Los personajes no me perteneces, son de la increíble J. K. Rowling :)
Capítulo VII
La puerta se golpeó contra la pared, dejando una marca. El dueño de la oficina se sobresaltó ante tal aparición, y miró con ojos recelosos al rubio que entraba furiosos a la habitación. Draco caminó a paso firme hacia el escritorio, despreciándolo con la mirada, y golpeó la mesa con ambas manos, sorprendiendo al funcionario aún más.
-Malfoy ¡¿Por qué entras de esa forma?! – le gritó Cornelius Fudge alterado. El auror lo miró despectivamente, como si fuera un bicho que debía ser aplastado.
-¿Dónde está el ministro? – Le preguntó Draco ignorando las palabras del hombre. Ira corría por sus venas en ese momento, porque no entendía como ellos podían profesar la paz para el mundo mágico y tener en tal estado a los prisioneros de Azkaban, quienes eran personas igual que ellos.
Fudge elevó una ceja y lo miró de arriba abajo. ¿Quién se creía ese chiquillo insolente para andar por ahí pidiendo de esa manera ver al ministro de magia?
-Eso es algo que no te incumbe, chico – contestó, intensificando de esta forma la furia de Malfoy. – Y te digo desde ahora que esa no es forma de entrar.
-Me importa un bledo como entre, Fudge – dijo con voz gélida -, no mereces, tú ni nadie que esté de acuerdo con sus leyes, que yo entre de otra forma.
-Draco, - lo llamó tratando que el ambiente se tornara más suave - ¿por qué no te sientas y me cuentas qué es lo que sucede? Tal vez puedo ayudarte.
-No vine aquí para una terapia psicológica, inepto – bramó -, vengo porque ustedes son unos hipócritas e inhumanos.
El ex ministro abrió los ojos sorprendido por las acusaciones del rubio. No entendía de lo que hablaba, pero se quedó callado para que siguiera con su parlamento.
-Dicen que no hay que torturar a las personas, - continuó Malfoy – que hay que ayudarlos cada vez que necesitan. ¡Pero no están cumpliendo sus palabras!
-Aún no entiendo de que me estás hablando, Malfoy.
Hizo puño sus manos, tratando de controlar el impulso de estrangularlo ahí mismo. Estúpido hombre, ¿cómo era posible que hubiese ocupado el puesto de ministro anteriormente? Imbécil, estaba seguro que él jamás lo ayudaría con lo que estaba por pedir.
-En Azkaban está rondando una gripe mortal y tres personas han muerto ya – explicó con el ceño fruncido. Fudge lo miró con una clara expresión de "¿Y qué hay con eso?", molestándolo todavía más -, mi madre la padece.
-Y supongo que quieres hacer algo al respecto, ¿o me equivoco?
-Veo que no eres tan estúpido – contestó despectivo.
-Pues siento decirte, Malfoy, que ninguna persona que esté encerrada en ese lugar, merece un trato como el que supongo quieres que le demos a tu madre. – Comentó sin una pizca de compasión – Ellos por algo están ahí, son viles personas.
-¡Tú eres el vil! – Soltó Draco furioso y desesperado - ¡Déjame por lo menos prepararles alguna poción para que mejoren!
-¿Y cómo sabré yo que no es una poción Multijugos realmente y que está intentando sacarlos de ahí? – Indagó el hombre – Tengo el conocimiento que eres experto en pociones, podrías hacer pasar cualquiera por otra.
-¡Soy Auror, ¿por qué tanta desconfianza?!
-Aún no eres completamente libre, no te has ganado mi confianza. Tal vez compraste al ministro, pero conmigo no pasará lo mismo – afirmó entrecerrando los ojos.
-Entonces llevaré a un sanador ¿en ellos confías? – preguntó desesperado.
Tenía unas inmensas ganas de lanzarse contra ese hombre y matarlo. Pero eso le quitaría el título de auror, iría a Azkaban, y por ende no sólo no podría ayudar a sus padres, sino que también no podría atrapar a los mortífagos que seguían sueltos para que así Hermione estuviera a salvo. Hermione… si mataba a Fudge, ella dejaría de creer en él.
-Ningún civil puede entrar a Azkaban, sólo aurores, - declaró Fudge – de hecho tú eras la única excepción antes de que te convirtieras en auror. Decisión muy tonta del ministro si puedo decirte – Draco entrecerró los ojos, mirándolo claramente enojado -. Mejor vete a preparar el funeral, Malfoy – dijo burlonamente, cosa que desencadenó el fuego en el interior de Draco. Ese hombre no merecía salir ileso de eso, no importaba que lo castigaran. Estrelló su puño derecho en la nariz de Cornelius, tan fuerte que logró quebrársela.
