Estetoscopio

Si puedes sonreír

Sora cerraba los ojos imaginando que lograba tocar el cuerpo de Joe. Se acercaba a su pecho y escuchaba sus latidos, llegaba a descifrarlos al igual que en otro tiempo se confundía con las notas más graves de Yamato.

Ni siquiera notó otro tipo de calor, una mano agarrando la suya. Tampoco la lágrima que se resbalaba por su cuello. Seguía demasiado concentrada en averiguar por qué sus latidos duraban tanto tiempo. Por qué la desgarraban.

―Quiero una familia.

Sora abrió los ojos y apartó esa mano de largos dedos que tan bien conocía.

―No está aquí ―susurró sin mirarle.

Yamato sintió que pesaba veinte quilos más y se desplomó aumentando unos centímetros su separación.

―No se puede ya.

Creyó que Yamato le acaba de preguntar por qué, pero fue tan inaudible que no estaba segura de si lo había imaginado.

―Estoy preparando el divorcio ―anunció, sin confesar que ya había arreglado con Taichi una separación de bienes para poder así vender su empresa―. No creo que se le pueda llamar a esto matrimonio. Solo haré física nuestra distancia. No quiero estar más así.

Sora seguía hallando las cosas que les unían, pero no eran más que errores. Clavó los ojos en el retrato de la pared, tenía ganas de deshacerse de él. Le traía los peores recuerdos del mundo. Su madre y su crueldad al decir las cosas.

Libérate de la vida que te di, Sora. Libérate de todo ello, de mí.

Era el peor consejo que le habían dado jamás y el que más recordaba. Para Sora, lo que su madre había dicho con esas palabras era:

No eres más que lo que yo he hecho de ti. No podrás ser feliz porque yo no lo he sido. Perdóname por ello.

Había reservado su felicidad para la intimidad, dónde dejaba asomar la mueca, simplemente porque era sincera y para Sora, ese era el único modo de ser feliz. Joe se lo había enseñado.

―No sé cómo puedes ser capaz de callártelo ―le había reprochado acerca de sus infidelidades.

―Ves las cosas demasiado cuadradas, Joe. Y el mundo no funciona así, a veces lo que parece correcto no lo es tanto. Tal vez te des cuenta en unos años.

Había ocurrido y Sora no podía lamentar más que no hubiese seguido metido en su cuadrado. En otro tiempo, su rasero era inflexible y eso mismo le había convertido en un gran profesional. Tampoco nadie podía decir algo negativo sobre ello. Joe avisaba, Joe seguía sus principios, aunque en ocasiones le hiciesen renunciar a sus verdaderos deseos.

Aun estando en ese lugar, el código moral de Joe seguía siendo superior al de la mayoría de personas.

―Pero Joe, tienes que aceptar el dinero. Koushiro y todos los demás queremos que lo hagas. Taichi ha estado luchando por rebajar la fianza ¡No puedes decir que no! ―gritó perdiendo la paciencia.

―Yo no he pedido nada de eso. Te dije que siguieras con tu vida.

Sora no podía evitar fijarse en el modo en que Joe pronunciaba la palabra vida, como si estuviese seguro que era un concepto inventado.

Volvió a recordar a su madre, seguía odiando cómo le había dicho que se olvidara de ella.

―¡No me digas lo que tengo que hacer! No pienso dejarte, me da igual. No juzgues mis sentimientos.

Joe quiso pedirle perdón y al mismo tiempo no encontraba los motivos para hacerlo. No lo sentía realmente.

Sora dejó caer las manos sobre la mesa.

―Van a matarte, Joe. A matarte. Ma-tar-te. ―El rostro de Joe siguió sin inmutarse. Hacía tiempo que esa palabra había perdido fuerza―. Vas a pasar a la historia como un asesino ―Sora contuvo un sollozo. Nada le dolía más que solo pudiesen ver eso de la persona que amaba―. Sí, la historia la escriben los que triunfan. Todos están muertos, no pueden contar lo que les ayudaste. No…

Le desvió la mirada y contuvo la respiración. Le golpeó mentalmente. Estaba segura de que las lágrimas iban a aparecer de un momento a otro. Solía evitar pensar en el futuro, únicamente se daba cuenta de que el tiempo pasaba cuando cada vez inclinaba más la cabeza para poder mirar a su hijo a la cara.

Fijó la vista en una de las grietas de la pared. Se preguntó si recordaría eso durante mucho tiempo, si podría seguir viviendo después de la posible ejecución de Joe. Qué recuerdos iban a acompañar su mueca; la sonrisa que tal vez ya no podría fingir nunca más. Si iba cambiar sus sentimientos por él, porque en ese momento le odiaba con todas sus fuerzas.

