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XII

Cuando Altea fue tomada por Dolhr con ayuda de Gra, nadie pudo hacer nada. Las noticias de que el rey y su esposa habían muerto, la princesa Elice había sido secuestrada y el príncipe Marth había huido del país se extendieron como pólvora gracias a los soldados de Gra, quienes ahora se encargaban de visitar las villas en busca de los altos impuestos que Morzas, el representante del emperador Medeus les había implantado.

Kris apenas tenía once años cuando aquello ocurrió, ella misma fue testigo de cómo las tierras lentamente se volvían estériles, el ánimo de las personas de las villas estaba bajo, los precios subían, todo de repente había tomado un ambiente sombrío, casi triste y eso no fue solamente en Sera, incluso su abuelo parecía preocupado, cuando la entrenaba ya no la miraba a ella, miraba al infinito con ojos distantes.

Cierta vez, cuando hizo su rutina matutina de ir por los leños (su abuelo ya estaba bien, no obstante, ese ejercicio de traer y los leños le había gustado tanto que lo implementó en su rutina de entrenamiento, para mala suerte de Kris) a la villa vecina, pudo ver la devastación que habían causado los mismos soldados de Gra porque la villa no había conseguido reunir a tiempo la cuota de impuestos que se habían designado.

Lloraban, no solamente los niños, también los hombres, mujeres y ancianos, lloraban porque no sabía qué sería de ellos, no sabían qué sería de su futuro, todos se veían perdidos; con esto, Kris se dio cuenta de cuán desamparados estaban, a merced de un gobernador maligno la vida de muchos se estaba arruinando, personas que por las mañanas le saludaban con una sonrisa, le deseaban un buen día, le regalaban de vez en cuando un caramelo.

¿Personas tan buenas merecían sufrir así?

—Abuelo… ¿dónde están los caballeros? ¿Por qué no nos defienden? —le preguntó a Maclir una vez llegó con los pocos leños que pudo recolectar entre la devastación.

—No todos los caballeros son fuertes, Kris —dijo Maclir con una mirada indescifrable—. Algunos habrán muerto, otros se habrán unido a Medeus para no morir, otros habrán huido…

Nuevamente, esa mirada, la mirada triste de su abuelo solamente conseguía que su corazón se acongojara, esos eran los mismos ojos que las personas de ambas villas tenían, temerosos de todo lo que ocurría, impotentes por no poder hacer nada.

Ese día algo más creció en Kris, una nueva determinación, nuevos deseos. No quería ver a las personas que tanto amaba sufrir, por alguna razón, no quería ver más rostros tristes y temerosos, quería que su abuelo sonriera nuevamente con esa malicia senil que tanto lo caracterizaba. Miró a su abuelo con firmeza, sorprendiéndolo.

—Abuelo, seré la guerrera más fuerte de todas —declaró— y lucharé, lucharé por Altea y nuestra libertad.

El anciano solamente abrió más los ojos, la tristeza de sus ojos se vio reemplazada por un brillo nuevo, uno de orgullo, como si las palabras de Kris hubiesen llegado a lo más profundo de su corazón.

—En ese caso… será mejor que empecemos a practicar con las espadas de hierro.

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XIII

Ser caballero ahora era lo único que ocupaba la mente de Kris. Claro, llegar a la conclusión de querer vivir en batallas no había sido fácil, pero tampoco era como si hubiese tomado la decisión de una forma precipitada, había estado pensando en ello desde que su abuelo le había explicado la razón por la que añoraba el ejército. Esos ideales, quería adoptarlos también.

Los entrenamientos fueron cada vez más fuertes y más estrictos, su abuelo ya no solamente la entrenaba para que fuese diestra en la espada, la entrenaba para que fuese la mejor espadachín de todas, era duro (seguramente la estaba entrenando como lo hizo con los soldados en su tiempo) pero aun así, no se quejó. Tal era su determinación que usó dos noches seguidas para por fin terminar de arreglar el cobertizo y así dedicar todo su tiempo al entrenamiento de su abuelo.

