Bueno aquí estamos de nuevo, seguimos como el caracol, lento pero seguro. Gracias por leer.
Discleimer... nada me pertenece.
CAPITULO 7
- Así que – dijo Arnold tomando mis libros mientras cruzábamos el estacionamiento – El miércoles es Halloween. - Estamos disfrutando las temperaturas altas tardías en medio del otoño, pero por lo general en las tardes y las noches hacía frío, de modo que decidimos caminar mientras sea posible.
- Sí, lo sé.
- ¿No tienes casillero? –dice mirando mis libros, es la primera vez que me lo pregunta, a pesar que tenemos más de un mes entrando y saliendo juntos a la escuela. Eso me hace reír, siempre me saca de onda con sus cambios de conversaciones.
- No, no he tenido un casillero en años.
Claro que no le diré que no tengo casillero, porque es un perfecto lugar para ser atacada y es un gran instrumento de tortura. Era bastante malo encontrar basura y tener que limpiar las asquerosidades que ellos colocaban, además de que arruinaban mis libros. El colmo más grande fue cuando me empujaron y me encerraron en él, a partir de ese momento deje de tener uno, claro aún está asignado el mío, pero no lo uso, probablemente esté lleno de basura, una vez al mes el conserje me pide la llave para limpiarlo, creo que es el único adulto que se interesa por lo que me sucede en este lugar.
- Puedes compartir el mío – dice sonriendo, yo niego con la cabeza porque no quiero que encuentre un sándwich con moho entre sus libros.
- Está bien, puedo llevarlos.
- Claro como tú no los cargas verdad. – Siento mis mejillas enrojecer.
- No tienes que llevarlos por mí – digo mirándolos.
Él se ríe y se inclina para darme un beso rápido sorprendiéndome y sonrojándome hasta la medula, toma mi mano con su mano libre y seguimos andando.
- Realmente tienes que aprender a no tomar las cosas tan en serio.
- Lo dice alguien que viene de una familia que se ríe todo el tiempo.
- Ellos solo pusieron una fachada para ti – dice mirándome con seriedad – Solemos ser muy serios – lo miro con ironía y él sonríe – Está bien, son irritantemente alegres, lo siento crecí con ellos, pero en verdad les has gustado. Phoebe está loca por ti, en verdad quiere que regreses para jugar con tu cabello. ¿Por cierto que fue eso de ayer? Phbs no me quiso decir nada, dijo que era su secreto ¿se conocían?
- Algo así – digo sin saber que decir – Ella me ayudo a comprar maquillaje. Pero no sabía que era tu hermana.
- Bueno, ella te ama, literal.
- A mi también me gustaron realmente, y podría volver a hacer una visita rápida y podría dejarle hacer eso.
- No sabes lo que dices – dice el mirándome asustado – Aunque parezca un pequeño ángel coreano, es una loca Shortman – dice riendo.
- Es cierto es la adoptada – dije recordando su explicación de los genes y la herencia.
- Créeme, me lo ha hecho a mí. Puede hacer un gran daño.
- ¿Te ha peinado? –digo mirando su cabello rubio y corto.
- Solía traerlo más largo, pero ella lograba convencerme y mejor decidí cortarlo, no lo hace con mis hermanas porque mamá se lo tiene prohibido.
- ¿Ella tiene fotos de eso?
- No, las tiene mamá, es una loca fotógrafa – dice riendo y sé de qué habla, al regresar a tomar el postre en la sala, la cena de la fiesta del ballet, sacaron juegos de mesa y su madre su cámara y tomo fotos de todo momento sucedido.
- Así que, el miércoles, ¿estarás haciendo algo?
Sí, pienso, estaré haciendo carteles que digan "no hay dulces" y me levantaré muy temprano a limpiar el huevo de las paredes y las puertas antes de ir a la escuela y antes de que ella los vea.
- Porque la feria se ha instalado, y algunos chicos irán al laberinto del maíz y pensé que sería divertido.
- Oh, bueno sí, sé que lo será –digo suspirando y con un poco de envidia, pues él tiene una vida y no como yo que inverna en su habitación, nunca me había preguntado que hace en su tiempo libre. – Suena divertido ¿con quién iras? – Me mira sacudiendo su cabeza, nos detenemos antes de entrar en el edificio.
- No, Helga, estoy diciendo, que nosotros debemos ir juntos.
- Oh –digo sonrojándome, no pensé que él quisiera eso.
- Genial, creo que podré acompañarte.
- Sería muy afortunado – dice él y se inclina a besarme nuevamente, creo que podría acostumbrarme a eso.
- ¿Tienes un disfraz?
- No - y dudo que pueda conseguir uno.
- Eso está bien, tienes casi el mismo tamaño que Phoebe piensa en lo emocionada que estaría si le permites prestarte uno.
Cuando la puerta de la escuela se abre me suelto del agarre de Arnold, el me da una mirada interrogante.
- Ya es bastante malo para ti que seamos amigos, podría ser realmente malo que la gente piense que tú y yo… - Miro su rostro y veo que sus ojos están fríos y tormentosos, tiene apretada su mandíbula, le toco el brazo y me siento feliz porque no se encoge o se retira por la repugnancia.
- ¿Por favor? – pienso en Rhonda y que no es la única que puede hacerme daño si me ve tomando la mano de Arnold, o besándonos, el coloca su mano sobre mi rostro y suspira.
- ¿Cómo puedo decir que no? Bien voy a mantener mi distancia por ahora – puntualiza.
