Ninguno de los personajes me pertenece, son obra de la grandiosa Rumiko Takahashi. Lo único mío es la historia, hecha sin fines de lucro, sólo para entretener.
Brisa
Capítulo VII. Aniversario.
Ha llegado esa fecha… Hay algo distinto en el viento que año tras año me lo recuerda. Reconozco estas flores, el campo al que he vuelto porque me he sentido llamada.
Después de aquella frustrante jugarreta del destino decidí alejarme un tiempo, intentar por mí misma recrear la figura que creía perdida hasta ese momento. Pero ha sido inútil, al parecer está fuera de mi control.
Me provoco risa, a veces soy tan ilusa, como si fuera a dejar de intentarlo.
Pero hoy, hoy no es momento de pensar en eso. Lo que me tiene aquí, flotando frente a esta piedra que hace de lápida es Kohaku. Hoy ha decidido venir solo, lo cual me causa extrañeza, no porque no lo haya hecho antes, sino porque las últimas ocasiones ha venido con Rin.
—Señorita Kagura— su voz se alza justo en el momento en el que yo he llegado lo suficientemente cerca para escucharlo. Probablemente porque sintió mi presencia.
—Yo… Quiero pedirle disculpas— su voz está rota, me provoca un pinchazo de angustia que intentaría disimular si tuviera un cuerpo —. Por ser tan débil, por no haber podido ayudarla. Por no salvarla de ese monstruo y de todo lo que le hizo— lo veo apretar los puños. Y a mí me da asco el sólo recordar lo que esas palabras esconden.
"Todo lo que me hizo Naraku" Un secreto tan mío y de todos aquellos que vivieron en el mismo infierno que yo. Siempre fui consciente de que Kohaku lo sabía. A veces, cuando estábamos solos, su mirada me dejaba saberlo, yo le dejaba confirmarlo.
Un silencio horrible que delataba que ni siquiera mi cuerpo me pertenecía a mí misma y era tan sólo un objeto más para sufrir el castigo de mi creador. En momentos como este pienso lo afortunada que fui en deshacerme de ese cuerpo tan manchado por el dolor y la violencia.
Un cuerpo que llevaba encima la marca de propiedad de mi amo. Me siento molesta, pero lo que más me sorprende es que Kohaku recuerde eso en estos días, cuando él ha logrado dejar atrás ya esa vida.
—Aun no soy tan fuerte, señorita Kagura. Tengo miedo de convertirme en los monstruos que un día repudié.
Ahora entiendo. Una pequeña brisa, un aliento y suspiro mío mueven el cabello castaño del exterminador. Este cuerpo de hombre no puede esconder de mí al niño que un día vi luchar contra el anhelo a la muerte. A un niño temeroso, tímido pero que siempre fue más fuerte de lo que él mismo imaginó. Sigue siendo así.
Una mariposa vuela cerca de nosotros, yo misma la llamé para ser mi interprete. Sin embargo, tras pensarlo unos segundos le hago alejarse y yo misma me acerco para poder susurrar al muchacho —Tú nunca podrías ser como ellos. Tú no pondrías tus caprichos antes de la persona que amas.
Kohaku ha abierto los ojos con sorpresa y palidecido un poco. Sus ojos se llenan de lágrimas —Señorita Kagura… La escucho—. Sonríe entre el llanto y su rostro retoma color —La escucho—. Repite como si él mismo necesitara creer en sus palabras.
Se deja caer con las rodillas sobre el césped frente a la roca tallada y sigue llorando, cuál niño desconsolado. No sé si es felicidad o se está desahogando de lo que sea que lo aflige. Pero me permito quedarme con él, meso su cabello deleitándome con ahora poder sentir su textura, a pesar de ser sólo viento. Lo dejo seguir, lo dejo hablar. Me permito a mí el escuchar y disfrutar lentamente las emociones que emergen por este encuentro.
Pasado el tiempo, envueltos por la luz de las estrellas el silencio vuelve a rodearnos, pero esta vez es un silencio cómplice y amable.
—Guarda el secreto— mi voz ya no es un susurro y sé que llegará a oídos de mi interlocutor.
—Hasta que usted decida volver— Kohaku sonríe a la tumba. Tonto, no estoy ahí. Se pone de pie y hace una reverencia en despedida —Yo de verdad anhelo ser tan fuerte como usted o mi hermana. Y también— se sonroja, luciendo una imagen dulce que me trae recuerdos —… espero llegar a ser tan bueno teniendo una familia como ella.
Suelto una risita, los temores del muchacho al final eran más simples de lo que creí. No le doy respuesta, y él no la espera. Después de orar frente a la piedra -de una manera que me parece inútil porque sabemos que estoy viva- termina su despedida y se retira sonriente.
Yo me alejo también, llevando mi esencia tranquila, ligera. Sé que la vida humana es corta, sin embargo es satisfactorio ver que ellos aprovechen su estadía en este mundo a pesar de ello.
Palabras: 792
¡Hola! Se supone que este capítulo se los traería hace dos meses, lo siento. Muchas gracias por sus reviews y palabras de apoyo, no pienso dejar esta historia. Sólo que por desgracia he estado triste y sin muchos ánimos debido a que no he logrado mis cometidos. Me siento algo mejor así que espero seguir actualizando mis historias. Por favor, sigan apoyándome con sus reviews.
Invito a los ánonimos a hacerse una cuenta, les ayudará a seguir a sus autores con más facilidad. Gracias a mi hermosa YumiPon por ayudarme en todos los aspectos de mi vida. Y a mis lectores: aby2125, CONNIE23, Lis, Sky-chan, akanita, Constantine Moore.
¡Nos estamos leyendo!
