Coloreando Vidas

¿Hasta que punto llevas una existencia gris? ¿Qué tan rutinarios se han vuelto tus días, y qué tan solitarias tus noches?

Alice, Jasper, Emmett, Rosalie, Edward y Bella. Son seis vidas diferentes, totalmente separadas. Todos son exitosos en el trabajo, pero sus vidas han llegado a un punto en el que todo es tan mecánico que se sienten atrapados. Hasta el día en que sus destinos se cruzan.

¿Valdrá la pena arriesgarse a vivir? ¿O serán peores las consecuencias?

"Manteneos locos, pero comportaos como personas normales. Corred el riesgo de ser diferentes, pero aprended a hacerlo sin llamar la atención". Paulo Coelho – Veronika decide morir: 104.


Capítulo VII

Rosalie's POV

Bien, Rose. Esta es tu noche. Estás radiante. Nadie te va a quitar tu lugar de protagonista, ni siquiera los espectáculos baratos del imbécil de Royce. Así que, vamos, a brillar.

Tuve un monólogo mental bastante interesante mientras me miraba al espejo, cualquiera podría decir que yo era una engreída, pero no lo era, yo no me sentía como tal, pues sabía agradecer todas las oportunidades que tuve y que sigo teniendo, así como también sabía que esas oportunidades me las había ganado, con todo mi esfuerzo, y yo sola, sin el apoyo de una madre que me preguntara cómo me había ido en tal audición, o un padre que me aconsejara tener cuidado en ese peligroso mundo de la fama. Pero lo había logrado, había llegado a la cima y había hecho que todo aquel que no confió en mí tuviera que tragarse sus palabras. Eso me daba la confianza necesaria para seguir haciendo lo que tanto amaba. La actuación era mi vida, y no había algún aspecto de ella que no se ligara a mí. Aunque de vez en cuando solía preguntarme ¿Qué habría pasado conmigo si no hubiese seguido mi sueño? ¿Habría encontrado a alguien especial? ¿Acaso sería feliz? Probablemente no, tal vez seguiría en Rochester, con un aburrido trabajo de secretaria o algo parecido, aburrida hasta la muerte y con unos padres satisfechos con lo que su hija había logrado, y yo sonreiría y les haría creer que todo iba bien, pero me sentiría atrapada e infeliz con lo que había alcanzado. Suspiré y alejé esos pensamientos de mi mente. Mi celular sonó, el chofer del auto que había rentado estaba esperando afuera. Como siempre, mi nombre solía llamar la atención (más de lo usual) en las alfombras rojas por los autos que llevaba. Era bien conocido que yo era una amante de los automóviles, por lo que a todos los eventos importantes solía rentar autos clásicos o antiguos. Esta vez fue el turno de un antiguo: un Cadillac Eldorado de 1957 en color negro. Se sentía de maravilla llegar en una máquina como esa, el motor funcionaba tan bien como debía haberlo hecho en el '57. Tomé una inhalación bien profunda antes de salir de la hermosa máquina en la que había llegado, preparada para las docenas de flashes esperándome, con una sonrisa bien amplia (y sincera) y con el presentimiento de que esta sería una noche perfecta.

Edward's POV

Vamos Edward, esta es tu noche. Gánatela.

Me animaba a mí mismo, a falta de alguien más para subir el ego estaba yo. Tenia bien en claro que la seguridad y confianza era la clave en una cita, pero muy fácil era decirlo, otra cosa era no sentirme nervioso. Tenía ya casi un año sin salir con alguna mujer en plan romántico, mi época de mujeriego ya había pasado a la historia.

Antes de salir revisé que todo estuviera en orden, mi ropa, cabello, zapatos limpios, perfecto. Ahora sólo quedaba buscar a la dama.

