¡Hello everybody! Franchiulla, conozco la sensación, me pasó a mí una vez, y en parte lamento que tengo que pasar por eso... mientras que en parte me halaga que un fic mío te haga sentir de esa manera, porque eso significa que lo consideras muy bueno... *Se quita la lagrimita* Me he emocionado y todo. Sweet... lo recalcaré otra vez... ¡El dinero se lo da Lily! Igualmente me alegro de que me tengas esa relación de amor odio... creo. Bueno, Lyzz... aquí lo tienes, calentito y sin florituras, disfruta del capítulo. Dan... normalmente no suelo usar estas palabras... pero tú eres un poco cabrón. ¿Lo sabías? ¿Me pides que escriba un capítulo dentro del 2014 a las cinco de la mañana del día de nochevieja? Pues bien... Desafío... SUPERADO *Le guiña un ojo* Tamy... lo bueno del feedback es que podemos tener ideas entre todos. Anoto todo lo que pueda sacar de vuestros reviews. Y ahora venga chicos... ¡A disfrutar del último capítulo de 2014! ¡Feliz año nuevo a todos!
Regina
Algo acababa de quebrarse dentro de mí. La furia, que ya era ciega antes, ahora quedaba como algo que podía compararse con una rabieta infantil comparada con lo que estaba sintiendo. Me sentía igual que en el momento en el que Blancanieves me había contado que había sido totalmente incapaz de contener su bocaza para decirle a mi madre que yo amaba a Daniel. Entré en la habitación, dando una patada a la puerta, que rebotó sobre sus goznes y se hizo trizas. De verdad, parecía que se habían esforzado en destrozar la casa mientras estaba fuera.
Lily se estremeció, y pude ver auténtico pánico en sus ojos. Emma parecía casi indiferente, pero su mirada me heló la sangre en las venas. Mi niñita había muerto. Me bastó que nuestras miradas se cruzaran para entender que esa adolescente que estaba ahí ya no me quería. Y es que Lily había cometido un gran error. Me había separado de aquello que amaba. Y eso sólo podía acabar de una manera.
_ ¿Qué diablos ha ocurrido aquí en mi ausencia?_ Pregunté, con un brillo maléfico en los ojos._ ¿Cómo os habéis atrevido a hacer esto?
Lily estaba blanca de terror, temblaba y parecía que le costaba respirar. Le faltó tiempo para esconderse detrás de Emma. Fue entonces cuando me percaté de que ambas estaban en ropa interior, y no una precisamente discreta. Si bien Lily parecía estar mirando a la muerte a la cara, Emma simplemente bufó y dio una calada al porro que se estaba fumando, como si mi pregunta no fuese con ella, antes de alzar el rostro y mirarme.
_ Pues mira, Lily y yo pensábamos follar toda la noche, así que por mí puedes darte la vuelta y quedarte en el hospital otro mes._ Dijo, mirándome con los ojos enrojecidos._ Esta es mi casa también, así que hago en ella lo que quiero. Si tú te follas a tu secretaria yo me follo a mi novia, por la que al menos siento algo, no como tú, que eres una zorra sin corazón.
Aquello me dolió tanto que no sabría empezar a explicar la reacción que me provocaba. Y me dolía porque en parte era cierto. Siempre duele que te digan la verdad a la cara, sobre todo con esos tintes tan amargos.
_ ¿Qué te ha pasado, Emma?_ Pregunté, furibunda como un animal herido._ ¿Me voy un mes y te dejas ir de esta manera? ¿Es que acaso tengo que estarte guiando en cada paso del camino?
_ ¿Con tu espejo mágico y tu marioneta?_ Preguntó._ Sí, lo sé. Lily me ha enseñado tu sótano. Lo he visto todo, y me das asco. Ya me asqueaba que fuese una simple distracción para ti cuando llegabas del trabajo. Pero las cosas que hay aquí son repugnantes a un nuevo nivel.
Emma abrió la mesilla y lanzó mi diario a mis pies. Mi diario sobre los progresos que había hecho para con Emma en mis intenciones por convertirla en una guerrera para mi causa. Cada pequeño apunte, preciso y sin emociones, que había expresado. Desde luego era un pésimo retrato de mí, pero no tenía ninguna otra cosa para corroborar que en realidad la quería.
_ Como decía, Lily y yo vamos a follar, estés tú presente o no, así que si vas a quedarte al menos ten la decencia de colocar la puerta en su sitio, zorra manipuladora._ Dijo, desafiándome con la mirada.
