Harry: Hermione me contó que por el momento no tienes compromiso, ¿aceptas entonces? (murmuró él contra sus labios) Aún recuerdo lo buena que eras en la cama..
Después, Ginny se preguntaría una y otra vez por qué había aceptado. ¿Había sido por la apuesta de su cuñada? ¿O se debió a la furia que la envolvió cuando Harry le recordó su pasada relación íntima?
Harry era, sin duda, el hombre más arrogante e insensible que jamás había tenido la desgracia de conocer, pensó Ginny con furia. Apretó los dientes y contó hasta diez. ¿Cómo se atrevía a recordarla la pasión que habían compartido? ¿Y a suponer que podían reanudar la relación en donde la habían dejado antes, sólo porque él pasaría algunas semanas en la ciudad y ella ya no era una amenaza como periodista...? ¿A cuántas mujeres había usado, a lo largo de los años, de esa forma tan insensible? A cientos, si las historias que publicaban las revistas sobre él eran ciertas.
Pensó en la pobre Laura, a quien había tratado de consolar esa misma tarde. Le había recordado a ella misma cuando tenía su edad, y podría apostar a que el ex-amante de Laura era una réplica perfecta de Harry, sin su increíble riqueza, por supuesto. Apostar.
La apuesta... Ginny dejó ver una sonrisa encantadora, y con la cabeza ladeada, miró al hombre que estaba frente a ella.
Ginny: Quieres invitarme a cenar? (preguntó con timidez, y casi rió al ver el destello de triunfo en los ojos verdes de Harry)
Harry: A eso y más, preciosa(sus labios rozaron el cuello de Ginny, que apretó los puños para soportar ese contacto) Elige la hora y el lugar y te llamaré.
Ginny: Tengo libre la noche del sábado (no quería parecer demasiado ansiosa, y una espera de tres días le haría bien a Harry)
Ginny jamás había creído ser una persona vengativa, pero la reaparición de Harry había despertado muchos recuerdos amargos, y eso, unido a la apuesta con Hermione, hizo que no pudiera resistir la tentación de herir el abrumador orgullo de ese hombre.
Se juró que saldría durante un mes con ese canalla, ganaría la apuesta y Harry aprendería una lección que jamás olvidaría...
Hermione: Se están divirtiendo?(apareció detrás de él)Espero que Ginny te esté atendiendo bien.
Harry: Es la mejor fiesta a la que he asistido, Hermione (le aseguró con amabilidad) Ron es un hombre muy afortunado, y sí, Ginny me ha atendido muy bien. De hecho, ha aceptado cenar conmigo el sábado por la noche (se volvió hacia ella con una mirada de satisfacción) No podría sentirme más feliz
Ginny se estremeció, inquieta: el reto en la mirada de Harry era inconfundible.
Ginny: Sí...(inconscientemente, se apartó de Harry y se acercó a su cuñada) La fiesta es muy agradable, pero si no te importa, iré a despedirme de todos.
Harry: Pero todavía es temprano, podrías...
Ginny: No, tengo que irme.
Ya no podía seguir fingiendo; de pronto, se sentía disgustada consigo misma y más con Harry. Le dolía la cabeza por la tensión y lo único que quería era irse a casa y olvidar lo sucedido esa noche. En cuanto a la cita para cenar, había sido una idea estúpida buscar una venganza... en especial con un hombre como él.
Ginny: A diferencia tuya, Hermione, yo trabajo, y mañana me espera un día muy ocupado, así que voy a pedir un taxi...
Harry: No es necesario; yo te llevo a tu casa
Hermione: Es una idea fantástica!(exclamó)No me gustaría pensar que mi mejor amiga y cuñada anda sola por las calles por la noche.
Ginny sintió deseos de matar a Hermione.
Ginny: No, Harry debe quedarse. Puedo ir sola.
Diez minutos después, sentada en el asiento delantero de un Jaguar negro, con Harry al volante.
Harry: Por qué tengo la impresión de que no querías que te llevara a tu casa? (la miró, antes de volver a concentrar su atención en el tráfico) Es extraño, dado que aceptaste ir a cenar conmigo.
Ginny frunció el ceño, observó su perfil y luego desvió la mirada. ¿Sospecharía que no había sido sincera al aceptar su invitación? «Qué importa eso», pensó. Ya no tenía intención de salir con él; era un plan absurdo, decidido en el calor del momento. No... esperaría hasta que llegaran a su casa y le diría adiós... No era tan tonta. Harry era un hombre terriblemente atractivo, rico y poderoso; pero ella sabía, por experiencia, lo implacable que podía ser.
Harry: No me respondes, ? Recuerdo que siempre fuiste tan callada. Era una de las cosas que me agradaban de ti... eso y tu hermoso cuerpo...(terminó con voz ronca)
«Imbecil, yo nunca te gusté», se dijo ella con dolorosa frialdad, y, el pensamiento le hizo revivir la antigua amargura.
Él había usado su hermoso cuerpo y ahora creía que haría lo mismo. Con la misma rapidez con que había rechazado la idea de vengarse, su orgullo herido la hizo cambiar de decisión. ¡Le demostraría que era una mujer madura y que podía ser una rival digna de él! Ya estaban en su calle y en unos segundos llegarían a su casa. Se armó de valor y le pidió:
Ginny: Detente aquí.
El coche se detuvo y, deliberadamente, Ginny apoyó una mano sobre el muslo de Harry cuando se disponía a bajar. Sintió que los músculos se tensaban bajo la delgada tela del pantalón, y cuando lo miró a la cara notó un destello de desconcierto en los ojos verdes de él.
Ginny: Te equivocas, No tenía ninguna objeción a que me trajeras, pero no quería que abandonaras la fiesta (le explicó, sorprendida por su habilidad para actuar) Prométeme que regresarás ahora mismo y te veré el sábado a las siete y media (no tenía intención de invitarlo a tomar un café, porque aún no se sentía lo bastante confiada; despacio, apartó la mano de su muslo y con la otra intentó abrir la puerta) Vivo aquí, en el número veintisiete... no es necesario que...
Harry: Te acompañaré a la puerta (la interrumpió) Y sí regresaré a la casa de Ron. Aún debemos hablar de negocios.
Declaró, sonriendo, y antes de que ella pudiera bajar, rodeó el coche y le abrió la puerta. Subió a su lado por los escalones que llevaban a la puerta de la casa que Ginny había heredado de su padre. Ginny buscó en su bolso y sacó la llave, levantó la cabeza y le dio las gracias a Harry.
