Capítulo 7

Cuando amanece, reparo en que hoy es domingo. Me quedo tumbada en la cama mientras pienso en la de cosas que Gale y yo haríamos hoy si no estuviéramos aquí, en el Capitolio. Habríamos madrugado más que cualquier otro día de la semana y nos hubiéramos encontrado en nuestra roca, en los bosques. Habríamos desayunado para reponer fuerzas para cazar, pescar y recolectar. Me permito rememorar alguno de esos días en los que la caza no era más que un pasatiempo que nos proporcionaba alimento suficiente para nuestras dos familias. Eran momentos de disfrute, completamente silenciosos, en los que nos guardábamos las espaldas. Gale y yo nos comunicábamos con un lenguaje completamente distinto al de cualquier persona u animal. Si yo adelantaba un paso mientras teníamos el ojo fijo en una presa, Gale retrocedía y yo me concentraba en apuntar bien. Por el contrario, si era él el que se adelantaba, yo era la que le cubría las espaldas. Cuando veíamos un grupo de aves emigrando nuestra táctica era rápida y sencilla: él iba a por los de la derecha y yo a por los de la izquierda. Eran esas cazarías de aves las que más nos emocionaban, porque a parte de que suponía todo un reto, nos proporcionaban suficiente alimento para toda una semana. Me doy cuenta de que era en esos momentos cuando era verdaderamente feliz: en los bosques, con Gale a mis espaldas, protegiéndome de cualquier peligro.

Ahora no estamos en los bosques; ni siquiera en nuestro distrito. Lo único que no ha cambiado es nuestro propósito de mantenernos unidos para sobrevivir.

Me levanto de la cama, me visto con lo primero que encuentro y salgo en busca de Haymitch. Le encuentro en el comedor, haciendo una de las suyas con el alcohol. Me siento a su lado y me mira con una sonrisa torcida.

―Buenos días, preciosa. ¿Por qué te levantas tan pronto? ¿Es que Gale te ha tirado de la cama?

Genial. Borracho como una cuba. Puede que eso me facilite conseguir lo que quiero. Pero a pesar de que sé que está ebrio y no sabe lo que dice, no puedo evitar sonrojarme por la insinuación de que Gale y yo dormimos juntos. Seguramente me vio dirigirme a su habitación anoche.

―¿Qué te ha dicho él?

―¿Quién? ¿Gale? Decirme qué sobre qué.

―Sobre mí, sobre protegerme...

Haymitch chupa las últimas gotas de la botella de licor y me mira.

―La decisión de a quién proteger es mía, no de Gale.

―Lo sé, al igual que sé que habéis hablado.

―¿Cómo es que crees saberlo?

Me paro unos segundos a pensarlo.

―Por intuición―digo, no muy segura.

―Entonces, ya sabes como averiguar de qué hablamos.

Ahí está: lo ha admitido.

Intento convencer a Haymitch de que no haga caso a Gale.

―No sabe lo que dice. No le hagas caso. Si alguien tiene la oportunidad de salir de aquí, ese es Gale.

―Te lo he dicho, Katniss. El hecho de que hayamos hablado no significa que vaya a elegir a quién él me diga. Es más, aun no me he decidido.

―¿Por qué?―pregunto. A estas alturas, con los juegos pisándonos los talones a todos, debería haberse decantado entre uno de nosotros.

―Porque, por primera vez en mucho tiempo, veo a dos tributos de mi distrito que tienen la oportunidad de ganar.

Puede tener razón. Gale y yo estamos bien preparados físicamente hablando gracias a la caza, aunque no tanto como los Profesionales. Nuestras familias son las que más alimento tienen de toda la Veta, y quizá eso nos ha mantenido sanos y fuertes.

―Pues escógele a él―escupo mientras alejo de su alcance la otra botella de alcohol que espera en la mesa a ser abierta. Ahora no me interesa que beba. Haymitch me mira con cara de pocos amigos. Se espatarra en la silla y pone sus manos detrás de la cabeza.

―Haber qué argumentos me das tú para que no te salve a ti y le salve a él.

Así que Gale estuvo intentando convencerle de ese modo. La diferencia es que yo venía aquí a descubrir los propósitos de Gale en lo referente a mí; y ahora que tengo al oportunidad de convencer a Haymitch de que debemos salvarle a él, no soy capaz de decir nada.

―Es más fuerte que yo.

―¿Y qué?

