Aun dormida plácidamente la despiertan con urgencia.

-Levántate-

Abre los ojos lentamente aun algo cansado. Lo primero que ve es el techo de lo que parecía una pequeña cabaña.

-¿Dónde estoy? Que…-

-No hay tiempo, el amanecer ya viene. No poder seguir más de aquí en adelante. La ciudad está a pocos kilómetros de aquí. Debes darte prisa.-

El centauro se arrodilla hasta su nivel para ponder su lanza frente a ella.

-Toma mi arma. Que te ayude para mover y defender, cuando lo necesites saldré de ella.-

Hecarim se desvanece como fuego azul para adentrarse a las marcas que tenía su propia lanza. Esta resplandece un poco y acomoda su tamaño a uno más reducido para un portador inferior.

Y aun así a la joven le cuesta algo sostener la pesada arma.

-Que fuerza es la que posee para sostener algo semejante.-

Con ayuda de la lanza se pone de pie, revisando sus heridas. Para su alegría ya se había detenido el sangrando. Ahora mira a su alrededor viendo los destrozos y algunas manchas de sangre en paredes y piso. No había cadáveres pero estaba segura que esa sangre la derramo Hecarim para bien o para mal. Busca en las cosas regadas en las ruinas finalmente encontrando un mapa algo salpicado también de sangre.

Susurra mientras lo lee hasta encontrar su posición.

-¡Targon! Estamos cerca de Targon. La ciudad que vi es Rakkor.-

Un susurro escucha en su cabeza. La voz provenía de la enorme arma.

-Ten cuidado, están al tanto de mi presencia. Debes crear una cuartada para que te dejen entrar a la ciudad. Hay estarás más segura.-

-Ya lo tenía contemplado. No entiendo… ¿He de buscar a quien venera al Sol? Eso es lo que me espera en Rakkor.-

-Eridan, estamos siendo asechados por enemigos. Entrar a Rakkor es el mejor camino.-

-¿Quiénes?

No hay respuesta, el resplandor del arma desaparece y sin tiempo que perder se encamina a la ciudad.

Apenas llega y contempla en sus enormes murallas a los legendarios artesanos de la guerra. Estaba bastante resguardada la ciudad, más de lo normal.

Llega frente a las puertas de Rakkor viendo como algunos campesinos entran a la ciudad con sus pertenencias. La ciudad empezó a tomar precauciones.

-¿Qué asunto tiene en Rakkor? Usted no parece ser de Targon.-

La cuestiona un legionario que nota su piel pálida inusual.

-Vengo de las capitales del norte a visitar familiares.-

No muy convencido ella toma la lanza poniéndola frente a él.

-Esta es una reliquia familiar, las runas son de la familia. Vengo de lejos y pido descanso en Rakkor para ver a mis parientes.-

Sin refutar la tradición de Rakkor le permite pasar.

Apenas entra y ve en las atalayas a los magníficos caballeros Solaris resguardando su preciada ciudad y observando cualquier anomalía. Algo nerviosa Eridan cubre un poco su rostro para que no notaran las marcas en su piel y menos el color pálido de la misma. Algo desesperada busca una posada lo más escondida posible de los ojos curiosos de Rakkor.

Paga el día entero, resguardándose en su cuarto por largo tiempo, caminaba de un lado a otro, nerviosa; pensando en todo lo que había sucedido. Todo parecía una ilusión. Lo que más le inquietaba es el refuerzo en las murallas de Rakkor. ¿Qué hiso Hecarim para alertar a toda una nación de una amenaza?

Paso la noche sin que pudiera conciliar el sueño completamente, aun siente su presencia espectral cerca de ella. De pronto escucha las pisadas del velador fuera de su cuarto avecinando la madrugada.

Eridan se levanta, esperando hasta que se fuera el velador y se acerca al arma para susurrarle la causa del frenesí de la ciudad.

-Cabalgue por la noche y ningún mortal me vio pasar, ni los mismos que derribe. Los que alertaron a todo Targon han estado en los alrededores asechándonos desde que llegamos aquí.-

-¿Acechándonos?-

-La confrontación con Lissandra no pasó inadvertida y más cuando la sombra en tu interior expuso su poder hasta cada rincón de este mundo. Sabian desde un principio que estábamos en Targon. Pronto darán la cara sus mensajeros y asesinos.-

-Espera quienes son…-

Se oye el toque en la puerta que interrumpe la conversación. Era el velador de la posada.