Harry:Te veo el Sábado Ginny (la miró a los ojos)Estaré contando las horas.
Antes de que Ginny supiera lo que sucedía, Harry inclinó la cabeza y sus labios rozaron los de ella.
Demasiado sorprendida para resistirse, no hizo ningún comentario cuando él le quitó la llave para abrir la puerta y se la devolvió.
Harry: No voy a entrar ahorita, pero espérame el sábado, Bonita.
Ginny cerró la puerta con una fuerza innecesaria, la risa masculina resonó en sus oídos y por su mente cruzó la imagen de la atractiva sonrisa que le había dirigido al despedirse de ella con un ademán antes de subir al coche.
Por un momento, el tiempo pareció retroceder y Harry parecía ser el sonriente y despreocupado pescador que Ginny conoció en aquella playa. Furiosa consigo misma y con Harry, Ginny cruzó el vestíbulo y abrió la puerta de la sala.
Se quitó los zapatos y la chaqueta y se dirigió a la cocina. Los familiares muebles le hicieron sentirse a gusto. Decidió que necesitaba un café y pensar... Se frotó los ojos con las manos y suspiró. ¿En qué se había metido? Cinco minutos después, con la taza de café en la mano, Ginny regresó a la sala y se dejó caer en el sofá.
Bebió despacio y luego dejó la taza vacía sobre la mesita, frente a ella. Apoyó la cabeza contra el respaldo y cerró los ojos. Harry había regresado a su vida! Jamás, ni en sus peores pesadillas, había esperado volver a verlo.
Recorrió con la mirada la habitación. Los tonos suaves en las cortinas también se veían en la tapicería del sofá y los dos sillones. La mesita de caoba relucía con un suave tono canela que sólo podía ser resultado de un trato amoroso.
Había pertenecido a la familia de su madre durante varias generaciones. Pensó en su madre, que había muerto en un accidente de automóvil, no mucho después del divorcio, y por primera vez en una década deseó tenerla a su lado para confiar en ella.
Sonrió con ironía; no había confiado en ella a los dieciocho años y ahora ya era un poco tarde para lamentarlo. ¡Oh, Dios, el recuerdo le dolía! Al ver a Harry esa noche lo había recordado todo... los traumáticos acontecimientos cuando tenía dieciocho años.
El dolor, la decepción y la soledad... Cuando era adolescente, Ginny consideraba que su vida era normal y feliz. Sus padres la adoraban y vivían en una agradable casa, no lejos de Londres. Su madre escribía libros infantiles y su padre era periodista. Cuando Ginny tenía trece años, su padre aceptó el puesto de editor en un periódico norteamericano.
A Ginny no le parecía extraño que su padre trabajara en Estados Unidos y viajara a casa varias veces al año; los padres de muchas de sus amigas trabajaban en Oriente Medio. En dos ocasiones, su madre y ella habían pasado una temporada en California, en el apartamento que su padre tenía alquilado en Los Ángeles; pero cuando Ginny terminó el colegio, sus padres decidieron que debía tomarse un año antes de ingresar en la universidad, en donde pensaba estudiar política, economía y filosofía.
Ginny viajó con dos amigas por toda Europa hasta Grecia, y en el mes de julio, alquilaron un apartamento en la isla de Cancún. En ese mes, la vida de Ginny cambió por completo; al fin había madurado.
Suspiró, se llevó una mano a la mejilla y sintió la humedad de las lágrimas. Se puso en pie de un salto, subió por la escalera y se dirigió al baño. Hacía años que no lloraba y no iba a empezar ahora. Se quitó la ropa y se metió en la ducha. Pero no le sirvió de nada. Ya seca y con un pijama de seda azul, entró en su dormitorio y se metió en la cama, abrumada por el peso de los recuerdos.
Suspiró, se llevó una mano a la mejilla y sintió la humedad de las lágrimas. Se puso en pie de un salto, subió por la escalera y se dirigió al baño. Hacía años que no lloraba y no iba a empezar ahora. Se quitó la ropa y se metió en la ducha. Pero no le sirvió de nada. Ya seca y con un pijama de seda azul, entró en su dormitorio y se metió en la cama, abrumada por el peso de los recuerdos.
Dio vueltas en la cama durante casi media hora, pensando en los casos más difíciles que había resuelto en su trabajo. Cualquier cosa para olvidar el hecho de que Harry había reaparecido en su vida. Al fin, cuando el reloj de una iglesia cercana marcó las dos, Ginny desistió y dejó que su mente volviera a la isla de Cancún y al día en que conoció a Harry.
Se consoló pensando que tal vez, después de tantos años, sería una experiencia positiva. Olvidaría de una vez por todas los recuerdos desagradables y miraría hacia el futuro sin que ningún recuerdo del pasado afectara a su vida. Por primera vez reconoció que su aventura con él había condicionado la opinión que tenía sobre los hombres.
(Tiempo atrás)
Ginny estaba sentada sobre una piedra al borde de una playa, con la mirada fija en el extraño artefacto que había cerca de la orilla. Era una jaula grande de alambre, con cubierta de madera, sumergida en las aguas poco profundas y sujeta a la playa por unas cuerdas. Pero lo que atraía su atención era el contenido: una docena de langostas. «El botín del día de un pescador», pensó, y se sintió atrapada entre su deseo de comer langosta y su idealismo de adolescente, que le decía que todo ser viviente debía ser libre.
Sonrió al pensar en lo que sucedería si liberaba a esas infelices langostas. Tal vez acabaría en una cárcel. Frunció el ceño. ¿Le importaría a alguien si así fuera? Durante los dos últimas días sentía lástima de sí misma.
Hacía una semana había llegado al apartamento en Cancun, con sus amigas, decidida a pasar un mes de descanso, pero las cosas no habían resultado así. Era cierto, dos eran compañía y tres una multitud, reconoció. Sus amigas habían conocido a dos jóvenes turistas alemanes y habían decidido acompañarlos en unas vacaciones de tres semanas, a pie y acampando por toda la isla.
No era su idea de unas vacaciones; pero tampoco lo era quedarse sola en un apartamento de tres dormitorios durante el resto del mes. Estiró las piernas y sumergió los pies en el agua, sin darse cuenta de lo atractiva que estaba.
Su rostro juvenil resplandecía de salud y vitalidad, la larga y roja melena caía sobre sus hombros en una masa de rizos brillantes y el pequeño bikini de color rojo revelaba su curvilínea figura. Playa era tal vez el lugar más bello de Cancun, donde estaban anclados los transbordadores y las lanchas con fondo de cristal que hacían excursiones. También había algunas barcas de pescadores. Ginny había elegido ese lugar porque la comida era ahí más barata que en la playa principal. Acababa de terminar de comer una pizza acompañada de una copa de vino, y se preguntaba cómo pasaría el resto del día, cuando vio la prisión de las langostas.
