MAR EN CALMA
VII: CONCIERTO
Playa, Isla Moloka'i, Hawaii
El teléfono que Leilani le había conseguido logró su cometido, y Julián Solo había enviado un helicóptero a la isla de Moloka'i para llevar a Sorrento a Honolulu, donde tomaría un jet hacia París, para finalmente después tomar un tren a Marsella, donde aparentemente Poseidón había ya encontrado a Anfitrite.
El general marino tenía sentimientos encontrados. Quería regresar a Europa lo antes posible para ayudar a Julián, pero también había disfrutado mucho la compañía de Leilani. La chica tenía sentimientos encontrados también. Además, su vida se volvería muy aburrida cuando la chica se fuera.
La chica había ayudado al general marino a levantarse del suelo. Dejándolo apoyarse en sus hombros, lo ayudó a bajar de la cueva en el acantilado y dirigirse lentamente a la playa donde la chica lo había encontrado, al punto donde convinieron reunirse con el helicóptero.
Antes de ir por él, Leilani se había cambiado de sus habituales ropas, y se había puesto un vestido blanco. Esa mañana no había entrado al mar, por lo que sus cabellos estaban secos y ordenados, sin los restos de la sal del mar y de la arena, y se veían mucho más hermosos de lo que el general marino había visto antes. Sorrento no podía quitarle los ojos de encima, por más que intentaba disimular su interés en ella.
-¿Qué miras tanto, Sorrento?- dijo ella al notar la mirada del general marino sobre ello- ¿ves las maravillas que hacen el agua y el jabón?-
Sorrento sonrió, y bajó la mirada para cubrir un leve sonrojo.
-Lo siento- dijo el general marino- es solo que eres… una chica muy especial-
-Gracias- dijo Leilani, bajando la mirada también.
Sorrento la miró. ¡Lo que daría por llevarla con él a Grecia, o al templo bajo el mar! Ahora que lo pensaba, quizá podía hacerlo. Sabía que Julián Solo no le diría que no si se lo pedía. Y Leilani no tenía familia ni nada más que la atara a Hawaii. Sí, eso sería una buena idea.
-Por cierto, Leilani, ¿qué opinas si te dijera que…?- comenzó a decir Sorrento, pero no pudo terminar su frase.
Un hombre de raza hawaiana llegó detrás de ellos y, sin que Leilani se diera cuenta hasta que fue demasiado tarde, la tomó por los cabellos y la arrastró para alejarla de la playa. La chica gritó e intentó soltarse, pero el hombre la arrastró por los cabellos y su antebrazo.
Sorrento fue empujado hacia atrás, cayendo al suelo sentado, y miró, sorprendido y horrorizado, el trato que le dio el hombre y sus dos acompañantes, que el general marino supuso que eran sus hijos.
-¡Ah, suéltame!- gritó Leilani, intentando soltarse de él.
-Vaya, si es la hija de esa prostituta buena para nada…- dijo el hombre, haciéndola levantar la mirada tirando nuevamente de sus cabellos- ¿sigues el ejemplo de tu madre y ahora te encargas de atender extranjeros y turistas?-
Antes de que la chica pudiera responder o defenderse, el hombre la empujó hacia el suelo, boca abajo, y le puso las manos en la espalda, haciéndola gritar de dolor.
-¡Suéltala!- gritó Sorrento, intentando levantarse y ayudarla, pero los dos muchachos que iban con el hombre se lo impidieron, empujándolo y haciéndolo caer al suelo de nuevo- es una chica, ¿qué te ha hecho?-
-Haber nacido- dijo el hombre sin mirarlo, y sin quitar la vista de la chica- le advertí a este pedazo de basura que se alejara de mi playa, y es la tercera vez que la veo pescando por aquí-
-Suéltala- dijo Sorrento otra vez, empuñando su flauta debajo de sus ropas- te lo advierto…última oportunidad-
-¿O qué, turista?- dijo el hombre, por primera vez quitando sus ojos de la chica y volviéndose hacia el general marino- ¿qué no ves que esta basura está siguiendo los pasos de su madre? Seducir a un turista por dinero, que vergüenza…-
-No es cierto- gritó Leilani, mientras intentaba quitarse de encima al sujeto- Sorrento, no es…-
El hombre, mister Kalani, se echó a reír, y tras torcer más el brazo de la chica y desprenderle otro grito de dolor, la hizo darse la vuelta, sobre su espalda, y tomándola del cuello, comenzó a apretarlo, con la clara intención de estrangularla. Sorrento, horrorizado y confundido, se lanzó hacia ellos para evitarlo, pero el hombre lo alejó con otro empujón. La herida en su pantorrilla sangró un poco, pero no se le abrió.
