Capítulo 7

Sango llegó el viernes en la mañana a Tokio. Había hablado con Kagome quien le dijo que la estaría esperando en el aeropuerto. Había traído solo una valija, pensando en que no se quedaría mucho tiempo, ya que los preparativos para el desfile del próximo año estaban aún a medio camino y el tiempo se les había venido encima.

Corroborando su reloj de pulsera, el cual había ajustado al horario del país, se dio cuenta que había llegado a la hora exacta, por lo que sacó su móvil y comenzó a buscar el contacto de Kagome. Cogiendo su valija de la cinta distribuidora, se encaminó a uno de los locales a por un café, distraída esperó que su amiga le contestara y comenzó a rebuscar en su bolso de mano una tarjeta para pagar.

-¿Qué tal si me permite llevarla a su destino y de pasó le invito un desayuno que esté a la altura? –Sango se giró sorprendida y se encontró con un alto joven de coleta y unos profundos ojos azul marinos que seguían igual de risueños que cuando los vio por primera vez.

-Miroku –sonrió complacida- ¿qué haces aquí? –dijo mientras se acercó al joven y le ofreció un abrazo que este correspondió.

-¿No es evidente?, seré nada más ni nada menos que su escolta principal mi joven dama. Mi fin es hacer de su estadía en este país algo placentero –le ofreció caballerosamente un brazo mientras con el otro cogía la maleta de la chica- si gusta en seguirme.

Sango solo pudo reír ante la actuación del joven. Miroku había sido muy amable todo este tiempo, ayudándole no solo con los asuntos legales concernientes a los herederos sino con otros de la misma empresa. Era un gran aliado, tenía un gran sentido de la responsabilidad, era rápido para crear soluciones a los problemas, tenía una gran cantidad de contactos y siempre era muy, muy optimista. Le hacía respetarlo mucho esa última cualidad, siempre se mostraba muy alegre y dispuesto a ayudar a los demás.

-¿Te he sacado de trabajo?

-Cuando eres una persona con un alto sentido de la responsabilidad y la organización, el tiempo te alcanza para todo. Además ya te dije, me encomendaron esta noble tarea y no podía negarme.

-Te recomendaré con mis amigos.

-La verdad, es un trabajo muy personalizado. Una excepción –dejando entrever un sutil toque de coquetería que la joven pasó por alto.

-Pues me siento halagada. ¡Vaya!, bonito auto.

Acercándose al BMW I8 rojo, se dirigieron rumbo a casa de Irasue, ya que la joven insistió en dejar el café para más tarde. Nunca había estado en Japón, por lo que se deleitó apreciando las construcciones y multitud de personas que transitaban las calles. No lograba entender nada de lo que rezaban los anuncios de neón o las pantallas led, solo reconocía los logos de las multinacionales más famosas.

-Así que eres japonés por parte de tu padre, –dijo recordando su apellido- ¿has vivido siempre en el país?

-Mi madre es inglesa, nos mudamos a Bristol cuando tenía siete y volví a los doce.

-¿Y cómo conociste a Sesshoumaru?

-Mi padre trabajaba para la empresa de InuTaisho, solía verlo en las fiestas, pero de pequeños no nos relacionábamos mucho porque siempre se aislaba de todos. Cuando volví de Inglaterra me tocó estar en su salón y realmente ahí nos hicimos amigos… aunque siempre ha sido un pesado –finalizó irónicamente.

-Se nota que te tiene en mucha estima, ha hablado muy bien de ti.

-¿Ah sí?, ¿y qué dice?

-Que eres bastante inteligente, competente, que tienes una muy buena oratoria… y que eres todo un conquistador –al chico no pareció agradarle mucho eso, sin embargo, siguió de muy buen humor.

-Ahora, eso solo es envidia.

-No te he visto en más de dos fotos con la misma mujer, la verdad –el chico frunció el ceño y rio.

-¿Fotos… como en internet dices tú?, –la chica se sonrojó automáticamente ante lo descuidado de su comentario- ¿y qué más has encontrado de mí en internet?

-Creo que se ha malentendido mi comentario -¿cuánto más faltaba para llegar a su destino?, ¿un milenio?

-Yo creo que lo he entendido muy bien. Buscaste fotos de mí en internet, apreciaste que soy muy fotogénico y quizá te topaste con uno que otro dato interesante y escandaloso. Vamos, cuéntame, me produce curiosidad… puede que haya algo de mí que ni yo sepa.

-Eres un chiflado.

-Anda… -dijo mirándola de reojo- si me lo dices te diré qué encontré yo sobre ti –la chica se volteó a verlo con evidente incredulidad.

-Estas mintiendo.

-Ponme a prueba.

-¿Buscaste información mía en internet? –trató de que su tono fuera de indignación pero fracasó miserablemente, sonando bastante divertida en realidad.

-Internet es una bazofia al lado de mis contactos, –dijo tomando una curva que los llevó hacia un gran portón metálico donde tuvo que poner su rostro ante una cámara- me temo que hemos llegado. –dijo entrando hasta quedar junto a una puerta principal donde una animada Kagome jalaba de un brazo a Sesshoumaru hacia las escaleras- No te preocupes, continuaremos esta charla pronto.

Sango lo miró por unos instantes y trató de apretar los labios para no sonreírle. Le encantaba esa actitud tan atrevida que tenía el muchacho, era tan jovial. Antes de bajarse le guiño un ojo y se apresuró a abrirle la puerta del coche como todo un caballero. Sí que se había tomado el papel en serio. Una vez fuera, Kagome corrió a sus brazos y muy emocionadas comenzaron a hablar en su lengua materna, dejando de lado a los chicos.

-¡Al fin!

-Ya lo creo que al fin.

-Es un país fantástico, ¿ah que sí?

-Ya puedes apostarlo, ¿por qué no me dijiste que enviarías a Miroku?

-¿Enviarlo?, desde que supo que venías ha insistido una barbaridad en ir a por ti. Ni siquiera se ofreció a acompañarme, solo dijo que se haría cargo y partió, ¿puedes creerlo? –la verdad, la noticia le sentaba de maravilla, además de trabajarle el ego.

-Ya, creo que he metido un poco la pata en el trayecto a casa.

-¿Cómo?, cuéntame –dijo Kagome mientras comenzaron a comentar por lo bajo.

Saludando a Sesshoumaru, entraron todos a casa donde Irasue la recibió alegremente. Miroku insistió en transportar su equipaje hasta su cuarto, por lo que siguió a ambas chicas. Pronto Kagome decidió dejarlos 'a solas' para que Miroku continuara con su papel y se reunió con Sesshoumaru.

-¿Qué tal si salimos a comer?

-Claro, es una magnífica idea –dijo Irasue pasando por salón. Claro que Sesshoumaru había pensado solo en ellos dos, por lo que maldijo en su mente- les diré a los demás que se alisten.

-¿Dónde iremos? –Kagome se acercó al brazo del asiento donde estaba Sesshoumaru sentándose en este y abrazado a su hermano.

-Dejémoselo a mi madre –dijo inclinando más su cabeza para que Kagome acariciara su cabello.

-¿Te quedarás hoy? –dijo en un evidente tono de súplica la chica.

-Claro. Veremos una película, ¿te parece?

-Me encanta.

-¿Qué película veremos? –dijo Miroku entrando seguido de las dos mujeres. Genial, el sentido de la oportunidad de las personas en casa era de lo mejor.

