MUNDOS NUEVOS
CAPÍTULO 7: FRUSTRACIÓN Y MALDAD
Una semana era el tiempo que había transcurrido para aquél heterodoxo grupo de individuos de varios mundos, enfrentando entrenamientos cada vez más duros y salvajes. Entrenamientos cuya sola experiencia serían suficientes para traumatizar a cualquier individuo. Y vaya que Shaoran, Hikaru, Shiki, Edward y Alphonse sabían bien aquello.
Luchaban por sobrevivir en ambientes extremadamente fríos o cálidos que tenían una gravedad variable pudiendo parecerse a la de la Luna en algunas horas y a la de Júpiter en otras y cuyo oxígeno que a veces se hacía más escaso que el de las montañas más altas del Himalaya, y padecían al luchar para evitar ser comidos por enormes y rabiosas bestias terrestres y extraterrestres que siempre emergían por sorpresa.
No podían dormir más que dos horas con suerte, se veían obligados incluso a comer las lombrices del suelo que debían excavar con sus manos desnudas hasta el punto de ampollarse y sangrar, y sus heridas debían cubrirlas arrancando pedazos de sus ropas para evitar que se infecten.
Y siempre que se debían desplazar de ambiente a ambiente debían ir lo más rápido que pudieran, vadeando ríos caudalosos y cuidándose de rocas resbaladizas, evitando deslizarse por pendientes empinadas y escalando abismos casi infernales, saltando de árbol en árbol y procurando no caer de las ramas de los mismos. Eso sin contar los duros ejercicios físicos, el aprendizaje de más técnicas de pelea.
Sin contar con lo peor de todo… ésas odiosas clases de historia. Le habían logrado prestar algo de atención a la historia de la Tierra de ése universo porque se les hacía mucho más cercano y casi parecía la forma en que Paul lo narró como una historieta "what if" o "qué pasaría si… ." donde ellos veían lo que pasó en la Tierra como una posibilidad. Sólo que intentar entender toda la información sobre la historia de la Liga Planetaria se les hacía tedioso y aburrido.
-… y por ésta razón es que las penas a los diversos delitos se han vuelto mucho más duras.-dijo el Guardián de Plata, que luego notó como todos estaban bostezando.
-¿Tiene sentido esto?-inquirió Hikaru.
-Si… lo tiene. Entender ésta guerra y lo que provoca les permitirá comprender mejor las cosas.
-¿Incluso el endurecimiento de las leyes? ¿No estás exagerando?-preguntó Alphonse.
-Todo esto es aburrido.-habló un desganado Shiki.
La sola mención de la palabra "aburrido" generó un silencio digno de ser cortado con una sierra eléctrica que duró segundos que se volvieron interminables.
-¿Aburrido? ¿Escuché bien o me pareció? ¿Dijiste aburrido?
-Y no es el único que lo piensa. Lo siento Paul, pero no veo cómo esto pueda servirnos para entender ésta guerra.-repuso Shaoran.
-O sea… para ver si ahora estamos en el mismo canal y entendiéndonos.-el tono en la voz de Paul se tornaba lentamente de neutro a fúrico.-¡¿Creen que todo esto es sólo para molestarlos o cansarlos?
-Siento que es más útil pasar una semana luchando contra toros bicéfalos o soportando el hambre que teniendo que escuchar esto. O quizá sea que el aburrido eres tú.-dijo Edward con malicia en la voz.
De pronto, el mayor de los hermanos Elric vio como se aproximaba el de armadura azulada hacia él, con más y más furia. Por un instante cerró los ojos, creyendo que recibiría un reglazo en la cabeza. Pero lo que tuvo fue la mirada de un Paul que hacía enormes esfuerzos por no arrancarle la cabeza al Alquimista de Acero.
-Quizá lo que les hace falta entonces es una clase… práctica.
La forma en que fue dicha aquella última palabra de pronto les produjo escalofríos a todos por una razón que no podían precisar con exactitud. Algo en el tono de voz en que fue emitido el enunciado del Guardián de Plata y el énfasis a la palabra "práctica" les hizo suponer que quizá al quejarse de aquellas clases teóricas abrieron la puerta a algo mucho peor. Suposición que rápidamente se volvió la horrible realidad.