Lentamente, los días que se veían tormentosos bajo el yugo opresor de Morzas empezaban a verse más brillantes, todo empezaba con pequeños cambios, una sonrisa a aquellas personas que se veían tristes, un "buenos días" a aquellos que se lamentaban augurando lluvias. Poco a poco, todo empezó a mejorar, no del todo, claramente, habían miles de preocupaciones, pero ahora la forma en la que vivían ya no era tan mortificante.

—Kris, dile a tu abuelo que venga esta noche, están invitados a una pequeña fogata que haremos —dijo una de las mercaderes que visitaba casi a diario—, vamos a tratar de relajarnos, mi nieto encontró con alguno de sus amigos manzanas en el bosque, haremos manzanas fritas, serán el aperitivo de esta noche.

—Muchas gracias —dijo Kris sonriendo—, estaremos allí.

Esa noche, por un momento todos se olvidaron de los problemas y se permitieron sonreír aunque fuese solo un poco.

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XIV

Realmente haber ido al bosque había sido una muy mala idea, en su defensa, no habría ido allí por cuenta propia, sabía que tenía deberes y que debía volver pronto a casa, pero había escuchado unos llantos de camino a su hogar, llantos muy leves que provenían justamente del bosque.

Caminó siguiendo los llantos que cada vez se hacían más audibles, pero se detuvo en cierto punto, mirando a su alrededor, tragó nerviosa, ya no sabía dónde estaba, trató buscar el camino por el que había llegado, pero todos los caminos parecían iguales, la única guía que tenía era el sonido de aquella persona sollozando, así que, respirando hondo siguió los llantos, entonces la encontró, una chica que parecía tener su edad, de cabello rosa y ojos azules, si no estaba mal, era una de las niñas de la villa vecina, Norne, si su memoria no le fallaba.

Estaba encogida en su lugar, temblando, abrazando sus piernas hipeando fuertemente, parecía más asustada que ella de haberse perdido. Se aproximó lentamente, consiguiendo que ella levantara la vista asustada, Kris estaba a unos pasos de ella, no había meditado si su presencia hubiese podido espantarla, ¿qué podía hacer para calmarla?

Lo primero que intentó hacer fue relajarse y aunque no lo había conseguido del todo, al menos tuvo la suficiente fuerza para aproximarse a ella—: Hola, soy Kris, ¿me reconoces? —Norne pareció meditar un momento antes de asentir con lentitud— Te perdiste, ¿verdad? —volvió a asentir, apretando los labios tratando de suprimir un sollozo— Está bien, estoy aquí, te mostraré el camino de vuelta.

Le extendió la mano, Norne la aceptó temblorosa, con esto empezaron a caminar. Kris iba adelante tratando de evitar que Norne le viera a la cara, si no, la habría visto presa de pánico al no saber por dónde iban, si estaban adentrándose más al bosque o si estaban consiguiendo llegar a la salida.

Pasó el tiempo, Kris no supo decir si eran horas o minutos, simplemente seguían caminando, se estaba oscureciendo y Norne empezaba a andar más lento.

—¿Nos… falta mucho? —preguntó Norne.

—… no lo sé —dijo Kris sinceramente, mirando a otro lado tratando de mantenerse firme.

—… Sabes dónde estamos, ¿cierto? —pregunto Norne empezando a ponerse nerviosa, Kris quiso mentirle diciéndole que sí, pero lo único que consiguió hacer es darle una sonrisa nerviosa cargada de arrepentimiento— Por Naga, no sabes dónde estamos… ¡estamos perdidas!

—¡Espera, no te alteres! —pidió Kris, empezando a alterarse— Solamente… ah… quedémonos aquí, sí, mi abuelo notará mi ausencia y vendrá a buscarnos. Después de todo, debería haber estado en casa entrenando hace mucho —explico sonriendo un poco, ahora nerviosa por el sermón que le daría su abuelo por su torpeza.

Ya se veía dándole vueltas a todo el prado con una muy considerable cantidad de leños en su espalda y brazos.

Ambas se sentaron encima de un par de rocas, Norne parecía aliviada, estaba totalmente exhausta.

—¿Cómo no estás cansada? —preguntó Norne tratando de iniciar una conversación.

