Cap 07: Cuando se le empina el rabo al gato.
La molesta luz de una nueva mañana filtrándose por la ventana lo despertó de su sueño. Sasuke intentó removerse sobre la cama sintiendo que el aire comenzaba a faltarle, un peso ajeno y sobre su cuerpo se hacía cada vez mayor, la respiración al igual que el agobio se incrementaba considerablemente. Abrió los ojos perezosos y lo primero que divisaron sus orbes negras fue una oreja peluda de color dorado que le rozaba la mejilla sobre su rostro. Intentó moverse pero fue en vano. El neko se encontraba recostado justo encima de él como ya era de costumbre.
-Maldita bola de pelos. Hazte a un lado, pesas -murmuró adormecido intentando apartarlo con los brazos. El neko tan solo ronroneó lánguido y acomodó mejor su cuerpo en el lateral izquierdo de la cama. Acurrucándose buscando el calor de su cuerpo, rodeándolo por la cintura con un brazo y escondiendo el rostro en la curvatura del hombro-. Hay más habitaciones en esta casa ¿Por qué siempre terminas durmiendo en la mía? –reprochó incorporándose un poco para mirar el reloj despertador de la mesita. Marcaba las siete y media de la mañana. Una buena hora para levantarse y llegar a clases con tiempo de sobra.
-Pero a ti te encanta que duerma a tu lado -murmuró el neko ciñéndose más en el abrazo.
-¿Cuándo he dicho yo eso? –preguntó ceñudo despertando el aura asesina.
-No hace falta que lo digas, lo sé -volvió a murmurar contra el cuello del moreno. Movió una pierna colocándola entre las de Sasuke, y sin pretenderlo, le rozó una sensible zona con la rodilla.
-Hum… -un casi imperceptible gemido brotó de su garganta encogiéndose en el proceso con un espasmo en el vientre. Sintiendo la presión que ahora ejercía la rodilla sobre su entrepierna. Sasuke notaba un calor abrasante ascender en oleadas industriales, desde esa zona que comenzaba a despertar hasta las mejillas completamente enrojecidas. Abochornado y enfurecido por ese involuntario jadeo, retiró con energía la manta, levantándose de sopetón con el rostro contraído en una mueca de enfado, deshaciéndose de todo agarre.
-¡¿Y por qué siempre terminas abrazándome?! –inquirió bordeando la cama dirección al lavabo interno del dormitorio-. No me gusta que invadas mi espacio, ya lo sabes…
Desde la cama, Naruto abría un ojo perezoso viendo como el moreno comenzaba a caminar alterado y despotricaba todo tipo de insultos en su contra, hasta que el fuerte portazo que dio la puerta del cuarto de baño tras cerrarse finalizó su berrinche matutino. Minutos después tan solo se escuchaba el sonido que emitía el agua al golpear contra la ducha.
-Pero yo sé que también te encanta -ronroneó con una sonrisa cálida. Se desperezó con un gran bostezo mientras se rascaba la barriga y salió de la cama.
Desde aquella conversación que mantuvieron en casa de Sai, las cosas entre ellos habían cambiado, no mucho, pero Sasuke ya no lo echaba a patadas de su cuarto cuando lo encontraba acostado a su lado, aunque no por ello dejaban de discutir todas las mañanas.
Se metió en la cocina comenzando a preparar un desayuno para dos. Era lo mínimo que podía hacer por él. Sasuke estaba cambiando, lo notaba, se esforzaba por tratarlo con mejor tono, aunque a veces no lo consiguiera. Y por qué no decirlo, ese cascabel que colgaba de su cuello era una de las pruebas a alegar. Naruto también intentaba cambiar y no ser tan contestón, aunque al igual que su compañero, a veces la situación del tira y afloja que mantenían se desbordara. Pero su mejor virtud, la fuerza de voluntad, siempre estaba presente en cada acto. Como precisamente ahora, preparando un desayuno tradicional como los que le gustaban al moreno: arroz hervido, sopa de miso y café.
Escuchó la música que emitía el teléfono móvil del moreno en una llamada, sacó las rebanadas de pan crujientes de la tostadora, cerró la tapa de la olla en la que cocinaba la sopa y fue a responder.