-¡Correrán todo el recorrido de vuelta hasta las instalaciones a las que los llevé! ¡No tomarán siquiera un segundo de descanso o en vez de un reglazo lo que recibirán será directamente una esfera de energía aúrica!-bramó Paul, al tiempo que generaba con su mano derecha una pequeña esfera luminosa.
Antes que alguno de ellos pudiera reclamar nada, vieron aterrados como un enorme peñasco era destrozado en mil pedazos por tal ataque. Lo siguiente que hicieron en una fracción de segundo fue dar la media vuelta y empezar el recorrido de vuelta al edificio que los había recibido como si no hubiera un mañana.
-¡Corran por sus vidas o éstas acabarán ahora mismo!-gritó el guerrero de ojos azul-grises que ya empezaba a generar una segunda esfera luminosa.
Pero ellos no eran los únicos que buscaban salvarse desesperadamente. En las calles de Central un muchacho de cabello castaño y tez morena, similar a la de los ishbalanos corría a gran velocidad al tiempo que escuchaba el ruido de las balas percutadas por las armas de sus perseguidores. Él estaba todo cubierto de heridas menores y quemaduras que eran indudablemente fruto de colillas de cigarro que eran apagadas en el cuerpo de aquél joven y el sudor de sus poros recorría cada centímetro de piel que tenía.
Estaba aterrado por lo que había podido escuchar de los hombres que vestían gabardinas grises y que tenían porte militar. Y lo peor fue que ellos lo descubrieron. Él aún recordaba como lo golpearon durante horas con sadismo y crueldas burlándose de su condición de ishbalano con un odio aberrante, y casi tratándolo como si fuera menos que un animal.
Golpe tras golpe, quemadura tras quemadura. Lo habían atado de manos al espaldar de una silla que estaba cerca de la mesa de una cocina por un par de horas en tanto que pensaban cómo deshacerse de él apenas lo mataran. Aquellas discusiones de sus secuestradores habían sido lo único que le había permitido salvar la vida y cuando la mayoría de ellos había salido dejando apenas a uno de ellos había fingido estar dormido.
Recordó también la emoción que lo embargó apenas fue capaz de librarse de aquellas ataduras. La forma en la cual tomó un cuchillo de cocina y movido por un impulso de miedo mezclado con ira y odio apuñaló cinco veces al hombre que lo vigilaba, teniendo al mismo tiempo una sensación de placer momentáneo en cada instante en el que el frío acero del cuchillo perforaba piel, vasos sanguíneos, músculos y órganos vitales al tiempo que golpeaba en forma durísima los huesos de su secuestrador.
Luego corrió y corrió, sin mirar atrás. Y estuvo así por minutos que se le hicieron interminables. Acosado como un animal que era perseguido tenazmente por cazadores que buscaban matarlo para arrancarle la piel o comer de su carne, sintiéndose como presa ante depredadores salvajes.
-¡Vuelve aquí, escoria ishbalana!-gritó uno de ellos, desenfundando su pistola y disparando una vez más.
-¡Pagarás por lo que hiciste con nuestro camarada!-exclamó un segundo hombre armado con un revólver del cual otra bala más era percutada.
Debo llegar con la señorita Scieszka o con el general Mustang, Ishbala dáme fuerza para poder llegar, pensaba el muchacho. Finalmente vio que estaba cerca de algo parecido a una instalación militar. Pero antes que él pudiera corroborar si estaba cerca de la seguridad, un balazo le perforó de lleno la espina dorsal tumbándolo de lleno al suelo y manchando el asfalto con abundante cantidad del líquido vital carmesí que salía del joven.
Segundos más tarde, varios soldados de Amestris salían a toda prisa a buscar en los alrededores a quien fuera el autor de aquél disparo.
-¡Atrapen a ésos asesinos! ¡Si oponen resistencia, tiren a matar!-ordenaba enérgicamente la voz de una mujer de cabello rubio y tez clara que vestía un uniforme militar azulado, típico de la milicia de Amestris.-¿Cuál es su estado?
-Lo siento, teniente Hawkeye.-repuso un hombre con ropas blancas y que examinó al muchacho de tez morena ante él, antes de susurrar.-Le perforaron la columna vertebral.
-¿Hawkeye? ¿Teniente Riza Hawkeye?-preguntó aquél muchacho.-¿Escolta del general Mustang?
