la pelirroja se quedó sola entre todo el grupo de harpías. Como era de esperar, la miraban con rabia, dirigiéndole la palabra únicamente cuando hacían algún comentario jocoso. Finalmente y a pesar de toda su resistencia, se le hizo imposible aguantar aquella situación por más tiempo por lo que, en cuanto empezó a sentir la humedad en sus ojos y aquel horrible nudo en la garganta, la chica se disculpó y salió rápidamente de la casa, dirigiéndose a los vastos prados.
Ginny sentía el dulce y frío aire mientras caminaba. Por algún motivo, se le hacía cada vez más difícil mantener la cabeza alta frente a todas aquellas mujeres. Aunque le enorgullecería poder decir que lo había aguantado hasta el final, no sabía si podría mantener su fortaleza hasta el final. Cada vez que caminaba había alguien mirándola o murmurando sobre ella y estaba tan cansada de escuchar lo insignificante que era que, tal vez, acabara creyéndose que no valía nada.
- ¿Cómo puede ser tan horrible?- se dijo a sí misma, parándose y fijando la vista en la distancia, donde las suntuosas e imponentes montañas se elevaban hasta tocar los grises cielos. Lo cierto era que se sentía a gusto con los hombres, lo que tal vez se debiera a haberse criado con seis hermanos. Sin embargo, la nobleza no veía con buenos ojos que las damas se acercaran sólo a los hombres; es decir, Ginny no veía ninguna salida.
Algo movió los árboles cercanos y Ginny abrió los ojos de golpe, tratando de mejorar su aspecto. Al momento descubrió que se trataba de una persona, de pelo negro, con más exactitud; al acercarse, se encontró con Julian. Una sonrisa de felicidad se dibujó en su rostro y, dejando de lado todos los modales que había aprendido, Ginny echó a correr hacia él hasta estamparse contra su pecho, cercándolo en un fuerte abrazo.
- Me alegro mucho de verte- confesó ella, cerrando los ojos con fuerza para frenar las lágrimas que amenazaban con salir.
- Ginny...- contestó Julian, acercando sus brazos a ella- No me digas que lo has pasado tan mal...
- Ha siso horrible- confesó la pelirroja, separándose para mirarlo a los ojos. A pesar de lo feliz que se sintiera por verlo de nuevo, había algo diferente en él. Tenía la vista muy cansada y las ojeras se empezaban a dibujar alrededor de sus ojos, algo que nunca le había ocurrido. Incluso su sonrisa parecía cansada.
- ¿Qué te pasa? Pareces preocupado.
Julian negó con la cabeza, ofreciéndole una rotunda sonrisa.
- No pasa nada. Ahora lo único que me preocupa eres tú.
Ginny sonrió y le cogió la mano, dejando que la guiara de vuelta a la mansión.
- Me siento mejor ahora que sé que has vuelto; estaba harta de la horrible compañía femenina. Sé que me odian y...- de pronto se paró, tratando de recomponerse- Bueno, prefiero no hablar de eso. No merece la pena.
Julian sonrió, levantando la vista para mirarla a los ojos.
- Si lo prefieres, de acuerdo, pero creo que te vendría mejor hablarlo.
Ella se encogió de hombros.
- No lo sé. Me repito a mí misma que no le dé importancia, pero no creo que haya alguien capaz de soportar estar todo el día rodeado de gente que lo odia, vaya donde vaya.
- No tienes por qué quedarte. Puedo llevarte a casa cuando quieras.
Ginny negó con la cabeza.
- No. Eso les hará creer que me han derrotado y no pienso dejar que esas harpías me venzan tan fácilmente.
Julian sonrió, divertido por la situación.
- Eres muy terca, Ginny.
Ella se paró de pronto, mirándole a los ojos con total seriedad, sin un rastro de humor en sus ojos almendrados.
- A veces tienes que serlo.
Todas las invitadas creían que podrían hacerla caer comportándose mal con ella y sí, tal vez ese día hubiera estado a punto de desmoronarse, pero no volvería a ocurrir. Ella era una Weasley y estaba orgullosa de serlo, así que les mostraría de qué estaba hecha.
- ¿Y quién hay allí?- preguntó Julian, mientras seguían caminando.
- Pues sé que la gente joven que ha invitado la señora Malfoy son conocidos de Alexia...