—¿Mmm? No caminamos mucho —respondió tranquila, la chica de cabello rosa la miró como si estuviese demente, entonces decidió corregirse—, es decir, normalmente recorro más camino cargando cosas pesadas.

—¿Por qué haces eso? —pregunto Norne genuinamente confundida.

A Kris le alivió ver que Norne ya no estaba tan asustada, era confortable de cierta forma, hablar era una buena manera para distraerse y no dejarse asustar por la situación.

—¿Entrenar? —preguntó Kris, Norne asintió— Bueno, debo prepararme bien si voy a ser caballero de Altea.

—¿Eh? ¿Por qué quieres ser caballero de Altea? —preguntó Norne confundida, Kris entendía en parte su confusión, normalmente no había mujeres cuyo deseo fuese unirse a la armada y menos siendo niñas.

—Porque… es la única forma en la que puedo cambiar algo —explicó Kris, recordando las palabras de su abuelo que tanto la habían motivado—. Mira nada más, una sola persona consiguió hacernos tanto daño… pero lo consiguió fue porque tenía el apoyo de personas habilidosas que sabían luchar. Quiero ayudar a la restauración de Altea, si hay personas que pueden luchar por cambios malos yo lucharé por los cambios buenos y seré fuerte, muchísimo más fuerte que ellos, así mis ideales y los ideales de los que protegeré vencerán.

Finalizó sonriéndole, era lindo tener alguien además de su abuelo con quién hablar de ello, normalmente los niños de las villas se alejaban un poco de ella y no sabía por qué, sus amigos siempre eran adultos y ancianos.

—Eso… suena genial —sonrió Norne.

—¡Kris! ¡Kris, ¿dónde estás?! —las dos niñas se paralizaron al escuchar la potente voz de un hombre.

—Es mi abuelo… —comentó Kris— ¡Abuelo! ¡Estamos aquí!

—¡Norne! ¡¿Puedes oírme?! —esa fue la voz de una mujer.

—¡Mamá! —gritó Norne emocionada.

Justo antes de que anocheciera, los adultos con antorchas aparecieron en búsqueda de las niñas, a penas las escucharon, Maclir y la madre de Norne se separaron del grupo corriendo hasta donde las pequeñas estaban.

Norne se lanzó a los brazos de su madre, mientras Kris fue tomada por los hombros de su abuelo, quien empezó a examinarla.

—¿Estás bien? —le preguntó su abuelo.

—Sí, solamente nos pedimos… lo siento —dijo sinceramente cuando lo vio, de verdad parecía asustado, ¿le había hecho pasar por un mal rato?

—Por todos los cielos, casi me matas de un infarto, niña —suspiro su abuelo alejándose de ella—. Hoy te quedarás hasta tarde entrenando y mañana harás circuitos por todo el Prado.

Norne le miró con curiosidad al escuchar a Maclir darle esas fuertes instrucciones a la niña, pero Kris solamente asintió, aceptando el castigo. Con una sonrisa tímida que le deseaba lo mejor, Norne de retiró con su madre, al igual que Kris lo hizo con su abuelo.

Era lindo tener una amiga.


Notas: ¡Hola a todos! Lamento la tardanza con las actualizaciones, como sabrán, andaba en temporada de exámenes así que debía reorganizar mis prioridades. Espero les haya gustado este capítulo, he incluido información de los supports, como los de Norne (como me habían estado pidiendo) y el de Tiki, con las manzanas fritas.
¡Espero les haya gustado el capítulo, espero poder leernos pronto!

Y un saludo a LordFalconX, muchas gracias por estar pendiente de la historia, espero hayas pasado un feliz cumpleaños y me alegra haber subido el cap cerca de la fecha. En cuanto a lo de los support... te sorprendería lo que el tiempo libre puede hacer XD. A mi me encantan también los Support de Cecille y Caeda (aunque tu le llamas Sheeda, ¿no?), pero entre mis favoritos están los de Tiki, Katarina y Marth. Adoro ver cómo Marth bromea con Kris, es encantador. ¡Y trataré de actualizar más seguido! En serio quiero acabar pronto el fic XD
¡Nos leemos pronto! ¡Gracias por leer!