E ignorando los gritos que el funcionario del ministerio le lanzaba, salió de la habitación con el corazón hecho añicos, al darse cuenta de que solamente tendría que esperar a que sus padres murieran.
Hermione se encontraba en la biblioteca situada en el tercer piso de San Mungo. En dos días iría a un seminario a París para completar sus estudios y así le dieran su título de medimaga. Una semana antes del 2 de Mayo, día que se celebraría ese año, en la capital de Francia, la derrota del señor Oscuro y el homenaje a todos aquellos quienes perecieron esa noche y durante la guerra. Por supuesto no podía faltar, ella era una de las salvadoras del mundo mágico, ya que había ayudado a Harry a conseguir los horrocruxes y así destruir a Voldemort.
El evento era casi como un campeonato mundial de Quidditch, cientos de personas acudían a él. Se realizaría en el Palacio Kriptón, una hermosa construcción situada en la Avenida Golden Wand. Seguramente ningún muggle había escuchado de esta calle jamás, ni siquiera los citadinos de París, porque su entrada estaba situada en la planta más alta de la Torre Eiffel y solamente la conocían quienes pertenecen al mundo mágico.
Sería una gran celebración, pero en esos momentos no podía pensar en eso, ni en lo que estaba leyendo. Su mente estaba en otra parte, tratando de descifrar dónde estaban ocultos los mortífagos que habían escapado. ¿Sabrían que ella aún seguía con vida? ¿Qué Malfoy la había salvado? Si era así, no solo ella corría peligro, sino que Draco también, al convertirse en un traidor para ellos.
Tenía la inmensa necesidad de verlo a salvo, no sabía por qué, pero no tenía idea como llegar hasta ellos. Aunque de repente se le ocurrió una idea, los mortífagos antes se comunicaban a través de la marca tenebrosa. ¿Y si aún lo hacían?
Se levantó con brusquedad, provocando que muchos de los presentes se voltearan a verla. Tomó el libro que "leía" y se dirigió a la puerta. Debía llegar cuanto antes al ministerio.
Había pasado la noche en vela, no había podido dormir debido a la profunda tristeza que lo invadía por dentro. Ya era un hecho de que no podría ayudar a sus padres, y eso lo hacía sentir incompetente. Quería pedirles perdón por no poder hacerlo, pero no podía ir a Azkaban a visitarlos. Eso ocurría solamente una vez al mes.
La marca tenebrosa aún le ardía, otra razón por la cual no había dormido. Imágenes se le venían a la mente en cada instante. Y un constante llamado mediante el tatuaje, tal como era en los tiempos de Voldemort. ¿Acaso aún funcionaba la marca después de la muerte Del-Que-No-Debe-Ser-Nombrado? No había sentido nada en los tres años que habían pasado, y ahora que los mortífagos habían escapado, lo volvía a sentir. Era extraño, pero presentía que esto le iba a ayudar. La Mansión de los Riddle se le venía una y otra vez a la memoria. ¿Sería ahí donde estaban escondidos?
Debía investigar, después de todo, era un auror ¿no? Aunque por ahora no iría, aún debía reponerse de la próxima muerte de sus padres.
Hermione entró en la oficina de Draco con todas las intensiones de disipar sus dudas, pues si lo que pensaba era cierto, el rubio les sería de mucha ayuda para atrapar a esos mortífagos. Sin embargo, cuando fijo sus ojos en él, su pecho se oprimió. Malfoy se encontraba sentado en su sillón, con la vista fija en el techo. Tenía la mirada ausente, pero se podía notar que una inmensa soledad y un sufrimiento incomparable pasaba por sus ojos.
Draco había sentido su presencia, siempre podía hacerlo, pero estaba tan inmenso en sus pensamientos que no quiso bajar la mirada hacia ella. Hermione era otro de sus sufrimientos. Por esto, cuando ella lo llamó, por su apellido como siempre lo hacía, él no respondió. La castaña dio un paso hacia él, luego otro y otro, pero Draco no se movió ni un solo milímetro. Cuando estuvo más cerca, pudo notar las oscuras ojeras en el bello rostro del chico, su piel más pálida de lo normal y sus ojos grises ya no brillaban como habitualmente, eran tan opacos como el polvo que cubría los estantes. No le gustaba verlo así.