-¿Cómo sabes eso, niño?-inquirió la militar, ocultando su sorpresa.
-Adviértales… al general… a la señorita Scieszka… .
-¿Advertirles? ¿De qué?
-Sus vidas… la suya también… están amenazadas por… .
Hubiera querido contestar más, pero la sangre le ahogaba la garganta y finalmente el ishbalano dejó de respirar. ¿Quién querría intentar asesinar a Sciezska y a Roy?, pensó la guardaespaldas del general. Un uniformado más apareció ante ella y habló:
-No hemos dado con quien haya armado ésta balacera, señor. Hemos buscado por… .
-¡Sigan buscando! ¡Levanten un perímetro a ochocientos metros de distancia! ¡Y refuercen la seguridad del general Mustang y la parlamentaria Scieszka!
-¿Su seguridad?
-Quien quiera que haya asesinado a éste chico pretende algo contra ellos. Por eso lo mataron. ¡Vamos, de prisa!
Edward y Alphonse Elric habían visto durante los años que les tomó la búsqueda de la piedra filosofal crímenes horrendos como el de la pobre Nina Tucker (1) que fue transmutada con un perro para formar a una quimera por obra de su padre, y la sensación de impotencia ante la sola idea de que Winry hubiera sido asesinada ante sus ojos por aquél sádico conocido como Barry el Descuartizador (2).
Pero aún el haber visto atrocidades iguales o peores que aquellas no los podía preparar para aquella sensación de impotencia que los embargaba. Intentaban golpear o usar su alquimia contra aquellos hombres uniformados que estaban ante ellos. Sólo que no podían ser capaces de tocarlos al tiempo que ellos veían como entraban casa por casa, apuntando con sus rifles a las familias que vivían en cada hogar, saqueando e incendiando, llevándose a esposas e hijas, o peor aún forzándolas a cometer incesto con sus familiares.
-¡No! ¡Por favor! ¡Es mi hija!-decía entremezclando chino mandarín y japonés un hombre adulto que veía aterrado el cadáver de su esposa que había sido bayoneteado y cuyo feto e intestinos le salían del vientre.
-¡Silencio!-bramó uno de aquellos hombres, al tiempo que el resto destrozaban los muebles de aquella vivienda buscando cualquier cosa que fuera de valor.-¡Son nuestros enemigos! ¡Buscaron ésta guerra y éste es el precio que deben pagar!
-¡No me pueden pedir eso! ¡ES MI HIJA! ¡APENAS TIENE OCHO AÑOS!-gritaba desesperado aquél hombre, aún interponiéndose entre aquél grupo de soldados que le apuntaban con bayonetas de sus fusiles Arisaka Tipo 38 (3).
-¡O LO HACES O NOS LLEVAMOS A TU HIJA!-dijo el que lideraba a la tropa.
Ambos alquimistas buscaron golpear una y mil veces a quienes veían como abusivos cobardes pero los atravesaban como si fueran fantasmas. Intentaban usar su alquimia, querían transmutar el metal de aquellos fusiles para hacerlos inservibles pero tal poder mágico era totalmente inútil.
El portador de la sangre Nanaya e hijo adoptivo de Makihisa Tohno (4) había visto el extremo de la maldad que podían proyectar seres como Michael Roa Valdamjong (5) que serían capaces de manipular a quien fuera con tal de ganar poder, de poseer las vidas de personas inocentes para luego destruir a muchos más con tal de subsistir ilimitadamente. Pero las acciones de aquellos seres humanos, para él no tenían nombre alguno.
Por veces que fueron incontables para Shiki Tohno, él buscaba con desesperación cortar, destazar y estocar a ésos asesinos disfrazados de soldados que bayoneteaban los vientres de las madres embarazadas, que sonreían con sadismo al saberse impunes y capaces de hacer lo que quisieran con ellas y el resto de habitantes de aquella ciudad. Golpeando, mutilando y matando a cualquier hombre en la calle que fuera sospechoso de ser soldado enemigo, sin pruebas ni evidencias.