-¿Tú no tienes casa? –ante la respuesta de Sesshoumaru, Miroku miró a Irasue con un gesto de puchero.

-Sí Miroku, esta también es tu casa.

Satisfecho ante la respuesta le hizo un gesto de suficiencia a un fastidiado Sesshoumaru. Cuando todos se dirigieron a un restorán de comida tradicional japonesa, Irasue les entregó ciertas instrucciones de lo que debían hacer al otro día.


Todos los invitados habían confirmado su asistencia, incluso aquellos que fueron invitados de último momento por arreglos de la agenda. Evidentemente, nadie quería quedarse fuera, era un evento al que claramente nadie quería faltar por lo exclusivo que resultaba. En sus pocos días en la capital nipona, Kagome se había dado cuenta lo reconocidos que eran en la familia de Sesshoumaru; a todas partes a las que iban, alguien se acercaba a saludarles o invitarles a una cena, lanzamiento de algo o evento social. Cada vez que la presentaban como hermana del peliplateado, las mujeres parecían dejar el recelo de lado y deshacerse en muestras de amabilidad y buena disposición, lo que para Kagome era más frustrante, ya que una punzada de celos se instalaba en la base de su estómago.

Entrar al restorán fue más de lo que había tenido las veces anteriores, las mujeres mirando a Sesshoumaru como si quisieran pedir una orden de él y, quizás, aderezado esta vez con un poco de Miroku encima. A su paso, de una en una todas iban brindando sonrisas más y más amplias, las más osadas tratando de exhibir mejor sus piernas o escotes. Sin embargo, Sesshoumaru parecía no notarlo, Kagome se dedicó a pensar lo acostumbrado que debía estar a recibir tanta atención como para no sentir el impulso de, ni siquiera, devolverles la sonrisa a las mujeres. De hecho con suerte las miraba y, más aún, su única preocupación parecía ser ocuparse de ofrecerle siempre lo mejor a ella y junto con eso, toda su atención.

-'Si supieran que está mejor sin polera'.

Ocupando su mente en concentrarse en la carta que estaba traducida, consiguió que Irasue le ayudara a decidirse por lo que pediría. Cuando esperaron a por la orden, Sesshoumaru hizo un gesto con la cabeza a dos albinos que se encontraban unas mesas más allá de ellos, los cuales les saludaron con la mano.

-¿Es esa Kana y su mellizo? –preguntó Irasue.

-En efecto –dijo Miroku saludándoles igualmente a la distancia, gesto que Irasue imitó.

-Vaya, había olvidado lo mucho que se parecen –en eso, a la mesa de los mencionados se sumó un hombre mayor con una barba y bigote muy peculiares. Cuando cruzó mirada con Irasue, esta pareció incomodarse un poco y ante el saludo del hombre asintió con su cabeza.

-Así que es una cena de negocios –sentenció Sesshoumaru, notando como el hombrecillo miraba fijamente a Kagome- espero que el trabajo no se extienda hasta nuestra mesa.

La velada fue bastante agradable, la comida impresionó mucho a las chicas, ya que los sabores exóticos a sus paladares fueron muy bien aceptados en sus estómagos. Mientras Miroku les proponía a los comensales ir a un lugar más 'alegre' al salir de allí, Irasue se disculpó para acercarse al servicio y luego se adelantó al resto para pagar sin enzarzarse en la discusión de quién lo haría.

-Buenas noches Irasue –la mujer casi saltó ante la voz del hombre.

-Totosai, ¿cómo has estado? –trató de aparentar tranquilidad.

-Muy bien gracias –dio una mirada de soslayo hacía la mesa de los jóvenes- ¿es esa la hija de InuTaisho?

-Sí, ella es Kagome.

-Bueno 'hija' –dijo acentuando la palabra. Ambos miraron a la mesa esta vez. Sesshoumaru acomodó un cabello travieso tras una de las orejas de la joven le sonrió mientras cogía su mano y la mantenía de esa forma mientras la dejaban encima de la mesa- aaah bueno, por lo que veo ya les contaste.

-No, –respondió tajante- nada de eso Totosai. Y creo que no es el lugar para hablar de ello.

-Lo siento, no quería ser imprudente, es solo que… no parecen actuar como hermanos precisamente. Bueno, creo que no hay problema en ello después de todo.

-Totosai, –dijo Irasue a modo de advertencia- ellos 'son' hermanos. Las cosas se quedarán de esa manera, porque ambos recordamos perfectamente lo que quería InuTaisho.

-Creo que debemos hablar de ello Irasue. Hace algunos meses InuTaisho me hizo llegar unos papeles. Esto es importante y creo que es justo que sepas que parece haber cambiado de opinión respecto a lo que nos hizo prometer.

-¿A qué te refieres?

-Ya lo sabes, la chica no es su hija biológica –Irasue lo miró un tanto perpleja y no alcanzó a notar que una joven se acercaba a ellos y había oído perfectamente esto último.

-Buenas noches señora Irasue, se ve espléndida como siempre –la aludida se giró bruscamente y antes de responder con renovada compostura le dirigió una mirada de advertencia a Totosai el cual no pareció molestarse y entender perfectamente el mensaje.

-Kana, te has puesto muy hermosa. Hace mucho tiempo no veía a tu hermano.

-Ha venido para quedarse. Veo a Sesshoumaru y Miroku muy bien acompañados, ¿son sus citas?

-No, son solo Kagome, la hermana de Sesshoumaru y una amiga de ella, han venido especialmente por el cumpleaños de mi hijo.

-Ya veo –dijo mirando hacia la mesa- ¿cuál de ellas es Kagome?

-La de cabello suelto.

-Aaah… -a la mujer le pareció muy curiosa la actitud del ejecutivo, se veía tan cercano a la muchacha, por lo que su cabeza comenzó a hacer las conexiones rápidamente- no le quito más tiempo, solo quería aprovechar de saludar como correspondo –dijo besando rápidamente en la mejilla a la mujer- nos veremos mañana en la fiesta, muchas gracias por habernos invitado.

-Al contrario, gracias por asistir. Buenas noches –finalizó la mujer despidiéndose de ambos y volviendo con el grupo.

-Me pondré en contacto contigo –le dijo el hombre.

Cuando los vieron salir, volvieron a hacerse gestos de despedida y al poco tiempo después Totosai les informó a los mellizos que el igual procedería a marcharse. En cuanto quedaron solos, asegurándose de que el hombre no volvería, Kana se dirigió a su hermano.


-¿Viste a las mujeres que acompañaban a Sesshoumaru y Miroku?, –el joven asintió despreocupadamente bebiendo de su vaso de whiskey- ¿te fijaste en la de cabello suelto?

-Bastante guapa, Sesshoumaru siempre elige lo mejor.

-No creerás lo que oí.

-Ni pienses que te haré preguntas tontas por un simple chisme Kana, sabes que las habladurías me aburren.

-¿Qué relación dirías que tienen?, así a simple vista.

-La obvia… -Kana lo continuó mirando instándolo a responder, lo cual aburrió al chico- su cita, claro.

-Es su hermana, la italiana.

-Ah. Ya.

-¿Y qué dirías si te dijera que en realidad parece que no son hermanos? –ahora el chico si la miró con atención.

-¿A qué te refieres?. Sintetiza y sé clara.