-No te ves bien, pareces enfermo – comentó ella con preocupación. Rodeó el escritorio y colocó su mano en la frente de Malfoy para comprobar si tenía fiebre, pero al apenas hacerlo, Draco clavó su mirada gélida en ella y apartó la mano femenina con brusquedad.
-No me toques – le ordenó venenosamente, aunque sabía perfectamente que ella no tenía la culpa de su sufrimiento interno. Simplemente no quería que lo viera así, él, Draco Malfoy, jamás demostraba su dolor.
Hermione retrocedió unos pasos, sorprendida y algo asustada por la reacción del chico. ¿Qué le sucedía? ¿Por qué de repente la miraba con ese desprecio con el cual siempre la había visto en los años de Hogwarts? Si tan solo el día anterior habían estado tan bien… Algo dentro de su pecho se quebró al recibir su rechazo, pero no se rindió, ni nada parecido, pues se quedó parada frente a él con firmeza.
-¿Cuál es tu problema? – indagó con curiosidad, aunque realmente no esperaba que el rubio le respondiera y así fue. Draco se levantó de su asiento, para luego acercarse al gran armario que estaba al otro lado de la habitación - ¿Malfoy?
-¡Tú y todos los ineptos del ministerio son mi puto problema! – le gritó, impresionándola. Hermione podía ver en su mirada que debatía por contar el resto de su confesión. Y realmente esperaba que lo hiciera, pues no entendía en qué tenía que ver ella.
Draco sacó un pequeño frasco, donde había una poción violeta, la que reconoció de inmediato como la aliviadora del dolor de cabeza. Le sacó la para y se la bebió de un solo trago, haciendo una mueca debido al sabor amargo del líquido. Al momento el dolor cesó, pero no en su totalidad. No obstante lo había pensar mejor.
Miró la hora, dándose cuenta de que ya se había hecho tarde, era mejor partir pronto a investigar y comprobar si sus sospechas eran ciertas. Se acercó nuevamente al escritorio, donde Granger lo miraba interrogante, mas la ignoró y tomó su abrigo.
-No me vas a ignorar todo el día – comentó Hermione sin apartar la mirada - ¿Qué problema te he causado?
Cuando Draco la miró, se sintió desnuda, pero no era que la expresión del chico fuera lujuriosa, sino que era tan intensa, penetrante, fría y abrasadora a la vez, que pensó que había hecho algo mal.
-Ustedes metieron a mis padres a prisión – habló con voz de ultratumba -, ahora mi madre está con una gripe mortal y no me dejan ayudarla, maldita sea.
Hermione recordaba a la madre de Draco. Narcissa Malfoy, a pesar de haber seguido a Voldemort, era una mujer noble, llena de amor que entregar, para su esposo e hijo. Había arriesgado su vida, diciéndole al Señor Oscuro que Harry estaba muerto, solamente para volver al castillo y buscar a Malfoy. Era una mujer excepcional y admirable, y entendía por qué el rubio estaba tan preocupado.
-¿Le dijiste al ministro de esto?
-¿Qué saco con hacerlo? – Preguntó Draco, lastimoso – Me dejaron claro que no puedo subministrarles ningún tipo de poción y ningún sanador tiene permiso para entrar, Granger. –Aunque no lo quisiera, ella podía ver cuán dolido estaba – Solamente me queda arreglar el funeral.
-No hables así, por Merlín – lo regañó por rendirse tan pronto -, es tu madre.
Draco esta vez no respondió, simplemente la miró con frialdad, pero en el fondo, Hermione sabía que estaba sufriendo montones. El rubio se coló el abrigo por los brazos y caminó hacia la puerta, dejándola sola en esa oscura habitación.
La cabeza le daba vueltas, no entendía por qué tenía esa necesidad de ayudarlo. Tal vez era su espíritu Gryffindor quien la impulsaba a hacerlo, puesto que se negaba a creer que comenzaba a sentir algo por él.
De todas formas tenía que hacer algo. Los prisioneros de Azkaban, aunque fueran personas que habían causado daño a otros, seguían siendo eso, personas. Y tal vez el recibir una segunda oportunidad, lo haría ser mejores, a su manera. Draco lo había dicho, ningún medimago podía entrar a la prisión, pero ella no era cualquier medimaga, era auror. Tenía todo el permiso de entrar.
Así que salió de la oficina del rubio y caminó hacia la salida.
Se apareció en las cercanías de Azkaban luego de ir a su casa por un par de pociones. Saludó a Dean, quien solamente le devolvió el saludo, sin pasar por todo el interrogatorio que le había hecho a Draco el día anterior. Hermione pidió la lista de los prisioneros, para saber el piso y la celda en la que estaban los padres de Malfoy, y subió hasta el séptimo piso donde supuestamente los encontraría.
