Disclaimer: Los personajes de Naruto no son de mi propiedad sino de su creador, el mangaka Masashi Kishimoto. Solo los utilizo para adaptarlos a la historia de Magela Gracia, Aunque sea su hermano. La pareja principal es Sasuhina, sus personalidades pueden estar alteradas ya que es una adaptación, sino te gusta no lo leas, todo lo hago sin fines de lucro y por amor al Sasuhina así que si no te gusta esta pareja ¿Qué haces aquí? Solo quiero mostrar los libros que me gustaron a través de esta gran pareja que se robó mi corazón desde que la vi.
Advertencia: este libro tiene contenido sexual y palabras vulgares. Quien avisa no es traidor. Gran OcC en los personajes. Disfruten de la lectura.
CAPÍTULO 6
LA PERSONA QUE YO MÁS DESEABA
Y un viernes más, odioso como todos los anteriores.
Al menos, a partir de ese momento, no iba a darme cuenta de la diferencia que había con los lunes. Los exámenes acababan de terminar aquella misma mañana, las clases iban a ser simples reuniones para aparentar y rellenar las horas de currículum, y la gente que tenía una vida interesante volvería a ella.
Yo no sabía a qué vida volver después de haber recibido el beso de Sasuke.
Tenía su sabor aún prendido en los labios.
Había sido tan repentino e inesperado que exactamente igual que pegó su boca a la mía, con hambre y deseo, se alejó de mí para no acabar devorándome. Mi necesidad de seguir manteniendo ese húmedo y abrasador contacto se mantuvo latente allí, donde sentía su presencia y calidez, su presión obscena y sus mordidas dejando marca. Sus manos habían sujetado mi rostro para amoldarlo a sus deseos, y cuando se las llevó consigo, dejando mi piel huérfana, me entraron ganas de llorar.
No sabía qué había pasado.
Abrí los ojos para mirarlo, casi sin darme cuenta de que los había cerrado mientras nuestras lenguas danzaban en el interior de mi boca. Sasuke estaba dando paseos por el estrecho pasillo, como si de un león enjaulado se tratase. Se mesaba los cabellos con la inquietud del que duda entre cometer la mayor de las atrocidades –imagino que levantarme el vestido y disfrutar de mi cuerpo como tantas otras veces había hecho con piel ajena — o comportarse como el hermano mayor como el que se había comportado desde que había venido a vivir a nuestra casa y que, supongo, ya no se sentía.
Respiraba con dificultad... y yo también.
— ¡Mierda!
Yo habría soltado la misma blasfemia, pero no me dio tiempo antes de que volviera a besarme. Entonces sentí plenamente su cuerpo, arrinconando el mío, duro y exigente. Pude notar el calor de su piel, el ejercicio acumulado en sus músculos, los latidos alterados en su pecho...
Y la erección encarcelada que me mantenía en un sin vivir.
Sasuke no se limitó a besarme, a sujetar mi cuello o deslizar sus manos por mis caderas. Se apretaba contra mí, restregaba su cuerpo con el mío, haciendo presente la dureza de su entrepierna. Me atormentó la parte baja de mi anatomía mientras mantenía ocupada mi boca, evitando mis protestas.
Y tenía muchas ganas de protestar...
Si hubiera tenido la lengua libre le habría suplicado que no me dejara con las ganas, que separara mis piernas, que llenara mi necesidad de su carne.
Pero no, no fui capaz de decir nada, y casi tampoco de moverme. Supongo que eso hizo que Sasuke se diera cuenta de lo que realmente estaba haciendo, porque tras presionar un par de veces su pelvis contra la mía, al fin se separó y me miró a los ojos.
— No puedo...
No sé si ese "no puedo" se refería a que no podía follarse a lo que era a sus ojos –aún una niña—, o si seguía planteándose la regla moral de no consumar sexo con la mejor amiga de su hermana. Supongo que entre toda aquella confusión también tenían que aparecer en su mente mis padres, los cuales le habían abierto las puertas de su casa y habían confiado en él para que cuidara de su pequeña hija.