-Escuché a Totosai hablando con Irasue, este insinuó algo sobre la inusual cercanía que tenían los hermanitos y… Totosai mencionó algo sobre 'la hija no biológica de InuTaisho'.

-¿Qué? –dijo el chico más alto de lo inusual.

-¿Así que no te gusta el chisme?

-Esto es diferente Kana –Hakudoshi lo pensó varios minutos- esta información vale oro, ¿estás completamente segura?

-Solo oí eso, pero ha sido interesante, ¿no crees?, mañana podemos averiguar más en la fiesta.

-Tenlo por seguro, pero necesito que hagas algo –se inclinó un poco más hacia delante y vació su vaso- no le digas nada de lo que has escuchado a Kagura. Estemos seguros de todo primero y luego, en su momento, podrás cotorrear todo lo que quieras –luego de llegar a ese simple acuerdo, los hermanos se retiraron juntos del lugar.


El día comenzó temprano para Kagome, la cual se vistió con un sencillo y vaporoso vestido rosa pastel de gasa y tul. Se encaminó a hurtadillas a la habitación de Sesshoumaru, era temprano, aún no se levantaban todos en casa, pero como el chico se había quedado en casa y sabía que ya estaría despierto se encaminó a su cuarto. Como no respondió al toque de la puerta, la abrió despacio y entró en el cuarto percatándose que este no estaba, sin embargo, al momento Sesshoumaru salió del baño vestido con un cómodo pantalón de tela y una camisa negra. La joven se acercó al trote y se abalanzó a los brazos de su hermano, el que la atrapó en el aire y la mantuvo elevada lejos del suelo mientras esta le abrazaba.

-Feliz cumpleaños Sesshy.

-No me gusta ese apodo –dijo sonriendo ante su contacto pero sin que la chica se percate de ello.

-Te llamaré así cuando quiera.

-Si lo haces delante de otros, te ignoraré.

-Lo usaré cuando estemos solos –Sesshoumaru la dejó en el suelo pero mantuvo la cercanía mientras arreglaba el cabello de ella. Le encantaba que la tocara de esa manera y que la mirara como si memorizara sus rasgos- te quiero –Sesshoumaru la miró fijamente, sin darse cuenta, comenzó a acariciar el labio inferior de Kagome con su pulgar, contacto ante el cual ella entreabrió un poco su boca, mientras comenzaba a cerrar sus manos arrugando la camisa de él.

-¿Qué tanto?

-Mucho –dijo casi en un susurro, mientras comenzaban a aproximarse.

-Kagome… -Sesshoumaru se contuvo. Dios, esta vez merecería una medalla, sin duda. Aprisionó fuertemente el rostro de la chica uniendo su frente con la de ella. Era una tortura no poder hacerle todas las cosas que quería, satisfacerla de un modo en que él igual alcanzaría el éxtasis. Sintió como ella cubría sus manos y trataba de aproximarse a su boca- no lo hagas –le pidió para nada convencido pero en un último intento por actuar correctamente.

-Yo… Sesshoumaru… -como cayendo en cuenta, tragó saliva y respiró por la boca para poder tranquilizarse- lo siento… no sé qué estoy… lo siento.

La vergüenza era palpable en la joven. Sesshoumaru la acercó a la cama donde la sentó en la orilla, luego se dirigió a la puerta y le puso seguro para que nadie entrara de improviso y regresó arrodillándose ante ella.

-Quiero saber qué pasa por tu cabeza. –la mujer miró hacia otro lado evitando su rostro, a lo que él volvió a cogerlo entre sus manos, pero esta vez sin la demanda anterior. Ella cerró los ojos exasperada- Kagome mírame, –ella cedió ante la demanda- necesito que me respondas.

-¿Por qué?

-Necesito saberlo –la chica se mordió el labio.

-Sesshoumaru, no me hagas esto, por favor…

-Quiero estar seguro que esto no está solo en mi cabeza, quiero que seas sincera conmigo.

-Sessh… yo no… -pasaron varios minutos.

-Está bien. Déjalo así. No hemos tenido esta conversación –dijo tajante el hombre tratando de levantarse, pero siendo retenido por ella.

-Por favor, no te enfades conmigo, yo solo… -inhalando con fuerza se armó de valor- trato de verte como mi hermano, lo he intentado todo este tiempo, lo juro. Quisiera poder verte como a InuYasha pero… -volvió a dudar mientras acariciaba su rostro- lo siento Sesshoumaru –estaba a punto de llorar- no sé por qué estoy actuando de esta manera. Por favor no te alejes de mí… haré algo con esto, haré lo correcto, te lo prometo. Lo siento.

-No me digas que no te das cuenta.

-¿A qué te refieres?

-A que yo igual siento esto por ti. Créeme, sería todo mucho más fácil si solo te viera como mi hermana, pero desde el primer día que te vi… simplemente no pude hacerlo.

-¿Qué está sucediendo con nosotros Sessh?

-No lo sé, pero podemos salir de este cuarto como si nada de esto hubiera pasado, o podemos hacer algo al respecto.

-¿Algo como qué? –él la miró unos segundos y luego se aproximó a ella… y la besó.

En principio fue un sutil contacto, solo sus labios posándose sobre lo de ella, dándole tiempo para acostumbrarse a su tacto, esperando a que ella se apartara, lo cual nunca sucedió. Es más, fue ella quien respondió con ferocidad ante su trato, enredando sus dedos en el cabello de él y abriéndole paso a su lengua a través de sus labios. Él se lo tomó con calma, quería que ella respondiera con toda la iniciativa para estar seguro y así lo hizo.

Kagome exploraba su boca con una ansiosa pasión, no tenía sentido negarse a lo evidente, ya lo había confesado y había encontrado en las palabras del chico todo lo que necesitaba para continuar lo que estaba haciendo. Gimió ante el sabor de él, era embriagador y su cálida lengua se fusionaba a la de ella en una sincronía perfecta. Ya tendría tiempo para avergonzarse por lo que estaba haciendo, de momento concretaría lo que ansiaba hacer todo este tiempo, deleitarse en los brazos de su hermano.

Complacido ante la efusividad de Kagome, rodeo su cintura con un brazo mientras con la otra mano atraía su nuca hacia sí. Mordisqueó sus labios pasando su lengua para suavizar el contacto mientas ella succionaba su labio superior. Le encantaba lo demandante que eran sus manos recorriéndole. Así la quería, desesperada por él, deseosa por él, explorando su cuerpo sin miramientos pero con esa suavidad que solo ella podía tener. Sintió como sus piernas se enrollaron en su torso presionando con firmeza, por lo que no pudo evitar recorrer la suavidad de las mismas. Ella gimió su nombre contra su boca y eso casi lo vuelve loco. Cogiendo sus caderas la levantó junto con él mientras en un fluido movimiento se depositó a sí mismo sobre la cama con ella sentada encima. Fácilmente ella se acomodó sobre él, sin apartarse en ningún momento de sus labios y haciendo que el besó se profundizara aún más. Su cuerpo ya había reaccionado hace rato al de Kagome, pero no se detuvo preocupado porque ella lo notara. Las manos de ella iban y venían por todas partes y pronto comenzó un erótico movimiento sobre sus caderas, a lo que Sesshoumaru respondió aferrando su trasero, empujándola más sobre su erección.