Harry:Con tu piel, deberías tener cuidado... a menos que quieras acabar con una de mis langostas
Una voz con un ligero acento interrumpió los pensamientos de Ginny, que se irguió y volvió la cabeza hacia el hombre que había hablado. La chica se quedó sorprendida. El hombre que estaba de pie a su izquierda, medía más de un metro setenta y era impresionante. Los anchos hombros sostenían un cuello fuerte y una cabeza orgullosa.
El pelo negro caía sobre su frente con una cicatriz en forma de rayo, y los ojos más verdes y oscuros y brillantes que Ginny había visto nunca. Su nariz era recta y clásica y su boca generosa estaba curvada en una sonrisa.
Ginny: Tus langostas (murmuró, y se sonrojó ante la sensual mirada de aquel hombre. ¡Gracias a Dios que no las había soltado! Por lo visto era el pescador, y al instante le horrorizó la idea de molestar a ese hombre encantador)
Harry: Sí, y tal vez pueda persuadirte de que compartas una conmigo, esta noche(se sentó a su lado)¿O ya tienes alguna cita?
Ginny: No(se apresuró a responder. Ginny le habló de la deserción de sus amigas, revelando sin querer que se sentía sola desde hacía dos días)
Harry: Ésas no son amigas.
Ginny: No las culpo (No quería que ese joven encantador pensara que era egoísta) Ellas...
Iba a decir, «se enamoraron», pero de alguna manera pensó que eso era infantil y no del todo cierto. Durante las últimas semanas había llegado a comprender que sus amigas tenían más experiencia que ella.
Habían salido con varios hombres durante el viaje, a veces no regresaban en toda la noche y Ginny empezaba a pensar que, en comparación, ella era una niña ingenua.
Harry: Tendrán mi eterna gratitud, pequeña, si me dices tu nombre y me permites que te atienda durante el resto de tus vacaciones.
Ginny: Ginny (respondió, cohibida, y alzó la cabeza para mirarlo)
Harry: Ginny (un nombre encantador para una joven encantadora,apoyó una mano sobre la de ella y añadió)Yo soy Harry...
Le alzó la mano para estrecharla y, sin el apoyo, Ginny casi cayó encima de él. El roce de su brazo contra el pecho de ese hombre la estremeció. Se ruborizó por la sensación provocada por el contacto, pero recordó sus modales y con una sonrisa tímida murmuró...
Ginny: Mucho gusto.
Harry: Eres muy formal. Eso me agrada (hubo un destello de risa en sus ojos cuando estudió el rostro sonrojado de Ginny. Su mirada descendió a las suaves curvas de los senos expuestos por la diminuta prenda superior del bikini y volvió a contemplar su rostro) Y te sienta bien el rubor(añadió, burlón. Se puso de pie de un salto y la ayudó a hacer lo mismo) Encantado de conocerte, Ginny, y si me lo permites, te enseñaré la isla. Seré tu guía personal, ¿quieres?
Ginny: Sí (respondió ella, hechizada por el brillo en los ojos oscuros y la cálida sonrisa que iluminaba aquel atractivo rostro) Pero, ¿y tu trabajo?
Harry: Qué sabes de mi trabajo? (preguntó él. Ginny lo miró a los ojos, ahora serios, sorprendida por su tono repentinamente brusco. El joven risueño de pronto le pareció más viejo, más maduro, y se preguntó qué edad tendría)
Ginny: Bueno... nada (tartamudeó) Creo que el trabajo de un pescador es duro... ¿puedes tomarte algún tiempo libre siempre que quieres? (vio que el rostro de él se relajaba y de nuevo Harry sonreía amistoso)
Harry: Deja que yo me preocupe de eso (de nuevo la cogió de la mano y la guió por la playa, hacia el muelle) Ven te voy a enseñar mi embarcación, y si eres buena, te enseñaré a pescar...
Para Ginny, las dos siguientes semanas fueron como un sueño. La embarcación de Harry fue su primera sorpresa un yate de motor equipado con cocina, una amplia cocina y baño. Además, en la cubierta había todo el equipo necesario para pescar.
Harry le explicó que a veces llevaba a algunas personas a pescar tiburones. Ella pensó que se refería a los turistas; fue tiempo después cuando comprendió su error. Su primera cita a cenar fue a bordo, sentados en la cubierta y disfrutando de la suculenta langosta, una sencilla ensalada y una botella de vino.
El cielo estaba cubierto de estrellas y la luna que se reflejaba en el agua era un fondo perfecto para la romántica cena. Cuando después la llevó a su apartamento, en su jeep, la besó con suavidad en los labios y le prometió llamarla a la mañana siguiente. Ya en su propia cama, Ginny recordó cada momento de la velada. Se había enterado de que él tenía veinte años y que había nacido en Playa. Mucho tiempo después, al evocar todo aquello, comprendió lo astuto que había sido. Eso fue todo lo que Ginny supo de él.
Pasaron largos días navegando, nadando, riendo y bromeando, y compartían casi todas las comidas; era un paraíso para Ginny y día a día aumentaba su fascinación por Harry, hasta que al fin reconoció que por primera vez estaba enamorada.
La visión de Harry, de pie en la popa y dispuesto a lanzarse a las azules aguas del Mar bastaba para hacerle contener el aliento. Era un hombre maravilloso, y no podía creer en su buena suerte, porque él la había elegido entre todas las jóvenes encantadoras que había en Playa.
Ginny: Vamos, bonita, sígueme (le gritó ya desde el agua)
Ginny no necesitó más, y corriendo por un costado de la embarcación salto.
Ginny: Te echo una carrera hasta la playa
Lo retó, y empezó a nadar. Habían anclado en una pequeña caleta que, según Harry, era inaccesible por tierra y completamente privada. De pronto, algo la sujetó de un tobillo y la sumergió.
Dos brazos fuertes rodearon su cuerpo cubierto por el bikini y una boca firme se apoderó de la suya. Ginny se aferró a los anchos hombros de Harry, sin que el agua mitigara el intenso calor que sentía en su interior, cuando el beso se prolongó; lo rodeó con sus largas piernas alrededor de las de él, hasta que al fin salieron a la superficie, aspirando aire jadeantes. Todavía abrazándola, Harry la miró a los ojos.