Quería cortarlos y estocarlos. Desaparecerlos de la existencia. Tenía todo el deseo del mundo de hacerlo, el mismo impulso en su sangre que lo forzó a cortar en diecisiete partes a Arcueid Brunestud. Shiki ni siquiera podía compararlos con las bestias a las que había enfrentado en su entrenamiento con sus compañeros. Aquellos animales, fruto de una clonación que manipuló sus genes para que sintieran la rabia en forma irrefrenable, eran incapaces de distinguir el bien del mal. A diferencia de aquellos hombres que si sabían hacer tal diferenciación.
-¡Noventa y ocho! ¡Noventa y nueve! ¡Cien! ¡Gané!-exclamó con una mezcla de frenesí y sadismo asesino otro de aquellos soldados, tras disparar las balas de su arma contra tres jovencitos que estaban en una calle cercana intentando ocultarse.
-¡No es justo! ¡Era mi turno de disparar!-le reclamó uno de sus compañeros.
-¡Renunciaste a ése turno cuando te tiraste al cadáver de ésa anciana tras dispararle a su nieto!-repuso el que festejaba.
-¡Debes reconocer que quería divertirme! ¡Soldado encubierto a la vista!-exclamó el compañero del ganador, tras disparar a un hombre de apariencia joven que corría desesperadamente hacia ellos queriendo intentar aunque fuera darle a alguno de los soldados que perpetraban todas aquellas brutalidades un puñetazo por lo menos.
Hikaru Shidou recordó que en su estancia en Céfiro con sus amigas, y durante el transcurso de sus luchas para devolverle la paz a ése mundo, siempre buscaba sacar lo mejor de las personas y animales a quienes ella conoció. Siempre quería confiar que en todo ser viviente había aunque fuera un atisbo de bondad, incluso en seres como Zagato, la princesa Esmeralda, incluso en la misma Nova. Pero lo que veía y escuchaba era tan aberrante que por un momento se permitió dudar de si había bondad en todos los seres vivientes.
La protectora de Céfiro debió resistir el impulso de vomitar. Ella pudo reconocer el emblema del sol naciente que era característico del Ejército Imperial Japonés en aquellos hombres que secuestraban, saqueaban, incendiaban, mutilaban, torturaban y mataban a los ciudadanos de Nanking (6). Ver a una niña de cinco años que era arrancada de los brazos de su madre, a quien habían violado y matado a punta de balazos fue algo que ella ya no pudo soportar.
Quería gritar con toda su alma "Flecha de Fuego" o "Relámpago Rubí", y proyectar de lleno aquellos ataques mágicos para intentar detener aquella locura. Pero su magia era totalmente inútil. Fue tanta la frustración que ella no pudo evitar llorar.
-¡Mami! ¡Mami!-exclamaba la niñita con lágrimas en los ojos y un tono en su voz que desgarraba el alma.
-Cómo molestas… .-repuso uno de aquellos soldados, que de un corte con la bayoneta le destrozaba la vena yugular a la pequeña, matándola en el acto.-Cuando menos tu mamá no se quejaba tanto.
A Shaoran Li se le vinieron muchos recuerdos a su mente a la vez que quería invocar su péndulo para convertirlo en espada o sus pergaminos contra aquellas bestias. Durante prácticamente toda su vida se tuvo que volver desconfiado de las personas porque su madre le inculcó aquello dentro de su crianza. Fue allí que él recordó que alguna vez el Kempeitai (7) ejecutaba a civiles hongkoneses para practicar la decapitación, el fusilamiento y el bayoneteo, y que la ocupación militar se encargó de robar dinero mediante cambios forzosos al tiempo que el miedo y el hambre cundían al punto que miles morían.
Al tiempo que ésos recuerdos se le venían a la cabeza a la vez que sus invocaciones mágicas fracasaban, también no pudo evitar sentir dolor por todos quienes habían sido asesinados por los caronianos. Su familia y muchos de sus amigos, por culpa de los ataques selectivos y masivos que el imperio de Caronia ejecutó. Deseaba golpear una y otra vez a quienes mutilaban con sadismo a hombres, mujeres, niños y ancianos de todo un barrio de Nanking.
Deseaba proferir todos sus hechizos miles y miles de veces. Deseaba hacerlo porque aquellos hombres habían perdido totalmente su humanidad al hacer que intestinos, riñones, hígados y estómagos se salieran de los vientres de aquél grupo de inocentes.
-¡Por favor, tenga misericordia!-decía un anciano.