Eran las 11:55am cuando llegué a la plaza donde habíamos quedado en reunirnos, era costumbre para mí llegar temprano a todos lados. Habría llegado a las 11:45 de no haber sido por un poco del tráfico de Seattle de mediodía. Estacioné el Volvo y fui hasta la fuente del centro de la plaza, sería mejor esperarla allí, para tener un buen punto de referencia. De pronto me sentí palidecer y enrojecer al mismo tiempo. Ella ya estaba allí, esperándome. Revisé de nuevo mi reloj: 11:56. ¿Qué las mujeres no suelen llegar más tarde y es el hombre quién debe esperarlas? Sí, llámenme anticuado, pero no me parecía correcto que fuese ella quien me esperara a mí.

Ella estaba de verdad radiante, en definitiva el uniforme de hospital no le hacía toda la justicia que merecía: sus ojos me miraban de forma inquisitiva, como quien se pregunta algo pero no lo dirá, sus mejillas tenían un tierno rosa que le daban cierto aspecto de recién levantada que la hacía lucir bastante sexy. Su cabello caía en ondas por la superficie de sus hombros descubiertos, y un par de mechones caían descuidadamente hacía un lindo escote del que tuve que apartar la mirada para no pasar por descortés. Recordé que ella había estado allí esperándome y me apené de nuevo.

-Dra. Swan, disculpe, que pena haberla hecho esperar. ¿Lleva mucho rato aquí? –le pregunté cuando llegué a su lado, nervioso.

-No te preocupes Edward, y haz el favor de no llamarme Dra. Swan, estoy fuera del trabajo.

-Umm, si, lo siento Isabella –dije con una sonrisa de disculpa en la cara.

-Sólo Bella –dijo en tono algo demandante. Sospeché que había algo tras esa acción.

-¿No te gusta tu nombre? –inquirí mientras caminábamos a mi auto. Ella por alguna razón no me miraba mucho, sus ojos vagaban del cielo, a la plaza, al suelo, pero nunca a mí. Traté de no sentirme afectado por eso.

-En realidad, no. Suena como uno de esos nombres que las madres ponen para regañarte. Lo detesto –dijo frunciendo un poco el ceño. Yo me reí de su comentario y de lo graciosa que se veía su cara justo en ese momento. La acompañé hasta el lado derecho de mi auto y abrí su puerta. Ella se sobresaltó un poco por mi gesto, y de nuevo me encontré preguntándome qué pensaba.

-¿Te incomoda que te abra la puerta? –pregunté, casi demandé, sin pensar.

-Eh… bueno, no, es que… sólo, no estoy acostumbrada a eso –reveló sonrojándose dulcemente. Esta mujer distaba mucho de parecerse a la confiada y metódica doctora que me recibió en el consultorio.

-Pues, entonces le recomiendo, doctora, que se haga a la idea. Toda dama debe ser tratada como se lo merece una dama –dije exagerando mi voz en un modo solemne, a propósito. Ella sonrió y entró al auto, de lo que me valí para tener una hermosa vista posterior. Sí, un caballero también tiene ojos. Cerré su puerta y fui a mi lado del vehículo para arrancar el auto en pocos segundos.

-Aún no me has dicho a dónde vamos. No es correcto tratar así a una dama –dijo burlándose un poco de mí.

-Pues, la dama tendrá que esperar. Y, además, no es como si la llevara a la frontera para mutilarla y vender sus órganos –dije en tono algo siniestro. Ella tragó saliva y yo me eché a reír con muchísimas ganas y estacioné el auto.

-Ya llegamos, tranquila –dije guiñándole un ojo. Me bajé para abrir su puerta de nuevo pero ya ella lo estaba haciendo. No se fijó en mi presencia por lo que me llevé un golpe en una rodilla con la puerta que ella abrió.

-¡Ay no! Disculpa Edward, disculpa, disculpa ¿Estás bien? ¿Te duele? –dijo saliendo del auto con cara de preocupación.

-Bella, no te preocupes, no fue gran cosa –dije y me sobé la rodilla un poco. Más tarde seguro dolería. Caminé como si nada y la conduje a la entrada del local. Era el mismo restaurant al que fui con Alice. Un muchacho de tez morena nos recibió. Traté de dejar pasar la forma en qué miró a Bella y me limité a pedir una mesa sin que se notara mi incomodidad. Nos condujo a una mesa un poco apartada y tomó nuestras órdenes. Luego de las bebidas, le asentí a Bella para que ordenara primero.