Se apartaron al mismo tiempo para poder coger aire, las mejillas de ella sonrojadas, los labios de él hinchados, sus respiraciones agitadas. Ella no hizo ademán de apartarse, de hecho, continuaba meciendo levemente su cuerpo contra el de él.

-Eres hermosa.

-Sessh… -ella volvió a aprisionar sus labios, hablando sobre los mismos- deseaba tanto esto… -alternó el beso con succiones y mordiscos- quiero esto –dijo adivinando lo que él quería oír- te quiero a ti.

-Ya me tienes –le dijo mientras acariciaba su espalda, caderas y piernas- puedes tener todo lo que quieras de mí.

-Me temo que lo querré todo.

-No podría estar más de acuerdo con eso.

Entonces llamaron a la puerta.

Ella se sobresaltó sobre su regazo, Sesshoumaru le dio un último beso y respondió mientras se ponía de pie junto a ella arreglando su ropa y cabello. Kagome le sonrió y se compuso rápidamente haciendo lo mismo con la ropa de él.

-Es hora de brillar pequeño rayo de sooooool.

-¿Miroku?... –contestó extrañado- ¿qué haces tan temprano molestando?

-Abre la puerta Sesshy, saldremos a tomar desayuno.

-Ya bajo, buscaré a Kagome en su cuarto, ve a por Sango y mi madre.

-Ponte algo lindo dulzura.

Ambos se acercaron a la puerta entrelazados nuevamente en un beso. Sonreían y trataron de no tropezar antes de quitar el seguro a la puerta.

-No quiero que olvides lo que ha sucedido en este cuarto.

-No podría aunque lo intentara –le respondió la joven entre besos.

-Y quiero que siga ocurriendo –la chica pareció entristecerse por unos segundos.

-¿Cómo lo haremos?

-Déjamelo a mí.

-¿Funcionará?

-Haremos que funcione preciosa, –dijo sellando esa promesa en sus labios- aprovecharemos todo el tiempo que tengamos juntos.

-Es una locura.

-¿Es eso un no? –preguntó él enarcando una fina y elegante ceja, a lo que ella respondió riendo.

-¡Claro que no!

-Respuesta correcta.

Se encaminaron juntos al primer piso donde ya eran esperados por todas las personas de la casa. Tanto su madre, como Miroku, Sango y el personal de la casa se acercaron al cumpleañero para felicitarlo. La verdad, se sentía muy bien recibir las muestras de cariño de todos los presentes, personas que lo habían visto crecer y lo conocían de prácticamente toda la vida, consintiéndolo, ayudándolo, acompañándolo y estando incondicionalmente a su lado, podía sentir el afecto y respeto de todos ellos, incluso de las jóvenes que conocía hace poco menos de un año.


El día pasó rápido sin duda. Cada vez que tenían tiempo, se perdían por algún rincón apartado y se robaban besos que iban acompañados de caricias y declaraciones sobrecogedoras. Sesshoumaru se lamentó el tener que volver a su penthouse, pero ya había pasado varios días quedándose en casa de su madre y debía ir a por ropa adecuada para la fiesta que comenzaría dentro de poco. Ese era la su único consuelo, que sería por poco tiempo y que pronto Kagome y las demás mujeres se acercarían a su hotel para dar inicio a la celebración. ¿Si tenía ganas de estar rodeado de toda esa gente?, para nada, solo lo soportaba porque su madre se había preparado durante meses para ese día, planeando que todo saliera bien, y agradeciendo a su lindo corazón por haberle traído a su Kagome.

Irasue se adelantó para la recepción de los invitados acordando que Miroku recogería a las dos chicas acercándolas a la fiesta. Kagome se preparó tomándose mucho tiempo en los detalles, decidió recoger su cabello en un moño suelto a la altura de la nuca que la hacía ver casual pero elegante con algunos mechones sueltos. Su maquillaje no fue recargado pero tendía a lo dramático para la noche y optó por un osado vestido para capturar por completo la atención de Sesshoumaru. Era un vestido negro largo y ajustado hasta las rodillas, donde se ampliaba en un suave tul cubierto por un fino encaje, acompañado de transparencias que mostraban con sensualidad las partes exactas de su anatomía, rematando con un escote en v en la parte delantera y por detrás dejando al descubierto toda su espalda. Por un momento dudó, parecía demasiado sensual para la ocasión, pero como nunca deseaba estar atractiva para Sesshoumaru. Calzándose unos stilettos de diez centímetros, cogió un legante clutch, el regalo que había traído desde Italia y se reunió con Sango y Miroku en el primer piso. Ambos alabaron su atuendo, diciéndole que se encontraba infartante y que no se asombrara si debía sacudirse de encima al público masculino esa noche.

Llegaron a un gran y lujoso hotel que parecía encontrarse asediado de periodistas y paparazzis a la entrada. Muchos guardias trataban de controlar a la multitud y guiar al interior a aquellos que llevaban la correspondiente invitación para poder ingresar. Sintió el impacto de los flashes en su rostro y trató de pasar lo más cabizbaja posible para no tropezar por el encandilamiento de estos. En el hall los recibió Irasue, la cual se emocionó considerablemente por lo guapos que se veían los tres muchachos, sobre todo Kagome. Dio unas cuantas instrucciones a un par de hombres que se le acercaron y rápidamente instó a los muchachos a dirigirse al centro de eventos, una amplia habitación construida con un decorado barroco como el resto del edificio.

Ingresando en él, Kagome notó cómo Miroku se acercaba más protectoramente a Sango, como dejando claro con quién venía la mujer y tratando de impedir, infructuosamente con ello, que los hombres la miraran de la forma en que lo hacían. Trató de pensar que llamaban la atención por ser las únicas mujeres no asiáticas, pero era difícil pasar por alto la reacción que provocaban en el público masculino y, por descontado, las miradas envidiosas de las féminas. Miroku les señaló a algunas personas con las que podrían conversar ya que manejaban el inglés y les presentó a uno que otro curioso que se acercó a saludar. Kagome buscó inquieta por la habitación a Sesshoumaru. Destacaría fácilmente por su particular color de cabello y altura, pero muchas personas se acercaban distrayéndola de su cometido.

Sesshoumaru se había paralizado en el instante que la vio entrar. Como si su cuerpo detectara su presencia, miró en el momento preciso en que ingresó junto a Sango y Miroku al gran salón. Estaba para comérsela. No llevaba más joyas que un par de pendientes de perlas y había optado por un peinado y maquillaje sencillo, pero ese vestido… Dios ese vestido sería su perdición toda la noche. Los hombres podrían haberla devorado con la mirada, de hecho varios se habían ya acercado para hacer algún tipo de jugada con ella, sin embargo, esta parecía estar más preocupada de examinar la habitación, buscándolo con cierta ansiedad por todo el espacio.

-'Aquí mi amor. Lo que buscas está por aquí'.

Sacudiéndose rápida pero educadamente a las personas de encima, se dirigió como una flecha hasta Kagome. Con cada paso que daba la visión de ella en ese sexy vestido mejoraba. De pronto deseó poder cubrirla con algo encima, ya que ese vestido dejaba entrever más de lo que él quería que el resto viera. Un sentimiento de posesividad lo embargó y por un instante pensó en tomarla de la mano y encerrarse con ella en su cuarto para no salir en una semana como mínimo. Cuando Kagome por fin logró dar con él, sus miradas se trabaron y le sonrió ampliamente. Sus rojos labios estaban ya pidiendo ser besados.