Veinte minutos después Sasuke entraba en la cocina, vestido y acicalado como siempre, impecable. Llevaba desabrochados los tres primeros botones de la camisa blanca que lucía, mostrando parte del pálido y firme pecho, imagen por la que el neko se vio obligado a mirar hacia otro lado presintiendo que si seguía mirándolo de esa manera tan in sana su segundo rabo despertaría tarde o temprano. Ambos se sentaron a la mesa y comenzaron el desayuno.
-Te ha llamado Sai preguntando si sigues enfadado con él o puede dejar de llevar la armadura de metal a clase -rompió el silencio Naruto mientras mordisqueaba una tostada-. También te pide de rodillas que le devuelvas el cubo de arena a Gaara. Dice que desde que se lo quitaste está con un humor de perros y no le deja hacer sus cosas matutinas, ni en casa, ni en los baños de la universidad. Realmente parece muy necesitado.
El moreno tan solo gruñó arisco, llevándose los palillos de arroz a la boca, con el entrecejo fruncido y los parpados entornados. Si no comenzaba a cambiar ese gesto, amenazaba con instalarse de por vida en su rostro. Pero viniendo de él era algo normal. Todavía no le perdonaba esa jugarreta a su pariente y cuñado. De todas formas tarde y temprano se tenía que enfrentar al serio problema adictivo de Gaara, puesto que dicha arena la arrojó por el retrete de baño en un arrebato de furia no controlada.
-No os lleváis bien, ¿ehh? –cuestionó Naruto entrando en un tema peligroso. Sasuke siempre le había dejado claro que su vida privada y familiar no era su asunto. Aunque demonios, llevaban varias semanas viviendo juntos, era normal que le interesara por su vida-. Eso explica que este viviendo con Gaara, así como nosotros.
-Como nosotros no, dobe –negó después de darle un sorbo al café-. Ellos son pareja. No tuve nada que ver en su decisión. Se fue a vivir con él porque le dio la gana.
-Bueno, visto de ese modo –reflexionó-. Tal vez decidiera irse con Gaara porque quería pasar más tiempo con él. Al fin y al cabo son novios, es normal que quieran tener intimidad.
-Si quisieran intimidad no harían esas cosas en el lavabo público más concurrido de la universidad. Son unos morbosos –musitó entre dientes apretando los palillos que sostenía con una mano-. O quizás todo se reduzca al interés mutuo. Sai conoce bien el cargo que ocupa su novio. Un millonario fundador de la empresa "Dunas del desierto Sabaku" en la que no pega ni chapa, ya que la dirigen sus hermanos en Suna. Él se limita a recoger su parte del dinero.
Algo así recordaba el neko que habían comentado los dos chicos en los días que permaneció refugiado en su casa. Gaara vivía de la inmensa fortuna que generaba su empresa en otro país, pero lo dejó todo cuando conoció a Sai y se vino a vivir con él a Konoha. Eso de por sí ya era un gesto bastante romántico. Dudaba que estuvieran juntos por interés, realmente parecía que se querían el uno al otro.
-¿Insinúas que están juntos por conveniencia? –dudó Naruto.
-No es una insinuación, lo afirmo.
La gran carcajada que soltó Naruto resonó por toda la casa.
-Tú lo que estás es celoso, ttebayo. De que tu hermano haya encontrado al amor de su vida y tú sigas amargado. Pero no te preocupes, tienes el amor más cerca de lo que crees conocer -dejó caer la insinuación de lo más provocativo. Y antes de que el moreno pudiera replicar continuó la conversación como si nada-. Aunque no dejo de pensar que son una pareja un tanto extraña. No es muy normal que ambos se pongan de acuerdo para acosar a alguien e intentar montar un trío.
-Les va la poligamia -explicó su compañero. Aunque Naruto parecía no entender el significado de esa palabra por la cara de confusión que mostraba-. Me refiero a la estúpida idea de crear un harem de tíos dispuestos a montárselo en una bacanal.
-Pero, ¿no sienten celos? –cuestionó esa forma de vida tan liberal-. Desde luego yo me pondría celoso si alguien intentara tocarte, quiero decir, a mi supuesta pareja.
