Es una idea alterna a la saga de Macross conocida; he agregado detalles, personajes y otros de acuerdo a las necesidades de la historia.

Resumen: La fortaleza espacial SDF-2, al mando de la Almirante Lisa Hayes, dejó la tierra en el año 2012, sin embargo, algo sucedió en el espacio que le trasladó treinta años en el tiempo, a un punto sin retorno.

"SDF-2: Perdidos en el Tiempo"

Historia basada en "Robotech-Macross"


Capítulo 7


Fueron días de intenso trabajo. Lisa se dio cuenta que no había tiempo para nada, ni siquiera para ponerse a pensar en la incomodidad al enfrentarse a Rick.

En torno a la plataforma espacial había muestras evidentes de la movilización de las fuerzas de la Tierra que se alistaban para una inminente partida. La flota de Max había sido la primera, y en unos días más se sumaría a su misión una pequeña flota de refuerzos dado que la situación en las cercanías de Haydon había empeorado.

En poco tiempo Lisa se había dado cuenta que se creó una extraña distancia entre Claudia y ella. Cuando hablaban casi no encontraban tema de conversación. No podían culpar a las intensas sesiones de discusión acerca de los procedimientos de las fuerzas, no podían decir que esa fuera la razón, siendo que antaño, y muy a pesar de que se encontraran agobiadas por sus trabajos, siempre y de alguna forma tenían tiempo para ser amigas, aunque fuera por escasos cinco minutos.

Toda falta de la cercanía de un ente amigo comenzó a ser suplida por Neela. Con ella podía hablar libremente de todo lo que se le viniera en mente, pero siempre siendo cuidadosa de no tocar el tema de los sentimientos. A menudo, en los ratos que coincidían, iban a comer juntas.

En el fondo de sus corazones ambas se daban cuenta que al dejar de lado las diferencias que las apartaba podían llegar a ser amigas, por supuesto, en el ámbito extra oficial, ya que bajo las insignias que representaban sus cargos, Neela debía respeto total a Lisa.

A la joven teniente le costó muy poco convencerse del todo de la realidad; para ella, Lisa Hayes era tan real y compleja como cualquier otra mujer, pero fuerte de carácter, decidida, y digna de admiración. Neela también se dio cuenta que Lisa no era como su padre y madre. Definitivamente era muy diferente a ellos. Y en base a la mujer que estaba conociendo- una correcta en el sentido estricto de la palabra- daba por hecho que jamás quebrantaría un juramento.

Pudo entender por qué su padre se enamoró de ella y por qué dicho amor pudo sobrevivir a través de los tiempos. Pudo entender todo eso, menos ver cómo su madre estaba siendo traicionada por un hombre que le juró amarla hasta la muerte. Pero su pena tenía juicio y una razón que excluía a Lisa de toda culpa.

o0o0o

Rick había señalado en la última junta, la posibilidad de la partida de la treceava flota que hasta el momento permanecía como una eterna reserva en caso de situaciones de conflictos. La tierra solicitaba refuerzos, y ante las bajas de recursos registrados, lo más razonable era ir en su apoyo.

Si bien Lisa estaba en su periodo de descanso, permanecía al frente de sus funciones.

Mientras permanecía tranquila en el puente de mando, contemplaba a sus subalternos que cumplían con sus obligaciones. Se había acostumbrado a ellos y su modo de trabajo; siempre tan serios e inalterables que a veces le daba la impresión de tener por tripulación a unos oficiales mecanizados. Ellos distaban mucho de la antigua tripulación del SDF-2. Echaba de menos a las chicas del trío terrible, sus risas y comentarios fuera de lugar. Y si dos de ellas ya nunca volverían a reír, por lo menos le quedaba la esperanza de volver a contar con la presencia de Kim.

Desde que se había levantado la cuarentena a los sobrevivientes- dos días atrás- había pensado que haría todo lo posible por tenerla de vuelta entre sus filas, por supuesto, sí y sólo sí, ella pudiera estar en condiciones de ejercer sus funciones. Sólo el tiempo y la voluntad de alguien a quien consideraba una amiga, le daría las respuestas.

De pronto, la alarma de una comunicación entrante rompió la monotonía del lugar. Claudia llamaba desde el transporte que le conduciría de vuelta a la base lunar.

—Ya me voy—anunció la morena—. Lo único que lamento es que no hayamos podido hablar en todos estos días…pero ya sabes, no sabemos cuándo estaré de vuelta por estos lados.

—Espero que pronto Capitana, tenemos muchos temas pendientes que tocar.

—Lo sé amiga mía—Claudia sonrió—, pero me voy sin muchas preocupaciones. Sé que estás mejor porque te he visto más relajada y me alegra…siendo así, cuando nos encontremos frente a frente, espero volver a ver una de tus sonrisas.

Lisa carraspeó a propósito con el fin de recordarle que no era una conversación privada. Ella sentía todas las miradas de los presentes sobre sí. Advertía la intriga en las expresiones de sus subordinados, y es que ellos se preguntaron en forma inmediata, si una mujer que parecía tan fría sabía reír.

—Es un hasta pronto almirante Hayes—continuó Claudia—. Ya vamos a despegar.

—Cuídate capitana, y que tenga un buen regreso.

Cuando la comunicación se dio por finalizada, todos excepto Neela volvieron la vista a sus funciones. Ella se quedó pendiente en la expresión de Lisa y el dejo de intranquilidad que se mostraba en ella.

—¿Todo bien, Almirante? —preguntó.

—Todo bien—asintió Lisa.

No muy conforme con la respuesta, Neela regresó a lo que hacía. En todo este tiempo había comenzado a interpretar cada gesto de ella y, definitivamente, engañarla se convertía en una tarea difícil.

—Si le interesa saber—dijo pensando en la tranquilidad de Lisa—, el escuadrón de escolta es uno de los mejores que tenemos. No tenga cuidado, si se presenta algún inconveniente, el comandante Brannigan podrá solucionarlo.

—No dudo de las habilidades de la escolta…más bien dudo…—suspiró, deteniendo su hablar por un instante—. No es nada, son cosas mías—finalizó.

La preocupación de Lisa iba más allá de un posible ataque al transporte de Claudia, su inquietud, aunque sin fundamento efectivo, giraba en torno a una posible alteración en el espacio. Lang, en sus incursiones efectuadas día atrás en el punto exacto dónde el SDF-2 se perdió en el tiempo, había detectado una ligera alteración que se presentaba en forma de una tormenta espacial. Y aunque no se había comprobado una expansión efectiva, los científicos no descartaban una explosión repentina de la alteración.

Lisa se dijo que antes descansar se aseguraría que el viaje de su amiga se efectuara con éxito.