-Yo quiero… Ravioles con setas por favor ¿Edward?

-Lo mismo para mí.

La conversación a partir de allí transcurrió bastante amena. Bella me estuvo contando acerca de su vida como residente, y de allí aproveché para bombardearla con preguntas.

-¿Color favorito?

-Blanco.

-¿En serio? –dije en tono de burla, entre tantos colores para elegir, ella prefería el blanco -¿Por qué? –pregunté curioso.

-¿Y por qué no? El blanco representa la pureza, el color de las nubes, la espuma marina, está hasta en el uniforme que uso todos los días… -al parecer era bastante poética, sus palabras me hacían imaginarme cada cosa que mencionaba con una claridad extraordinaria.

-¿Ciudad favorita? –esta pregunta era bastante buena para descubrir la personalidad de las mujeres. La mayoría eran románticas, y solían irse por París. Las más aventureras preferían New York o Sídney. Y generalmente las más superficiales elegían algo como Los Ángeles.

-Phoenix –dijo ella. Espera, un momento ¿Qué?

-¿Por qué Phoenix? –Esta mujer me tenía en constantes interrogantes, había algo en ella que me causaba curiosidad, sería tal vez una clase de misterio a su alrededor, que nunca hacía o decía algo dentro de los límites establecidos.

-¿Y por qué tengo que explicarte todo? –me retó con una sonrisa. Vaya, otra respuesta que no esperaba.

-Buen punto ¿Piedra, joya o gema preferida?

-Esmeralda –dijo bajando un poco la mirada para que yo no notase su sonrojo. Otra hilera de preguntas se desataba en mi cerebro, y por la forma en que me miró, no quería responder el por qué de esa en especial.

-Oh, vamos ¿No vas a decirme por qué? –interrogué poniendo mi mejor cara de cachorro triste. Ella se echó a reír y negó con la cabeza, luego abrió la boca para hablar, pero en eso llegó el inoportuno camarero a traernos las bebidas. Dijo que la comida estaría lista en un par de minutos y ella rápidamente desvió el tema de la conversación. Comimos y hablamos de todo un poco. Música, viajes, películas, libros y muchos más libros. Noté que el camarero nos veía de vez en cuando, le hice notar a Bella el hecho. Ella creyó que el camarero era gay y por eso me miraba tanto, y con eso se burló de mí un rato. A mitad de la comida se acercó alguien a nuestra mesa, el dueño del restaurant, y yo de pronto entendí las miradas del camarero.

-Buenas tardes señor… ¿Cullen? –me preguntó el rubio con su marcado acento sureño y un tono que no me gustó demasiado.

-Si, Cullen ¿Cómo está señor Withlock? –pregunté lo más educadamente posible.

-Muy bien. Dígame ¿Disfruta la velada? –dijo con cierto borde afilado en la voz. Noté que miró a Bella pero no dijo nada.

-Totalmente. La comida está deliciosa. Lo felicito.

-Muchas gracias, me alegro que les guste. Pero bueno, no los interrumpo más. Buen provecho señor Cullen. Permiso señorita…

-Swan, Bella Swan. Muchas gracias por todo señor Withlock.

-Estamos para servirle señorita. Ahora si me permiten, me retiro –dijo alejándose, yo suspiré aliviado, pero no habían pasado tres segundos cuando el tipo volteó con una sonrisa que no traía nada bueno.

-Envíale de mi parte saludos a tu novia –dijo el muy desgraciado. Mierda. Había metido la pata frente a Bella.

-¿Perdón? –me preguntó ella echando chispas -¿Hay algo de lo que deba enterarme?


¡Ajá! A Edward se le volteó la bromita... ¿A quién no le ha pasado algo parecido?

Últimamente los caps han estado muy cortitos, pero ya pronto tomarán su dimensión habitual de varias páginas más en word :)

Espero que les haya gustado, ya saben, como siempre, el botón verde es tu amigo, el botón verde te escucha, el botón verde es la solución a tus problemas *lavado cerebral* Así que déjame un review... HAHAHAHA XD

Besooooos

RosAlice22 ^^