Sasuke no respondió al comentario. Se limitó a encogerse de hombros indiferente, aunque con la indirecta cazada al vuelo y el claro pensamiento de que a él tampoco le gustaría que tocaran sus pertenencias. Y nunca mejor dicho.
Continuaron el desayuno en silencio durante varios minutos. Hasta que Naruto volvía a retomar la conversación.
–Gaara me cae bien, está un poco obsesionado con la arena de la playa, cosa que no logro entender qué tiene de fascinante, pero en el fondo nos parecemos un poco, y Sai es más… a… a… a… ¡Achus! -repentinamente cortó su dialogo un vigoroso estornudo.
-Oe, no quiero gatos enfermos en mi casa –le indicó el moreno señalándolo con los palillos que alzaba entre sus dedos-. Acuérdate de ir al veterinario para que te de algún medicamento.
Naruto se frotaba con un dedo por debajo de la nariz.
-¿Y de quién te crees que es la culpa, teme? Si el otro día no te hubieras puesto paranoico con lo del beso y no me hubieras encerrado a cal y canto en el balcón, yo no estaría ahora resfriado.
-Ese es tu problema –zanjó impasible. Lo que menos quería ahora era recordar aquel beso que aún lo mantenía confuso e inquieto. Y mucho menos hablar del tema. Se levantó de la silla dando por finalizado su desayuno, cargó la mochila en un hombro y comenzó a caminar hacia la salida.
-Espera… -el neko apresuró a coger la caja de obento que había preparado y lo siguió de cerca hasta la puerta de la casa-. Toma, te olvidas esto.
-Como vuelva a ser ramen te juro que… –amenazó alzando una ceja, dubitativo, viendo como Naruto negaba con la cabeza y reía por lo bajo. Menos mal, se había jurado que como le volviera a dar esa bazofia de comida para almorzar lo tendría durmiendo de patitas en la calle todo el invierno. El moreno resopló y cogió la caja que le ofrecía sin dar ni las gracias. Le dio la espalda y abrió a puerta para salir.
-¿No me vas a dar un beso de despedida? –insinuó juguetón haciendo tintinear en el aire el cascabel.
Lo que recibió como contestación fue un portazo en pleno rostro, que de no haber sido por el salto hacia tras que dio a tiempo, de seguro le hubiera clavado los dientes en la madera.
-Tacaño.
Pero a pesar de todo, estaba feliz. Sasuke lo había reconocido como persona, las cosas entre ellos comenzaban a ir bien, y estaba contento por ello. Estiró ambos brazos hacia arriba desperezándose, movió la cola juguetona hacia los lados y decidió dormir un poco más, se encontraba algo cansado. O más bien soñar que de nuevo esas manos pálidas le frotaban con lujuria en un baño muy sugerente. Pero dos minutos después de que el moreno hubiera marchado, volvía a sonar el timbre de la puerta.
Acudió como un rayo a la entrada esperando encontrárselo en la puerta de nuevo, indicando que se lo había pensado mejor y le iba a dar ese beso. Bueno, tenía que ser realista, lo más lógico era que con malas palabras gruñera que se había olvidado algo y le recriminara que encima era todo por su culpa. Pero no, para su sorpresa tras la puerta se encontraba otra persona. Alta, delgada, hermosa, cabellos cortos de un color un tanto peculiar, con la mirada entornada sobre sus parpados, escrutándolo con ahínco.
Fueron apenas segundos en los que Naruto quedó inmóvil. Demasiado sorprendido como para realizar algún movimiento. No era él, no era Sasuke y para colmo su rabo y sus orejas estaban expuestos por completo.
¡Mierda! ¡Sasuke lo iba a castrar!
No sabiendo bien quién había ordenado a sus brazos reaccionar, cerró la puerta con un fuerte golpe y corrió por toda la casa buscando el gorro de lana con el que se las tapaba habitualmente.
-¡Grosero, mal nacido! ¡A mi nadie me cierra la puerta en las narices, me oyes! –escuchó que gritaba y golpeaba la puerta insistentemente desde el otro lado, hasta que la puerta no resistió más.
-¡Ka-Boom!