En esos momentos de espera, el doctor Smith se abría paso a la habitación en que se hallaba Kim. La rubia Samantha Hamilton reía de los cuentos relatados por ésa chica de ojos alegres que aún conservaba su chispa encantadora en su interior.

—Me alegra darme cuenta que en esta habitación los ánimos son muy buenos—dijo pasando por alto todo protocolo de saludo—. La verdad me sorprendió oír risas antes de entrar. No todos mis pacientes demuestran un estado anímico como el de ustedes.

—Pues no todos sus pacientes tienen un encanto como el mío, doctor—contestó Kim, guiñándole un ojo a Sam, quien sin poder evitar volver a reír, ahogó los sonidos de su garganta con sus manos—. Pero por favor, si nuestras risas son molestas para usted, discúlpenos.

Smith esbozó una pequeña sonrisa.

—No me molesta para nada. Recuerden ustedes que esta área permanece exclusiva para la tripulación del SDF-2. Pienso que su alegría desatada en estos momentos puede servir de ayuda a los demás. Y por cierto…—se sentó con toda tranquilidad en una de las camas. La de Kim, quien se acomodó a su lado. Sam aún seguía intentando recobrar la compostura—Soy el doctor Brian Smith, jefe del área médica.

—Gusto en conocerlo al fin, doctor Smith. Hemos oído de usted por medio de las enfermeras. Soy la teniente Kimberly Young, oficial de puente del SDF-2.

—Yo soy Samantha Hamilton, cabo y piloto de combate del escuadrón Fucsia —bajó la mirada entristecida y prosiguió con voz trémula—. Bueno, más bien fui piloto de ese escuadrón.

Ante la advertencia de intranquilidad de su compañera, Kim fue a su cama y la abrazó, atrayéndola contra sí. Esa situación era la que todos los días, desde que se les informara de la nueva realidad. Por un momento, y ante la mirada del doctor, le tranquilizó con palabras susurradas a su oído, hasta que al final le hizo reír de nuevo.

Smith, sencillamente no pudo descifrar qué le decía para lograr un cambio tan brusco. Volvió a esbozar una sonrisa, pensando en lo importante que era levantar los alicaídos ánimos de ésa muchacha sensible.

—Díganos doctor, a qué debemos su visita—consultó Kim.

—He seguido personalmente su evolución en estos días—comenzó a explicar con la tranquilidad característica en su forma de hablar—. Me han solicitado un permiso para poder visitarla…Siendo específico, quien desea verla es la almirante Elizabeth Hayes.

—¿Lisa? —preguntó Kim, emocionada.

—Así es—afirmó él—. Hasta el momento y debido a la cuarentena, se tomó la determinación de denegar toda visita de personal no médico; sin embargo, la restricción sigue en pie por la condición psicológica diagnosticada en todos los pacientes…

—No es mi intención criticarle, doctor Smith—interrumpió Kim—, pero la forma en que nos contaron todo fue excesivamente brusca. Debieron darnos tiempo, por lo menos para recuperarnos un poco de la traumática situación que vivimos siendo prisioneros de los Maestros Robotech.

Sam miró fijamente a Kim, sorprendida de verla algo irritada. Smith por su parte, continuaba con expresión inalterable.

Él dejó escapar un leve suspiro antes de volver a hablar.

—Las decisiones se tomaron en conjunto con el alto mando, considerando todas las variables.

—Pues el alto mando ni siquiera llega a imaginar qué tan traumático ha resultado todo esto—se pronunció Sam.

—Cabo Hamilton, permítame decirle que la almirante Hayes forma parte del alto mando y cuando a ella se le explicó todo, no fue con cautela, no se usaron a doctos en la materia psicológica. Fue un general bastante rudo y directo que le dijo todo de golpe…Y eso es sólo por citarle un ejemplo.

—Lisa—murmuró Kim con preocupación.

—Ella evolucionó muy bien—dijo Smith para tranquilizarla—. Ya no muestra vestigios de estar lidiando con la experiencia traumática, aunque seguimos monitoreando su comportamiento.

—Es que Lisa siempre fue una oficial superior a los demás en todo sentido.

—Su preocupación gira en torno a ustedes, su tripulación. Me bastó con verla expresarse para saber que ustedes fueron el pilar principal para superar toda situación adversa. Y como le explicaba, me ha manifestado sus intenciones de verla.

—¿Sólo a mí? —Kim miró a Sam.

—Por el momento—dijo sin saber cómo explicar.

—Tú eras una de sus cercanas Kim, por tu trabajo en el puente. Es lógico que por amistad quiera saber de ti y lo entiendo perfectamente puesto que yo en su lugar haría lo mismo si fueras mi amiga. Además, ten en cuenta que ella se ha preocupado por todos, el doctor acaba de decirlo. Sabemos quién es la almirante Hayes…A su tiempo todos volveremos a verla de nuevo, y si es posible, estando una vez más bajo su mando, porque eso es lo que deseo al salir de aquí.

Kim asintió en conformidad y miró a Smith.

—Es usted quien decide, doctor.

—Ya he hecho un análisis de la situación, puedo irme conforme—se levantó—. Pero antes, quiero que me diga una cosa teniente Young.

—¿Sí?

—¿Podría decirme que hacía usted ayer en el ala de pacientes masculino? Las enfermeras me entregaron un reporte.

Kim sonrió fingiendo inocencia, mientras Sam la acusaba.

—Visitaba a un amigo—contestó con una ligera sonrisa en sus labios.

—No es mi intención reprenderla, pero debe hacer caso de las instrucciones de las enfermeras.

—No se nos dijo nada acerca de restricciones de visitas entre pacientes…Pensé que un amigo deprimido podría necesitar un poco de mi buen humor y por eso fui. No es nada de lo que tenga que preocuparse.

Samantha se cubrió la cara por la vergüenza ante la desfachatez de su compañera.

—Está bien, usted gana—dijo él—. No está prohibido, pero hay un horario.

—Lo tendré en cuenta señor.

—Me parece aceptable, y si me disculpan…

—¿Verá o hablará con la almirante Hayes? —interrumpió una vez Kim. A Smith le hacía gracia la energía con que lo hacía.

—Es muy probable.

—Entonces les da los saludos de Sam, de mi persona, y de un aguerrido piloto que no puede esperar el tiempo para recibir nuevas órdenes suyas.

El doctor frunció el ceño queriendo preguntar de quien se trataba. Esta vez fue Sam quien le interrumpió.

—Por favor, sólo dígale eso, porque creo que la teniente Young no entrará en mayores explicaciones.

—De acuerdo, lo haré.

—Muchas gracias, doctor Smith.

