Capítulo VII

Acción

Al fin era oficial, Naruto y Hinata eran marido y mujer. Sin embargo, antes de pronunciar a su ahora flamante esposa Naruto se había dado a la tarea de dividir su concentración entre dos razones, la primera no olvidar los votos que debía pronunciar en el altar y la segunda, era muy cliché. Naruto quería que Sasuke le pidiera matrimonio a Sakura como regalo de bodas.

–La despedida de soltero ya fue el regalo de bodas, idiota– recordó tajantemente el Uchiha.

– ¡Vamos Sasuke! – insistió por enésima vez el rubio. –Estaría de puta madre que lo hicieras hoy. Imagina que paras a la orquesta, tomas el micrófono, la llamas al escenario y ¡Boom! Le muestras el anillo, no podrá decir que no– se ufanó, tratando de venderle el plan a su padrino y mejor amigo.

Sasuke entornó los ojos.

–Estupideces– escupió.

–Es una escena perfecta– ladró el Uzumaki.

–Precisamente, a Sakura no le gustan las escenas– cerró el pelinegro.

Entonces, justo con Naruto abría la boca para articular alguna palabra antes de pensar, su madre apareció en la habitación, les informó a ambos que faltaban diez minutos para la ceremonia que debían ir a instalarse en el altar.

Cuando la pareja de recién casados emprendió camino a la recepción en medio vítores, aplausos y lluvias de pétalos de rosa, momento que Sasuke aprovechó para aferrarse a la cintura en un gesto posesivo, que podía e iba a dejar en claro que por muy buena que Sakura se veía en aquel vestido aguamarina. Ella, no estaba disponible. Al menos que firmarás o fueras Sasuke Uchiha.

Para Sakura eso era un hecho, y era tangible. Lo fue desde el momento en que Sasuke le pidió que fueran pareja, sentó bases cuando él le pidió que se mudará a su apartamento, argumentando que en dicho lugar ya estaba abarrotado de cosas que por cuestiones de géneros él no usaría. Recuerdo que la hizo sonreír sentada sola en la mesa que le habían asignado, mientras veía bailar a su novio con Ino.

Habían adoptado a Sam, cosa que ella creyó muy difícil de ver pasar. Porque aunque al Uchiha le gustaran los animales, también era un fiel creyente del orden y la intimidad, y criar a un cachorro podía de ciertas maneras amenazar dichas cosas. Pero no, Sam era una adición perfecta sólo que cuando Sasuke y ella fuera a recrearse en la habitación, Sam debía dormir afuera.

Haruno rió de nuevo.

Fue allí cuando lo reconoció de nuevo, como todas las veces. Mientras guiaba a Ino por todo el salón con andar y vueltas elegantes, la miro y le guiñó el ojo. Una sola palabra suya y él atravesaría el salón para estar a su lado. Así como había hecho con sus prejuicios. Porque aunque las concepciones e ideas que ella tenía sobre el matrimonio eran revolucionadas, algunas no se alejaban de la realidad.

Como le había tocado a sus padres, quienes se habían casado presionados por las familias al enterarse de que Sakura estaba en camino. Así que desde pequeña Sakura tuvo experiencias de primera mano de la auténtica montaña rusa que había sido sostener ese matrimonio. Como le dijo su madre alguna vez.

Así como cada persona es un mundo, un matrimonio son dos personas tratando de vivir en uno, que apenas está en construcción. Pero, ese el caso de tu padre y mío– comentó con toda la pertinencia y experiencia que correspondía al caso.

Ciertamente, el caso entre Sakura y Sasuke era diferente. Y Sakura Haruno ya no tenía miedo al matrimonio, ya no. Porque el hombre que iba que iba a esperarla en altar era un pelinegro de ojos penetrantes, que sabía de lo bueno y lo malo acerca de ella y aun así la amaba.

Sakura Haruno ya no le tenía miedo a la infame de caja de terciopelo o al vestido blanco, porque francamente había hallado al hombre de su vida. Hombre que venía acercándose a la mesa de nuevo.

–Ya se van a ir– aviso el pelinegro invitándola a ponerse de pie para ir a despedir a Naruto y a Hinata. Aceptando la mano Sakura escaneó el salón y se dio cuenta de que estaba casi desértico.

– ¿Qué hora es? – preguntó.

–Las 3:47 de la mañana– respondió el pelinegro. –Ten– dijo, colocándole la chaqueta del traje sobre los hombros.

–No atrapé el bouquet pero me llevo al padrino– ironizó Sakura.

– ¿Es esa una propuesta? – atajó el Uchiha pasándole el brazo sobre los hombros invitándola a caminar.

–Definitivamente– concedió.

Sasuke le busco el oído mientras se acercaban al estacionamiento y al grupo de personas que se había quedado para despedir a los novios.