Un gran golpe que sonó como si la entrada de la casa fuera derribada le hizo sobresaltarse aterrorizado y colocarse toda prisa sobre la cabeza lo primero que encontró a mano por el suelo, unos pantalones cortos del moreno, escondiendo por inercia también la cola. Vio como la chica entraba con pasos frenéticos y un cabreo de mil demonios en el salón, maldiciendo y despotricando en su contra, alzando un puño amenazador con una gran vena palpitante sobre su frente. Ahora entendía por qué habían roto la relación entre ellos. Esa chica a parte de poseer una fuerza descomunal, también era poseedora de una mala leche inhumana.
-Sa… Sasuke no está en casa -pronunció a malas penas completamente estremecido.
-No es a él a quién busco -cortó ruda acercándose al rubio hasta invadir casi su espacio personal-. ¡Y quítate eso de la cabeza por dios! Ya me ha contado Itachi que clase de ser eres.
¿Qué Itachi le había contado qué…?
Paralizado de pies a cabeza, con el rostro atónito y la mandíbula desencajada en una expresión de asombro, el neko no alcanzó a detener a Sakura, que de un tirón, le retiró los pantalones de la cabeza y dejaba expuestas en todo su esplendor las orejas peludas.
-Así que es cierto lo que me dijo -el neko solo parpadeaba desconcertado. Los ojos verdes de Sakura se clavaban en la cabellera dorada con sorpresa-. Eres mitad humano, mitad gato.
Naruto sintió la necesidad de apartarse, pero sus pies no se movían, tan solo balbuceaba cosas sin sentido no sabiendo bien que contestar. ¿Por qué demonios le había contado Itachi algo tan personal a esa chica? Iba a ser su fin. El rubio dio un respingo cuando la mano curiosa de la joven comenzó a palparle el trasero en busca de la cola, hasta dar con ella y sacarla tan tiesa que parecía de escayola.
-Y tienes hasta rabo -murmuró recreada-. Esto es más de lo que esperaba ver.
El neko se irguió recobrando el juicio y con amenazante actitud golpeó el dorso de la mano con la que Sakura agarraba la extremidad peluda, separándose varios pasos atrás, dejando ver su clara incomodidad.
No tenía ni idea de lo que ocurría, y en la poca conversación que llevaba mantenida con la chica, tan tolo sacaba en claro una cosa. Iba a matar al estúpido hermano mayor de Sasuke. Y luego le arrancaría la lengua.
-¿Qué es lo que quieres entonces? Ya te ha contado Itachi lo que soy, ¿no? ¿Vienes a verlo con tus propios ojos o qué? –inquirió subiendo el tono de voz.
-Tranquilo Naruto, vengo en son de paz –alzó las manos conciliadora.- ¿Por qué no nos sentamos y charlamos como dos personas civilizadas? –ofreció señalando el sofá de la sala al que se acercaba con calma.
Naruto la observó detenidamente un tanto nervioso, esa chica en concreto era la que despertaba su inseguridad. La única vez que coincidió con ella en el parque no le había causado una buena impresión y ahora, después de ver como derribaba la puerta de la entrada y gritaba a los mil demonios, mucho menos.
-¡Siéntate! –bramó la joven levantando un puño amenazador al ver que el neko no ponía de su parte.
Que mal carácter, no le extrañaba que Sasuke la hubiera dejado. Reticente y con paso inseguro, se acercó hasta ocupar el extremo opuesto del sillón en el que se sentaban. Notando como un extraño calor comenzaba a asfixiarlo.
-Verás la idea es simple –comenzó Sakura la animada charla en un tono conciliador nada parecido con el que le había amenazado segundos antes-. Conozco a Sasuke desde la infancia, siempre a sido mi mejor amigo hasta que un día aceptó mi proposición de ser algo más. Cada uno de sus pensamientos, razonamientos, actitudes, la forma en que mira, anteponiéndome a lo que va a decir, lo se absolutamente todo sobre él, y bajo ningún pretexto podía creerme que Sasuke hubiera cambiado su forma de ser en tan poco tiempo como para preocuparse por alguien que no fuera él mismo -se recostó sobre el respaldo echando un rápido vistazo al neko que parecía un tanto tenso-. Pero lo hizo, un cambio de actitud que ni siquiera yo conseguí en mi relación junto a él. Por supuesto, todas las alarmas se disparaban hacia tu persona, alguien que aparece de repente y aseguraba que vivíais juntos -hizo una pausa esperando que el neko contestara, y al no hacerlo prosiguió su discurso-. Como comprenderás me alarmé y despertaste toda mi curiosidad. No tuve más remedio que llamar a Itachi para que me lo confirmara, y lo hizo. Tu encuentro, por qué entraste en esta casa de Sasuke y un par de atributos más -ladeó la cabeza mirando el largo rabo peludo.