-¡Remátenlos!-ordenaba el oficial al mando, al tiempo que los soldados ultimaban a aquellos civiles antes de prenderle fuego a los edificios cercanos.
Al mismo tiempo en que los jóvenes que eran entrenador por Paul veían y escuchaban todo lo que sucedía en aquella masacre horrenda, se daba un contraste de relativa calma en otra dimensión, en la torre de Tokio donde los transeúntes y turistas iban y venían despreocupados.
Era ya las seis y media de la tarde, y los rayos del sol desaparecían en medio de la penumbra que siempre ocurría con la llegada de la noche. Una hora extraña para pensar en reunirse con Hikaru, según el pensamiento de una joven de largo cabello y ojos azulados, cuya esbelta figura resaltaba su belleza.
-No lo entiendo. Me llegó ése mensaje de Hikaru pero hasta ahora no aparece… .-se decía a sí misma extrañada.
-¿Umi?-dijo una jovencita de cabello rubio corto y ojos verdes cubiertos por lentes delgados.
-¿Fuu? ¿Qué haces aquí?
Ambas se miraron extrañadas a los ojos por un segundo. Para cada una de ellas, aquella reunión en la torre de Tokio sería sólo con Hikaru y no incluía a nadie más.
-Hikaru me mandó un mensaje de texto a mi celular que debíamos reunirnos aquí a las seis y media. ¿Te dijo a ti lo mismo?
-No. Me mandó un mensaje igual que a ti. Pero que debíamos reunirnos a las seis.
-Raro.-murmuró la de cabello rubio y anteojos.
-¿Qué quieres decir, Fuu?-preguntó la más alta de las dos.
-¿No te parece extraño que Hikaru nos haya citado a dos horas diferentes y que no haya dicho que estaríamos aquí?
-¿Y si quiso planear una… .
Pero una voz varonil cortó a Umi Ryuuzaki y llamó además la atención de Fuu Hououji. Ellas distinguieron una ligera sonrisa despectiva hacia ambas.
-No, señoritas. Ella jamás las citó aquí. Fui yo.
-¿Quién es usted? ¿Acaso hizo algo con Hikaru?-inquirió Fuu, ya preocupada.
-Pequeña y hermosa Fuu.-decía él con malicia.-No te preocupes por ella tanto y disfruta el momento.
-¿Cómo se atre… .
-Relájate Umi. Aprovecha el momento cada que puedas porque quizá sea el último.-aquél hombre extrajo entonces una pistola de apariencia futurista para ambas jovencitas apuntándolas.-Será mejor que me acompañen por las buenas.
-¡Ayuda!-gritaron ambas, al verse amenazadas por ése extraño sujeto.
Tres policías empezaron a acercarse hacia ése individuo pero antes de que pudieran decir o hacer nada, tres ráfagas láser salieron disparadas del arma con que amenazaba a las dos guerreras mágicas con lo cual los agentes policiales cayeron muertos al piso. Y luego él empezaba a disparar a diestra y siniestra, importándole poco o nada la condición de las víctimas. Niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos; simplemente nada importaba.
-Ustedes deciden.-decía él, tras disparar y asesinar a sangre fría a una niña de cinco años primero y a sus padres después.-O vienen conmigo o seguiré matando a mucha más gente y me las llevaré a la mala.
-¿Está demente? La policía lo arrestará e irá muchos años a la cárcel-decía Fuu, intentando controlar el miedo.
-¡Eventualmente lo someterán! ¡Deténgase o acabarán matándolo!-exclamó Umi.-Mire ya van llegando las patr… .
Entonces él sacó una especie de detonador de uno de los bolsillos de su gabardina. Antes que la muchacha de cabello con tonos azulados pudiera decir algo más, una serie de explosiones la horrorizó al igual que a su compañera de ojos verdes. Una tras otra, cada automóvil de la policía que se aproximaba a los alrededores de la torre de Tokio explotaba en mil pedazos.
-Y más gente morirá si no vienen conmigo. Estoy dispuesto a todo, así que mejor no intenten huir o quizá los próximos sean sus familiares.
Tanto Fuu como Umi se acercaron a ése asesino de sangre fría. Tenían miedo por ellas mismas, pero todavía más por sus seres queridos y por todo lo que ése hombre al asesinar cuando menos a dieciocho personas y herir a otras treinta más. Fue eso lo que las impulsó a ir hasta quedar cerca del hombre con la pistola-láser. Ambas jovencitas que defendieron en dos ocasiones a Céfiro no supieron más, ya que un segundo después quedaron inconscientes.
