Holaaaaa!
Este capítulo es más corto, lo sé, pero ¡No me da tiempo a hacerlo más largo! jajaja estoy embebida escribiendo el próximo capi de Cuando arde el hielo y si me descuido no actualizo este por despiste! El caso es que no lo tengo escrito de antemano por lo que hago lo que puedo!
Espero que pese a todo lo disfrutéis.
Nurf: no es por la extensión (aunque ayuda bastante) es porque adoro tus reviews! jajaja si, el pobre Draco la caga con la práctica, estoy de acuerdo totalmente. Y el premio a la estupidez, por más que me guste el pj de Ron, lo cierto es que el pobre tiene más de una papeleta para ganarlo jajaja A ver que tal el martes.
Manu Rocha:Siii justo por días! Hoy es martes no? jajajaja bueno bueno, un poco más de práctica y le haces la competencia a Peeves!
Luna White 29: Asi que tienes experiencia con los "Rones" de la vida no? jajaja me alegra que te hiciera recordar y sonreir!
BlueJoy:A mi también me gustan Blaise y Theo, no se por qué, supongo que por la facilidad de hacerles como me da la gana! jajaja Y justo! Has visto el por qué Ginny piensa eso ^^ me encanta que te fijaras en el detalle! Besos!
Hatake Nabiki: Ya ves... si no les dejan a los pobres! De eso se trató un sabado cualquiera... la culminación de esta horrible semana! Con esos besos ¿A quien no se le va la resolución por la ventana? xD
Gracias mil a todos, Alice M Potter bienvenida.
Espero que sigais pasandolo bien
Besos y Saludos
AJ
Disclamer: Como siempre, el mundo de HP le pertenece a JK R. A mi solo esta historia loca.
Dia 4: Martes
— No me lo puedo creer — Hermione resoplaba y se quejaba una y otra vez mientras colocaba los libros en las estanterías elevándolos hasta sus lugares antes de empujar de nuevo el carrito y buscar otro pasillo — Tendría que estar estudiando el examen de Runas — murmuraba bajito para que Pince no la mandara callar una vez más — Es que no me lo puedo creer.
Ron miró a su amiga con disgusto y siguió pasando la fregona al estilo muggle.
— Ronald por Merlín, ¡Estás empapándolo todo! — Apartó el pie de aquel peligroso mocho y se alejó — ¡Escurre la fregona antes de pasarla por el suelo! — Susurró mirándole con enfado — ¡Estás haciendo charcos!
Ron contempló la goteante fregona y el extraño cubo que le había dado Flint como si fuera un problema de Aritmancia. Se pasó la mano por el pelo y sacó su varita.
— ¡Ron! ¿Qué haces? No puedes usar la magia.
Él gruñó.
— Nadie está mirando — Refunfuñó.
— ¡Yo estoy mirando Ronald Weasley! Soy prefecta¡Y tú también! Así que compórtate.
— Vamos Hermione — Contempló a su amiga anonadado — Solo mira hacia otro lado.
Ella sorbió aire por la nariz, más que indignada.
— Debería darte vergüenza. Estamos aquí por tu culpa. Es más ¡Yo ni siquiera debería estar castigada! — Sacudió la cabeza apenada — Mi perfecto expediente… — endureció el gesto y le fulminó con la mirada — No me lo puedo creer.
Y regresó a sus tareas dejando a Ron murmurando y maldiciendo. Pero el pelirrojo guardó la varita. Conocía de sobra a Hermione y era más que capaz de quitarle puntos a su propia casa y además conseguir que le castigaran aún más.
Siguió pasando la fregona por la biblioteca durante media hora hasta que el agua del cubo se acabó. Se rascó la cabeza, lo cierto es que no recordaba si era normal que el agua se terminase, pero le daba igual. Ya era la hora, por fin el suplicio había terminado. Pensó en buscar a Hermione para regresar juntos a la sala común, pero la castaña no estaba del mejor de los humores y decidió dejarle su espacio… muy poco Gryffindor huir de ella, pero tenía aprecio a su pellejo.
Podría haber sido peor, pensó saliendo de la biblioteca. Cuando la loca de Pince llegó gritando y medio llorando al ver el estropicio de la estantería que él había incendiado pensó que le iban a terminar mandando podar al sauce boxeador como poco, pero fregar, aunque fuera a lo muggle no era tan malo.