Yo no me quedé quieta. No podía asumirlo sin más. No iba a aceptarlo. No esta vez. Ya había perdido a Daniel, y a mi padre. No iba a perder también a Emma. Me acerqué a la cama con velocidad felina y tomé a Lily por el pelo, arrastrándola fuera de la cama. Ella gritó y pataleó, suplicándole ayuda a Emma.
_ Ni te molestes._ Dije, en un susurro que sólo ella podía oír, soltándola en el suelo._ Ahora mismo no voy a hacerte nada, no tiene caso. Pero cuando descubra qué le has hecho a Emma, y lo deshaga, me aseguraré de que el trozo más grande de ti que encuentre me quepa en la palma de la mano.
Lily esta vez sí que comenzó a llorar como una posesa. Pero no hice nada más por el momento. La dejé allí tirada, pataleando, y me volví hacia Emma, que me miraba con más odio si cabía. Nunca, en toda mi vida, había visto a una persona que me mirase con tanto desprecio.
_ No sé qué te ha pasado, Emma. Pero voy a descubrirlo, y voy a deshacerlo. Cueste lo que cueste.
_ Te deseo suerte. Porque no me han hecho nada. Simplemente he descubierto la clase de puta que eres, y eso no puedes deshacerlo con tu magia negra._ Dijo, terminándose su cigarrillo y lanzando la colilla al suelo._ Ojalá te pudras en el infierno. ¡Te odio, Regina!
_ Me decepciona mucho que me digas eso, Emma. Sé que en el fondo no lo piensas de verdad, o al menos eso quiero creer._ Dije, en un susurro, recordando ese día en que le había dicho en ese día, que ahora se me hacía tan lejano, en que le había dicho que celebraría su cumpleaños en un lugar que se le había quedado pequeño.
_ Me importa un coño lo que digas._ Dijo, dándome la espalda. Esta vez sí que pude ver bien el tatuaje que llevaba. Una mariposa en la que podía leerse el nombre de Lily. Esa maldita ramera había escrito su nombre en Emma como si fuese un trozo de carne de su propiedad.
_ Nos veremos pronto, Emma._ Dije, abandonando la habitación.
Lily
Creía que me resultaría difícil encontrar a alguien que me diese más miedo que Anzu o Ingrid, pero cuando Regina entró dando aquel portazo... Juraría que prefería tener que estar encerrada a solas en un callejón oscuro con las dos antes que seguir en aquella habitación. Anzu era bondadosa en el fondo, y aunque Ingrid era perversa, estaba segura de que Regina era capaz de hacer cosas muchísimo más horribles que las que se le hubiesen ocurrido a la heladera.
Cuando salió de la habitación aún me costaba respirar, y me dolía la cabeza del tirón que me había dado cuando había salido. Joder, nunca había estado tan aterrorizada en toda mi vida. Me miré la piel y me di cuenta de que estaba blanca. Noté la mano de Emma en mi hombro y grité de pánico, aún no había vuelto a la realidad. Y la rubia se rió.
_ No te habrá asustado la bruja mala, ¿Verdad?_ Preguntó, poniendo morritos._ Anda... ven a la cama...
Claro, con el colgante en el cuello Emma también le había perdido todo el miedo que antes le tenía. ¡Así cualquiera podía hacerle frente! Todo lo relacionado con Regina le daba igual. Si le hubiese colocado una pistola en la cabeza ella simplemente se habría quedado como "Meh, dispárame". Subí a la cama y llevé la mano a la manta con intención de cubrirme.
_ ¿Qué haces? ¿Acaso se te había olvidado lo que me habías prometido?_ Preguntó, llevando sus labios a mi cuello. La verdad es que estaba empezando a recuperar el calor corporal.
_ Pero... Regina me ha cortado el rollo._ Confesé.
_ Tranquila... que yo te lo devuelvo._ Dijo en un susurro. Noté como apartaba a un lado mis bragas y lancé un pequeño gemido cuando la noté empezar a jugar conmigo._ Te deseo Lily... siempre te deseo... y esta noche vas a satisfacerme.
_ Pero... La puerta está rota... Regina podría vernos.
_ Que nos vea... Que la muy guarra nos mire... eso me pone._ Dijo, Emma en un susurro que me hizo estremecer.
Durante el último mes todo había sido muy confuso. Regina había sido hasta entonces un modelo para Emma, pero ahora, gracias al colgante, lo era yo. Y Emma había cambiado radicalmente. Al principio me sentía culpable, pero luego, cuando empezamos a acostarnos, toda mi culpabilidad se esfumó, porque Emma era la amante más increíble que había conocido... que aprendió desde el primer minuto como satisfacerme.