Para Shaoran Li, Edward y Alphonse Elric, Hikaru Shidou y Shiki Tohno pasaron quince minutos. Los quince minutos más largos de sus vidas en que los cinco vagabundeaban en medio de una ciudad en llamas en la que el retumbar de los cañonazos y los disparos de los fusiles se entremezclaba en una cacofonía horrenda con los gritos de dolor y de súplicas de los miles de civiles que eran masacrados con odio puro hasta encontrarse finalmente.
-¿Qué demonios es todo esto?-inquirió Shiki.
-¡Es horrible! ¡¿Cómo pueden éstos soldados actuar así?-decía Hikaru sintiendo ira y miedo a la vez.
-Creía que sólo los caronianos eran capaces de tantas atrocidades. Sabía que estas cosas pasaron en Nanking, Shangai y Hong Kong pero… no creí que llegarían a éstos extremos.-murmuró Shaoran.
-Yo vi cosas horribles en Amestris. Masacres y matanzas que me hacían sentir asco pero esto… .-recordaba Alphonse.
-Esto es demasiado. Ni aún lo de Ishbal se compara a esto. ¿Por qué Paul? ¡¿Por qué nos haces ver esto e impedirnos hacer algo?-gritó Edward.
De pronto se escuchó una voz desde lo alto de un tejado.
-Cometieron el error de subestimar las clases teóricas de historia. Así que les di una clase práctica para que entiendan una cosa. Ahora entenderán que ésas clases y ésta tienen una cosa en común que deben aprender. ¿Qué es ésa cosa?-Paul hizo una pausa un segundo antes de gritar con fuerza.-¡¿Qué aprendieron de esto?
Pasaban los segundos y nadie se animaba a responder, hasta que finalmente tal silencio se rompió.
-Que los enemigos que enfrentamos son capaces de esto y más.-dijo Shaoran.
-Y que en ésta guerra cometerían éstas atrocidades.-murmuró Shiki.
-Hasta allí van bien.-repuso Paul.-Pero deben completarlo.
-Odié el no poder hacer nada. Sé que puedo hacer algo para evitar que algo así suceda.-habló Alphonse.
-Una desgracia así no tiene por qué pasarle a la gente que nada tiene que ver en una guerra.-musitó Edward.
-Y por eso es que debemos entender las razones para… .-decía Hikaru, al tiempo que miraba a los ojos a sus compañeros de entrenamiento.
Los cinco hablaron a una voz.
-Para poder protegerlos.
Paul sonrió con cierto orgullo. Los jovencitos a quienes entrenaba lo habían entendido. Realmente él odió la idea de tener que hacerlos pasar por algo así, pero parecía ser la única forma en que pudieran entenderlo del modo más directo posible.
-Cierra simulación.-repuso él.-Procuraré que su entrenamiento sea más dinámico. Hoy dormirán en el mismo cuarto que los hospedó la primera vez.
-¿Y eso?-inquirió el que fuera Alquimista Estatal de Amestris.
-Pasaron por mucho. Vieron una proyección tridimensional de un evento horrendo en la historia terrestre y sintieron lo que es no poder hacer nada para remediar algo así. Es como si en vez de ver una película ustedes la vivieran pero no pudieran hacer nada para cambiar la historia de la misma. Merecen dormir cómodamente.-dijo el Guardián de Plata.
Dormir cómodamente es algo que Momoko, Miyako y Kaoru hubieran deseado ya que por varios días habían patrullado todo Tokio de punta a punta con resultados negativos. Aquellos hombres malvados que habían asesinado a Fuzzy Lumpkins, a las hermanas Shirogane, así como a Sakurako y Rokuro eran totalmente distintos a los enemigos que habían enfrentado.
Ellas mismas sentían miedo. Por alguna razón que no podían comprender el temor de no poder ser capaces de enfrentar ésta amenaza se aparecía cada vez más real. La mirada a través de los ojos azulados de Miyako reflejaba ésa preocupación cada vez más latente al tiempo que volaba desde el cielo a unos cuantos kilómetros por sobre un parque el cual ella solía frecuentar cuando era apenas una infante de cinco o seis años, y sin querer no pudo evitar relacionarlo con aquél niño que sufrió la transformación en bestia.