— Vaya pobretón ¿No llegas un poco tarde a la cena? Corre Weasley, no vayas a tener que pegarte por la comida — Malfoy chasqueó la lengua — Aunque igual así te sientes como en casa.
— Malfoy — dijo entre dientes el pelirrojo sacando su varita — Quita de en medio.
El rubio levantó las manos con una sonrisa ladeada.
— No te impido largarte Weasley. Es más, te prefiero fuera de mi vista cuanto antes — Compuso una mueca de asco y pasó lo más lejos de Ron que pudo alejándose con elegantes pasos.
Pero eran muchos años con peleas de pasillos entre ambos, Draco conocía bien a sus amigos, pero a sus enemigos más aún. Se giró sacando su varita a tiempo de evitar el ataque y los dos chicos lanzaron sus hechizos a la vez
—¡Expulso!
—¡Protego!
El rubio entrecerró los ojos y fue rápido, muy rápido.
— Incarcerous
Unas enormes cuerdas inmovilizaron a Ron que gruñó como un animal encarcelado, luchando contra el amarre.
— Diez puntos menos para Gryffindor por atacar a un prefecto — Dijo mirándole con desprecio — Sé que eres prefecto de tu casa Weasley, pero yo, a diferencia de ti hoy tengo ronda y tú me has atacado — Sonrió con sorna — Yo solo me he defendido — Se alejó por el pasillo silbando — Avisaré a MacGonagall… si la veo, que estás por aquí.
— ¡Me las pagarás Malfoy! — gritó
— Lástima que el hechizo no disponga también de un bozal.
Pensó en lanzarle un Silencius pero eso no sería astuto de su parte, porque perdería parte de razón al decir que únicamente se defendía del ataque del pelirrojo… no, no le convenía, ya se resarciría en algún otro momento.
Caminó hacia la biblioteca en busca de Granger. No la había podido ver en todo el maldito día y tenían una conversación… o lo que fuera, pendiente.
Se había enterado que la castigaron junto a la comadreja, no era un castigo justo, él lo sabía, pero tampoco es que le importaran demasiado las injusticias ajenas así que no lo pensó mucho. Del mismo modo que no pensó en el motivo que le había llevado a bajar a las cocinas y exigir a aquellos estúpidos elfos que le prepararan un bocadillo para Granger, ese mismo que ahora llevaba en el bolsillo de la túnica Merlín sabría por qué.
Iba tan perdido en sus pensamientos que no se dio cuenta de la chica que venía hacia él, murmurando incoherencias hasta que ambos se dieron de bruces.
— Mierda — Dijo el chico llevándose la mano a la barbilla donde la cabeza de ella le había dado un tremendo golpe.
— ¡Auuch! ¿Malfoy? — Miró al chico algo sorprendida y cuando vio un hilo de sangre en su labio parpadeó deprisa y tomó la mejilla de él girando levemente su cabeza — Lumus —dijo apuntando con su varita — Lo lamento — Sonaba disgustada — No miré por donde iba.
— ¡Aparta esa luz Granger! — Malfoy se soltó de un tirón apartándose de aquella luminiscencia y pasó la lengua por su labio justo donde de había mordido por el golpe, sonriendo al escuchar como la castaña inspiraba con fuerza.
— Has estado evitándome
— No digas tonterías Malfoy
Lo cierto era que sí le había estado evitando por miedo a que se repitiera la escena de la noche anterior en la biblioteca. Por Dios, se había liado con Draco Malfoy en un lugar público, expuestos a la vista de cualquiera que pasase por allí, si él no hubiera conservado su odiosa sangre fría Ron les habría pillado con las manos en la masa… bueno, no en la masa exactamente, amasando sería un término más correcto.
No, no podía ser, aquello no estaba bien. ¡Eran enemigos por el amor de Dios! No se soportaban, ¡Se odiaban! Merlín, aquellos ojos que la miraban sin pestañear la estaban haciendo desconectar de su cerebro a una velocidad aterradora, ni siquiera recordaba cómo se habían visto envueltos en esta situación… ¡Ah si! fue por aquella poción ¿No?
El Slytherin abría la boca y movía sus labios pero ella no era capaz de escuchar sonido alguno, estaba empezando a volverse idiota.