Harry: Ginny, te deseo tanto...!
Ginny: Y yo a ti (suspiró, y le echó los brazos al cuello. Comprendió que él era todo lo que quería; nada en el mundo le importaba tanto como ese hombre. Por un segundo, su mirada se ensombreció. ¿Sería prudente estar tan obsesionada con una persona? Pero los labios de Harry de nuevo encontraron los de ella y todas sus dudas se desvanecieron)
Harry: Abre la boca
Ginny sintió que su lengua exploraba la húmeda cavidad y ella hizo lo mismo. El corazón le latía agitadamente cuando Harry deslizó una mano alrededor de su cuello, para quitarle la parte superior del bikini. Su pulgar acarició su pecho, y Ginny jadeó cuando lo sintió endurecerse bajo ese contacto.
Echó la cabeza hacia atrás y él la besó a lo largo del cuello, hasta llegar a su pecho, cuando cerró la boca sobre la punta rígida, Ginny dejó escapar un leve gemido. Con sus esbeltas piernas, Ginny sujetó con más fuerza los muslos de él y lo oyó gemir cuando...
Echó la cabeza hacia atrás y él la besó a lo largo del cuello, hasta llegar a su pecho, cuando cerró la boca sobre la punta rígida, Ginny dejó escapar un leve gemido. Con sus esbeltas piernas, Ginny sujetó con más fuerza los muslos de él y lo oyó gemir cuando...
Cuando cerró la boca, Ginny dejó escapar un leve gemido. Con sus esbeltas piernas, Ginny sujetó con más fuerza los muslos de él y lo oyó gemir cuando, reacio, levantó la cabeza. Ginny percibió el acalorado pulso de la excitación de Harry contra la parte más sensible de su ser; sólo la tela de la ropa los separaba de la unión que tanto ansiaban. El suave golpeteo del agua a su alrededor no hacía nada para mitigar el ardiente deseo de ambos.
Harry: Creo que no podré soportar mucho más (jadeó, y empezó a caminar hacia la playa. Se detuvo y deslizó las manos desde la cintura de ella hasta las caderas y con suavidad la dejó en el suelo, curvó las manos sobre su trasero y la estrechó contra sus muslos) Si quieres detenerme, tendrá que ser ahora. Siente lo que me haces(le dijo con voz ronca) Ninguna mujer me había afectado como tú.
Ginny: A mí me sucede lo mismo
El mar le bañaba los pies y estaba desnuda, excepto por la parte inferior del bikini, pero no se sentía avergonzada; todo lo que había sucedido los últimos días, cada contacto, los besos y las caricias, la habían llevado a ese momento. Sus ojos recorrieron con adoración el magnífico torso de Harry, la piel dorada bajo el sol, el vello de su pecho. Lo vio respirar agitadamente y supo que a ella le sucedía lo mismo.
Se estremeció cuando Harry levantó las manos y le cubrió el pecho. Luego, la cogió en brazos y la llevó a la playa. La recostó sobre la arena y ella extendió los brazos en un gesto de abandono.
Harry: Dios, eres tan bella
Murmuró, y se recostó a su lado. Con movimientos hábiles la despojó de la parte inferior del bikini, hasta que quedó completamente desnuda delante de él. El sol deslumbró a Ginny un momento. Ginny jadeó cuando Harry se puso encima de ella, con los codos apoyados a ambos lados. Con una pierna, Harry le separó los muslos y Ginny jadeó sorprendida al darse cuenta de que también estaba desnudo, pero cuando la cabeza se inclinó hacia ella, la boca de Harry encontró los labios de Ginny entreabiertos.
Harry la acarició con las manos y la lengua y mordisqueó cada centímetro de su cuerpo, hasta que el deseo de ella fue insoportable. Ella se aferró a los anchos hombros y su boca encontró la fuerte columna del cuello.
Lo mordió con suavidad y deslizó las manos a lo largo de su espalda. Harry deslizó los dedos sobre los muslos de Ginny encontrando el sensible centro de su feminidad, y gimió por la exquisita tensión, la nueva sensación en su vientre y la anticipación casi dolorosa de algo milagroso.
Ginny: Por favor... por favor...
Harry: No puedo esperar(gimió sobre sus labios) Tomas algo?
Ginny: No, pero...(no le importaba, lo amaba. Él empezó a maldecir furioso, se puso de pie con brusquedad y se sumergió en el mar)
Ginny estaba demasiado desconcertada; se quedó en la playa, donde él la había dejado, temblando de frustración.
Despacio, volvió a la realidad... el sol brillante, su desnudez, el agua que le lamía los pies... ¡Estaba a plena luz del día! Ningún hombre la había tocado antes, y sin embargo, con él había perdido toda modestia y todas sus inhibiciones se habían desvanecido.
Harry casi había llegado a la embarcación; sus fuertes brazos cortaban el agua, casi como si alguien lo persiguiera. Gimió. ¡Qué tonta era! Harry esperaba que ella hubiera tomado alguna precaución. Era un hombre sensible y no quería arriesgarse a dejarla embarazada. Debería estarle agradecida por su control, pero lo único que sentía era una intensa frustración y un secreto deseo de que se hubiera dejado llevar como ella.
Le gustaría tener un hijo de Harry de hecho, le encantaría. Un niño de pelo negro y alborotado y ojos verdes... Sonrió... tal vez algún día. Se puso de pie, recogió la parte inferior de su bikini y se la puso antes de empezar a nadar hacia la embarcación.
Harry: Lo siento, bonita (la miró seriamente cuando ella llegó a la pequeña escalera) Tenía que alejarme, de lo contrario...(le tendió un mano y Ginny la cogió para subir a bordo)
Ginny: De lo contrario, qué?
Harry rezongó, la cargo de nuevo en brazos y bajó a la cabina, para depositarla en la cama. Ella levantó la vista riendo, pero su risa se apagó. El rostro de él era severo, casi colérico; tenía una toalla envuelta alrededor de la cintura.
Ginny: Qué pasa?
Harry: Ahora no pasa nada (replicó él con tono extraño) Ni siquiera nadar doscientos metros ha logrado calmarme (musitó casi para sí, antes de recostarse al lado de ella)
Ginny: Crees que sea adecuado? (logró preguntar ella antes de besarla de nuevo)
Unos segundos después, se reavivó la pasión que se había encendido en la playa y Ginny gritó cuando los labios y las manos de él volvieron a tocarla; pero esta vez no se detendría. Harry apartó la cabeza, le tendió un pequeño paquete y murmuró:
Harry: Pónmelo, Ginny.