―Pues que tiene más posibilidades de sobrevivir.

Alza las cejas.

―Si gana, podrá mantener perfectamente a nuestras familias.

―Con todo el dinero que conseguimos los vencedores podemos mantener a más de media Veta, preciosa. Tú podrías hacer lo mismo.

Sin argumentos no puedo seguir luchando.

―Él... Yo no...

―¿Por qué no lo admites de una vez? Dime por qué quieres que lo salve.

Me quedo muda. ¿A qué se refiere?

―Es porque le quieres.

―¡Claro que lo quiero! Es mi amigo. Y lo quiero vivo.

Haymitch suspira y niega varias veces con la cabeza, como si se rindiera. Después, me arranca de las manos la botella de licor y le da un gran trago, como si hubiera recordado algo que quiere olvidar.

Comienzo a desayunar, y aun voy por el primer plato cuando Effie y Gale aparecen en el comedor. Effie va subida a los tacones y con una nueva peluca, de un tono azulado. Se sienta frente a mí, al lado de Haymitch y me dice:

―He ido a buscarte a tu cuarto, pero no estabas. Hoy vamos a prepararos para las entrevistas.

―Lo mejor es que nos repartamos las horas―opina Haymitch―. De esa forma, podremos dedicarnos más a fondo a ellos. Creo que con cuatro horas con cada uno os bastará.

Cuatro horas, pienso. ¿Qué haré cuatro horas con Haymitch? ¿Y con Effie?

Empiezo con mi mentor. Vamos al salón, donde me siento en un sofá individual, frente a él. La pantalla donde vimos nuestras puntuaciones ayer se mantiene apagada, pero la miro fijamente. Me veo reflejada en ella. Mi pelo está recogido en mi trenza habitual, y veo como mi rostro ha cogido la forma de un rostro normal. He engordado, lo que no me viene nada mal para los juegos.

―Te voy a hacer unas preguntas. Así veré como te podemos enfocar.

Haymitch me pregunta sobre mí, mi hermana, mis pasatiempos (a esto, le respondo que lo único que hago en mi tiempo libre es cazar. Él se ríe y me dice: espero que no se te ocurra decir nada parecido ante las cámaras. Me enfurezco, porque no soy tonta y sé qué debo decir y qué no. A partir de ese momento actúo borde y brusca, poniéndoselo difícil)...

―Debemos aprovechar el hecho de que seas una de las primeras voluntarias del Distrito 12, pero de forma que no parezcas vulnerable hablando todo el tiempo de lo mucho que quieres a tu hermana. ¿Inocente? No colaría para nada. Bondadosa, amigable, peligrosa, sexy, arisca... Sí, lo último no te vendría nada mal.

Probamos distintas facetas que jamás irían conmigo. Aprendo gestos que para el Capitolio pueden hacerme deseada, pero para mí, por el simple hecho de estar aparentando algo que no soy, hacen que me desprecie.

―No podemos mostrarte desagradable, Katniss. No pega nada con tu situación. Intenta agradarles.

Con muchos esfuerzos, consigo esbozar una sonrisa mientras hablo de Prim.

Cuando volvemos al salón para comer, tan solo estoy deseando que las cuatro horas con Effie no sean tan agobiantes.

No están tan mal. Aprendo a caminar, a sentarme, a hablar, a ser educada... Lo que peor llevo es andar con tacones y vestido a la vez. En el Distrito 12 podemos dispensar de esas cosas: no celebramos banquetes ni reuniones como en el Capitolio. En casa, si asistes a una celebración importante, con llevar tu mejor sonrisa basta.

El único vestido que he llevado ha sido el de mi madre, y lo olvidé en el tren. Al igual que...

… al igual que el sinsajo de Madge. Me volví a cambiar antes de bajar al tren.

No podré cumplir una de las promesas que hice en el Edificio de Justicia. Siento tristeza, pero intento no darle mucha importancia.

Durante la cena, a pesar de que mantengo los pies colgados, siento como si estuviera de pie sobre una cama de pinchos. Sé que si me levanto y camino descalza, iré tan tambaleante como cuando Haymitch se levanta por las mañanas borracho o con resaca.

Apenas he hablado con Gale en todo el día (Effie y Haymitch nos han mantenido tan ocupados que no cruzamos más que cuatro palabras durante la comida y la cena). A mi lado, saborea una sopa en silencio. Desde que ha llegado con Haymitch del salón parece bastante pensativo. Temo lo que hayan estado hablando y que Haymitch haya hecho su elección al fin, a sí que intento conversar con Gale para averiguar algo.