Leilani, mientras tanto, lo pateó en las costillas, haciendo que el hombre la suelte. Se giró sobre la arena de la playa, alejándose de él e intentando ponerse de pie. Lleno de coraje, Salani la alcanzó antes de que lo lograra, y la golpeó de lleno en el rostro, apagándole las luces.
Lo que vio hizo que Sorrento encendiera su cosmo lleno de furia.
-Te lo advertí, malnacido- dijo Sorrento,, y se llevó la flauta a sus labios. El hombre se echó a reír.
-¿Crees que la música me asusta?- dijo Kalani- esta… chica no debe seguir viviendo. Debe ser eliminada. Es una vergüenza para mi familia que haya logrado vivir por tanto tiempo. Pero esto termina ahora- añadió, volviendo a poner las manos en el cuello- morirá y el mar clamará su cuerpo-
Sorrento no le respondió. Comenzó a tocar su Dead End Symphony y, tras unos segundos de ataque del general marino, el hombre y sus hijos no tuvieron otra opción más que huir asustados.
-No sé que brujería es esa- gritó Kalani, mientras que se alejaba de ellos- le has comprado un poco más de tiempo. Pero pronto tendrás que irte. Y será entonces cuando me deshaga de esa chica de una vez por todas. No puedes quedarte aquí para siempre-
Una vez que quedaron solos, el general marino se inclinó hacia ella. Ahora ella era quien necesitaba ayuda. Sorrento la levantó de la playa, y sacudió la arena de sus ropas y de su cabello. Suspiró. Ahora no tenía opción. Tenía que llevarse a Leilani a Grecia, o ese hombre, su padrastro la iba a destruir. Sorrento tuvo que tomar la decisión en menos de cinco minutos, pues el helicóptero ya había llegado a donde se encontraban.
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Residencia Laurent, Marsella
Tras varias horas de golpear, arañar y patear la puerta de la entrada del sótano, Céline se recargó sobre ella en un gesto desolado y se deslizó al suelo. Abrazó sus rodillas y hundió su rostro entre sus brazos, llorando amargamente.
¿Cómo había sucedido eso? Apenas unas horas antes, había estado en los brazos de Poseidón, segura de que todo iba a estar completamente bien. Y ahora estaba encerrada en un sucio sótano, y su hermano estaba haciéndola de perro guardián para su padre y Eugéne. ¿Quién iba a pensar que Fleur de Lys sería capaz de engañar y controlar a François?
-Deja de llorar- dijo François con un tono cortante, dando un golpe en la puerta que hizo que la niña diera un respingo.
-¿Qué te hicieron, cher François?- dijo Céline- siempre has estado conmigo, cuidándome. ¿Porqué me dejaste?-
-Fleur de Lys fue muy persuasiva, ma petite soeur- dijo François.
-Fleur de Lys te embrujó, estoy segura- dijo Céline, segura- usó algún tipo de poder divino sobre ti. No sé que te hizo, pero éste no eres tu mismo. François, prometiste estar a mi lado. Prometiste ayudarme. Tú dijiste…-
-Estaba equivocado- la interrumpió François- es nuestro padre, y tienes que obedecer-
-¡No!- gritó Céline. Como respuesta, François, golpeó la puerta de nuevo, y la chica dio otro respingo.
-Je vais lui faire payer ta faiblesse- dijo François.