Por un momento ella no comprendió lo que le pedía, y cuando lo hizo empezó a temblar. Su mirada curiosa se deslizó entre su cuerpo y la intimidó la evidencia de su virilidad.
Ginny: Yo... (vacilante, deslizó una mano sobre el estómago de Harry. ¿Cómo podía decirle que nunca había visto a un hombre desnudo antes, que nunca había hecho el amor? ¿Cómo podía explicarle eso, si su cuerpo reaccionaba con tal abandono a sus caricias?)
Harry: Eres tímida(gimió)y yo ya no puedo resistir más.
De nuevo sus labios se encontraron y Harry deslizó las manos sobre Ginny y la levantó hacia sí. Ginny se puso tensa durante una fracción de segundo y sintió un último destello de temor al pensar en lo que iba a suceder, pero luego él la poseyó. Ginny se sobresaltó al sentir la punzada de dolor y Harry se inmovilizó.
Harry: Ginny, ¿por qué no lo dijiste? (le preguntó, fijando en ella una mirada rebosante de pasión)
Ginny: Por favor, no te detengas (le suplicó con anhelo, gimiendo sofocada; él hundió la cara contra su cuello y empezó a moverse despacio y con firmeza)Te quiero, Harry(se oyó decir, cuando su esbelto cuerpo se convulsionó en una explosión de éxtasis; oyó el grito de Harry cuando, con un último impulso, su cuerpo se estremeció fuera de control, antes de desplomarse encima de ella).
Durante un momento, el único sonido fue el de la respiración de ambos, mezclada con el suave golpeteo del agua contra la embarcación. Ginny jamás se había sentido tan feliz, tan contenta y tan saciada.' El cuerpo de Harry cubría el suyo como un manto. Era suyo para siempre, pensó deleitada.
Harry: Eras virgen (murmuró él contra su cuello, y, cuando alzó la cabeza, los ojos verdes, aún dilatados por la pasión, observaron el rostro de Ginny) Pero debiste decírmelo, Preciosa. Habría actuado con más suavidad. ¿Estás bien?
Ginny: Bien? No (murmuró, conmovida por el rápido destello de preocupación en los ojos de él) Estoy en la gloria, en el paraíso, enamorada. Nunca pensé que pudiera ser tan maravilloso(confesó, antes de preguntar) Siempre es así?
Harry: Entre tú y yo, tengo la sospecha de que siempre será perfecto.
Ginny: Sólo la sospecha? (se burló, confiada en su recién descubierto amor)
Harry inclinó la cabeza y murmuró sobre los labios de Ginny
Harry: Que Dios me ayude, es una certeza.
Ginny cantaba mientras recorría el pequeño apartamento, asegurándose de que todo estuviera perfecto para la cena íntima para dos que había planeado. Le dirigió una mirada rápida al horno... sí, el asado estaba casi listo. Se irguió y miró por la ventana; había oscurecido, pero incluso por la noche, la vista era espectacular.
El apartamento estaba en un edificio de cuatro pisos, situado en mitad de la colina sobre la bahía. Harry llegaría en cualquier momento, pensó feliz cuando regresó a la sala. Era una habitación sencilla, de paredes encaladas, con una o dos fotografías de la isla que le daban un poco de color.
Había un amplio y cómodo sofá-cama, un par de sillones y una mesita en el centro... los muebles mínimos para equipar un apartamento que se alquilaba a los turistas, pero a ella le encantaba. Los tres últimos días habían sido mágicos; desde aquella tarde en la embarcación, cuando Harry la hizo suya, Ginny vivía en un sueño.
Sonrió al recordar. Harry era todo lo que ella había soñado. Un amante tierno y sensible. Cuando habian llegado al puerto, Ginny, confiaba en su amor, saltó a tierra para seguir las instrucciones de Harry para atar la embarcación, y sin pensarlo comentó:
Ginny: Creo que seré una excelente pescadora.
La respuesta sonriente de Harry afirmando que estaba seguro de que así sería, sólo confirmó su felicidad... Ginny frunció el ceño; la única nube en su horizonte era su madre. Antes ya había llamado a Inglaterra para hablar con ella. Sólo le quedaban cuatro días de vacaciones, y le pareció justo informar a su madre de que tal vez no regresaría a casa, ni ingresaría en la universidad en septiembre... debido a él.
Por desgracia, la reacción de su madre no fue muy entusiasta, porque le comentó a Ginny que su padre estaba en Inglaterra y que sería mejor que volviera a casa y discutiera su futuro con ambos, antes de hacer algo.
Ginny, sin embargo, no tuvo el valor de confesarle que ya estaba comprometida en cuerpo y alma. El ruido de un coche la interrumpió y Ginny corrió a la puerta.
Ginny: Harry
Pronunció su nombre al abrir, y contempló el cuerpo alto y esbelto. Iba vestido con un pantalón de color crema y una camiseta del mismo tono. Estaba apoyado elegantemente contra el marco de la puerta, en una mano llevaba una botella de champán y en la otra un ramo de preciosas rosas amarillas.
Harry: Toma, son para ti (sonrió, luego inclinó la cabeza y la besó en los labios. Ginny contuvo el aliento.
Estaba muy atractivo, y de alguna manera diferente de quien se había enamorado: más maduro y sofisticado. Si no lo conociera lo habría tomado por un despreocupado hombre de mundo. Movió la cabeza y su pelo negro brilló bajo la media luz; era su Harry y estaba segura de que esa noche sería importante en su relación. Su intuición femenina trabajaba demasiado. ¿Le propondría matrimonio esa noche? Cogió las flores que él le ofrecía y de pronto, inexplicablemente cohibida, hundió la cara en las perfumadas rosas.
Ginny: Gracias, son preciosas(murmuró con voz ronca)
Harry: Ten cuidado, amor (y deslizó un brazo sobre sus hombros) No te olvides de las espinas. No me gustaría que hirieran tu hermoso rostro.
Ginny: Así que sólo me quieres por mi cara? (alzó la cabeza y lo miró, sonriente. En la seguridad de los brazos de Harry, se sentía la mujer más amada en el mundo)
Harry: Bueno, tal vez no sólo por tu cara..tu cuerpo tiene mucho que ver en esto (le aseguró con una sonrisa)
Sus risas fijaron el tono de la velada. Cenaron en la cocina, a la luz de las velas; dos amantes en un mundo propio, bromeando y riendo mientras le hacían los honores a la típica cena que ella había preparado: cordero asado en salsa, papas asadas con pudín, además de una selección de verduras.