Lo cierto fue que se alejó un poco, se mordió el labio inferior con deseo, y acariciando con la yema de los dedos el mío consiguió guiñarme un ojo en un gesto de lo más cariñoso.
Yo no necesitaba en ese momento su cariño, solo me lastimaba. En la vida había estado tan excitada.
Ni cuando tuve los dedos torpes de un muchacho metidos entre los pliegues de mi sexo un año atrás, mientras nos metíamos mano en la oscuridad de la sala de un cine, haciendo que disfrutábamos de una peli malísima, había estado tan encendida.
Había sido la primera vez que un chico se había interesado por mí físicamente, y tenía que reconocer que también había sido la única. Mi compañero de clase, con pinta de ser también el primer coño que tocaba, había estado tanteando durante largos minutos los entresijos de mi humedad, sin llegar a arrancarme en ningún momento más que gestos de impaciencia ante su torpeza.
No me había dejado tocarlo yo.
Fue uno de los motivos por los que, sin haber terminado la película, había cerrado las piernas, recogido mi bolso y lo que me quedaba de amor propio, y había abandonado la sala de cine.
— ¿Por qué no dejas que te invite a un helado?— me había preguntado él, corriendo detrás de mí, interceptándome en mitad del pasillo enmoquetado, sembrado de palomitas de maíz.
— Porque si lo único que querías era descubrir cómo se sentía uno al meter la mano ahí ya te he dejado jugar con mi entrepierna un rato. Si necesitas clases de anatomía creo que voy a ser mala profesora.
Se lo había dicho con rabia, extinguida la humedad inicial en la que se había empapado los dedos cuando su mano acudió a separarme las piernas. Yo, por aquella época, ya visionaba las películas de Sasuke, y por más que quisiera tener paciencia con alguien tan inexperto como yo no conseguía mantener la calma, sintiéndome utilizada.
Aquello, sin embargo, era completamente diferente. Sabía que los dedos mágicos de Sasuke podían hacer que me estremeciera durante interminables horas. Estaba segura de que el sexo con él tenía que ser morboso y aterradoramente adictivo, aunque fuera simplemente porque yo necesitaba que fuera así. Lo imaginaba tumbándome en el sofá, colocándose sobre mí, entre mis piernas, y llenándome la boca de su saliva mientras me hacía gemir con la destreza de la yema de sus dedos.
Lo imaginaba llevándose el grito de mi orgasmo con el aire que respiraba de mí, mientras acompasaba los movimientos entre mis pliegues a los estertores de mi pelvis arqueada buscando su contacto.
Lo imaginaba empalándome con toda la fuerza de la que eran capaces sus caderas...
— Si puedes...
Sasuke alejó su mano de mis labios e hizo lo propio con su cuerpo.
Volvía a desaparecer de casa.
Aún recordaba el día en el que había dormido por primera vez bajo el mismo techo que Izumi y su hermano, aunque había tenido que hacer verdaderos esfuerzos por recomponer los fragmentos que almacenaba en mi memoria. También es verdad que el hecho de que fuera nuestra primera fiesta de pijamas había ayudado a que los pedazos dispersos tomaran forma en mi cabeza
Era una tarde de primavera, imagino, porque aunque hacía calor aún teníamos clases. Aquella tarde nuestros padres se habían puesto de acuerdo para que yo pasara la noche en casa de Izumi antes de las vacaciones, y Sasuke fue el encargado de conducirnos, en plan escolta, desde la puerta del colegio hasta casi el dormitorio de su hermana.
— Como os despistéis por el camino os meto cucarachas bajo las sábanas— nos había amenazado Sasuke, que conocía con creces el terror que le tenía yo a esos horribles bichos—. Así que nada de ir dos pasos por detrás de mí.
Por aquel entonces jamás se me habría ocurrido mover el culo en plan provocativo mientras las dos andábamos delante de Sasuke, siguiendo la acera que conducía a la casa de mi amiga. Entre otros motivos, imagino, porque no sabía que esas cosas se hacían e interesaban a los chicos de la edad de Sasuke, y porque tampoco tenía demasiado culo que menearle a nadie.