- Gracias – le digo me pongo de puntillas y le doy un suave beso en los labios, el gruñe contra mi boca y me aparto de él pensando en que quizá fue una tontería hacer eso, pero él está sonriendo.
- ¿Por qué fue eso?
- Tengo que ser un demente por aceptar esto – dice el y nos separamos.
- Tengo que ir a clase, te veo en fotografía.
El martes es un día igual que el anterior, al entrar me aparto de Arnold pero el me toma del brazo y me da un beso y luego se despide de mí mientras avanza por el largo pasillo.
- Nos vemos en fotografía – dice él, yo le sonrío y miro mis libros que me ha entregado.
Camino despacio rumbo a mi primera clase, aún faltan varios minutos para eso y pienso en mi pobre casillero, paso frente a él y parece como los demás, iré a hablar con Doc el intendente, camino pensando en la invitación de Arnold y me descuido de lo que hay a mi alrededor, no suelo ir allá porque está lejos y los alumnos no van hacia allá así que si me sorprenden sería difícil escapar.
- ¿Te perdiste? – escucho una voz que me toma desprevenida, cuando me giro veo a Rhonda con sus amigas y me doy cuenta que estoy atrapada contra la oficina de Doc, giro la perilla pero está cerrada.
- Hoy no vino el intendente, ¿lo estabas buscando? podría confundirte con basura.
- ¿Qué quieres Rhonda? – digo intentando que la voz no me tiemble.
- Vamos, pero si tiene valor –dice riendo, me mira enojada y da un par de pasos, ella me recuerda a mi madre y me encojo contra la pared.
Ella me golpea y me saca el aire de modo que suelto mis libros y caigo de rodillas apretando mi estómago, me toma de la blusa y me golpea el rostro un par de veces hasta romperme el labio.
- Rhonda creo que deberíamos… - dice una chica.
- Dame tu mascada - dice arrancándosela del cuello y me amarra las manos. – Abre ese casillero.
- pero.
- Haz lo que te digo – dice molesta, me levanta después de golpearme varias veces y me mete en un casillero vacío junto con mis libros.
- Espero que alguien te encuentre – dice cerrando y escucho el broche, mis manos están atadas de modo que no me puedo mover y me lloran los ojos. – Y te lo repetiré te vuelvo a ver con Arnold y lo siguiente será mucho peor.
Me quedo allí llorando, y la escucho fuera, peleando con las chicas, "Nadine si dices algo, prometo que todos sabrán que…" "Por favor Rhonda, no diremos nada, verdad Sheena" "son igual de perdedoras que ella, vámonos" Cuando las escucho irse, comienzo a gritar pero mis gritos son apocados por la mascada, me quedo allí por horas y cuando llega la hora del almuerzo, sigo gritando hasta que la voz se me acaba, me aprieto y siento mientras pido un milagro de que alguien me saque de aquí.
PoV Arnold.
Al final de la clase de biología comienzo a recoger mis cosas cuando veo a Gerald charlando con Lorenzo, me acerco y los dos me saludan.
- Listos para la final – digo sonriendo.
- Si –dice Lorenzo – Por cierto, Lila te manda esto – dice entregándome una notita y sonrió.
- Vaya, gracias.
- ¿Pensaste si iras con nosotros al laberinto? – me dice Gerald.
- Claro. ¿Por qué no fuiste a la casa el sábado?
- Bueno no quise molestar a tu familia.
- Vamos, mamá tiene ganas de verte de nuevo. De todos modos nos vemos el miércoles, invitaré a Helga e irá mi hermana.
- Oh vamos a conocer a la linda Phoebe. – dice Lorenzo riendo. – ¿y a quien invitaras?
- Hola Arnold – dijo Laila caminando hacia nosotros – irás el miércoles al laberinto del maíz.
- Si –dije – vamos a almorzar.
- Claro – dijo ella caminando con nosotros.
- Oye Lila, ¿quieres ir conmigo? – dijo Lorenzo.
- Ah bueno. Yo. – dijo ella sonrojándose.
- Iremos todos juntos – dice Gerald – Porque no nos acompañas, oye Arnold ¿invitarás a Helga?
- Si se lo comenté ayer.
- ¿En verdad invitaste a Helga? – pregunto Laila.
- Si - dije - ¿Dónde estará? – dije viendo que el comedor se estaba llenando y ella no había llegado.
- Bueno ya vendrá –dijo Gerald – además a veces no viene a almorzar.
- Después de lo del viernes, no creo que vuelva a aparecer por aquí – dice Laila y la miro entre sorprendido y molesto. - ¿A qué te refieres?
- Nada, tengo que ir con las chicas nos vemos mañana. – Y la veo sentarse en la mesa donde esta Rhonda y otras chicas de mi clase de Matemáticas.
- ¿Me puedes decir que pasa con ella?
- ¿Pasa? – dijo mirándome – No lo sé.
- Hey Gerald – dijo Lorenzo – promete que me acompañaras a comprar lo de la cena de día de gracias.
- Claro viejo, eso de que tu madre está embarazada, bueno parece que te tocará hacer de cenar.
- Gracioso, mi padre lo hará – dijo Lorenzo riendo.
El almuerzo termino y Helga no llego, por alguna razón me sentía preocupado por ella. Pero tanto Gerald como Lorenzo no saben a qué se refiere con lo sucedido el viernes, de modo que esperaré a preguntarle en persona.
- Vamos viejo, la verás allá – dijo Gerald despidiéndose.