Céline golpeó la puerta una última vez, y se echó a llorar de nuevo, rogando a los dioses que Poseidón supiera lo que estaba sucediendo para que la ayudara.
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Terrenos, Santuario de Athena, Atenas
La noticia del concierto en el que Cathy iba a participar esa noche, y hubo más de una amazona quien se sintió triste por no poder asistir. Incluso Saori hizo un berrinche porque quería ir con los demás. Claro que eso estaba fuera de discusión.
-¡Pero yo también quiero ir, Shion!- dijo Saori en un tono triste- ¡no es justo!-
-Señorita Athena, si quiere ir, tendrá que llevar a todos los santos dorados- le explicó Shion- y no hay tiempo para los preparativos. Será la próxima vez-
Saori tenía la cara de que iba a hacer otro berrinche, pero se contuvo y no dijo nada. Al verla, Cathy soltó por un momento a Milo y corrió a abrazarla.
-No te preocupes, Saori, volveremos pronto, y si quieres, haremos un concierto para ti aquí también. Si quieres, podemos invitar también a Sorrento-
-Y a Orpheo y a Pharaon- añadió Milo.
Cathy sonrió y, tras ponerse de puntitas para besar a Milo en la mejilla con cariño, lo tomó de la mano y casi lo arrastra hacia el jet. Kanon y Satu se despidieron también y subieron también, seguidos de Sofi y Aioros. No pasó mucho tiempo cuando el jet despegó hacia Marsella.
Aioria y Marín sonrieron al ver a los demás alejándose. El santo de Leo apretó su mano con cariño y la besó en el cabello.
-¿Vamos al bosque a entrenar?- dijo Aioria, guiñando un ojo.
Marín sonrió bajo su máscara y asintió. Tiró de la mano de Aioria y lo arrastró hacia el bosque.
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Jet privado, en algún sitio sobre el Pacífico
Leilani gruñó por lo bajo mientras despertaba. ¡Le dolía horriblemente la cabeza! Quizá un té de hierbas con limón podría quitarle el dolor de cabeza. Puso su mano a su lado, donde debía estar el suelo, sintió algo blando. De pronto, recordó lo que había pasado. Abrió los ojos de golpe y miró a su alrededor. Se incorporó, sentada, y se dio cuenta que estaba en un extraño asiento.
-¿Qué rayos…?- comenzó a decir.
-Buenos días- escuchó la voz de Sorrento.
Leilani miró a su alrededor, y detuvo sus ojos sobre el rostro del general marino.
-¿Sorrento, qué pasó?- dijo ella, dudosa- ¿dónde estamos?-
-Lo lamento mucho, Leilani- dijo el general marino en un tono de disculpa- ese hombre, tu padrastro, trató de… ya sabes- se aclaró la garganta- amenazó con volver a intentar tomar tu vida cuando yo me fuera. No tuve opción. Tenía que traerte-
Leilani se tardó unos minutos en comprender lo que Sorrento acababa de decir. Fue entonces cuando notó la diferencia. El general marino estaba vistiendo ropas nuevas y limpias. Y se vio ella misma. Traía puesta ropa nueva, que ella jamás había usado antes. ¿Qué había pasado?
-¿Qué es esto?- dijo ella, tocando el vestido que traía puesto.
-Tu ropa estaba rota, mojada y cubierta de sangre- dijo Sorrento en voz baja- una de las sirvientes de mi amo te cambió, lo prometo-
-¿Qué dices?- dijo ella, intentando ordenar sus ideas. Sorrento le había dicho que la había tenido que traer. ¿A dónde?- ¿me sacaste de Moloka'i?-
-Y de Hawaii- dijo Sorrento- nos dirigimos a Europa-
Leilani se enfureció. Se levantó de su asiento, con la mano en alto, lista para darle una bofetada a Sorrento, pero la turbulencia en el jet la hizo caer sobre el regazo del general marino. Al darse cuenta de lo que había pasado, ambos se ruborizaron furiosamente, pero el general marino aprovechó para tomarla de las muñecas y evitar que lo golpeara.