Recuerdo que no tuvo la necesidad de ponernos ninguna cucaracha en la cama, aunque cada vez que lo molestábamos mientras hacía los deberes, pegábamos un bocado a la pizza que nos había traído el padre de Izumi para cenar, o nos reíamos en el cuarto de baño al lavarnos los dientes, nos amenazó con ello. Creo que para él esa tarde también tuvo su punto divertido, aunque nunca quiso reconocerlo, ya que se suponía que era demasiado mayor para seguirnos el juego con nuestras cosas de crías.
También recordaba el día en el que Sasuke llegó a casa para estudiar en la universidad. Nuestras vidas habían cambiado drásticamente, ya que pasamos a ser cuatro, y yo me encontré de pronto con alguien que podía invertir algo de tiempo en hablar conmigo. Mis padres prescindieron de la niñera que tenían contratada para que vigilara que me metiera en la cama a la hora indicada, y él asumió el rol de cuidarme nada más empezar el instituto. Era, según decía, lo mínimo que podía hacer para agradecer el hecho de alojarse en nuestra casa. De pronto mis padres pudieron relajarse y empezaron a pasar muchas más horas a la semana dedicándose al trabajo. Hasta ese momento no les había quedado más remedio que tratar de comportarse como la familia que tratábamos de ser, intentando que al menos dos veces por semana cenáramos en familia. Con Sasuke en casa las cosas habían cambiado, y supongo que salvo para mí había sido un buen acuerdo para todos.
No, supongo que también lo había sido para mí.
De pasar a estar siempre sola o acompañada por una niñera había empezado a tener un amigo que se preocupaba de que mi madre no me envenenara mucho más de la cuenta. Sasuke me tenía un afecto similar al que le profesaba a su hermana. No por nada, en más de una ocasión se había jactado delante de mis amigas de haberme cambiado los pañales cuando éramos pequeñas. A mí se me había caído la cara de vergüenza la última vez que hizo la broma, cuando mis compañeras ya babeaban por sus huesos y yo empezaba a mirarlo con ojos nuevos. Él notó mi rubor y mi cambio de humor, y más tarde, en la soledad de nuestra cena delante de la tele, se disculpó por haberme avergonzado en presencia de mis amigas.
— Hay cosas que ya no tienen gracia...— había comentado—. Al final va a ser verdad que ya no eres una niña.
Si lo había estado comentando con alguien con anterioridad no dio señales de ello, pero supongo que, al igual que mis amigas me preguntaban cómo podía convivir con un tío como aquel y que no se me fueran los ojos a su culo a él también podían haberle hecho la misma pregunta, aunque yo no tuviera ni la mitad de presencia que él.
Ahora me reía, pensando en la posibilidad de que sus amigos le hubieran insinuado algo sobre mí, imaginando su respuesta.
— ¿Hina? Pero si le cambié un montón de veces los pañales cuando era una niña...
Y ahí estaba realmente el problema; eso había pasado cuando era un bebé, y en ese momento ya no lo era.
Aquella noche, mientras hablaba con Izumi, necesitando confesarle a alguien el pecado de haberme encaprichado con la polla del hermano de mi mejor amiga, imaginé a nuestros padres hablando sobre la convivencia en casa.
— ¿No será inadecuado que sigas teniendo en casa a Sasuke, Hana? Hina ya es toda una mujercita...
— ¡Qué absurdo! Se llevan de maravilla. Es como si a Hina de pronto le hubiera crecido un hermano.
Nadie podía imaginarse lo oscuros que habían llegado a ser mis sentimientos. Ni siquiera Sasuke, que me había acompañado en mi primera cerveza, había caído en la cuenta de que yo podía empezar a fijarme en él.
Al menos no antes de pillarme arrodillada a los pies de su cama, con la mano metida dentro de las bragas, susurrando su nombre.
No entendía que fuera capaz de seguir mirándolo a la cara después de aquello.
— Y Sasuke tiene sus novias. Es imposible que se le vayan a ir los ojos a mi hija. Es un hombre serio y responsable. La trata con mucho cariño.