Entre a fotografía pero no estaba allí, la clase avanzo y terminamos justo a la hora de la salida, el profesor me entrego las bases del proyecto final, cuando le pregunte si Helga se había reportado me dijo que no, que solo el viernes hubo reporte, eso es más preocupante ya que no sabía nada, así que decido buscarla.
Cruce el estacionamiento buscándola, pero no había rastro de ella, volví a la cafetería y a los lavabos donde me dijeron que no había nadie, de modo que por lo visto se había marchado a casa, me di la vuelta vencido, cuando estaba en la puerta vi a Lorenzo que me ofreció un aventón, al parecer los demás chicos se quedarían a entrenar hasta tarde, él tenía cosas que hacer y como no era parte oficial del equipo, podía hacerlo.
- No, creo que me iré caminando, quizá la encuentre.
- Vamos te llevaré por su ruta.
Lorenzo me dejo en donde estaba mi auto, cuando estaba por arrancar mi madre marco mi número.
- Cariño, ¿Dónde estás?
- Cerca –dije suspirando, pensé que era ella.
- Por favor ve por tus hermanas, tu padre tiene una cirugía y lo ayudaré, puedes?
- Sabes que si – dije sonriendo – Oye ma si habla Helga puedes decirle que le remarcaré, solo pídele su teléfono.
- Lo haré cariño.
Mis hermanas salieron del ballet y Phoebe también estaba allí.
- Mamá pensó en todo – dijo Phbs entrando en el auto. - ¿Qué te pasa Arni?
- Nada, es una tontería.
- ¿Te peleaste con tu novia?
- No – dije suspirando – La perdí.
- ¿Qué? pero creí que sería mi mejor amiga. – dijo ella - ¿Qué rayos le hiciste?
- No es eso, hoy no la he visto.
- Quizá volvió a casa, vamos no seas paranoico. Podemos llegar en camino.
- Claro.
Mis hermanas comenzaron a hablar como tenían por costumbre, nos detuvimos fuera de su casa, pero esta estaba apagada, por lo visto no había vuelto eso me preocupo más.
- Mira si mañana no llega a la escuela, vendremos a ver si está enferma te lo prometo.
- Claro –dije arrancando rumbo a casa, quizá sería lo mejor.
PoV Helga.
Estaba cansada de gritar, no sabía cuánto tiempo había pasado, pero nadie me había oído, escuche pasos y comencé de nuevo a gritar.
- Por favor, sáquenme de aquí, tengo que ir al baño, vamos – dije en un susurro, al fin me había librado de mi mordaza, pero me había quedado sin voz, después de las 4 de la tarde no hay nadie, de modo que grite para que alguien me escuchara, desesperada intente volver a aumentar mi voz, los pasos se detuvieron y supe que me habían escuchado.
- ¿Hay alguien allí? – dijo la voz.
- Por favor, sáquenme de aquí.
- Espera - escuche y vi como la luz se encendía fuera de la escuela. – Intentaré sacarte.
La puerta cedió y me lance hacia el exterior, no sabía quien era pero le agradecía por ayudarme, corrí al baño que estaba cerca, no aguantaría más, me lave el rostro que tenía sangre dura y vi que esta vez Rhonda casi me destrozo como mi madre.
- Helga – dijo la voz de Gerald cuando salí del baño y miro mi rostro. - ¿Cuánto tiempo tienes allí?
- Yo… gracias, tengo que llegar a casa.
- Espera – dijo el mirándome – No puedes ir a casa así, te llevaré al hospital.
- No, estoy bien. Es muy tarde ¿Qué hora es?
- Las ocho.
- ¿Y porque sigues aquí?
- Acabamos de terminar los entrenamientos, vine por mis libros – dijo mostrándomelos – Te escuche, por eso vine.
- Gracias. En verdad tengo que irme.
- Te llevaré a casa – dijo y me tomo del brazo para obligarme a subir al auto.
Cuando llegue al fin a mi calle, vi que el auto de papá no estaba, abrí la puerta y vi a mamá en la cocina que me miro molesta cuando entre.
- Donde has estado niña tonta – dijo metiéndome a la casa con un estirón de cabello.
- Mamá tuve algo que hacer. – No sé si se dio cuenta de la sangre en mi ropa o mi labio partido, quizá si y solo lo ignoró.
- Claro, no seas mentirosa, te he necesitado y tú solo te escapas con quien sabe quién.
- Mamá no en verdad.
Sentí el golpe en mi espalda que me tiro al suelo y después sus patadas, en mi rostro y en mis brazos, cuando creí que remataría, mi padre llego.
- Helga tonta, levántate y sube a tu habitación.
- Si yo – dije adolorida, cuando iba subiendo mi padre me llamo, como solía hacerlo.
- Olga – dijo el mirándome - ¿Tu madre, donde esta?
- En la cocina papá – dije entre jadeos.
- ¿Estas mal?
- No solo, necesito recostarme.
- Bien descansa Olga.
Abrí la ducha y me metí debajo del agua, el cuerpo me dolía donde me habían golpeado, talle mi rostro donde tenía la sangre dura de la mañana y la fresca de hoy, cuando el agua caliente se terminó decidí que era hora de irme a mi cama.
A la mañana siguiente me asome y vi que toda la noche nevó, era nuestra primera nevada, lo que significaba mucho frío. Me moví y sentí un dolor punzante en el hombro, al parecer el golpe de mamá había causado un gran daño, algo que hacía tiempo no sucedía.