Ginny mencionó a todos los invitados que habían acudido a la mansión Malfoy, poniendo muecas de desagrado cuando hablaba de algunos, como de Pansy o de una mujer llamada Sephrina, cuyos comentarios sobre Ginny eran bastante hirientes.
- No me extraña que se te haya hecho tan difícil estar aquí- comentó Julian, con simpatía- Parece que la señora Malfoy haya puesto un especial interés en invitar a lo peor de la nobleza.
- Así es...- murmuró Ginny. Tenía mucha curiosidad por saber qué habría impulsado a Narcissa a invitarla a ella junto a toda esa gente, pero también sentía que, fuera el motivo que fuese, era mejor para ella no saberlo.
Próximo capítulo: Cuestión de etiqueta
Por fin!! Por fin hay algo entre los dos!! Jejeje. No ha sido mucho, pero por lo menos ya vamos teniendo indicios. Poco a poco. Vaya con Lucius! Qué prisas tiene por ser abuelo! Pobre Draco, creo que todavía no ha asimilado muy bien lo que ha ocurrido; entre lo mal que está su padre y lo que le ha pedido... creo que Draco y Ginny están, en estos momentos, al borde del abismo, así que no estaría de más que se apoyaran el uno en el otro. Bueno, la verdad es que no creo que tarden porque está bastante claro a quién le pedirá el rubio matrimonio, no? Ayyy, estoy deseando verlo! Ahora que parece que he cogido un buen ritmo espero mantenerlo! XD. Un beso!
wiccancat: hola! Espero no haber tardado mucho! Bueno, aquí está lo que habías pedido! XD. Puede que no sea mucho, pero creo que ya va quedando claro el rumbo que va a tener que tomar la historia, sobre todo en cuanto a la petición de Draco. Espero que no tarde demasiado en pedírselo! Aunque antes tendrá que deshacerse de Julian, claro... en fin, espero no tardar. Un beso!
Criseida: hola! Gracias por el review! Vaya, ya vas tan adelantada? Yo los leo al ritmo que los traduzco casi, así que aún no sé qué va a pasar... Ayy qué ganas de saberlo!! Me tiene loca este fic! XD. Bueno, espero que te animes a seguir leyéndolo en español. Un beso!
tefi1789: hola! Gracias por los ánimos! Espero que disfrutes del cap; la verdad es que me he dado mucha prisa en traducirlo porque me tenía súper enganchada! Así que espero que te haya gustado. Un beso!
Lucía: hola! Bueno, me imagino que éste capítulo te habrá parecido más interesante que los demás... eso espero! Parece que por fin se ha acabado la "introducción" y pasamos ya a la historia en sí. A ver si no tardo demasiado en subir el próximo! Pues si te digo la verdad a mí también me recuerda mucho al ambiente de Austen; el comportamiento de la gente, el ambiente, el papel de la mujer... en el fic no dice nada de estar basado en alguna obre suya, pero me imagino que la autora se habrá inspirado en ella, porque la verdad es que el ambiente está calcado! En fin, espero que te haya gustado mucho el cap. Un beso!
Adrikari: hola! Gracias por el review, me alegro de que te gustara el cap. Espero que éste te haya parecido aún más interesante, ahora que ya se sabe que Draco tendrá que casarse cuanto antes. Un beso!
vansly6: hola! Sí, es´ta claro que Draco se ha fijado en ella más de lo que le gustaría; no hay más que verlo en la biblioteca, sin poder leer! Bueno, ahora que Draco tiene que casarse con alguien, supongo que intentará por todos los medios separarla de Julian... aunque sabiendo que él es su único apoyo allí no sé yo si le resultará fácil. Está claro que Ginny no lo tiene nada fácil allí; es más, parece que cuanto más pasa el tiempo es peor... pero bueno, esperemos que Draco la ayude pronto. Un beso!
monyk: hola! Me alegra que te gustara el capítulo. Creo que Ginny tiene un carisma en este fic que pocas veces se ha visto (al menos yo); la verdad es que el libro tampoco explota demasiado esa parte guerrera suya, así que es una alegría verla así en los fics. Espero que este cap te haya gustado. Un beso!
kthyg: hola! Gracias por los ánimos! Espero que hayas disfrutado el cap leyéndolo tanto como yo traduciéndolo, que ha estado muy interesante! Un beso!
