Giros del Destino
ATENCIÓN:
Las escenas del siguiente capitulo pueden ser perturbadoras debido a que dos adolescentes están en una cama. Si Ud. cree que la imagen que tiene de esta historia puede quedar comprometida, favor pase directamente al Capitulo 8.La autora.Capitulo 7
De cómo despertar a una Dulcinea.
La muy incipiente claridad del amanecer los sorprendió empapados de sudor. En algún momento de la madrugada Oscar dio la espalda a André y este la acunó con su cuerpo, en una muestra inconsciente de protección.
La primera en tomar consciencia de donde estaba fue Oscar. Abrió los ojos y notó estar sudando. Recordó que solo llevaba su tenue y particular ropa interior y una gran camisa como toda vestimenta. Todo su cuerpo se hallaba envuelto en colchas y las piernas y brazos de André sujetándola. Cerró los ojos de nuevo y los volvió a abrir. Definitivamente no era un sueño adolescente. Estaba abrazándola el ser humano más tierno y apuesto de su mundo.
Ella olía espantoso a cebollas maceradas y aun así André tenía su rostro apoyado por encima de su cabeza.
" De repente, todo esto me tiene confundida… pero no puedo esconder, me gusta tenerlo a mi lado al amanecer".
André también comenzaba a reaccionar lentamente, porque Oscar notó que sus dedos se movían temblorosos alrededor de su cintura.
"Debo bañarme. No me aguanto ni a mí misma. Pondría en una situación vergonzosa a André. No se merece ser la burla de la comitiva"
-Sabes que no me molesta el olor, si es eso lo que te está incomodando, pequeña Dulcinea – Sonó su voz masculina detrás de su cuello.
-Discúlpame. Don Quijote– escapó de ella esa frase en un suspiro.
-Es apenas una bagatela comparado con abrazar a una dulce y frágil chica sin saludar al demonio en la mañana. -Sus palabras susurrantes quemaban la nuca de Oscar.
-Pensé que estabas durmiendo. -No quiso ser tan escandalosa y prefirió seguirle el juego.
-Piensas tanto, y tu mente hace tanto ruido que vas a despertar al castillo completo. Por cierto, me gusta como huele tu pelo; me gusta como hueles en la mañana. -se abrazó más a ella, que permanecía dándole la espalda.
- André… basta.
- Y ahí está Satanás despertando su ejercito de demonios… Un último fuerte abrazo antes de que me pegues. -André estrujó más el cuerpo de Oscar.
-André… -Ella abrió los ojos sorprendida – Eso, eso… si tus brazos están aquí y tus piernas allá… qué es lo que está en mi espalda? ¡André!
Avergonzado, André se sentó en la cama y se llevó las manos a la entrepierna para cubrirse, estirando su camisa y luego una colcha. Oscar también se sentó y se llevó las manos a la cara.
-¡Oh por Dios! Es… es…
-Discúlpame, de verdad es muy vergonzoso para mi – tomó rápidamente una almohada porque a su percepción lo que usaba para cubrirse no podía ocultar el tamaño de su … vergüenza.
Oscar comenzó a reír sin ocultar el tono de burla. ¿Quieres también otra almohada? Es que me has impresionado tanto! Es tan… tan… -Entonces ella se puso de frente a él y apoyó las manos sobre los pectorales de André – Y luego la exagerada soy yo. Quédate tranquilo. Seguro que apenas pasas el promedio, si lo pasas. Es una leyenda urbana lo del priapismo ¿te paso la otra almohada? ¡Pero para tu cara!
-¡No! -Bufó muy molesto, tomando a Oscar de los hombros para apartarla de su frente. – Verás, en realidad esto responde a una necesidad física de querer orinar. Es natural en los hombres. No todo tiene que ver con las mujeres.
-Levántate entonces y ve a orinar afuera. No sea cosa que alguna otra doncella "dulce y frágil" sea perturbada también por tu amigo desvergonzado. Aprovecha que aún no ha salido el sol.