Se veía simplemente guapísimo. La mayor parte del tiempo usaba el negro, pero es que parecía que la ausencia de color había sido hecha para él. Su traje, sin duda hecho a medida, era una excepcional Tom Ford. Tanto el pantalón como la chaqueta eran de un negro mate que contrastaba con el satinado de su camisa de seda igualmente negra. Todo en él era perfecto y ahí estaban esos hoyuelos que enmarcaban su sonrisa.

-Bienvenidos.

-Sí que hay gente, debes estar en las nubes amigo.

-Extasiado –dijo mirando a Kagome, quien acogió complacida la indirecta- necesito hablar contigo un momento.

-Llevaré a Sango a por una bebida, señorita –dijo ofreciendo su brazo a la mencionada, quien gustosa y divertida aceptó.

-Creo que le encanta cuando actúa de esa manera –mencionó Kagome mientras Sesshoumaru la conducía a un lugar menos asediado de personas.

-¿Quieres matarme? –los ojos de Kagome parecieron flamear.

-Supongo que te ha gustado el vestido.

-El vestido… –dijo irónicamente- ¿sabes lo que quiero hacerle a tu hermoso y perfecto vestido? –le dijo bajando un poco más la voz ante las personas que pasaban saludándole a su lado.

-Sessh –rio Kagome mirando ruborizada a otro lado.

-Aunque detesto la forma en como todos te están mirando. ¿Qué tal si te conseguimos un burqa?

-Por lo menos ya sabes lo que se siente tener que soportar las lascivas miradas que te están dando todo el tiempo.

-Eres adorable cuando te pones celosa.

-No son celos, solo constato un hecho –Sesshoumaru se paró más erguido frente a ella mirando directamente sus labios.

-Necesito besarte –Kagome solo pudo devolverle la mirada, sintiendo como el calor comenzaba a sofocarla.

-Entonces llévame a alguna parte –en eso Irasue llegó junto a ellos.

-Sesshoumaru, no seas grosero, deja de acaparar a Kagome para ti y comparte con el resto de tus invitados –el joven se demoró en apartar la mirada de la chica como diciéndole 'déjalo todo en mis manos'.

-Estaba explicándole a Kagome el nuevo sistema de seguridad del penthouse, por si decide que quiere retirarse o simplemente descansar un rato.

-Cualquier cosa búscame querida, llamaré de inmediato a Takezo y podrá llevarte a casa a la hora que quieras –porque, claro, a su madre no se le escapaba nada, pensó molesto Sesshoumaru-. Pero ánimo, la noche es joven, deja que te presente a algunas personas, vamos.

-Aun no termino de explicarle todo.

-Entonces apresúrate, les estás arrebatando la diversión –dijo la mujer alejándose para depositar unos cuantos paquetes de regalos en el mesón donde se encontraban los demás.

-No te irás de este lugar, por lo menos no sin mí, ¿de acuerdo? –Kagome asintió obedientemente- dentro de un par de horas, luego que hagan todo el asunto del pastel y esas cosas, sube al penthouse; el primer ascensor es exclusivo para este, se encuentra al lado de la entrada, sube directamente a ahí. Para poder corroborar el piso necesitas ingresar la clave 150719 en el panel, de otra manera el sistema se bloquea y no podrás ascender. Una vez que se detenga debes ingresarla nuevamente agregando al final otro nueve más un uno y así podrás ingresar al piso. Te encontraré ahí, necesito un momento a solas contigo.

-De acuerdo.

-Te ves preciosa.

-Y tú estás muy guapo –le hizo repetir el número del código para asegurarse que la recordara y luego la besó en la mejilla.

Se separaron pero estuvieron todo el tiempo muy pendientes el uno del otro. Cada vez que un hombre se acercaba a Kagome, Sesshoumaru se dirigía hacia ella y se excusaba diciendo que quería presentarla a otras personas. Por lo general solo la tomaba y llevaba hasta donde Sango, la cual se encontraba absorta la mayor parte del tiempo hablando con Miroku. Aprovechó un instante de descuido por parte de Sesshoumaru para coger el regalo que había traído y subir al penthouse para corroborar el funcionamiento de la clave y dejar el paquete en la habitación. Era un lugar hermoso, todo le recordaba y encajaba a la perfección con el joven de los ojos ambarinos. Sin demorarse mucho, volvió al lugar de la recepción dándose cuenta en el camino de vuelta que había dejado su clutch en la mesa de arrimo a la entrada del lugar. No importaba, después de todo, en unas horas volvería a subir.


Una alta y atractiva mujer de ojos carmesí ingresó por una puerta trasera. Se mantuvo todo el tiempo lo bastante alejada del festejado, pero lo bastante próxima por si había un momento en que pudiera arrinconarlo a solas cerca de donde merodeaba. Se había tenido que acostar con el recepcionista que la ayudó a entrar, pero lo mantendría callado con el suficiente dinero. De no ser así, simplemente lo quitaría del camino. Cerdo. Sesshoumaru, por otro lado, se veía divino. Le encantaba como llevaba ahora el cabello, aunque extrañaría poder jalarlo cuando tenían relaciones sexuales. Casi un año desde la última vez que lo había tenido en su cama era una tortura, pero esta noche estaba decidida a hacer algo al respecto. Su vestido rojo, con un profundo escote hasta el ombligo, se ceñía perfectamente a sus curvas. Muchos hombres la miraban y ella se deleitaba pudiendo exhibirse ante ellos para corroborar lo bien que se veía. De vez en cuando aceptaba la conversación de uno que otro tipo para poder esconderse un poco tras de estos y pasar desapercibida.

Ya habían cantado el cumpleaños feliz y se encontraban repartiendo porciones de pastel cuando pudo percatarse que, por fin, la mujer que toda la noche estuvo cerca de su Sesshoumaru se alejaba junto a otra que cojeaba evidentemente, seguidas de ese apuesto abogado llamado Miroku. Una media hora después, Sesshoumaru logró escabullirse del salón logrando pasar desapercibido.

-Deja que me despida de Sesshoumaru y me marcharé contigo.

-No, no Kagome, ha sido una estupidez, Sesshoumaru me mataría si lo dejas solo por mí culpa. Miroku, ¿podrías llamar a alguien en casa de Irasue para que venga por mí?, creo que me he esguinzado, pronto se hinchará.

-Kagome, disculpa que te abandonemos, pero yo mismo me ocuparé de Sango. Te mantendremos informados.

-Miroku, no es nec…

-¿Vamos ahora o prefieres que te cargue? –Kagome solo rio un poco. La verdad es que a Sango no le molestaba para nada que el joven de la coleta se preocupara de ese modo por ella. Los tres se despidieron y ella optó por subir un tramo por las amplias escales para poder apreciar más de esa forma el maravilloso lugar. Cuando se encaminaba a estas escuchó una fuerte discusión entre un hombre y una mujer. Reconociendo de inmediato una de las voces, aminoró el paso y trató de seguir la conversación, aunque no entendió nada al estar hablando en japonés.

-¿Qué no lo entiendes?, ¡no puedo seguir lejos de ti!, esto nos está matando a ambos.

-¿De qué mierda estás hablando Kagura?, tengo una orden de restricción contra ti, ¿eso no te dice nada?

-Solo hablemos un poco bebé, sé que me has extrañado tanto como yo a ti.