-Takaaki (8).-murmuró la Powerpuff Girl Z de ropas celestes.
No tardó entonces en permitirse aterrizar por un momento y recorrer con calma tal ambiente. Los columpios, las resbaladillas, las bancas, todo estaba de la manera en que ella lo recordaba. O lo hubiera estado, de no ser porque la visión que tuvo la extrañó ya que cubierto por algo de maleza se parecía distinguir algo similar a una enorme forma esférica.
Por alguna razón que ella no entendió, a medida que daba pasos en dirección a la figura que se hallaba camuflada tenía una mayor sensación de frío. La cual se vio mucho más acentuada por una voz que pronunció las siguientes palabras a la cual ella no podía identificar.
-¿Gélido, no? Es así como debe sentirse el no poder defender tu ciudad ni tus seres queridos de la forma correcta.
-¿Quién está allí?-preguntó una atemorizada Miyako.
En respuesta, apareció ante ella un hombre de armadura azulada de entre los arbustos.
-Uno de los que busca el nuevo orden en ésta ciudad.
Aquellas palabras bastaron para que Miyako se lance a atacar a ése individuo cargando contra él con su arma y luego queriendo atacarlo con miles y miles de burbujas explosivas que eran proyectadas contra él. Pero ése hombre sólo se limitó a esquivarla moviéndose hacia la izquierda y golpearla desde los pequeños cañones instalados en sus brazales con una enorme descarga plasmática, derribándola al suelo.
-La pregunta es… ¿qué harás? ¿Pelearás contra mí o buscarás rescatar a Takaaki?
Tal revelación sorprendió a la Powerpuff Girl Z que vio como su amigo estaba en el centro de una enorme esfera congelada.
-¡Takaaki!-exclamó la rubia con miedo.
-Apenas tienes treinta segundos para intentar salvarlo. Luego de eso, morirá.-él sólo dio la espalda a la defensora de Tokio, sabedor que ella no intentaría atacarlo y que preferiría tratar de salvarlo a él.
Una y otra vez, miles y miles de burbujas golpeaban duramente aquél bloque esférico de hielo. Pero cada uno de aquellos impactos resultaban totalmente ineficaces ya que nada hacían al enorme iceberg en el cual el jovencito de cabello rubio y apariencia tierna estaba aprisionado, congelándose y poco a poco yendo a lo que parecía ser una muerte inexorable.
La impotencia y la frustración se apoderaron de la mente de la jovencita Gotokuji. El saber que a diferencia de otras ocasiones en que Takaaki era la bestia lobo-pantera-león donde podía ser capaz de rescatarlo invocando la calidez de su forma de ser se chocaba con la dura y fría realidad representada por aquella enorme esfera de hielo. Segundo a segundo, las burbujas resultaban ser inefectivas y Miyako empezó a gritar y exhalar con fuerza. Gritaba y exhalaba como si no hubiera un mañana, sintiendo miedo y trataba de rescatar a su amigo pero de pronto algo pasó.
Aquél grito se escuchaba con muchos más decibeles de los que un ser humano era capaz de proferir, y su exhalación de a pocos iba generando pequeñas llamaradas de fuego que se hacían enormes, como si fuera su boca una combinación de un parlante mezclado con un lanzallamas. Finalmente, la esfera de hielo se destrozó y derritió por completo, liberando el cuerpo agonizante del joven Takaaki.
-¡Takaaki! ¡Por favor, resiste! ¡Resiste y verás que todo estará bien!
-Intenté… enfrentarlo. Quería tratar de detenerlo… para ayudarte. Perdón.
Unos segundos después de aquello, Momoko y Kaoru llegaron pero era demasiado tarde. Sólo constataron que una amiga estaba triste y llorosa, y que un amigo estaba muerto.
Fin del capítulo 7.
Notas del Autor:
Crudo, crudo, crudo. Ésas son las tres palabras para definir éste capítulo. El que creyó que el siete era un número de buena suerte mejor que repiense ésa idea porque no siempre es así. Y la gran prueba la tuvieron de entrada quienes son entrenados por Paul, que vieron algo realmente horrible en la masacre de Nanking, un evento que es uno de los muchos que a nosotros como especie debe avergonzarnos y el cual lamentablemente fue real.