Harry: Qué estás haciéndome? (gimió, y una sonrisa indolente curvó sus labios sensuales cuando dejó la cuchara después de terminar el pudín) Llegar a mi corazón a través de mi estómago?
Ginny: Te importaría?(preguntó sonriendo)
Harry: No (parecía sorprendido) Creo que no me importaría (guardó silencio un momento y entornó los ojos para estudiar el rostro de Ginny. Después, le apartó un mechón de la frente con gesto impaciente y se puso de pie) Vamos, nos terminaremos el champán en la sala.
Ginny tenía la incómoda sensación de que algo lo había perturbado, así que obedientemente cogió las dos copas y lo siguió a la sala. Pero olvidó sus temores cuando Harry, reclinado en el sofá con las piernas estiradas, le tendió los brazos. Ella dejó las copas encima de la mesita y se acurrucó a su lado, disfrutando del calor del brazo de él sobre sus hombros desnudos.
Esa noche se había puesto el único vestido que llevaba en su equipaje: ceñido, de seda de color azul, sujeto con un cordón..más bien era un vestido de playa, pero como su único equipaje era una mochila, no había espacio para ropa elegante.
Harry: Estás muy callada, preciosa, ¿sucede algo malo? (le murmuró al oído)
Ginny: No (suspiró) Sólo pensaba que me gustaría tener un guardarropa con vestidos maravillosos para hechizarte (rió y deslizó, indolente, una mano sobre su pecho) Hasta ahora sólo me has visto en bikini, con pantalón o...
Harry: bonita (deslizó la boca a lo largo de su cuello y más abajo) no me importa lo que te pongas... a decir verdad, te prefiero desnuda (tiró con los dientes del cordón bajo las suaves curvas)
Contempló la cabeza oscura recostada sobre su pecho, alzó una mano y enredó el pelo negro entre sus dedos, encantada con esa sedosa sensación, con el sutil aroma de él, tan masculino... y tan suyo.
Ginny: El tiempo es otro problema(murmuró con voz débil)
Harry: Problema? (alzó la cabeza)
Ginny: Sí (se armó de valor y le explicó) Mis amigas regresarán en cualquier momento y mi boleto de regreso a Inglaterra es para el viernes, dentro de tres días (el pensamiento de irse de Playa y dejar a Harry la aterrorizaba) No quiero dejarte (expresó. Con un dedo, trazó el contorno de sus cejas, la línea de la nariz y la generosa curva de su boca, que podía hacerla disfrutar en formas que ella jamás había creído posibles. Lo amaba con todo el corazón)
Se inclinó hacia adelante, oprimió su boca contra la de él y deslizó la lengua entre los dientes fuertes. Harry dejó que tomara la iniciativa durante un momento, antes de estrecharla con fuerza entre sus brazos; su lengua se unió a la de ella y el beso se volvió más profundo, en un estallido de pasión tan intenso que Ginny sintió que un calor corría por su cuerpo y la hacía arder de deseo. Ginny curvó las manos alrededor de su cuello y hundió los dedos en su pelo, mientras Harry se sentaba sobre su regazo para luego recostarla en el sofá.
Harry: Entonces no te vayas (murmuró con voz áspera) Quédate aquí,conmigo (la miró a los ojos con intenso deseo) Tú quieres hacerlo. Me deseas (señaló, bruscamente) Tú lo sabes.
El destello en sus ojos y el calor de su cuerpo contra el suyo le prometían todo. Era lo que deseaba oír. Que quería casarse con ella.
Ginny: Sí, quiero pasar toda mi vida a tu lado
Lo sintió estremecerse al oír sus palabras. Harry apartó la mano de su cuerpo y, despacio, se echó hacia atrás para observar su bello rostro sonrojado.
Harry: Eres muy joven, Ginny... toda tu vida es mucho tiempo (declaró con una extraña inflexión en la voz. Ginny deslizó las manos sobre los duros hombros)
Ginny: No el tiempo suficiente para lo que siento por ti.
Ginny: No el tiempo suficiente para lo que siento por ti.
Al fin, después de dos semanas de esperar, habría un compromiso entre ellos, pensó con emoción. Harry la amaba, quería que ella se quedara; su sueño se había convertido en realidad. Apartó las manos y enmarcó el rostro amado con las palmas.
Ginny: Bésame (le pidió, deseando sellar su futuro. Pero antes de que sus labios se encontraran, un fuerte golpe en la puerta interrumpió)
Harry: Esperas a alguien? (le preguntó, y se apartó de ella. Ginny se apartó a toda prisa para ajustarse el vestido)
Ginny: No, a nadie, a menos de que mis amigas hayan regresado antes (los golpes en la puerta continuaban)
Harry: Será mejor que abras(le ordenó, y se inclinó para coger su copa de champán de la mesa)Y si puedes, deshazte de quien sea(miró la expresión acongojada de ella y sonrió)
Ginny sonrió antes de ir a abrir la puerta.
Papa: Por qué has tardado tanto?
Ginny: Papá! ¿Qué estás haciendo aquí? (logró decir antes de que su padre la abrazara con fuerza y la llevara de regreso a la sala)
Papa: He venido a verte, la... (la soltó con tal brusquedad al ver a Harry, que Ginny estuvo a punto de caer) Santo Dios! (exclamó, ignorando por completo a su hija)
Al llegar a ese punto, Ginny se movió incómoda por la sala. Hacía diez años de eso y el recuerdo aún le dolía. Podía evocar la escena como si hubiera sucedido el día anterior...
Su padre, un hombre alto y esbelto de pelo rojo, estaba de pie, inmóvil, en la pequeña sala, con una expresión interrogante en los ojos claros. Harry se había puesto en pie de un salto, derribando la mesita donde estaban la botella de champán y las copas.
Harry: Qué diablos está haciendo aquí? ¿Buscando una noticia para su inmundo periódico? (estalló, y en dos pasos estuvo a su lado y lo sujetó del cuello)Salga de aquí antes de que le rompa...
Ginny: No, no!
Ginny no comprendía lo que sucedía, pero el odio en los ojos de Harry era inconfundible
Ginny: Harry, él es mi padre!
El dejó caer las manos a los costados y se volvió hacia Ginny. Por un momento la observó en un silencio amargo y hostil.
Harry: Este hombre es tu padre? Así que lo sabías. Todo el tiempo supiste quién era yo.
Ella se sobrecogió bajo el frío y no pudo hablar: el temor le obstruía la garganta. El hombre que unos minutos antes le hacía el amor había desaparecido y en su lugar estaba un desconocido que la miraba furioso.