―¿Cuál va a ser tu máscara?―le pregunto, porque no se me ocurre otra forma de llamar a ese enfoque de los mentores.

―Haymitch quiere que escandalice al Capitolio, como ese chico hace años.

Sé de quién habla. Es Finnick Odair, perseguido por todas las muchachas del Capitolio. Ganó en cuestión de semanas. Tenía tantos patrocinadores que los regalos le llovían a cántaros. Intento imaginarme a Gale en esa situación. Mientras que el Capitolio tuvo que esperar un par de años para poder tocar a Finnick, Gale (si sale vencedor) tiene ya los dieciocho recién cumplidos. ¿Qué sería de él? Me pregunto si habrá aceptado.

―Claro que no―contesta él cuando se lo pregunto―. Seré yo mismo.

―Les asustarás.

―Eso espero.

Sin embargo, no sonríe. Parece que no está para bromas, y no quiero molestarle mucho. Lo más seguro es que esté pensando en su familia. Pienso en la mía. En Prim viéndome en el desfile, viendo mi puntuación... Pero me la imagino temblorosa, asustada, sin nada a lo que aferrarse, porque yo estoy aquí, Gale está aquí, mi madre está en algún sitio de su mente. Quizá Hazelle la esté cuidando.

Y quizá Peeta Mellark también.

No conozco nada a Peeta, y le debo muchas cosas. Recuerdo en el momento en que dijeron su nombre. ¿Qué habría sucedido si hubiera venido conmigo, si Gale hubiera mantenido su promesa? Lo más probable es que terminara muerto, y no le deseo eso. Aunque tampoco lo deseo para Gale.

Effie nos manda tras la cena a la cama, alegando que ¡mañana será un día muy, muy importante! Mi amigo me acompaña hasta mi habitación, igual de ausente, y se despide de mí con un asentimiento. Un gesto que me parece demasiado frío para lo que compartimos ayer.

Al día siguiente es mi equipo de preparación el que me despierta. Con una charla animada, se dedican a meterme en distintos baños de mejunjes pegajosos, embadurnarme en mascarillas faciales, arreglarme las uñas (en las que pintan llamas), me maquillan, Venia me peina con una trenza intrincada que me rodea la cabeza... Al final de la tarde, justo cuando el sol se está poniendo, entra Cinna con mi vestido cubierto. Me manda cerrar los ojos, alzo los brazos y permito que la suave tela se deslice por mi cuerpo. Pesa bastante. Los tacones a los que me subo parecen planos comparados con los que Effie me hizo usar ayer. Cuando por fin me dejan mirarme en el espejo, no me reconozco.

El vestido es rojo, repleto de gemas brillantes rojas, naranjas y blancas con toques azules, que hacen resaltar las llamas. Mi piel brilla, y mi rostro, gracias al maquillaje, parece un sol radiante. No, no soy un sol.

Soy el fuego que mi estilista me prometió.

―Gracias, Cinna.

Practico a caminar por mi habitación como me ha enseñado Effie. El vestido es cómodo y me permite manejarme con facilidad. Cuando Cinna me pregunta sobre mi faceta, le digo:

Intentaré ser agradable.

―¿Por qué lo intentarás? A mí me parece que eres muy agradable.

Le miro y suspiro.

―No puedo hablar como si nada a las personas que están deseando verme morir―. Sé que es seguro decirle algo así a Cinna. Sobre todo sabiendo que él mismo escogió el Distrito 12. No debería, pero Cinna me cae mucho mejor que el propio Haymitch.

―Imagina que estás hablando con tu mejor amigo.

―Es una tontería: Gale lo sabe todo de mí.

―¿Y yo? ¿Me consideras un amigo?

Le miro.

―Claro que sí.

―Estaré en la primera fila, junto al resto de estilistas. Búscame y habla conmigo.

Con ese acuerdo, me siento más relajada. Al encontrarnos con el resto en el ascensor, ya tan solo me sudan las manos. Jamás me he sentido nerviosa por algo, lo que me hace preguntarme si estas entrevistas tienen más importancia de la que les quiero yo dar.

Gale y yo, por primera vez desde que llegamos al Capitolio, no vamos vestidos de la misma forma. Sí, ambos estamos detallados con fuego y demás, pero su traje negro y su camisa roja adornada con llamas se diferencian bastante de mi vestido, lo que es un alivio.