Tome mi suéter y me mire en el espejo, mi labio estaba completamente partido, mi mejilla derecha y mi ojo izquierdo tenían un gran moretón que ni todo el corrector podría curar, me envolví con una bufanda gruesa y me coloque el pelo en el rostro rematando con un gorro que lo apretara en su posición, de ese modo nadie me notaría.
Busque mis libros y recordé que los deje en el mismo casillero de la noche anterior, así que hoy tendría que ir a recogerlos, so pena de volver a ser encerrada. Camine con dolor pues mi madre me dio duro en uno de mis tobillos y me detuve al ver el auto de Arnold en la esquina.
- Hola – dijo él y parecía aliviado de verme.
- Hola – dije en un susurro y seguí mi camino.
- Espera hoy iremos en mi auto, ha nevado y hace frío.
- Quiero caminar.
- Helga – dijo el deteniéndome – ¿Dónde están tus libros?
- En la escuela.
- ¿Decidiste tener un casillero? – dijo el mirándome extraño.
- Arnold, en verdad hoy quiero caminar, sola. – dije enfatizando la última palabra, pero él me detuvo en mi hombro dañado lo que me hizo soltar un jadeo.
- Lo siento – dijo el mirándome, pero mis ojos estaban ocultos por mi cabello. - ¿te duele?
- Estoy bien – dije cortante, el abrió la puerta del copiloto y tome asiento en silencio, sé que no debía hacerlo pero el insistiría a que lo acompañara.
- Ayer ya no te vi.
- Tuve que marcharme antes.
- ¿Paso algo? ¿necesitas ayuda?
- Estoy bien, ok, solo – guarde silencio cuando entramos en el estacionamiento, no esperé que me abriera cuando me baje del auto y en una carrera desaparecí entre los estudiantes, vi a Doc en el pasillo y me acerque a él.
- Doc, buen día – dije sonriendo.
- Ah Helga, hola, parece que te cayo la helada.
- Cierto, oye mira, necesito que me acompañes por mis libros, están en un casillero. – El me miro con una interrogante y luego pareció comprender.
- Claro. – Camine a su lado en silencio, Arnold llego corriendo detrás de mí y nos alcanzó frente al casillero.
- Este es – dije señalándolo, Doc saco un fajo de llaves y lo abrió allí en el suelo estaban mis libros, algunos un poco manchados de sangre. Trate de ocultarlo pero creo que ambos se dieron cuenta.
- Gracias, creo que olvide mis llaves.
- ¿Por qué te asignaron este? Podemos solicitar.
- Deja de meterte en mis asuntos, no te estoy pidiendo ayuda ok – dije molesta sin mirarlo dándome la vuelta y camine en silencio mientras lagrimas calientes mojaban mi bufanda.
Entre en los baños y todo el mundo salió, Rhonda estaba allí me miro a los ojos y después de un "bu" que me hizo brincar salió riendo, me mire al espejo ya debía cubrirme nuevamente ya que el profesor de fotografía hoy quería tomas de rostro, eso era lo que decía el silabo.
Baje la mirada para buscar el corrector y escuche la puerta abriéndose.
- Helga –dijo una voz detrás de mí.
- ¿Qué haces aquí? son los baños de las mujeres – dije mirando a Gerald molesta y después el espejo tenía que descubrirme y no quería que él me mirara no de nuevo.
- Escuche tu pelea con Arnold, digo estaba en el mismo pasillo, creo que no debes ser tan cruel, deberías decirle la verdad.
- ¿Cruel? ¿tú me estás hablando de crueldad? Mira mi rostro – dije quitándome la bufanda y la gorra donde mi rostro amoratado lo dejo sin palabras. – Crueldad es lo que viste anoche.
- ¿Qué te paso? –dijo una voz detrás de él y vi que era Arnold que me miraba preocupado.
- Nada – dije dándome la vuelta y mirando el espejo donde me puse corrector y lo ignoré, en el reflejo vi su mirada de dolor.
- Eso no es nada, ¿Quién te hizo esto? ¿sabías algo Gerald?
- No, yo, solo quería saber que había mal, ayer la estuviste buscando y – sus palabras me golpean ¿me busco? – quería saber si estaba bien.
- Me caí en las escaleras ¿contentos? – dije suspirando y miré a Gerald para ver si me contradecía – Ayer antes del almuerzo rodé por ellas y me golpe con el barandal, estuve en el hospital hasta tarde.
- ¿Por qué no me llamaste? – dijo Arnold acercándose, Gerald me miro y apretó los labios, él sabía que mentía. - ¿Por eso te duele el hombro?
- Sí, pero soy un poco torpe, es todo, ahora pueden dejarme sola, es el baño de chicas.
- Claro – dijo Arnold, te veo en el almuerzo. En un momento te alcanzaré, dijo Gerald y me miro.
- No sé quién te hizo esto Helga, pero no puedes permitirlo debes… - me hablaba en un susurro. – ¿Dime quien fue?
- Nadie.
- Helga.
- Olvídalo ¿si?
- ¿Por qué los proteges?
- Fui yo ok.
- Bien, pero la próxima vez Pataki yo los denunciaré.
- Lo que sea Johannsen.
Salimos del baño y Arnold nos miró sin decir nada, fueron unos minutos, Gerald se detuvo en la puerta de mis siguiente clase y sonrió.
- No creas que volverá a pasar.
- Gracias chicos – dije sonriendo mientras me cubría bien el rostro. – Aprecio su caballerosidad.