Brian Smith abandonó la habitación prácticamente riendo, y aunque pretendía marcharse inmediatamente a cumplir con sus funciones pendientes, se tomó un tiempo tras la puerta. Bastó esperar unos cuantos segundos para oír nuevas risas de las jóvenes. Se fue en total conformidad, pensando en las buenas noticias que daría a Lisa.

o0o0o

Prácticamente escondido en la cabina de su VF, Ethan trataba de entender el porqué tuvo que enamorarse de Lisa Hayes. Hacía pocos días, en este mismo sitio, sin querer oyó la conversación de sus pilotos donde comentaban sobre Lisa; cosas buenas desprendidas de una charla donde él estuvo ausente.

Ya se estaba dando cuenta que en su ausencia Lisa parecía ser alguien muy distinta. Con él ella era todo frialdad, falta de palabras y una que otra orden difícil de desobedecer. Bastaba con recordar aquella oportunidad en que ella llegó a su mesa junto a Neela y Jeremy, nunca le dirigió directamente las palabras y nunca le miró a los ojos, sonreía con todos, menos con él y eso dolió de manera inimaginable. Pero al ir en búsqueda de razones rebuscada se encontraba con lo siguiente: él era un Hunter, desgraciadamente muy parecido físicamente a su padre, por lo tanto, estaba condenado por la historia de aquel tortuoso amor que no llegó nunca a buen término.

Pensó que hubiera sido mejor nunca haber hablado con su hermana y saber a través de ella que Lisa seguía enamorada de su padre. No, porque todo eso lo derrumbó por dentro y le hizo caer en la total desesperanza para con su amor.

Suspiró pesadamente. Y darse cuenta ahora de la condena en la que estaba sumido su escuadrón no ayudaba mucho a sus ánimos. Odiaba esperar. Odiaba saber que Jeremy tenía un poco de acción mientras él, se tragaba su amargura en un silencioso aburrimiento en tanto escuchaba, a lo lejos, a sus muchachos burlándose de él. Hacía una semana ellos, sus amigos, iniciaron una apuesta cuyo monto a estas alturas ya superaba con creces el sueldo de un teniente; todos creían conocer a la mujer que lo mantenía en la luna, y entre las alternativas que se sugerían habían jóvenes pilotos, oficiales y hasta una doctora que trabajaba junto a su madre en el SDF-3, la más probable candidata a ser la afortunada.

Y si él, Ethan, no era feliz, ellos tampoco lo serían; se imaginó saltando de su cabina para ir directo hacia el Skull-3 donde todos, e incluso técnicos, estaban reunidos. Aunque todo deseo quedó en eso: un deseo.

Pero alguien más acabó con la diversión. Se trataba de una mujer que poco conocían y que nunca imaginaron ver llegar hasta un hangar; ella era Grace Hunter. De modo que ante su insignia todos se irguieron al saludar a un oficial superior para luego descansar ante su señal. Fue Robert, el más cercano a ella dada su amistad con Ethan, quien tomó la palabra.

—¿Qué le trae por aquí doctora Hunter? ¿En qué podemos servirle? —preguntó, servicial y caballeroso, como resultaba ser su característica con los oficiales de rango mayor.

—Busco al capitán Hunter—respondió mientras barría el sitio con la vista.

—Pues ha venido al lugar correcto. Por aquí—le señaló el camino.

Aún en su silencioso encierro, Ethan miraba los controles de su nave con desgano, rogando porque estos estuvieran encendidos y anunciando un pronto despegue. Los golpes propinados al fuselaje llamaron su atención.

—¿Madre? —emitió al verla de pie junto a su amigo.

—Si la montaña no va a Mahoma…—murmuró la mujer

De un brinco Ethan aterrizó en el suelo. Robert se disculpó y les dejó a solas.

—Es impresionante madre, nunca pensé verte visitando un hangar— dijo Ethan instándola a caminar a un lugar lejos de las miradas y oídos de los demás.

—No he venido a visitar el hangar, vengo a visitar a mi hijo que no se ha aparecido en muchos días—contestó viéndole seria.

—Pudiste haberme enviado un mensaje, este sitio no es para ti—replicó el piloto a la defensiva.

—Lo envíe con tu hermana, pero no sé quién de los dos está más perdido. Por lo visto no te dijo nada…Desde que fue transferida está muy cambiada. Parece que se toma sus responsabilidades muy en serio…

—Es su trabajo, madre—interrumpió ante la crítica—. Neela no ha cambiado, es solo que la situación es diferente porque ya no está en el SDF-3, cercana a ti como antes.

Grace bufó.

Ya se encontraban muy lejos de los oídos inescrupulosos. Se detuvieron, quedando uno frente a la otra.

—La razón de tu visita, ¿es sólo porque te hago falta o hay algo más tras de esto? —inquirió el joven capitán con una mirada inquisidora.

—Necesito hablar con alguien… no sé, creo que estaba acostumbrada a tu hermana y a esa familiaridad en que tratamos nuestros temas. Sabes que por mi trabajo usualmente no me doy tiempo para entablar amistad con nadie, sin ustedes… me siento sola—confesó la mujer con la mirada triste.

—¿Y papá, acaso está de adorno? —susurró a modo de broma, pero al notar que ella bajaba la vista, la abrazó suavemente—. Madre…—suspiró—, ya es tiempo que dejes de depender de nosotros… no somos unos niños, déjanos vivir nuestras vidas—la separó ligeramente y besó su frente para luego acariciar su rostro con suavidad.

—Son mis hijos—insistió ella.

—Lo somos y siempre lo seremos…Es tan poco lo que te pedimos.

Grace dio un paso atrás.

—¿Qué les pasa a todos ustedes? —cuestionó con la voz dolida—Primero es tu padre el que me ignora, casi no lo he visto en todos estos días y cuando lo veo, apenas me habla… Neela…ella ni siquiera me visita, se pasa cada instante tras ésa mujer, lo sé porque la he visto y en la nave se murmura que parecen muy buenas amigas…

—Por algo será—interrumpió Ethan.

—Y tú—Grace continuó con su ataque—, parece que te burlas de mí y mi carencia de afecto de la parte familiar.

—Estás exagerando madre—le reprendió secamente—¿No te das cuenta que estás montando una escena?… ¿Te has preguntado qué dirán la gente de la esposa del almirante Hunter?… ¡Por favor madre, compórtate como una verdadera mujer de tu edad, pareces una niña caprichosa que se siente ignorada! No es así.

—Ethan—murmuró en voz temblorosa.

—Lo siento madre, pero es lo que pienso. Tú me conoces, soy así.

—No…te desconozco hijo—dio un nuevo paso atrás.

—¿Sabes qué? —dijo con voz cansada—Estoy de servicio y no es el tiempo ni el lugar para este tipo de charlas…Si deseas ver a Neela-miró su reloj—, sale del servicio en diez minutos. Su camarote es el 11B. Hasta pronto, capitana Hunter—se devolvió sobre sus pasos.

