Infantes


Estuvo con ella, mientras le hacían un eco. Sin duda, si estaba embarazada, se complicaban las cosas. Con un suspiro, ella se mantenía aferrada a su mano. No iba a permitir, que ella volviera a intentar suicidarse. La doctora, seguía buscando señales de un bebé. Desgraciadamente para ella, para fortuna de Draco por ciertas cosas, sí estaba embarazada.

- Serás madre- le sonrió la doctora, pero ella no le contestó. Con un suspiro, Draco bajaba la vista hacia Hermione. Lloraba en silencio, mientras se enteraba de esa triste noticia. Ella se sentó, mientras la doctora limpiaba su vientre, de aquel gel. Se quedaron solos, mientras ell se arreglaba.

- Te haré un exámen, de cultivo. Evitaremos bacterias y otras enfermedades, que dañen a tu bebé y a tu salud- le sonrió, pero ella no dijo nada, en ese momento.

- Está bien- le comentó- pero, es que yo no quiero tener este bebé. No tiene sentido, que lo traiga al mundo, para que sufra a su padre y a su madre bulímica y suicida.

- Eso se puede resolver. Pero, no mates a ese bebé. Es el más preciado regalo, que se le puede otorgar a una mujer. No lo destruyas por culpa de terceros.

- Es su padre.

- Y tú, su madre. Eso, no cambia nada. Será una bebé o un bebé, ¿No te emociona?

- En lo más mínimo, a decir verdad- suspiró y se bajó de la camilla- de todas formas, gracias por la ayuda brindada. Será mejor, que vuelva a casa.

- No puedes volver. Podrías perder al bebé si ese hombre...

- Sería una fortuna- musitó con voz baja y comenzó a caminar hacia la salida. Draco sabía, que debía detenerla. ¿A dónde la enviaba que no fuera su casa? No tenía sentido que lo hiciera de otra forma. Con una sonrisa, tuvo una idea.

- Utiliza, mi casa de verano.

- Vaya, un doctor con casa de verano.

- Era de mis padres- le contestó él y Hermione, se silenció. Eso, era pedir demasiado. Eso era ser muy confianzudo.

- ¿Está seguro, de que quiere ofrecerle a una mujer que no conoce, una casa que le perteneció a sus padres?

- Allí, podrás tener a tu bebé, sin problemas.

- Vaya confesión- le dijo ella con desdén.

Debía convencerla de una forma u otra. Quería que el bebé naciera. Ella, se merecía ser una mujer feliz y pensaba que con ese bebé, lo podría llegar a ser. Con una sonrisa, seguía insistiendo en su punto. Ella, negaba de todas formas. Era su ginecólogo, no su nuevo amante o su salvavidas. Eso, ya era abusar demasiado. Ya era involucrarse demasiado.

- Inténtalo, por favor- le imploró, como útlimo recurso- sé que sólo soy tu médico, pero mereces una vida feliz. Tú bebé, también se la merece.

- No me siento cómoda, aceptándole ese tipo de cosas.

- Será durante la gestación y el cuidado de los primeros meses. Luego, ya veremos si regresas a tu vida o no. Sólo, piénsalo.