-Escúchame, Leilani, por favor- dijo Sorrento, rogando a los dioses que la chica no notara su coloración rojiza- tu padrastro te estaba estrangulando frente a mis ojos. No esperabas que te dejara tirada en la playa con él tan cerca para hacerte daño, ¿o sí? No te iba a dejar ahí. De verdad no tuve opción-
Leilani lo miró, asustada, e inconscientemente se llevó las manos al cuello. Entendía perfectamente a Sorrento, y le estaba agradecida por haberla alejado de su padrastro, pero tenía miedo. Apoyó la cabeza sobre el hombro del general marino, y éste sonrió levemente.
-Pero…- comenzó ella.
-¿Pero?-
-¿A dónde vamos?- dijo Leilani- ¿a Grecia?-
-Primero a Francia, Poseidón encontró ahí a su esposa- dijo Sorrento- y después sí, eventualmente a Grecia. Si quieres… si quieres quedarte conmigo… quiero decir, con nosotros al servicio del señor Poseidón-
Leilani levantó la cabeza y suspiró con tristeza. Se levantó y se sentó junto a él con una expresión entristecida.
-¿Qué sucede?- dijo Sorrento, mirándola a los ojos- ¿qué te molesta tanto?-
-Grecia- dijo ella, jugando con sus dedos- ¿qué es lo que voy a hacer en Grecia? No sé hacer nada de lo que ustedes hacen-
Sorrento puso la mano suavemente sobre la de ella.
-Me salvaste la vida, Leilani- dijo el chico- estoy seguro de que…-
-Ni siquiera sé leer…- lo interrumpió ella.
El general marino sonrió y le pasó el brazo por la espalda, para atraerla a sí mismo. Incluso se ruborizó de su propio atrevimiento. La besó en la frente con cariño.
-No necesitaste eso para salvar mi vida- dijo él en voz baja- quiero que estés conmigo-
Leilani se volvió hacia él, sorprendida.
-Déjame mostrarte lo que puedo ofrecerte- dijo él.
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Hotel a las afueras de Marsella
Julián Solo se levantó tan pronto como amaneció, con una enorme sonrisa en su rostro. Sabía que esa noche vería a su Anfitrite. Hablaría con su padre y la llevaría de regreso a donde debía estar: en el templo bajo el mar. Pero su alegría no duró mucho tiempo. Isaac llegó temprano para darle el reporte.
-Señor Poseidón- dijo Isaac- tenemos un problema. La señorita Céline entró a su casa, pero nunca subió a su habitación-
-¿Qué significa eso?- preguntó Julián, alzando las cejas.
-No sé que sucedió. señor- dijo Isaac, cabizbajo- pero tengo un mal presentimiento. Krishna se quedó vigilando, pero dijo que la situación es igual. La habitación está desierta, y su hermano mayor está haciendo guardia tras una puerta-
Poseidón entendió lo que eso significaba, y encendió su cosmo, violentamente enfurecido. Isaac dio un paso atrás por instinto, no tanto porque tuviera miedo. Pero Julián lo entendió. Esa familia lo estaba desafiando. ¡De seguro habían encerrado a su Céline!
Julian dio vueltas en la habitación como león enjaulado, meditando lo que quería hacer.
-Regresa de inmediato, Isaac- dijo Julian- habla con los sirvientes, averigua que fue lo que pasó. Y averigua si irán con ella al concierto. Si es así, será nuestra oportunidad de sacarla de ahí sin arriesgarnos a que la lastimen-
Isaac asintió y se apresuró hacia la casa de los Laurent. Julián Solo lo miró alejarse, con sus puños apretados. Había considerado seriamente provocar un terremoto o romper de una patada la puerta de la entrada de la casa de los Laurent y rescatar a Céline, pero lo pensó mejor. Tenía que salvarla, y asegurarse que ningún daño llegara a su esposa. Y el concierto era su mejor oportunidad.