Grace no hizo más que mirar el piso.

o0o0o

Intentando ser fuerte, Grace arrastraba la consternación que le provocaron las palabras de Ethan. Se reprendió así misma por su frustrado intento de recobrar un poco la atención de su hijo.

Respiró profundo antes de caminar sobre el piso de la plataforma y miró hacia atrás. Lo sabía, siempre lo supo; Ethan y Neela tenía la razón. Pero… ¿cómo lidiar con ese corazón de madre suyo que se negaba a reconocer que ellos habían crecido, que no solo eran hombre y mujer ya maduros, si no también oficiales hechos y derechos?

—Está será…la última vez—murmuró con voz queda y retomó su andar. Su deber la llamaba a bordo del SDF-3.

o0o0o

Ante su atenta mirada, la enfermera llenaba la jeringa hipodérmica con el líquido contenido de un frasco que luego dejó sobre la bandeja; acto seguido, se hizo de su brazo y le clavó la afilada punta directo a su vena. Él contrajo su rostro ligeramente a medida que veía que el líquido ingresar en su organismo, dicho gesto no era propio del dolor sino más bien era debido la incomodidad producida por el cosquilleó raro producido en su antebrazo.

—Listo Mayor, ¿ve que no era algo de lo que se debía tener miedo? —dijo la mujer con una sonrisa al tiempo que le colocaba una compresa en la cicatriz rojiza.

Sonrió con ella sin decir nada, limitándose a ver como repetía los mismos pasos a su compañero de cuarto.

Kim, de pie junto a la puerta, carraspeó para señalar que aún permanecía allí.

—Tiene un aire inquieto, teniente. Pero no se preocupe, el paciente está listo—le dijo sin mirarla y siempre concentrada en el brazo blanquecino de iba a clavar.

Con su más radiante sonrisa, Kim se acercó a la cama del mayor que no despegaba la vista de la hermosa espalda de la enfermera. No quiso emitir comentario alguno al respecto y se sentó, no sin antes pellizcarle sutilmente en su pierna.

—Tengo excelentes noticias—anunció con un gesto de inocencia ante su reciente acto que, por cierto, el mayor comprendió como un simple llamado de intención.

—No me digas que pronto saldremos de aquí.

—Aún no, mayor —intervino la enfermera, cuya labor en su otro paciente había dado por concluida—. Recuerde que le dije hace un rato que falta mucho para eso.

—Pero yo estoy bien—-volvió a fijar su vista en ella, específicamente en su lindo trasero enmarcado por el uniforme blanco de tela tan delgada que permitía definir bajo ella los bordes de lo que llevaba puesto—. Corrijo: estoy muy bien.

Su sonrisa y palabras insinuantes le costó otro pellizco. Esta vez si le dolió y soltó un leve quejido. La enfermera, que no era tonta para no darse cuenta que era observada, se volvió hacia él sonriendo.

—Mmmm, creo que la próxima vez no le daré la espalda, temo que con usted puedo correr cierto peligro—murmuró divertida. Ya le habían advertido que ese piloto era algo atrevido y que no perdía tiempo de coquetear con cualquier chica.

—Por supuesto que debe tener cuidado con él—dijo Kim palmeando la pierna de su amigo—. Usted y cualquier mujer que goce de juventud y buena presencia.

—Lo tendré muy en cuenta, teniente—respondió la enfermera, ya con bandeja en manos y dispuesta a dirigirse a la siguiente habitación.

—En todo caso no muerdo—aclaró el mayor.

—Eso es lo que dicen todos, pero igual lo hacen.

Finalmente, entre las risas despertadas por Kim y el otro paciente, ella se retiró.

—Ahora sí—dijo Kim—. Te interesará saber que acabo de recibir la visita de alguien que me dijo…—pausa dramática—, que recibiré la visita de Lisa Hayes.

—¿Lo dices enserio? —preguntó él realmente interesado, mientras su compañero de cuarto se acomodó de espaldas y se concentró en mirar el techo, fingiendo no oír nada.

—Así es—confirmó Kim—. Ella está muy preocupada por todos nosotros, en especial por mí…

—Claro, como eres su amiga—interrumpió con un tono desdeñoso.

—¡Ay, Jack! —suspiró—No te pongas así.

—Pero ella ni siquiera se acuerda de mí, sólo me faltó pintarme la cara para llamar su atención…aun así, parece que no existo—protestó, aunque con fingido enojo.

—De repente me asustas, ¿sabes? Pienso que alguna vez llegará el momento en que crea que hablas enserio.

El mayor sonrió y la jaló para que ella se recostara a su lado.

—Así está mejor—dijo una vez que ya la tuvo acurrucada contra sí—. A esto se le puede llamar una conversación privada—su compañero de cuarto, viendo el hecho de reojo, sonrió.

—Si ella te viera conmigo de esta forma, te aseguro que definitivamente te manda directo a un agujero negro —correspondió a su abrazo—. Pero a mí me encanta que seas así.

—Es cierto, mi corazón está con ella, pero siempre tengo espacio para ti.

—Ni siquiera para mí, para todas—recalcó ampliando aún más su sonrisa—Eres todo un "Donjuán"

—Y con orgullo.

—Lo sé.

Ambos rieron un breve momento hasta que Jack adoptó expresión medianamente seria.

—¿Qué más averiguaste de ella?

—Lisa está al mando, pero sin duda que su rango es inferior al de Rick Hunter.

—Hunter—murmuró él—. Quisiera saber cuán viejo está.

—Más que tú, te lo aseguro.

—Pero yo no estoy viejo, es cierto, tengo mis añitos pero digamos más bien que soy un adulto joven y sigo siendo el perfecto candidato para nuestra almirante.

—Oye, admiro totalmente tu confianza—emitió ella en tono burlesco.

—Déjelo soñar, teniente—murmuró quedamente el de la cama de al lado—. Eso no le hace mal a nadie.

Kim sonrió y se aferró aún más al mayor, aquel que fue la persona que durante el cautiverio le levantó sus alicaídos ánimos por la muerte de sus mejores amigas.

Jack había sido uno de los que siempre mantuvo la confianza de salir de la situación en que se encontraban, si bien, y hasta entonces, no veía en él más que una fama de casanova, aprendió a verlo en forma distinta por la entereza que demostró; de un simple amigo de fiestas, pasó a ser un amigo en el cuál depositar su confianza. A él le debía la sonrisa que en estos días sabía mantener.

Complacida con la calidez de su compañía, cerró sus ojos suspirando, no obstante, muy pronto tuvo que abrirlos cuando sintió la puerta abrirse.