-¿Hermione Granger? – Preguntó Lucius Malfoy al verla llegar a la puerta de la celda - ¿Se puede saber qué haces aquí, sangre sucia?
-Buenas tardes para usted también, señor Malfoy – dijo ella con sarcasmo. Decidió quedarse ahí hasta que estuviera totalmente segura que el hombre no la echaría a patadas de la celda. –Me enteré que una gripe mortal ronda la prisión, así que vine a curarlos.
-¿Y por qué harías eso por nosotros, Granger? – Indagó el rubio – Ni siquiera tienes permitido venir aquí.
-Verá, señor Malfoy, - habló con toda la calma del mundo, pues sabía que si se alteraban no sacarían nada -, soy la única con autorización para entrar aquí. Ya casi completé mis estudios de medimaga, y solamente me falta que me den el título. Además de medimaga, tendrá que saber que soy auror. Y respondiendo a la otra pregunta, no lo hago por ustedes – dijo alzándose de hombros – tal vez un poco por su esposa, pero más que nada lo hago por Draco. Él ya está muy solo. Si los pierde se volverá loco.
-No me digas que te enamoraste de mi hijo – comentó él con burla, a lo que Hermione no supo responder. ¿Qué sentía por el chico? Estaba agradecida de él por salvarla, y no podía negar que se sentía muy atraída físicamente, pero eso ¿era más profundo?
Por suerte su mente maquinaba rápido, pues no podía admitirle al padre de Draco que no sabía lo que sentía por él.
-Él me salvó la vida, creo que le debo una – dijo serena, pero en su interior su corazón latía con fuerza debido a la pregunta -. Ahora, ¿me dejara revisarlos o no?
A regañadientes Lucius asintió con la cabeza. Hermione entró a la celda, acercándose de inmediato a la cama donde yacía Narcissa. Ésta, al contrario de su marido, la recibió con una cariñosa sonrisa, que le encogió el corazón. Definitivamente era una mujer admirable, amorosa, que merecía el trato que le estaba dando. La revisó y luego diagnosticó el tipo de gripe que tenía. No era mortal como ellos pensaban, pero debido a las malas condiciones en la que estaban las celdas, el frío que debían pasar, la mala comida y el no tener medicamentos, conllevaba a la muerte de algunos. Sacó unas cuantas pociones de su bolso, agradeciendo que éstas fueran las correctas para mejorar la enfermedad, y las colocó sobre la pequeña mesita que estaba junto a la cama. Luego, con su varita, hizo aparecer tres frazadas grandes para que las pusieran sobre el mueble, y también una olla grande de sopa de pollo.
-Debe beber un sorbo de la poción azul por la mañana, y dos de la verde en la noche, - le indicó – por siete días y se sentirá como nueva. No les durará toda la semana, así que mañana les traeré más.
Volteó a ver a Lucius, quien tenía la vista fija en Narcissa, aunque en su mirada podía notar que estaba más tranquilo de que su esposa mejoraría.
-Sí usted llega a enfermar, debe hacer lo mismo – le dijo – Les dejaré poción de reserva mañana, por si no puedo venir en un tiempo. Uno nunca sabe lo que puede pasar.
El señor Malfoy asintió, agradecido interiormente. La chica era noble, ahora entendía por qué Draco aunque no quisiera admitirlo, la idolatraba tanto. Era realmente una heroína.
-Bueno, mejor iré a ver quién más me necesita – comentó retrocediendo hasta la puerta -, mejor tomen de la sopa antes de que se enfríe. La olla tiene un botón de calentado en la parte de abajo por si después quieren más.
Y dicho esto, se volteó y abrió la puerta. No obstante antes de salir, la voz de Narcissa la detuvo.
-Hermione – la llamó, tensándola de inmediato, pues esa familia jamás la había llamado por su nombre de pila – gracias.
-No hay de qué – les sonrió y salió.
Holaaaaaaaaaaaaa! hay alguien por ahi? bueno aqui les traigo un nuevo capitulo, siento la demora, no tengo excusas, solo falta de inspiracion... Espero les haya gustado.
Dejenme sus comentarios si? se los agradeceria.
Y muchas gracias a quienes siguen esta historia, agregando a favoritos, alertas y expresando sus opiniones, son lo mejor 3
Ando corta de palabras, nos vemos en el proximo capitulo.
BYEBYE
MRS Taisho-Potter :)