-Y si ya sabes todo lo que querías saber, ¿Qué quieres de mí?
La joven resopló borrando la media sonrisa amable. Cruzó ambos brazos a la altura de su pecho y tras un silencio enervante procedió a contestar.
-Te voy a ser franca. Yo sigo enamorada de él y como sabes existe un distanciamiento entre los dos que no me deja acercarme ni como amiga –expuso-. Y me temo que tú eres el causante. Durante la conversación telefónica que mantuve con Itachi me explicó que tú estabas aquí para satisfacer todos sus deseos sexuales. Y lo que quiero saber es si sois amantes.
-¡¿Qué?! -el grito chillón y escandalizado del neko resonó por todo el salón-. Yo… yo no… -tartamudeó intentando dar una explicación. Por un momento tuvo la impresión de que se estaba mareando. El calor asfixiante subía hacia su cabeza, nublándole los sentidos.
-Vamos Naruto, a mí puedes contármelo. Nos estamos sincerando el uno con el otro, ¿no? -la joven se acercó hasta invadir claramente su espacio personal, intimidándolo con la mirada-. ¿Te gusta Sasuke-kun?
Los verdes y claros ojos de la joven lo observaban con atención esperando la respuesta, desde los que se podía reflejar él mismo. Viéndola ahora tan de cerca, apreciaba con más claridad sus hermosos rasgos femeninos y el olor afrutado que desprendía su cuerpo. Maldición, y para colmo ahora no solo notaba que le ardía la cabeza sino que otra parte de su anatomía física comenzaba a despertar.
-Bu… bueno, tal vez un poco -susurró cohibido. Vio como el entrecejo de la joven se arrugaba y apresuró a matizar-. Aunque también me gustan las chicas.
-¿Las chicas también? –preguntó incrédula al tiempo que Naruto cabeceaba afirmativamente-. O estás en una acera o en la otra, pero si te quedas en medio te atropellan, minino.
El neko pareció pensarse la respuesta, pero al poco tan solo se encogió de hombros y esbozó una tímida sonrisa.
-En ese caso creo que desde hoy seremos rivales -musitó la chica con tranquilidad. Era extraño, pero aunque pronunciara esas palabras que en otro tono podrían ser ofensivas, no lo eran. Y se alegraba por ello. Sakura era una chica violenta pero bastante agradable, aunque la primera impresión no fue la correcta.
-Sabes, la primera vez que te conocí me hice una imagen equivocada de ti -se sinceró el rubio-. Pero ahora me alegro de haberte conocido. Eres una buena persona además de una joven muy hermosa.
Los grandes ojos de la joven se abrieron impresionada.
-¿Me estás tirando los tejos, minino? -sonrió coqueta frotando entre los dedos un mechón de su cabello-. Gracias, tú también me resultas una persona muy interesante.
Conectaron sus miradas y la complicidad surgió. Con una sonora carcajada que sacudió sus cuerpos comenzaron a reír durante un buen rato sin motivo alguno. Tan solo el estornudo de Naruto les cortó la risa.
-¿Estas bien, Naruto? Pareces un poco acalorado -impulsiva por su condición médica, Sakura posó una mano sobre la frente del neko-. Estas muy caliente, ¿no crees?
-Sí, lo se. Y más que me voy a poner como sigas tocándome -aseguró el rubio con una sonrisa bobalicona.
-No idiota, me refiero a que tienes un poco de fiebre. Te voy a preparar unas medicinas. Soy enfermera ¿lo sabías?
-No, no lo sabía.