Harry: Es que estás siguiendo los pasos de tu padre y trabajas como periodista? Debí adivinar que esa mirada inocente era demasiado buena para ser verdad. ¿Esperabas progresar en tu carrera, publicando que Harry sedujo a una niña inocente? (sonrió, desdeñoso, y entornó los párpados) Eres la prostituta más grande de todos los tiempos.
Ginny, con las piernas temblorosas y los ojos húmedos, se esforzó en contener las lágrimas. No comprendía nada de lo que sucedía... por qué su amor, se comportaba así. Y estaba demasiado aterrorizada para preguntarlo.
Harry: O tal vez esperabas un anillo de matrimonio, o una buena suma a cambio de tu silencio! Casi caí en la trampa.
Al oírlo, Ginny sintió que su sueño de amor y matrimonio se desintegraba delante de sus ojos. Miró a su padre y se sintió más herida al ver la expresión de incredulidad en su rostro.
Papa: Maldita sea, espere un momento. No puede hablarle así a mi hija
Su padre al fin recobró la voz, pero Ginny vio que Harry lo hacía a un lado para dirigirse a la puerta; se dio media vuelta y declaró
Harry: Siempre supe que era una inmunda rata (los miró furioso a ambos)Y su hija es igual que usted (miró a Ginny a los ojos) Por lo menos, una prostituta tiene la honestidad de poner un precio. Pero las mujeres como tú me revuelven el estómago. Desangran a un hombre antes de que el pobre tipo sepa siquiera por lo que está pagando
Con una última mirada de disgusto, salió y cerró la puerta.
Ginny: Harry...
Gritó desesperada, pero sabía que ya era demasiado tarde. Se desplomó en el sofá, se cubrió el rostro con las manos y se echó a llorar, con el corazón destrozado. Casi no se dio cuenta de que su padre la abrazaba, tratando de consolarla.
No comprendía lo que lo que acababa de suceder, pero las últimas palabras de su amor la habían herido hasta el fondo del alma.
Papa: No llores, por favor. Ese hombre no vale la pena (las palabras de su padre al fin penetraron la densa capa de dolor)
Ginny: Pero le quiero(exclamó) No comprendo (con un gemido, alzó la cabeza y miró a su padre) Qué ha sucedido? Los dos nos queremos(le aseguró con un sollozo)
Papa:Tu madre me contó una confusa historia de que querías casarte
Ginny: Sí, papá... con él. Pero...
Papa: Lo siento, pequeña (le pasó un brazo por los hombros) Pero Harry no es un pescador. Es un acaudalado hombre de negocios, tiene oficinas en todas las capitales del mundo. No sé lo que te habrá dicho, pero te ha mentido...y Posee una lujosa villa no lejos de aquí.
Mientras su padre hablaba, Ginny sintió todo el peso de la traición de Harry. Se sentía enferma, y lo que era peor, humillada y avergonzada. Le había entregado su más valioso don a un idiota.
Ginny: Estás seguro de que se trata del mismo hombre? (preguntó en tono de súplica, aún con la esperanza de que hubiera algún error)
Papa: Hija, estoy seguro (le confirmó su padre con seriedad) Y si te ha herido de alguna forma, le haré pagar por ello... aunque tenga que seguirlo durante el resto de mi vida.
Ella estudió el rostro de su padre y se desconcertó al ver en sus rasgos, una expresión de sombría determinación.
Papa: Si ese hombre te sedujo, pequeña...
Ginny: No, papá (lo tranquilizó) No fue tan lejos (mintió)
A pesar de su perturbación, sabía que su padre jamás ganaría si peleaba con Harry. De pronto, tuvo sentido todo lo que la había desconcertado durante las últimas semanas. No usaba el lujoso yate para pasear a los turistas; tal vez le agradara la pesca... Las langostas que ella vio el día que se conocieron, era obvio que él las había comprado.
En cuanto al tiempo que Harry pasaba con ella, ningún pescador podría permitirse eso. Gimió al comprender que había sido una ingenua. El solo aspecto de él debió decírselo. Esa noche, cuando llegó al apartamento vestido con elegancia, por un momento se preguntó cómo era posible que un pescador pudiera pagar esa clase de ropa.
Pero tal vez lo más revelador era su absoluto dominio del inglés, sin el menor acento. Una vez le preguntó por qué lo hablaba tan bien y Harry respondió que lo había aprendido con unos amigos ingleses.
Papa: Estás segura, Ginny? Conozco la reputación de ese hombre.
Ginny: Sí
Se sorprendió al oír su tono decidido, cuando necesitaba todo su control para no gritar porque el destino le había dado un golpe tan cruel. Pero interiormente reconoció el poder implacable de un hombre como Harry y su instinto le dijo que era la clase de hombre que aplastaría a su padre sin pensarlo dos veces, si así le convenía.
No podía analizar cuánto sabía, porque sus caóticas emociones le impedían pensar con claridad. Lo único que sí sabía era que su padre la abrazaba, que el hombre al que amaba no existía y que sólo le quedaba su padre. Después, recordaría cada palabra y cada gesto y se recriminaría amargamente; pero por el momento sólo quería una explicación, una excusa para el dolor que sentía... Evocó el rostro de su padre cuando entró en la sala y vio a Harry.
Ginny: Cómo conociste a Harry?
Papa: Oh, pequeña, es una larga historia y no muy agradable.
Ginny: Por favor, papá, necesito saberlo.
Papa: Creo que te debo una explicación (frunció el ceño al mirar el rostro confiado de su hija) pero repito que no es una historia agradable (respiró con fuerza y continuó sin ninguna emoción) Recuerdas el periódico que edito en Los Ángeles? Pues bien, hace unos meses, Harry apareció en los titulares durante un tiempo. La mujer con la que vivió durante tres años en San Francisco lo demandó, exigiendo una pensión alimenticia.
Ginny palideció aún más al oírlo mencionar a otra mujer.
Ginny: Sin estar casados?
Papa: Sí, en California, un hombre no tiene que estar casado con una mujer para que ella lo demande... basta con que hayan vivido algunos años como marido y mujer. En el caso de Harry; la mujer afirmó que había vivido tres años con él en su apartamento y que Harry la había echado de ahí. Recurrió a los tribunales, pero él se defendió. Aseguró que la mujer en cuestión sólo había sido su amante y que conocía cuál era la situación cuando se mudó al apartamento.
Ginny: Eso es de lo más desagradable.