-Esto se acaba ahora, no voy a soportarlo un minuto más –de pronto ante su visión apareció Sesshoumaru, quien la quedó viendo impresionado ya que supuso que ella se encontraría esperándolo donde habían acordado –Kagome… -de pronto una atractiva mujer se asomó detrás de este, la miró con un desprecio evidente y se adelantó interponiéndose ante ambos.

-¿Y tú quién eres? –le dijo en un fluido inglés. Qué considerada, había cambiado de lengua para poder comunicarse claramente con ella.

-Soy su hermana –dijo mirando fijamente a Sesshoumaru, la mujer de pronto pareció encantada ante esas palabras y se presentó entonces amablemente.

-Oooh, ¡qué gusto!, soy Kagura Niishio, novia de Sesshoumaru –Kagome abrió ampliamente los ojos, centrando toda su atención ahora en la mujer.

-El gusto es todo mío, si me permiten, solo venía a despedirme –Sesshoumaru la llamó pero ella continuó su camino furiosa.

Llamaría de inmediato a Takezo, localizar a Irasue le llevaría demasiado tiempo y ya era entrada la madrugada por lo que la gente comenzaba a retirarse en masa y todo parecía un alboroto. Maldita sea, el móvil. El clutch. El cuarto de Sesshoumaru. No queriendo molestar a Irasue, decidió ir rápidamente por su pertenencia al penthouse. Era más que seguro que le llevaría un tiempo despedirse de su lunática noviecieta.

Sesshoumaru estalló de rabia. Kagura acababa de firmar su sentencia directo a la ruina. La mirada que le había brindado Kagome lo había dejado perplejo, como si lo hubiera atravesado con una fría daga en medio del pecho. Quería salir corriendo tras ella y explicarle todo, pero primero debía encargarse de Kagura. Como un infierno que deseaba hacerlo.

-¡Seguridad! –llamó a los guardias que se encontraban cerca de la entrada, dos robustos hombres se miraron confusos entre ellos pero se acercaron rápidamente a él. Algunas de las personas que se iban retirando miraron curiosos la escena.

-¿Qué haces Sessho?, me lastimas –dijo la mujer tratando de zafarse del rudo agarre del joven.

-Señor –dijo uno de los guardias privados.

-Quiero que llamen a la policía –la mujer abrió desmesuradamente los ojos comenzando a tartamudear- y que retengan a esta mujer hasta que lleguen. Su nombre es Kagura Niishio y posee una orden de restricción a mi nombre. No le quiten los ojos de encima…

-Sesshoumaru… detente… -protestó ella.

-… si me entero que la dejaron ir antes de que la policía llegue tomaré cargos en sus contras por complicidad y encubrimiento de la falta.

-Sí señor –dijeron al unísono ambos hombres mientras sin esfuerzo arrastraron, prácticamente a la mujer a una sala apartada, mientras esta protestaba y gritaba.

-¡Esta me la pagas Sesshoumaru!, ¡te vas a arrepentir!

-Jodida loca –susurró mientras se alejaba furioso del lugar.

Rápidamente subió por el único ascensor que llegaba a su piso. Había visto a Kagome devolverse a este y presionar los botones casi como si quisiera romper la maldita cosa. Si hubiera bajado ya se habría percatado. Ágilmente digitó la clave y maldijo por el tiempo que demoraba en llegar a ella. Repitiendo la digitación, las puertas del ascensor se abrieron en el momento justo cuando Kagome se disponía a descender

-Kagome…

-Sesshoumaru déjame ir por favor –dijo tratando de ingresar al ascensor, a lo que el chico se interpuso.

-Espera, tenemos que hablar –se adelantó para cogerla de los hombros y abrazarla, pero ella se apartó ampliamente hacia atrás, quedando nuevamente dentro de la habitación.

-¡No me toques Sesshoumaru! –aprovechando el impulso, este salió del ascensor y presionó el botón de cerrado- No trates de retenerme en este lugar –Kagome rebuscó en su bolso sacando su móvil.

-¡Maldita sea, necesito que escuches! –ante la exasperación del muchacho, Kagome pareció desconcertada y olvidó lo que iba a hacer- ¡esa mujer es una loca!, hace un año salí con ella y créeme, fue el peor error que he cometido hasta el momento.

-No me interesa, no quiero saber más nada –en un gesto de frustración intentó cubrirse los oídos- solo… solo déjame irme a casa… -dijo comenzando a hipar. Su mirada se había cristalizado.

-Preciosa, no hagas esto… -intentó avanzar pero ella volvió a retroceder. Ante la impotencia un músculo en su mentón comenzó a latir- Kagome, tengo una orden de restricción contra ella, ni siquiera fue invitada esta noche, ¡tienes que creerme!, no podría mentirte, ¡mucho menos respecto a esto!, no después de… Kagome… no después de lo de hoy día…

-¿Te acostaste con ella? –Sesshoumaru sintió una vergüenza que no había experimentado nunca en su vida. Su rostro realmente se tiñó de carmín y eso le dijo todo lo que necesitaba.

Decidida y conteniendo las lágrimas, pasó por su lado echando chispas. A Sesshoumaru ya no le importó más nada y simplemente la atajó y acercó a su pecho. La chica comenzó a zafarse ofreciendo golpes a sus pectorales, cosa que le soltó el pasador de su peinado y las lágrimas comenzaron a caer. Sesshoumaru aceptó todo de ella, abrazándola más fuertemente para transmitirle su pesar ante la situación. Después de un rato, ella logró empujarlo haciéndolo retroceder, sus mejillas húmedas y su mirada irritada le hacían temer lo peor.

-No quiero que vuelvas a… -Sesshoumaru fue rápido. Tomo su cara y la besó con fuerza. Fue una dura batalla, en la cual el chico recibió muchos más golpes y empujones, pero finalmente Kagome comenzó a ceder.

Las manos de ellas empuñaron su cabello jalando un poco de este. Aferrando su labio inferior con los dientes, succionó sin cuidado de poder herirlo. Gruñendo ante la acción, Sesshoumaru la empujó junto a la pared arrinconándola y sumisamente la instó a seguir. Si quería que sangrara por ella lo haría, estaría más que dispuesto a que le arrancara la piel de la espaldas a tiras con sus propias uñas si eso la hacía sentir mejor y la mantenía cerca de él.

Frustrada, enojada y evidentemente desesperada, Kagome buscaba metérsele bajo la piel a Sesshoumaru con cada feroz beso que le daba. Sus manos se encargaron de alborotarle el cabello y arrugar su fina ropa. Quería poder atraerlo más a ella con ayuda de sus piernas, pero el jodido vestido le impedía moverse con soltura por lo que, necesitando mayor contacto de él, comenzó a desabotonar su camisa haciendo saltar algunos botones a su paso. Sesshoumaru puso ambos brazos a los costados de ella, reteniéndose a sí mismo contra la pared y más que satisfecho por la reacción de la chica. No pensaba ayudarla ni un poco, aunque parecía estar haciéndolo bastante bien sola. Podía sentir la adoración en las manos de Kagome cuando se detenía sobre los músculos de sus pectorales y abdominales como comprobando que eran de verdad. Lo miraba como si fuera la cosa más hermosa del mundo y eso le enterneció profundamente, estaba acostumbrado a ver miradas de adoración, pero nunca había compartido ese sentimiento hacia la otra persona. Porque la verdad era que para él, ella era una obra de arte. Fina, elegante, delicada. Su cuerpo había sido hecho a mano y solo quería poder desgarrar ese lindo vestido que insinuaban unas curvas voluptuosas que se moría por saborear.