―¿Por qué no quieres ayudarme? ―le preguntó, provocando el primer cambio en sus mejillas― ¿Por qué ya no me quieres?

Joe parpadeó con brusquedad. La quería pero del mismo modo que se quiere volver a ser niño. Pensaba en ella y conseguía evadirse, un rato. Una vez, mucho tiempo atrás, concluyo que era menos que un sueño y más que una realidad.

―No es por eso ―contestó despacio al controlar su parpadeo―. No eres nada en este asunto, tienes que saberlo. Jamás creí que te mezclaría en él. Piensa que el hombre que te quiere no es el mismo al que van a matar.

―No me confundas con palabras. Sé quién eres, quién eras. Puedo separar eso pero aquí estás y… eres tú. ―Sora arrugó la nariz. Se prometió pensar la próxima vez.

Joe se acercó más a ella y agravó su voz, buscando palabras resbaladizas.

―En realidad, Sora, lo hice porque era capaz de hacerlo. Me lo pidieron muchas veces antes y nunca fui capaz. Cuando perdí a mi hijo, de pronto algo cambió en mí. Así que a veces pienso que sí, que no lo hice por humanidad. Porque yo ya no era humano. Ya no me dolía. No pensé si hubiese podido mejorar sus vidas de algún modo, no pensé en darles esperanzas porque yo tampoco las tenía. La muerte dejó de sonar terrible. Si sirve de algo mi condena, si sirve para que se hable de ello y en un futuro otros puedan decidir sobre su vida… Bienvenido sea, porque en todos estos años como médico he descubierto que no siempre el reglamento es el correcto ni la moral ni nada. Solo es porque queremos enterrar lo que nos incomoda, pero ahí sigue. No, la verdad es que no creo en un mundo apocalíptico donde las personas programen su muerte solo porque tengan esa posibilidad. Pero pienso, que si hubiese sido legal, a pesar de ello, no sería capaz de hacerlo. No hasta empezar a dormirme con pastillas y despertarme con ellas también. Por eso mismo, una parte de mí cree en ser castigado.

Joe volvió a apartarse y miró a los lados buscando el modo de huir. Por fin lo había dicho, sí, pero no estaba preparado para oír nada sobre eso.

―Esa parte se equivoca ―reveló Sora enérgica―. Esa parte actúa con miedo. Fuiste valiente. Rompiste la comodidad de tu moral y eso lo has perdido porque te han dicho que te equivocaste, pero no es cierto. Sigues creyendo en lo que hiciste, no puedes aceptar un castigo. Solo te veo cansado, te veo más negativo que nunca pero por eso mismo estoy aquí. Déjame intentarlo. Déjame quedarme contigo esta vez. Cuando supe que te iba a perder todo empezó a tener sentido, extrañamente.

Sora respiró agotada e interrumpió a Joe y su monótona voz.

―Déjame hacerlo. Déjame y después si quieres te liberas de mí, si quieres desaparecer o lo que sea que me vaya a hacer daño, está bien y lo aceptaré. Pero coge nuestro dinero, sal, recuerda la vida y entonces decide. Por tu felicidad y sin miedo.

Joe guardó silencio los últimos segundos de su visita. Se imaginó a sí mismo volviendo a su otra prisión. Aquella en la que no podía sonreír. Abriendo la puerta de su apartamento, preparándose la comida, acostándose en un rincón de la cama, contando los días que quedaban para el juicio mientras su móvil acumulaba llamadas perdidas. Se preguntó si entonces se acordaría de esas personas que le pidieron morir, si le hablaban de cómo era la muerte, si acaso era mejor que estar vivo. Si sus conflictos internos escalarían las capas de su piel hasta darse cuenta de que estaba en el lugar equivocado. Quizás era más fácil no planteárselo.

Dudó si soñaría con Sora esa noche, o la siguiente, si sería capaz de ponerle voz a esa espalda con un estetoscopio colgando. Si iba a escuchar sus latidos con él. Averiguar si eran sinceros, si tenían miedo o querían ser felices. Entonces, su boca se torció hasta formar una sonrisa.

Tengo muchas dudas con este capítulo, me da la sensación de que no está muy bien hilado, pero puede que sean otras cosas. También quería incluir algo más, el "plan" de Taichi no está ni alguna otra cosa tampoco, pero no encontraba ningún modo de entrelazarlo así que será para el siguiente ¿será el final? No lo sé, sigo dándole vueltas a eso.

Mil gracias a todos.