Era verdad. Durante el último año, en el que me había pasado las horas muertas suspirando por las fantasías que se dibujaban en mi cabeza, y que incluían toda clase de escenas de lo más obscenas entre Sasuke y yo, a él no le había visto nunca echarme una mala mirada o hacerme un mal comentario. No sé si a mí se me escapó alguna que lo hiciera sentir incómodo, pero si pasó no dio señales de darse por aludido. Con lo que siempre había tenido mucho cuidado fue con mantenerme apartada de sus amigos, como si ellos si pudieran suponer una amenaza para mí.
— Hablaré con Sasuke con respecto a sus amigos—, habría dicho el padre de Izumi, hablando con mi madre en el último verano—. Ellos tienen la misma edad y no verán a Hina como a una hermana.
Ojalá alguien hubiera dejado de protegerme para poder tener una adolescencia normal. Me habían puesto delante, como cuidador y protector de mi inocencia, al hombre con el que estaba desesperada por perderla. Y él, en su afán de comportarse de forma correcta, no me dejaba comportarme como lo hacían el resto de chicas de mi edad. Tampoco me había visto babeando por él por todos los rincones, pero me apetecía tener la potestad de poder hacerlo sin que nadie me censurara por ello.
Hasta Izumi había podido tener una adolescencia normal, alejada de su hermano.
¡No había sido ella la que se había encaprichado con Sasuke! Mi amiga, a miles de kilómetros de distancia, tenía ya un novio con el que se metía mano cuando la ocasión se lo permitía, y con el que había pensado en tener su primer escarceo sexual en las vacaciones de verano. Que Izumi pudiera contarme todo aquello y yo no pudiera decirle que Sasuke me había regalado el beso más obsceno de mi vida me entristecía mucho, pero había cosas que no se podían confesar a la hermana del chico al que estás deseando meter en tu cama.
"No, en verdad soy yo la que me vengo siempre a la cama de Sasuke".
— Espero que no te molestes, Izumi, pero he perdido los papeles por tu hermano—, comencé diciendo en voz alta, en la soledad del salón—. Sé que casi nos hemos criado juntos, y que no debía de haber pasado. Pero tú no estás aquí para recordarme lo divertidas que eran las tardes entre los tres haciéndolo rabiar con nuestras perretas, cuando no nos dejaba el Spectrum para jugar al endemoniado juego de las momias. Aquí estoy sola con él, y cada vez que lo escucho hablar de sexo con sus amigos me hierve la sangre. Ojalá me hubiera fijado en alguno de sus amigos, pero fueron mis compañeras de clase las que se empeñaron en enseñarme al hombre que cenaba conmigo por las noches, y no al muchacho de mirada traviesa al que le gustaba amenazarnos con cucarachas y tirones de orejas.
Siento necesitar contarte que lo espío noche y día, y que me muero por aprender de él todas las cosas que imagino que sabe hacer y que practica cada vez que sale de juerga con Menma y los otros. No sabes las ganas que me entran de que todo estuviera permitido, de que no te fueras a enfadar conmigo al decirte que me muero por tu hermano, y lo fantástico que sería poder presentarse al futuro abogado para irnos de copas los cuatro... de la mano.
Era tan patética mi necesidad de confesarle a alguien lo que me pasaba que me dejé embargar por una risa tonta. No había nada que hacer. Sabía que mi vida seguiría cuando Sasuke se fuera de casa, que era joven y que me interesaría por otro hombre.
Pero ser racional en ese aspecto no conllevaba que no pudiera reconocer lo que necesitaba aquella noche, o todas las noches anteriores desde hacía casi un año. Los meses de verano en los que Sasuke cogió la maleta para pasar las vacaciones en casa de su familia no me habían resultado nada agradables, pero sabía que iba a sobrevivir a todos los meses que me esperaban tras convertir nuevamente ese dormitorio en el cuarto de la plancha.
Iba a seguir viviendo, aunque hubiera preferido hacerlo tras haber disfrutado del cuerpo del hermano de mi mejor amiga, para así dejar su recuerdo atrás sin ningún problema.