- Te veré en el almuerzo. –dijo Arnold apretando mi mano. Los dos se dieron la vuelta y escuche claramente a Gerald decirle. "Sal y búscala después de cada clase" Arnold me miro y sin decir más se marcharon.
El resto de las clases él está en la puerta esperando por mí, las miradas de todos se posan en nosotros, yo estoy en silencio y camino de clase en clase, el me mira, me toma la mano cada vez en forma de despedida y así es todo el día, en el almuerzo no hace preguntas, de hecho permanece en silencio mientras Gerald intenta charlar con todos sin éxito.
Al finalizar el día el me detiene fuera de su casillero donde deja mis y sus libros, aun ante mis represalias.
- Oye entonces nos veremos mañana ¿cierto?
- Claro, te lo había dicho ¿no?
- Ya que no tienes disfraz iremos a casa.
- No debería hacer eso, y si las personas piensan.
- Helga que te importa. Por qué simplemente no me dices que está mal.
- Nada está mal, todo está bien, de hecho estaba llevándolo bien antes de que entraras de nuevo en mi vida, porque simplemente dejas de meterte en mis asuntos – dije y vi a Rhonda parada detrás con los brazos cruzados y mirándome.
- Me voy.
- Espera te llevaré – dijo deteniéndome.
- Déjame sola, ya tenemos un compromiso ¿no? – dije lo último con un susurro y me aleje dando zancadas de allí.
El miércoles es un día de locos, me despierto entristecida porque me pelee con Arnold, fui demasiado dura con él y sé que no merezco ser su amiga, me miro al espejo y veo que las múltiples pomadas que me aplique en el rostro el cual luce mucho mejor y menos verde, así que me pongo el maquillaje y luzco como cualquier otro día, al salir de casa camino nuevamente y extrañamente allí está en nuestra esquina.
- Hola – dijo el mirándome con sorpresa. -Vaya hiciste magia en ti, ¿Cómo es que ahora luces mejor?
- ¿Qué haces aquí? – digo sin creer que este allí.
- Vine por ti, como siempre.
- ¿Por qué?
- Por qué quiero Helga, además no te iras caminando ¿o sí? porque es demasiado temprano para el autobús. Vamos.
- Gracias – digo en silencio. El prende la calefacción y andamos rápido cuando se estaciona el auto aun esta encendido de modo que los seguros continúan puestos.
- Helga no quiero molestarte, en verdad, solo quiero que estés bien.
- Ya es bastante malo que seamos amigos – digo mirando el estacionamiento vacío – Ahora el hecho de que veas por mi bienestar es demasiado. - Sus ojos están fríos y tormentosos mientras aprieta la mandíbula, el levanta la mano y tiemblo un poco pero el solo toma mi barbilla para hacer que lo mire.
- Me importas – dijo el sonriéndome en forma conciliadora – Te lo dije, creo que aún no te das cuenta de lo mucho que me gustas.
- Yo, tengo que ir a clase. – El parece rendirse y suspira. – Claro.
- Pero ¿irás esta noche conmigo?
- ¿Aun quieres que vaya?.
- Si – dijo el – a menos que hayas cambiado de parecer.
- No, claro que iré.
- Pero necesito decirte algo. –dice suspirando.
- Está bien – digo con un suspiro.
- Esta noche, cuando vayamos al laberinto, voy a tomar tu mano y te besare. – Su mandíbula sobresale invitándome a discutir.
- Ok. –digo mientras el baja del auto para poder entrar a la escuela.
Al llegar a casa no puedo dejar de meditar en todo lo ocurrido en el día, Arnold parecía distante, pero es mejor así, además creo que es lo mejor, además yo lo provoque ¿Quién me quiere como amiga? no quiero que él se meta en líos por mí, Helga G. Pataki es la perdedora y quien se inmiscuya con ella tendrá el mismo fin, son las palabras que siempre han rondando mi nombre de modo que no quiero eso para él.
Me detengo en la entrada al ver el auto de papá, nunca esta tan temprano, cuando entro veo a mi madre que se gira gritando.
- Geralidne, ¿Dónde estabas? he estado llamándote.
- En la escuela – digo cansada - ¿necesitas algo mamá?
- Has la cena y sube a encerrarte, hoy no quiero verte.
- Claro – digo casi con una sonrisa, eso significa que podré reunirme con Arnold a las 6.
- Olga – dijo mi padre entrando con varias cajas en los brazos – No subas, tengo que terminar esto y necesito tu ayuda, hay que armar las promociones navideñas.
- ¿Hoy? – me atrevo a preguntar.
- Si, la entrega es mañana y aún faltan todos estos.
- Claro papá – digo y me despido de mi noche fuera.
Preparé rápidamente la comida mientras mis padres discutían, cuando termine tome las cajas y me senté en el comedor a trabajar, mamá tomo su plato y subió a su habitación y papá continuo trayendo cajas.
- Ve a la tienda por unas cervezas Olga.
- Papá soy menor de edad. –dije suspirando.
- Cierto, pues ve por algo que picar y unas sodas – dijo él - toma y quédate con el cambio. Me entrego un billete de cincuenta y salí con paso lento, aún faltaban cajas, no terminaría a tiempo.
Después de elegir los refrescos y las botanas volví a casa con la mente en casa de Arnold y mis pies dieron un paso indebido que me hizo tropezar y casi caer, cuando un par de fuertes brazos me detuvieron.
- Quieres acaso una nueva colección de moretones? – dijo Arnold sonriéndome.
- De donde saliste.
- Estaba junto a ti, te vi al salir de la tienda, pero tu pareces demasiado distraída, creí que no vendrías – dijo mirando mis compras.