He de admitir que está impresionante. Y de por sí solo, Gale suele llamar la atención de las chicas, así que no sé que reacción se llevarán las mujeres del Capitolio en cuanto le vean.

Bajamos en el ascensor. Casi todos los tributos están ya a los pies del escenario, así que pronto nos mandan ir y sentarnos en nuestros respectivos sitios. Antes de subir, Haymitch nos detiene a Gale y a mí.

―Chicos, el Distrito 2 os quiere con vosotros, y tengo que darles una respuesta ya.

¿El Distrito 2? Les miro: Cato y Clove están sentados y relajados, y aun así me parecen una amenaza.

Antes de que me niegue en rotundo, Gale pregunta:

―¿Qué ventajas nos proporcionaría aliarnos con ellos?

Haymitch frunce el ceño.

―Si sobrevivierais a la Cornucopia, tendríais alimento seguro, cobijo durante los primeros días. Después sería peligrosos para vosotros cuando quedaran los ocho finalistas: el 2 está aliado con el 1 y el 4.

―¿Por qué se han interesado en nosotros?―pregunto.

―Vuestra puntuación es superior a la del resto. Prefieren teneros a la vista a tener que buscaros por toda la arena sin saber con qué van a encontrarse.

Miro a Gale.

―No pienso aliarme con ellos.

―Entonces lo haremos solos―me responde mirándome fijamente.

Haymitch no replica ni anda parecido. Al contrario: se siente orgulloso de que rechacemos la oferta.

―Ahora mismo voy a decírselo a sus mentores. ¡Ah! Buena suerte.

Se marcha, y nosotros subimos al escenario.

Minutos después, las entrevistas empiezan. Caesar Flickerman saluda a los residentes del Capitolio que nos ven desde el Círculo de la Ciudad. Tras unas cuantas bromas y comentarios, empieza a entrevistar a la primera tributo: la chica del Distrito 1, Glimmer. Con un vestido prácticamente transparente, contonea un poco las caderas mientras llega hasta la silla que vacía que hay junto Caesar. No hace falta oírla para saber su enfoque.

Los tributos van pasando. Caesar es bueno con las palabras, y sabe hacer que tus nervios se disipen con unas cuantas bromas. Rue parece un pajarito con su vestido de gasa y un par de alas. Su piel morena contrasta con la claridad de la tela. Lleva en los ojos un suave delineador que me recuerda a Cinna. Thresh actúa de forma reservada, contestando a las preguntas de Caesar con un sí o un no. Y entonces es cuando suena el zumbido que indica que sus tres minutos han pasado.

Cuando Caesar me llama para que me acerque, no puedo evitar a mi alrededor para buscar a Cinna. Le veo junto a Portia, y me hace una señal para que me calme. Después, sonríe.

―Katniss, por fin te tengo a mi lado. Comprenderás que es un gran honor para mí y una gran envidia para el resto del Capitolio. ¿Qué te parece el efecto que has causado?

Sé sincera, sé sincera.

―No sabía nada. He estado demasiado ocupada admirando la comida del Capitolio como para fijarme en si les gustaba a ellos o no.

Ríen. Están riendo. Eso es bueno, ¿no?

―¿Y tu once? ¿Qué sucedió en las sesiones para que los Vigilantes te pusieran un once?

Me muerdo el labio.

―Eso es... confidencial. Además, pondría a más de uno en evidencia.

―¡Di que sí!―grita el que se cayó en una ponchera desde la primera fila.

Suelto una risita, algo que creo no haber hecho en toda mi vida.

―¿Y tu estilista? ¿Qué puedes decirnos de él?

Ahora, más que nunca, siento que me dirijo a Cinna.

―Si dices que el Capitolio se ha fijado en mí, es gracias a él.

―El traje del desfile fue...

Deja las palabras en el aire para que las complete yo.

―... fue maravilloso. Puedo decir que he jugado con fuego y no he salido ardiendo.

Las cámaras graban a Cinna, que rechaza los cumplidos con elegancia.

―Y el de esta noche no se queda corto para nada. Literalmente, Katniss, brillas.

―¿A que sí? Es precioso, ¿no crees?

Cinna mueve gira el dedo, indicándome que de vueltas. Me levanto y lo hago, soltando suspiros de todos los asistentes. Caesar está encantado, y él también da vueltas como yo para lucirse: el público le abuchea entre risas.