—Así que aquí está, teniente Young—se trataba de otra enfermera, la que siempre solía darle regaños por estar fuera de su habitación—. Venga conmigo, tiene una visita.

o0o0o

En la oficina del doctor Smith- sitio elegido por éste mismo para que se llevara a cabo el reencuentro con mayor comodidad- Lisa esperaba a su amiga en conformidad tras haber recibidos los antecedentes generales de todos. Saber que habían sido puestos al corriente de la situación la hacía sentir ligeramente más tranquila, sin embargo, venía el tiempo de aceptación donde serían sometidos a intensas sesiones psicológicas y le asustaba pensar que a pesar de ello quizás más de uno nunca recobraría la total sanidad mental. Por suerte saber que Kim era de los casos más simples, le daba un gran alivio.

Ella terminaba de contarle al galeno algunas cosas acerca de su vida y su relativa integración con la gente que le rodeaban.

—Me parece un gran avance en usted—murmuró tras escuchar atentamente todo su relato, en que hiciera completa omisión de los incómodos encuentros con Rick Hunter—, y sinceramente espero que todo vaya conforme a los estándares normales de su salud mental. Dado que no puedo intentar convencerla de aceptar la ayuda especialista, ruego que usted misma tome conciencia, y si se ve superada por situaciones o emociones difíciles de controlar siempre puede recurrir a nosotros.

—Lo sé, disculpe mi terquedad.

—Casos extremadamente especiales—dijo Smith—. Además, fue una orden directa y ante eso no puedo hacer más.

Lisa guardó silencio sin saber cómo contestar debidamente a eso. Luego de un rato, y ante la extensiva espera que provocara en ella un toque de impaciencia-reflejada en su continuo enfoque de su vista hacia la puerta-, el doctor dijo:

—Deben estar buscando a la teniente Young—sonrió—. Es una de los pacientes que ha estado causando estragos en las enfermeras por las escapadas de su cuarto. Es inquieta y alegre por naturaleza.

—Lo es, y no sabe cuánto.

—Sólo puedo imaginarlo—se puso en pie sonriendo—. Creo que ya es hora que las deje a solas.

Lisa frunció el ceño debido al inesperado anuncio, después oyó las pisadas y voces de gente que se acercaba. Los llamados a la puerta no se hicieron esperar.

Cuando Kim estuvo frente a ella no pudo evitar sonreír.

—Yo me retiro—dijo el doctor, yendo a la salida y llevándose con él a la enfermera.

—Kim, me alegra verte.

—Y a mí, almirante Hayes.

La teniente se abalanzó sobre su superior estrechándola en un abrazo que ésta correspondió con mucha calidez.

—Todo está bien—la tranquilizó.

—Lo sé… Ahora que la vuelvo a ver, sé que sí—se distanció un poco recobrando la compostura tras la emoción. Sonrió mirándola—. Se ve muy bien en ese nuevo uniforme, aunque…—mostró una expresión pensativa—le quedaba mejor el antiguo.

Lisa bufó.

—Creo que en estos nuevos tiempos no tienen sentido de la comodidad, los hacen más ajustados y provocan comezón, el sentido común se ha esfumado totalmente al usar materias primas inorgánicas, puedo decir que amo más que nunca lo que nos proveían las ovejas.

Ambas rieron y siempre tomadas de las manos, se sentaron una frente a la otra para charlar.

o0o0o

Ethan y Neela charlaban mientras iban por un pasillo rumbo a una cafetería. El joven capitán Hunter ya había puesto a su hermana al tanto de los pormenores de su corta charla con su madre.

—Creo…—decía ella, meditabunda—que debemos plantearnos la idea de hablar con nuestros dos padres a la vez, hablar seriamente de lo que está pasando con mamá… Ella no era así, era cierto que era cariñosa y algo sobre protectora, pero creo que ahora está exagerando.

—Mamá está mal, siento decir esto, pero desde que llegó Lisa Hayes está actuando extraña. No—se corrigió—, desde que ambos estamos designados a esta nave mamá está extraña, no soporta que nosotros estemos al lado de la almirante Hayes, por eso actúa así.

Neela suspiró. Llegaban a la puerta de la cafetería, y su hermano le cedió el paso caballerosamente. Mirando la vastedad del recinto, buscaron la mesa más apartada con el fin de continuar la conversación con tranquilidad.

Una vez ubicados en su mesa y con un café negro en mano, Neela dijo: —Mamá está celosa de Lisa Hayes, por eso se comporta así.

—Es por culpa de nuestro padre, él le está dando razones—acusó Ethan fríamente.

—Y ten en cuenta que sus suposiciones son ciertas—dio un sorbo a su café—. No sé qué podría pasar con nuestros padres cuando mamá se entere que él no ha dejado de querer a nuestra almirante. Ella no podría perdonarle.

—Y tú, ¿le perdonas?

—¡Por supuesto que no!-dijo segura y molesta-Creo que tardaré mucho tiempo en perdonarle, si es que algún día llego a hacerlo.

Ethan miró el contenido de su taza, perdiéndose en el color oscuro del líquido contenido.

—Lisa corresponde a papá—murmuró quedo.

—Pero Lisa sabe dónde está pisando. De lo poco que la conozco te puedo asegurar que no fallará a la promesa que me hizo—atrapó la atención de su hermano —. Confío en ella hermano, aunque no lo creas, es así… Lisa no me parece una mujer de ésas destruye las familias por gusto, ni siquiera por el gran amor que parecer tenerle a nuestro padre…

—No me digas eso…por favor—suplicó Ethan en un suave murmullo. La mano de su hermana no tardó en tomar la suya en un agarre cálido.

—Sé que las amas, pero entiende algo; las cosas son así y por el momento es imposible que las cosas cambien. Ethan…—apretó su mano con más fuerza—, no eres el primero en este mundo que sufre por amor—luego añadió en un tono más firme—. Desde hace unos días te he notado bastante distraído y malhumorado, estás dejando que todo esto altere tu mundo. Eres un militar, para serlo y sobre todo para no cometer errores, es necesario que aprendas a separar las cosas.

El capitán sonrió.

—A veces me sorprendes…hablas como toda una mujer madura.

—Sólo estoy aprendiendo algo de ella, de Lisa… Ella es genial, a pesar de todo el sufrimiento que le ocasiona todo esto, no permite que le afecte en su trabajo.

—¡Dios! —exclamó Ethan, ampliando su sonrisa hacia un sentido burlesco—¡Qué tiene ésa mujer que maravilla hasta a las mujeres!

—Eres un tonto—bufó ella soltándole la mano y agarrando su taza.

—Es verdad, mira como hablas. Podría hasta decir que ella se ha transformado en tu ídolo.

—Si lo fuera no tendría nada de malo—dijo sonriendo mientras sorbía su café—. Pero si mamá lo llega a saber, te aseguro me mata.