— De modo que no lo niegues — terminó él.
— ¿Negar qué? — Preguntó confundida.
Él frunció el ceño
— Granger ¿Estás aquí? — Pasó la mano por delante de su cara — Negar que me has estado evitando.
— Si
— ¿Si qué? — Draco bufó frustrado y la agarró de los hombros zarandeándola levemente.
Error.
Aquel contacto los estremeció a ambos y sus ojos conectaron de nuevo mandándoles una descarga brutal a los dos.
— Te evitaba — susurró ella acariciando con su respiración los labios de él.
— ¿Por qué? — También Draco habló en un susurro.
Ella se mantuvo en silencio. Ya había hablado demasiado, no pensaba dejar su orgullo ahí en mitad del pasillo para que aquel idiota se lo pisoteara.
El Slytherin relajó la presión que ejercía en los hombros de la chica y sus pulgares comenzaron a acariciarla inconscientemente. Rompió el contacto visual solo para inclinarse hasta hundir su nariz en el cuello de Hermione y aspirar embebiéndose de su aroma.
Salazar bendito, había perdido la cabeza, si su padre le viera olisqueando el cuello de una sangre sucia como si fuera un perro le cosería a cruciatus y con toda razón ¿Qué sería lo próximo? ¿Babear? Ah no... eso ya lo hizo ayer cuando aquella inconsciente había dejado su falda reducida a un cinturón. Y ahora que lo pensaba también lo había hecho esa mañana al verla aparecer de nuevo de la misma guisa. No solo él babeó, recordó con enojo, al imbécil de Zabinni le falto sacar la lengua y aullar, se ponía de mala leche solo al recordarlo, claro que meterle en el zumo de calabaza una pastila WCSpeed de Sortilegios Weasley y verle salir corriendo al baño más cercano, que para más deleite del rubio era el de las chicas había sido una buena forma de vengarse.
Debería darle un empujón y largarse de allí todo lo rápido que dieran de sí sus piernas.
— ¿Por qué? — Obviamente no tenía ningún instinto de conservación. Volvió a preguntar sobre su piel, rozando con sus labios el sensible punto de detrás de su oreja.
La castaña se estremeció.
— No quiero esto Malfoy — mintió con voz temblorosa.
Él ni siquiera se inmutó y siguió dejando un rastro de besos húmedos por su garganta, deslizó sus manos por los brazos de ella hasta sus muñecas y llevó sus manos a su propia cintura, deseoso de sentir su tacto.
— Mientes — murmuró subiendo hasta su barbilla — Quieres esto tanto como yo. Merlín sabrá por qué no podemos mantener las manos lejos de esta total aberración.
Ella estaba de acuerdo por supuesto, pero no le gustaba oírlo y se tensó en los brazos del rubio.
— Suéltame Malfoy.
— No — una de sus manos ascendió por su espalda hasta su nuca y la otra se apretó contra sus nalgas, empujándola hacia él, anclándola por completo a su cuerpo — Porque aunque sé que es un error... — Esta vez habló sobre su boca, mordiendo su labio superior y jugueteando en él con su lengua — Quiero equivocarme, Granger.
Y los músculos de Hermione se fueron relajando sobre la serpiente, Dios sabrá porque aquello le pareció a la castaña una declaración, si bien no de sentimientos si de sensaciones, Draco Malfoy estaba reconociendo ante una sangre sucia que la deseaba.
Quiso luchar, quiso gritarle que la soltara, echarle en cara todos aquellos años de insultos y peleas, y lo haría, se dijo con un último atisbo de coherencia, pero no ahora.
Deslizó sus manos por el torso de él, aferrándose a la ropa y escalando por su abdomen hasta que le rodeó con sus brazos.
— Yo también quiero equivocarme — susurró poniéndose de puntillas para alcanzar sus labios.
A la mierda todo. Cuando sus bocas se unieron no fue un beso suave, ni casto, ni mucho menos tentativo. No era la primera vez que se degustaban y sus labios se acoplaron a la perfección. Hermione aferraba el cuello de Draco, enredando sus dedos en aquellos cabellos suaves y lacios, obligándole a profundizar el beso con cada envite de su exigente lengua. Por su parte el Slytherin apoyaba la palma de su mano en la nuca de la castaña, afianzando la sujeción para que ni un milímetro separara sus ávidas bocas, amasaba su nalga impúdicamente, obligándola a frotarse contra su más que evidente erección y arrancando gemidos de su garganta, sonidos que eran música para Draco y alimentaban su anhelo hasta hacerle temblar.