- Lo siento – dije triste – No podré acompañarte.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Papá está en casa y me necesita, lo siento.
- Puedo ir a pedirle permiso, veras que.
- NO –dije gritando – Quizá para la próxima. – El solo hecho de que vaya a casa puede provocar una golpiza de parte de ella, de modo que no, que se mantenga lejos.
- Bien, nos vemos entonces mañana. –dijo él, yo asentí y aumente mi velocidad dejándolo detrás.
Mi madre no salió de su habitación y papá se fue a algún lugar a beber, de modo que me puse a trabajar en silencio y con todo mi dolor por mi actitud con él, pero no podía confiar del todo, ¿y si era una broma? Cuando me lo pensé había terminado todo, mi padre llego unos momentos después de que cerré la última caja.
- Termine papá.
- Eres muy aplicada Olga, te daré veinte dólares de paga – dijo ofreciéndome un billete, aun sentía las monedas repiqueteando en mi bolsillo.
- Dame eso – dijo mi madre arrebatando el billete. – Y sube a tu cuarto, no te mereces esto. Ahora.
- Si mamá.
Cuando subí a mi cuarto escuche a mis padres discutir, uno al otro se gritaban, escuche el golpe en la piel y después la puerta cerrarse, pues el seguro esperando que subiera y peleara con la puerta pero ella no subió, así que quizá lo olvidaría después.
Baje con cuidado por las pared trasera y cruce el jardín esperando no ser vista, el reloj decía que eran las siete, quizá aún encontrara a Arnold en casa, de modo que corrí cruzando el parque y parque del bosquecito trasero, cuando llegue a su casa, el aliento se me había terminado. Toque el timbre y escuche la voz de la Sra. Shortman en el otro lado.
- Helga que gusto – dijo abrazándome – pasa por favor.
- ¿Esta Arnold?
- No cariño, él y Phoebe se fueron hace un rato.
- Lo siento, entonces me retiro.
- Pasa, quieres tomar algo – dijo jalándome al interior, vi a Christine y ella corrió a colgarse de mi pierna.
- Helga sabías que las mariposas son gusanos que se envuelven en sus propias babas.
- En serio –dije sorprendida.
- Si, vi un video en televisión sobre eso, mamá me ha dicho que es muy bonito, pero creo que es asqueroso.
- ¿Helga irás al laberinto? –pregunto Amy curiosa – Necesitas un disfraz.
- Disfraz, disfraz, yo tengo uno – dijo Christine corriendo – puedo prestártelo.
- Gracias.
- ¿Tomas refresco cariño?
- Lo que sea está bien.
- Arnold estaba muy triste porque lo cancelaste, estuvo muy emocionado toda la semana, dijo que tu padre te pidió ayuda.
- Si, él es dueño de Radiolocalizadores Big Bob, y bueno está metiendo nuevos productos y me pidió ayuda.
- Es una gran tienda, allí Miles compro los teléfonos de la familia y han salido muy bien. – la miro sorprendida habla como si fuera una gran tienda, y nosotros ricos, cuando solo sobrevive de milagro"
- Tengo que irme.
- Helga, ¿no quieres ir al laberinto?
- Yo, no tengo disfraz y no tengo como llegar.
- Bueno no es tan tarde, lo divertido empieza a las ocho, Arnold y Phbs entraran a esa hora, así que aún hay tiempo, veremos que encontramos arriba.
- Tropa, busquemos un disfraz.
- Si – gritaron las niñas y corrieron hacia arriba.
- Acompáñame, veremos que podemos encontrar.
Cuando subimos las escaleras veo un sinfín de fotografías por toda la pared, de todos ellos, pequeños y grandes, riendo, llorando, en parques y con otras personas, casi podría leer su historia a través de ellas, la voz de la Sra. Shortman me trae de vuelta.
- Este es el cuarto de Phoebe, es un poco desordenanda, así que discúlpala – Me quedo mirando buscando el desorden, pero todo parece estar en orden, una pila de discos en una mesa junto a una grabadora, revistas metidas en una caja a los pies de un mullido sillón de una plaza en una esquina y el tocador lleno de cosas típicas de chicas, y la cama cubierta con un edredón rosa y miles de peluches encima, en verdad, no veo el desorden.
- Aquí esta – dice Amy señalando un porta traje
- Es el vestido que había buscado para ti, estaba muy emocionada. así que vamos a arreglarte.
- Pero – dije mirándola asustada, no podía recibir esto, ¿Por qué me lo daba?
- Seremos tus hadas madrinas – dijo la madre de Arnold.
- Mi varita, mi varita – dijo Christine y salió corriendo.
- Siéntate arreglaré tu cabello. – Amy me sentó frente al espejo y comenzó a cepillarme su madre saco el vestido y puso a calentar algunos tubos.
Las dos charlaban y reían sobre lo bien que había quedado el vestido, la madre de Arnold me maquillo y me peino.
- Listo ahora ponte el vestido – dijo sonriendo, yo lo tome y me sorprendí, era suave y muy hermoso, parecía aquel traje que vestía Julieta en la película que nos pasaron en literatura.
- Es demasiado.
- Vamos no es nada, Phoebe lo hizo, así que se sentirá orgullosa de que lo vistas. – Casi no podía contener las lágrimas, ¿esto era tener una verdadera familia? ¿una madre que se preocupara por ti? Ella lo pasó sobre mi cabeza y lo cerro con las cintas por la espalda.