-Señorita, ¿está todo bien? Alguien envía a buscarle. Dice que es uno de sus familiares de Rakkor.-

Agradece el aviso pero ya en su voz se oye su temor. Apenas se retira y la voz vuelve a su cabeza susurrándoles.

-No es nadie de nosotros quien te espera. Ve con cautela.-

Eridan deja a tras la lanza para no parecer sospechosa, con cuidado recoge su vestido largo de escarlata y baja con cuidado por las escaleras. Ve el comedor de la posada y una silueta en una mesa en contra de la luz de la hoguera. Solo se veía una silueta oscura.

Se acerca despacio tratando de ver quien era mientras estaba su cabeza agachada bebiendo en un pequeño vaso de porcelana. La joven pone atención a su alrededor viendo a lado de él, los cadáveres de los dueños de la posada. Sin esperar acción alguna la silueta finalmente habla.

-Esperábamos alguien mucho más… interesante.-

Él le indica que tome asiento frente a él en la mesa. Cautelosa accede tratando de ver su rostro. Para su sorpresa tenía tapada la cabeza y boca tan solo dejando ver sus ojos de color purpura. El continúa.

-Los invocadores fueron en su momento facinantes. Trataron de controlar hasta lo imposible. Fue una lástima que al final fueran ellos los controlados.-

Sin rodeos Eridan pregunta.

-¿Quién eres y que quieres aquí?

Hace un sonido burlesco y baja un poco la tela de su boca para dar otro trago al vaso de porcelana.

-Algunos hacen llamar a este profeta. Ahora este es un mensajero del destino para ti.-

Eridan pone su temor a un lado y se levanta a la defensiva.

-¡Malzahar!-

Aplaude su respuesta el profeta del vacío.

-Sabes quienes somos. Después de todo tú fuiste una invocadora… ¡Ahhh! Es cierto. Mataste a todos los demás que estaban contigo. Parece ser que te remordió tanto que huiste a las Islas. Dime ¿A cuántos mataste? ¿Unas dos decenas de invocadores? ¿Qué se siente mancharte las manos con sangre real?-

-¡Eso no te importa, Malzahar!-

-Me concierne. No querías que vieran quien eras realmente. Por eso buscaste a quienes ya sintieron la muerte una vez. Escuchaste el llamado de las Islas. –

-¡Suficiente! ¡¿Qué quieres de mí?!-

-Hay más susurros que el de las Islas. La guerra en este mundo se acerca y es inevitable. Todas las facciones se enfrentaran pero la boca con el hambre infinita tiene en la mira toda Runaterra. El ojo del vacío vio un poder conocido. Venimos a que regreses el poder al origen.-

-¡Este poder me pertenece! Este poder es de la Sombra.-

-El vacío ya viene y sienten la presencia de algo conocido. Sabemos que también escapaste de las islas para salvaguardar tu existencia. Te ofrecemos de buena manera que vengas a nosotros.-

Eridan ve a su alrededor sombras de las terribles bestias del vacío acercándose más. Ella miraba como la iban rodeando si dejar alguna forma de salir. Con valor pone las manos en la mesa con determinación.

-¡No cederé a Icathia!-

Malzahar se levanta abruptamente amenazándola.

-No tienes forma de escapar de nosotros, nadie podrá oírte gritar, nadie podrá oírte llorar…-

El techo de madera se escucha el cabalgar de cascos metálicos. Inmediatamente un fuerte estruendo se escucha viendo el techo desplomarse en medio de Eridan y Malzahar. Hecarim aparece poniéndose ofensivamente, poniendo su lanza en la garganta del profeta del vacío.

-¡Ella no les pertenece!-

Los esbirros de Malzahar se lanzan contra la joven para capturarla. Hecarim reacciona fugazmente girando su lanza despedazando a todos los que intentaban tocarla. Sin dudarlo Eridan se sostiene del centauro, sabiendo esto Hecarim carga contra las decenas de bestias hasta las puertas, despedazándolas. Corre en plena calle de Rakkor ya empezando a aterrorizar a la población. Toda la guardia se prepara y empiezan a cerrar la puerta.

Viendo esto, Hecarim toma a la joven con fuerza y cabalga con una velocidad sobrenatural. La estela de su fuego deja marcado el piso con sus patas llameantes. Apenas logra salir pero no se detiene viendo a los legionarios persiguiéndole.

Corre hasta el valle de las montañas bajando sin mucho cuidado. Eridan trata de sostenerse pero sus manos resbalan de la armadura cayendo y quedando noqueada por la caída. A prisa Hecarim la toma en su hombro y prosigue con la huida.