–En cuanto los tortolos pongan un pie en el auto nos largamos ¿de acuerdo? – propuso el pelinegro.

Sakura asintió solemnemente y le dio un beso bajo la quijada.

Realmente no resultó como lo habían planeado, la pareja de recién casados insistió en despedirse de ellos justo en el instante que Sasuke había pillado una salida para escabullirse. Tal vez con unos quince minutos de retraso llegaron al auto para por fin ir a casa. Porque aunque no lo dijeran en voz alta, ser los padrinos de la boda los había drenado, pues el par que acaba de casarse los habían paseado por todo los preparativos de la misma. Claro, estaban felices de que hubieran atado el nudo, pero también estaban aliviados de que la responsabilidad se les hubiera terminado y de que ahora si tenían tiempo para ellos…

Cuando iban camino a casa, Sakura pensaba acerca de dos cosas bien puntuales, de cómo Sasuke podía conducir tan tranquilo mientras paseaba los dedos y la palma de la mano derecha por el interior de sus muslos enloqueciéndola. Obligándola a contener el impulso de cruzar las piernas, ante los estragos de sus caricias. De cómo se mordía los labios al sentirse mojada y lista cuando él tenía los ojos puestos en la vía. Y lo otro, Sakura trataba de adelantarse a la forma en la que el Uchiha le pondría las manos encima…

Porque a la hora del sexo, al pelinegro le gustan todas las variantes. Sasuke la había tomado de diferentes maneras y sobre muchas cosas. Se moría de ganas, de poder decirle que detuviera el auto y que lo hicieran allí mismo, pero era exponer mucho la necesidad… porque aunque la sonrisa ladina de su novio la animaba en muchos sentidos, verla surgir en el momento en el que era ella quien iniciaba el juego le dejaba la espinita de ser un poco predecible.

Al llegar a casa Sam se les ladró antes de reconocerlos, el can ladeó la cabeza al confirma que se trataba de ellos y se les lanzó encima.

–No está acostumbrado a vernos tan bien vestidos– ironizó la pelirosa.

–Le he ensañado a no creer en las mujeres que andan en vestido– atajó Sasuke.

– ¿Tratando de salvar a los demás cuando estás hundido hasta el cuello? Qué inteligente– contraatacó Sakura.

El Uchiha rió con ganas mientras trataba que Sam le siguiera.

–Voy a revisar que todo esté bien– dijo Sasuke. –Vamos Sam–.

Sakura los vio perderse hacia lo cocina mientras ella se dirigía al baño para quitarse el maquillaje y tratar de zafarse de que aquel elegante pero ajustado vestido.

Se estaba sacando los restos del jabón y delineador negro cuando lo sintió detrás de ella. Al levantar la vista para coger la toalla más cercana reconoció el reflejo de él acompañando el suyo. Ya no llevaba el saco y la camisa…

Y cuando el verde y el negro de su mirada se encontraron el algún punto del espejo. Sakura supo que aquello era un asalto. Aunque no del todo, porque de cierta manera lo había visto venir, lo había estado esperando y lo estaba deseando.

Después de secarse la cara volvió a buscarlo con la mirada. Aquello era una antesala al juego de hacer el amor, a ella le gustaba retar y al él le encantaba aceptar el reto.

– ¿Me ayudas con el vestido? No he podido bajarme el cierre– comentó la pelirosa.

Vislumbró como una de las esquina de los labios del hombre que estaba detrás de ella, se elevaba. No había duda, ambos habían captado la intensión. Ahora el vocabulario se reduciría a la rama del deseo.

Antes de acudir a su ayuda, el Uchiha había decido soltarle el cabello de aquel elegante moño que dejaba al descubierto su elegante cuello y hombros. A él le encantaba como ella se veía, pero a la hora de hacer el amor, la prefería con el cabello suelto. Desparramado por la espalda, o adornando las sabanas o cualquier rincón de la cama o el lugar que fuera. Y sobre todo le gustaba enterrar la nariz en aquellas hebras de cabello, antes de caer rendido o al despertar.

La vio morderse los labios con anticipación cuando hubo corrido unos centímetros del cierre, y así el resto de la ropa escurrió al suelo. Y al igual que las veces anteriores Sakura dictaminó que Sasuke no solo era un hombre estupendo si no que un amante increíble tan bien.

Porque el número dos se había convertido el número mínimo de orgasmos que podía llegar a tener con él cuando hacían el amor. Viendo como minuto a minuto la luz del amanecer y de la mañana se colaba entre las persianas del cuarto y con aquel magnifico cuerpo sirviéndole de almohada, de escudo, de soporte y de calor.

Sakura Haruno se sintió la mujer más afortunada del mundo. E iba hacer algo al respecto.

