Recuerden que lo que está en negrita, pertenece a DH, capítulo 7.

Gracias como siempre a mi beta, mi estimada Eliana. Y un saludo para mi amiguita Adriana (Hefzi), que sé que anda por ahí.


7. El testamento de Albus Dumbledore

-¿Harry, te importaría venir un momento?


Era Ginny. Ron se detuvo bruscamente, pero Hermione le cogió del codo y tiró de él escaleras arriba. Nervioso, Harry siguió a Ginny al interior de su habitación. Nunca antes había estado allí dentro,
lo cual no ayudaba a sus nervios ya de por sí locos que jugaban con su mente y con las visiones de tener a Ginny bajo su cuerpo, en la cama, amándola.

La habitación era pequeña, pero brillante…Ginny levantó la mirada hacia la cara de Harry, tomó un profundo aliento, y dijo.


-Felices diecisiete.

Rápidamente Harry cerró la puerta y colocó un dedo contra los labios de su novia pidiéndole silencio. Por pura casualidad, ayer había escuchado a Fred diciéndole a Bill que la señora Weasley les había puesto un hechizo de no poder acercarse mucho a Fleur. Harry tenía miedo de que aplicara a todas las parejas de la casa.

-Si... gracias. Dijo nerviosamente mientras conjuraba un papel y pluma para hacerle la pregunta a Ginny, era maravilloso poder hacer magia. En un segundo escribió "sabes del hechizo de acercamiento… será seguro poder abrazarte".

Ella le miraba firmemente; con una sonrisa traviesa en sus labios, él sin embargo, encontraba difícil devolverle la mirada, temía cometer alguna locura por estar cerca de ella, ya que era como contemplar una luz brillante.


-Bonita vista -dijo débilmente, señalando hacia la ventana. Ella lo ignoró. No podía culparla.


-No se me ocurrió qué regalarte –
dijo finalmente y Harry le devolvió la mirada, ella apenas movió los labios "está bien". También por casualidad, Tonks le había explicado que si estabas hechizado para no poder acercarte a tu novio, los dedos de las manos de ambos se vuelven verdes y se te entumesen por dos días. Era una ventaja que fueran novios en secreto. Amantes en secreto. Harry le entendió que podían estar a solas, aunque fuera poco tiempo.

-No tenías que regalarme nada. Ella hizo caso omiso de eso también. Con seducción innata, ella entrelazó sus dedos y se llevó la mano de Harry a los labios donde le besó el dorso de la mano izquierda y la leyenda "no debo decir mentiras" pareció no existir para Harry.


-No sabía qué sería útil. Nada demasiado grande, porque si no, no podrías llevarlo contigo.
Se arriesgó a mirarla.
Y Ginny sonrió al verlo completamente nervioso, y excitado al mismo tiempo. Ella no estaba llorando; a pesar que esto se sentía como una terrible despedida, ella se mantuvo firme, esa era una de las cosas más maravillosas de Ginny, raramente lloraba… Dio un paso hacia él.


-Así que después pensé, que me gustaría que tuvieras algo para recordarme, ya sabes, por si conoces a alguna veela cuando estés por ahí haciendo lo que sea que vayas a hacer.

Ese era el punto entonces, comprendió Harry, al parecer su hermosa, graciosa, inteligente, maravillosa y sensual novia estaba celosa de Gabrielle. Casi rió por la situación… ¡como si el tuviera ojos para alguien que no fuera Gin!. La tranquilizó con la única frase que podía articular en ese momento:


-No creo que las oportunidades de ligar vayan a estar a la orden del día, para serte sincero.

Entonces Ginny lo entendió claramente: el problema esta vez no era el fans club, las chicas locas de "amor" por Harry, las pociones de amor y hechizos. El problema no era que Harry se fijara en alguien más, porque ellos se amaban, esas preocupaciones eran parte del pasado. El problema que se avecinaba era más grande y terrorífico que cualquiera que ella hubiera imaginado: sobrevivir a esa separación, sobrevivir a la guerra y vivir como ambos se lo merecían.


-Ahí es adonde quería llegar -susurró ella, y entonces le besó como nunca le había besado antes,
con desesperación y tristeza, con ganas de plasmar en él su propia alma para que donde fuera que estuviera, no dejara de pensar en ella. Harry le estaba devolviendo el beso, y ese extasiado olvido fue mejor que el whisky de fuego; ella era la única cosa real en el mundo. No podía permitirse perderse en ella. Sería terrible volver a hacerle el amor como lo habían hecho en el colegio. Tal vez, porque sabía que si lo hacían, no se iría nunca.

Pero era muy tarde. Sus besos se volvieron incluso más desesperados, sus abrazos más fuertes y sus corazones solo anhelaban una cama. Su juicio estaba nublado. Ginny y él harían el amor nuevamente. Sus lentes se perdieron el alguna parte del pequeño trayecto hacia la cama de su novia, sus ropas estaban empezando a estar de más, el ambiente había cambiado y él no era capaz de pensar en otra cosa que no fuera ella. Ginny, su sensación, la mano que tenía en su espalda y la otra en su largo y oloroso cabello...

En un segundo el santuario que ambos habían creado, desapareció. Ron entró en la habitación y sin poder despedirse de él, Ginny cerró la puerta. Su hermano se las pagaría.

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-Estaba realmente echa polvo cuando terminaron... -el día del regreso a Londres, cuando estaban en el tren, Ron fue quien encontró a su hermana llorando por Harry. Solo en ese instante deseó no tener a Harry como mejor amigo. Luego, en el verano, Ginny había pasado noches enteras despierta. Triste la mayor parte del día y de un pronto a otro incluso casi asesina a Mundungus Fletcher. Para la familia Weasley, ellos habían roto de la peor manera y Ron estaba dividido entre su hermana y su mejor amigo.


-También yo. Sabes por qué terminé con ella, y no fue porque yo quisiera.
¡Es para protegerla!, ¡siempre es para protegerla…!-


-Si, pero ahora vas y la besas y va a hacerse ilusiones otra vez...-

-No es idiota, sabe que no puede ser, no espera que acabemos... que acabemos casándonos, o... Al decirlo, en la mente de Harry tomó forma una vívida imagen de Ginny, con un vestido blanco, casándose con un desconocido alto, desagradable y sin cara. Fue cuando sus planes imprecisos tomaron un nuevo rumbo. Un rumbo aún más secreto.

En un vertiginoso momento pareció golpearle al darse cuenta que tenía que hacer algo para tenerla junto a él. El futuro de ella era libre, sin trampas y él quería un futuro así, aunque fuera un día más. Ron lo odiaría, para calmarlo prometió no acercarse más a ella, pero era la única promesa que rompería sin dudarlo en su vida. Solo esperaba el momento apropiado para hacer lo que anhelaba hacer.

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