- Qué bonita estas – dijo Christine ofreciéndome su antifaz.
- Perfecto – dijo la Sra. Shortman.
- Gracias.
- Aún falta llevarte a la fiesta, andando chicas.
Cuando llegamos abajo, ella me detuvo en las escaleras y saco su cámara de un cajón, y me tomo varias fotos, después salimos en una minvan hacia el centro de la ciudad. Se detiene en una esquina y hay varios chicos riendo, disfrazados, las chicas parecen enfermeras, brujas y novias de cadáver con mini vestidos que las hacen parecer más bien chicas bueno, de esas.
- Te dejaremos aquí, míralos allá están.
- Mira mamá Phoebe esta con Gerald – dijo riendo Amy – A ella siempre le gusto, desde que éramos niñas. – Yo me río por su comentario, eso fue cuando ¿ayer?
- Espero que te diviertas querida – se acercó a mí y beso mi frente. – Dile a Arnold que no llegue tarde.
- Claro.
Me coloque el antifaz sobre mi rostro y me mire por última vez, quisiera tener la confianza de esas chicas para andar caminando por las calles disfrazada, pero la verdad me moría de vergüenza.
- Vamos chicos debemos ir, esto será divertido – dice Lorenzo, yo camino despacio pero puedo escuchar su voz claramente. – Este es el plan, todos tenemos que resolver las pistas del laberinto, hay treinta pistas numeradas, cada mensaje tiene su sello en el papel, el que termine primero será el ganador, los últimos tendrán que comprar helado para todos.
- Vamos ¿listos? todos tienen sus parejas – dijo Gerald tomando la mano de Phoebe.
- Si – dijo otro chico que llevaba a Laila de la mano.
- Bien yo acabaré primero –dijo Arnold, todos comenzaron a entrar y yo me acerque a él, lucia impresionante, vestía una camisa blanca suelta con cordones en la parte delantera y una especie de pantalón metido en las botas, parecía un príncipe salido de un cuento de hadas. Cuando estoy a punto de llamarlo, una chica de esas vestidas de novia del cadáver se cuelga de su brazo, lo que hace que me detenga en medio paso.
- Vamos Arni debemos ganar.
- Claro Rhonda yo – no sé qué más dice porque me doy vuelta para regresar a casa. Será un largo camino. Me giro y los veo entrar en el laberinto, claro por supuesto que terminaría con una chica como ella, no como yo.
Miro las calles y estas se están vaciando, es tarde y no sé cómo llegaré a casa, me siento en una banca del parque mientras veo a todos divertirse, será una noche larga mientras pienso como haré para volver, no tengo ganas de caminar, simplemente las fuerzas se me fueron.
PoV Arnold.
Al fin salimos del laberinto, no estoy seguro de porque Gerald me junto con Rhonda, es la chica más superficial que he conocido, en realidad ni ganas tenía de venir esta noche, pero Phoebe estaba más que emocionada.
- Rayos amigo te dije que no probaras eso – dije mirando a Gerald vomitar por centésima vez sobre un matorral.
- Lo siento.
- Creo que iremos a casa –dije mirando a Phbs.
- Sí, yo llevaré esto – dijo tomando parte del disfraz de mi amigo. – Chicos tomen yo invito los helados – dije dándole un billete a Lorenzo que me sonrió.
- Bien avísame si necesitas algo – me dijo y entro en la heladería con todos.
- Arnold gracias por invitarme yo espero que volvamos a salir.
- Rhonda eres genial, pero ahora estoy saliendo con alguien. – dije aunque no sabía que tan cierto era eso de ahora en adelante, la verdad creo que ella no quiere nada conmigo.
- Oh vaya – dijo ella – Pues no importa, cuando quieras divertirte llámame.
- Arnold vamos – dijo Phbs poniendo mala cara y alejándonos de ella. – Que horrible chica.
Después de dejar a Gerald en su casa, conduje a la mía que estaba cerca, al entrar me tope a mamá con una gran sonrisa y a mi padre leyendo en el salón.
- Chicos ¿cómo les fue? – pregunto papá bajando su lectura.
- Gerald se enfermó, pero muy bien ha sido lo más divertido del mundo.
- ¿Y a ti cariño? cuéntame cómo fue todo, se arreglaron las cosas.
- Él estuvo con una chica que es de esas de las películas, recuerdas la que vimos la otra noche del jugador de basquetbol y su fisoterapeuta, bueno idéntica a la amiga.
- ¿Y qué paso con Helga? – dijo mi madre apurada, yo la mire sorprendido, no sé de qué me hablaba.
- ¿Helga?
- La lleve al laberinto, tome el vestido y después de arreglarla la deje allí, te deje un mensaje en el celular. – Saque mi teléfono de mi bolsillo y vi el mensaje, efectivamente, hacía dos horas de eso.
- Tengo que volver allí.
- Arnold Shortman, ¿acaso le hiciste algo?
- No, ni siquiera supe que estaba allí, tengo que ir a buscarla – dije saliendo de la casa corriendo, ¿Dónde la encontraría?
PoV Helga.
El reloj marcaba más de las diez de la noche, quizá mamá y papá no se hayan dado cuenta de mi ausencia, recordé que tenía el cambio que mi padre me había dejado y compre algo de cenar, digo no porque el hambre fuera algo que no soportará, simplemente porque era mi primera vez en esta feria y aunque no fue lo que esperaba, no quería perder la oportunidad de disfrutar algo nuevo.