Cuando ella llegó a su pantalón y lo despojó de su cinturón, él finalmente tomó el control. Cogiendo su rostro con ambas manos la comenzó a guiar a través del lugar por el cual ella avanzaba vacilante. Buscando bajo su cabello, ahora suelto y alborotado, dio con el broche del dichoso vestido y lo abrió dejándolo deslizarse como fina lluvia por su piel. Se excitación dio un fuerte tirón ante la visión que tuvo de ella. Estaba completamente desnuda, no había llevado ni siquiera bragas bajo su atuendo y pronto su mente se disparó pensando en todos aquellos que habían logrado ver partes del mismo a través de la maldita transparencia que usó esa noche. Por otro lado, esto les ahorraba un precioso tiempo para entrar en contacto directo con su piel. Retrocedió un poco, tomándose su tiempo, mirándola fijamente a los ojos y comenzando a bajar lentamente la mirada por todo su maravilloso cuerpo. Sus ojos estaban oscurecidos por la pasión, sus mejillas arreboladas y sus labios más abultados de lo normal. Tenía un fino y largo cuello que en su base se terminaba adornado por dos hermosas clavículas. Y sus pechos, oh, sus pechos, eran abultados, perfectamente redondeados y se encontraban erectos en sus pezones. Su estómago, conformado por una estrecha cintura, era firme y liso y sus caderas tenían la proporción exacta al resto de su cuerpo. Pensó que su cerebro estallaría ante la visión de su intimidad desnuda. Quería ponerse de rodillas y enterrarse en ese rizado montículo para lamerla hasta cansarse. Sus largas y contorneadas piernas terminaban en ese sexy calzado que deseaba no se quitara mientras le hacía el amor.

Adoptando un posición desafiante, Kagome desinhibida totalmente ante la situación tensó un poco su cuerpo ante le chico.

-No saldrás de esta habitación.

-Ya veremos –y pudo jurar que la insubordinación de la joven lo encendió aún más.

Aproximándose como un depredador hacia ella, la elevó por las caderas, a lo cual esta respondió enrollando constrictamente sus piernas alrededor él. Este los condujo hacia su cuarto con facilidad, como si la chica no pesara más que una pluma, pero se detuvo en otra de las mesas de arrimo que había en el pasillo próximo a su cuarto.

No podía aguantarlo más. Sus turgentes pecho se apretaban contra él y el roce lo estaba volviendo loco. Ahuecó una de sus manos en uno de ellos y Kagome estiró hacia atrás el cuello dejando salir un gemido que aumentó la excitación de él. La chica saltó ante el frío contacto de la madera y la pared contra su enfebrecido cuerpo. Sesshoumaru era delicado pero demandante a la hora de recorrerla con sus manos, por lo que ella solo se inclinaba permitiéndole a este mejor acceso a todos los rincones de ella que deseaba explorar.

Arqueando la espalda para él, este abandonó la boca de la chica y comenzó a bajar por su cuello dejando un reguero de húmedos besos hasta el pecho que tenía libre de su agarre. Sin miramientos, dio una amplia lamida sobre el duro pezón y luego lo introdujo entero a su boca. Kagome vio estrellas, no solo la succión sino la visión de él haciéndolo hicieron que sintiera como se escurría entre sus muslos. Sesshoumaru pareció adivinar la reacción de su cuerpo ante lo que le hacía, ya que al momento acercó una de sus grandes y finas manos a la hendidura entre sus piernas. Saltando de placer, se acomodó a las caricias que este le hacía en su parte más íntima. Con un pulgar frotaba en círculos su clítoris, mientras al mismo tiempo introducía un largo dedo dentro de ella.

Estaba tan caliente y húmeda allí abajo que para controlar sus ansias solo pudo cambiar de pecho para darle el mismo tratamiento y succionar fuertemente. Dándose cuenta del placer que le provocaba, decidió introducir otro dedo más en ella, a lo que esta rebotó su cabeza contra la pared y clavó uno de sus tacones en la parte trasera de sus muslos. Le encantaba que su cuerpo respondiera moviéndose contra su palma, que participara activamente de la penetración que le hacía con sus dedos y que fuera tan sensual para hacerlo. No pudiendo aguantarlo más su cabeza se dirigió directo a la entre pierna de ella haciéndola gritar en el momento en que dos pares de labios de juntaron.

No sabía cuánto más podría resistirlo, Sesshoumaru la tenía líquida, tenía una concentración perfecta en lo que hacía cubriendo todas las partes de su cuerpo en una sincronía perfecta. No dejó de acaricias sus pechos mientras enterró su rostro profundamente en su sexo, aferrando una de las piernas de ella sobre su hombro. Dios, ese hombre era un experto… y las cosas que podía hacer con la lengua. Lamía lánguidamente los pliegues de su vagina para posteriormente introducir su lengua en la húmeda cavidad de ella. Kagome aferró su cabello cuando comenzó a succionar y estimular el pequeño botón en la cima de su monto de venus, no pudiendo aguantar más, una primera ola de estremecimientos se hizo presente, a lo que él tuvo que retener con fuerza sus caderas para evitar que lo apartara en el momento que llegara al clímax.

Kagome era deliciosa de esa manera, lo que le hacía ansiar probarla de muchas otras formas. La manera en que se vertía sobre su boca y bajaba su esencia por la garganta de él, solo lo hacía anhelar más y más de ella. Lo quería todo, absolutamente todo de ella. Cuando gritó su nombre aumentando la fricción contra sus labios y lengua, se sintió poderoso por poder complacerla a ese extremo. Sabía cómo una fruta exótica, dulce y fresca. Él continuó unos minutos más luego del potente orgasmo que atravesó a la chica, haciendo que esta restregara su cabeza contra la pared y comenzara a repetir una y otra y otra vez su nombre en un tono de súplica.

Era hora de ponerse serios. La volvió a elevar pegándola a sus caderas mientras ella le apartaba el cabello de la cara y el cuello y comenzaba a mordisquear una de sus orejas. Genial, su chica tenía energías para seguir y parecía haber vuelto a ponerse exigente. Le excitaba el hecho de que se preocupara tanto por complacerle igualmente a él. La depositó con suavidad pero firmeza en la cama. Qué lástima, no se había percatado que en algún momento del pasillo a la cama se había deshecho de esos hermosos tacones. Ella se arrodillo y lo atrajo demandante por la cinturilla de su pantalón, el cual desabrochó y bajó junto a los bóxers. Vaya, alguien estaba realmente ansiosa, sonrió Sesshoumaru, mientras se zafaba de sus zapatos permitiendo que se deslizara mejor la ropa fuera de él.