—Me has alegrado el día hermana, como siempre—dijo él fuera de toda broma.

—Sabes que siempre puedes contar conmigo, para eso soy tu hermana y mejor amiga.

—Hermana sí, mejor amiga lo dudo—murmuró divertido.

—¿Acaso tienes otra mejor amiga? —preguntó ella con falso enojo.

—Claro que no, tontita. No hay nadie como tú en este universo—Neela sonrió complacida. Él dio el primer sorbo a su café—. Está delicioso, ¿o es que en verdad lo necesitaba?

—Ambas cosas.

La charla entre ellos se concentró desde ese entonces en cuestiones relacionadas al trabajo y la situación actual que acontecía en el sector, olvidándose por un momento de la razón principal que les llevó a reunirse. Pero Lisa se presentó repentinamente.

—Pensaba beber un café en sola, pero los vi y me pregunté…

—Por supuesto que puede acompañarnos—Neela asintió interrumpiendo, mientras su hermano desviaba la vista hacia donde fuera, menos hacia Lisa. Él quería evitarla a toda costa y en su fuero interno rogaba que no se sentara a su lado, aunque no tuvo mucha suerte.

—Y cuéntenos almirante, ¿cómo le fue en su ida a la estación? —consultó la teniente con toda soltura, divertida por el nerviosismo de su hermano a quien le sudaban las manos.

—En una sola palabra: excelente—respondió sonriente.

—Me alegra por usted—correspondió con una sincera sonrisa.

—Estoy muy contenta, muchos de mi antigua tripulación están evolucionando muy bien… No sabes el peso que me quita de encima—se permitió relajarse en su asiento. Suspiró—. Creo que estoy más tranquila, aunque eso no quiere decir que me sienta menos exhausta, pero por lo menos cuando descanse lo haré a plenitud.

—Después de aquí usted se va directo a la cama, merece un descanso, ¿no es así Ethan?, ¿No te parece que nuestra almirante se ve muy cansada? —terminó dirigiéndose a su hermano con una malicia apenas perceptible en su rostro.

—Eh…—se giró a ver el rostro de la almirante. Apenas cayó en cuenta que fue preso de una broma de su hermana tuvo que hacer un esfuerzo para no sonrojarse.

—¿Enserio me veo tan cansada? —consultó Lisa.

—Un poco—musitó Ethan desviando su vista una vez más.

—Ve almirante, mi hermano es totalmente distraído y aun así puede ver sus ojeras.

—Está bien, lo tendré en cuenta—sorbió de su taza.

Por su parte Ethan, muy molesto con su hermana, le dio un pequeño puntapié. Neela evitó quejarse, pero si demostró un rictus de dolor en su rostro.

—¿Pasa algo, teniente? —consultó Lisa.

—Nada, o bueno sí, de pronto sentí un extraño dolor en mi pierna derecha—Ethan se molestó aún más con esa respuesta.

—Tal vez debería cuidarse de eso—Lisa dijo seria—. Esos dolores en extraños lugares pueden ser el índice de que algo malo le ocurre.

—No lo creo almirante—se excusó, siempre mirando a su hermano—. Debe ser que apenas ahora me dolió la zona donde me golpee hace un rato atrás. Cuando Ethan me fue a buscar tropecé con algo, eso es todo.

—Ah—emitió Lisa. Miró a Ethan, confundida por su falta de intervención. Estaba convencida que ése piloto a veces hablaba hasta por los codos—. Capitán, qué le pasa que está tan callado—consultó extrañada, después de todo ya se conocían, sabían un poco de la vida del otro. Ella figuraba un comportamiento del capitán con más soltura cuando se encontraban juntos, sin embargo, ahora-como la vez en que compartieron un almuerzo- mostraba cierto ausentismo.

—¿Yo? —se volvió hacia ella—Nada, es sólo que me siento un poco incómodo.

—¿Por qué? —ella frunció el ceño y rápidamente pensó en una excusa del porqué—No me diga que sigue molesto conmigo.

—Es que usted…—sentía todo el peso de la mirada intensa de ella y las palabras no salieron.

—No se reprima y diga lo que tenga que decir, estamos fuera de turno.

"Siendo así" pensó, y respiró profundo antes de atreverse a hablar.

—Aunque estemos fuera de turno usted sigue siendo la almirante Hayes, y todo lo que diga, incluso ahora, puede ser usado en mi contra—habló sin un respiro.

Lisa se echó para atrás en su asiento, un poco asustada por los dichos. Neela estaba casi con la mandíbula desencajada por el atrevimiento de su hermano.

—Dice usted…que en toda ocasión le parezco… ¿un ogro de oficial? —dijo Lisa balbuceó.

—No un ogro, es sólo que…—bajó la vista pensando un instante, pensando qué decir —. Usted es muy estricta conmigo en todo momento—Dijo finalmente.

—¡No es así! —protestó Lisa—Yo sólo actúo cuando su comportamiento deja mucho que desear y lo sabe muy bien, y si en algún momento fui dura con usted por algo, eso queda en el pasado porque ya tomé las medidas que estimé conveniente. Aquí y ahora estamos en completa neutralidad—miró a una sorprendida Neela—. Su hermana y yo también tuvimos una diferencia, pero usted puede ver la forma en que nos tratamos. ¿Por qué las cosas con usted no pueden ser iguales?

Él no supo qué responder. Bajó la vista, rendido.

—Está bien almirante, usted gana.

—No gano, nunca he pretendido ganarle. Sólo le pido un poco de comprensión ante los hechos, necesito que vea la diferencia entre ser oficiales y ser simplemente dos personas que se pueden comunicar con naturalidad, dejando los rencores de lado… Piense usted, yo ya me olvidé de ese beso que me robó.

Neela, en ese preciso momento, miraba la puerta buscando una salida a esa conversación que se había tornado muy personal.

—Entonces, capitán, ¿puede o no haber paz entre nosotros en este momento? —insistió Lisa.

—Sí—asintió el piloto finalmente. Su hermana pudo respirar tranquila.

—Excelente—bebió un nuevo sorbo de su café.

—Bueno…—intervino Neela, con un poco de timidez—, ahora que estamos como amigos podemos iniciar una charla amena, ¿no les parece?

—Por supuesto—asintió Lisa.

—Claro—secundó Ethan, sin ver otra salida.

o0o0o

La charla que se había iniciado en la mesa tras el momento de relativa crisis se transformó en un instante en más que agradable, y Ethan comprobó Lisa era entretenida y bastante espontánea; una persona totalmente distinta a la que había conocido.

Podría concluir que fue lo bueno de la charla, sin embargo, había un lado malo, desastroso, abrumante que le producía escalofríos. Conocer aquella faceta hacía que se interesara aún más en ella. No se conformaba con lo poco que obtuvo en ese día, quería más y eso le aterraba; su camino, su destino y su corazón enamorado, ansiaban tener más que una sonrisa pasajera, las quería todas para él, exclusivamente para él.