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Abadía de San Víctor, Marsella
El hombre y la mujer estaban de pie, justo en la entrada del patio de la abadía. Esa tarde el cielo se había nublado de pronto, tras haber estado despejado hacía apenas unos segundos. Ambos miraron al cielo, las nubes que amenazaban en convertirse en una tormenta, y sonrieron satisfechos.
-¿Y bien?- dijo el hombre con un fuerte acento inglés, quien desvió la mirada del cielo hacia la mujer- ¿está hecho?-
-Estarás muy complacido con estas noticias, Henry- dijo Fleur de Lys- ahora no solo tenemos el apoyo de monsieur Laurent. También François está bajo mi control, y me ayudará a cumplir nuestro objetivo. Solo falta que Céline… ceda a nuestras peticiones-
-Lo hará a su debido tiempo, estoy seguro. La mocosa no querrá que algo malo le suceda a su hermano- dijo el inglés- ¿está todo listo para el concierto de esta noche?-
-Sí, y está confirmado- dijo Fleur de Lys, alzando las cejas de manera significativa- ella vendrá también. El espía que tenemos posicionado en el Santuario de Athena lo confirmó-
-Muy bien, Fleur de Lys- dijo Henry con una amplia sonrisa- no quiero ninguna falla mañana. Si tenemos éxito, no solo tendremos a Anfitrite para nuestra causa, sino que nos vengaremos de una traidora y de un enemigo muy perverso-
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Residencia Laurent, Marsella
Céline se despertó sobresaltada al escuchar los cerrojos de la puerta del sótano abrirse. Como reflejo, se levantó de golpe tomó una de las escobas que estaban ahí para defenderse. La puerta se abrió, y se dio cuenta de que era su padre.
-Buenos días, Céline- dijo monsieur Laurent- esa escoba no es necesaria. Necesito que te arregles, que uses tus mejores galas para esta noche. En el teatro, tú y Eugéne se declararán oficialmente comprometidos-
-No lo haré- dijo Céline en un tono definitivo, sin bajar la escoba- y no iré esta noche al teatro con ustedes-
Claro que Céline quería ir al teatro: sabía que ahí estaría Poseidón como lo había prometido. Pero no sabía exactamente que estaba pasando. Solo sabía que había hecho un trato con un ser malvado que había de alguna manera embrujado a su hermano. Y si algo quería, era que no se dieran cuenta de lo mucho que quería ir al teatro: no quería que ellos se dieran cuenta de que vería ahí a Poseidón.
Pero su padre no dejó de sonreír.
-Lo harás porque yo te lo ordeno, Céline- dijo monsieur Laurent- y lo harás, porque si no, François la va a pasar muy mal-
Monsieur Laurent señaló a François, quien estaba de pie detrás de él. Céline palideció mortalmente al verlo. Su hermano tenía una navaja abierta en la mano, pegada a su propio cuello. La niña se llevó las manos a la boca para reprimir una expresión de horror.
-Padre, ¿qué le has hecho?- dijo la chica con voz ahogada, mirando a su hermano.
-François te acompañará a tu cuarto- dijo monsieur Laurent- tienes una hora para arreglarte. Y si escucho una sola voz que no sea la tuya, si llego a imaginarme que hay un general marino cerca, tu querido hermano lo va a pagar muy caro-
Céline lo miró, desafiante, pero no tuvo más remedio que obedecer. Subió a su habitación, seguida de su hermano mayor, quien caminaba detrás de ella como un zombie. Una vez que entró a su cuarto y François se quedó de pie en la puerta, la chica tomó una hoja de papel y un marcador. Al ver el brillo dorado de la armadura de Krishna, escribió unas palabras en las hojas de papel y las colocó junto a la ventana, para asegurarse de que el general marino las encontrara.
"Estoy en problemas"
"Me obligarán a comprometerme en el teatro"
"Ayúdenme, por favor"
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Entrada al Escenario, Teatro de Marsella
Esa noche, Milo acompañó a Cathy al teatro de Marsella. Otros músicos estaban ahí, afinando sus instrumentos y preparándose para el concierto. Cathy sacó el violín de su estuche y comenzó a afinarlo también, cuerda por cuerda. Milo la miró con atención, sosteniendo el estuche.