Kagome se impresionó ante el tamaño y grosor de su miembro, pensando si realmente entraría todo dentro de ella, pero no sintiéndose para nada intimidada sino más bien ansiosa de tocarlo. Él se apartó para quitarse el resto de ropa y al instante que lo hizo lo aferró por su pene atrayéndolo directamente a su boca. Saltó ante el contacto de su lengua deslizándose a lo largo de su miembro, por lo cual ella se tomó todo su tiempo en lamerlo y acariciarlo. Su glande ya estaba lubricado y una fina gota comenzaba a escurrirse desde la punta, la cual ella atrapó con su lengua antes de introducirlo en su boca. Sesshoumaru gimió hundiéndose con cuidado por entre sus labios, haciendo un esfuerzo para que ella se acostumbrara al tamaño de su envergadura. Ella lo guió casi hasta su garganta, procurando no dejar de acariciarlo hacia delante y atrás con su mano mientras lo hacía. Cuando ella comprobó hasta donde podía introducirlo en su boca aferró sus caderas clavando inconscientemente sus uñas en estas, ante lo que Sesshoumaru gruño complacido, mientras él aferraba y acariciaba la negra cabeza de ella.

Dios, su boca era pequeña y creaba un una fricción deliciosa sobre su cuerpo. La alternación que hacía entre ella y sus manos para abarcar su miembro lo estaba volviendo loco. Buscando apoyo, tuvo que flexionar una pierna sobre la cama y buscar estabilidad. No quería ser brusco, pero Kagome parecía estar hambrienta de él y eso lo ponía frenético. Cuando abandonó su pene para dirigirse más abajo en él y succionar sus testículos temió que podría correrse y llegó el momento de tomar cartas en el asunto. Apartándola gentilmente su sexo, la miró a los ojos mientras esta relamía sus labios. Era la cosa más sexy que había visto nunca, toda ella era una tentación. Se apoderó una vez más de sus labios y subió a la cama, a lo que Kagome se fue acomodando para darle espacio. Quería más de lo que le hacía, de sus caricias y su boca besándolo por toda partes. La cogió de las caderas y la sentó a horcajadas sobre él, teniéndose sobre su espalda y mirándola con una mirada retadora.

-Fóllame.

La chica no necesito que lo repitiera y guió su miembro profundamente en ella, haciendo que la penetre por completo. Por un momento pareció dolorida, por lo que dejó que ajustara los movimientos sobre su cuerpo mientras su cabeza comenzaba llenarse de una bruma espesa que no le permitía pensar más nada y solo aferrarse a las sensaciones de su cuerpo con el de ella. Hacía unos movimientos circulares sobre sus caderas que lo hacían gemir como un novato. Sus manos inconscientemente recorrían las piernas de ella y subían por sus caderas y pechos yendo de un lado a otro. Kagome comenzó a moverse de atrás hacia delante apoyando las manos en su pecho para conseguir mantenerse firme. Descendió hasta su boca besándole apasionadamente, él respondiendo con todo lo que tenía, siguiendo sus movimientos y tomando por un momento sus caderas para entrar y salir de ella. Hacía los sonidos más hermosos cuando estaba de esa manera, ahora se apoyaba en el dosel de la cama permitiéndole a Sesshoumaru atrapar uno de sus pechos que se movían agitados arriba y abajo. Kagome volvió a incorporarse y lo cabalgó duramente, mientras Sesshoumaru hundió su cabeza en la almohada ante el extremo placer que sentía.

De un momento a otro, ahora era ella quien se encontraba tendida sobre su espalda. Sesshoumaru cogió una de las piernas de ella y la elevó un poco para así permitirse una entrada más profunda, lo que la hizo gemir enloquecida su nombre. Si el joven dudó en algún momento, ahora podía comprobar con hechos que su cuerpo calzaba a la perfección en el de ella, como si estuviera hecho para encajar perfectamente con el de él.

-Sesshoumaru, voy a correrme –dijo la muchacha mientras aferraba su propia cabeza.

Él mismo no aguantaría mucho más. El orgasmo los atravesó limpia y duramente, Sesshoumaru sintió la presión disparándose desde sus testículos y desbordándose en el interior de ella mientras los músculos de su vagina lo exprimían al extremo. Sus miradas se buscaron en el momento del clímax, él sonriendo seductoramente, ella devolviendo de igual manera el gesto, sin embargo, Kagome gritó su nombre frotando la cabeza contra las almohadas, apretando sus ojos en el momento de mayor éxtasis, mientras el gruño de placer ahogando sus gemidos en el cuello de esta.

El cielo, esto era el cielo.

Con las respiraciones agitadas y tratando de hacer funcionar sus músculos, se tomaron un tiempo antes de acomodarse. Sesshoumaru temió aplastarla con su peso e intentó ponerse a su lado, pero ella se lo impidió creando una prisión con sus extremidades alrededor de él. Y qué mejor, su cuerpo era el mejor lugar para recostarse y descansar. Cerró sus ojos ante las caricias que le brindó ella a través de su cabeza, brazos y espalda. Le encantaba que tocara su cabello. Nunca se lo permitía al resto de mujeres con las que había estado, aunque algunas, en un momento de descuido lograban jalárselo o tocárselo después del acto, lo que simplemente no le gustaba apartándolas. Pero esto se trataba de Kagome y si ella había podido tocar su corazón, podría hasta haber suplicado por todas las demás caricias.

Kagome se sentía poderosa, satisfecha y agotada. Tenía entre sus brazos al hombre que venía deseando desde el día que se apartó de ella en Nápoles. De hecho, había soñado con este momento, pero no era ni de cerca parecido a lo que la realidad significaba. El chico era un dios de la fertilidad, no cabía duda, le había provocado los dos primeros orgasmos de su vida, los que habían sido intensos y demoledores pero, más aún, le habían llegado al alma. Había tenido otras relaciones antes, pero esto, esto era sexo a la millonésima potencia. Sus cuerpos parecían reconocerse de toda la vida, poseían una sincronía abrumadora y encajaban perfectamente, como las piezas de un puzzle. Tenía miedo de decirlo en voz alta, pero se temía que sus sentimientos por él se habían vuelto más intensos hacía mucho tiempo, no queriendo admitirlo y buscando subterfugios con los cuales tranquilizarse a sí misma. Sesshoumaru se incorporó un poco y la miró escrutadoramente. ¿Cómo hacía eso?, ¿cómo sabía cuando algo la inquietaba o molestaba?. Acariciando su rostro depositó un suave beso en sus labios.

-¿Qué sucede? –ella pareció no oír la pregunta o simplemente no querer contestar.

-Nada. Ven aquí –dijo capturando nuevamente sus labios. Sesshoumaru correspondió el beso pero su mente siguió trabajando en paralelo. Cuando ella lo notó, le permitió apartarse y entonces el buscó la respuesta en sus ojos.

-Dilo –dijo usando ese tono que no sabía distinguir si era orden o súplica, como sabiendo ya la respuesta y anhelando por ella. Hipnotizada por esos hermosos ojos ambarinos, perdiéndose en la profundidad de ellos, ya no pudo escapar.

-Te amo –Sesshoumaru la atrajo hacia sí y presionó con fuerza su boca.

-Dilo de nuevo.

-Te amo –dijo en un suspiro de relajo la chica. Había temido que a él le molestara, pero no pareció ser así.

-Dilo otra… y otra… y otra… y otra vez… -dijo el peliplateado entre sensuales besos. Kagome así lo hizo entonces el la volvió a travesar con su mirada y la sostuvo mientras le respondió- Y yo te amo a ti.

Entre besos y caricias, la pasión volvió a encenderse en ellos, hicieron el amor una vez más, esta vez cayendo rendidos al finalizar el acto y durmiéndose aferrados el uno al otro.

Era perfecto. Todo era perfecto.