Hacía rato que Neela se burlaba a costa suya, reía recordándole cada palabra que dirigió hacia la almirante Hayes, pero él no la oía; todos sus sentidos se mantenían en ausencia, era como si conciencia hubiera sido absorbida por aquella mujer.

En un instante dado se detuvo en seco.

— ¿Tan loco estoy por ella? —Preguntó.

Neela contempló su expresión perdida con un dejo de preocupación, y tuvo plena certeza que no había oído una palabra de lo que le había dicho, ni siquiera lo último que era más serio, importante y trascendente en sus vidas. Suspiró dirigiendo su vista al piso, ahora si que confirmaba la acertada teoría de Claudia Grant: "el amor puede volver tonto hasta la persona más inteligente". Su hermano estaba definitivamente perdido.

Neela tuvo que olvidarse de su deseo de ir a descansar. Tenía y sentía el deber de cuidar a un loco que alucinaba a medio pasillo. Recargó su espalda contra el muro, suplicando a Dios darle paciencia. Por mucho rato vio pasar a los miembros de las filas, que de detenían a ver a su hermano y negaban con la cabeza, luego la miraban a ella con la pregunta marcada en sus expresiones- "¿y a éste qué le pasa?"- Les sonreía y se hacía la desentendida encogiendo los hombros. Pero cuando ya fue suficiente, sí, suficiente, optó por darle un coscorrón; él reaccionó sobresaltado, mirando hacia todos lados, sin certeza de cómo llegaron allí.

—Tonto y mil veces tonto—acusó Neela—. Ethan Hunter, nunca pensé que llegaras hasta el punto de la torpeza total. Si te vieras en un espejo podrías ver cuán idiotizado te encuentras en este preciso momento. Me has hecho pasar vergüenza ajena todo este rato.

—Y entonces—habló algo atemorizado—¿por qué no me despertaste antes?

— ¿Despertarte?… ¡Qué cretino eres! Hasta lo reconoces—reaccionó con ironía—. Caminabas dormido, o más bien caminabas con la conciencia en otro universo al que podríamos perfectamente ponerle rango, nombre y apellido.

—No es para tanto—río fingidamente mientras por dentro se moría de vergüenza.

—Lo es—le tomó de un brazo instándolo a avanzar—Ay, hermano, ¿qué haré contigo?

—¿Tan patético me veo?

—No, sólo estás estúpidamente enamorado—contestó resignada. Otro suspiro en que tomó una rápida determinación—. Voy a ayudarte.

—¿Ayudarme a qué? ¿a desenamorarme? Pues yo lo dudo, no podría fijarme en nadie más.

—Estoy convencida que, aunque te meta una mujer entre los ojos, si no es "Lisa Hayes", no la verías… A lo que me refiero es que tantearé el terreno. Es cierto que te dije categóricamente que la olvidaras, pero si tienes una posibilidad con ella, aunque sea remota, la encontraré y seré yo quien más te apoye en conquistarla; pero si es nula, tendrás que hacer un esfuerzo sobrehumano y olvidarla sin derecho a protestas.

—Pues gracias por el apoyo.

—No, sólo quiero que tú estés bien, si tu corazón y destino están con ella, yo no tengo más que aceptarlo.

—Papá jamás lo permitirá, digo; una relación entre ella y yo. Puedo decir lo mismo de mamá.

—¡Que se joda nuestro padre! Él ya tiene a mamá, y ella… bueno, no puede oponerse, es tu derecho poder ser feliz con la persona que elijas, aun cuando esa persona sea Lisa Hayes.

Llegaron a la puerta de su camarote y ella se distanció abriendo la puerta.

—Sólo una cosa, Ethan… No vuelvas a mostrar a nadie, ni siquiera a mí, una cara de tonto como la que vi hace un rato atrás. Nos vemos luego— Se perdió en el interior de su habitación.

o0o0o

En su morada, y a pesar del cansancio que la abrumaba, Lisa se negaba a dormir. Sentada frente a su pequeño escritorio, recargando su rostro contra las palmas de su mano, repasaba los momentos anteriores. Una sonrisa le acompañaba en todo momento.

Hacía mucho tiempo que no sentía una satisfacción plena, en que la angustia, preocupaciones e intranquilidad, quedaban relegados a segundo plano. Ver y hablar con Kim fue un momento extraordinario; su amiga estaba bien y se mostraba bien. Había reído con ella como no recordaba en este último tiempo. Pretendía charlar de la seriedad de todo el asunto que les envolvía, pero no sabía de dónde, esa chica sacó un cúmulo de anécdotas de todo tipo, chismes de aquellos que hacen reír hasta sacar lágrimas de los ojos.

Pero olvidándose de ella y pasando al suceso inmediatamente posterior, no pudo más que quedar en la clara convicción de que también fue divertido. Ethan resultaba para ella un personaje bastante particular, carente de falsedad alguna, que resaltaba por su pequeño toque de inmadurez. Él era un cañón que disparaba a diestra y siniestra, ¡Y qué susto le provocó cuando disparó contra ella! Pero al menos, como buena estratega militar, supo manejarlo, o al menos eso creía.

Dejó de sonreír cuando se dio cuenta de un detalle- tan simple y notorio a la vez-que hasta este minuto no había tomado en cuenta; pudo estar a su lado, hablar y reír con él en varias ocasiones meritorias, sin temer a su aspecto físico.

—Guau! —emitió recargándose contra el respaldo de su asiento, sin terminar de comprender qué había pasado, qué había sido todo aquello… Quizá la presencia de Neela, no sabía. Pero no quiso darle más vueltas al asunto. Se giró hacia su cama que la tentaba a dormir. Su cuerpo lo necesitaba.

o0o0o

Rick se concentraba en el tablero de ajedrez, mirando las piezas y el último movimiento que había hecho. Dudaba completamente de su astucia y estaba resuelto a vislumbrar el error en su jugada.

Habiendo descubierto la semejanza entre el juego y la guerra, nació en él una creciente fascinación. Llevaba muy poco en el cargo cuando se dio cuenta que, tanto en el ajedrez como en la guerra, cualquier movimiento en falso significaba la pérdida de piezas muy importantes, y en su caso más desfavorable, la guerra misma.

Transcurrido un buen rato se rindió. No había error en su última jugada; sencillamente la mente de su oponente lo dejó sin salida amparándose en el fallo que cometió en el inicio del juego. La próxima vez que Max hiciera su movimiento, seguro se sentiría más acorralado que ahora.

—Será un jaque mate inevitable—murmuró quedamente, recargándose contra el respaldo de su silla.