André estiró un pantalón y se lo puso casi en un salto. Oscar también se levantó y olvidó que iba sin sus calzas.
-Estás… estás… ¡no llevas nada debajo! Dónde están tus calzones?
-No voy a enseñarte lo que uso como ropa interior.
- Toda la noche pensé que no tenías nada debajo de esa camisa, cómo no iba a reaccionar mi amigo si pensé que…
-Entonces lo admites, no fueron simples ganas de orinar!
-¡Arrrrggg! ¡No se puede! ¡Contigo no se puede!
-¡Touché!
André se dispuso resignado a salir de la habitación.
-Son bragas cortas. Y no sé qué usarás tú, pero es mucho más cómodo e higiénico que esos calzones de lana que usan todos. -Levantó el borde de la camisa, sólo para enseñar la cadera y un poco de tela blanca debajo de la camisa. André se sintió mareado, ya estaba en dirección a la puerta cuando la escuchó y sólo volteó el cuello y vió esa pequeña demostración de timidez mezclada con sensualidad: Debía quedar bien parado de esta, antes que comenzara a sangrársele la nariz.
-Si es por higiene, debes saber que en la Mansión no suelo usar nada debajo. Algún día impondré ese estilo en Francia. – Y solo se alejó cantando alegre, dejando a Oscar gruñendo de la rabia.
-¡Maldito pervertido!
André ya no la escuchó.
Oscar decidió darle una buena utilidad a aquellas ollas con tanta agua, por lo que después de un breve análisis de la habitación, encontró en un rincón un barreño de madera. Debieron traer para el aseo de los Condes. Qué podía esperar ¿un cuarto de baño individual con tina de cobre y sirvientes que trajeran agua caliente? ¡Ja!.
Echó tranca a la puerta, acercó varias ollas al barreño y echó mano a un saquito dentro de su bolso que contenía trocitos de jabón de Marsella que su abuela le compraba del mercado para evitar que su cutis sufriera por el acné.
Se bañó como pudo y se secó con lo que llevaba puesto. Pronto se cambió y comenzó a vestirse para asistir a André. Una vez lista arregló el cuarto, dispuso su ropa contaminada en un rincón y supo que esos despojos probablemente los encontrarían en doscientos años en lo que serian las ruinas del Castillo de Compiègne… porque así como iba la cosa, nadie más se ocuparía de arreglar en siglos el ala oeste, claro, a menos que otro príncipe francés y otra princesa austriaca vuelvan a conocerse.
Cuando André llegó el olor a cebollas se había dispersado y ella se encontraba arreglando los papeles y escritos que había redactado el Comandante la noche anterior.
-Si hay algo que te distingue de las mujeres de la Corte es que no necesitas tanto perfume para ocultar tus olores personales. Hueles a limpio.
-Siempre he dicho que no se puede pretender salud sin un buen baño todos los días.
André se quitó las botas y comenzaba a desabrocharse la camisa. Oscar dejó las cosas como estaban y se dispuso a retirarse de la habitación al entender sus intenciones.
-Si vas a bañarte, te sugiero que uses los jaboncillos que dejé al lado del barreño.
-Oscar – Ya estaba el con el torso desnudo. -¿ Qué tal están tus heridas y picaduras?
-Aún me arden un poco, pero nada que no pueda tolerarse. Gracias por todo lo que hiciste por mi. Sabes que algún día te pagaré.
Se alejó a paso lento y salió de la habitación. Si lo miraba un segundo más, sería su perdición.
Se dirigió a los jardines para encontrarse con el otro Conde.
Fin del Capítulo 7.
Cortito ya sé… Espero no haber herido la susceptibilidad de nadie. Y espero que sepáis entender que al ser menores de edad, no los puedo exponer mucho. (Se me hace difícil, porque todos conocemos el final y tenemos en la mente a dos adultos!)Cariños, en brevísimo tiempo, el siguiente capitulo.