-Oye, tranquila, Cathy- le dijo Milo, acariciando con cariño los cabellos de ella, al ver que sus dedos estaban temblando levemente al empuñar el arco del violín- yo sé que estarás extraordinaria. Como siempre-
-Gracias, Milo- dijo Cathy con cariño.
-No te preocupes, mi amor- dijo Milo en voz baja- estarás perfecta. Lo has hecho siempre y siempre has sido perfecta-
-¿Sabes que hago cuando estoy nerviosa?- dijo ella- pretendo que estoy sola contigo, tocando el violín solo para ti-
Milo sonrió, más chiflado que de costumbre, y la abrazó con fuerza, levantándola del suelo. Cathy rió, llamando la atención de los otros músicos, que algunos los miraron con algo de envidia.
-Estaré en primera fila para ser el primero en abrazarte cuando termine el concierto- dijo Milo en un susurro, poniéndola en el suelo, para después tomar su mano derecha y besarla.
Cathy se puso de puntas y lo besó en los labios con cariño.
-Nos vemos después del concierto, bonny lad- dijo Cathy.
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Entrada Principal, Teatro de Marsella
Los otros santos de Athena habían llegado al Teatro. Entregaron los boletos que Cathy les había regalado, y pronto fueron alcanzados por Milo, quien estaba con una amplia sonrisa y un poco ruborizado. Aioros sonrió levemente. ¿Quién hubiera dicho eso, ver a Milo tan enamorado? Kanon, por su parte, no decía nada, solo gruñó por lo bajo, con Satu aferrada a su brazo con cariño. Ella le apretó la mano con suavidad, y Kanon no pudo evitar sonreír levemente.
-Me alegra que hayamos venido, Kanon- le dijo Satu, sonriendo. El gemelo menor no dijo nada, solo acentuó un poco su sonrisa. A él no le gustaban ese tipo de eventos, pero le pareció bien que Satu saliera un poco, sobre todo después de que hubiera estado sintiéndose mal por algunos días.
A diferencia de Kanon, Aioros estaba mucho más feliz. Sofi llevaba algunas colaciones de manzanas deshidratadas en su bolsa y, tras ver que tenía su bomba de insulina, los guardias del teatro no tuvieron ningún problema con dejarla pasar con esa comida.
Una vez que entraron, para sorpresa de los santos dorados, vieron entrar en otra área del teatro a Julián Solo y algunos de sus generales marinos. Faltaban Sorrento, Isaac y Krishna.
-Vaya, si es Kanon, mi antiguo general marino- dijo Julián al verlo, sin mucha emoción, mientras que Kanon lo miraba anonadado.
-¿Julián Solo?- dijo Kanon, sorprendido, acercándose a él, mientras que Satu sonreía- ¿qué haces aquí?-
-Kanon- dijo Julián aún con un tono lleno de seriedad- estamos aquí porque encontré a Anfitrite en esta ciudad, y me encontraré con ella aquí-
Kanon frunció el entrecejo. Se sentía algo culpable de lo que había pasado hacía unos años con Anfitrite, pero el gemelo estaba seguro de que Julián estaría mucho más feliz de haberla encontrado. ¿Qué habría pasado? Satu no dijo nada, solo los siguió con la mirada.
-Que bueno que la encontraste- dijo Kanon- pero, ¿porqué no suenas más feliz?-
Julián Solo estaba cabizbajo.
-Hay un problema- dijo Julián tristemente- su familia… quiere casarla con otro hombre. Si lo que Krishna me dijo es correcto, la van a obligar a anunciar su compromiso aquí. Kanon, tengo que hacer algo para salvarla-
-Lo sé, Julián- dijo Kanon, inconscientemente pasando su brazo por la espalda de Satu y atrayéndola hacia sí mismo- es tu esposa. No puedes permitirlo-
Julián sonrió tristemente y asintió, volviendo su atención hacia Satu.