_ Sí... quiero satisfacerte._ Dije, llevando la mano a uno de sus pechos. Emma se deshizo del sujetador con facilidad y yo la miré. Me había olvidado totalmente de Regina.
Emma reptó por la cama y se aceró, pasando la mano que le quedaba libre por mi pecho. Dio un pequeño tirón y me arrancó el sostén, yo lancé un gemido ahogado. Ella comenzó a usar la mano que le quedaba libre para acariciarme, sin prisas, de hecho, con mucha calma. Notaba como el ansia se apoderaba de mí, pues sus dedos se tomaban muchas libertadas. Y ella se acercó y me dijo una sola y traviesa palabra.
_ Fóllame...
Yo no me lo pensé demasiado. Me arrojé sobre ella como un animal salvaje y comencé a besarla, poseída con un furor que sólo ella sabía cómo provocar en mí.
Regina
Había pasado por el sótano, y había conseguido recuperar algunas de mis cosas. Pero ahora estaba en mi despacho, con el corazón roto y un montón de objetos mágicos con los que no sabía qué hacer. Toda mi inventiva estaba ida a tomar viento porque no dejaba de pensar en la escena que acababa de vivir. Estaba herida, frustrada y ante todo indignada. Sabía que Emma no estaba en sus cabales. Estaba hechizada. Y no era un desvarío, estaba segura de ello. Pero no estaba lo bastante en forma a nivel emocional como para poder trazar un plan.
Llevaba un mes encerrada, temiéndome lo peor, pero mi imaginación no había llegado para tanto. Cogí lo primero que había sobre la mesa, la lámpara, y la lancé contra la pared, provocando un sonido desagradable que sin embargo me pareció liberador. Quizá tenía que hacer eso. Liberar tensiones. Mis manos estaban rodeando unos impresos que pensaba partir en pedazos cuando la puerta se abrió.
_ Me... me dijeron... que usted... estaba aquí.
Sylvia temblaba casi tanto como Lily lo había hecho en la casa. Yo me quedé quieta un momento. Aquella mujer llevaba un mes mintiéndome, y debería estar enfadada, pero no lo estaba. A fin de cuentas, Sylvia ahora mismo era la única que parecía preocuparse por mí.
_ Sí así es... he pasado por casa y cuando he visto lo que allí había, he venido aquí._ Dije, sincera.
_ Supongo que debería recoger mis cosas._ Dijo, mirando al suelo.
_ ¿Cómo?_ Pregunté sin entender.
_ Bueno... le he estado mintiendo... Así que supongo que me va a despedir_ Dijo, temblorosa._ Pero quiero que sepa que no me arrepiento de nada. Lo he hecho por su salud.
Yo me puse en pie y los temblores de Sylvia no hicieron más que aumentar. Me acerqué con calma y la empujé contra la pared. Ella estaba aún más asustada. Me acerqué y la besé. Ella se relajó al sentir mis labios sobre los suyos. Ya no tenía nada más por lo que preocuparme en el mundo, lo más parecido era Sylvia. Y sí... siendo sincera... necesitaba liberar tensiones, y acababa de ocurrírseme una manera muchísimo mejor que destrozar mi despacho.
Cuando separé mis labios de los de Sylvia ella me miró a los ojos, suplicándome que siguiese. Llevé las manos a su vestido, que era de mi última colección... era carísimo. Pero poco o nada me importó eso cuanto tiré de la zona del escote con ambas manos y lo partí en dos. Sylvia se lanzó sobre mi y nos besamos. Yo aún llevaba la ropa que ella me había llevado al hospital, que comenzamos a desabrochar apresuradamente entre las dos. Finalmente despejé escritorio haciendo un barrido con la mano y lancé a Sylvia sobre ella.
Ella gimió cuando destrocé su ropa interior. Lo confieso, me daba muchísimo morbo el hecho de saber que detrás de aquella puerta que acababa de cerrar con pestillo había gente trabajando, centenares de personas que trabajaban para mí, y que no podían oírnos porque el despacho estaba insonorizado.
Me lancé sobre Sylvia y no me anduve con preámbulos. Ella comenzó a gritar, pero yo la besé para ahogarlo. Sabíamos que no podían oírnos, pero la situación tenía mucho más morbo si simplemente fingíamos que el despacho no estaba cerrado con llave y que cualquiera podía entrar en cualquier momento. Pero era una suerte que no fuese así, porque Sylvia era bastante gritona.
_ ¡Regina! ¡Oh Dios Regina! ¿Dónde has aprendido a hacer eso?_ Preguntó cuando mis labios descendieron por su cuello de una forma muy particular de camino a su pecho.
_ Una vez en un sueño..._ dije, con una sonrisa traviesa.