Ojalá hubiese sido algo tan horrendo una cosa ficticia, pero fue parte de la cruda realidad de los chinos al enfrentar a los japoneses. Confieso que cuando averigüé en detalle lo que sucedió, al momento de escribir lo relacionado a ése evento debí prepararme mentalmente.
Y todavía más odioso es que dentro del fic la cosa se pone peor. En Amestris ocurrió algo raro, que va relacionándose con cierto grupo de extremistas que fue mencionado en el capítulo 5 de ésta historia. Encima de eso, en el universo de las Powerpuff Girls Z, si bien Miyako descubrió un par de habilidades extra el precio para ello fue horrendo. Y de remate, no mucho, sólo Umi y Fuu fueron secuestradas. Las cosas no pintan nada bien, y al paso al que van quizá se pongan peor.
Comentarios, amenazas de muerte, regalos, intentos de extorsión, propiedades, denuncias judiciales, y mucho pero mucho más que quieran darle al autor de éstas líneas, favor de mandarlo a falcon_ o
Hasta el capítulo ocho.
Lista de Términos:
(1) Nina Tucker: Una encantadora niña que era hija del alquimista Shou Tucker, el cual debido a la presión de la milicia de Amestris sobre él, transmutó a su propia hija junto con su perro convirtiéndola en un híbrido conocido como quimera. Al final, sería muerta por Scar.
(2) Barry el Descuartizador: Un carnicero que tras matar a su esposa en un pleito con cuchillos de cocina descubrió que aquello le daba placer, con lo cual se volvió un asesino en serie. Por poco mató a Winry y le causó tal nivel de miedo a Ed al punto de matarlo. Luego sería enviado al Laboratorio 5 para experimentos en los que su alma fue traspasada a una armadura hueca, igual que Al durante la mayor parte de la serie hasta que el sello que lo ligaba a ésa armadura fue destruido.
(3) Arisaka Tipo 38: Arma estándar del Ejército Imperial Japonés, empleada principalmente en la Segunda Guerra Mundial. Era alimentado por un peine que contenía cinco balas y además era el fusil más largo de la época. Para mayores detalles vayan al siguiente link: .org/wiki/Fusil_Tipo_38
(4) Makihisa Tohno: Padre biológico de Akiha Tohno y "SHIKI" Tohno, y padre adoptivo de Shiki Nanaya (rebautizado como Shiki Tohno). Causante de la masacre del clan Nanaya, del brutal tratamiento sufrido por Kohaku y del duro entrenamiento de Akiha. Para más datos vayan a éste link en inglés: .com/wiki/Tohno_Makihisa#Tohno_Makihisa
(5) Michael Roa Valdamjong: Antagonista en Tsukihime que originalmente era humano, pero se volvió un Dead Apostle tras hacer que Arcueid beba su sangre y haciendo que ella en el proceso descubra sus impulsos vampíricos. Fue muerto repetidamente por Arcueid pero debido a su naturaleza podía ser capaz de reencarnar indefinidamente, hasta que finalmente su existencia fue borrada. A chequear acá para más datos: .com/wiki/Michael_Roa_Valdamjong
(6) Nanking: Ciudad de China que en más de una ocasión fue capital de ése país. Allí se llevó a cabo la terrible masacre de Nanking con estimados de hasta trescientos mil muertos.
(7) Kempeitai: Policía militar japonesa caracterizada por la brutalidad tanto contra los japoneses que estuvieran en contra de la política militarista del Imperio de Japón en la Segunda Guerra Mundial como contra las poblaciones civiles de las zonas ocupadas por los militares nipones. Cabe resaltar que ellos aparte de personal nipón reclutaban extranjeros como fuerzas auxiliares que practicaban el mismo nivel de brutalidad. Chequeen más de ellos en el hipervínculo a continuación: .org/wiki/Kempeitai
(8) Takaaki: O Cody en español, personaje exclusivo del anime Powerpuff Girls Z. Defendió a Miyako cuando niña y le enseñó algunos trucos de las burbujas, lo cual hizo que ella lo apreciara aún cuando se volvió el monstruo lobo-pantera-león por ciertos rayos Z negros.