Una semana después de las nupcias de sus amigos. El Uchiha llegaba a casa de trotar con Sam, peleando entre abrir la puerta de la casa, contestar el teléfono y lograr que Sam entrará sin dañar nada y que no lo estrangulara con la cadena.

–Naruto– soltó Sasuke al contestar el teléfono viendo como Sam salía corriendo al patio.

– ¿Qué fue idiota? ¿Cómo está todo? – quiso saber el rubio que andaba de tour de luna de miel.

–Genial, acabo de enterarme de que voy a ser tío otra vez– comentó el pelinegro animado.

¡Joder, Itachi no pierde el tiempo! Bueno, a aparte de que nunca logra quitarse a Ino de encima– se mofó Naruto.

Sasuke se carcajeó.

–Son cosas de ser un Uchiha– soltó el pelinegro.

Para ser cosas de un Uchiha, entonces tú estás dormido mi hermano ¿Cuánto tiempo es que tienes con Sakura?

–Dos años y medio, casi– contestó.

He allí mi punto. Bueno Uchiha, te llamo luego mi mujer me va a llevar de compras

–Que lo disfrutes– se burló el pelinegro.

¡Siempre! – soltó Naruto antes de colgar.

Sasuke fue hasta la cocina a tomar algo de agua cuando.

–Uchiha, ven acá un momento– llamó Sakura.

Al susodicho aquello le sonó más a regaño que a cualquier otra cosa, así que acudió rápidamente al llamado.

– ¿Hice algo? – cuestionó antes de sentarse.

– ¿Hiciste algo de lo que tenga que enterarme? – soltó Sakura.

Sasuke paseó la mirada por la casa antes de contestar.

–Ahm, dejé que Sam se revolcará con la perra de los vecinos. –

– ¡Sasuke! – chilló la Haruno.

– ¿Qué? Ya tiene edad y es su naturaleza– defendió al recién asomado, quien al escuchar el grito de Sakura había venido.

–Vamos a tener que castrarlo– sugirió Sakura.

–Sobre mi cadáver– sentenció Sasuke.

–No es personal, Uchiha– previno Sakura encantada con la situación.

–Es personal, cariño. – replicó.

–Eres libre de creer lo que quieras, mi amor. – canturreó la pelirosa.

–De acuerdo, pero no castraremos a Sam– dictaminó.

–De acuerdo, dejando las bolas de Sam a un lado. – hizo una pausa para buscar detrás de ella un sobre. –Tengo algo para ti– completo Sakura muy emocionada, y dejo el sobre en sus manos.

El Uchiha miro el sobre y la miro a ella varias veces.

–Tengo miedo– murmuró Sasuke buscando frustrar a su novia.

– ¡Ábrelo! – estalló.

–Está bien, está bien– apresuró Sasuke abriendo el sobre encontrando varios papeles. Cuando reviso bien encontró, pasajes de avión, boletines turísticos de Grecia. – ¿Nos iremos de viaje? – tanteó.

Sakura asintió muchas veces sonriendo ampliamente.

–Grecia, joder…– comentó animado.

– ¿No es genial? – inquirió Sakura.

–Es perfecto– corrigió Sasuke. –Aunque debí verlo venir, tú y tu fascinación por la cultura griega y el empeño en creer que soy un Dios griego reencarnado, ¿no? – ironizó.

–Tú abuelo es griego Sasuke– se defendió la pelirosa.

–Sí, eso y que soy un perfeccionista y un buen amante también ¿verdad? –

La Haruno se sonrojó hasta la raíz del cabello.

–Suelo causar ese efecto– atajó el Uchiha al verla enrojecer.

–Joder, cállate Uchiha y dame un beso– demandó Sakura.

– ¿Solo eso? –

¿No quieres algo más de acción?

Soltó antes de abalanzarse sobre ella.


¡Hola!

No estaba muerta ni de parranda.

Creo que he estado en un proceso de transición. Y bueno, me era muy difícil conseguir tiempo para continuar y las ganas también. Francamente, hasta considerar dejar de escribir, borrar la cuenta y todo lo demás.

Pero, al cabo de meses, más y días -los que llevo perdida- me los tomé para reflexionar sobre el destino de lo que escribo. Y una vez más llegué al punto de que este es mi punto o el punto donde dreno, donde hago algo que me gusta y vivo a través de ello cosas que tal vez pasen o tal vez no. Y que hay gente especial que abre un poco de tiempo para leerle y eso para mí es inestimable.

Bueno muchas gracias por la paciencia. Y aquellas amigas que me enviaron aquellos PM para saber que era de mí y de las historias. A ustedes y todos los demás buena vibra y gracias totales.

Espero que les guste, ya estamos en la recta final 2 capítulos más y terminamos con este viaje. Que habrá empezado hace dos años y un poco más.

Besos y abrazos enormes. :3

Ross ( :