Nos volvemos a sentar, y Caesar toca un tema delicado:

―Te presentaste voluntaria en lugar de tu hermana. Admirable. Háblanos de ella.

―Es Prim, y esta ha sido su primera cosecha. La amo más que a nada en este mundo.

La gente se lamenta, pero estoy completamente segura de que se les pasará cuando empiecen los juegos.

El zumbido indica que mi tiempo se ha terminado.

―Katniss, te deseo la mejor de las suertes.

Y por fin, me quito un peso de encima.

La entrevista de Gale es similar a la mía y a la del resto de tributos. Al decirme que sería él mismo, no había caído en la cuenta de que se refería a la faceta que utiliza ante todos en el Distrito 12. Tan solo su familia y yo conocemos al verdadero Gale.

Caesar le pregunta por su familia, y Gale menciona con brevedad a sus tres hermanos y su madre. Le incomoda esa pregunta tanto como a mí. ¿Es que no se da cuenta el Capitolio de lo duro que es que nos alejen de nuestras familias?

―Cuando eres de la Veta como yo, tu infancia está repleta de mineros y carbón―responde Gale a una pregunta que no he escuchado.

Caesar asiente como si lo comprendiera.

―La dura vida de un minero.

Gale está de acuerdo.

Caesar sonríe entonces con confidencialidad.

―Gale, hoy he hecho muchas promesas, y entre ellas estaba confesarte de que muchas muchachas del Capitolio te han echado el ojo. ¿Puedes confirmarles si estás disponible?

Si hubiera sido yo, mi rubor había sido visible, por muchas capas de maquillaje que tenga. Gale es Gale, y debe estar acostumbrado a este tipo de cosas. Frunce el ceño, como si lo estuviera pensando.

―Digo yo, que con veintitrés tributos y los juegos a la vuelta de la esquina, no hay mucho tiempo para pensar en eso.

―¿Desde cuando conoces a Katniss?

―Nos conocemos desde hace cuatro años.

―¿Y cómo fue?

A Gale le ha tocado la parte difícil. Debe de inventarse una historia creíble, dado que no puede confesar nuestras escapadas "secretas" al bosque.

―La primera vez que la vi ella tenía doce años, y ambos acabábamos de recibir una medalla por la muerte de nuestros padres. Nos unimos para enfrentar gastos económicos.

Tan breve, tan poco conciso... al menos, para nosotros dos.

―Gale, en mis cuarenta años que llevo entrevistando a tributos, jamás había visto un solo voluntario en el Distrito 12. Y este año, nada más ni nada menos que dos. Conocemos las razones de Katniss... pero no las tuyas.

Por el rabillo del ojo diviso movimiento en las gradas. Veo a Haymitch en la fila de mentores haciéndole señales a Gale, animándole a hacer algo. Pero, ¿el qué?

―No me he presentado voluntario para salvar a un hermano, ni por el... prestigio de venir a los juegos. Si me he presentado ha sido para proteger a Katniss.

Caesar busca las palabras adecuadas.

―¿Qué... qué fue lo que te impulsó a alzar la mano?

―Ella es una más de mi familia. Quizás, el temor a perderla.

Haymitch frunce los labios. No es lo que él quería.

―Y te presentaste voluntario aun sabiendo que, si querías que ella sobreviviera, te costaría la vida.

―Y me parece poco dar eso por conseguir su protección.

El zumbido nos sobresalta a todos. Escuchando a Gale, me ha parecido que el tiempo se ha pasado volando.


¡Por fin! Llegamos a uno de los capítulos más esperados y terminamos oficialmente la primera parte. Sobre las entrevistas: quizás esperarais una apasionada confesión, un Gale más reservado o teníais simplemente una idea distinta... Pero este borrador ha sido el que más se ajustaba a mi visión de la historia. Gracias a todos los que aportasteis una idea a las entrevistas.

Naluma5

Ikdv

Camila Hemsworth

Yoooop

Emma-Monroe

Y DISCULPADME SI ME OLVIDO DE ALGUIEN MÁS.

Puede que la encontréis escrita (la idea), puede que el desenlace no haya sido justamente el que vosotros opinasteis... Pero ¿quién sabe? A lo mejor, más adelante, encontráis una frase vuestra ; )

Amanda Stryder Hawthorne.