-¿Y esta hermosa señorita quien es?- dijo Julián, inclinándose y besando la mano de la chica.
-Ella es Satu, es mi chica- dijo Kanon con seriedad, poniendo mucho énfasis en la penúltima palabra. Julián casi olvida lo que estaba sucediendo con Anfitrite y se echa a reír. Jamás había visto a Kanon tan posesivo con algo o alguien. Esto era prometedor.
-Mucho gusto, señorita Satu- dijo el joven dios- Julián Solo, a su servicio-
-Encantada- le dijo Satu, sonriente.
Asintió levemente a Kanon y se cruzó para hablar con Aioros y Sofi. Satu se volvió al gemelo.
-¿Quién es él, Kanon?- le preguntó al gemelo en un susurro.
-Julián Solo es Poseidón, dios de los mares- dijo Kanon en voz baja. Satu se sorprendió al escuchar eso. Kanon no parecía muy feliz- cuando yo… estaba en malos pasos, como enemigo de Athena, trabajé para él. Lo engañé para lograr mi objetivo. No me enorgullezco de ello. Pero ahora somos buenos amigos-
Satu asintió suavemente y sonrió.
-Ya no eres esa persona- dijo Satu en voz baja. Kanon sonrió y la besó en la frente. Iba a decir algo más, pero fueron interrumpidos por una voz masculina.
-Señores, señoritas, por favor- dijo uno de los empleados del teatro, llamando la atención de los santos y sus chicas- hagan favor de tomar sus lugares. La función está a punto de comenzar-
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Entrada a los palcos, Teatro de Marsella
Céline no tuvo más opción que obedecer e ir al teatro escoltada por su padre, su hermano, Eugéne y Fleur de Lys. Los acomodaron en uno de los grandes palcos principales del teatro, y fueron acompañados por otro hombre con acento inglés, que no le dio buena espina a la chica. Tan pronto como se acomodaron en sus sitios, Céline buscó ávidamente con la mirada a Julián. Tras un par de minutos, logró encontrarlo en una de las filas debajo de su palco. Se esforzó mucho para no sonreír al reconocerlo. Era casi imposible. Sentía la presencia del dios de los mares tan cerca de ella, y un impulso desesperado y casi incontrolable de correr hacia él, brincar del palco si era necesario.
Céline sintió que Eugéne la abrazó por la espalda, y sintió un desagradable escalofrío. Se sacudió los hombros para quitarse sus brazos, pero el hombre al parecer no entendió el mensaje, pues volvió a abrazarla. La chica se levantó y dio unos pasos hacia delante, hasta la orilla del palco.
-Por favor, monsieur, necesito espacio- dijo Céline entre dientes- hace demasiado calor-
-Por supuesto, madame- dijo Eugéne, dejándose caer en su asiento. Céline, por su parte, miró disimuladamente hacia abajo.
Sus ojos se encontraron con los de Julián. Éste le sonrió y le guiñó un ojo de manera significativa. Céline también sonrió al verlo, aliviada de que Poseidón estuviera ahí y supiera donde estaba ella. Con una última mirada, volvió a sentarse en su sitio, volviendo a su anterior seriedad.
-Por todos los dioses, Céline, sonríe- dijo monsieur Laurent- la gente va a pensar que dormiste en el sótano-
Céline puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos. Miró de reojo a su hermano François, quien seguía sentado en un rincón del palco, con la mirada perdida, mientras que Fleur de Lys le susurraba algunas cosas al oído, con una expresión que hizo que Céline se sintiera nauseosa.
La chica cerró los ojos cuando las primeras notas de la música comenzaron a sonar, rogando a los dioses que Poseidón tuviera una buena idea para sacarla de ahí.
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CONTINUARÁ...
¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Quedan otros tres capítulos, que se publicarán antes de que me vaya de vacaciones el próximo jueves 8 de septiembre. Tengo casi terminada la historia que sigue, la de Shaka, pero tendrá que esperar a que regrese el 24 de septiembre. Muchas gracias por seguir leyendo, y por sus reviews. Les mando un abrazo.
Abby L.