Papa: Así es, pero alegó que era un arreglo común. Le hacía regalos a la mujer cuando la veía. Declaró que cuando ella comentó que no tenía casa, él le permitió que viviera en su apartamento, pero que en ningún momento existió un compromiso entre ellos. Fue un pleito de lo más desagradable.
Ginny no podía creerlo. Era algo completamente distinto de su concepto de adolescente de lo que debía ser el amor. Le parecía horrible acudir a un tribunal, no para disolver un matrimonio, sino para discutir la propia vida amorosa.
Ginny: Qué sucedió?
Papa: él ganó, por supuesto. Por desgracia para ti. Era mi periódico, fue mi decisión que el público se enterara de la historia y apoyamos a la mujer. él lo sabe y jamás me lo perdonará. Es obvio que cuando llegué y tú le informaste de que soy tu padre, debió de pensar que era una trampa... que tú y yo trabajamos juntos para obtener información sobre él.
Ginny: No lo puedo creer, por eso me preguntó si yo era periodista!
Lo peor era que ella había confirmado la sospecha de Harry al responder que había pensado seguir la carrera de periodismo. Y él la había interrumpido antes de que pudiera añadir que no lo haría.
Papa: Realmente siento haber arruinado tu romance, pero como tu padre, debo decirte que él jamás se habría casado contigo. Los hombres como él nunca se casan, sólo disfrutan de la compañía de mujeres bellas.
Cada palabra de su padre era como un cuchillo que se clavaba en el corazón, pero ni por un momento dudó de que decía la verdad.
Papa: Se sabe que tiene amiguitas en cada ciudad en donde la empresa de Harry tiene sucursales. Oí decir que su padre está enfermo y tal vez por eso Harry está ahora en casa de su familia. Odio verte decepcionada, pequeña (le acarició el pelo, con suavidad, tratando de consolarla) pero me imagino que una jovencita como tú sólo fue una diversión durante su estancia en Playa.
Un terrible aturdimiento envolvió a Ginny cuando oyó la horrible verdad, y supo que su padre tenía razón. Casi desapasionadamente, recordó la primera vez que Harry le hizo el amor y una sonrisa amarga e irónica curvó sus labios.
Casi la había poseído en la playa, pero nunca perdió el control como ella. Ahora sabía por qué; cuando se dio cuenta de que ella no estaba preparada, él se apartó con toda sangre fría y regresó nadando al yate.
Sólo le hizo el amor después, cuando estuvo seguro de que no había peligro. Mientras ella soñaba con campanas de bodas y bebés de ojos verdes, él se aseguraba de no verse comprometido a un matrimonio apresurado.
Papa: Has tenido suerte. Por lo menos, ese hombre ha tenido la decencia de no seducirte. Eres joven y es la primera vez que te enamoras. Sé que duele, pero créeme, cariño, pronto lo olvidarás. Cuando regreses a casa e ingreses en la universidad, pensarás que fue un breve romance de vacaciones que no llegó a más.
Ginny se dio media vuelta y puso la cara en la almohada. En cierta forma, su padre había tenido razón. Al día siguiente salieron de Playa y ella entró en la universidad; pero ya no era la misma joven despreocupada.
Ese verano en Playa la había hecho madurar... Después, en otoño, sus padres le informaron de que se iban a divorciar... por lo visto, sólo habían permanecido unidos hasta que ella saliera de su hogar. Eso fue otro golpe para ella y durante los siguientes años vio muy poco a su padre. Luego, cuando su madre murió de forma trágica, él regresó a Londres y compró esa casa, en donde Ginny vivió con él hasta su muerte.
Al recordar el pasado, comprendió por qué no tenía fe en los hombres ni en el matrimonio. Cuando entró en la universidad, se dedicó a sus estudios sin participar en la vida social y evitó a los hombres como a una plaga.
Se licenció en Economía y empezó a trabajar como ejecutiva en la aseguradora; hasta esa noche, se había sentido feliz con su trabajo y su estilo de vida. Con un bostezo, se acurrucó en la cama. ¡Así que Harry Potter había reaparecido en su vida!
Pero no permitiría que arruinara de nuevo su felicidad; era una mujer madura y de éxito, no la tonta joven que él había conocido. Podría controlarlo, y, de hecho, sería agradable demostrarle a ese tipo arrogante que no podía tener a todas las mujeres que quería.
A lo largo de los años había leído artículos sobre él y por lo visto no había cambiado: aún era un conquistador, mientras que Ginny consideraba que ella se había convertido en una mujer fuerte y capaz... una rival digna de él. Y pensando en eso, se quedó dormida.
Ginny estaba en la playa, y el mar gris azotaba el litoral mientras ella corría por la arena. Una mirada aterrorizada por encima de su hombro le dijo que aún la perseguían... era un hombre alto, moreno y sin rostro, y estaba a punto de alcanzarla; sintió su cálido aliento en la nuca y se irguió bruscamente; a lo lejos, se oyó una campana...
Ginny abrió los ojos con un gemido. Estaba acostada en la cama, con el cuerpo bañado en sudor. Apartó las mantas, bajó los pies a un lado de la cama, se quitó el pelo de la cara y se inclinó hacia el teléfono, que sonaba en la mesilla de noche. «¡Oh, Dios! Vaya pesadilla», pensó, estremecida.
Ginny: Sí?
Hermione: Qué hora crees que es? (le preguntó, y consultó el reloj a un lado del teléfono) Las siete... pero quería hablar contigo antes de que te fueras a trabajar. ¿Cómo resultó todo anoche con Harry? ¿Se te insinuó?
Ginny: Por favor, Hermione, haz las preguntas de una en una (se frotó los ojos con una mano) Todo resultó bien, me trajo a mi casa, se despidió frente a la puerta y no, no me besó (Hermione no podía ver que tenía los dedos cruzados a su espalda)
Hermione: Bien, supongo que ya es algo. Escucha, Ginny, no creo que sea bueno que salgas con él. ¿Quieres que olvidemos la apuesta?
Ginny se irguió al oír el tono inseguro de su amiga
Ginny: Por qué has cambiado de opinión?
hola a todas las personas que pusieron favoritos a esta historia, GRACIAS, y las personitas que me dieron un review, y entre una de ellas me dijeron que cada cuando actualizo, yo actualizo todos los días con seguridad , salvo sábado-domingo, estoy en dudas ya que suelo desaparecerme :) pero no se preocupen haré lo posible por también actualizar los fines de semana.
Espero que les haya gustado la historia .
Saludos.
porfavor un review para bien o mal, NO SEAN FANTAMAS :)
Naypotter.