Camine por los puestos con mi disfraz puesto, vi a varios de mis compañeros entre ellos a Rhonda, pero me ignoro, quizá ni siquiera se dio cuenta de que era yo, quizá debía ir disfrazada todos los días, las chicas me miraban raro, pero probablemente por el disfraz y no por ser yo, era la única con un vestido de época entre atuendos cortos y sexys, yo estaba que me moría de frío y empezaba a temblar, ¿ellas no estaban peor?
Quizá lo mejor era tomar el bus, aunque a esta hora el más cercano estaba rumbo a mi casa y tenía que cruzar unos kilómetros en soledad y oscuridad, si no lo hacía se haría más tarde y tendría que pasar la noche aquí. De modo que levante recogí un poco mi vestido y camine por las oscuras aceras de la avenida hacia mi destino, un par de personas en los autos me gritaron cosas y yo solo los ignore, mientras no se detuvieran cerca de mí todo era perfecto, de todos modos no había mucho tráfico.
Un auto paso a alta velocidad, me detuve al escuchar como giraba las llantas y volvía hacia donde yo estaba, me moví cerca del muro donde iba esperando que siguiera pero se detuvo detrás de mí y las luces me alumbraron.
- Espera – camine rápido mientras temblaba por el frío de la noche, me quede quieta al sentir una mano en mi hombro que me detuvo. Yo intento correr y sé que no lo logare siento miedo y varias lagrimas escapan de mis ojos.
- Oiga déjeme en paz.
- ¿Helga? - al reconocer su voz, vi que era Arnold que me miraba preocupado yo estaba temblando cuando me di cuenta que era él. - ¿Te hice daño? Sacudo mi cabeza negando y siento que tiemblo – Te hice llorar sin embargo.
- No, solo me asustaste un poco.
- Viniste – dijo mirándome mientras limpiaba mis lágrimas con su pulgar – ¿Estas bien? –dijo estrechándome entre sus brazos. – Estas helada, vamos al auto. – el me arrastro y me sentó en el asiento del copiloto. – ¿Helga que haces aquí?
- Pude terminar antes y bueno tu mamá me trajo.
- Me lo dijo, luces muy hermosa – dijo el prendiendo la calefacción – ¿Acaso no me viste allí? de haber sabido que estabas hubiéramos ido juntos al laberinto. - Sentí las mariposas volando en mi estómago y lo mire.
- Arnold lo siento, yo no quería molestarte te vi…
- Vaya, es la primera vez que has dicho mi nombre.
- ¿Es la primera vez? – estoy segura que lo he dicho mil veces, pero probablemente solo en mi cabeza. Mira fijamente mis labios y sonríe.
- Me gusta cómo suena en tus labios. – Él se inclina y me besa, yo siento que mis labios congelados comienzan a derretirse con su contacto.
- Arnold yo siento mucho la manera en que te trate, sé que.
- Oye yo soy el que debería disculparse – dijo mirándome – No quiero que te sientas presionada, estaba muy preocupado el otro día cuando te vi tan golpeada, pensé que alguien te lo había hecho y yo quise, solo.
- Fue un accidente. – digo sonriendo.
- Ya no se te nota. Oye yo entendería si voy muy rápido y no quieres.
- Detente – dije sabiendo a donde iba su conversación – Si tú no tienes ningún problema con tu muerte ante la sociedad, yo tampoco.
- Bien porque he decidido estar a tu lado y tomar tu mano y besarte cuando quiera.
- Creo que podré soportarlo – dijo sonriendo – creo que son los efectos de este vestido, me siento como una princesa.
- Lo eres para mí.- se acercó y me beso - Es tarde, debería llevarte a casa, espero que no tengas problemas en casa.
- No por esto – dije.
Cuando me dejo en la misma esquina, camino a casa y entro por la puerta trasera, espero que mamá o papá no estén despiertos, si me buscaron puedo decirles que tome algo para el dolor y me quede dormida y por eso no les escuche, lo más probable es que consiga un par de golpes o tal vez un insulto, pero sé que después de su pelea, ni mi padre ni mi madre podrán recordar claramente lo ocurrido, eso es lo que pasa cuando tu vida está limitada por las drogas.
Si lo sé, demasiado estress, pero bueno, la historia de por si es así, yo le pongo de mi cosecha y bueno me gusta como va quedando, pero quiero darle más tiempo de felicidad.
Saben, para poder escribirlo y tomar las ideas, bueno habla con una amiga que ella recibia este tipo de abusos en su casa y como la golpeaban cada dos por tres, la verdad eso me sorprendió, recuerdo que le pregunte ¿porque lo soportabas? y me respondió algo que me hizo pensar en la peli de las Ventajas de ser Invisible, ella me dijo "creí que lo merecía" y digo, ¿cuantas personas no viven este tipo de situaciones porque creen que lo merecen.
La verdad, escuchar este tipo de cosas me saca de onda, y pienso en Arnold, en que el no se da cuenta porque no entra en su realidad, y pienso en mí y es algo que no entra en mi realidad y aun así es real y aun dentro de nuestros circulos muchas veces se viven.
Así que veamos las señales y seamos apoyo para aquellos que viven estas cosas en casa o en la escuela.
Se que la historia se aparta de la real pero bueno por eso es un AU y si Phbs hermana de Arnold, lo sé, pero dije ¿donde entra? porque que de pronto sea su amiga sería extraño, así que la hermana de su novio, puede ser que resulte bien.
Espero que les haya gustado el capitulo y bueno, no olviden sus reviews.
Excelente fin de semana
IRES