Y con un enérgico gesto Sakura se levantó del sofá adentrándose en la cocina, dejando al neko sentado y con una tierna sonrisa perfilada en sus labios. Era guapa, simpática y se preocupaba por los demás. A Naruto le agradaba, y podría asegurar que de no haber conocido a su frígido amo, se hubiera enamorado de la chica. Aunque ya era tarde, Sasuke acaparaba todos sus pensamientos, sanos e insanos. Al instante notó un pinchazo en su bajo vientre y su clara mirada desvió hacia ese sitio.
-¿Y a ti quién te a dicho que te despiertes? ¡Duérmete, duérmete! -le indicó abochornado a su entrepierna erecta-. Ahora que lo pienso, estamos entrando en el mes de Febrero, y en esa época yo… yo… ¡Joder, esto no es un calentón! ¡Esto es…!
oO oO oO Oo Oo Oo
No sabía bien por qué tenía la intuición de que el estúpido gato parlanchín no le habría hecho el menor caso cuando le indicó ir al veterinario a que le recetaran algo para el resfriado. Como siempre, su mayor diversión era llevarle la contraria. Así que tras finalizar sus estudios, Sasuke hizo una visita a la farmacia más cercana. Se disponía a entrar en su casa, con una bolsa de medicinas, cuando se quedó atónito mirando el suelo de la entrada. Los trozos de la puerta de madera se expandían a lo largo de la superficie.
-¡¿Pero qué demonios ha ocurrido aquí?! -gritó entrando con grandes zancadas-. ¡Narutooooooo! -rugió intuyendo de quién era la culpa.
-¡Ssshh! Calla, ahora no lo puedes ver -lo silenciaron repentinamente.
Desvió la mirada hacia el salón y lo que encontró sentado cómodamente sobre el sofá lo dejó automáticamente sin habla. Su ex novia, Sakura, lo silenciaba con un dedo posado sobre sus labios y sosteniendo sobre la otra mano un libro abierto de par en par en el que se podía leer como título "Mis amigos los gatos".
-¿Qué haces tú aquí? –preguntó irritado mirando a la joven.
-Es una larga historia -cerró el libro y se levantó a darle la bienvenida-. ¿Qué tal te ha ido el día, Sasuke-kun? -preguntó retirándole la mochila del hombro y la bolsa de medicamentos que ojeó por encima-. ¿Descongestionantes? ¿Acaso estás enfermo?
El moreno parpadeó varias veces aturdido antes de preguntar en todo irritado.
-He preguntado, ¿Qué demonios haces tú aquí, Sakura? ¿Dónde está Naruto? -echó un vistazo rápido a la estancia sin encontrarlo.
-Te aconsejo que no lo veas por un tiempo -expuso la joven un tanto cohibida.
-¿Qué? -replicó ofendido. Eso ya era el colmo. Que localizara dónde vivía, que entrara en su casa y que encima tuviera la desfachatez de decirle lo que tenía que hacer ya era demasiado para no sacarlo de sus casillas-. ¿Dónde está? -exigió saber.
-En el dormitorio -indicó en un susurro-. Pero te recomiendo que…
No la dejó continuar. Con pasos frenéticos avanzó todo lo largo del pasillo hasta llegar a la puerta de su dormitorio. Con impulso tiró del picaporte abriendo la puerta de par en par. La estancia se encontraba en penumbras. Apenas podía distinguir nada. Una fuerte bocanada de calor lo azotó y seguido los jadeos indecorosos que resonaban desde un bulto encima de la cama que se removía con insistencia. Lo reconoció por el sonido del cascabel.
-¿Qué te crees que estás haciendo, bola de pelos? -con una mano palpó la pared hasta dar con el interruptor de luz que activó. La imagen que le devolvía la visibilidad era de un Naruto completamente desnudo encima de la cama, tocándose lascivamente todo el cuerpo, gimiendo sin pudor y con la cara completamente enrojecida.
-¿Qué… qué... qué…? -Sasuke no atinaba a preguntar nada. Dio un respingo cuando una mano tocó su hombro. Giró el rostro atónito alcanzando a escuchar entre el estupor las palabras que le dirigía la joven.
-El gato está en celo.
Continuará…