La necesitaba. Malditas destino, maldita suerte o maldito karma que le había llevado a ese momento. La ansiaba,con una desesperación que rallaba en la locura más enfermiza.
Para su triste consuelo, ella no parecía más cuerda que él, levantó la pierna para rodearle la cadera cuando Malfoy agarró por completo su nalga derecha y se trepó a él en el momento que el rubio la alzó para que se enredara a su cuerpo, enlazando sus tobillos a su espalda. Gimieron cuando sus sexos se sintieron más plenamente. Hermione se sentía arder, la dureza de él encajaba tan perfectamente en su suavidad que quiso arrancar las ropas que les entorpecían para culminar.
Se besaban con furia, dejando que sus cuerpos hablaran lo que jamás podrían decir, se devoraban con un abandono enajenado que les alejaba de la realidad haciendo que se perdieran en aquellas brumosas sensaciones.
— Draco...
Ella susurró y él gruñó. Jamás había pensado que su nombre pudiera sonar tan jodidadamente erótico.
— ¡SOCOOOOOORROOOOOOO! ¡MATALA! ¡MATALA!
Fue como si un balde de agua fría les cayera encima y congelara la sangre que segundos antes hervía en sus venas.
— ¿Ronald? — preguntó ella parpadeando sin dejar de temblar. Bajó del cuerpo del rubio y dio unos tentativos pasos hacia donde sonaban los gritos.
— Comadreja voy a matarte lenta y dolorosamente — murmuró Draco.
— Tengo que... — le miró completamente sonrojada y se giró para ir en ayuda de su amigo, pese a las ganas de matarle que le estaban entrando.
— Espera — Malfoy sujetó su muñeca y la atrajo hacía sí. Besó los labios de una sorprendida Hermione que no esperaba aquello y sacó un bocadillo de su túnica — Cena algo Granger — pese a la indiferencia de sus palabras su voz era ligeramente ronca — No pesas nada.
Y se giró yéndose en dirección contraria a Weasley. Escuchó los pasos de la castaña alejándose con rapidez y cuando estuvo lo suficientemente lejos golpeó una puerta con fuerza, después le dio una patada y dejó salir toda su enfado en una monumental rabieta asesina. Le estaban tocando los huevos entre todos. Por Dios ¿Qué tan dificil podía ser conseguir un poco de intimidad en aquel puto colegio? ¡Nunca le había costado tanto!
— ¡ARAÑAS ASESINAS!
Hermione corrió los últimos metros hacia donde Luna trataba de desatar las cuerdas que ataban a Ronald.
— ¡Ron!
— Oh gracias gracias — dijo el pelirrojo con una sonrisa — Matalas Hermione. Luna no trajo su varita.
— Ronald Weasley es cruel matar a una pobre arañita — Acotó la rubia levantandose al ver llegar a su amiga. — Hola Hermione.
— ¿Arañita? ¡Tiene el tamaño de una bludger!
— Hola Luna — Apuntó a Ron — Finite Incantatem.
Le liberó de su agarre y él sujetó bien su varita.
— ¡Arania Exumai!
— Eso no estuvo nada bien — Luna miró con decepción al pelirrojo y se marchó despacio por el corredor, cantando suavemente.
— ¿Se puede saber como has acabado así Ron? — Hermione no daba crédito. Te perdí de vista hace ¿Cuánto? ¿Quince minutos? Y has acabado atado en medio del pasillo...
— Malfoy — masticó las palabras con desagrado y enfado — Ese maldito hurón me atacó.
La castaña se cruzó de brazos y miró a su amigo. Le conocía demasiado bien.
— Lo hizo y punto Hermione. ¡Me voy a cenar! — Agregó marchándose furibundo.
La chica recordó de pronto el bocadillo que Draco le había dado al despedirse y sonrió lentamente. ¿Le había llevado la cena? Quería creer que lo había hecho por ella, que se había preocupado por que comiera, pero ¿Era eso posible?
N/A: Algún día tenía que ser tranquilo, ¿No? xD