Sintiendo el cuerpo pesado, se levantó con exagerada lentitud para luego dirigirse a su lugar de descanso que se presentaba vacío y helado. Se sentó en su cama y se pasó las manos por el rostro, restregándose con fuerza. A su mente vino esa charla con Max, aquella que provocó en él la sensación de que el universo entero se le había venido encima.

Dices…que todavía sientes algo fuerte por Lisa, que sin querer le revelaste intenciones… ¿inapropiadas? —había dicho Max, con absoluta incredulidad.

Así es Max—hubo contestado él—, y lo peor: mi hija oyó gran parte de la conversación.

Pero Rick—Max había reído ante lo ridículo que le parecía la situación—, Lisa Hayes no regresó para tener que lidiar contigo y tus supuestos sentimientos inconclusos, ¿te has preguntado que puedes estar torturándola?… Es lógico que no te ha olvidado en tan poco tiempo y que está sufriendo al verte con otra persona, con hijos de su misma edad. Y tú simplemente haces que la situación le sea imposible.

Lo sé, Max.

No, no lo sabes. Le estás causando más daño a Lisa que ese hecho que la trajo hasta nosotros en este tiempo. Por tu bien no dejes que esos sentimientos que renacen proliferen—demandó Max, serio.

No puedo evitarlo.

Claro que puedes. Si no lo puedes hacer por ti, hazlo por Ethan, Neela y Grace, que son tu familia y que no merecen esto.

Pensé que ibas a entenderme—lo miró con cierto toque de decepción.

Te entendí y escuché en el pasado, te comprendí como nadie más en este universo; sin embargo, ahora con todo lo que involucra esto no puedo decirte otra cosa más que… que estás loco.

Max, no se puede mandar en el corazón.

Tendrás que hacerlo Rick; usa la lógica, la cordura… Mírate bien, sobre ti han pasado treinta años. Estás viejo. Lisa todavía es una jovencita que tiene derecho a buscar una nueva vida, y estoy seguro que dicha vida se alejará mucho de la tuya… La conozco lo suficiente como para saber que Lisa nunca se interpondrá entre Grace y tú.

¡Qué dices, Max! —rió incrédulo

La verdad—dijo Max, serio como nunca lo había estado—. Lisa no se interpuso en la mediocre relación que tuviste con Minmei, ahora menos se interpondrá en una relación consolidada, con hijos de por medio. Sólo si Grace muriera Lisa podría volver a mirarte como un hombre, aunque lo dudo.

¡Eso sí es una ridiculez! —se había exaltado tanto ante esa solución estúpida, que golpeó su escritorio con las palmas abierta. Su rostro mostraba enojo, decepción y repulsión hacia lo oído.

Max se mostró imperturbable.

Bien, es mi opinión—dijo mientras se ponía de pie—.Mi tripulación me espera, almirante. Debo partir.

¡Max espera! — pero Max simplemente se había retirado de su oficina.

-"Sólo si Grace muriera…-sacudió su cabeza para impedir que ese pensamiento se afianzara en su mente—No, no, no, Rick Hunter… ¡Qué diablos es esto! ¡No puedes estar pensando en eso!…es un tontería… estás mal, estás confundido…"

Fue al baño y avanzó hasta el lavabo. Sus ojos toparon con su propia imagen reflejada en el espejo frente a él. Su atuendo se hallaba prolijamente planchado. Por un instante tocó el símbolo majestuoso representativo de su rango; era el hombre con más poder dentro de la RDF, y aún con todo ese poder que le daba dicho emblema no tenía la capacidad para volver su cuerpo a la juventud.

Atosigado con la problemática de ser veintisiete años mayor que Lisa, contempló el reflejo de su rostro con angustia; la reluciente juventud de antaño había disminuido mostrando un rostro marcado por el esfuerzo y la preocupación que habían generado arrugas, aunque muy pocas, visiblemente notorias.

Rick comenzó a reír de sí mismo, pensando que Max en cierto modo tenía razón.

—Rick, amor…

Tras él, Grace reprimió sus primeras palabras al ver a su esposo riendo de esa manera tan particular.

—¿Por qué ríes? —preguntó. La extrañeza dominaba su expresión.

—De mi aspecto—contestó él, viéndola por el reflejo.

—Mmmm—respiró aliviada al advertir una preocupación sin sentido. Se acercó en forma caprichosa y le abrazó por la espalda, apoyando una de sus mejillas en ésta—. Para mejorar ese aspecto es precisamente porque te vengo a ó mi turno así que pensé que podríamos descansar juntos… ¿Te parece?

—Dudo que un sueño pueda quitar las arrugas de mi rostro—Grace frunció el ceño—. Me acabo de dar cuenta que estoy viejo.

—Ambos estamos viejos, amor. Pero no te puedes considerar un abuelito, ¿o eso es lo que te preocupa?

—¿Un abuelito, yo?, ¿me acabas de llamar anciano? —inquirió con un ligero rictus de molestia en su rostro.

—Sí; anciano, abuelo, lo que quieras—sonrió con el goce de hacerlo enfadar—. Pero ten en cuenta que yo también lo soy.

—Olvidaré que estás diciendo eso.

—Pareces enojado y me gusta.

Grace guardó silencio esperando una respuesta que no llegó. Rick estaba más molesto que antes porque Grace era la segunda persona que le insinuaba su supuesta vejez, aunque no se daba cuenta que ella estaba jugando.

—¿Amor? —ella llamó entonces con voz muy dulce e insinuante al tiempo que sus brazos se aferraban con más fuerza al contorno del cuerpo de su esposo.

Rick sólo suspiró.

—Yo noto en ti vigorosidad, tus músculos se sienten fuertes…

—Por supuesto—interrumpió Rick—. Tal vez me consideres ya un viejo, pero tengo mucho que entregar.

—Entonces… ¿por qué no me lo demuestras?

Rick se molestó aún más por el cuestionamiento. Se deshizo del agarre de su mujer y volteó rápidamente.

—Te lo demostraré si así quieres, porque no estoy tan viejo como tú y Max lo insinuaron.

—¿Ah, sí? ¿Él se atrevió a ofenderte? —dijo en tono de notoria diversión.

—Sí, se atrevió el muy desgraciado, pero…

Tomó con sus manos las mejillas de Grace y atrapó sus labios en un ardiente beso arrebatándole todo el aliento. Cuando se separaron, ella sonrió.

—Aún me quedan dudas, un beso no demuestra nada—desafió.

No hubo más respuesta, Rick le cogió de una mano y la llevó de vuelta al cuarto. No quería demostrarle a Grace que no estaba viejo, su empeño iba con la finalidad de demostrárselo a sí mismo.

o0o0o

Para muchos integrantes de la RDF, una jornada había terminado.


Fin Capítulo 7